Todos los derechos de Sailor Moon y sus otros personajes son Propiedad de Naoko Takeuchi/Kodansha, TOEI Animation
Hoy les traigo un extenso capitulo, no se sí alucine o qué, pero a mí me encanto,
Ahhh!! Me encantan sus comentarios. Mil gracias por tanto apoyo a todos.
Por ahora no diré más ^ ^ ya que es tarde y debo dormir.
¡Saludos a todos y Gracias por leer.!
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El cielo presumía su salpicada puesta de sol, que era vigilada por dos ostentosos rubíes, devotos heraldos de un cuerpo que descansaba recostado bajo un majestuoso árbol, de tronco ancho, hojas espesas y edad veterana. La bifurcada mente de Lexus volvió a la realidad, al sentir una ramita que cosquilleaba en sus oídos. Prontamente se enteró del origen del impulsor de esa estúpida idea, cuando los zafiros de Seiya se entrometieron entre su ocaso y él.
– "Te vi salir de la casa… nunca te había visto y bueno quise presentarme, Soy Seiya K…"–lo interrumpió el de piel color arena–
– "¡Quítate!, estoy ocupado" –sin mostrar voluntades de iniciar una discusión, recargo un poco de su orgullo en el imperativo–
– "No conozco de mí vida pasada… –añorantemente pronunciaba, en posición de cuclillas para poderlo tenerle a menor distancia– "pero no sé por qué demonios me agradas, después de que eres muy pedante y bravucón." –Seiya buscaba respuestas a sus preguntas, cuestionamientos que nadie en esa plaza le quiso aclarar–
– "No me digas que resulte una llave a tu pasado" –aventó sin ganas, al recién reconocido Príncipe del Sol, a un lado, tambaleándolo levemente si provocar que mutara mucho su posición–
– "Seré completamente sincero, sí… eso tenía en mente en el instante que te vi pasando por el comedor… tu actitud es…. pero aún me caes bien" –se rasco el oído, sintiendo haber sido él quien recibiera la ramita traviesa en su oreja–
– "Ahora sabes la comezón que sentí" –se reacomodo para sentarse y le sonrió al cantante– "¡Ja! Eso es por los viejos tiempos… esa misma broma me la hacías a mí."
– "¡Entonces me dirás todo!" –echó sus manos a sus cabeza para sentirse a gusto, acariciando en ocasiones su cabello azabache –
– "Lo haré, pero no en estos momentos, cuando me dé la gana" –movió circularmente la cabeza a son de relajar su fornido cuello, menando su lacio y terso pelo escarlata, oyendo enseguida un largo suspiro de su viejo maestro–
– "Mientras te pones de acuerdo con tu conciencia" –se burlo del broceado joven, inflexión que notó enseguida y respondió con un rápido levantamiento y declive de hombros, en lenguaje de un 'Ya veremos' – "por lo menos dime tu nombre"
– "Lexus"
– "Voy de salida…" –Lexus interrumpió–
– "¡Que interesante!" –Sonó verdaderamente sarcástico, para propinar un hondo respiro de aburrimiento– "Este planeta es un asco"
–Los ojos azules de Seiya se mostraron ofendidos, con el cariño enorme que deposito en la Tierra, se propuso a demostrarle lo contrario –"Te invito a que me acompañes a visitar a una vieja amiga y veas que no, ¿o qué? ¿eres un bebe? –lo provocó–
–"De acuerdo, pero que quede escrito que lo hago por zafarme de este aburrimiento y de la lata de Reima" –Se paro en jarras para declinar su postura renuente, pero realmente él extrañaba a su viejo amigo del alma–
–––*
El futuro había cambiado, dando frutos de diversos sabores, el futuro… un momento ¿el futuro?, Qué clase de futuro era ese, donde eran dos, NO UNO, eran dos los hijos de La Neoreina Serenity. Eso rondaba en las mentes de las jóvenes Senshis, mientras Usako estaba paralizada sobre el pasto de la casa, como una inhumana pieza de piedra, que adornaba el jardín. Pero el soez y galancete muchacho, de brillantes ventanales zarcos, miraba como Seren, se patinaba del lomo de Makoto.
