Hai minna san!

Aquí una nueva entrega. Si, nuevamente, estoy subiendo un capítulo, aunque haya subido hace muy pocas horas. ¡Es que ya estoy escribiendo el 19! Y me entusiasma la idea de que al fin podré escribir el pasado jejejejeje

Agradezco a todos por seguir la historia y por comentar. También a los que no dejan el comentario pero igual leen. Espero que disfruten la historia.

: Okairin! La madre de Ryu, mmm, ya verás lo que sucedió y lo comprenderás todo, todito, todititito. Muchas gracias por dejar comentario y no sé si escribo tan bien, más bien escribo con todo lo que tengo.

Candy-chan: Gracias por el chocolate jajaja. Ya le dije que lo dibujara y accedió, así que supongo que pronto tendrás a Ryu frente a tus ojos. Además, confieso que muchas partes de la historia (sobre todo el pasado) las estoy haciendo con él. ¡Tiene muy buenas ideas! No entiendo cómo es que tu mente te lleva a imaginar a Ace. Seguramente lo tienes en tu corazón! ¡Ace! Buaaaa... Lo que sucedió con Luffy y las explicaciones se vendrán pronto. Y todos los cabos se atarán! Muchas gracias por tus comentarios, me hacen muy feliz!

Nutty-chan: Jajajaja Umi da muchas ganas de zamarrearla, ya lo se. Puede ser muy tonta a veces, o demasiado inocente. Pero es lo que le da encanto jajaja. En este capítulo se resolverán muchas de tus dudas. Y otras no tanto jajaja. Nos leemos pronto, muchas gracias!


Revolvió su armario y rápidamente halló la katana. Estaba listo para ir al puerto, pero sabía positivamente que de ir solo acabaría atrapado él también. Pasó por su mente ir a buscar a Usopp, si él había sido nakama de su padre, seguramente sería muy fuerte. Y tratándose de rescatar a la hija de su capitán, no lo dudaría un momento. Pero luego se arrepintió de aquello. Seguramente Usopp también sería un hombre buscado y de cualquier forma había sido culpa suya que atraparan a Umi. Gruñó y salió de su habitación, enfrascado en su determinación de rescatarla a cualquier precio.

Recorrió las calles corriendo rápidamente y se topó con el gran barco que pertenecía a los caza recompensas, que reconoció gracias a la bandera con dos hachas y al mascarón de proa -una gran sirena-, que eran inconfundibles. Desde lejos observó detenidamente los movimientos dentro y alrededor del barco. La cantidad de hombres era demasiada y parecían alistarse para zarpar. Eso era muy problemático. Debía actuar rápido si quería quedarse en esa isla. Pasó por su cabeza Nami. Todo se le estaba yendo de las manos. Apretó los puños con fuerza y se dispuso a colarse en el barco.


− El jefe está descansando − un joven que debía tener la misma edad que ella se acercó habiendo escuchado el escándalo que estaba haciendo. Era delgado, de cabello largo hasta los hombros y negro. Llevaba una playera rotosa que alguna vez fue blanca y unos pantalones cortos desgastados. Estaba descalzo. Umi supuso que sería un aprendiz o se encargaría de la limpieza o algo así. − No volverá a salir de su habitación hasta más tarde

− ¿Quién eres tú? − preguntó Umi, intentando ganar algo de confianza con el chico que no parecía igual de bravo que los demás.

− Ayudo en la cocina − contestó acomodando unas cajas. Umi no lo había escuchado entrar.

− ¿Sabes qué pretenden hacer conmigo? − preguntó. El chico la miró a los ojos.

− ¿Es que tu no sabes quién eres o por qué te están buscando? − después de decir esto se puso pálido. Si ese chico de verdad era buscado debía ser muy fuerte y le estaba faltando el respeto. Tragó saliva y comenzó a temblar.

