Hai Minna san! Cómo están? Yo trayéndoles el capítulo 10 de esta historia. Espero que les guste! Nos leemos!
La nueva isla era pequeña. Sólo había una ciudad en ella, que la ocupaba casi toda. Hacia el sur había un bosque que cubría una elevación bastante pronunciada. En la cima había una casona que parecía abandonada. Era una población de pescadores y había varias industrias pequeñas relacionadas con la actividad pesquera, y entre ellas la nueva sucursal que abrió el jefe de Nami. La había enviado allí por la vasta experiencia de la mujer y porque confiaba plenamente en que ella podía poner en orden todo casi tan bien como lo haría él mismo.
La casa que habían podido comprar con el dinero que habían obtenido de la venta de la anterior era un poco más amplia. Nami había conseguido que le dieran una rebaja y estaba satisfecha con el resultado. Era una casa de dos pisos, que tenía una sala de estar grande, una cocina pequeña y un comedor con un gran ventanal que daba a un parque pequeño, y un baño grande con bañera. En la planta alta, tres habitaciones. Una más grande, que utilizaría Nami y dos más pequeñas para los dos jóvenes. La vista desde las habitaciones más pequeñas era directamente hacia el mar.
Ya hacía una semana que estaban allí y después de que Nami se fuera a la oficina, los chicos decidieron que sería bueno poder explorar el pueblo y por qué no, también la colina, el bosque y la casona abandonada. La sonrisa de Umi era increíble. Ryu había tomado la katana de su padre y ella se había vestido con las ropas con las que el chico le conoció. Volvía a parecer un varón según ella, y según él sólo era Umi con ropas holgadas.
Habían recorrido el pueblo durante un par de horas cuando llegaron a la frontera sur. Ryu miró a Umi que tenía en sus ojos una pizca de emoción y una gran sonrisa. No podía negarse a lo que ella le pedía, menos cuando se lo pedía con esa enorme y reconfortante sonrisa. De cualquier forma estaba allí frente al bosque, mirándola y preguntándose cómo demonios había accedido a que fuera en una "aventura" y nuevamente ella se paseara por todos lados como varón. Estaba molesto consigo mismo pero a la vez se tranquilizaba al verla tan contenta.
− ¡Esto es increíble! − gritó corriendo hacia el interior del bosque que comenzaba a alzarse.
− ¿Estás segura? − Ryu arqueó una ceja. Tenía un mal presentimiento de aquella nueva aventura que su compañera quería tener.
− ¡Por supuesto! ¡Quiero saber qué hay en esa casona! − gritó. Ryu ya no podía verla. Caminó, adentrándose en el bosque.
− Está bien − miró el cielo entre los árboles. − Pero esto no me gusta − comentó.
De cualquier forma, con malos presentimientos y todo, comenzaron a adentrarse en el bosque, en ascenso por la colina. Cuanto más caminaban, menos se podía ver la luz del sol y más altos se hacían los árboles. Ryu había notado ruidos extraños en varias oportunidades y había colocado su mano en la empuñadura de la katana, pero desistido tras no ver absolutamente nada. Seguramente serían animales o simplemente su imaginación. Umi continuaba emocionándose con los insectos, las formas de los árboles y demás, mientras era observada cada tanto por Ryu, con incredulidad y resignación respecto a su emoción.
Un nuevo ruido, seguido por lo que parecía un conjunto de palabras en la lejanía, llamó la atención de ambos, que se juntaron, espalda con espalda. Luego otro ruido y una leve explosión. Y más tarde, y sin darse cuenta de mucho, estaban atrapados en lo que parecía una enredadera gigante que había crecido en un instante y los había apresado, levantándolos del suelo un par de metros. Umi había quedado boca abajo, con sus manos y sus pies completamente inmóviles. Forcejeaba en vano, pues la planta la apretaba cada vez más. Ryu había quedado de pie, con su mano derecha en la empuñadura de la katana, que no había hecho tiempo a desenfundar. Las ramas lo habían cubierto casi todo, dejando su cabeza al descubierto y podía ver a Umi a su lado, colgando de cabeza.