– "¡Hasta en estos épocas eres fuerte, como hermosa!" –inclinó su espalda señalando que colocara a la chica que llevaba en sus hombros la castaña– "No dudo de tu fuerza, pero la muchacha se está resbalando y no te das cuenta Makoto-Sama… ¡Makoto-Sama…!, ¡Makot….!" –la desvalida chica se escurría de los brazos ahora flácidos de Sailor Jupiter, que no paraba de la impresión y el nerviosismo de la mirada penetrante que se había clavado en ella. La reacción de Yūyake fue épica, rodó por la hierba en un abrir y cerrar los ojos para detener a Seren, sosteniéndola entre sus brazos. – "¿Señorita, está bien?" –Seren asintió con un ligero movimiento de cabeza, después él se reincorporo, cargando aun a la chica– "Ya que he salvado su vida… de alguna manera debe pagarme"
– "¡¡Yūyake!!" –condeno a su hermano por portarse tan patán, jalándole una oreja– "¡Inmaduro…! ¡Palurdo!, ¡engreído!"
–"¡Ay!" –exclamó de dolor, hasta desatarse del yugo de su hermana menor– ¿Apoco no soy guapísimo muchacha?" –le inquirió a Seren–
– "No, ¡disculpa!" –contestó sinceramente y apenada la jovencita de cabello negro, a un incrédulo Príncipe, que jamás en su vida había sido rechazado, bueno solo una vez y con esta dos– "Pero… es que… siento como si fueras…" –negó con la cabeza su pensamiento familiar, sacudiéndose la idea–
– ¡Yūyake! –gruñó entre dientes el nombre, marcándose una vena saltona en sus sienes–
–"No, ya sé, no me crees guapo, te has enamorado de mi a primera vista" –la muchacha encogió sus brazos dándole una respuesta para él afirmativa– "Lo sabía, pero, siento no corresponder tu amor en estos momentos, porque hay una sola mujer en mi corazón…"–interrumpió la muchacha de trenzas negras–
– ¡Lo siento! Pero es que me haces sentir como si fueras mi hermanito o mi primo…" –por fin pudo soltar su teoría, la verdad es que ese conquistador no le llamaba la atención en lo más mínimo, las Sailors solo se entumecieron a mayor proporción al escuchar eso de 'Primo'–
– "¡Vale, pues! De lo que te pierdes…" –refunfuño el muchacho bajándola al suelo, para después continuar con lo que planeaba hacer, caminando de nuevo hasta Makoto, se arrodillo frente a ella– "¡Oh mi hermosa Musa de la madrugada! –Tomó la mano, de la ahora ruborizada chica, y la beso con ternura– "Bella y perfecta" –continúo su recital–
–"¿Qué es esto, Chibi-Usa? –Pregunto Rei casi al punto del infarto–
– "¿Quieres que te dé un motivo de cómo es que tengo un hermano?" –Viró su cabeza hacia Mars– "cuando llegue a casa él ya estaba ahí, mi mente dio giros, hasta que pude recordar, que desde que nací él es mayor que yo. No me vean así… –muestra un álbum de bolsillo a las muchachas, donde se ve al joven en retratos familiares, junto a la Neo Reina Serenity, el Rey Endymiun y ella– "Es tan simplista y despreocupado como Usagu-chan. Pero no sé a quién rayos le saco esas cosas; es un vanidoso de lo peor, que canturrea por todo el castillo, enloquece a nuestras súbditas y a medio universo también." –sonrió villanescamente, con ojos picarescos en desbordada burla– "Pero solo tiene ojos para su amada Makoto-Sama"
– "¡¿QUÉ?!" –explayaron en voz alta esa sorpréndete declaración, mirando a Makoto que posaba una cara de subida grana, al ser acosada por tan guapo muchacho–
– "¡Por los cielos! Dos… Mamo-chan tiene que saber esto" –la boca de Usagi se abrió, destensando su perplejidad para correr en dirección de Chibi-Usa–
Seren mientras tanto, le quedaban montones de dudas, queriendo suponer que los japoneses eran 'raros', eso de no mirar al mundo exterior la había puesto desactualizada, por mayoría. Todo era un huracán de cambios, llenos de una nostalgia perdida en el firmamento de las estrellas.
–––*
Al mismo momento en la casa de los Tsukino.