− ¿De qué estás hablando? − intentaba no hablar demasiado fuerte. − Estos tipos me confunden con otra persona − el tono y la mirada que usaba Umi hacían que el chico comenzara a creer en lo que le estaba diciendo. − El viejo ese me dijo que soy este − le mostró el cartel. − ¡Y ni siquiera soy hombre! − estaba confundida con la situación y no entendía absolutamente nada. El moreno dejó lo que estaba haciendo y se acercó a Umi, que se apoyaba sobre los barrotes. Tomó el cartel con sus manos.

− Monkey D. Luffy − leyó. − ¿El Rey Pirata? ¿Te están confundiendo con un hombre que debería tener al menos cuarenta años? − él tampoco se podía creer lo que estaban haciendo. Miraba alternativamente a Umi y la foto del cartel. − Es cierto, el parecido es increíble

− Si. Es igual a mi − dijo, bajando la vista. − ¡Pero soy mujer! − volvió a verlo con los ojos brillantes y llenos de ira.

− ¿Mujer? ¿Cómo es que vas vestida así? ¡Pareces un chico! − devolvió el cartel a Umi, que lo tomó rápidamente.

− Eso no importa − respondió, guardando el cartel en su bolsillo derecho. − Necesito que llames al jefe. Tengo que explicarle todo así me dejará en libertad − el chico soltó una carcajada.

− ¿Piensas que si le dices que eres una mujer te dejará en libertad? − preguntó entre risas. − ¡Te matará! O cosas peores − se acercó. Quiso tomar los barrotes, pero cuando iba a hacerlo, sacó la mano disimuladamente. − Tu − Umi levantó la mirada y pudo ver los ojos verdes de él. − ¿Conoces al Rey Pirata? − preguntó, con un dejo de entusiasmo en la voz.

− ¿Eh? − Umi hizo una mueca.

− Es que eres muy parecida − comentó. − Tal vez eres pariente o algo

− ¡No! − Umi dio varios pasos hacia atrás. ¿Qué estaba preguntándole, acaso era demente?

− No te pongas así, sólo era una pregunta − el chico se alejó, volviendo a hacer lo que estaba haciendo. − Me llamo Sora − volvió a hablar. − Soy del West Blue y tengo 15 años − no la miraba, sólo continuaba acomodando cajas. Umi se sentó en el suelo, en posición de loto.

− Yo soy Umi, tengo 16 − contestó. Se sentía extraña, nunca antes se había sentido así. Su mente divagaba por cualquier lugar y no podía concentrarse en lo que realmente debía. Escapar. − ¿Tu si conoces al Rey Pirata? − preguntó, sin querer. Se sorprendió de lo que había dicho. Sora sonrió.

− No − contestó. − Pero si conozco a uno de sus nakama − la voz de Sora se tornó melancólica.

− ¡Yo también conozco a uno de sus nakama! − Umi se acercó a los barrotes, quedando apoyada sobre sus manos y rodillas.

− ¿De verdad? − Sora volteó a verla. − Cuando era un bebé, él me salvó de morir de una grave enfermedad y me crió, hasta que esta banda nos capturó

− ¿Qué sucedió con él? − preguntó Umi, sentándose junto a la reja.

− No lo sé − Sora parecía deprimido.

− ¿Cómo que no lo sabes? − arqueó una ceja.

− No recuerdo mucho de lo que sucedió − aclaró Sora. − Un día desperté y él ya no estaba. Y yo estaba aquí solo en la bodega. Desde entonces lo único que hago es esto − hizo un gesto con sus manos. − El viaje desde el West Blue hasta aquí fue largo y luego se obsesionaron con Roronoa, desde que él robó la katana en sus narices − rió. − El hijo de Zoro es genial − dijo.

− ¡Si que lo es! − afirmó Umi con una gran sonrisa. − ¡El es increíble! Y pronto vendrá a buscarme, ¡ya lo verás!

− ¿Lo conoces? − preguntó Sora, asombrado.

− ¡Si! − Umi se cruzó de brazos con una gran sonrisa. − ¡Es mi nakama! − se paró y levantó los brazos. − ¡Yo seré la Reina de los Piratas! − Sora bajó la vista. − Saldremos pronto al mar − al volver la vista hacia él, lo notó cabizbajo. Seguramente no quería estar allí con esa banda y parecía entusiasmado al hablar de los piratas. Umi sonrió. − ¡Oye! − le gritó y él volvió a verla. − ¿Quieres ser mi nakama?


