Nuevo capítulo!

Quiero agradecerles a todos por los cálidos mensajes que recibí. Realmente estoy muy feliz con todos sus comentarios y espero continuar con esta historia y cumplir con todas sus espectativas.

Contestando reviews:

Candy-chan: Luffy, ejem, podría ser cualquiera de todas esas opciones, más adelante sabrás por qué sabía jajaja. Y también sabremos dónde se metió durante diecisiete años xD Igual que los demás que faltan mencionar. Con respecto a Ryu, mmm, se ve como Zoro -tal como dijiste- con el cabello negro, pero tiene los ojos más grandes y expresivos. En cuanto al físico, es igual a él. Veré si puedo hacer algún dibujo de Umi y Ryu juntos (u obligar a mi marido a que haga uno jajaja) así costará menos imaginarlos. Muchas gracias por los comentarios!

Nutty-chan: Qué bueno que te guste tanto el fic! Muchas gracias! Todo se sabrá a su tiempo! Jajajaja pronto, pronto! Nos leemos!


− ¿Dónde me estás llevando? − preguntó Ryu por enésima vez mientras casi corría detrás de una Umi muy sonriente. Caminaban por la ciudad hacia la playa, o al menos eso creía a Ryu. Pero ella no había soltado prenda desde que salieron de la casa, habiendo desayunado previamente.

Siguió sin decir palabra. Ryu estaba cansado de seguirle el juego y se detuvo frente a un callejón entre dos tiendas. Ella continuó unos metros más hasta que se dio cuenta que Ryu no la seguía. Volteó, pero él no estaba detrás de ella. Abrió los ojos, y sintió miedo. Por primera vez en su vida sintió miedo. En esa calle no había nadie. Las tiendas estaban cerradas y la brisa del mar levantaba arena. De pronto se halló sola en medio de ese silencio y Ryu ya no estaba. Tragó saliva. Tenía un mal presentimiento.

Un hombre de contextura pequeña se asomó por un callejón que había entre dos de las tiendas. Llevaba una camisa a rayas azul y blanca, un jean celeste y un pañuelo en la cabeza que apenas dejaba ver su cabello negro. En el cinturón tenía una pistola. Sonreía maliciosamente mientras la miraba a los ojos.

− ¿Qué quieres? − soltó ella, poniendo su mejor cara de mala. Podía notar que ese hombre no era del todo normal con sólo observarlo. La gente de la ciudad no llevaba armas y era muy tranquila y sociable. Aquel tipo no era de ahí, estaba casi segura. Y su mirada le mostraba que tenía asuntos con ella.

− No te preocupes, ya tengo lo que quiero − contestó. Caminó unos metros acercándose a Umi, que apretaba sus puños. Detrás del flaco, salieron tres hombres más. Los tres eran altos y corpulentos. Uno era rubio, de cabello largo atado en una coleta. Tenía pantalones negros y un chaleco rojo. El de en medio era pelirrojo. El cabello era bien corto, llevaba una camisa negra desabotonada y una bermuda azul. Y el tercero era un hombre canoso, de barba larga trenzada. Tenía cicatrices que se podían ver claramente porque llevaba el torso desnudo. Sólo tenía un pantalón corto ancho color marrón. Pero eso no era lo que le preocupaba, sino que entre los tres sostenían a un muy cabreado Ryu que forcejeaba todo el tiempo para zafarse. El viejo lo apuntaba con el arma a la cabeza mientras sonreía maniáticamente.

− ¿Qué están haciendo? − preguntó Umi, apretando los dientes.

− Queremos proponerte un trato − el delgado habló, habiéndose detenido frente a Umi a unos cuantos pasos. Ella se mantenía en el lugar.

− ¡No lo escuches! ¡Vete de aquí! − gritó Ryu mientras continuaba haciendo fuerza sin conseguir que esos corpulentos hombres lo soltaran. Umi podía sentir la desesperación en el tono de voz de Ryu, pero realmente no entendía por qué reaccionaba de tal forma. Antes, también los habían apresado y ellos lograron escapar como si nada. Cambió el foco de su vista en su amigo y notó que estaba hablándole en serio, comenzaba a sentirse iracunda y con muchas ganas de golpear a esos tipos.

