Capítulo nuevo! Muchas gracias a todos por leer. Sé que seguramente a muchos les de fiaca o simplemente no les gusta dejar comentarios. Y les agradezco mucho que a pesar de eso, lean y disfruten mucho la lectura.

Infinitas gracias a los que me leen desde el comienzo y apuestan por esta historia. Y espero cumplir con las espectativas de todos.

Nos leemos! Mary


De regreso habían llegado a tiempo para la cena. Umi se había bañando y cambiado. Llevaba una minifalda negra y una camiseta de tiritas azul claro, bastante escotada y ceñida al cuerpo. Estaba descalza y aún tenía el cabello mojado. Ryu se había duchado primero y estaba preparando algo de cenar. Nami había llamado y llegaría más tarde esa noche por unas complicaciones en su trabajo.

− ¿Qué cocinas? − preguntó Umi, babeando.

− Ya verás − contestó él secamente, sin voltear. Umi se sentó en una banqueta que había junto a una pequeña mesa dentro de la cocina.

− ¿Qué piensas de ese viejo narizota? Dijo que era amigo de tu padre − la voz de Umi mostraba seriedad, cosa que hizo que Ryu volteara a verla. Pero inmediatamente regresó a la olla, sonrojado por lo que había visto. Las gotas que bajaban del cabello de Umi rodaban por su pecho bajando y metiéndose dentro del escote de su camiseta. Tragó saliva.

− Parece que es verdad lo que dice − contestó con dificultad. − No podría conocer el nombre de la katana de otra forma

− ¿Y si es de los caza recompensas? − Ryu abrió los ojos.

− No lo creo − comentó. − Es demasiado civilizado para pertenecer a ese grupo de mierda. Son todos una basura. Además, ese hombre me inspira confianza

− Tienes razón, a mi también − sonrió. − ¿Volveremos a verlo mañana?

− No se − su respuesta fue cortante y Umi no volvió a hablar del tema.

La cena fue en paz y silencio, cosa que sorprendió bastante al moreno, que siempre debía escuchar una sarta de historias locas por parte de su amiga. Levantó los platos y los cubiertos y los lavó. Cuando volteó a ver, secándose las manos, ella estaba profundamente dormida, despatarrada sobre la mesa. Sonrió. Esa niña no cambiaría jamás. La tomó entre sus brazos y ella se aferró a su cuello con fuerza. Ryu se sonrojó.

La llevó a su habitación y la dejó en la cama, pero al apoyarla ella susurró algo en su oído, sin soltarlo.

− Quédate conmigo − dijo. Él estaba seguro de que estaba dormida y estaba soñando, e intentó que se soltara de su cuello. Lo logró y la acomodó en su cama, tapándola con la sábana. Salió de la habitación, con sus pensamientos fijos en Usopp y en todas las preguntas que quería hacerle. No podía enredarse con niñerías. Debía concentrarse en averiguar quién era ese hombre y sobre todo quería saber si Nami había tenido que ver con la tripulación del Rey Pirata y si ese tal Luffy realmente se parecía tanto a Umi. Después de todo Usopp se los había confundido y Ryu pensaba que eso no era normal.

Un ruido alertó a Ryu que tomó su katana instintivamente. Salio de su habitación, sigiloso. Caminó por el pasillo. Estaba descalzo. Todo estaba oscuro. Dio un salto hacia la escalera y atrapó al intruso contra la pared, amenazándolo con el filo de la katana sobre su cuello. Sus ojos brillaban en la oscuridad.

− Tranquilo, soy yo − susurró Nami, sin poder evitar sonreír. Realmente ese chico era una fiera a la hora de defenderse. Ryu la soltó y comenzó a subir la escalera. − ¿Todo está bien? − Nami se quedó contra la pared y el chico se detuvo.

− Si − soltó, secamente y se perdió en la oscuridad del pasillo. Nami escuchó una puerta cerrarse. Soltó el aire.

Al parecer, se las habían apañado para cenar y se fueron a dormir. Los ronquidos de Umi se comenzaron a escuchar. Nami sonrió. Entró en su habitación y comenzó a quitarse la ropa. Necesitaba un baño y algo de comer. Luego descansaría. Había sido un día agotador y no tenía ganas de pensar. Por suerte para ella, los chicos ya estaban descansando. Tomó algo de ropa cómoda y fue directo al baño, escaleras abajo.

Después de ducharse y secarse el cabello, salió para la cocina. Llevaba un camisón de seda rojo y se había atado el cabello con una coleta alta. Dos mechones caían sobre su rostro. Estaba descalza. La luz de la cocina estaba encendida. Cuando entró se encontró a Ryu sentado a la mesa y un plato con unos sándwiches esperándola, junto a una botella de sake y dos copas. Entró y se sentó, frente a él.

− Gracias − dijo escuetamente y tomó uno de los sándwiches. Sus ojeras se notaban bastante.

− Últimamente estás trabajando mucho − Ryu, con todos los pensamientos aflorando en su mente, comenzó a hablar mientras Nami comía.

− Si − Nami dejó su sándwich en el plato. Ryu sirvió sake para ella y también para él. − Abrir una nueva sucursal no es cualquier tontera y tengo muchas cosas para hacer

− Ya veo − tomó un trago. − Desde que estamos en esta isla no hemos cenado juntos ni una vez − aclaró, mirando su copa. − Umi debe de extrañarte

− Lo sé − ella también tomó un trago. − Pero no puedo evitarlo, pronto terminaré todo y volveré a tiempo para preparar la cena − sonrió y lo miró. El rostro de Ryu era sombrío y se notaba preocupado. − ¿Sucede algo?