–"¡Hey! Mamá" –abrazó a su esposa–
– "¡Dime querido!" –sonrió tocando las manos de el señor Kenji Tsukino–
– "Vamos al cine y a cenar fuera" –le propusó a su amada Ikuko–
– "Me encantaría" –su expresión dotaba de felicidad, hacía mucho que no daban una ronda por las calles de esa manera, además su sobrina ya tenía un techo seguro y una nueva familia que la querría con todo el corazón. Usagi no estaba en casa y Shingo andaba en una fiesta de pijamas con sus amigos, extraño para un chico, pero interesante para el mismo, porque podría jugar en la consola hasta altas horas de la noche y comer comida chatarra sin calculo.–
–––*
–"Michiru y Hotaru continúan dormidas" –su semblante era de tranquilidad, puesto que la peor etapa de las dolientes se había esfumado– "Sin embargo, hace rato que sentí como algo cruzaba por las puertas del tiempo…" –se estremeció–
– ¿Cruzar? ¿Qué no se hallaban bloqueadas? –se paró velozmente del banquillo a donde ataba sus preocupaciones, la palidez le cubrió el cuerpo, entregando fácilmente un gesto de incredulidad a su compañera–
–"Haruka, esto se está saliendo de control"–se abrazo a sí misma, a espera de confort, un falso consuelo que le tumbó en rodillas sobre el piso y dio cabida que sus serenos ojos terracota se transformaran en fuentes incontenibles de pesimismo– "No tengo el poder de controlarlos, ni tenemos el poder de enfrentar al enemigo, no hay respuestas… Nuestros planes con Sailor Moon, de forjarla como la Neo Reina… se han evaporado"
– "¡Cálmate, Setsuna! ¿Quieres?" –Encumbró la voz, desdeñando la idea de no tener posibilidades de enfrentar al adversario– Eso lo haremos después, por ahora debemos cobrar compostura. Más tarde de que se termine nuestra investigación iremos con las chicas y pondremos las cartas sobre la mesa. –le sonrió con el mero propósito de convencerla que podrían, apapachándola con sus manos, colocadas a los extremos de los brazos de la guardiana del tiempo–
–––*
Usagi y Seren habían llegado a casa, en la nevera, que la joven de coletas abrió rabiosa buscando algún entremés que languciar, sobre su postre favorito estaba una nota de sus padres, sostenida por una figurita de un conejo imantado: 'Usagi: llegaremos tarde, salimos de paseo, no olvides darle una buena atención a tu prima y alimentar a Luna' Sus pensamientos se retrajeron, después de la hora de charla con las visitas inesperadas y definir con quien se quedarían por unos días, en lo que contactaban a Setsuna, miró como Chibi-Usa se había convertido en toda una señorita educada, cuando no peleaba con su hermano, y ese nuevo hijo, Yūyake, era muy guapo, pero efectivamente un ególatra, sin contar que estaba enamorado de una de sus Sailors, Makoto, que sencillamente le sacaba por muchos años de edad. Su mente se revolvió ¿Cómo podría resolver ese problema?, ¿permitiéndolo? o ¿asesinando a Júpiter, por pervertir a su pequeño bebe? Sin darse cuenta ya sonaba como una madre sobre protectora, cómo iba a matar a su senshi… La realidad la trajo de golpe al sentir unos ojos aguamarina sobre ella y un tercer rugido en su propio estómago.
–"¡Rayos!" –maldijo la rubia al ver que no había nada preparado– "Mi mamá no dejo la cena lista y quisiera tomar un baño para refrescar mi cabeza" –refunfuñó con desdén, desatando uno de sus chongos–
– "Yo puedo cocinar la cena, ¿Por qué no te das el baño mientras?" –Seren se veía animada, por fin podría ser de utilidad como respuesta a tanta gentileza de aceptarla en la casa de los Tsukino–
– "No quiero que te lastimes, además sería difícil… para…" –Usagi se contuvo de mencionar la condición de las piernas de Seren– ¡lo siento! Que torpe… yo…
– "No te preocupes, no cocinare con los pies, si no con las manos." –respondió soltura de gracia, muy a su quieta manera, nunca se sintió ofendida, al contrario, pero era bueno que supieran que ella podía hacer más cosas que solo estudiar–
– "Bueno, pero que quede muy rico." –Gesticuló su ojo escondiendo una de sus joyas celestes y se dispuso a darse el baño–
–––*
Ligeros eran sus pasos, tan ligeros como sus afelpados cuerpos, flotando en aras de un nuevo misterio, ambos se encontraron para darse las caras, con sus brillantes lunas en la frente, se mandaban señales telepáticas.
– "Artemis, ¿alguna novedad?" –su pelaje negro relucía hacia el inundado ocaso, y en sus ojos gatunos acechaba una revolución–
– "¿Has escuchado de la hermandad de las Magnificencias?" –su intuición era agravante, bastante agravante–
– "Uno de ellos nos visitó en el pasado… y…" –Los recuerdos eran sumamente angustiantes–
– "Luna, olvida eso, es el pasado, ahora atiende a lo que te diré." –La sacudió con su patita–
Ambos ojos de pupilas en óvalos puntiagudos, se cruzaron filosas. Si la congregación estaba tras esto, realmente no habría salida, al ser descubierto todo lo que ellos habían prometido mantener en silencio, para que prevaleciera la paz universal.
