Hola! Voy a seguir mal acostumbrándolos! Tengo un nuevo capítulo! Espero les guste! Nos leemos!

Candy-chan: Muchas gracias por tus comentarios! La historia de Zoro, como la de todos los demás y el pasado será revelado en su momento! Es promesa!


Cualquier cosa que hiciera o dijera era completa y totalmente inútil. No podía hablar más con Nami porque ella no le diría nada más y se lo había dejado muy en claro en su última conversación. Pero debía, no, necesitaba saber más acerca del pasado, de lo que sucedió realmente con la banda de los Sombrero de Paja. Y no sólo por él o por su padre, sino por Umi. No podía ni quería entender los motivos por los cuales Nami no le había dicho quién era su padre. Además estaba el hecho de que se habían encontrado con Usopp y que de seguro él confiaría lo suficiente como para contarle todo.

Umi caminaba delante de Ryu, maravillada con las tiendas de dulces, panaderías, pescaderías, carnicerías, restaurantes, bares, y todo lo que tuviese que ver con comida. Bailoteaba al son de una canción inventada y muy ridícula, y paraba en las vidrieras babeando y repitiendo "increíble" o "que rico". Ryu la seguía con pasos calmados, observándola y pensando. ¿Sería realmente verdad lo que él suponía? Y de ser cierto, ¿por qué Usopp se la confundió con Luffy pero cuándo le dijo que no era él y era una mujer no hizo preguntas? Se detuvo y Umi lo notó inmediatamente. Su rostro era sombrío.

− ¿Sucede algo, Ryu? − preguntó, acercándose y colocándose frente a él para poder verlo directamente a los ojos.

− Necesito ir a hacer algo − dijo con el rostro endurecido.

− Está bien − sonrió. − Yo iré a comprar unos dulces y te esperaré en casa

Ryu asintió y se separaron allí. No quería continuar con esos pensamientos. Debía saber la verdad en ese mismo momento para estar tranquilo. Y definitivamente quería contarle todo, absolutamente todo a Umi. Ella merecía saber más acerca de ella misma y de su origen.

Caminó rápidamente y entró al bosque. Ascendió a la colina y entró en la casona tal y como habían hecho el día anterior junto a Usopp. Entró sin llamar a la sala donde estaba la mesa con las sillas. Allí estaba el tirador, sentado, con una taza de té humeante frente a él y el periódico en las manos. Lo vio entrar y lo miró con una sonrisa.

− Te estaba esperando − dijo Usopp con tranquilidad. Llevaba el mismo atuendo que el día anterior.

− Bien − fue el saludo de Ryu. Se acercó y se sentó. − Necesito respuestas − prosiguió. − Por favor

− No sé qué respuestas pueda darte − Usopp dejó el papel sobre la mesa.

− Ayer confundiste a Umi con ese tal Luffy − el hombre miraba al joven seriamente. − Y luego no preguntaste quién es ella − había tensión en el ambiente. − ¿Por qué?

− No creí que fuera necesario hacer eso − Usopp fue sincero.

− ¿No quieres saber quién es ella? − Ryu quería apurarlo, pero Usopp se mantenía sereno.

− ¿Tú sabes quién es? − era él quién estaba apurando a Ryu. ¿Él sabía quién era ella? ¿Realmente sabía quién era?

− Eso depende de lo que tú me contestes. La madre de Umi se llama Nami − afinó sus ojos. − Y tiene un tatuaje azul en su hombro izquierdo − Usopp se sorprendió visiblemente.

− ¿Nami? − susurró. − ¿Nami está viva? − le preguntó al chico.

− Si, Umi y yo vivimos con ella − continuaba mirándolo fijamente.

− Es algo extraño lo que me dices − estaba sudando. − Nami desapareció del barco durante el ataque − explicó. − Ella no estuvo en la pelea − afirmó. − Nunca supe qué había sucedido con ella

− Tampoco sé eso, pero sé que ella está bien y que es la madre de Umi

− ¿Eso quiere decir que Umi es- no se atrevió a continuar.

− Umi es hija de Nami y Luffy, eso es lo que creo − la seguridad junto a un brillo en los intensos ojos azules de Ryu hicieron que el corazón de Usopp pegara un brinco.

− Eso − tragó saliva. − Eso es algo muy impresionante. ¿Luffy tiene una hija? ¿Por qué nosotros no lo sabíamos? ¿Cuántos años tiene Umi? − preguntó.

− Dieciséis

− Quizá − bajó la vista. − Quizá ni ella misma sabía que estaba embarazada cuando nos atacaron


Toma el mini Merry y vete de aquí − la voz de Luffy era suave pero mostraba seguridad. El barco se tambaleaba con fuerza. Nami lo miraba firmemente mientras sostenía su mano. Estaban dentro de la biblioteca. Los libros estaban tirados por el suelo. Se oían fuertes ruidos fuera y una gran tormenta de viento y lluvia azotaba el barco.

