¡Segunda parte! Espero que les gustara la primera; aquí culmina nuestra historia ;D
Género: Friendship, Romance.
Advertencias: Yaoi. Alerta de teorías.
Pareja/Personaje: Saruhiko Fushimi x MisakiYata (Sarumi)
Disclaimer: Ni K Project ni sus personajes me pertenecen, son entera propiedad de la Autora, GoRa y GoHands. Esto lo hago por amor a Fushimi y Misaki y sin ánimos de lucro.
Esta vez, tengo crédito para Karla, quien amablemente accedió a betear esto. Mujer, muchas gracias, de verdad (L)
Rito de Año Nuevo
Siguió patinando un poco más hasta que divisó el edificio. Cuando estuvo en la entrada, buscó el arbusto donde el año anterior había dejado su tabla y la dejó ahí mismo, asegurándose de que no fuera visible desde ningún ángulo. Dio el rodeo y se encaramó rápidamente por la escalera de servicio hasta llegar al penúltimo piso, donde la puerta seguía tan entreabierta como la habían dejado la última vez. Siguió hasta el último piso y luego volvió a subir más escaleras hasta llegar a la puerta que dejaba en la azotea. Abrió, pero esta vez, no encontró a nadie.
Misaki consultó la hora en su reproductor de música y sonrió con satisfacción. Eran recién las diez y media. Había llegado temprano y, lo mejor de todo era que su acompañante no había aparecido aún, lo que hacía que estar parado ahí supiera a victoria. Pasó una mano por su cabello, se colocó su gorro por sobre los audífonos –uno de los cuales colocó tras la oreja para poner atención–, y se puso ambas capuchas. Se sentó casi en el borde de la azotea, dejando que sus pies colgaran, metiendo sus manos en los bolsillos. Miró hacia abajo, contemplando el pasar de los pocos vehículos y las muchas luces de la ciudad.
—Si te quedas ahí, te vas a caer.
Escuchó y reprimiendo una sonrisa dejó que su espalda quedara recostada en el suelo. Echó la cabeza hacia atrás y descubrió ahí, frente a la puerta, a Saruhiko Fushimi. Estaba vestido con pantalones de mezclilla negros y un abrigo color castaño claro que le llegaba hasta un poco más abajo de las caderas.
—Podrías cuidarte un poco más, —regañó el recién llegado mientras cerraba la puerta y con una cabezada le indicaba a Misaki que saliera de ahí.
Se levantó entonces, siguiendo a Saruhiko hasta el cubículo. Estaban a escasos metros del borde, pero algo era algo. Cuando se fijó bien, pudo notar que Fushimi tenía las orejas y la nariz rojas por el frío de la noche. Soltó una risita sarcástica.
—¿Y dices que yo no me cuido?
—¿Ah? —cuestionó Saruhiko, mirándolo confundido.
—¡Mírate! Vienes con toda la cara descubierta; pescarás un resfriado y yo me reiré de ello.
Saru sonrió de lado— No lo harás. —afirmó— ¿Por qué? Simple, Misaki: Si yo me enfermo –si alguna vez me llego a resfriar–, Awashima lo sabrá y se lo contará a Kusanagi, entonces lo sabrás tú y te preocuparás.
Misaki se sonrojó, sintiéndose atrapado por lo sencillo pero cierto de las palabras de Fushimi.
—Jódete.
—Es bueno que nos llevemos bien otra vez, —dijo Saruhiko, sentándose y señalando el suelo que estaba un poco más allá de sí, a su derecha, indicándole a Yata que se sentara. Misaki se dejó caer en silencio, su espalda chocando con el frío concreto. Seguía con las manos en los bolsillos, sin saber muy bien cómo iniciar una conversación con el hombre que estaba a su lado mirando a la nada.
Antes, años antes, hubiera sabido qué decir y cómo decirlo para sacar a Fushimi de su ensimismamiento –una de las únicas cosas que no habían cambiado en él–. Pero este era otro Fushimi y él más que nadie lo tenía claro. Apenas lo conocía, apenas sabía algo de él y lo que más lo desconcertaba era que el sentimiento no era mutuo, y el hombre de cabello azul podía leerlo fácilmente; Misaki era como un libro abierto cuyas letras no estaban bien definidas para todo el mundo, pero, para Fushimi, era otra cosa.