–––*
Un coche de color añil metálico se atajó frente a una residencia pequeña. Aquella casa había perdido la claridad de sus números, ante la ingenua oscuridad que llamaba con ecos templados a las luces celestiales. Dos hombres se bajaron del automóvil, en movimientos linces, para llegara al enrejado y entrar por el, conduciéndose por un breve pasillo de asfalto, resaltado por un pasto que perdía su brillantes ante la oscuridad cercana, y presionar con un botón que su llegada.
– "¡Oh! ¡Que torpe!, deje el obsequio, espérame aquí" –regresó nuevamente al deportivo recorriendo el camino de la entrada. –
– "Se puso nervioso por una chiquilla, que tonterías" –al tiempo que increpaba esas actitudes de su compañero, la puerta se abrió, dejándose apreciar una figura femenina, que para él asemejaba a un autómata por la cantidad de fierros que llevaba en sus piernas, este ser le procuró bienvenida y le cuestionaba finamente cual era el motivo de su visita, sin miedos ni represarías, el varón, se acercó imprudentemente y la examinó quitándole el aparato que cubría su rostro– "Que androide mas fascinante, hasta lubrica y articula sus ojos–unos brazos lo zafaron de su descubrimiento, aventándolo a un lado con las lupas que había despojado de su dueña, para abrazar el cuerpo supuestamente mecánico, quedando él, inhóspito del acto de su acompañante. –
– "¡Bombón!, Tenía tantas ganas de verte. –la apretó con fuerzas, sintiendo a la chica mayormente delgada. Escondiendo sus gemas azul opaco al cerrar sus parpados" –¿No me digas que estás a dieta?, pareces un palo. –pero el pelinegro sentía un calor diferente, uno que le hacía pensar que sostenía a una soplo de familia, eso lo agitó brevemente–
– "¿Bombón? ¿Palo?" –el paliacate que cubría su cabeza se derrumbó al suelo, encarando su cabellera negra.–
De la profundidad de los pasillos, que daban a la entrada, una voz emano con cierto tonillo de guasa.
–"Yo también te extrañe… Seiya… –susurró– pero no me confundí de persona" –algo molesta comento Usagi, acercándose con pasos alígeros y golpeando la cabeza del desafortunado Seiya. –"Eres un pervertido, abrazando así a mi prima, la vas a desbaratar, grosero"
–"¡Qué vergüenza!"–soltó a la muchacha, quien se tentaba la cara para dar a entender que quería sus anteojos– "No era… mi intención, ¡perdone… señorita…! –Seiya estaba nervioso, tanto que en ningún momento miró a la chica, para enseguida darle toda su atención a la rubia – ¡Bombón!, ¡qué pena!
– "No te preocupes. ¿Qué te trae por aquí" –desfilando hasta la sala, junto al cantante juvenil, preguntó inquieta, olvidando por completo a Seren–
– "Venía a visitarte y pues a invitarte a mi concierto de este sábado" –su semblante estaba lleno de felicidad, aunque la verdad, hubiese perdido la oportunidad de estrechar a la muchacha, 'Ya habría un momento'–
– "¿Podría entregarme mis anteojos?" –comunicándole con dulzura al otro chico que estaba embarrado en la pared, junto a la admisión–
– "¡Por los Dioses de Lexus! ¡Hasta tiene expresiones faciales!" –fascinado ante ese maniquí mecánico– "Aunque muy vagas" –reafirmó, poniéndole, personalmente, los lentes, para tocar su piel y constatar que tan real era– "Cuanta realismo en este robot, es una maravilla, esto pondría en knockout a Reima" –del lugar donde él venía tantos metales eran reflejo de un androide–
–"¡¿Jo… ven?!" –Refutó el tacto con suma timidez– Soy un ser humano… –sonrió pacientemente– "aunque es autentico que alguien tome mi enfermedad de esa manera."
– ¡¿Qué demonios haces Lexus?! –interrumpió aquel circulo de alusiones disparatadas, llevando su puño a la mata rojiza de Lexus y propinarle un buen coscorrón– Ella es la prima de mi Bombón, no la maltrates.