No lo haré − refutó lo que su capitán le estaba diciendo.

Nami, es una orden − los ojos de él se ensombrecieron debajo del ala de su sombrero.

Pero Luffy, no quiero − las lágrimas aparecieron en sus ojos.

Debes protegerlo − tomó el sombrero con su mano derecha y se lo quitó. Miró a Nami a los ojos y le colocó el sombrero. − Este sombrero es lo más importante que tengo − dijo con sinceridad y más serio de lo que jamás lo había visto antes. − Cuando les haya pateado el culo iré por él, por ti − llevó esa misma mano a la barriga de Nami. − Y por él


Despertó sobresaltada, con el rostro lleno de lágrimas y el corazón saliéndose de su pecho. Un sueño. No, no era un sueño, era un recuerdo. Esa maldita despedida, y esa promesa que jamás cumplió. Apretó los dientes y los puños, clavando las uñas en sus palmas. ¿Por qué nunca había vuelto a saber de él? Lo único que sabía era que el Thousand Sunny yacía en el fondo del West Blue, destrozado y que Kaizoku Satsujin había puesto fin a la Gran Era Pirata. Nunca nadie mencionó a Luffy en ningún lugar, ni en el periódico, ni rumores, ni nada. Nada de nada.

Se sentó en la cama, aún con su corazón bombeando con fuerza y con un nudo en la garganta. Las lágrimas amenazaban con salir de su pecho. ¿Por qué estaba tan mal? Hacía años que había dejado de tener esas pesadillas y que ya no la atormentaban tanto los recuerdos. Se puso de pie y salió de la habitación, aunque sólo tuviese puesta una camisola blanca desabrochada y un culote de encaje negro. Bajó las escaleras y fue directo a la nevera por algo fuerte para tomar. Necesitaba alcohol, y bien helado.

Tomó una botella de lo primero que encontró y la empinó sobre su boca. El líquido hacía que su esófago ardiera mientras tragaba, como si fuera la única salvación. Estaba sudada y tenía calor. Apoyó violentamente la botella sobre la mesada y se limpió las gotas que habían caído en su barbilla con el dorso de la otra mano. Giró y, entre la penumbra, logró ver a Ryu que apenas había llegado a la casa. Él, percatándose de que ella estaba en la cocina y del olor al alcohol, sólo pasó directamente hasta el baño. Nami oyó claramente cuando se abrió el grifo y comenzó a caer el agua desde la regadera. Sonrió.

Ese niño era igual a su padre, pero tenía mucho de su madre también. Era inteligente y audaz, muy perspicaz y se notaba que estaba ávido de conocimiento. Y lo que más la había impactado eran sus profundos ojos azules, tan intensos como lo habían sido los de su madre. Salió de la cocina y volvió a subir las escaleras. Pero se detuvo al escuchar la voz de Ryu.

− ¿Estás bien? − preguntó. Estaba seguro de que Nami no estaba para nada bien, podía sentir un aura extraña a su alrededor y estaba algo preocupado. Hasta ese momento no la había visto nunca así. No era que la conociera mucho, pero esa actitud había llamado poderosamente su atención.

− Si − contestó ella, escuetamente, con la voz quebrada.

− No preguntaré más − se limitó a decir él, dando media vuelta y volviendo al baño. Sabía que se estaba metiendo donde no debía, pero esa tarde Usopp le había confirmado que ella era la mujer del Rey Pirata. No lo sabía a ciencia cierta, porque ellos jamás habían dicho nada a sus nakamas de una relación amorosa, pero era notable el parecido de Umi a Luffy y Usopp no dudó un instante en afirmar que siempre había sospechado que ellos dos tenían algo.

Cerró las canillas y tomó una toalla, que amarró a su cintura. Todo mojado subió la escalera. Pasó junto a la puerta de la habitación de Umi, que estaba abierta, y la vio allí, dormida, destapada, con una pierna colgando de la cama y una burbuja de moco saliendo de su nariz. Sonrió divertido. Esa niña era un completo desastre. Era la mujer más antifemenina y despreocupada que había conocido en su vida. Entró en la habitación y levantó su pierna para acomodarla. Sintió cuando ella se tensó con el contacto, pero no vio cuando entreabrió un ojo y notó que era él. ¡Era Ryu todo mojado con sólo una toalla cubriendo su cuerpo! Se había pasado toda la tarde esperándolo, mientras comía una cantidad desmesurada de dulces, y el muy maldito no había vuelto. Cuando Nami regresó, ya no tenía más hambre y decidió acostarse. Se había quedado dormida esperándolo.