Él siempre supo qué era lo que le pasaba a Misaki, siempre supo cómo ayudarlo, cómo sacarlo de problemas. Y aunque nunca fue muy hablador ni muy sonriente, tampoco lo necesitaba, ninguno de los dos. Las sonrisas de Fushimi estaban en sus ojos, cuando brillaban, tornándolos más claros. Yata se sorprendió a sí mismo extrañando ver eso, pensando en que lo único que había sido capaz de ver en Saruhiko desde que había puesto un pie en Homra, había sido una sombra gris que impedía que sus ojos brillaran con sonrisas de nuevo. Y hasta ahora se daba cuenta. Porque, desde que habían encontrado refugio con el Clan Rojo, Misaki nunca se detuvo a ver a su mejor amigo consumirse en soledad.
Sintió un peso en el estómago al darse cuenta de lo que se había perdido. De lo que se habían perdido. Los dos.
—Oye… —llamó, dubitativo.
—Si no sabes qué decir, no es necesario que hables —dijo Saruhiko sin apartar la vista del frente antes de que pudiera pronunciar otra palabra más—. Lo único que me importa es que estás aquí —dijo en ese tono tan parsimonioso suyo, pero Misaki juró que un matiz muy, muy leve de felicidad se le había colado entre las cuerdas vocales. Sonrió hacia un lado, escondiendo el rostro. Decidió que, si no estaba en facultad para entablar una conversación, podría intentar el experimento que tenía planeado desde el año anterior, cuando Fushimi le había mencionado cuánto le molestaban sus cascos.
Rebuscó en el interior de su chaqueta y sacó unos audífonos blancos, metidos en su paquetito; estaban nuevos. Empezó a deshacer la envoltura con la lengua entre los dientes, sabiendo que Fushimi había desviado la vista y sus ojos azules estaban puestos en él. Ya habría adivinado lo que quería hacer, porque Misaki fue capaz de ver cómo no pudo reprimir una sonrisa fugaz. Era inevitable hasta para él.
—¿Hace cuántos años que no hacemos eso? —Preguntó Saru.
—No sé… —contestó, tratando de hacer cuentas. — No me quiero acordar.
—Somos dos.
Misaki terminó de sacar los audífonos y separó cada uno pero no le pasó el derecho, sino el izquierdo. Fushimi lo interrogó con la mirada y Misaki recordó la forma en que los usaban. Cuando estaban solos Misaki ponía la L a su derecha y apoyaba el lado izquierdo de su cabeza en el hombro de su amigo y ahí se dormía, con las manos suaves de Saruhiko pasando por su pelo, desenredando los nudos que siempre se le formaban.
Tuvo la impresión de que su gesto le pareció infantil a Saruhiko.
—Antes lo hacíamos así.
—Sí, cuando éramos amigos —Misaki apretó los dientes, dolido, y pareció que Fushimi se dio cuenta de lo que acababa de decir—. Tú sabes a qué me refiero —dijo, tomando el audífono derecho y colocándolo en su oído izquierdo. Yata no se lo esperaba, era como si Fushimi lo invitara a acercarse más a él. Tomó la otra parte del aparato y la colocó a su derecha. Sacó el reproductor, lo conectó y puso la primera canción; era un rap lento, con una letra algo triste.
—No puedo creer que sigas escuchando este grupo, es deprimente —dijo Saruhiko sin mirarlo—. Supongo que nadie más sabe, ¿verdad? —siguió—. Porque sería divertido ver al malote de Yatagarasu teniendo este tipo de música en su reproductor.
—Ah, cierra la puta boca, a ti también te gusta, y es más, —contestó Yata, algo molesto— te recuerdo que fuiste tú quien me lo recomendó. Apuesto a que todavía guardas todos los discos que te regalé.
—Lo primero no te lo niego, pero de ahí en más, no te puedo asegurar que la integridad de esos discos sea… óptima.
El rostro de Misaki decayó y su labio tembló un poco. Soltó un gruñido y volvió la vista hacia el frente. Escuchó una risita y miró a Saru. — ¿Qué carajo te pasa?
