Todos los derechos de Sailor Moon y sus otros personajes son Propiedad de Naoko Takeuchi/Kodansha, TOEI Animation

Dios me tarde demasiado… espero sea lo más explicito posible OoO

Un gran ratote escribiendo sentada frente al monitor, hasta mis pompis quedaron planas…. T.T Pero ahora sí que está muy extenso.

Vuelvo a repetir. El romance principal SyS ira lento… no pierdan detalle XDD

Agradecimientos a:

Selene-silk

megumisakura

malkav-iztli

Karina Natsumi

Serenalucy

chikita22bkou

drixx

Srita. Rossy Kou

Mizuki-chan24

Por sus Reviews.

Espero que les guste tanto como a mí.

¡Gracias por tomarse un espacio en su preciado tiempo y leer!

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– "¡Par de imbéciles despiértense!" –Ella gritó al mismo momento que pateaba a dos hombres–

– "¡Exail!... ¡No molestes!" –uno contestó tocándose la cabeza–

– "Hermana… déjanos dormir dos horas más…" –el otro aun reposaba en la cama–

– "¡Nos vamos! Nos han descubierto unos cabrones de la sociedad Kiimsah" –Ella jaló las sabanas de la cama, junto con ellos–

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X-x-X

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"¿Quién eres tú?"

"Soy la contienda…"

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X-x-X

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– "Ante el poder que me confiere como Rey de la Luna, uno a ambos para la eternidad"

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X-x-X

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– "Están aquí… saquemos a la Princesa Neherenia del palacio"– colocó a la pequeña bebé en brazos de su acompañante–

– "Tomemos el camino derecho y…" –unas filosas garras se encajaron en el cuerpo de su adjunto, que fungía de escudo protector para él y la pequeñuela–

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X-x-X

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– "Todo ha terminado… –miró al suelo, destellando de rabia ante el cuarteto de cadáveres, unos descuartizado– Yo moriré majestad… pero al menos podré salvarla a ella" – apretó sus puños–

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*----X-x-X----*

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He vivido tantas batallas… mis ojos han mirado centenas de muertes al paso que la sangre inocente ha corrido por mis manos, santo capricho de libertad… soy una guerrera de violencias y asesinatos… Eso me decía mi reina. Fui creada para proteger a mis patronos y aniquilar a los enemigos, sin embargo, mi aura dual, peligrosa y agresiva me hacía intolerable ante ese palacio, de manera que, cuando se requerían mis servicios era llamada y cuando no me entregaba de lleno a la quietud de mi mundo. En aquella época, llena de paz y prosperidad, hubo una temporada que mis señores prescindieron de mis gracias. Volví a la oscuridad de mi frío planeta, retome mi soledad, siempre con la idea en mente de salvaguardar a mis monarcas.

Un día pidieron mi presencia ante el imperio. Los jóvenes reyes llevaban consigo su equipaje, además a su pequeña hija, la única heredera al trono. Emprenderían el viaje al que fueron convocados por el congreso de las Majestades. Únicamente yo sería la custodia para tres magnificencias. Principiamos el recorrido, a un llamado misterioso, una madrugada envuelta de fulgores celestiales. Las otras guerreras prepararon el portal hacía un mundo aclamado como Lexus, punto céntrico de las reuniones de la realeza. Llegamos cuando la luz del sol no clareaba, soldados nos atendieron solemnemente llevando nuestro equipaje a las alcobas que nos dejarían reposar nuestro cuerpo cada noche en la hospeda, no solamente nos encontrábamos nosotros, también destacaban los realezas, tales como las de Aryanê; únicos distinguidos por elegir a su predecesor en base al talento sagrado los cuales permanecerían puros hasta el final de sus días, Duša, Melodiam, Reiner, Solaris, Ilusión y Samsara, entre otros, junto a sus retoños.

Aquel castillo era una obra de arte de la naturaleza, derivado de ese mismo planeta, las estalagmitas de cristales negros translucidos y gigantes que lo originaban, florecían con estética de los suelos. La construcción, sin duda, reafirmaba la belleza y el poderío de los magnánimos reyes de Lexus, seres gobernantes de todas las galaxias. El palacio estaba formado por domos cerrados del mismo tipo de cristal, en finales erizados, en sus afueras cinco torres adjuntas a estas, simulando una estrella, cuyas puntas germinaba fuego obscurecido. Los interiores eran templados, su piso de obsidiana pulido y liso. Sus aromas eran relajantes, como tierra humedecida al iniciar la lluvia. Las paredes complementaban adornos proporcionados por las mismas estalagmitas, talladas en su totalidad por las hábiles manos de artesanos, habitantes en esa mística tierra, para engalanar a la monotonía dieron escritura a pilares unidos en arcos, cincelando en ellas flores propias de la región y flamas desprendidas a imágenes de ornato. En el pentagonal e inmenso salón de recepción translucían los mismos arcos con su original diseño, mismos atrios que trasladaba a los residentes del castillo a sus aposentos. No existían lámparas, ni objetos eléctricos para iluminarle, las mismas paredes dotaban de la luz necesitaría y el clima perfecto. Nunca entendí el cómo, pero fue un detalle que me tomo por sorpresa.

Los saludos cordiales no se hicieron esperar, al punto que la conglomeración le causo tedio a la pequeña hija de mis reyes. En su fastidio salió a los majestuosos jardines del plació en búsqueda de tranquilidad. Era para ella una mirada hermosa, la plaza estaba engalanada de pastizales tonantes en oxido y almohadilladas de flores púrpuras, rojizas y azabaches. También poseía frondosos árboles de hojas morenas que reconfortaban sombra fresca en lares de descanso. El exiguo toque familiar a la Tierra era proveniente de un sereno lago de aguas claras donde coexistían pececillos plateados, pieza instituida en honor a la princesa del universo, donde emergían unos lotos blancos manchados con centellas negras, afinando su vivaz aroma suave y perenne. Yo vigilaba a mí pequeña dama, pero a mi parecer, ella tenía que sentirse libre por sí misma. Por lo cual la miré desde lejos, dejándola experimentar sus curiosidades. Es así como inicia el romance de dos astros vivientes en diferentes galaxias… es así, como en una mañana de travesuras, percibí a mi princesa Serena enamorarse del príncipe Antar.

Los edenes eran vistos, por la pequeña Princesa de la Luna, como manjares extraños, sus flores parecían a sus ojos dulces opacos, aun así, debería examinarlos para desvirtuar esa posición. Entonces ella emprendió el camino, de un lado a otro olfateando el meloso aroma que ellas provocaban. Entre su aventura singular marchó por varios minutos, cansada se sentó en el claro de un paraje, dónde se conglomeraban unas arboledas. Sus luceros azules destellaban en los brillantes rallos del sol, dotando un resplandor platinado a tan embelesadora mirada azul, eso tenía distraído a un niño, de cabellos ennegrecidos y perspicaces, había pasado tantos minutos admirándola como esa pequeña llevaba sentada avivando el alrededor con su sonrisa aurante y su cabello rubio mecido por la brisa. ¿Rubio?, se preguntaba, nunca antes había visto cabellera de tal color y mucho menos rostro más bello. La chiquilla se dispuso a elevar su cuerpo, pero ese muchacho no la dejaría ir.

– "Mi nombre es Antar, Principe de Solaris" –precisamente temía dejarla escapar y nunca en sus haberes encontrársela, entonces saltó de entre los arbustos para presentarse–

La joven se quedo extasiada, que preciosas gemas, un par de zafiros emergidos de un cielo a punto de su ocaso la admiraban con detenimiento. Ella se sonrojó de inmediato, era un mozo de galán aspecto. El niñito se envolvió en sorpresas al detallarla de cerca, su cabeza parecía una de esas golosinas, que su padre le llevaba de sus jornadas a otros mundos, y que fascinante saboreaba.

– "¡Bombón!" –exclamó el muchacho–

– "¿Cómo?" –cuestionó la niña, de suma rareza para un príncipe llamarla en arrabales formas–

–sonrió aproximándose a ella y colocándose en cuclillas–"¡Digo yo! que Bombón es un nombre perfecto para ti"–

–"No, ¿Qué cosa? No, no. Yo me llamo Serena. –se molestó un poco–

– "A lo que me refiero… es a que tus gestos son dulces y eres tan suave como un bombón" –litigó en defensa– "¿Qué edad tienes bombón?"

– "No me llamo bombón y tengo ocho" –reprochó haciendo pucheros, tan divertidos y encantadores que hicieron sonreír al otro– "¿Y tú?

– "cuarenta y ocho solsticios" –unos ojos celestes se encajaron en él a son de incredulidad, supuso que su pequeño bombón no tendría conocimiento al respecto– "En mi mundo el tiempo transcurre distinto al tuyo, pero para hacértelo fácil, lo traduciré, Tengo diez años"

De inmediato entendí el juego de palabras y las miradas que se regalaban esa mañana, entre juegos alegres y pláticas infantiles, asemejaba que ese pequeño encuentro no podría quedarse en una amistad. Dos días llevaban evadiendo al resto de invitados, hurtando dulces y unas que otros postres para comerlos juntos en el mismo sereno donde se encontraron. El admiraba de ella la inocencia, despreocupación, confianza, simpleza, la radiante sonrisa a toda situación y aquellas coletas extravagantes, pero distintivas, además el ser reflejado en las ventanas más cristalinas y puras que hubiese visto en su corta existencia. Ella suspiraba ante tan jovial personaje, que cantaba para ella, le brindaba confort, protección, bromas, arrogante dulzura y una atención especial que la hacía sentirse feliz en cada momento. Además ser reflejada en las ventanas más calmas, orgullosas, tiernas a su grado y valientes que jamás hubiese visto en su corta existencia. En un momento, cuando la noche se apresuraba a inundar con su manto estelar ese paraje y los jardines reales mostraban el esplendor de un espectáculo, haciendo brillar sus flores en fluorescencias, trucando a cualquiera con la imagen plasmada en el piso de la misma noche galana de estrellas, ambas infantiles siluetas miraban el entretenimiento en total quietud.