− Y hasta estás vestida − susurró. − Que descuido − tomó un pañuelo de la mesa de noche y limpió su rostro. Le quitó las sandalias y la tapó con la sábana. Umi pudo ver la sonrisa en el rostro de Ryu a pesar de la tenue luz que se filtraba por la ventana. Ella misma sonrió levemente. Él se inclinó sobre ella y le besó la frente. Los labios de Ryu eran húmedos y cálidos, como el ambiente de la isla. Las gotitas caían desde su cabello y la mojaban. Sintió cómo sus mejillas ardían, pero él no pudo verla. Se incorporó y salió de la habitación cerrando la puerta.


− ¡Ryu! − entró a la habitación del chico cuando recién amanecía. Llevaba sus ropas cómodas y tenía una gran y entusiasmada sonrisa en los labios. Él, muy dormido, abrió levemente un ojo y la observó confundido.

− ¿Qué sucede? − dijo, somnoliento.

− ¡Levántate! ¡Nos vamos! − corrió las cortinas y los primeros rayos de sol inundaron la habitación. Ryu se limitó a tomar la sábana, darse vuelta y taparse hasta la cabeza. − ¡Oi! − ella, frunciendo su entrecejo, se tomó la libertad de agarrar la sábana y destapar totalmente al chico, descubriendo que llevaba solamente unos bóxer negros de lycra muy ajustados. Estaba de espaldas a ella y podía ver todos los malditos músculos de su espalda y su muy bien formado trasero. Se sonrojó sobremanera y giró violentamente, dándole la espalda.

− No molestes − soltó él, haciendo fuerza para volverse a dormir. No había pegado un ojo en casi toda la noche y a esta niña se le había ocurrido despertarlo al amanecer.

− ¡Es castigo por haber vuelto tan tarde anoche! − dijo, volviéndose a verlo. Saltó sobre él, colocando ambos pies descalzos a los lados de su cuerpo sobre el colchón y lo tomó por los hombros, haciendo que volteara boca arriba. − ¡¿Dónde mierda te metiste?! − gritó. Lo sostenía con fuerza, presionando sus duros hombros.

− ¿Te preocupaste por mí? − rió de lado, sin abrir sus ojos. Umi apretó los dientes.

− ¡Por supuesto idiota! ¡Tú eres el maldito al que buscan los caza recompensas! ¡¿Cómo no voy a preocuparme?! ¡Imbécil! − se sentó sobre los abdominales de Ryu, flexionando las rodillas y cruzándose de brazos. Estaba roja de la ira. Cerró sus ojos e hizo una mueca de fastidio. Ryu soltó una carcajada, haciendo que ella se zamarree sobre él. − ¡¿De qué te ríes?! − gritó desaforadamente. Estaba muy molesta y él continuaba riendo.

− Es que te ves muy graciosa − logró decir entre risas.

− ¿A si? − abrió sus ojos con un brillo de maldad en ellos. Llevó sus manos a los lados de él y comenzó a hacerle cosquillas, con tanta intensidad que él no podía dejar de reír y tampoco podía detenerla. Se estaba −literalmente− descostillando de la risa.

En un rápido movimiento, que Umi no pudo entender, se encontró debajo de él. Ryu la tenía por las muñecas, que las había llevado sobre su cabeza. Estaba agitado por la risa y ella también lo estaba. Se miraban intensamente, respirando con dificultad por la boca. Ryu estaba apoyado sobre sus rodillas, una a cada lado de la cadera de Umi. Un minuto más tarde aún reinaba el silencio. Sus respiraciones se habían calmado, pero se mantenían en la misma posición.

− Oi − rompió la tensión Umi, nerviosa sin saber bien por qué. − ¿Qué sucede? − Ryu soltó sus muñecas, pero ella no movió los brazos. Él apoyó sus manos a cada lado de los hombros de Umi y se inclinó más sobre ella, juntando sus frentes.

− ¿Por qué me despertaste tan temprano? − un brillo de venganza por las cosquillas apareció en los ojos de Ryu. Umi tragó saliva.

− Castigo − balbuceó Umi, comenzando a sonrojarse. Podía sentir el aliento de Ryu sobre su rostro. Él sonrió maliciosamente.

− ¿Castigo? − cerró los ojos, cerrando aún más la proximidad entre ellos. El corazón de Umi quería salirse de su pecho. Sentía la respiración caliente de Ryu en su nariz y podía ver claramente sus párpados cerrados. ¿Acaso él estaba pensando en…? Rápidamente, Ryu bajó sus manos y comenzó a hacerle cosquillas a ella, que soltó una estruendosa carcajada y se movía como una serpiente debajo de él. Estaba completamente inmovilizada y casi ahogada por la risa. Él también reía.


Las cosas se van poniendo un poco más intensas. Este capítulo fue un poco tranquilo, pero pronto vendrá la acción! ¿Qué opinan de la relación de Umi y Ryu? ¿Creen que seguirá avanzando o que simplemente quedarán como nakama? ¿Eh? ¿Qué opinan o qué les gustaría?

Nos leemos pronto! Mary