Capítulo número cuatro: Verdades
"Eras absolutamente todo para mí. Ahora estoy vacío. Soy un cuerpo, nada más. Me muevo de lado a lado, siguiendo la corriente que marca el destino. Todavía no logro entender cómo sucedió. Estabas junto a mí, y, de repente, te fuiste. Recuerdo tu mirada ausente cuando te encontré en tu camioneta. ¿Por qué estabas ausente? No parecías sorprendida; era como si supieses que aquel día llegaría. Odio pensar en ese momento, en el que mi vida cambió, pero pronto llegaría, sólo que nunca antes había pensado en que se terminaría tan rápido"
Respiré hondo.
"Daría todo por tenerte a mi lado, por abrazarte y besarte. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no luchaste? Parecías otra persona, tú luchabas pero aceptaste tu triste derrota. Y me engañaste. Tu padre te dijo que te quedaras en mi casa, por miedo a que algo te sucediera. Me mentiste en la cara. ¿Acaso lo último que me dijiste también fue una mentira? ¿El 'te amo' no fue más que un engaño? ¿Por qué te fuiste cuando podías quedarte? Ese día estabas rara, más afectiva, comprensiva y rebelde (nunca antes saltaste las clases). Ahora tengo dudas respecto a todo. Sé que me amas... que me amabas, no dudo de eso, pero me metiste. Ocultas algo, Bella. O yo estoy loco"
El cementerio estaba en completo silencio, mis palabras eran lo único que se podía oír. No había nadie cerca, estaba solo con Bella - estaba solo. Solo intentando comunicarme con el espíritu de la mujer que amo. Necesitaba respuestas, necesitaba mantener su recuerdo vivo, pues era lo único que me quedaba.
"Te amo. Siempre lo haré, y te esperaré por siempre. Te lo prometo."
"Espera" repitió cuando la ignoré.
"Edward, sólo un segundo" Rosalie corrió hasta pararse a mi lado. Me encontraba fuera de la casa de los Cullen, traspasando el umbral para retirarme por siempre de sus vidas, aunque pensaba estar presente para salvar a Bella. Me detuve al ver el rostro lastimoso de mi hermana, nunca antes la había visto así.
Me tomó de la mano y me miró con cierta compasión.
"Ven, quiero compartir algo contigo".
Me condujo por el sendero que daba al inmenso patio de la casa. Nos sentamos en el banco blanco que había puesto Esme desde su último arreglo del jardín.
Rosalie me examinó con la mirada.
"No sé por qué, pero siento que puedo confiar en ti" admito al tiempo que se encogía de hombros.
le dediqué una sonrisa.
Parecía extraño, pero me sentía conectado con ella, como si fuésemos hermanos.
"Mira, sólo quiero decirte que puedes quedarte en mi casa el tiempo que quieras" dijo tras una larga pausa.
"No entiendo, ¿por qué el cambio?" le pregunté intrigado, quizá había recordado todo lo que vivimos juntos.
"Por lo de tu novia" admitió. "No es que sienta pena por ti, pero te entiendo. Hay algo de mí que no le he contado a nadie" sus labios se movían con gracia.
Era una imagen divertida la de Rosalie nerviosa.
"Amé a un chico, hace uno años" dijo finalmente.
"¿Tú?" pregunté, no conocía esa parte suya, y mucho menos la historia que estaba por contar. Ella nunca hablaba de sus problemas, de su pasado, ni siquiera de su día.
Rosalie me clavó la mirada, "me refiero a que pareces esas mujeres fuertes que no necesitan de un hombre" agregué.
Ella sonrió.
"No necesito de nadie. Cuando me enamoré era estúpida y ciega" dijo.
"Eso suena a cualquier tipo de enamoramiento" acoté.
"Lo sé. Pero el amor es una mierda que lleva a la infelicidad." Miró el horizonte, el viento revoloteó sus cabellos. "Por suerte sólo amé una vez."