− Cállalo − ordenó el delgado y el viejo le dio un culatazo a Ryu en la sien que lo dejó confundido. Umi hizo que sus dientes rechinaran. − Escucha atentamente, porque no pienso repetirlo − habló el que parecía el jefe calmadamente sin quitar sus ojos de los de ella y con una enfática sonrisa macabra.

− Habla − ordenó Umi, con su mirada encendida. Estaba conteniéndose para no lanzarse sobre ellos.

− Tu por él − acompañó sus palabras señalando a ella y luego a Ryu. Umi abrió los ojos.

− ¿Yo por Ryu? − no entendía lo que el tipo estaba diciendo. ¡Si ella no era nadie!

− Si − asintió el hombre con un movimiento de su cabeza. − Tú a cambio de Roronoa

− Está bien − asintió inmediatamente. No tenía nada que perder. No entendía el punto de ese trato. Supuestamente querían a Ryu para saber la ubicación de su padre, pero ella no podía darles ningún tipo de información. De cualquier forma, aunque fuese una trampa, lo mejor era que dejasen libre a Ryu así podría ir por la katana y patearles el culo. − Pero primero suéltenlo − se atrevió a pedir. El delgado hizo una seña a los otros hombres y soltaron a Ryu. Este cayó haciendo una nube de polvo en el suelo.

Los dos hombres más jóvenes se acercaron a Umi y pretendieron tomarla por los brazos. Ella miró a los ojos al viejo, que estaba en frente, muy cerca.

− Puedo caminar solo − lo mejor era que pensaran que era un varón, así no tendría que preocuparse también por eso. Comenzaron a caminar hacia la playa. Ella iba en medio del rubio y del pelirrojo. El viejo caminaba delante y el jefe detrás. Desaparecieron al final de la calle.


Ryu despertó aturdido. Le dolía la cabeza. Abrió los ojos y se encontró tendido en medio de la calle. Intentó recordar lo que había pasado. Cerró los ojos nuevamente, sin moverse y recordó a Umi, hablando con un tipo extraño mientras él no podía zafarse de los que lo habían capturado por sorpresa. Se levantó como un resorte hecho una furia pero sin entender demasiado. ¿Se la habrían llevado a ella en vez de a él? Lo que no comprendía era el motivo de aquello. Se recargó sobre la pared, algo mareado.

Jamás se dio a conocer dónde está Luffy o cómo fue que lo capturaron. No sabría decirte si está vivo, pero si murió o lo mataron nunca lo dijeron. No creo que oculten esa información tan relevante al mundo. Yo pienso que está vivo. Pero de cualquier forma, ya ningún caza recompensas lo busca

Recordó las palabras de Usopp. Ya nadie recordaba a Luffy, o al menos eso era lo que Ryu pensaba. A nadie le llamaba la atención el parecido de Umi con él, al menos nadie menos Usopp. De cualquier forma ningún caza recompensas lo buscaba, así que no podía ser que la hubiesen confundido. Se puso de pie y comenzó a volver, debía tomar a Wado Ichimonji e ir al puerto. Debía encontrar a Umi.


La habían encerrado en lo que parecía una jaula dentro de la bodega de un gran barco. Al abordar, vio a muchos hombres que la acechaban con sus miradas mientras bebían y jugaban cartas, o limpiaban sus variadas armas. Estaba segura de que ese era el barco de los caza recompensas que estaban persiguiendo a Ryu, sobre todo porque le pareció haber visto las caras de algunos de esos hombres cuando estaba en Alubarna. No la habían golpeado, ni siquiera empujado. Llamó su atención la cantidad de provisiones que había en la bodega. Parecía que estaban planeando un largo viaje.

Escuchó que la guardilla se abría y el mismo hombre, que había identificado como el jefe de la banda, y que conoció en aquel callejón de Alubarna, bajó con una gran sonrisa en el rostro. La miraba inquisitivamente, con un brillo en los ojos que sólo podía describirse como emoción.