– "¿Bombón?"– admirando el contexto, el orgulloso muchacho llevaba en su mente una propuesta desde la mañana en que se levantó temprano–

– "Dime Antar" –la damita, quien ya se había acostumbrado a aquel seudónimo cariñoso, a pesar de lo insistente que era de que no la llamase de tal manera, se mostró intrigada al ver el contorno arrodillado de su amigo con el cuerpo salpicado de las luces procedentes de las flores–

– "Serena, princesa de la luna. Se mi esposa para la eternidad"– no titubeó ningún instante, al grado que colocaba entre las delicadas manitas de la niña unos aretes dorados, tan parecidos a los caireles rubios que rozaban al costado de las mejillas de la infante–

– "¿Espo-posa?" –sonrió tímidamente mientras sus mejillas se encendían en grana complaciente, el majestuoso sonido de su rostro enmarcaba la respuesta– "Si, para la eternidad"– tomó la mano del joven con delicadeza y el… abundo la situación con un breve y escrupuloso beso en sus labios–

Sus cándidas palabras revolotearon cual magnifica mariposa, reverenciando el comienzo de un eclipse total. Ingenuidad que no vislumbró el potencial de lo que vendría a preceder. Yo fui testigo, testigo sigiloso del génesis de ambos príncipes… eran niños, unos pequeños niños, que no comprendían el grado del acto o quizá era yo la no entendida, más de lo que mi frío corazón pudo saber… jamás había amado. Sin embargo ese hermoso momento fue arrebatado a manos de los padres de mi princesa, que me pedían mi obediencia sumisa para sacar a su hija de Lexus.

Así fue como lo hice, entre llantos de ambos niños y agresivos golpes de un niño que exclamaba a todo pulmón; 'ella es mi prometida, me casare con bombón, dejadla es una orden real' Perdón, pedía perdón a mi ama, pero mi fidelidad superaba cualquier reto. Ese chiquillo, el príncipe Antar, alzó sus puños y dirigió las últimas palabras en esa época cría. 'Algún día, cuando sea grande te buscare en todas las lunas del universo para desposarte, Serena' Un niño tonto, pensé, la lista de los invitados pudo haberle ayudado, pero… después de irnos, recibimos la devastadora información de que muchas cabezas rodaron por esos contextos, cubriendo de sangre aristócrata los pulidos suelos y los cristales asombrosos de Lexus. Ese no sería el final…

Las puertas de una habitación, que se alojaba en una simple posada, se abrieron estrepitosamente. La entrada fue mancillada por una agresiva mujer de cabellos fuego, la que caminó con premura, extendiendo una de sus piernas a un par de bultos maltrechos que yacían en una cama.

– "¡Par de imbéciles despiértense!" –Ella gritó al mismo momento que pateaba a dos hombres, mirándolos intensamente con sus ojos dorados–

– ¡Exail!... ¡No molestes! –uno contestó tocándose la cabeza, a punta de sus sienes y su cabello negro–

– "Hermana… déjanos dormir dos horas más…" –el otro aun reposaba en la cama, cubierto en su totalidad–

– "¡Nos vamos! Nos han descubierto unos cabrones de la sociedad Kiimsah" –Ella jaló las sabanas de la cama, junto con ellos–

– "No se te quita lo hostil. Exail…" –proclamó uno zafándose de las manos de la mujer blanca, para posteriormente clavar sus vanidosos luceros zafiros en ella–

– "Si ya la conoces, Maestro Antar" –replicó el que aun luchaba por desatarse de las sábanas– "Supongo que no podremos salir por las puertas" –razonó el joven que se desenvolvía de las cubiertas mostrando una pelirroja melena revuelta y de mediana longitud– "¿Por dónde pretendes que huyamos?, no crees que sería mejor patearles el trasero, hermana" –contesto rudamente con aires de aventurero–

– "¡Oh! Mi estimado príncipe Lexus, esa no es la mejor opción" –un león melaza en piel atigrada entraba por la ventana en agilidad extrema–

– "Solaris eres un genio" –le dijo al león– "¿quieren arruinar los planes? No escandalicen" –ella ya había llegado al acceso de emergencia, a punto de saltar, musitó– "La ventana mis estimados imbéciles"

Su escape fue una proeza, dejando coléricos a sus persecutores. Los planes se habían acordado meses antes, estaban en pos de reunir las piezas que pronosticarían el lugar y la fecha exacta del nacimiento de la Princesa del Universo. Pasada la tarde ya habían llegado al palacio de Samsara, donde se reunirían con el príncipe de esas regiones. Aquel palacio era un altar a las eternidades, en pulidos exteriores de roca sólida, labrados a capricho en redondeces, y bombillas ostentosas que rascaban los cielos formulando los finales de sus torres conjuntas, la tonalidad de aquel dotaba en beige pálidos. La cabeza del palacio se realzaba en cuatro bóvedas. El sendero enmarcado por árboles de hojas sanguinas, matizado por prados verdes y un trayecto en los laterales de obeliscos de punta esférica.

Antar se veía nervioso, parecía no gustarle ese lugar o bien visitar al regente de esas tierras. No era un secreto universal que su hermano llevaba el título de príncipe de Samsara, no obstante su nombre siempre lo fue. En las entrañas del noble y aparente palacio hindú se hallaban ya los guardianes de alto rango, protectores del descendiente de Solaris, buscándole por escaparse de casa. Los miró de frente y ellos sostuvieron ligeramente el reto.

– "Principe Antar, lo hemos buscado por todos lados" –uno de los guardaespaldas de Antar, de ojos verdes y cabello azul gris cuestionó molesto–

– "¡¿Nilánty?! ¡¿Ismarê?!, este… yo…" –froto los laterales de su frente, en busca de una escusa, su cabello azabache se agitaba al breve de sus movimientos–

– "¡¡Ahhh!! Eres un Idiota Antar, diles que andabas tras una chica y en juergas bebiendo hasta quedar inconsciente" –contestó la extrovertida Exail– "Por eso tiene resaca" –carcajeó–

– "¡Hermana!" –los brillantes rubíes de Lexus prendieron fuego–

– "¡Mi señor Antar!" –insultar a su heredero al trono solía ser una ofensa grave, pero viniendo de la princesa de Lexus, todo quedaba al olvido. A tal caso, Ismare, un hombre de pocas palabras, castaño oscuro y de ojos café, trató de no prestarle oído–

– "¡¡Argg!!" – Nilánty rugió con ira, en sus ojos verdes retenía las palabras que deseaba decirle, de igual modo no se contuvo– "¿Acaso es un desobligado? Piense en otras cosas… como buscar esposa"

– "Es lo que…" –unas fanfarreas estruendosas interrumpieron al oji-azul, ese sonido lo hizo temblar… hacía largo tiempo que no lo veía– "Esperen afuera" –les ordenó a Nilánty y Ismarê, los cuales obedecieron al pie de la letra el mandato de su señor–

De las columnas cilíndricas, acomodadas en filas pares, bordadas con simbologías nativas en intenso terracota y azul rey, se establecía un pasillo, del cual provenía el principal miedo de Antar. Su hermano… su medio hermano, seguido de un grupo de muchachos a trayecto de similares edades del resto que esperaba en la alcoba de asambleas.

– "Bienvenidos sean ustedes mis respetables Príncipes" –saludo en tremenda cortesía. Su rostro blanco, fino y elegante descendió concisamente, reluciendo al movimiento las lustrosas hebras perfectas de su cabellera obsidiana. De altura similar a la de Antar y mayor que él. Enclavó aquellos vitrales aguamarina sobre su pariente sobre vientos añorantes– "Para los que no me conocen soy Arian. Y estos colegas que me acompañan, algunos de ellos deben conocerlos, forman parte de las piezas que nos conectaran con la princesa del universo." –Era un grupo reducido, pero estaba la mayoría. En orden de edades fueron entablando el dialogo–

– "Estudié la situación. Los fragmentos faltantes exactamente son cuatro. He estado trabajando en ello." –el mayor de todos, hundió sus ojos brunos en los restantes para llamar la atención–

–"A lo que Reima se refiere, es reunir a los demás fragmentos." –Sostenido de un báculo marfil apoyó su voz de ecos, su pureza se recalcaba en su ropón blanco, a pesar de tratar de no mirar con sus platinos a Exail y a Lexus fue un lapso temporal que no pudo salvar–

– "¡Bah!" –rezongó la bermeja. Después de aquel tembloroso fulgor plateado, que se dirigía a ella y a su hermano, proveniente del moreno de pardos cabellos, le respondió con sus luceros dorados rebosantes de rencor– "Eideard, dejarías de ser tú, con tu estúpido misticismo. ¿Se han enterado que nos pisa el culo la sociedad Kiimsah? Déjense de eso y al punto, ¿quiénes son los cuatro faltantes?–

– "Princesa Exail… A ellos debemos ganarles la partida… aunque no tengo tanta práctica como mi difunto antecesor de mirar en el futuro, he visto sus nombres en sueños, en la lista de la reunión de nuestros padres en Lexus, cuando éramos unos niños... cuando ocurrió la tragedia" –el padre de Hávarður había muerto en combate, al enfrentar a uno de los cabecillas de Kiimsah, aún se preguntaba su hijo cómo era posible que el anterior locomotor del tiempo hubiese perdido la revelación de las acciones de su enemigo– "Comenzaré con La princesa de Kinmoku, Kakyuu que en estos instantes es un bebe. La reina Neherenia de Morthan, es una niña, aunque su reinado se extiende en otro nombre... Dimando (Diamante) aún no nace, ni su reino tampoco, pasaran siglos para ello.