"Él era todo para mí, debí advertir que algo iba a salir mal. Su nombre era Jacob. Era mi amor prohibido, mi familia nunca puede enterarse de esto. Él era ocho años mayor que yo y siempre estaba con una botella en la mano. Yo era sólo una niña ingenua y él tomó provecho de eso. Me prometía que seríamos felices, que nos casaríamos en la playa, no sé porque esa idea siempre me gustó. Pero fueron promesas que no cumplió. Él solo me ayudó a madurar y a entender que el amor duele. Yo confiaba en él más que en nadie, y abusó de esto. Ya te dije, yo era una niña y no estaba lista para darle lo que él quería... así que lo buscó en otra parte, luego de salir conmigo por dos años. Todavía recuerdo su cuerpo desnudo abrazando a esa puta. Fue horrible. No volví a verlo... me fui llorando y él ni siquiera salió a buscarme - de seguro debía terminar de cogerse a esa. La vida da y saca, y el destino se encarga de hacer justicia. Después, me enteré que él había muerto de sobredosis. Pero no lloré, ya me había vaciado cuando lo vi sujetándose de los muslos de la otra."
Ni una lágrima, ni un gesto. Rosalie estaba sin emociones mientras narraba su historia de amor que desconocía por completo.
"No le puedes decir a nadie, nadie de mi familia debe enterarse. Le prometí que nunca se enterarían, y, al contrario de él, yo cumplo con mis promesas. Además, se lo debo… él no se drogaba cuando estaba conmigo. En eso lo ayudé. Cuando lo conocí, mis amigas me dijeron que no me acercara, que era un drogadicto, una mala influencia. Pero no les hice caso. Hasta puede ser que me animé a hablarle sólo porque me decían que no lo haga. Pero cuando empezamos a salir lo dejó, me dijo que cuando estaba conmigo no necesitaba nada más, que era la pieza que lo completaba. Me decía que tenía miedo de lastimarme. Junto a él me sentí frágil, él me protegía de todo. De los sentimientos, de otros, de cosas que nunca dejo que me afecten. Pero estoy segura que, desde que lo dejé, volvió con las drogas. Es evidente, fue mi culpa."
Estaba conmovido. Era una faceta de mi hermana que era ajena a todo lo que conocía de ella. Pero me dolía su sufrimiento invisible. Si bien no mostraba dolor alguno, sus palabras estaban cargadas de dolor. Ella creía que la muerte de su único amor fue gracias a ella.
"Rosalie, no puedes controlar a una persona, y mucho menos a un adicto" le dije. "Mira, tú lo encontraste roto y crees que lo arreglaste, y que cuando te fuiste, todo se derrumbó. Pero no es así. Él estaba roto y tú lo uniste por un rato, lo ayudaste a que su vida sea más fácil. Estoy seguro que los momentos que pasó junto a ti fueron los más felices de su vida. Pero no eres una doctora. No puedes estar pendiente siempre, cuidándolo. Uno debe aprender a vivir por sí mismo. Y es evidente que él no pudo. Pero no fue por tu culpa."
"Era mi deber ayudarlo" murmuró.
"No. No" agité la cabeza. "Tu deber no era eso. Está bien que ayudes a otros, pero no puedes vivir de eso. ¿Ibas a pasar toda tu vida protegiéndolo de él mismo? Además, él no pensó en ti cuando hizo lo que hizo" Rosalie bajó la mirada, tomé su mano, ella no la movió. "No es tu culpa. Tú estuviste cuando tuviste que estar, y lo ayudaste, pero él eligió mal el camino, y no te puedes culpar por las malas decisiones de los demás. Por favor, no repitas que es tu culpa."
Su mano se contrajo bajo la mía y desvió la mirada.
"Gracias" dijo apenas audible. "Es lindo poder hablar de esto… no lo sabe nadie"
"Gracias por compartirlo. Y es lindo poder hablar con alguien, sobre cualquier cosa" admití.
Se puso de pie y me sonrió, también me paré.
"Lo sigues amando" noté mientras volvíamos, ella soltó una suave risita.
"Lo amé, eso seguro. Pero me traicionó. Y ya no está"
"Lo sé, pero uno ama sin importar nada. Puedes estar enojado con esa persona. Pero si la amaste, la seguirás amando. Y la muerte no es un límite, uno ama por siempre, aunque te parta el alma en pedazos" le dije con el corazón en la mano.
"Somos dos tontos enamorados" la comisura de sus labios tendió hacia abajo. "Crees que algún día lo olvidaré"
"Eso depende de ti. Los recuerdos son lo único que me hacen sentir que ella existió. No quiero olvidarla, fue mi mejor logro en la vida"
Me miró atentamente.