− No − negó, mintiendo.

− ¿Estás seguro de eso? − tomó otro pedazo de su sándwich. Se hicieron unos minutos de silencio, mientras Nami comía y Ryu se dedicaba a beber sake. − Ya te pareces a tu padre bebiendo así − rompió el silencio Nami. Ryu levantó la vista.

− ¿Y cómo sabes que me parezco a él? − el comentario de la mujer le había venido como anillo al dedo.

− Pues, porque conozco a Zoro muy bien − sonrió levemente.

− ¿De dónde lo conoces? − se atrevió a preguntar. Nami tomó todo el contenido de su vaso.

− Del mar − contestó.

− ¿Del mar? ¿De cuando era caza recompensas? ¿O de cuando era pirata? − la interrogó, no pudiendo evitar un tono sarcástico en la voz.

− Como pirata − aclaró Nami mirándolo fijamente a los ojos. Hacía un par de meses que vivía con Ryu y él jamás la había interrogado por nada después de la conversación que habían tenido en el patio. No tenía demasiado sentido no responderle esas preguntas, de cualquier forma no estaba revelando nada sobre ella.

− En aquella ocasión me dijiste que también conociste a mi madre − Nami se ensombreció un poco, los recuerdos comenzaban a bombardearla nuevamente. − Yo no la recuerdo − el pecho de Ryu se llenó de dolor. − Quisiera hacerlo, pero no puedo

− Ella era una mujer muy hermosa − dijo Nami, viendo que él se sentía bastante dolorido por lo que estaba diciéndole. Tal vez Zoro no había querido hablar demasiado sobre ella, seguramente le resultaba tan doloroso como a ella hablar, o siquiera recordar a Luffy. − Era valiente y muy inteligente − continuó. − Y tenía un gran sueño

− Se eso − contestó Ryu, escuetamente. − Mi padre me habló de ella − continuó. − Pero no puedo recordarla. No puedo recordar su rostro ni su voz. Y sé que no la podré ver nunca más − Nami tragó saliva. Ryu sirvió más sake en las dos copas. No sabía qué decirle. Al parecer Zoro sí le había hablado de ella, pero a lo que se refería el muchacho era a otra cosa, no al hecho de saber. − ¿Por qué nunca le has dicho a Umi quién es su padre? − soltó. Nami tomó todo el contenido del vaso de una sola vez.

− Porque es peligroso que lo sepa − contestó. Se levantó y tomó el plato, casi vacío.

− ¿Su padre también es un hombre buscado? − insistió con sus preguntas incluso a sabiendas de que la mujer no quería continuar con esa conversación. Nami continuó su camino hacia el fregadero y dejó el plato allí. Volvió a la mesa y se sentó. Sirvió más sake en su vaso. Lo tomó.

− Ya te dije antes que no quiero que sepas nada, porque no quiero que corras más riesgos. Si no sabes nada, nadie te perseguirá por eso − fue lo más dura que podía. Quería alejar a Ryu de sus dudas y que no volviera a preguntar. Lo que no contaba era con que él era muy terco.

− No me importa − refutó. − Umi merece saber quién es su padre − afirmó con seguridad. − Y conocerlo − sus ojos eran profundos y fríos, pero cargados de sentimientos. − Yo no podré conocer jamás a mi madre porque ella está muerta − apretó el vaso que sostenía con la mano derecha. − Pero si el padre de Umi está vivo, tiene derecho a conocerlo − Nami bajó la vista.

− No sé si está vivo o muerto − susurró. Ryu tomó el contenido del vaso. − Y no puedo − fue interrumpida por Ryu.

− ¿Es Luffy, verdad? ¿Monkey D. Luffy, el Rey Pirata? − la pregunta hizo que Nami se pusiera de pie y golpeara la mesa con las palmas de las manos, con una fuerza tal que hizo que la botella de sake se cayera y se volcara el poco contenido que aún tenía. Lo miraba con furia y con sorpresa al mismo tiempo. ¿Por qué él había dicho eso? ¡No tenía derecho a hacerlo!

− ¡Jamás! ¡Jamás repitas eso! − gritó desaforadamente. − ¡Tu no sabes nada! ¡Y definitivamente nunca le digas eso a Umi!

− ¿Entonces es cierto? − se atrevió a preguntar Ryu, comenzando a entender algunas cosas. Nami no contestó. Giró y se retiró.


El sol entraba por la ventana, y la brisa que llegaba desde el mar la despertó. Era un día precioso. Miró el reloj sobre su mesa de noche y comprobó que eran las 9,15. Notó que estaba vestida y que alguien la había cargado hasta su habitación, porque no recordaba nada después de la cena. Sonrió levemente y se sonrojó al pensar que Ryu la había llevado hasta allí. Se estiró y dio un grito. Instantáneamente la puerta se abrió de golpe y vio al chico entrar desesperado, en ropa interior y con su katana en la mano, desenfundada.

− ¿Qué sucede? − dijo ella, asustada y sin entender nada. Estaba adormilada. Inmediatamente notó que Ryu no traía ropa, pero no dejó de mirarlo.

− ¿Por qué demonios gritaste? − preguntó él de mal humor, enfundando a Wado Ichimonji.

− Me estaba desperezando − contestó ella. Le arrojó la almohada y se rió. Ryu le devolvió la almohada, haciendo que choque contra ella y se retiró, dando un portazo en su cuarto. − ¿Y ahora qué mosca le picó? − se preguntó a si misma Umi, rascándose la cabeza.


Kya! ¿Les gustó?