– Sigvard, el apuesto noble de refinados rasgos, coquetos ojos esmeralda, continuó con lo que ya había escuchado de su compañero Hávarður– "También está el príncipe de Gea, Endimyun, en donde su luminoso satélite guarda a la finalista de la enumeración, la princesa de la luna…" –fue interrumpido por Arian, mientras Antar sentía un palpitar enorme en su corazón, ¿habían dicho 'La princesa de la Luna?'–

– "La princesa Serena, hablas de la preciosa niña de cabellos dorados cuyos padres no aceptaron su unión al congreso de las Majestades"–afirmó Arian, observando a su hermanastro interesarse en ese asunto–

– "¡Ahh! Esa es mi… –se guardó las palabras– 'bombón, entonces si hay diligencia iré personalmente por ti… aunque use a Lexus para convencerlos' –pero su pelirrojo alumno estaba intrigado con las inconclusas palabras–

– "¿Tú qué…? Maestro Antar ¿La noviecita perdida?" –ironizó al momento, riendo en orlas de enfado– "El amor apesta, ¿no lo saben?, es una mediocridad insulsa, yo no me enamoraré jamás, apuesto mi vida de soltero a que no lo hare" – se sentenció con el que consideraba el peor castigo, Lexus odiaba esos sentimientos, su madre se separó de su padre por el tonto hecho de que su único amor estaba reclamándola, eso le causó a ella un enjuiciamiento y de condena la muerte y a él el aborrecer tal sentimiento–

– "¿Hermano…? ¿Con cuantas doncellas te acostaste en esta semana? ¿Cinco?, ¿diez?" –Exail jaló las mejillas de Lexus, al ligero punto de aguadárselas, eso perdió totalmente el comentario incompleto de Antar–

– "Eso es sexo… es un divertido juego, donde soy irresistible – su mirada era fría, sus expresiones arrogantes– Además, no tengo la culpa de que mi pequeña hermana no tenga pretendientes, por ser una machorra." –enfadado remató, al sobarse los cachetes– "Nadie te quiere"

–El rostro de la princesa de Lexus palideció por un instante, pero sacó fuerzas de sus entrañas para replicarle– "Soy mayor que tú, podría ser tu madre… y me sigues llamando pequeña hermana, si serás un niño" –sostuvo unas lúgubres lágrimas, ocultándolas ante él y los otros, dando la espalda y cruzando sus brazos–

– Reima aclaró su garganta para des tibiar la candela de la absurda situación, era un hombre muy serio y cuidadoso con sus palabras– "Pues haremos diligencias, si nos dirigimos todos juntos a un solo lugar, la sociedad Kiimsah nos detectara con sencillez. Respondiendo a su pregunta Princesa Exail, es lógico que los protervos anden tras nosotros, somos demasiadas energías potentes congregadas, prósperamente Samsara es el lugar de la reencarnación. Nadie entra aquí sin invitación previa" –tomó una bocanada de aire– "¿cómo organizaremos la expedición?"–El sabio del grupo, además de ser muy inteligente, contaba con tecnología suficiente para transportar a cualquiera en pequeños lapsos de días al destino de sus colegas.

–"Hagamos lo siguiente, si nuestra señora y nuestro señor de Lexus están en total acuerdo" –Arian declinó sus claros ojos azul marinos a ambos, sin mutar su postura fina– "Reima y yo nos dirigiremos a Gea, Lexus y Antar a la Luna" –está decisión tomó por sorpresa a Antar pintándole una sonrisa, Arian al ver la postura que puso su hermano al mencionarla, eligió tal causa, con la finalidad de la oportunidad a dos cosas; Una. El hecho de reconciliarse de los sucesos en los cuales el padre de ambos había tenido la culpa y Dos. Verlo más relajado y ocupándose de los asuntos reales en Solaris– "Hávarður y Sigvard se encargaran de Kinmoku, y Dimando para encontrar la época adecuada y buscar la manera de traerlo al presente. En cuanto a Neherenia, Exail y Eideard serían los precisos a ese encargo, ya que es un lugar muy peligroso y son los más capacitados. Al terminar nos veremos aquí en mi palacio. –Exail repelía en alto grado andar junto a ese monje puritano, sentía las ganas de refutar el fallo, pero en cuestiones de razonamiento estratégico no podría darse el lujo de evitar la división que realizó con esmero el Príncipe de Samsara. El cual finiquitó la jornada con un ofrecimiento– Sean bienvenidos a mí humilde morada, señores. Pediré preparen un banquete y arribemos mañana en la contienda.

La charla fue extendida, durante el transcurso de la noche cálida. Se entablaban temas más relajados, rondando en sus gobiernos y futuros. Ingenuos todos, unos jóvenes que no sabían el futuro que les esperaría al salir de Samsara.

Las habitaciones habían sido dispuestas para sus invitados. Antar, que paseaba en los corredores bajo el efluvio inconsciente, buscando la manera de agradecerle a su hermano tan maravilloso gesto, por fin se estableció en un lugar, en un pacifico balcón que le dejaría razonar a la perfección lo que diría, pero para su desventaja se encontró ante una situación incómoda que en sus haberes hubiese creído, y aunque busco la manera de salirse del aprieto, cualquier movimiento que hiciera lo delataría. Él observó a primer paso dos voces, una de ellas femenina y ruda en tanto la otra era masculina y calma. Las reconoció con sencillez, al menos la de la chica… Esa era Exail, estaban alzándole la voz al monje, Eideard era el otro que parecía tratar de emprender una plática mas franca, entonces las palabras revelaron muchas cosas que Antar no deseaba escuchar… pero que no tuvo otra opción.

–"No sé qué pienses tú, pero yo debí negarme a ir contigo…" –un escozor helado le recorrió por todo el cuerpo, al sentir esos ojos plateados darle la atención total de aquel hombre y proyectarse solamente en ella–

– "Lexus ha crecido bastante, es muy apuesto, tiene grandes aventuras y se ve que disfruta de su libertad, se parece mucho a ti" –comentó con una suave y dulce sonrisa, asunto raro en Eideard, el siempre lacio de expresiones–

– "¡Vaya! ¿Desde cuándo acá te ha interesado tanto Lexus?"– gesticuló con esmero al enchuecar su boca–

– "Le has puesto el nombre de tu reino"–Sonrió encantado–

– "¿Querías que le pusiera el tuyo? Sí claro para que el universo entero comenzara a embarrar al pobre entre calumnias y te destrozara" –reprochó con rabia dotando sus palabras de raciocinio, cerrando enseguida sus ojos dorados–

– "Tu padre… debo agradecerles que… guardaran el…"–primera vez que Antar escuchaba titubear al santo príncipe de Aryanê–

– "Olvídalo, piensa que Lexus está de lo mejor" –su fingida risa trasteaba en lo escueta–

– "Son cosas difíciles Exail… Sobre todo cuando le has hecho creer que es tu hermano" –suspiró lo más profundo que pudo tiritando ante la presencia de ella–

– "Qué querías, que le dijera la verdad, que es MIhijo y que para acabarla tiene de padre a un hombre que debe conservarse…" –carcajeó– "Inmaculado"

– "La verdad, lo siento mucho Exail… si hubiera podido, yo…" –por segunda vez se quedó sin palabras– "pero era mi obligación, tú lo sabes"

– "Eres un imbécil, tu propio hijo lo ha dicho, el maldito amor apesta…" –le recordó lo que Lexus planteó en la sala– y también se parece demasiado a ti, es tan frió y le importa poca madre lo demás que no sean sus meritos y engrandecerse para demostrar lo acerbo que es" –golpeó la pared en rabiosa ira– "No sabes cuánto odio que me llame pequeña hermana, cuanto odio que no derrame ni una sola lagrima, cuanto odio que… no me diga mamá… y cuanto te odio a ti. ¡Maldito seas Eideard…! primero muerta antes de volver a caer en…" –unas manos suaves sostuvieron su cuerpo, enredándola completamente para calmar su cólera, era inevitable, ella lo seguía amando, mucho más que la primera vez–

–"Exail… yo…" –Estaban completamente solos, sin testigos y lo estarían al emprender la ruta a Neherenia, que inocentes fueron. De igual manera que la pelirroja, el también comprimía el mismo sentimiento, no obstante prohibido–

Exail giró en totalidad su cuerpo haciendo rabietas para que la soltara, Eideard la contemplaba con total quietud, dibujándosele una maravillosa sonrisa de triunfo, conocía sus arranques de niña, sus expresiones corporales y esas… esas decían bésame idiota. No se negó, mientras los sucesos permanecieran en secreto.

¿Repulsión?… ¿incredulidad?… por el universo mismo, Eideard y Exail tenían un hijo… y ese hijo, no era más que el pobre desubicado de Lexus. Tuvo que esperar unos diez minutos para poder salir de su escondite. Acordó para sí mismo no revelar absolutamente nada y continuar con su objetivo primordial que lo había traído ante aquellos sucesos desacordes.

En los pasillos quedos y pulcros, destacaba una melena del mismo color que la de él, mirando al patio recubierto con manjares de flores y una fuente sencilla que equilibraba el aspecto despampánate de los madrigales. Efectivamente su hermano, reposando en la espera. ¿Pero Antar sería la razón de tal quietud? Sin tramitarse entre los dimes y diretes, sacudiéndose del cuadro anterior, propuso a sus piernas dar pasos firmes hasta él.

