Hola! Cómo están? Yo subiendo este nuevo capítulo. Espero lo puedan disfrutar y les guste cómo va la historia!
Candy-chan: Acepto ese trato, espero que este capítulo te inspire! Jajaja Nami y los colados en casa. Si a Umi se le ocurre juntar a su tripulación y llevarla a casa a Nami se le va a venir la noche jajajajaja. Pronto veremos cómo está Zoro jejejeje Todavía hay muchas sorpresas en esta historia y pronto se podrán apreciar más cosas que por ahora están ocultas jiji. Muchas gracias por tu comentario! Me encantó!
Nutty-chan: Me encantó escribir la parte donde ella invita a ser su nakama a Sora recién habiéndolo conocido. Realmente es igual a Luffy y eso me encanta! Me encanta que los comentarios sean fics de mi fic jajajajaja Muchas gracias!
− ¿Tu nakama? − Sora repitió la pregunta mirando atentamente la gran sonrisa que le ofrecía Umi. No entendía lo que ella le estaba diciendo. ¿Le estaba hablando en serio? Umi arqueó una ceja, dejando la sonrisa.
− ¿Qué te sucede? − preguntó, desconcertada. No podía entender lo que le sucedía. − ¿No quieres? ¿No te gustaría ser pirata? − preguntó.
− No es − dudó, − no es eso − movió la cabeza de derecha a izquierda y bajó la vista, mirándose las manos.
− ¿Qué? − Umi comenzaba a molestarse.
− Yo − algo dolía en su pecho − no tengo la fuerza suficiente para servirte de ayuda en el mar
− ¡Tonterías! − soltó Umi, gritando. − ¡Eso no me importa! − dijo y volvió a sonreír, cruzándose de brazos. − ¿Sabes cocinar? − preguntó, recordando claramente cuando él dijo que ayudaba en la cocina. Sora levantó la vista, y asintió con la cabeza. − ¡Entonces serás mi cocinero!
− ¿De verdad? ¿Me lo estás diciendo en serio? − los ojos del chico se iluminaron.
− ¡Por supuesto, idiota! − lo miraba fijamente. De pronto, un fuerte sonido se escuchó y luego una puerta abriéndose.
− ¡Inútil de mierda! − gritó una voz grave. Umi frunció su ceño y su rostro se ensombreció. − ¡Trae algo de ron para el jefe! − pidió de mala manera. Sora, como enajenado, se encaminó hacia un gran barril que había a un lado y lo cargó con mucha dificultad. Umi observaba en silencio.
− Nami − Usopp correspondió a su abrazo con nostalgia y cariño. − ¿Qué está sucediendo? − preguntó sin rodeos. Sabía que Nami podría haber cambiado, porque habían pasado muchos años y muchas cosas en medio, pero jamás podría pensar en que hubiese cambiado tanto como para ponerse a llorar a moco tendido en medio de la calle mientras toda la gente que pasaba por allí los mirara como si estuviesen dando un espectáculo. La separó levemente para que ella pudiera mirarlo, pero no lo hizo. Tomó aire.
− Escuché que tienen a Luffy − pudo decir de una vez.
− ¿Qué? − soltó Usopp, sin creer nada. − ¿Estás segura? − Nami asintió con la cabeza. − Pero eso es imposible − susurró más para si mismo que para ella.
− ¡Ryu! − gritó, soltando a Usopp y girando violentamente. El chico ya no estaba. − Vamos − dijo, tomando al hombre de la mano y corriendo hacia el barco.
− ¡Nami! ¡Espera! − la jaló fuertemente e hizo que se detenga. − No podemos ir así, nos atraparán también a nosotros − logrando controlar sus emociones, pudo decir algo acertado. Si iban a ciegas probablemente los apresarían a ellos también. Si de verdad tenían a Luffy, ellos dos serían pan comido.
− No puedo − Nami intentaba no ponerse a llorar desconsoladamente otra vez. Apretaba la mano de Usopp con fuerza.
− Aún no se van, debemos pensar en algo − el hombre intentaba calmarse para poder transmitirle algo de seguridad a Nami, pero no lograba conseguirlo.
− ¡Van a atrapar al hijo de Zoro también! − soltó, gritando. No podía contenerse y menos habiéndose encontrado con su nakama. Todo parecía una gran y maldita broma. Usopp la tomó por los hombros con fuerza.