—Que sigues siendo tan ingenuo como antes. —dijo, esta vez volviendo el rostro hacia el otro, con una pequeña sonrisa sincera en el rostro. Misaki enrojeció de golpe, poco acostumbrado a ese gesto que tan pocas veces había podido ver, que hacía que le temblaran las manos de nerviosismo. Porque Saruhiko no estaba mostrando esa cara tan poco natural en él que había visto Misaki desde que el muchacho de cabello azul dejara Homra. Levantó la vista y realmente vio como los ojos de Fushimi no estaban opacos.
Y eso, para Misaki, era mucho.
—Cierra la boca. —dijo, desviando la mirada hacia el otro. Saruhiko resopló con satisfacción y siguió mirando al frente.
Estuvieron así un rato. La hora pasó con relativa rapidez entre canciones viejas, algún cruce de palabras, y en un momento, Misaki se sorprendió a sí mismo riendo con gusto ante los comentarios de Fushimi y las cosas banales de las que hablaban, como si el tiempo no hubiera pasado. Como si realmente nada hubiera pasado entre ellos y todo siempre hubiera sido así. Después de todo, ese había sido el objetivo de juntarse: conversar, pasar el rato, fingir que todo estaba bien. Misaki también se descubrió mirando a su amigo, –y el hallazgo de aquella realidad no le desagradó– más de lo realmente necesario.
—Pero Seri insiste en que debería relacionarme más con la gente —dijo Fushimi jugando con el cable de su audífono—. La verdad es que no lo entiendo.
—Y tiene toda la razón —respondió—. Saru, eres todo un genio, pero en relaciones humanas la jodes en grande.
—La gente no me atrae —señaló, frunciendo el ceño—, nadie me parece suficientemente interesante. No lo puedo evitar, es… —Fushimi pasó una mano por su cabello y Misaki supo que el rumbo que estaba tomando la conversación no era el mejor.
—Vale, déjalo hasta ahí —contestó, deteniendo el discurso—. No me tienes que explicar, yo entiendo.
El ambiente se tensó entonces. Ninguno de los dos siguió hablando y Yata sintió un vacío; se había acostumbrado a que el aire estuviera lleno de tranquilidad, y el cambio no le gustó. Miró la hora en el reproductor. Eran las once y media, quedaba mucho para la una, hora en la que habían acordado que cada uno tomaría su camino hasta verse de nuevo de casualidad en la calle, así que necesitaba distender la situación.
—¿Recuerdas esa vez que te pasé en matemáticas el último año que estuvimos en clases? —Preguntó.
—¿Cuál? —Respondió Fushimi y tras su voz se escondía algo de sarcasmo—, ¿aquella vez que me copiaste las respuestas? ¿O cuando te conseguiste las claves con el otro curso el día anterior?
Misaki se puso rojo, de nuevo. — ¡Pe-pe-pero te pase y eso es lo que cuenta! —Reclamó girándose hacia el otro, apretando un puño.
—Hiciste trampa.
—Pero te gané.
—Sigue siendo trampa, Mi-sa-ki —dijo, logrando que una corriente fría pasara por la columna de Yata.
—¡La última vez saqué setenta puntos de cien!
—Y yo cuarenta, pero me quedé dormido a mitad del examen. Habría logrado máximo si hubiera querido. —contestó, picando a Misaki.
El pelirrojo bufó enojado y se cruzó de brazos. No había logrado que Fushimi se enojara, nunca podía.
—¿Sabes algo? —Preguntó Saru.
—¿Qué? —Contestó aún molesto, pero relajó el rostro y los brazos cuando vio la expresión que se había alojado en el rostro de Saruhiko.
—Extrañaba esto —confesó y Yata no fue capaz de responder algo sarcástico, así que sólo sonrió de lado y contestó:
—Yo también —se puso a jugar con los botones del aparato que estaba en sus bolsillos, buscando alguna canción más suave—. ¿Qué fue lo que pasó?
La pregunta pareció pillar por sorpresa a Fushimi, porque tardó en responder. — Pasó que… —dijo, tratando de articular una respuesta— pasó que nos equivocamos.
—¿Dices que seguir a Mikoto fue un error?