− ¿Qué mierda es esto? − dijo Ryu, refunfuñando. Vio cómo alguien aterrizaba en la rama del árbol que tenían en frente y lo siguiente que escucharon fue extraño.
− ¡Lu… Lu… Lu… Lu… Lu… LUFFY! − gritó una voz de hombre desesperadamente mientras caía de la rama haciendo un estrepitoso sonido.
Un hombre musculoso, que llevaba unos pantalones marrones arremangados hasta la mitad de la pierna y tiradores, cayó al suelo desde la rama. Había al menos seis metros de altura y Ryu no pudo evitar hacer una mueca de decepción al ver cómo el que parecía su captor caía de aquella ridícula forma. El hombre se puso de pie como un rayo y se acercó a los chicos, que lo observaban algo perplejos. Tenía la piel tostada, algunas cicatrices en su pecho, el cabello negro y muy rizado, bastante largo y un ridículo sombrero de pescador que cubría su cabeza y no dejaba que ellos vieran sus ojos. Lo que si llamaba mucho la atención era su larga nariz, que incluso sobresalía por debajo del ala del sombrero.
− ¡Qué narizota! − gritó Umi riendo.
− Oye, viejo, ¿quién mierda eres tu? − vociferó de mala gana Ryu, que ya quería volver a tener contacto con el suelo. El hombre levantó la vista y observó alternativamente a uno y al otro, sin poder entender nada. Sus ojos estaban muy abiertos al igual que su boca. Ryu frunció el ceño al no escuchar respuesta. − ¡Ey, tu! ¡Responde! − gritó más alto.
− ¡Viejo narizota! − llamó Umi. − ¿Por qué nos tienes atados? − preguntó, aún riendo. Estaba de cabeza y en una notoria desventaja, pero de cualquier forma reía. Ryu rodó los ojos y luego volvió a centrarse en el hombre. Era extraño que él pudiera controlar las plantas o algo parecido, pero lo cierto era que parecía su captor y los había atrapado con una enredadera.
− ¿Quiénes son ustedes? − logró preguntar el supuesto agresor, ignorando lo que su mente estaba queriendo ver. No podía ser quién él pensaba que era. Además, de ser así, no había crecido ni un poco. Tragó saliva y el sudor se mostraba en su frente. Ryu notó su nerviosismo. Además, parecía que aquel hombre gritó el nombre "Luffy" al verlos. ¿Acaso se los estaría confundiendo con alguien más?
− Estamos conociendo la zona − comenzó a explicar Ryu, intentando sonar calmado. No quería incidentes de ningún tipo, más recordando el sermón que Nami les dio al llegar a la isla. − Somos nuevos en la isla
− ¿Turistas? − preguntó el hombre, aún nervioso.
− No − contestó Ryu. Umi se balanceaba con la enredadera, divirtiéndose. − Estamos viviendo aquí
− Ya veo − el hombre miró directamente a los ojos de Ryu. − ¿Cuáles son sus nombres?
− No puedo decirte eso viejo − contestó. − Además no creo que te interese demasiado charlar, sobre todo considerando que nos apresaste de esta forma sin saber nada de nosotros
− Los bajaré − el hombre subió a la enredadera y hizo unos cortes, liberando a Ryu. Cuando la enredadera cayó al suelo, Usopp notó que el chico llevaba una katana blanca, pero no dijo nada. Ambos miraron a Umi. − ¿Piensas que él también querrá bajar? − dijo, con una sonrisa.
− Es "ella" − corrigió Ryu, bastante molesto por que la confundieran −otra vez− con un varón. El hombre no había negado que fue él el que los atrapó, así que por muy extraño que sonara, él había controlado esa planta.
− Ah, ¿es mujer? − el hombre parecía no entender mucho. Después de todo no era Luffy.
− Si − Ryu extendió su mano hacia el hombre, dando a entender que estaban en son de paz y eran simples exploradores. Había algo en aquel hombre que lo intrigaba y si continuaba negando decir sus nombres no podría averiguar nada más. − Ryu − se presentó. Como les había dicho Nami, lo mejor era dejar de lado el apellido. El hombre estrechó su mano, con fuerza y transmitiéndole una sensación intensa de seguridad y camaradería.
