Hola minna san! Aquí un nuevo capítulo. Espero les guste!

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Nutty-chan: Que bueno que mis capítulos te llenen de energía! A mi me llenan de energía también! Es muy emocionante escribir esta historia! Respecto a los celos, tal vez esté una pizca celoso jajajajajajaja Ya verás qué sucede con Nami y Ussop, ¡sólo lee! Muchas gracias por todo! Nos vemos!

Candy-chan: Nami no entiende mucho nada, y la pobre debe rezongar con Umi todo el tiempo. Y además, con sus nakamas jajaja. En este capi verás más! Respecto a los celos de Ryu, tal como le dije a Nutty, tal vez esté una pizca celoso. Quiza en el fondo le pasen cosas con ella jajajaja aunque no se de mucha cuenta xD Gracias por comentar y espero que este capi también sea digno de rev! Nos leemos!

Muy bien, ¡a leer!


− ¡Delicioso! ¡Eso estuvo muy bueno! − gritó Umi, mientras se acostaba en el suelo, estirando las manos y las piernas. Sora se sonrojó. − Hace un momento sentí que comenzaban a mover el barco − comentó Umi, en la misma posición. Sora se sentó, un par de metros más allá de la reja.

− Si − contestó. − En un par de días estaremos en esa isla − un mal gusto se le vino a la boca.

− ¿Qué harán conmigo? − preguntó.

− No lo se − en realidad no podía imaginar qué harían con ella. Ni siquiera era buscada o algo así. Miró de reojo hacia el sitio donde estaba Ryu sentado. También le había llevado algo de comer. − Pienso que deberían escapar cuanto antes

− ¿Deberían? − preguntó Umi, sentándose.

− Roronoa san, creo que ya es suficiente espera

− ¡Ryu! ¡¿En serio estás aquí?! − la voz de Umi se encendió. De un salto se puso de pie y tomó la reja con ambas manos y una gran sonrisa.

Ryu, a regañadientes, dejó el plato a medio comer sobre una caja y se colocó en el rango de visión de Umi. Ella sonreía despreocupadamente mientras estaba encerrada en esa jaula. Él estaba serio y pensando. No quería hacerse ver aún, pero ya habían zarpado y no era momento de titubear. Miró al tal Sora. ¿Qué diablos se metía ese en sus asuntos? El chico se encogió de hombros y retiró la vista, algo asustado.

− Será difícil escapar de aquí − dijo, sin moverse. Estaba a unos cuantos metros, de pie, con los pies separados y firme. Tenía sus brazos a los costados de su cuerpo y apretaba los puños con fuerza. Estaba muy molesto.

− ¡No pongas esa cara! − ella continuaba sonriendo. − Libérame de esto y vámonos a casa − Sora la miró. ¿Estaba diciendo eso tan a la ligera? ¿De verdad pensaba que podría escapar tan fácilmente? Además, ¿cómo demonios haría para liberarla? La llave la tenía el jefe y esa reja era de kairouseki.

− No lo haré − la voz de Ryu era dura y Umi dejó de sonreír.

− ¡¿Qué estás diciendo, Ryu?! − ella también comenzaba a enojarse. − ¡Libérame! − ordenó. Él se acercó hasta quedar frente a frente con ella, reja de por medio. Umi miraba hacia arriba ya que Ryu le sacaba unos veinte centímetros. Se miraban fijamente. Podía sentirse la tensión en el ambiente. Sora los observaba con preocupación.

− No te liberaré sin haber pensado una estrategia antes − aseguró. − Si lo hago, saldrás corriendo y lo único que lograrás será que vuelvan a encerrarte − Sora suspiró al escuchar las palabras del espadachín. Sólo estaba actuando así para protegerla −de ella misma−.

− ¡Libérame! − gritó más fuerte, tomando a Ryu de la camiseta, con tanta fuerza que se zarandeó. Pero él se mantuvo estoico y desafiante.

Un ruido alarmó a los tres. Se había abierto una puerta, y estaban seguros de que alguien había escuchado los gritos de Umi. Ryu tomó la muñeca que pertenecía a la mano que sostenía su camiseta y la alejó bruscamente. Se volvió sobre sus pasos y se ocultó entre las cajas en absoluto silencio. Sora se puso de pié y caminó hacia la entrada que daba a la cocina.