− Nami, cálmate − dijo, con suavidad. − Ryu estará bien − no estaba seguro de lo que estaba diciendo, pero por lo que notó en esas conversaciones que tuvieron, el chico era muy parecido a su padre y también era inteligente y analítico. No se dejaría atrapar tan fácilmente y no iría a hacerse el héroe sin tener nada pensado. Además, ¿por qué iría al barco? Si realmente tenían a Luffy, Ryu no tendría motivos −o al menos eso era lo que creía Usopp− para rescatarlo. − ¿Dónde está Umi? − preguntó, ante los atónitos ojos de Nami, que levantó la vista y clavó sus orbes en los de él.
− ¿Cómo sabes sobre ellos? − preguntó, asombrada, olvidando por un instante la angustia que sentía.
− Es una larga historia − respondió él. − Después te contaré. Ahora dime, ¿dónde está Umi? − repitió.
− ¿Umi? No la he visto desde esta mañana − dijo. − Salí temprano de casa para ir al trabajo, y ella y Ryu dormían − era cierto, hacía días que no había hablado con ellos acerca de lo que habían estado haciendo mientras estaba en el trabajo. Y Usopp tenía razón, ¿Umi estaría bien? Si Ryu estaba allí, era posible que Umi también estuviera. O quizá se habría quedado en casa, a resguardo.
− Debemos asegurarnos de que ella esté bien − dijo Usopp, sin soltar a Nami, que continuaba viéndolo y apretando sus puños. − Iremos a tu casa y cuando comprobemos que está bien, volveremos por Ryu
Ryu se había ocultado dentro de una de las últimas cajas que la banda subiría al barco. Si podía entrar sin ser descubierto, seguramente lograría encontrar a Umi y hacer algo para escapar de allí. Si eran ellos dos, sabía que podrían derribar a varios de esos hombres y salir airosos del barco. Estaba incómodo, pero pudo sentir cuando un par de peones levantaron la caja, quejándose de su peso. Unos cuántos minutos después, sintió que depositaban la caja. Notó que se hallaba en un lugar oscuro ya que no se filtraba luz a través de las grietas en la madera.
Agudizó su oído para escuchar algo, pero al parecer no había nadie. Cuando creyó que había pasado el tiempo suficiente, decidió que era el momento de salir. Levantó la tapa y espió. Estaba seguro de que estaba en la bodega porque había muchas otras cajas y barriles en el lugar, que estaba en penumbras. Por suerte para él la tenue luz dejaba que se viera algo. Unos cuantos metros más allá podía ver una lámpara encendida y una sombra que bajaba por una escalera angosta, justo del otro lado. Parecía otra entrada a la bodega, que venía desde la cubierta del barco.
Salió con especial cuidado de no hacer ruido y se colocó un poco más cerca. Sus ojos se iluminaron al ver una jaula y dentro, sentada en posición de loto y con los brazos cruzados sobre su pecho, a Umi. Parecía estar dormida o descansando. Estaba tranquila y por lo que podía notar a esa distancia, estaba bien. Sonrió levemente. La sombra que había visto era un hombre que reconocía muy bien: el jefe de la banda. Apretó la empuñadura de la katana y afinó sus sentidos.
− Rey Pirata − dijo el hombre, posicionándose delante de la jaula. Ryu se sorprendió. ¿Rey Pirata? ¿Acaso realmente la estaban confundiendo con Luffy? − zarparemos en minutos − dijo tranquilamente. − Y pronto estaremos en el Cuartel General de la Marina − sonrió maliciosamente. − De seguro harán un gran escándalo al verte
− Viejo − habló Umi, sin mover ni un músculo. − Yo no soy Monkey D. Luffy − afirmó. Ryu pensaba que no era necesario que le hablara, rogaba mentalmente que se calle de una puta vez para que el viejo se fuera.
− ¿Qué dices? − el jefe se acercó a la reja. Ella se puso de pie y de un movimiento rápido y seguro, abrió su chaqueta dejando a la vista sus pechos cubiertos con su sostén celeste. No lo miraba, sólo mantenía su ropa abierta ante la mirada estoica del hombre. − Oh − tomó dos barrotes con las manos. − ¿Qué tenemos aquí? − se relamió. − Así que de verdad no eres el Rey Pirata − Umi levantó la vista y clavó sus ojos en él. Estaba llena de ira y eso podía notarse en el ambiente.
− No lo soy − afirmó con un tono que erizó el cabello de Ryu.