− Parece que no estás tan afectado como creía − comentó al llegar frente a la jaula. − A pesar de que estos barrotes son de kairouseki − continuó. Umi arqueó una ceja. ¿Qué era eso que había mencionado el tipo? ¿Algún metal? − Me extraña que no hayas opuesto resistencia alguna − sacó el machete que tenía en la espalda y comenzó a mirarlo. − Escuché que eres muy famoso − ¿famosa? ¿Ella? Definitivamente ese mentecato la estaba confundiendo con alguien más.

− ¿Por qué me quieren a mí? − preguntó. De cualquier forma estaba allí adentro y estaba jugada del todo. Debía darle algo de charla al tipo y esperar a que Ryu fuera a por ella. El jefe sonrió enfáticamente y un escalofrío recorrió la espalda de Umi que dio dos pasos hacia atrás, chocándose la pared.

− ¿Me estás preguntando eso en serio? − sacó un pañuelo y comenzó a dar lustre al filo de su machete.

− Me cambiaron a mi por Ryu y no entiendo sus motivos − aclaró. El jefe levantó la vista para mirarla directamente a los ojos. Estaba seguro de que era Monkey D. Luffy, no podía ser otro. Le faltaba el sombrero, pero era idéntico al del cartel. Guardó el machete en su cinturón y tomó un papel de su bolsillo derecho.

− Mira − le extendió el papel hecho un rollo a Umi, que se acercó para tomarlo. − Vales mucho más que Roronoa − sonrió. − Más que los dos Roronoa juntos

Umi, sin entender absolutamente nada de nada, desplegó el cartel. Y casi se desmaya cuando lo vio. Era ella, ¡era ella! Salvo por el sombrero y la cicatriz debajo del ojo. Pero podía leer claramente "Monkey D. Luffy".

No es un pirata − dijo Usopp con una sonrisa melancólica. − Monkey D. Luffy es El Rey de los Piratas

Recordó las palabras de Usopp y supo inmediatamente lo que estaba ocurriendo. Tal como Usopp la había confundido con ese tal Luffy, los caza recompensas lo estaban haciendo en ese momento. Más abajo leyó la recompensa y su mandíbula cayó, dejando que su boca se abriera. ¿Tanto podía llegar a valer la cabeza de ese Rey Pirata? Le temblaban las rodillas. No podía entender cómo era que un hombre pudiera parecérsele tanto y que para completarla esos sujetos la hubieran atrapado. Tampoco tenía muchas opciones, escapar no era una muy posible. Había demasiados tipos en ese barco y estaba apresada en una jaula en la bodega. Arrugó el papel en sus manos y miró al jefe con determinación.

− ¿Y bien? − preguntó el tipo, continuando con esa sonrisa que se había formado en su rostro hacía un rato.

− Me estás confundiendo con otra persona − dijo sin vacilar. Era cierto, eran muy parecidos, pero ella no era ese tal Luffy. ¡Ni siquiera era hombre!

− Eso es imposible − refutó el jefe. − Tú eres el Rey Pirata, Sombero de Paja Luffy − afirmó nuevamente. − Y ahora mismo zarparemos para entregarte en la sede más próxima de la Marina

− ¿La Marina? − creyó escuchar la voz de Nami repitiéndole una vez más que nunca jamás se cruzara con algún miembro de la Marina, y que si lo hacía, corriera lo más lejos posible. Tragó saliva, aunque su garganta estaba seca.

− Parece que no te gusta la idea. Pero es obvio, diecisiete años escapando para caer así, tan bajo − giró y comenzó a caminar hacia la salida.

Umi estaba en tal grado de shock que no pudo decir nada más. Se dejó caer sobre las rodillas hasta que su trasero quedó contra el piso, sus manos apoyadas frente a ella y sus ojos perdidos en el suelo. Aún sostenía el cartel de "se busca" en su mano derecha, arrugado.

− ¿Qué mierda está sucediendo? − pensó en voz alta. − ¿Por qué me están confundiendo con él? − continuó. − Tal vez debería mostrarles que soy una mujer y entonces entenderán que están confundidos − se puso de pie violentamente. − ¡Oi! ¡Viejo! − vociferó con todas sus fuerzas.


¿Y? ¿Merezco un huesito (comentario)? ¡Muchas gracias a todos por leer! Mary