– "¡Gracias!" –que estúpido fui, pensó el príncipe de Solaris, después de ensayar un discurso enorme y rimbombante, un gracias enérgico fue lo único que brotó de sus labios temblorosos–

– "De nada" –¿un de nada? Luego de repasar su oración emotiva y llena de cariño, solamente pudo decir un 'de nada'–

– "Yo… yo sé que" –estaba temblando, siempre tenía palabras para todo, pero Antar se hayaba frente a un hermano, que permaneció ausente de su vida por largos años, escasamente recordaba los momentos de juegos conjuntos, cuando acababan de pasar la era de bebes–

–"Estoy tan nervioso como tú, es que deseaba pedirte tantas disculpas y…"–recargo su agradable mano en el hombro de su hermano menor–

– "Olvida el pasado. Nada es nuestra culpa" –le obsequió una placida sonrisa a su hermano mayor–

– "¿Estas enamorado de la Princesa Serena?, mi padre me dijo que tu madre radiaba de lo contenta cuando no encontró los pendientes de compromiso. ¿Es a ella a quién los obsequiaste?" –preguntó sin dar rodeos al asunto–

– "Sí, era un niño… pero desde la primera vez que la vi sabía que ella estaba destinada para mí. A pesar de que han tratado de buscarme prometidas, pensando que había cometido un error, por eso de que era solo un infante, yo lo sabía y lo sé" –era una plática tan placentera, como si el tiempo no se hubiese cobrado la amistad y el cariño fraternal–

– "¿Y ella te ama?"–La duda se inmiscuyo con palideces, no deseaba ver sufrir a su hermano con una descepción–

–"No lo sé, por eso necesito ir a la Luna… y si no me amara, no es que no me importe, pero respetare cada decisión que ella tome" –mostró su distintiva suficiencia– "Las cosas a la fuerza no son mi estilo"

– "Me llena de regocijo que seas un hombre maduro, y mi padre que tiene tanto miedo del futuro de Solaris, que equivocado está" –se sentía totalmente orgulloso de Antar, nunca se erró en repeler las opiniones del rey de Solaris. Le dio unas cariñosas palmaditas en la espalda a Antar, para aprobar sus pensamientos y reanudar la ruptura de su relación– "Te acompañare quiero estar contigo en ese momento, sea bueno o malo, Reima… ya sabré convencerlo. En fin es tarde, ya habrá mucho tiempo de hablar de todo" –sonrió dulcemente–

–"Si, que así sea hermano" –contestó el beneplácito con una palabra que deseaba hace muchos años decir–

Mis ojos se cansaron de mirar cada noche a mi princesa, suspirando y soñando con el día que su amado príncipe de Solaris, Antar, llegara a su lado y contraer nupcias. Afortunadamente La Reina Serenity pensaba que era propio de su edad y claro su majestad Marama, Rey Lunar, era el más avisado, pues su amada hija llevaba desde la partida de Lexus unos aretes que realmente eran especiales. En esos momentos la reina no poseía total conocimiento de las costumbres universales, muy a pesar de su posición matriarcal, pues ella solo tenía en mente el cuidado de la Tierra y su propio planeta. Al final de cuentas, mi alteza Serena dejó de ser una niña, sosteniendo su carácter jovial, insolente, animado, despreocupado y risueño que no encajaba con las afinidades de su cargo.

Esos días note a Sailor Pluto caminando de un lado a otro, tenía la sensación de conocer lo que ocurriría, ¿Qué cosa ocurriría? Pero ella solo embarró unas cuantas palabras a los Reyes, dictando con esmero que las próximas temporadas serían duras. Tonta Sailor del cambio, porqué me miraría a mí en esas marchas… tendría la preocupación algo que ver conmigo. Qué pensaba, amenazarme con esos luceros terracota. Ingenua, ni su poder de visión podría contra el poder de la evolución, mi dualidad y la metamorfosis. Me reí de ella y sus compañeras. Yo trabajaba a las orden de mi majestad y sí ellas interfiriesen con esas disposiciones no me comportaría indulgente con ninguna. Su excelencia Serena, es mi única regente. Instrucciones inquebrantables de la reina Serenity y el rey Marama. En fin… Desde los cielos la cuido y la protejo esperando el día en que sea reclamada a sus necesidades.

Días después, unos invitados llegaron de improvisto. En los reflejos de mi espejo, que reflejaba todo lo que pasara en el imperio lunar, reconocí a uno de ellos, jamás olvidaría tan vanidosos ojos zafiro, y ese porte engreído, el tan esperado Principe por el que mi amada princesa sollozaba y a cada instante evocándolo. Al de cabellos azulados, el más callado del grupo, nunca le había visto, al igual que al pelinegro tan semejante al Príncipe Antar. El desconcierto mío atravesó al mirar a su compañero. Un pelirrojo de gemas escarlatas por ojos, por qué demonios me intimidaba, yo Sailor Demeter, la poderosa, la que no temía a nada. Amedrentada por un chiquillo rebelde y tosco. Sin embargo la emperatriz Serenity me convocó para dar formalidad a tan glorioso recibimiento. Formando filas con mis 'compañeras' de batalla.

– "Es un honor tenerlos aquí, Príncipes" –dispuso una bienvenida decorosa, en lo que como siempre a todo su hija llegaba tarde– "¡Oh! Aquí está entrando mi pequeña hija" –Rió profundamente, llenando el salón con calideces, mientras Antar ansioso agudizaba su vista para contemplar la llegada de la muchacha–

– "¡Lo siento! ¡lo siento! Es que me quede dormida…" –con una sonrisa radiante iluminó el recinto, engrandeciendo la calidez. Trataba de alaciar un pliegue de su vestido, al pronunciar tan informales palabras lo que la distrajo de prestar la atención a los recién llegados. El príncipe de Solaris miró a la jovencita, era más hermosa y descuidada de cómo la recordaba, su rubor no pudo ocultarse ante todos los presentes… su amada y única princesa, después de largos y esperados momentos, era tangible y cercana–

–"Hija mía, estos jóvenes que vez aquí son príncipes de galaxias lejanas y ante nosotros esta el magnánimo príncipe de las galaxias" –un suave regaño, de Serenity, para que midiera sus modales. Serena dejo por la paz esa arruga irreparable, su madre pedía atención para los asistentes. Sus luceros giraron a ellos, imprudentes, como sí misma… ¡Él! Su amado y esperado amor, sus luceros zarcos, radiantes como el sol, lo delataban. Impulsiva corrió a sus brazos, olvidándose del resto, del universo entero–

– "¡Antar! ¡Antar! Has venido a cumplir tu promesa, sabía que solo tendría que esperar… mi amado Antar" –Ella lo abrazó en frenesí, ante las cuajadas miradas de todos los comensales, excluyendo a Sailor Demeter, a la que nunca se le había visto sonrisa… ni algo que se asemejara a esta, sin embargo en esos momentos lo hacía, cortamente pero lo hacía–

– "¡Bombón!" –¿Bombón? Que príncipe tan lépero, llamar así a su princesa, pero Demeter delimitó con su amenazante mirada cualquier palabra que las otras senshis pudieran decir– He venido por ti, para cumplir mi promesa, para casarme contigo…–se estremeció– "siempre y cuando tus honorables padres lo concedan"

– "¿Casarse?" –pregunto fúrico Lexus, tan solo un instante y separaría a la pareja de no ser por la intervención de Reima en murmurantes palabras–

– "Si quieres que nuestros esmeros se vean en el suelo y desgraciar la felicidad de tu maestro… hazlo" –simplemente era un sabio, El príncipe de Lexus admiraba a Antar, siempre fue como su hermano mayor, el que le enseño todo lo que sabía, quien lo escuchaba en su sufrimiento y trataba de llevarlo a un camino de responsabilidad y sensibilidad, tras los hechos atroces que hacía. Entonces el pelirrojo apretó sus dientes y cerró fuertemente sus puños–

– "Reyes de la luna, déjenme presentarles a mis compañeros–señaló por edades– Él es Reima el príncipe de Reimer, señores de inteligencia y sabiduría, Antar, su majestad de Solaris, mi hermano. Y su alteza él príncipe de príncipes Lexus" –después se arrodillo ante ellos– "cómo hermano mayor de el príncipe de Solaris, Antar. Yo Arian, Regente de las tierras de Samsara, pido la mano de su noble hija. La princesa Serena" –le hacía feliz el hecho de que su pequeño hermano hubiese elegido a una mujer cuya belleza radiara desde su interior e inocencia, no de la estética física–

–Serenity estaba confusa, su hija era aun muy joven, eso creía, pero su esposo pensaba todo lo contrario, por motivos que corrían en prisas. El tenia que aprovechar el ver casada a su retoño y entre ello con alguien que amara a sí que Marama respondió– "Así que tu eres el dueño de esos zarcillos de compromiso –suspiró en algría– Mi hija está muy contenta, como arrancarle esa brillante sonrisa que no veía desde nuestra ida a Lexus… Bienvenido seas a nuestra familia muchacho" –pero escondido en ese pretexto sus cavilaciones reaccionaron– 'moriré pronto, ya me he hecho muy viejo, estoy enfermo y cansado. Plutón me ha dicho en secreto que ha previsto los pocos meses de vida que me quedan… quiero que mi pequeña quede en manos de alguien que la haga feliz y la proteja'–retomó el habla– "Bien que la boda se celebre en una semana. No más, no menos. Senshis, comiencen a ordenar los preparativos" –mandó con una gracia prescrita de contento–

Demasiado pronto, especulaban por el castillo. Entre tanto Serenity sintió una amargura al presuroso caso. Sería que era verdad lo que había escuchado al espiar en opaca etiqueta real, al reunirse su esposo en privacidad con la senshi del cambio. Que su amado señor moriría pronto. Era natural, para un hombre que no había nacido en ese mundo, que siquiera había tenido un cargo de la realeza, pero francamente debía reconocer que su vida llegaría al fin antes que ella. Su amor eterno condenaba una abrupta y reacia separación.