"Cuando perdiste la memoria... ¿la recordabas?" se atrevió a preguntar.
"Era lo único que sabía que era verdad. Todo lo demás parecía mentira, ajeno. Tenía recuerdos de personas pero visto desde otros ojos. Es como si ellos me hubiesen olvidado, no yo a ellos."
"Perdón por mi comportamiento de antes" dijo con sinceridad. "Quiero a Carlisle, pero hay veces que quiere ayudar tanto a otros, que se olvida de como vamos a reaccionar nosotros".
"no te preocupes, yo reaccionaria igual en tu situación"
"Es largo el camino al pueblo" me dijo. "Yo te puedo llevar, si vas caminando tardarás años. Acuérdate, pregunta por Bob cuando entres y vas a tener el trabajo seguro. Dile que yo te mandé" me decía Rosalie.
Asentí.
Estábamos por subir a su auto cuando Bella salió de la casa y caminó a su camioneta. Rosalie le pidió si me podía llevar, ella dudó pero accedió.
"Y... ¿Cómo estás?" le pregunté luego de un largo y dulce silencio en el que la contemplaba manejar.
"Bien" contestó tímidamente. "¿Tú?"
Era extraño que me trate sin el afecto de siempre, y doloroso a la vez.
"Ahora estoy mejor" confesé. Ella me miró de reojo pero no dijo nada.
Bella encendió la radio, siempre lo hacia cuando quería evitar algo. La música sonó, pasaron dos canciones románticas, hasta que salió la indicada.
Una sonrisa se le escapó. Me reí.
"Canta, haz como si yo no estuviese aquí. Sé que esta es tu canción preferida."
Frunció el ceño.
"¿Cómo sabes eso?" preguntó.
"Me lo dijiste"
"No"
"Sí bella, cuando estábamos cenando en el restaurante chino y pasó esta canción. Cómo me reí, no te podías contener, la querías cantar. Recuerdo la cara del viejo de la mesa de al lado, no podía creer cómo nos pusimos a cantar" comencé a reír.
Repentinamente, la camioneta se detuvo. Bella me clavó la mirada.
No podía creer que le había dicho todo eso a una 'desconocía'.
"Edward" murmuró. "Siento que me estás confundiendo con otra persona." dijo con total naturalidad.
La miré. Era ella. La mujer que amé y que siempre iría a amar, y le tenía que mentir.
"Perdón" le dije. No sabía que más decirle, cualquier cosa sería mentira.
"Descuida" dijo. "Pero me pones en una situación incómoda, Edward."
El resto del camino fue en silencio. La miré cuidadosamente, buscando diferencias con mi Bella. Pero era ella en su totalidad. Era ella pero había una cosa distinta - ella no estaba enamorada.
Me dejó en la esquina que daba a la tienda de deportes a la que Rosalie me había mandado para pedir trabajo. La camioneta roja se alejó en el momento que cerré la puerta. Decidí que no buscaría trabajo, tenía que hacer algo más importante, y eso era salvar a Bella.
No tenía idea de porque me habían mandado al pasado y con otra vida. ¿Era acaso para enamorar a Bella nuevamente, ser felices por el mínimo tiempo que nos queda juntos, o, si era un error, ser felices para siempre? Pero eso no tenía sentido. Si hubiesen querido que fuese feliz con Bella, no me la hubiesen sacado. O quizá, lo que querían era que la salve, tal vez se habían confundido y no era la hora de Bella… En ese caso debía enamorarla y salvarla.
Pero había otra hipótesis muy distinta. Quizá era seguro que no debía enamorar a Bella, Pues faltaba poco para su muerte. ¿Quién es tan cruel como para hacer aquello? Pero quizá era una segunda oportunidad, no para amarla, pero para que ella viviese. El destino marcaba que tal día y a tal hora ella moriría. Pero ahora había una variante que antes no existía: yo sabía lo que iba a suceder. En este caso, haría lo imposible para evitar que Bella estuviese en un vehículo a las doce de la noche
Ambas hipótesis me llevaron a la misma conclusión: salvar a Bella.