—No —contestó—, digo que separarnos fue un error y digo que actuamos de la peor forma. No me comporté de lo mejor, así que cúlpame todo lo que quieras, pero yo sé que las penas las compartimos los dos.
—Nadie te está culpando, ya no… —Misaki suspiró pesadamente— Ya no…
—Me parece estupendo. Parece que cumplir veinte te hizo bien.
Y el silencio les cayó encima otra vez.
—¿Por qué tenemos que recordar eso?
Saruhiko soltó una risa apagada. — Parece que no aprendiste nada en secundaria, ¿verdad? —Dijo. Yata iba a contestar, pero el Azul lo cortó. — En historia, todas las clases, cada jodida clase el profesor partía diciendo que estudiamos el pasado para conocer el presente y no cometer los mismos errores de los ancestros en el futuro.
—Y yo que pensaba que las clases te aburrían.
—Claro que aburrían, pero el viejo lo decía casi todos los días; imposible que no se te grabe.
Misaki rio ante la observación. — Tienes razón —concedió—. A lo mejor sirve golpearnos con eso.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Qué aprendiste?
—… —Yata se sorprendió ante la pregunta, flectó la pierna derecha y puso el codo en ella, apoyando la palma de la mano en la mejilla, pensando en una respuesta que no fuera incómoda y tuviera coherencia. —Aprendí… —cerró los ojos— que un amigo jamás se deja atrás —respondió, y decidió que sería buena idea encarar esa realidad—. Pe… —comenzó sin despegar los párpados, avergonzado— perdóname, por haberte dejado de lado y eso —siguió rápidamente, reteniendo el impulso de mirar a Saruhiko. Pudo sentir cómo el otro se acercaba un poco hacia él. Lo escuchó balbucear algo. Estaba mordiendo las palabras, obviamente sin saber si hablar en voz alta.
—Son cinco para las doce —fue la única respuesta que obtuvo y una idea algo estúpida cruzó por la cabeza del Rojo.
Según el camino que había estado tomando su conversación, se planteó la posibilidad de que su ocurrencia no fallara, pero como no había visto la reacción del otro, seguía en duda y si la jodía, sería en grande.
Pero no perdía nada.
Se armó de valor, respiró hondo y alargó su mano izquierda para tomar la de Saruhiko, que estaba escondida en el bolsillo del abrigo. Notó cómo él se tensaba bajo su toque y su calidez. Ni una palabra.
Decidió tentar su suerte y entrelazó sus dedos con los de Fushimi, acercándose un poco más a él.
—Di… dicen… —comenzó, espantosamente nervioso; era incluso peor que tratar de hablar con chicas. Porque, al menos, ellas no lo conocían, con sus defectos y sus virtudes, no podían leerlo ni mucho menos entrar por un segundo en su mundo. Saruhiko sí podía. Continúo:— Dicen que… ah, joder, que si en año nuevo… dos personas…
—Si dos personas se besan en año nuevo estarán juntas —completó Saru, que acaso estaría pensando lo mismo que él. Misaki lo vio consultar su PDA—. Son tres para las doce —informó con un tono que sonaba indiferente. Yata pudo sentir cómo su corazón latía cada vez con más fuerza y un sentimiento de urgencia comenzaba a apoderarse de él, las impulsivas ganas de acercarse más hasta hacer que la distancia fuera inexistente. La sensación era extrañamente conocida. Apretó la mano del otro intentando darse fuerzas. Tal vez, sólo tal vez, Saruhiko no se lo tomara mal e incluso, podría ser que le pareciera una buena idea, no tan ridícula ni tan descabellada si después de todo habían logrado hacer a un lado la mayoría de las diferencias, perdonado la mayoría de los errores, reconocido los propios, intentado volver a antes, incluso teniendo conocimiento de que eso era imposible. Pues bien, existía la posibilidad de recomenzar la historia, de escribirla bien y correctamente con una tinta que fuera imborrable. Misaki tenía la sensación de que estaba bien, de que ya que estaban ahí no había nada más que decir y en cambio, mucho más por hacer, así que se acercó más, haciendo que su cuerpo quedara junto al del Azul.