– ¿Desde cuándo, soy tu bombón? –rezongó Usagi–
– "¡Desde que te puse ese apodo!, no me contradigas que vas a perder" –aseguró mostrando sus dientes blancos en señalada sonrisa de victoria. –
– "Seiya, nunca cambias…" –comenzó la disputa tras bambalinas–
– ¿Se quedaran a cenar? – con sus endebles palabras Seren trataba de frenar la discusión, que a Lexus le parecía de los más entretenida–
– "No sería mala idea" –respondió Seiya tratando de salvarse de las criminales manos de su bombón– "Así como una familia feliz…" –jaló a Usagi a su costado, rodeándola con uno de sus brazos– "¿Verdad querida?"
–"Tu prometido es muy simpático, Usagi-Chan" –inocentemente tejió las reacciones de ambos. Seren escuchó de un prometido, en ese día, pero no sabía siquiera como se llamaba o como es que era–
– ¿Prometida? –entre abrió sus gemas rojas con soltura, eso era una novedad… una más que le saco de orbita poniéndolo enfadado, Seiya lo tomo en cuenta, parecía que era un requisito riguroso el verlo enfadar, ¿pero por qué? No lo entendía pero le agradaba la idea–
– ¡Está chica me caí muy bien! ¡Cuánta sinceridad! –sin desencajar a Usagi de su lado– ¿Cómo te llamas, mejor amiga?
–"Seren"–
– "No, no nada que ver… ¡te confundes!" –trató de dar explicaciones agitando sus manos en abanico, separándose de él–
– "Ahora entiendo el sonrojo de esta tarde, cuando veías la revista y esa cara de añoranza al ver a este joven" –sus pensamientos actuaron en voz alta, debido a que pocas veces tenía compañía y tendía a hablar sola–
– "¡Vaya Bombón! ¡Sabía que te gustaba!" –fanfarroneó. Admirando ese lindo gesto de la tierna chica de coletas dobles realzadas con chongos–
– "¡No seas tonto Seiya!, el solo es…"–tratando de nuevamente justificarse se quedó paralizada al dejar caer su vista en el rostro de Seren, que vaciaba en emoción de felicidad. Seiya no se quedo callado al mirar como la sonrisa de la chica de gafas duras y gruesas se desvanecía–
– No les quitaras la complacencia –susurró en el oído de Usagi, palabras inentendibles, para los otros dos… los luceros de la Princesa Lunar se iluminaron con estrellas. Señores y señoras… Soborno, soborno, soborno. La carne era débil, bueno el estomago de Usagi lo era más. La convenció, como nadie lo sabía hacer. Por tres motivos; primero el obvio, estar mas cerca de la rubia. El segundo, hacer enojar a ese extraño Lexus. El tercero, tener la confianza de Seren para conquistar a Usagi, ya que ella no sabía que en realidad no era su prometido. –
–––*
En el mismo sótano, de aquella casona, un enorme monitor comenzó a iluminarlo en total, imprimiéndose una imagen distorsionada. El pequeño de iris capulines, que rocíen despertaba, se paró con prontitud y perfiló la señal, develando a dos seres humanoides de pieles verdosas, en su fondo había un frondoso árbol y muchas flores que cubrían hermosamente el suelo de su trama.
– "Señores, lamentamos no poder ir a la convocatoria, nos dirigimos al planeta de la princesa Kakyuu, para que nos acompañe por el príncipe Helios y reunirnos con el resto de los príncipes, para dar los últimos retoques a la conjunción" –su sonora voz varonil sonaba consternada. El sonido era fiel, pero el eco del lugar provocaba reverberación–
– "Nos hubiera encantado ver el despertar de Antar, pero es la obligación de cada uno de nosotros"–su cabello rosa, combinadas con unas motas al frente azul verdes, cerca de sus sienes, era mecido por el viento que impactaba en su rasgos alienígenas reflejantes de esperanza.
– Altezas, Ail y Ann, no se preocupen, ellos no nos llevan ventaja, pero dentro de un pequeño lapso lo harán. Por ahora es mejor reunir aliados. –atendió, fijando en su mirada miel, a lo que estaban enfrentando. –
La conversación se cerró luego de despedirse y todos emprendieron retirada para los preparativos.
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Casa Tsukino.
– "¡Que cena mas deliciosa¡ tu prima es un estuche de monerías bombón"– su estomago estaba tan lleno, había comido en exceso. Lo más rico que pudo probar en el planeta Tierra, cómo no repetir cuatro veces. –Sí no te pones las pilas me robo a Seren ¡¿he?!
– "¡Sieya!" –Usagi brincó de la mesa estrepitosamente, acomodándose en furiosa posición de jarras– Deja de decir barbaridades.