Nami trabajaba afanosamente escribiendo un informe para su jefe con una pluma y tinta negra. En un descuido una gota de tinta cayó sobre la pierna izquierda de su pantalón gris perla. Bufó con resignación, ya no podría usar más ese pantalón que tanto le gustaba. Se levantó, dejando la pluma dentro del tintero y salió de su oficina. El ambiente del lugar era movido, varios empleados −unos veinte− iban y venían moviendo pequeñas cajas y diversos papeles, mientras conversaban sobre cuestiones laborales.

Nami, rápidamente, se metió en el baño sin tener en cuenta que había olvidado su saco de mangas cortas y sólo llevaba su camiseta de tiritas color blanco, que dejaba en evidencia su tatuaje. Sólo lo notó cuando se vio al espejo. Chistó y levantó los hombros, muy molesta. También tenía que preocuparse por tapar su tatuaje mientras la veían porque no quería levantar sospechas. Hacía años que la Marina la había dado por desaparecida y que habían ordenado que dejaran de buscarla. Si bien su cuerpo nunca lo hallaron, ellos habían decidido −junto al Gobierno Mundial y a Kaizoku Satsujin− que no buscarían a nadie más de la banda de los Sombrero de Paja. Apretó los dientes recordando que hacía diez años, habiendo hecho un careo del fondo del West Blue, informaron al mundo que oficialmente había terminado la Gran Era Pirata poniendo en primera plana los restos del Thousand Sunny, junto a otra foto en donde quemaban su bandera pirata, la bandera de Luffy.

Tomó unas cuantas servilletas de papel y las embebió en jabón líquido para intentar sacar una parte de la mancha de tinta. Pero sólo logró hacerla más grande. Se miró al espejo, mientras arrojaba el bollo de papel en el cesto. Los años habían pasado, demasiado rápido para lo que ella hubiese querido. Y Umi era ya una mujer. Si bien no se comportaba como tal, ella podía saber que ya era una verdadera mujer, que maduraba poco a poco. Algunas frases que Umi dejó que se escurran de sus labios desde que conoció a Ryu le dieron a entender que ella ya no estaba jugando, sino que estaba tomando todo lo que hacía en serio. Se puso pálida al pensar en aquello.

Había oído, sin querer, conversaciones entre los dos en donde hablaban de sueños, de viajes, de aventuras. Y ella deseaba con todo su corazón que Umi pudiera disfrutar su libertad tanto como ella misma lo había hecho cuando tenía la edad de su hija. Pero le era imposible permitirle aquello. Corría demasiados riesgos, aún habiendo pasado diez años desde que la Marina dejara de perseguirlos oficialmente.

Escuchó que la puerta se abría y rápidamente se metió dentro de uno de los cubículos. Eran dos chicas que trabajaban en la administración y las pudo reconocer gracias a su memoria auditiva. Una era alta y delgada, sin muchos atributos, con una cabellera larga y rosada. Y la otra era baja y rellena, con voz aguda y labios gruesos. Llevaba el cabello corto y era de color negro. Las dos tenían el uniforme de trabajo, que consistía en un traje de pollera recta hasta la rodilla color azul y una camisa blanca de mangas cortas.

− ¿Estás segura? − preguntó la alta.

− Si, mi novio acaba de avisarme − hablaban susurrando. Nami pensó que hablaban de algún chisme barato, pero agudizó su oído cuando escuchó lo siguiente. − Dijeron que tienen a uno de los Sombrero de Paja

− ¿Quiénes? − Nami no se lo podía creer. Llevó sus manos a su boca, muy sorprendida.

− Los Sombrero de Paja. Hace unos diez años Kaizoku Satsujin anunció que había terminado definitivamente con ellos y que la Gran Era Pirata terminaba − al parecer, la chica del cabello rosado no entendía mucho. − ¿No recuerdas que quemó una gran bandera pirata que llevaba una calavera con sombrero? − insistía.