Se atrevió también a descansar su cabeza en el hombro de Fushimi, cerrando los ojos, sin saber cómo seguir. Se había estancado y seguir tomando la iniciativa lo asustaba un poco, ante la incertidumbre de todo, viendo cómo sus propios demonios lo atormentaban y el fantasma de su pasado quería atacarlo.
—Queda un minuto —anunció el más alto, apoyando su mejilla sobre el cabello de Misaki y dejándole un beso cerca de la sien—. Nos vamos a atrasar —dijo y el rostro de Yata se encendió con el color del fuego cuando las manos de Saruhiko lo tomaron desprevenido y se apoderaron de su cintura, obligándolo a sentarse sobre su regazo, quedando cara a cara. Contuvo la respiración con los labios entreabiertos, pestañeando más de lo estrictamente requerido y Yata realmente pudo sentir cómo su corazón se detenía por segundos al contemplar de cerca los ojos azules que tras los lentes brillaban como nunca antes había visto, y luego reparó en una leve curvatura en el rostro de Fushimi que, a su ver, formaba la sonrisa más perfecta. Nunca, nunca, había visto ese gesto en él, y se llenó de calma y de seguridad. Volvió a respirar, apretando el estómago y rodeando el cuello de Saru con sus brazos, se acercó con cuidado hasta su rostro, apoyando su frente en la contraria, dejando que sus alientos tibios se mezclaran, esperando el momento justo, mirándose directamente a los ojos. Entre sus labios no deberían quedar sino segundos. Fushimi volvió a tomar su PDA.
Diez, nueve…
Estaba cerca, la expectación llenaba a Misaki.
...ocho, siete, seis…
¿Qué se sentiría besar a alguien? Tal vez sería como se lo había descrito Tatara, como estar probando el dulce más delicioso de todos, ese que tenía tu sabor favorito en el mundo y que no cambiarías por nada.
…cinco, cuatro…
Le pareció incluso ridículo imaginar que los labios de Saru tuvieran sabor a chocolate, o vainilla o tres leches. Sería interesante. Se rio nerviosamente ante la idea.
…tres…
¿En qué pensaría Saruhiko? ¿Estaría tan ansioso como él? ¿O estaría como siempre, calmado? Yata escuchó el sonido del PDA siendo dejado en el suelo.
…dos…
No importaba, la verdad era que no importaba. Lo único relevante era el paso que estaba dando, que nunca se imaginó dar. Se mordió el labio antes de acercarse un poco, sólo un poco más hacia el otro, anhelando tocar…
…uno…
Y una explosión gigantesca tuvo lugar en su mente y en su corazón y en su boca y en el cielo y en su vida. Al tiempo que se escucharon gritos de emoción a lo lejos y miles de fuegos artificiales estallaban tanto en el cielo como en su cuerpo, Saruhiko y Misaki habían unido sus labios en un beso que lentamente había comenzado a tomar forma una vez que hubieron estado seguros. Fushimi recorría la espalda y la cintura del más bajo con sus manos y él sentía que cada toque suyo dejaba una marca a pulso con fuego azul y rojo por sobre la ropa. Saru tenía un vago sabor a café.
Yata pasó sus dedos por entre el cabello azul, masajeando con calma mientras se concentraba en memorizar cada detalle, atrapar cada sensación para dejarla grabada en su memoria y en su cuerpo. Se atrevió a mover sus labios para cambiar la posición de su rostro, empujando a Saru, quien lo empujó de vuelta en el mismo gesto, apretándolo más hacia sí, haciendo que el beso se tornara acalorado. Al Rojo le pareció que la boca del otro estaba hecha especialmente para él, que encajaba a la perfección con la suya. Siguió moviéndose, necesitando más sin saber cómo obtenerlo y en un movimiento rápido, apretó suavemente el labio inferior de Fushimi antes de seguir, entonces el de cabello azul aventuró su lengua, pidiendo permiso para entrar, y Misaki, sin ninguna queja abrió un poco la boca para dejarlo pasar. Sus lenguas chocaron jugando entre ellas, recorriendo el interior de la boca contraria, marcándolo, profundizando más el contacto, apretándose más el uno contra el otro. Yata gimió suavemente, buscando más, volviendo a atacar únicamente los labios de Saruhiko en besos pequeños que le fueron respondidos cada vez con más debilidad, ambos respirando con dificultad. Se separaron y Misaki entreabrió los ojos; Saru aún los tenía cerrados, parecía que estuviera procesando lo ocurrido y cuando finalmente los abrió, en ellos había un brillo aún más intenso y eso fue para Yata suficiente prueba de que había hecho bien lanzando la propuesta. Suspiró.