– "¡Je, Je!" –rascó su mejilla– "Solo te advierto." –formuló una mueca satisfecho de sus palabras–
– Sí, sí, lo que digas Sieya –segura de que no lo haría, fastidiada de la observación –A todo esto, ¿dónde conociste a Lexus? No será una… –sugirió el hecho de que el fuera una Sailor Star Light–
– ¿Lexus? –se alteró, pensó rápido– Nada que ver, el es un chico extranjero de una banda de…–se fijo en el aspecto oscuro y rudo que acompañaba con cadenas en sus botas su acompañante masculino– metal rock Irlandesa, que anda en busca de su vocalista –refiriéndose a sus planes–
– "¿Banda? ¿Rock?" –corearón los que habían permanecido callados en largo tiempo– "*En que demencias andará pensando este imbécil*" –pensó Lexus al no entender de lo que hablaba Seiya– "*cada vez entiendo menos a este mundo… ¿que no esa música es muy… pesada?*" –Seren, internamente se planteó el comentario–
–"¡Uah!" –Sorprendida exhaló tontamente Usagi– "Con razón el nombre tan raro. ¿y cómo la perdieron?"
– No me refería a eso, es que aun no la han encontrado, es decir –trató de ser específico, porque su bomboncito le regalaba una cara de desentendimiento– que nunca han tenido vocalista y andan por ahí mirando nuevos talentos.
– Debería decirle a Minako-Chan, aun que no se si esa música le guste. –en palabras torpes rumió la rubia–
– "Lavaré los platos. –su mirada aguamarina, escondida tras los toscos cristales, se dirigió al pelirrojo– podría ayudarme a llevarlos, si no es molestia –muy amablemente le pidió, para dejar a solas a la pareja, era lo que comúnmente hacían las casamenteras de sus libros, el único contacto que había tenido con el amor–
–"Puedo hacerlo yo, Seren." –intentó convencerla, pero su prima desgranó el discurso de sentirse útil. Seiya, martirizó a Lexus con irascibles vistazos, indicándole que ayudara a esa muchacha, quien con fulgores de reproches mudos, aceptó. Marchándose los inconvenientes rumbo a la cocina a asear los platos.
Silencio.
–"Oye Seiya, ¿a qué regresaron? ¿Pasa algo?" –ahora tenía la oportunidad de poder hablar del 'tema'–
–"Andamos de vacaciones" –suspiró al saber que no podía, ni tenía autorización de dar datos de la partida– "La princesa nos vio algo aplatanados y nos permitió venir aquí de vez en cuando a visitarlas y seguir cantando"
–"Tienes toda la razón, se respira tanta calma" –en armoniosa brillantes resplandeció la princesa, tan tranquila, tan hermosa, tan perfectamente confeccionada para él, eso opinaba Seiya–
– "Usako…–se puso serio– he estado pensando esto por días. –Sujeto la mano de ella– No, quería irme sin que lo supieras." –el móvil de Usagi sonó, tomando ella el aparato y para contestarlo–
En la cocina rondaba aun un silencio más espectral que del comedor. Las cosas las hacían en sonsonete mecanizado. Hacía unos segundos que habían terminado de colocar los trastos en su lugar. Lexus no quería tener charlas, menos con una simple terrícola, ¡que fastidió!, en qué momento acepto estar ahí y para colmo en los abominables asuntos del corazón, que odiaba totalmente en su acido desacuerdo. Sí, seducía mujeres, se acostaba con ellas, las botaba a la basura, nunca de los nuncas se vería batido en ese simple y llano sentimiento, sin nada a cambio. Seren recreaba temas de conversación en el pensamiento, ¿De qué podría hablar con ese joven? No le asustaba, ni le incomodaba, pero lo consideraba mas fuera de sintonía que ella de este planeta. Ella se disipó momentáneamente del tiempo, sus piernas temblaron, se giró hacia Lexus, perdió el equilibrio y cayó en sus brazos de acero. Él se contrarío, la fina fragancia de lirios, que manaba del las simples trenzas de ella, llegó mas allá de su olfato, ese calor humano que lo inundaba, el contacto de esa suave piel en la suya. Todo eso lo estremeció.
Diez segundos.
Veinte segundos.
Treinta segundos.
– "Hay formas menos torpes de seducir a un hombre" –hastiado se lo hecho en cara, mal interpretándola–
– "Mañana va a llover" –contestó dejando a un lado esos términos pretendidos del acontecimiento–
–––*
Dos horas y media después, Media noche.