Mientras tanto un agrio pelirrojo repugnó el hecho.

– "¡Bah! Se conocerán mucho ¿no?, ¿qué tanto saben de ustedes mismos?, ¿qué les asegura su felicidad?" –Se cruzó de brazos, soportando su peso en unos pilares–

– "¿Conocer?" –Serena se aproximo al molesto muchacho, que rondaba por su edad, soltando de la mano a su prometido– "El amor es un sentimiento que llega sin previo aviso y sé que nuestras vidas serán dichosas. Mi corazón me lo dice"

– "¿Amor? ¿Corazón? ¡Sí, claro! Luego que se te atraviese otro hombre, del cual te sientas mas enamorada, dejarás por seguro a mi Maestro" –agachó la cabeza cubriendo con su copete desequilibrado sus helados ojos rojos, total contraste de un llameante color–

–"¡Claro que no! Eres insensible o nadie se ha enamorado de ti, lo comprendo con ese carácter" –señalizó con su dedo índice agitándolo con esmero, sus gestos eran cómicos y tiernos ante los demás príncipes, agregándole que les causaba sorpresa que alguien se atreviera a enfrentar al amenazante Píncipe de Lexus… con la fama que se cargaba, ¡la jovencita no le temía!–

– "No tengo interés, juro por mi nombre que no me enamorare nunca" –caminó entre los pasillos del palacio para buscar las afueras y tomar aire fresco, pero Antar agregó la puesta que realizó en Samsara–

– "Si no mas recuerdo, apostaste tu soltería, JA… cuando me dé cuenta yo mismo te arrastrare al altar" –jubilosamente impactó su puño contra la palma de su mano, deseaba darle al traste tantas jornadas de entredichos que asumía su alumno, comentarios de 'si ella no te ama' 'eran unos niños' 'búscate a una que si exista' 'ya ha de amar a otro' y una larga lista de etcéteras–

– "Eso no lo verán nunca tus ojos. Maestro Antar" –Recorrió la antesala, pasando frente a Demeter, la que no conseguía contener el aliento y lo miraba al punto de entrecruzarle gélidas barreras– "¿Que me vez mujer?" –encuadró sus luceros rojizos en los amatistas de la Sailor de la dualidad– "¿Además de estática eres muda?" –pero ella no respondió– "Mujer idiota" –salió de la sala–

Tres días pasaron, la pareja, aunque su contacto permanecía suprimido, estaba contenta. Luego el mismo padre de Serena, esa noche, les dejo andar por los jardines del castillo para que entablaran sus pensamientos reprimidos.

– "Te busqué por todas la lunas… pero el destino me llevo nuevamente a ti" –en relajada espiración abrazo con fuerza a su hermosa dama–

– "Antar, yo presentía que cumplirías tu promesa" –iluminados luceros celestes llenaron de felicidad– "¡Te amo Antar!"

– "Yo también te amo" –elevó el rostro de la joven, entretejiéndose ambos en sus reflejos, esperando darle lo que una vez le regalo su primer beso con reservas e inocencia, los cálidos labios de su futura esposa, superaban cualquier exquisitez que hubiese probado en la vida, de nuevo el elixir del amor premiaba su fidelidad al colapsar ambas bocas… el momento se envolvía en auras platinadas y bronceadas, auras que encalaban todo el palacio y sumergían en rosadas mejillas al par de enamorados– "¿Bombón? ¿No tienes miedo?" –la miró con extrañesa–

– "No se te quita la maña ¿he?" –refiriéndose por supuesto a su alias– "No, casarme contigo no me da miedo, me llena de felicidad"

– "No me refería a eso… si no a la araña que está en tu cabeza" –apuntó al insecto–

–"¡¡¡WAAAAA!!! ¡QUÍTAMELA! ¡Quítamela!" –manoteaba desesperada, moviendo exageradamente su cuello para quitarse al animal–

–"Si te mueves demasiado, no podré sacarla" –le golpeteó aventando al arácnido a alguna parte del jardín, después ella se echó a llorar. Él admiraba el alma de niña que poseía, su fortaleza ante adversidades magnas y su debilidad en simplezas, ese carácter lo mantenía recluido ante serena– "Eres tan dulce y tierna como un bombón… Bombón" –nuevamente ató sus labios a los de ella, en ternura soberbia, acariciando el hermoso rostro de su prometida, consolando su susto–

Vaya que era para mí un derroche de inentendibles muestras de afecto, vigilaba a mi monarca, para proteger su quietud y felicidad. Pero ese hombre, se entrecruzo en mis guardias.

– "¿Te gusta espiar a la gente? Mudita" –ojeó fríamente a la sailor–

– "Tiene miedo de quedarse solo, me refiero a que su Maestro lo abandone" –respondió a su contraparte controlando sus convulsiones, él otro rabiaba sobre las palabras ciertas, lógicamente no demostraría su 'temor'– "Con todo respeto, alteza de Lexus. Debe saber que la vida tiene sus procesos naturales, deje de ser un perrito sin dueño ni propósito" –estaba a salvo, ya había desquitado su enfado por postularle un aspecto desconocido y chocante de ella–

–"¡Bruja estúpida!" –la sostuvo del brazo, zarandeándola. Luego de mirar la expresión de terror de su víctima, extendió una sonrisa repleta de placer, que desbordaba también en sus ojos fuego liquido, le estaba ganando– "¡Ah! Miran nada mas, ¿qué nunca te ha tocado ningún hombre?" –usó su típico sonsonete de seductor, estrellándola a la pared, mientras ella se conservaba pálida, más de lo que su rosto albino podía producir– ¿Quieres probar? –esposo las manos de la mujer con las suyas propias, asiéndolas al costado de ella, posteriormente recorrió el frío cuello de la lozana mujer, dejándola sumida en un estrés aturdidor–

– "Esto no funciona conmigo" –se repuso al sentir el coraje emerger de sus adentros, pero prosiguió cada palabra con el mismo cántico seco– "Intenta amortiguar el amor con el placer. Sí que es un perdedor"

– "¡Lexus! ¡Imbécil!, hasta cuándo detendrás tus impulsos sexuales…" –la voz sonó de lo más familiar, al igual que el tono– "Disculpe usted a mi hermano señorita"

– Dameter, aprovecho la distracción para continuar con su tarea, no sin antes vengarse de la ofensiva que recibió– "Yo no era la que espiaba, es mi trabajo, sin embargo el fisgón que deseaba entrometerse era otro. Si es su hermano, princesa, sugiero que lo ate a un árbol." –fría como el hielo desterró sus palabras, haciendo temblar el contexto de Lexus y la hermana parecía divertirse con la recomendación–

– "No sería mala idea, desafortunadamente éste es una bestia en celo" –carcajeó mirando irse a aquella mujer, la Sailor de la evolución, dualidad y metamorfosis–

– "¡Esa maldita perra me las pagara!" –recordó, entonces, que estaba por ahí su herman– "¡Hey tú!, a todo esto ¿qué haces aquí?"–

– "Vengo a la boda de mi mejor amigo" –sonrió–

– "¿Te creeré?" –la miró en dudas–

– "En esta galaxia hay una Sailor que cuida las puertas del tiempo, si todo sale bien pediremos la autorización de los Reyes de la Luna para traer a Dimando" –la segunda causa de su ingreso al reino lunar se develó–

– "Y Hávarður no tiene el poder suficiente para hacer su trabajo" –renegó aun entre los aires anteriores–

– "No. Y lo sabes, apenas puede clarificar cosas del futuro, Kakyuu esta en oraciones profundas y despertara en luego, los demás llegaron, deben andar por ahí con sus etiquetas presentando sus saludos, en cuanto a Neherenia la recogeremos en unos meses, sus padres quieren que tenga un poco mas de edad" –suspiró, acariciando el cabello de Lexus–

– "¡¿Qué te pasa?! ¿Te contagió algo ese monje? –apartándose de sus cariños, dado al escalofrió maternal que recorrió su cuerpo–

– "Con ese carácter no conseguirás esposa, ¿quién podría aguantarte? ¿Qué harías sin mi?" –fue muy irónica–

– "Hablas como si te fueras a morir o a perder con un novio. Las mujeres son unas locas, jamás las entenderé"–

Los días pasaron. En ese lapso Reima y Arian fueron a la Tierra, para citarse con Endymion, para su sorpresa él estaba muy resguardado por sus cuatro guardianes, los reyes celestiales. Un hombre solo que gobernaba toda ese extraño planeta azul. Al final de cuentas lograron una breve entrevista, pero Endymion no podía salir de su gobierno, les pidió un poco de tiempo, la situación que vivía sus tierras era de suma delicadeza. Tendrían que esperar a que las cosas se solucionaran. La sabiduría y la reencarnación partieron con algo de contrariedad, todo estaba dando topes a sus planes. Desde Neherenia hasta Dimando, ahora no contarían con Endymion. Mi reina me solicitó, la vi del todo nerviosa, trataba de no mirarme, juzgaba un rencor en sus expresiones faciales, uno asía mí, pero dentro de mi protocolo se situaba impertinente hacer cuestiones, se debían cumplir las reglas… Esa fue la que menos espere.

– "Hace tiempo que no duermes, quiero que desde hoy te tomes un descanso Sailor Demeter" –escondía un asomo de incertidumbre a palabras que no completaban esa frese. El real porqué–

– "¡Sí mi Reina! Sera como usted mande"–

Era de noche, la noche anterior a la boda de la princesa Serena, entre los pasillos percaté a esa princesa tomando el aire fresco a solas. Un hombre se apareció tras ella, tratando de robar su atención, noté enseguida el tono hostil y frívolo del contrincante, hostigando a la futura esposa de Antar. No me preocupaba, aquel infeliz, pero estuve siguiendo sus movimientos lentamente.

