El día había llegado. Tras haber pasado el día anterior junto a Bella el 27 de noviembre ya estaba aquí. Le había pedido a Bella que se quedara en lo de los Cullen a pasar el día, a lo que accedió contenta. Habíamos pasado uno de nuestros mejores días, riendo, hablando, besándonos. Pero todo eso parecía a años de distancia al acordarme qué día era. Las dudas llegaban ¿todo cambiaría? ¿todo seguiría igual? ¿qué sucedería con mi Bella?
Todos en la casa percataron mi estado de ánimo. Me preguntaban qué me sucedía, a lo que respondía que todo estaba bien, que sólo estaba un poco nervioso por la sorpresa llegada de mis padres. Era un día soleado, lo que me produjo alivio, visto que el día de la fecha de la muerte de Bella había una gran tormenta. Quizá todo sería distinto.
Nos encontrábamos juntos en el jardín de los Cullen. Acariciaba su mejilla con total delicadeza, como si su piel fuese un pétalo de rosa.
"Desde que llegaste mi vida tomó otro sentido" admitió.
"¿A qué te refieres?" le pregunté.
"Siento que viniste para cambiarme la vida. Es difícil de explicar. Pero sé que viniste para ayudarme, Edward."
Su mano descansaba sobre mi pecho, haciendo pequeños círculos.
"¿Qué crees que hay más allá de la vida?" le pregunté tras un silencio.
"No lo sé" dijo. "La verdad, nunca lo había pensado. Supongo que es un estado de paz infinita. Donde todo toma sentido. El mal, el bien, todo. Todo lo que hemos hecho se disminuye a un solo punto. Estamos nosotros solos con nuestros recuerdos, vagos, distorsionados por la idea del fin."
"¿No tienes miedo? Es decir… que suceda" le pregunté.
"Sí" admitió ocultando su bello rostro. "Pero creo que el miedo se va en el momento de la muerte. La paz nos invade para quitar ese tortuoso miedo que lastima. Lo incierto desaparece. Ya no somos personas con problemas, con historias, nos volvemos almas puras."
El frío del cementerio helaba mis huesos. Di unos torpes pasos y me paré frente a la multitud.
"Bella, Amor. El 27 de noviembre despertaste en mis brazos y también… también moriste en ellos. Bella no puedo creerlo, no estás. Te fuiste dejándome aquí. ¿Por qué? Me arrepiento cada segundo que pasa de no haberme ido contigo. Lo siento, Bella. Te prometí que estaríamos juntos para siempre pero no lo pude cumplir Amor. Te amo, por siempre."
La palabra siempre me torturaba. ¿Acaso el dolor permanecería por toda mi existencia? ¿Acaso mi amor por Bella duraría toda mi eternidad? ¿Acaso me reencontraría con mi alma gemela?
"Edward" dijo Bella. "Siempre haces eso, estamos hablando y te hundes en tus pensamientos" protestó.
"Lo siento" dije y le di un beso en su frente.
El cielo se fue nublando a medida que íbamos platicando, haciéndonos caricias y besándonos en el verde jardín. Las gotas comenzaron a caer, señalando que algo inevitable estaba por suceder.
Corrimos al interior de la casa, en donde nos abrazamos para calentar nuestros cuerpos fríos. Bella titiritaba bajo mis brazos, la apreté más fuerte contra mí.
Nos dejamos caer sobre el sillón mientras escuchábamos la fuerte lluvia caer.
"¿A qué se deben esas preguntas que me has hecho?" preguntó con curiosidad Bella.
"A nada" mentí. "Sólo que lo estaba pensando y decidí decirlo."
Nos interrumpió Alice para avisarnos que la cena estaba servida. Bella había llamado a Charlie para preguntarle si se podía quedar a dormir, a lo que él respondió que sí.
"Edward" me llamó una voz cargada de pura tristeza. "Quiero hablar contigo."
Su viejo traje color negro resaltaba con el verde de su alrededor, pero combinaba con los atuendos oscuros de todos los allí presentes.
"Tú fuiste el último en verla" me dijo Charlie. "Dime que no sufrió."
Las lágrimas amenazaron que escaparse de mis ojos, pero hice el mejor esfuerzo para contenerlas, no quería mostrarme con total vulnerabilidad frente a Charlie, en el entierro de su única hija.
"No lo hizo" dije con palabras cortantes, cargadas de tristeza. "Estaba hermosa, como siempre. Sonreía."
La cena fue rápida, todos se encontraban cansados, incluyéndome.
Eran las diez de la noche, eso significaba que faltaban dos horas para el incidente, si es que este iba a suceder.
Esme nos pidió que vayamos a dormir, y lo hice contra mi voluntad, quería pasar la noche con Bella, para asegurarme que la desgracia no ocurriera. Pero Alice tomó a Bella y la llevó a su cuarto.
Me acosté en mi cama, los recuerdos de aquella noche me golpeaban en el fondo de mi ser. Tenía miedo. Pero el cansancio me ganó. Quería permanecer despierto pero lentamente mis ojos se fueron cerrando, hasta caer en un profundo sueño.
"Tuviste una segunda oportunidad" dijo la dulce voz de mi amada. "La tuviste y la desperdiciaste" sonaba frustrada.
"¿Para qué te dieron esa oportunidad si no pudiste salvarme?" dijo Bella. "¿Es que acaso no me amas? Dijiste para siempre, pero me fallaste."
Me encontraba en un bosque solo, pero escuchaba con claridad la voz de Bella.
"Creí que me amabas."
"¡Te amo!" grité con el alma en mis manos. "¡Eres todo para mí! No te decepcionaré, te salvaré!"
El piso del bosque fue llenándose de vidrios rotos, levanté el rostro para encontrarme con la camioneta de Bella dada vuelta. Corrí hacia ella, mis pies descalzos se cortaban con el filo de los vidrios. Dolía, pero debía salvarla.
Miré por el agujero que había dejado el vidrio en la ventana. No había nadie. La camioneta estaba vacía. Mis ojos se enfocaron en mis pies, ensangrentados. Luego levanté la mirada para encontrarme a mí mismo dentro de la camioneta.
Me desperté de un salto. El sueño había sido tan real. Me odiaba por haberme quedado dormido.
Me puse de pie y caminé con pasos agigantados hasta la puerta del cuarto de Alice, esta estaba abierta. Entré silenciosamente y vi que sólo estaba Alice acostada sobre su cama. Me acerqué y la desperté. Me miró desorientada.
"¿Dónde está Bella?" fue lo único que pude preguntar.
"Charlie ha llamado, le dijo que tenía que volverse."
"¿Qué hora es?" pregunté desaforado.
"¿Qué sucede?" preguntó ahora preocupada Alice.
"Dime la hora"
Alice sacó de entre las sábanas su pequeño brazo y miró su reloj.
"Son las doce."