− No entiendo qué tiene esto de emocionante

− ¡Es increíble! ¿Acaso no lo entiendes? − la gordita parecía molesta, pero a la vez emocionada. − Mi novio escuchó que atraparon al capitán aquí en esta isla − Nami temblaba como una hoja. ¿Habían atrapado a Luffy? ¿Podía ser eso cierto? Además estaba el hecho de que lo hubieran atrapado allí. Tragó saliva, intentando estabilizar su mente. − Los rumores dicen que los caza recompensas lo van a entregar directamente en el Cuartel General de la Marina

− ¿Y cómo sabe tu novio todo eso?

− Parece que lo tienen preso en un gran barco que arribó esta mañana − aclaró la morena. − Y al parecer, partirán al anochecer − hizo una pequeña pausa. − O mañana − Nami escuchó cuando se retiraban. Salió y se miró al espejo, recargándose sobre la mesada de mármol. ¿Qué demonios estaba sucediendo?

Como una tromba, entró en su oficina, tomó su cartera y su saco y salió como si la llevara el diablo, siendo seguida por la mirada extrañada de todos los empleados. Caminó raudamente por las calles hasta llegar al puerto, donde pudo divisar perfectamente el gran barco que habían mencionado las chicas. Apretó los puños y quedó estática al ver la espalda de Ryu, que también estaba parado unos cuantos metros más allá de ella.


Usopp casi nuna bajaba a la ciudad. Pero aquel día había podido divisar y escuchar, sobre un barco que ancló en el puerto. Era un gran barco, pero también escuchó que no era un barco de pasajeros ni uno mercante. Era un barco de una banda de caza recompensas. No pudo evitar preocuparse al escuchar esos rumores y debía ir a comprobar que Ryu y Umi estaban bien. Después de todo, sabía perfectamente que era peligroso que ellos anduviesen solos teniendo el peligro tan cerca. Y conociendo a Umi, y habiéndola notado tan parecida a Luffy, sólo podía pensar en que se metería en problemas rápidamente.

Apuró el paso al estar ya cerca del puerto. Llevaba los mismos pantalones marrones arremangados hasta mitad de la pierna, una camisa blanca también arremangada y los infaltables tiradores. Ese no era un lugar especialmente transitado ni visitado. Era más bien un puerto de paso, donde los barcos de pasajeros se aprovisionaban y donde sólo podían verse, de vez en cuando, algunos barcos mercantes. Sólo se explotaba la pesca, para el propio consumo. No había especialidades en la isla, ni atracciones ni nada que fuera digno de ser visitado.

Al llegar y comprobar que se trataba de un barco muy grande, quedó escondido observando la situación. Los hombres parecían alistarse para zarpar pronto y dedujo que si era así, no habían logrado su cometido o simplemente habían parado para aprovisionarse. Pero grande fue su sorpresa al ver una mujer que se acercaba como si la estuviese persiguiendo una manada de dinosaurios hambrientos. Y allí mismo creyó desmayarse cuando se dio cuenta de quién era. Nami.

Siguió observándola. Y la vio detenerse de golpe. Miraba algo atentamente. Se colocó sus gafas y sacó los binoculares, comprobando qué era lo que estaba viendo. Su mandíbula se abrió levemente. Era Ryu. Serio, guardó sus elementos y caminó hacia ella. Tenía un muy mal presentimiento de toda esa situación.

− Nami − la llamó cuando estaba a escasos centímetros de su nakama. Nami sintió un escalofrío recorrer su espalda. Podría haber reconocido esa voz desde kilómetros de distancia. Sus rodillas se aflojaron. Giró sin levantar la vista. − ¿Eres tú, verdad Nami? − preguntó Usopp aún sabiendo que sí era ella. Era imposible no reconocerla, porque estaba exactamente igual a la última vez que la vio, hacía diecisiete años.

− Usopp − soltó ella ahogando un sollozo mientras lágrimas salían desconsoladamente. Sus pies acortaron la distancia que la separaba de él y se arrojó a sus brazos.


Kya! ¿Les gustó? Espero que si! Nos leemos! Mary