En una amplio salón, decorada de muebles de cortes futuristas, cómodos e insípidos, en tonos helados como sus paredes, en textura lacia, había también sencillas mesitas con lámparas de formas estrambóticas de espirales ascendentes en punta triangular azul, fungiendo como la única fuente de luz y color, en cada esquina de la cuadrada habitación descansaban unos jarrones blancos, con árboles de troncos níveos y hojas redondas de cristal, sobre el suelo de mármol lánguido. Se apreciaban a simple vista siete seres, de juvenil aspecto, erguidos como estatuas a espera de las palabras. Por las puertas cándidas de cedro, moldeadas en capricho las efigies del cosmos, entraba una figura esbelta y de baja estatura, una de las postremas piezas de la fracción. Esa silueta de sedosos cabellos largos, de afable tono mora maduro, surcaba la entrada hasta emparejarse con el resto. La mayoría de los presentes la saludo en caravana, excluyendo el más reacio, que se reclinaba al filo del amplio ventanal, ataviada con unas sencillas cortinas de seda tan monótonas como el contexto. La novedosa imagen ingresante se postró ante aquel ser contrapuesto, que no le destinó ninguna mirada. Sus rostros recubrían las verdades que en ese momento se atreverían a extender a sus improvistos convidados, los que entraron segundos después, con la idea de permanecer callados hasta el momento que se les solicitara hablar. Habiendo hecho las cordialidades, el más arcaico de los entes comenzó a departir, moviendo su báculo en vaivén de sus blandos pasos para de esa manera colocarse al frente.
– "Supongo que es hora de hablarle a estos jóvenes de los alarmantes motivos de convocar a tantas esenciales voluntades y presentarnos cada uno" – por fin abría sus ojos, mostrando en ellos un exquisito plata de sensación calma, sus labios no pararían ni su cuerpo haría algún movimiento hasta acabar el discurso.– "Todos aquí somos príncipes, eso es un claro hecho, pero la razón primordial de nuestra existencia como príncipes, es ser guardianes en honras de la Princesa del Universo, para unos leyendas o mentiras, para otros obligaciones y realidades. Fuimos escogidos hace miles de años por nuestra señora, algunos de sus soldados experimentarían la maldad, el sufrimiento, la ira, el odio, la muerte y todo aquel sentimiento que les corrompiera, sabía que ellos serían débiles, ese sello moldearía a sus excelsas obras, llevándoles el entendimiento del honor para servir con ahínco y respeto. Pero no sería fácil, pues su no naciente alma conocía la maldad de su enemigo y las ansias de poder que podría alcanzar al beber de su espíritu, bañarse de sangre y comer de su cuerpo. Por ello se oculto, para que al llegar el momento propicio y los guerreros congeniaran en sus creaciones, la princesa encarnaría en forma corpórea. Al soplo que ella escogiera su comienzo, en la época y en el lugar, un mensaje sería envuelto en códices de acciones y a solo uno de nosotros le dará la oportunidad de conocerla primero, para presentarse después en sueños e indicarle el camino. Estas señales, no son más que la razón de una temible verdad, que nos aclara que su alteza serenísima se ha privado del conocimiento de su insignia, para protegerse, sabiendo que es un arma de doble filo. En este momento nuestras almas ya no nos pertenecen, seremos sus fieles seguidores y guardianes." –aclaró con voz pacifica, que petrificaba a las figuras de los aludidos invitados– "Yo soy el príncipe de la galaxia Aryanê, dueño del poder de bendecir y del halito de vida, con la que se me concedió revivir a los que fueron caídos ante el aleccionamiento de la princesa. Mi nombre es Eideard" –las hebras canas, que sujetaban de su cabeza, declinaron tras sus oídos, en antojadiza orden de sus delgadas manos cetrinas, para esclarecer sus iris argentos al virar a su amigo de andanzas–
– Aquel de ropajes oro sintió esa mirada sostenerse en su cuerpo. Sus ojos, de almíbar dorado, bailaban entre los demás, marcando juego con su tez rozagante y su cabello cobrizo. Con un remanso tono emprendió su tema– "Soy Hávarður, de Duša, señor de lo espiritual y locomoción del tiempo"–permitió al otro decir su discurso–
–"Morí en los brazos de quien me regaló el sentido…" –el patrón de dos luceros azules, escudriñaban para atraer sus viejos recuerdos, con su agudeza dejó perplejos a sus espectadores, los que surcaban desde los inicios de su cabeza azul-gris humor parando en su rostro nevado– "...para reconocer mi raquítico error y posterior virtud de la claridad mental, Poseo la habilidad psíquica. Me presento como el Príncipe Dimando, regidor de las tierras de Dormód, antiguamente conocidas como Blackmoon."