− Eso no importa − las palabras del jefe hicieron que la sangre de Umi hirviera, pero se mantuvo en la misma posición, sin decir palabra. − Desde el inicio supe que era imposible que fueras él − aclaró. − Pero si te entrego a la Marina ellos estarán felices − soltó los barrotes y se dispuso a subir la escalera. − Seguramente podrán hacer algo muy interesante contigo
Tanto Umi como Ryu escucharon perfectamente cuando el jefe cerró la trampilla. Umi se dejó caer de rodillas en el suelo. Tenía los ojos muy abiertos y no entendía lo que estaba sucediendo. Podía suponer que había algo que no sabía, pero jamás se imaginó que el viejo le diría eso. ¿Para qué la querían? Apretó los puños y golpeó el suelo violentamente.
Ryu, que supo lo que ella estaba sintiendo en ese momento, iba a acercarse cuando escuchó unos pasos. De un salto, arrinconó a la persona que estaba entre las cajas y apuntó a la garganta con la punta de la katana. El chico −que no era otro que Sora− cerró los ojos con fuerza.
− No me mates, Roronoa san − pidió en un susurro, reconociéndolo inmediatamente.
− ¿Quién eres? − preguntó Ryu sin moverse. El chico, a simple vista, no parecía peligroso, pero no podía fiarse de nadie en ese barco.
− ¡Sora! − la voz de Umi se oyó desde la jaula. El aludido desvió la vista hacia ella. Ryu no dejaba de mirarlo con desconfianza. − ¡Sora! ¡¿Estás ahí?! − insistió. El chico se tensó y el espadachín no tardó en darse cuenta que Umi lo estaba llamando a él.
− ¿Ella te está llamando a ti? − preguntó, entre dientes. Sora asintió con la cabeza sin atreverse a hablar. Estaba paralizado por el miedo. Ryu era realmente aterrador. − Contéstale − ordenó, retirando un poco el filo de la katana.
− ¡Ya voy, Umi san! − gritó, para que ella lograra escucharlo.
− ¡Tengo hambre! − vociferó, casi rogando por algo de comida. Ryu sonrió de lado y soltó a Sora.
− ¿Quién demonios eres? − si Umi lo llamaba a gritos y le pedía comida, estaba completamente seguro de que ese niño era de confianza.
− Mi nombre es Sora − contestó él, aún con miedo. Ryu envainó la espada.
− Ve con ella − dijo, sin mirarlo. Se sentó en el suelo y recargó su espalda sobre una de las cajas. Sora no se movió, sólo observó los movimientos de él con rareza. − ¿Qué sucede?
− Es que, Roronoa san, ¿no irás por ella? − preguntó algo confundido, pero un poco más calmado.
− Si voy antes de que le lleves de comer se volverá insoportable − comentó con una sonrisa en sus labios, cerrando sus ojos. − Además, tengo que pensar en un maldito plan para escapar de aquí
Al llegar habían encontrado la puerta cerrada, pero sin llave. Nami entró corriendo. Observó rápidamente el comedor, la cocina y el baño. Subió la escalera y Usopp escuchó cómo abría con desesperación las puertas de las habitaciones. Ella no estaba, podía sentirlo en el silencio de la casa. Nami bajó corriendo, con los ojos desorbitados, y se detuvo al bajar el último escalón.
− No está − soltó, temblando. Usopp no se atrevió a acercarse. Podía saber que estaba aterrada.
− ¿Estará con Ryu en el puerto? − preguntó. En realidad, vio perfectamente que Ryu estaba solo. Tal vez había sido una casualidad.
− La katana − Nami apenas podía articular palabra. − La katana − repitió, sin poder continuar. Usopp apretó los puños y se acercó pisando con confianza. La tomó suavemente por los hombros y Nami levantó la vista. − La katana de Zoro no está − pudo decir al fin. Usopp abrazó a su nakama con fuerza, intentándole dar algo de confianza. Podía adivinar casi perfectamente lo que pasaba por la cabeza de Nami.
− Tranquilízate − susurró, aflojando su abrazo. Nami, reaccionando, correspondió el abrazo, aferrándose con mucha fuerza. Cerró los ojos, intentando no llorar.
− Ellos − tragó saliva con dificultad. − Ellos tienen a Umi − aseguró. Usopp cerró sus ojos con fuerza un momento. Luego, separó a Nami de él para poder mirarla a los ojos.
− Vamos por ellos − afirmó Usopp volviendo a sentirse como antaño.
− Espera aquí − subió la escalera y a los pocos minutos volvió, con su Clima Tact. − Vamos
Esto se está poniendo bueno. ¿Por qué el jefe de la banda piensa que Umi puede interesarles a la Marina? ¿Qué hará Ryu para rescatarla? ¿Qué harán Usopp y Nami?
Nos vemos en la próxima!
