Apreté el acelerador al tiempo que mi corazón latía desaforadamente.

Bella se había ido. La iba a perder de nuevo. No lo podía soportar.

Las gotas caían cruelmente sobre el vidrio del auto que le había robado a Carlisle.

Aceleré más y más. No tenía tiempo.

Estaba en una zona casi desértica, con sólo algunas casas en los alrededores. Recordé con puro dolor los sucesos al encontrar a Bella. El miedo se apoderó de mí.

A lo lejos vi algo rojo.

Al acercarme más noté que era la camioneta de Bella.

Ésta estaba en movimiento.

Un gran alivio llenó mi cuerpo al saber que Bella estaba bien.

Toqué la bocina para que ella me viese pero su auto seguía avanzando. Por suerte el de Carlisle era más veloz, por lo que al tiempo pude estar detrás de ella. Me puse al costado, contramano, de su vehículo. La vi por la ventana. Era ella. En su total resplandor. Ella viva.

Me miró y una mueca de horror cruzó por su rostro. Luego el choque.

El mundo está lleno de infinitas posibilidades. Cada decisión que tomamos quita estas posibilidades o agrega nuevas. Uno debe decidir sabiamente, o como pueda, para poder salir beneficiado, o para que quienes amamos lo hagan.

Hay veces en esta vida cuando parece que no tenemos posibilidades. Cuando todo está oscuro. Cuando estamos paranoicos y con miedo a lo incierto. Cuando nos encontramos en un pasillo sin fin y con un comienzo aterrador. Soy Edward Cullen. Estoy enamorado de Isabella Swan. Juré amarla por siempre, sabiendo que eso traía un gran peso. Sabiendo que daría todo por ella, incluso mi vida.

Ahora me encuentro en paz. Una paz de la que alguna vez me habló Isabella Swan. Una paz pura y satisfactoria. Una paz que emerge desde el fondo de mi ser, limpiando mi alma. Ya nada es correcto o incorrecto. Ya no hay razón. La oscuridad no existe. La luz me llena. Ya no tengo miedo. Ya no debo preocuparme por salvarla. Ya lo he hecho. Sé que ella va a estar bien. Sé que pagué el precio de su vuelta a la vida. Sé que todo tiene sus consecuencias. Cada cosa que hacemos en nuestra corta vida termina por afectar a todos los que nos rodean. Pero, ¿importa? Una vez que se pierde, o se gana todo, ¿importa? ¿Importa haber amado con tal esmero que uno se sacrificaría por el otro? ¿Importa la muerte cuando no se tiene nada? ¿Importa la muerte cuando ya no queda nada por ganar?

Hoy acepto mi destino. Hoy entiendo que era yo quien debía haber estado en esa camioneta roja el 27 de noviembre. Hoy entiendo que no tenía una segunda oportunidad para estar con Bella.

Más de una vez me pregunté, ¿por qué me han dado esta segunda oportunidad? Hoy sé que no es eso, sino que la muerte se había confundido, había cometido un terrible error al llevarse a Bella y no a mí.

Siento como mi alma se eleva. Veo un ave blanca que me mira.

Mi cuerpo ya no pesa, mis ojos ya no ven, mis oídos ya no oyen, mi boca no puede hablar. Soy un alma más en un sinfín de almas. Espero. La espero. La esperaré por siempre.

"¿Edward?" susurró una voz.

Reconocí mi nombre, mas no pude articular ni una sola palabra. ¿Acaso estaba en el paraíso?

"¿Puedes oírme?" susurró nuevamente la voz de Bella.

Sentí un cosquilleo en mis pies, mi mente divagaba, recordando todo lo sucedido.

"¡Edward quédate conmigo!" gritó Bella desaforadamente. "Por favor, te amo, no me dejes"

El cuerpo me dolía, sentía como la cálida sangre bañaba mi rostro.

"Ya llamé a Carlisle, me oyes, tu padre está por llegar, él te curará, estarás bien amor"

"Amor" dijo Bella. "¿Me oyes?"

Los recuerdos eran confusos, parecía como si hubiese vivido dos vidas completamente distintas, con un único núcleo, Bella.

Me encontraba en la casa de Bella, el reloj marcó las doce, por lo que Charlie bajó las escaleras para decirme que ya era hora de irme. Me despedí de Bella y partí rumbo a mi hogar, la lluvia no paraba de caer.

"Yo sabía que algo iba a ocurrir, por eso te seguí Amor"

Conduje con total velocidad para llegar rápido. Perdí el control del volante, el vehículo se desvió. Perdí consciencia. Desperté en los brazos de Bella.

Me dolió abrir los ojos, me costó acostumbrarme a la luz blanca del hospital.

"¡Edward!" dijo desaforadamente Bella al tiempo que sentía como una delicada mano tocaba mi frente. "Estás despierto."

Un bosque en la distancia. La lluvia. Un grito desaforado. Un deseo de una segunda oportunidad. Una segunda oportunidad. Un reencuentro con el amor. Dar mi vida por ese amor. Recuperar mi vida. Salvarla.

"¿Bella?" dije en un susurro. Las palabras dolían en mi boca, me costaba hablar.

"No te esfuerces" me pidió. "Estoy contigo, vas a estar bien."

Estaba equivocado. Sí me habían dado una segunda oportunidad para estar con Bella. ¿O acaso había muerto? ¿O acaso había resucitado? ¿Qué tenía el destino planeado para mí? ¿Por qué me sentía tan aliviado? ¿Por qué si bien mi cuerpo dolía, mi mente se sentía completamente despejada?

"Has estado en un coma por casi un año" me explicó. "Al fin despiertas. Oh, cómo te extrañé. No vuelvas a dejarme."

Mis recuerdos se dividían en tres. Uno en el que Bella moría. Otro en el que yo moría. Y otro en el que despertaba de un coma.

Parecían vidas completamente distintas.

"¿Qué día es?" pregunté.

Sus ojos marrones me miraron con curiosidad.

"29 de noviembre."

Eso quería decir que ya había pasado. Que había superado lo imposible. Al fin podía estar con Bella.

El mundo es un vaivén de dolores, alegrías, miedos, experiencias. Yo tuve la oportunidad de recuperar a lo más importante de mi vida. Luego de sufrir el más profundo dolor, pasando por la angustia, el desconcierto y el temor, pude acabar en la felicidad. Hoy entiendo que hay una fuerza superior por encima de todos nosotros, algo que manda, que no es perfecto, que se equívoca.

Quizá fue un sueño. Quizá en el delirio de mi dolor invoqué en mi imaginación un mundo alternativo en el que perdía al amor de mi vida, sólo para luego recuperarlo.

Quizá viví otra vida. Quizá desperté en mi mismo cuerpo pero con recuerdos que no eran míos.

Quizá sigo soñando… Lo importante es que estoy con Bella, y nadie me la va a arrebatar.

FIN.