− Usopp − dijo. Ryu notó sinceridad en su voz y en sus ojos.
− Y ella es − quiso añadir el muchacho, pero la chica lo interrumpió.
− ¡Umi! − gritó desde la enredadera, aún hamacándose de cabeza.
− Antes tu gritaste un nombre − comentó Ryu. Usopp ocultó su vista debajo del sombrero. − Supuse que confundiste a alguno de nosotros con alguien más
− Si − dijo él, sombrío. − Con un amigo − su voz estaba cargada de sentimiento. Ryu volvió sus ojos a Umi.
− ¿La confundiste a ella, no es así? − por alguna razón Ryu había conectado ese nombre con Umi. El hombre asintió y luego giró para encaminarse hacia lo más alto del bosque.
− ¿Quieren venir a tomar el te en mi casa? − preguntó. Ryu supuso que quizá él querría hablar con ella. Cortó la enredadera y de un salto tomó a Umi aún amarrada, que hacía pucheros, y siguió al tal Usopp.
Uno minutos más tarde estaban en la casona de la cima. Por fuera, estaba hecha un desastre, pero algunas de las habitaciones de adentro estaban bien arregladas y cuidadas. Parecía que el hombre estaba viviendo allí y a juzgar por su grata bienvenida de hacía un rato, no le gustaban los visitantes. Pero, lo más extraño según Ryu era que los hubiera invitado a su casa. Quizá realmente estaba relacionando a Umi con ese tal Luffy que había mencionado. Y él, sin querer, se estaba metiendo en un terreno que no iba a ser fácil pisar. Nami le había dejado muy en claro que había algo extraño detrás de su hija y de ella misma, pero que no le convenía saber. Lo que ella no sabía era que él si quería saberlo. Y pensaba que quizá hasta podría ayudarlas en algo.
Usopp había preparado el té y unos cuantos bocadillos para sus extraños invitados. Seguía viendo con curiosidad la katana que llevaba Ryu, que se le hacía muy conocida. Y la chica era un calco a Luffy, en todos los aspectos, y más parecida se le hizo cuando acabó con los bocadillos en unos pocos segundos. Sonrió de lado, dejándose llevar por los recuerdos.
− Viejo, ¿tienes más de esos? − la pregunta descarada hizo que Ryu le diera un codazo. Umi se sonrojó, sobándose el costado y clavando sus ojos suplicantes en su compañero. − ¡Me muero de hambre! − se justificó.
− Ya vuelvo − dijo Usopp levantándose para luego traer de la cocina varios bocadillos más, con una sonrisa. Se sentó frente a ellos después de dejar el plato a la niña. Había algo en la mirada del joven que también llamaba poderosamente su atención. − ¿Eso que traes es una katana? − preguntó, mirando el arma que Ryu había dejado junto a él, apoyada en la silla.
− Si − contestó Ryu, tomándola. Había algo en aquel hombre que le inspiraba mucha confianza. − Es la katana de mi padre − la levantó y se la entregó a Usopp pasándola sobre la mesa. Él la tomó con fuerza y la desenfundó un poco.
− Wado Ichimonji − dijo con sorpresa. Ryu también se sorprendió. No había muchas personas en el mundo que conocieran el nombre de esa katana.
− ¿Cómo es que sabes su nombre? − lo interrogó. Todo en ese hombre parecía diferente, y estaba por comprobarlo.
− Esta katana pertenecía a un amigo, que no veo desde hace muchos años − respondió con el mismo tono que usó para referirse al otro amigo anteriormente.
− Es de mi padre − afirmó Ryu con seguridad, mirando fijamente a Usopp. − Y era de una amiga suya antes que de él
− Entonces − enfundó la katana y se la entregó a Ryu. − ¿Tu padre es Zoro Roronoa? − preguntó mientras ambos tenían sus manos sobre la katana. Ryu estaba realmente sorprendido. ¿Podía ser que ese hombre fuera amigo de su padre en el pasado? ¿Tal vez pertenecía a la tripulación de su barco? Se limitó a tomar la katana y mantenerse en silencio, apartando la vista hacia Umi que seguía comiendo. − Creo que no me lo dirás − Usopp se oía decepcionado. − Yo estuve en la tripulación de Sombrero de Paja Luffy − aseveró. − Tu padre y yo somos nakama − Umi se había detenido tras haber escuchado eso.