–"¿Estás segura?" –se colocó tras Serena, la que dio un saltito al asustarse–

–"¡Lexus!, me asustaste" –tocó su pecho en alivio, mirando la Tierra por un momento más, viró su rostro, aquel espectro azul adorno sus hermosas facciones, haciendo resplandecer sus luceros celestes en orante platino–

– El pelirrojo se sonrojó, el dulce destello lunar de la futura mujer de su maestro lo había hipnotizado, su corazón se aceleraba… El embrujó de la princesa había quebrantado su propio orgullo. Desvió su mirada al suelo– "¡Tsk! ¡Podrías dejar de poner cara de boba!"

– "No tengo otra, je, je. ¡lo siento!" –se rascó la cabeza– "Todo el mundo pregunta lo mismo. Mi mamá, papá, las inners, las outers, Luna, Artemis y ahora tú. Contestare lo de siempre. Sí, soy feliz." –Pausó un momento– "No voy a quitarte a Antar, lo juro" –levantó su mano derecha extendiéndola– "Te lo tomare prestado la eternidad" –sonrió de su broma, pero esa dulce y risueña mueca, captó nuevamente su atención proporcionándole, al acido chico, un tímido rubor, que no pudo evadir– "Espero que algún día puedas comprobar el amor por ti mismo. Me pondré muy contenta y no dejare que Antar te arrastre al altar. Es una decisión que personalmente debes tomar. Eres un buen chico, ¿lo ves? Únicamente que quieres esconder tus sentimientos bajo una coraza de acero" – La ingenuidad había desaparecido. Aunque sus palabras sonaban sencillas, eran brillantes. Entonces ella se acerco a él y beso la mejilla del muchacho– "Me voy a dormir, no te preocupes lo cuidare muy bien" –desapareció entre los pasillos del castillo del astro lunar, dejando a Lexus sin palabras–

Podía mirar a Lexus caer de rodillas, enmarañándose el cabello al darse jalones en inconsciencia y falto raciocinio. Golpeó al piso sin fuerzas, como si aquella mujer se las hubiera quitado. Oía sus cuestionamientos '¿Quién era esa princesa de la Luna? ¿Por qué demonios le había atraído con tal inocencia?' En verdad podía tragarme su angustia, un sentimiento muy desagradable. Los seres humanos siempre estaban llenos de ellos, de los sentimientos. Esos días había experimentado ira y angustia. Mi parte autómata de deshelaba. Un impulso improvisto me haló a donde yacía aquel hombre, tratando de recoger los pedazos de su afligido espíritu.

– "No se confunda. Es la virtud de mi princesa emanar el amor por todos sus poros. Fascinar a los que la miran de cerca, en esos momentos escuetos." –le argumentaba desabrida, pero él no le respondió– "No se confunda. Debo añadir que es la primera que le trata con compasión y sensibilidad, debió remover alguna capa de sarro en su crudeza"

– "Entrometida habladora. Largo de aquí" –desganadamente la corrió–

Un mareo muy extraño comenzó invadir mi cuerpo, mi mente se nublo por completo… todo quedo en Silencio. En total quietud… música maravillosa para mis oídos.

Luego de unos instantes miré a mí alrededor. Un lugar desolado, vacio, donde un pequeño ruido engrandeció taladrándome la cabeza... en mezcladas voces de mujer y hombre…

"Sailor Demeter, te elijo a ti para mis propósitos"

"¿Quién eres tú?"

"Soy la contienda…"

"No puedo servir a quien no es mi rey"

"Demeter… lo único que debes hacer es proteger a la princesa Serena, pase lo que pase. Morirás. Pero tu sacrificio no será en vano, por que cuando reencarnes recompensare tu valor y esfuerzo. Por ahora reactivare lo que he suprimido…"

"¿Suprimido? ¿Quién eres tú?"

"El futuro… nuestro futuro"

La voz se alejo, dejándome un enorme dolor en el pecho, concebía todos los dolores mundanos… era un abrupto total, una herida punzante sin lesiones, era un grado espantoso de sentimientos acumulados. Siempre he pensado que ese sueño era mero cansancio. Pero fue la llave que abrió la llama retenida, descongelante a mi eterna temporada invernal. Por fin mis ojos se abrieron agudizando la habitación. Un recinto en lo total desconocido, mi cabello olía a limpio y mi cuerpo se sentía fresco, mis ropas no eran propias a la estampa de una mujer, mucho menos al de una senshi. Una camisa de caballero… mi cuerpo tiritó, ante unas gemas rojas de vientos escarchados que me miraban atentamente a un lado.

– "Hay formas menos torpes de seducir a un hombre" –seductoramente se acercó a ella dejándola bajo él–

– "¿Se…du…cir?" –confundida, sin respuestas y su rostro polveado en grana, ¿era posible acto de un hechizo?–

– "Podría cobrarme todo lo que me debes" –trenzó una despiadada sonrisa, locuras y perversidades pasaban por la mente del pelirrojo–

Sentí miedo, temía a aquel hombre, odiaba ser reflejada por sus gélidos vitrales rubí. La desfortuna comenzaba. Como niña ingenua salí huyendo, pero él me apretó de la muñeca. ¿qué era lo que me había pasado? No debía sentir emociones de pavor. Fui creada para ser inquebrantable.

– "Eres una desagradecida, ayer hervías en calentura… no pienses mal, baje tu fiebre con un baño, pero tu ridículo trajecito desapareció"

En la alcoba de la Princesa de la Luna.

Serena se encontraba emocionada, nerviosa y feliz. Soñó toda su infancia, adolescencia y parte de su juventud el momento que su príncipe de ojos zafiro la llevaría al altar. Por la mañana había recibido un hermoso ramo de bodas, de rosas blancas, su vestido albo y en volantines destacaba finas piedras cristalinas, tenía mangas caídas que permitían dejar a la desnudes sus hombros y un ligero escote en 'V', la prenda entallaría su cintura. Después de ducharse se colocó el atuendo de bodas, con ayuda de las Inners, quienes sonreían al mirar lo hermosa que lucía su Princesa.

En la alcoba del Príncipe del Sol.

Atar lucía ya su traje de caballero, era de color carmesí, con unas barras recargadas en sus hombros, asemejando su aspecto al de un coronel. Se miraba una y otra vez al espejo, parecía descontento con su cabello, que peinó un centenar de causes. Por la mañana recibió una capa de gala matrimonial negra, que posteriormente uso para complementar su atuendo, enlazándola con una rosa roja. Sus nervios no lo traicionarían, su placidez relucía en su imborrable sonrisa… Se miró nuevamente al espejo, pero esta vez detalló un cálido reflejo inconsciente, su amada bombón, quien en dos días no había visto. Él desde que pudo tener libertades, recorrió las galaxias que pudo buscando los rumores de una princesa de la luna. Desde que era niño soñó con el encuentro y el momento perfecto para hacerla su esposa. Junto a él sus fieles guardianes, colmados de dicha al saber que su noble majestad, al fin sentaría cabeza.

De flores blancas estaba cubierta la recepción. Los invitados eran pocos, entre ellos los príncipes del congreso de las majestades y las senshis que portaban vestidos de noche, escasas ocasiones tenían la oportunidad de lucir algo más que su uniforme. En el altar estaba el padre de Serena, mirando entusiasmado el contorno níveo que proporcionaba cada adorno, percibiendo los aromas florales, y en conclusión a su futuro yerno. Antar, jugaba con uno de los broches de la manga de su saco, estaba desesperado. A los pocos minutos, los músicos interpretaron una dulce melodía, que secundaba la entrada de aquella que desde niña lo había enamorado. Su sorpresa recubrió a su mirada, relumbraba en belleza divina, haciendo palidecer la imagen y la esencia de las ahora pobres flores. Caminó hacia el altar para juntos permanecer hasta que la ceremonia diera fin. Las respuestas fueron recubiertas siempre con un sí y sus votos adornos cubiertos de amor, entendimiento, compromiso y perennidad.

– "Ante el poder que me confiere como Rey de la Luna, uno a ambos para la eternidad" – La agradable voz madura del padre de Serena finiquitó con la celebración nupcial–"Ahora puedes besarla hijo"

Antar acarició suavemente la faz de su esposa, era un despertar del que era acompañado junto a ella… Serena de la Luna, inocente, optimista, soñadora, distraída y siempre animosa y bella se reflejaba en sus zafiros despampanantes. Sarena imitó el rito de su esposo, llenándolo de un mimo dulce. Era una realidad firme, en la cual caminaba junto a él… Antar, el orgulloso, alegre y jovial hombre que se proyectaba en sus joyas celestes. Ambos enlazaron el momento con un beso que parecía alejarlos del mundo. Minutos mas tarde los comensales se entregaron a disfrutar el banquete y la festividad que obsequiaban los reyes de la luna en honor de la alianza de sus hijos. Las piezas musicales llevaron a varios al escenario, que estaba en una parte de los jardines, junto al lago. Realmente Antar era un espectacular danzador, luciendo sus corteses pasos con su mujer.

–"Yo… que vergüenza…" –decía la hermosa rubia, alteza lunar, a su marido indicándole que bailaba muy mal–

–"Mi amada Serena, eso no importa, solo acurrúcate a mi pecho y déjame ser yo quien guie tus paso" –la apegó a su cuerpo, ayudándole a flotar ante la música–

Contemple cada movimiento de mis nuevos monarcas, no asistí a la ceremonia, pero puedo asegurar que fue de lo mas hermosa… me escondí entre los pilares para no ser advertida, aun guardaba esa explosión en mi interior. Noté prontamente que mis adentros se mecían al compás de tan excelsas interpretaciones musicales… Al saborear la felicidad del sol y la luna. No podía dejarme abatir por ello. Preferí volver a la soledad de mi planeta y dormir como había ordenado mi reina. Pero al caminar por los pasillos tope con alguien de cabellos fuego.