El rostro de Fushimi estaba iluminado con los múltiples colores de los fuegos artificiales que lucían tras ellos. No podía dejar de mirarlo. Besó su frente antes de apoyar la suya en ella.
—¿Nada… —Comenzó Saruhiko— …nada que quieras decirme?
—¿Necesitas que te diga algo?
El más alto exhaló, aún con los labios curvados hacia arriba— No.
—Entonces no me preguntes estupideces —dijo Misaki antes de volver a besarlo, con cuidado, sin ninguna prisa. Saru rompió el contacto para ir a por las mejillas aún sonrosadas del pelirrojo y a por su cuello, dejando un rastro desde la barbilla hasta la base, arrancándole suspiros algo agitados—. ¿Crees que sea verdad? —Preguntó de todas formas, pasando sus manos desde la espalda hasta el pecho de Fushimi, recorriendo y a la vez empujándolo un poco para mirarlo a la cara. Tenía una expresión de confusión, que lo invitaba a aclararse. — Eso de que a las doce…
—Eso —lo cortó Saruhiko— depende de nosotros. Pero si quieres creerlo, créelo entonces, aunque estoy seguro de que esto saldrá bien incluso si no nos hubiéramos besado justo a la hora, o al menos, saldrá bastante bien. —Misaki rió, posando sus labios en una de las mejillas del otro y luego apoyando su frente en el rostro mientras su mano derecha tomaba la de Saru, entrelazando sus dedos, y la izquierda acariciaba con cariño parte de su mentón y de la cara—. Pero insisto —dijo—, depende de qué queramos nosotros. Al menos, por mi lado, estoy bien si vamos de a poco, como hemos estado haciendo todo el año.
—No va a ser lo mismo.
—Eso es obvio. Ahora voy a poder hacer lo que siempre he querido —dijo antes de volver a besarle. Yata correspondió por unos segundos antes de llenarlo de besos en las mejillas y la frente.
—Estaremos bien… —susurró, abrazándolo, dejando que su mentón descansara en el hombro del otro— mientras tú no intentes nada raro.
—Jo, Misaki, ya estaba planeando tantas cosas que podría hacerte —ronroneó Fushimi. Misaki sabía que sólo lo hacía para molestarlo, pero se sonrojó y lo insultó de todas formas.
—¡Ah! ¡Eres un bastardo pervertido! —Le gritó, escondiéndose en la curvatura del cuello. Saruhiko soltó una risa y le acarició la espalda con la mano que tenía libre.
—Sí, Misaki, yo también te quiero.
Nada podía estar mejor ni ser más perfecto.
Habían madurado bastante, ambos, y eso significaba que el barco en el que se estaban subiendo tenía muchas posibilidades de llegar a un puerto estable. Si el viaje sería seguro, no lo sabían, pero podrían afrontarlo, o al menos así lo pensó Misaki. No sabía si sería difícil, pero ahora tenía a Saruhiko de vuelta con él y esperaba que, esta vez, el lazo fuera más fuerte.
Sí…
Seguramente, todo saldría bien.
Notas de la Autora: ¡Ta-dah! Aquí está, terminado. A las 3:28 de la mañana, pero lo vale, porque he estado un buen tiempo escribiendo esto. Sé que no es tanto, pero comprendan, cielitos, que escribir en un Galaxy Mini es complicado, ya que la basura de pantalla no es grande y a veces, se pega o el programa se cierra y pierdo progreso (T0T)
Ha sido tan lindo escribir esto uwu, espero que sea lo suficientemente bueno ;D
Tengo más proyectos en proceso, de diversos fandoms, y estoy pensando en retomar ese multichapter de Hetalia que tan buena aceptación tenía.
Con mucho cariño a Hanji/Saiko, que me aprobó esta basura y para la Karla también :)
¡Amor y pastel para todos!
P.D. Ya que me esforcé tanto, igual yo creo que un review no haría daño ;u;