Caminé por Forks, todo estaba igual, como si mi ausencia no hubiese cambiado nada. En cambio, cuando Bella tuvo que irse se notaba en el aire. La gente caminaba con la mirada gacha, ya no había risas. ¿O acaso era porque ocultan su felicidad de mí? La gente no quería mostrar felicidad frente a alguien tan destruido como yo. Tal vez lo verían como comer frente a un muerto de hambre.
Pero ahora nadie mentía, si querían reír lo hacían, nadie me miraba con pena o fingía no conocerme para no tener que hablarme – para no tener que hablar con el patético Edward Cullen. Aquí nadie me conocía. Nadie sabía todo lo que viví y nadie nunca lo sabría.
Caminé durante horas pensando qué hacer.
Estaba agotado de ver rostros que conocía y tener que fingir que no sabía quién era. Pasó la señora See. Fue mi maestra de piano por años, quien me metió en el mundo de la música, y tuve que pretender que no la conocía.
Una brisa helada me recordó que ya estaba atardeciendo, mas no tenía a donde ir. Estaba solo pero con algunos aliados. Alice ayudaría a cualquiera que lo necesite, al igual que Esme y Carlisle. Pero también estaba Rosalie, una de las personas más cerradas que conozco, y se abrió a mí. Ella también me ayudaría, desde su seriedad era una persona amable, siempre lo fue.
Podría volver a la casa, con el apoyo de Rosalie me podría quedar durante años ahí. Pero, ¿para que? tuviera que ir con una historia, inventar algo sobre mis "padres". O hacer algo para que sepan la verdad. Podría mentirles, o decirles todo, y quedar como un loco al que echarían de La casa sin pensarlo. Ya sabía a donde ir. A ese lugar donde siempre me sentía en casa.
Me dejé caer sobre el musgo de las rocas. No me importaba el frío o la suciedad. Aquel bosque era mi lugar con ella. Siempre estaba perfecto. Lo habíamos encontrado en uno de nuestros ataques de escapar de la realidad. Solíamos ir a la fría playa, pero queríamos explorar nuevos terrenos. La arena y el mar no era lo nuestro - nos sentíamos en tierra ajena. Pero el bosque nos identificaba. A veces había muchas flores, otras parecía que el pasto estuviese echo de cenizas por su color. Pero siempre éramos felices, porque, a fin de cuentas, estamos juntos.
Levanté la vista al escuchar el crujido de las hojas secas. No me sorprendí al ver a Bella. Cómo extrañaba su imagen en el bosque, su mirada pérdida, sus pasos torpes, su cabello despeinado.
Nos miramos en silencio. Ella avanzó lentamente hacia mí, y luego se sentó a mi lado, sin quitarme la mirada. Parecía examinarme con detalle, como quien mira un cuadro. Buscando algo, alguna respuesta. Permanecimos en silencio mientras nuestras miradas se juntaban, se analizaban.
El suspiro del viento revoloteaba las hojas a nuestro alrededor.
Ninguno habló, ella parecía cargada en preguntas pero no dijo nada.
"Sabía que ibas a estar aquí" suspiró, rompiendo el dulce silencio que nos enredada y unía. "No sé cómo, pero lo sabía. Es tu lugar" afirmó. "Y el mío. Es nuestro lugar."
"Bella" dije luego de un silencio. "¿Sabes quien soy?"
Ella asistió y luego desvió la mirada.
"Hace doce horas eras un desconocido" admitió. "pero llegué a casa y me eché a dormir. Y soñé que estábamos en el restaurante. ¿Te acuerdas lo que me dijiste hoy? Lo viví."
Una sonrisa se me escapó.
"¿Sabes quien Soy?" pregunté con esperanzas que se veían reflejadas en mi tono de voz, el brillo en mis ojos, el fuerte agarre de mis manos en sus brazos.
"Sí.. Recordé algunas cosas" murmuró.
"Te extrañé mucho" le dije y la abracé. La sentí conmigo. Su olor, su suavidad, su color. Estaba conmigo. "te amo" le dije. Ella se soltó de mi agarré.
"Edward, no entiendo que está pasando pero siento que debo ayudarte porque soy la única que sabe quien eres. Pero lo que sé es ajeno, como si otra persona lo hubiese vivido. Perdón, pero no te puedo amar."
Gracias por el apoyo, espero que les esté gustando la historia. En una semana subo el próximo capítulo. Si tienen algún comentario por favor déjenlo. Muchas gracias por leerme Clara