– "¿Aún con tu traje de Senshi? ¡Ya sé no tienes algo bonito que ponerte!" – su agresivo comportamiento se pausó al encontrarse frente a una situación aristocrática– "Corramos a mi alcoba, debo tener alguno por ahí que te luzca esplendido" –la tomó de la mano pero Demeter la contuvo–

– "Lo siento Princesa de Lexus, estoy en servicio" –pero el jalón fue más tosco dejando claro que no admitiría un no por respuesta–

La fiesta caldeaba en júbilos, llenando de emociones a todos aquellos, en ánimo profundo de compartir una buena danza. Antar presento a su mujer al resto de las majestades que no tuvieron la oportunidad de conocerla.

– "Señora, quede de mi como su mas humilde servidor" –el castaño de coquetos ojos verdes beso su mano, pensaba que esos ojos azul cielo nunca se le olvidarían– "Soy Sigvard de Melodiam, personalmente me encargue de la selección melódica"

– Uno de los hombre monto caravana tocando su pecho al lado del corazón para saludar a Serena, dejando pequeños mechones de su cabello cobrizo descendieran de su frente– "Es todo un placer mi Lady. Me presento ante usted, Hávarður de Duša"

– "Mi nombre es Eideard, provengo de Aryanê" –bajó levemente su cabeza en pleno de cortesía. El joven era de cabellos pardos, moreno y con ojos platinados–

– "¿Han visto a Exail y a Lexus?, esos locos, siempre buscan la manera de escaparse de estas concurrencias" –Antar rió al borde de la carcajada–

– "Si fuera posible estaría a millones de años Luz de aquí maestro, ¡maldito traje!, me pica del cuello" –Lexus parecía molesto, pero hecho sus ojos a varias partes del lugar buscando a su hermana. Pudo divisar a lo lejos una cabeza fuego, que halaba a alguien, después señaló al lugar– "Ahí está por quien llorabas"

– "Tu hermana es muy guapa, Lexus" –los ojos de Sigvar vaguearon para examinarla, en tanto Eideard apretaba su báculo–

– "¿Quién es la dama tan hermosa que la acompaña?" –prontamente preguntó Arian, el terminante gusto por la mujer de cabellera violeta oscura suelta, dejó perplejo a Antar, puesto que su hermano se caracterizaba por ser un joven reservado y poco interesado en las mujeres, en esa ocasión sus ojos azul verdes dieron vuelcos de pies a cabeza a la joven, que llevaba un vestido negro terciopelo, entallado, straple y con aberturas a los costados, zapatos de tacón altos recubiertos en razo. Era muy sencillo, pero no necesito mas para captar la atención del Príncipe de la reencarnación. Serena se emociono lo suficiente y contestó el cuestionamiento de él.

– "¡Wow! Demeter, la primera vez que la veo sin su traje de Senshi"–

–"Mi hermana es muy bruta para maquillar a alguien"–conocía ya bien a su hermana, sabía que arrastraría hasta el más inocente al mismo infierno, corrompiendo su ingenuidad(N/A: Estoy con Lexus… pervirtió al pobre Eideard _ _U el santo y exinmaculado) – "Parece payaso" –sin embargo sus palabras contradecían rotundamente a sus pensamientos–

– "¡Vamos querido!" –La princesa de la luna jaló el brazo de su esposo y de el hermano de él, ambos no pusieron objeción– "Yo te la presentare personalmente Arian"

– "Permítanme acompañarlos, sacaré a bailar a Exail" –Sigvard caminaba tras ellos–

– "Ire antes que mi hermana haga algo estúpido y comience de casamentera"

–"Lexus… ¿estás interesado también?" –Articuló Sigvard, para comenzar el pique–

– "Ni hablar, andas figurando cosas." –alardeó metiendo las manos a su pantalón corte traje, algo que le gusto bastante–

– "Los brillos de la juventud" –Reima suspiro profundamente dirigiendo sus hermosos ojos negros a Eideard, cuando todos habían dejado el círculo y solo quedaban ellos dos– "Arian y Lexus se ven interesado en esa Senshi… y Sigvard ira en conquista de Exail, ¿no te preocupa?"

– "No te entiendo" –el moreno entrecerró sus ojos, eludiendo la acotación. Reima el inteligente y sabio se daba cuenta perfectamente de las cosas que pasaban, en su entorno, ciertamente prefería intervenir cuando las situaciones podrían causar trifulcas entre el equipo–

La noche parecía un cumulo de emociones, gente riendo y brindando por el grandioso motivo. En cuanto a mi me sentía de lo mas incomoda, La princesa Exail, que decir de esa mujer y su carisma suspicaz y travieso. Intente escaparme de ella, pero era como huir de una jauría asesina de leones. Determinada a volverme a ir, vi venir a mi amada Princesa, mi postura fue firme y prepare mis oídos para que me salvaran de esa estadía, pidiéndome que regresara a mis funciones. Desafortunadamente…

– "¡Que linda te ves!" –La princesa de la luna tomo las manos de Demeter, señalando el gusto que le daba–

– "Jamás como usted su majestad" –su tono renuente se desvanecía, Demeter comenzaba a sentir sus palabras–

– "Señorita, Me honraría fuese mi pareja de baile" –Sus ojos mar se prendaron en la Scout de la Dualidad–

– "¡Lo siento señor estoy en servicio!" –

– "No lo está" – Serena la empujó hacia él–

Podía ver a Exail rechazando la invitación de Sigvard y yendo junto a Eideard. A los guardias del príncipe del sol empatizando con Mercury y Venus. A mí en los brazos cálidos y fuertes de Arian, que me hicieron sentir tranquilidad y a lo lejos A los recién casado huyendo de la multitud… para quedarse solos en la oscuridad de su habitación.

Pasaron más de tres meses, la maravillosa felicidad de la unión se percibía en los aires. Su majestad Serenity me despertó unos días atrás para cuidar de la princesa, después del fallecimiento del Rey Marama, el que murió dichoso y pidió a sus súbditos que se sintieran contentos, pues él se iba repleto de dicha al ver que todo lo que había labrado junto a su esposa era realmente más de lo que esperaba, que su hija era un rayo y que además sabía que un nuevo Rey podría llenar el vacío que dejaba. Hacía una semana que el Príncipe del Sol central partió para afinar detalles en su planeta, Exail y Eideard fueron por Neherenia, Sigvard y Hávarður por la pequeña Kakyuu para al final reunirse aquí, en la Luna. Los que prefirieron quedarse a probar suerte con Endymion Fueron Reima Arian y Lexus. Ellos pensaban que fácilmente ayudarían con los problemas del Príncipe terrenal, pero él se mostró orgulloso, pidiéndoles que no se inmiscuyeran en su mundo.

Yo continuaba con esos mareos y cansancios, pero mi Princesa estaba a igual grado que el mío. Vomitaba por los pasillos, des apetecía la comida, desfallecía y sus ojos brillaban como luciérnagas en la noche… Siempre pensé que era un tipos de mal contagioso y que yo le había engendrado en ella sin embargo el día que mi príncipe regreso observe detenidamente una escena de amor.

– "Antar ¿has vuelto?" –Serena se lanzó a los brazos de su amado–

– "¿Qué no me ves aquí?" –bromeando en su tono arrogante, el ojiazul correspondió al enlazamiento de su mujer–

– "Estoy embarazada" –Se ruborizó–

– "¡Ah! No te preocupes, no tienes porque avergonzart…" –Pensó torpemente el príncipe que se refería a un momento bochornoso, no obstante la mirada de su esposa confirmó la revelación. Padre, se convertiría en padre. Su sonrisa kilométrica iluminó por completo la sala – "¡Oh! ¡Santo Universo! ¿Voy a ser papá?

– "Te lo estoy diciendo, ¡qué sí!" –La luna beso al príncipe, emprendió unos saltitos y grito emocionada–

– "¡No hagas eso!, Podría afectar a nuestra hija"–la cargo en sus brazos–

– "¿y si es niño?"–

La discusión fue meramente un momento gracioso, desde si era varón o hembra, hasta el nombre que llevarían. Adempero deje de disfrutar esos instantes al sentir como mi cuerpo se helaba y mi cabeza caía en fuegos… un presentimiento, podía ver más allá de las fronteras de este satélite. Dos figuras que clarearon.

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– "Están aquí… saquemos a la Princesa Neherenia del palacio"– colocó a la pequeña bebé en brazos de su acompañante de ojos platinos–

– "Tomemos el camino derecho y…" –unas filosas garras se ensamblaron en el cuerpo de su compañera pelirroja, que fungía de escudo protector para él y la pequeñuela– "¡Exail!"

– "Vete… de aquí… imbécil, yo me… encargare de ellos" –declinó un poco su cuerpo, para recobrar fuerzas y desencajarse de su opresor, haciendo majestuosa pirueta, para caer a un lado de Eideard– "¡Que te largues monje estúpido!"

– "¡Debo curarte!" –sostenía con fuerza a la bebe, ventajosamente la dulzura dormía en sueño pesado–

– "Ja, esta mierda no acabará con migo" –Pateó a la figura, dejándola en el suelo, rayos de fuego blanco que emanaron de sus manos se extendieron en la bestia, achicharrándola– "Te lo dij…" –en contestación un hombre de rostro ensombrecido atravesó su pecho con un filamento de esporas, que prontamente se extendieron en el cuerpo de la Pelirroja ojos dorados, tendiéndola en el suelo escombresido–

– "¡Exail!" –improvisó un barrera protectora, ensartando su báculo en el suelo y evitar cualquier daño– "¿Quién eres?"