− ¿Sombrero de Paja Luffy? − preguntó interesada mientras se limpiaba la boca con el dorso de la mano. − ¿Un pirata? − los dos hombres la miraron, con sorpresa. Ella parecía estar desinteresada, pero si había escuchado muy atentamente la conversación. Por el rumbo que estaba tomando, Usopp había sido compañero del padre de Ryu, por lo tanto también había sido pirata. Y si los dos pertenecían a una tripulación pirata, ese tal Luffy sería un capitán pirata. Estaba emocionada y quería saber más de ellos.
− No es un pirata − dijo Usopp con una sonrisa melancólica. − Monkey D. Luffy es El Rey de los Piratas − su voz era orgullosa y sus ojos se habían llenado de lágrimas.
− ¡Increíble! − los ojos de Umi brillaban con estrellitas. − ¡Yo también quiero! − gritó, poniéndose se pie y zamarreando a Ryu. − ¡Yo seré la Reina de los Piratas! − gritó sonriente.
− ¿La Reina de los Piratas? − preguntó Usopp, una vez se repuso de su emoción. − Eso será digno de ver − creyó estar reviviendo su juventud. Tenía al hijo de Zoro en frente y a una niña igual a Luffy diciéndole que sería la reina de los piratas. No podía evitar sonreír.
− ¡Si! ¡Ryu y yo saldremos al mar y seremos piratas! − gritó emocionada, aún zamarreando a Ryu.
− Suéltame − dijo él. Miró a Usopp fijamente. − ¿Tu estuviste en la tripulación? Entonces puedes responderme algo que necesito saber
− Si puedo hacerlo − Usopp lo invitó a preguntarle.
− ¿Cuántas mujeres había en la tripulación? − la pregunta no era directa, porque no quería poner en evidencia a Nami, pero Usopp se sorprendió mucho y se lo pensó un momento. Al parecer, Zoro no había sido demasiado detallista respecto al pasado. O bien el chico necesitaba confirmar algo. De cualquier forma estaba muy interesado en esa niña que se parecía tanto a Luffy.
− Había dos mujeres − dijo. A juzgar por los ojos del chico, no necesitaba nombres, sino cantidades. Puso sus codos sobre la mesa y apoyó su cabeza en sus manos. Jamás pensó encontrarse con el hijo de Zoro. Lo recordaba todo muy bien y en ese momento imágenes de lo sucedido en el incidente lo bombardeaban.
− Gracias − respondió Ryu, poniéndose de pie, sorprendiendo a Usopp por lo repentino de la decisión. − Vámonos − ordenó a Umi, que hizo puchero. − No pongas esa cara − se cruzó de brazos. − No querrás que tu madre nos regañe otra vez, ¿o si? − como un resorte, Umi se puso de pie y saludó efusivamente a Usopp, tomándolo de las manos.
− ¿Ya se van? − preguntó el hombre, con un dejo de tristeza, siendo zamarreado por Umi. Sentía que necesitaba saber más acerca de esos dos niños.
− Si, se está haciendo tarde. Pero volveremos − aseguró Ryu, mirándolo fijamente. Sus ojos eran intensos y por un momento creyó estar frente a Zoro.
− Me aseguraré de recibirlos apropiadamente esta vez − las miradas de los dos se conectaban, y Usopp entendió que había algo oculto, algo que no podían hablar frente a Umi.
− Gracias por todo
− ¡Gracias viejo narizota! − se despidió Umi. Ambos se adentraron en el bosque mientras Usopp los observaba.
¿Les gustó? ¡Apareció el valiente hombre de los mares, Usopp! Jajajajajajaja
Muchas gracias por leer! Espero sus comentarios!