–"No es el único que ha pasado por esas circunstancias, mi estimado príncipe"– comento con su dulce voz de niña, la antepenúltima que se añadió al pódium, sosteniendo en su frente una corona de tres lunas en creciente, atada a su pelo purpúreo– "Yo imaginaba la belleza optima como un pasaje duradero, desperté de mi adormecimiento pensando que era un sueño, pero fue la lección para darme cuenta que no estoy sola… Soy la Reina Neherenia, gobernante de Morthan, Domino las ilusiones hechas realidad."
– Al oír las palabras de esa pequeña majestad, los ansiosos dedos cortos del otro niño, se entretejían en su melena azul clara, para poner orden a cada hilo y mirarse galano, sabía que haría frente a su público, pero más que nada, al examen visual de la hermosa Neherenia, de la cual estaba perdidamente enamorado. Ese astuto chiquillo pulió y desenmarañó su cabellera incontables veces, hasta sentirse satisfecho, aclaro su garganta presentándose en singular obvies para la bella damita. – Mi… nombre… es… Reima, el príncipe de Reiner… dotado de la inteligencia…y sabiduría… y además del talento tecnológico –el pobre era un manojo de nervios. Una vaga gota de sudor rodó desde su crin, remarcándose en la perlada piel de su frente, confluyendo por los parpados de sus ojos negros. Al momento que desechaba su timidez al fondo de su subconsciente, se consideró inconforme con la ceremonia – "¡¡Ahh!! ¡Por qué tanto protocolo…! parecemos una congregación de furtivos…"
– "Qué no ves que eso somos… 'NIÑO' –contestó el que aun no daba señas de él y sus atributos, empezando a ser enjuiciado por sus demás colegas–
– "Ahora si… ven acá, no te tengo miedo" –Reima levanto sus diminutos puños con esmero, ante el paseo de atisbos atónitos– "Me debes un golpe en la cara. Loco."
– El agresivo pelirrojo comenzó a salir del aula, para evitar provocaciones del impertinente, mirando a uno de los hombres, de los tres, que permanecían delante de la puerta abierta, mudos y analíticos– "Yo soy Lexus vengo de Lexus…" –comentó en resoplos de hostigamiento– ¿Mis poderes? La muerte, la pelea, el fuego negro, la magia negra, la dominación mental, el control de sus alma… agréguenle lo que quieran" – se detuvo en el trayecto al llegar a cruzar su hombro, con un desconcertado chico– "Hace mucho tiempo tu me enseñaste todo lo que se, Antar. O Fighter o Seiya, –vacilante reflectó sus zafiros en los rubíes del que le nombraba– o como sea que te hagas proclamar… éramos amigos, que decir, hermanos, hasta el día que te embriagaste con esa princesita de oropel, para morir por su 'amor', el mismo estúpido padecimiento que perdió a mi hermana. Ambos unos imbéciles." –demandaba a los cuatro vientos, reclamando el hecho de que lo habían dejado solo, siendo un niño sin dirección, con temores, sin conseguir controlar por completos sus poderes y con la obligación de dirigir a su pueblo. En suma, la discusión era por abandonarlo– Recupera tú solo tus vivencias, que yo no ayudare… –salió de esa habitación, los demás estaban tan enfurecidos con él, este no era el momento para dejarse abatir por la venganza–
–––*
Día siguiente; Dos y media de la tarde.
"*Ayer… me comporte como un total niño, insultando, golpeando a nuestros aleados. Antar…" –en un día soleado. Sentado en una banca fuera de la preparatoria donde esperaba a Seiya, sentía la responsabilidad, o más bien la culpa, al negarle sus recuerdos. Él, que era como una roca y se había propuesto no volver a luchar por nada, ni nadie. La situación transformaba su juramento. ¿Era necesario abrirle heridas a su maestro, colega y hermano del alma? Se negaba, se rehusaba a enfrentarlo a esas realidades antiguas, sobre la muerte de la mujer que una vez amo Antar... Esa vez que lo dejo solo. La lluvia descendió sobre él, mojando un poco su cabello. El agua paró pero aun figuraba como las gotas se estrellaban contra el piso, entonces levantó la cara y miró un paraguas, siguió la línea y se encontró una sorpresa. Seren.
– "Está lloviendo"– Apuntó inocentemente con su dedo índice al cielo, sin elevarlo del todo, obsequiándole una sonrisa suave y serena.
–"Está lloviendo…"–confirmó Lexus.