La voz profunda y ronca de aquel ente con forma humana, que levitaba desde las alturas respondió– "Soy Anthrax, uno de los tres Príncipes de la organización de Kiimsah, matamos a algunos de sus aliados en advertencia. Aunque sus hijos continúan en la campaña de encontrar y salvar a la princesa del Universo" –se preservo calmado– "Nosotros sabemos muchas cosas, entre ellas el paradero la Princesa… la mataremos, ténganlo por seguro… Esto es solo una advertencia" –El hombre desapareció entre la neblinas espesas, finalizando su estadía con dulce frase– "Pobre mujer, tan hermosa que era"

Eideard movió su bastón en óvalos sobre Exail, realizando una y otra vez conjuros de curación los cuales no surtieron efecto– "¡Imposible!"

– "Sabia que no eras tan bueno… por eso siempre has sido un Idiota" –las esporas recorrían su cuerpo destrozándolo lentamente– "Dile a Lexus que me largue con otro hombre, así le cayó la boca…" –el halito de vida que la mantenía en ese plano tras el dolor resbalaba en su tunante carácter fuerte, su orgullo y mirarse en los ojos plata de su único amor–

– "Exail… te amo" – sus ojos plata se fundieron en lágrimas lastimosas, mirando desaparecer a Exail en polvorines–

– "te… amo…. Eideard"

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Los fragmentos de aquella mujer me destrozaron en pedazos, sentía vértigo y rodé por las escaleras, unas manos suaves me socorrieron, en lo que sus luceros aguamarina trataban de reanimarme.

– "¡Demeter!, ¡Demeter! Reacciona" –la estrujaba sosamente para que despertara, sin dejar de mirarla embobado, su enamoramiento hacía la guerrera fue especial–

– "Estoy bien Príncipe Arian" –reincorporándose definió el final de las escaleras, para recorrer hasta el frente de ellas y darse cuenta que otro andaba por ahí–

– "¿Sigues enferma?" –comentó el pelirrojo acercándose– "¿Mis atenciones no fueron suficientes?" –alzó un toque de guerra contra el príncipe de la reencarnación, aceptando el duelo tirado al aire por Lexus" –

– "Yo…" –Algo la interrumpió–

Estruendosos relámpagos que impactaban los suelos, acometían sobre la Luna, Dos seres causantes, sin piedad ensuciaban sus manos con sangre inocente. Los Senshis estaban ya para proteger y salvaguardar, pero esos seres eran fuertes, en suma de lo que pensaban, dejándolas en el suelo en inconsciencia. La reina de la Luna intentó usar el cristal de plata, pero corrió con el mismo destino.

A lo Pronto Antar, Lexus, Arian y Reima salieron a contraatacar, exhibiendo sus poderes. Antar me encomendó el cuidado de su esposa, la que lloraba sin parar, Él mismo, nuevo Rey de la Luna, le prometió que regresaría salvo.

– "¡Vamos! No podemos quedarnos aquí… tengo que ir a lado de Antar" –

– "Princesa es mejor que se quede junto a mí" –Demeter la abrazó tratando de darle paciencia y consuelo– "No es bueno para su estado"

Los sonidos de gritos desgarradores, el olor acido a sangre y cuerpos destrozados, la vibración de los impactos… la conjunción me estremecía, pero trate de tomar valor para reconfortar a mi señora. La extenuación me debatió por minutos, pero mis ojos se ensombrecieron rubricando la visión del ser misterioso…

"Ha llegado tu momento, los finales de tu vida y el génesis de la nueva. Mi propia no tengas temor, es el momento en que te otorgue algo de mi poder…"

"Si eres tan Magnánimo, baja de tus rincones y ayudanos"

"No tengo cuerpo… mi alma esta partida en tres pedazos… La ayuda la estoy dando en ti Demeter."

Abrí los ojos para descubrirme tendida en el suelo, la habitación estaba desocupada y la puerta abierta. Entendí con claridad lo que pasaba, así que me levante en súbito para ir a la escena de la batalla. Los asombros del acontecimiento escaldaron mi responsabilidad. ¿Por qué fui tan estúpida? ¿Por qué deje que el desvanecimiento del desviado enfoque turbara mi misión de resguardar a mi señora? ¡Maldita sea!

La calina bifurcaba el palacio lunar de el campo de batalla. Eran demasiado jóvenes y sus poderes inmaduros para combatirlos. Mi piel palideció al ver al príncipe Reima yaciendo en el aterrado suelo, muerto. Las Altezas Arian y Lexus maniobraban para proteger al Príncipe Antar, quien sostenía a su amada en brazos, ella cubría su vientre herido, en orlas de desmayarse, él tenía un fragmento afilado de roca incrustado en su pecho y sus pies arrasados en sangre, signo total de que fue arrastrado y luego corrió para atravesarse y salvar de la muerte de su esposa… Las nauseas recorrieron mi estomago, culpándome de mi irresponsabilidad, en aumento al escuchar a mis monarcas.

–"Antar… Mi amado príncipe" –se encogió mas ante el cuerpo de su esposo– "¡moriremos…!" –La única mano que protegía su herida, destapó el secreto del golpe, mostrándome un hoyo negro, donde se podía mirar el vació y la segura muerte de su primogénito–

–"¡¿Serena?!" –la miró alarmado, besándola para calmar su preocupación– "Nunca mientras esté vivo y aún así regresaría del mismo infierno para protegerte"

Luna y Artemis se aproximaron a la pareja, tratando de auxiliarlos. Sin miramientos me uní a Lexus y a Arian.

– "Demeter, este no es lugar apropiado para ti" –Arian se colocó delante de ella–

– "¡Tengo que luchar!" –Dijo ella fieramente–

– "¡No seas terca!" –Lexus jaló a la senchi del brazo, para lanzarla al empedrado, pero ella objetó la orden–

La situación fue extremada, al escuchar a la gata gritar… "¡EL PRINCIPE ANTAR A MUERTO!" La distracción de La alteza de la reencarnación tuvo como resultado el desmembramiento de su cuerpo, explotando en pocos pedazos ante las agiles manos de uno de los combatientes. Ese ente llevaba una máscara marfil en la cara, sin ninguna imagen, sus cabellos verdes se extendían a su cintura y su cuerpo delgado vestía con traje gris, comenzaba a dirigirse a la Princesa de la Luna. En tanto el otro ente flotante, solo observaba, era similar al anterior, pero su pelo era corto y de tono amarillo chillante. Eso fue determinante. No permitiría que nadie volviera hacer daño a mi Princesa. Así que lo afronte, extendiendo mis manos, en señal de no dejarle dar un paso más.

– "¡Quítate mujer!, No has visto ya suficiente… no deseamos derramar más sangre de inocentes" –Su voz femenina y gruesa rezumbaba en los huecos del palacio–

– "¡JAMÁS!" –Contestó Demeter, temblando del coraje–

– "Contigo no es el problema, tú eres únicamente un peón. Hazte a un Lado y déjame matar a esa rubia" –su tono era sereno, sus intenciones claras–

– "¡No! ¡Lárguense!" – afirmó Lexus hecho furia contrarrestándola cun soplo de su fuego negro–

De los cielos el ser flotante recibía a otros dos, hablaban cosas… que mis oídos no pudieron escuchar. Me distraje por un segundo y en lo pronto estaba en el suelo mal herida, junato a Lexus y a mi princesa, ella sostenía en su regazo al príncipe, mientras tanto el par de gatos impugnaban para sacar a la Princesa Serena del lugar y el enemigo había pausado su ataque.

– "¡Serena! ¡Princesa! ¡Con un demonio!" –Lexus trató de reanimar a la mujer– "Resguárdese en palacio" –Cuando terminó esas palabras pérdida de sangre hicieron caer en un desmayo a Serena–

– "Todo ha terminado… –miró al suelo, destellando de rabia ante el tercio de cadáveres, uno descuartizado– "Yo moriré majestad… pero al menos podré salvarla a ella" – apretó sus puños–

– "¿Qué dices? ¿Estás demente Demeter?" –Lexus se acerco a la senshi, quien parecía un bulto, la asió para levantarla y mirar su cara– "¿Cómo pretendes?

Mi vista tornó borrosa, muchas cosas se atravesaron en mi mente y dije unas vagas mensajes.

– "¡Ahora lo comprendo!" –Acarició el rostro de Lexus, se levantó dejándole pasmado– "olvidaran tanto como yo desee…"

Solo recuerdo que volteé mí vista al cielo, luces resplandecientes, vi luces resplandecientes, pareció que con mis manos encerré a los cuatro desterrándolos de esté cosmos y enseguida… la oscuridad.

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El espejo que sostenía Demeter reflejaba vapores tornasoles. Los príncipes miraron por un lapso de una hora a Usagi y Seiya con las miradas pañosas, siquiera tuvieron participación en los recuerdo. Al mismo paso que se clarificaban sus ojos azules el espejo se esparcía en el viento.

Seiya miró a la par que Usagi lo veía. Sus cuerpos tiritaban estupefactos. La pesadez se acobijo en sus hombros.

– "La decisión es de ustedes mis monarcas" –La Sailor les dio la espalda en indicación de retirada–

– "¿Quién eres?" –Preguntó Usagi refiriéndose a su identidad secreta–

– "¡Descúbralo!" –se esfumo entre la respuesta–

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¿Qué reacción tendrán Usagi y Seiya después de reanimar sus recuerdos?

¿La identidad de Sailor Demeter se revelará?

¿Cuál será la reacción de Mamoru hacia su hijo?

¿Será capaz el amor de Usagi y Mamoru traspasar las confesiones del pasado?

¿Se sabrá esto en el próximo capítulo…?

-Si no entendieron algo pregunten ^..^

Espero sus comentarios y sugerencias. (-.-U dejen Revs, neta que me animan)

¡Muchísimas Gracias a todos!