− ¡Imbécil! − la voz del cocinero llamaba a Sora otra vez, con más violencia que antes. Él se puso pálido. Rogaba internamente que no se hubiese dado cuenta que había usado la cocina para prepararles la comida a Umi y a Ryu. Y que no hubiera escuchado aquella discusión.


Usopp y Nami llegaron corriendo al muelle cuando el barco había avanzado varios metros hacia mar abierto, siendo remolcado por otro barco más pequeño. Se miraron y observaron a su alrededor. Había varios hombres acomodando las últimas cosas tras la partida. También había unos cuantos barcos pesqueros.

− Espera aquí − dijo Nami. − Encontraré a alguno de mis empleados y él nos llevará hasta el barco

− Nami − Usopp la miró fijo a los ojos. − Será mejor que no hagamos algo así − susurró, mirando de reojo a un hombre grandote vestido de traje negro que estaba recargado en una columna. Nami rodó sus ojos hasta llegar al mismo hombre. Ambos asintieron. Caminaron hacia él y se colocaron a dos metros, uno junto al otro, con los brazos cruzados. El hombre de negro los miró de arriba abajo y sonrió levemente.

− Ustedes se me hacen familiares − comentó el grandote. − Puede que se estén metiendo en donde no deberían − Nami apretó su puño derecho. − Quizá lo mejor es irse a casa y resignarse a no poder ayudar a su capitán − levantó la vista. Tenía los ojos rasgados y oscuros. − Después de todo, ya no es su capitán − la mano de Usopp detuvo a Nami tomándola por la muñeca. Estaba dejándose dominar por la ira. El tirador sentía lo mismo, pero no debían perder la cordura. Y menos en ese lugar. Podía ver movimientos extraños y algunos marines.

− ¿Quién está detrás de esto? − preguntó Usopp. Después de todo, el tipo no parecía querer pelear.

− Kaizoku Satsujin − ese nombre retumbó en la mente de Nami, que sólo pudo cerrar sus ojos con fuerza y tomar el brazo de su nakama con la mano libre. − Deberían regresar a casa − repitió, irguiéndose. Colocó sus manos en los bolsillos del pantalón. − No podrán detenerlos − insistió. − Él está a bordo − el hombre dio la vuelta y se alejó de ellos. − Muy pronto tendrán noticias − fue lo último que escucharon antes de que desapareciera entre la gente.

Los dos no podían reaccionar. ¿Ese hombre estaba detrás de todo? ¿Qué era lo que estaba sucediendo? Además, estaba el hecho de que nunca jamás nadie había sospechado sobre Umi. Ni siquiera la habían visto. ¿Por qué justo en ese momento la habían descubierto? ¿Habría sucedido algo que Nami no sabía? Hacía apenas una semana que ellos estaban viviendo en esa isla. ¿Cómo era posible que ellos hayan dado tan rápido con Umi y Ryu cuando hacía más de un mes que habían perdido el rastro? Se miraron.


− Señor − el jefe estaba serio y tenía una expresión de confusión. Estaba parado, duro, sin poder mover ni un solo músculo, apenas en la entrada de su oficina, tras haber cerrado la puerta. Sentía inseguridad y miedo, jamás había sentido antes algo tan profundo dentro de su ser. No podía comprender lo que sucedía. No entendía por qué ese hombre los había contactado y cuál era su propósito real. Tampoco el verdadero motivo por el que los estaba ayudando. Pero, de cualquier forma, allí en su sillón estaba el hombre más temido de todo el mundo. Y el más poderoso.

Tragó saliva cuando vio que él levantó una mano para que continuara hablando. El sillón estaba de espaldas a la puerta, mirando hacia la ventana que daba al mar. El lugar era una sencilla oficina con un escritorio y un par de sillas. Sobre una de las paredes, a la izquierda del escritorio, había un pizarrón con varios carteles de personas buscadas. − Es una niña − dijo con temor. Su voz era dubitativa y no podía evitar temblar.

− Que bueno saberlo − en cambio, la voz del hombre que estaba usurpando la oficina y el sillón rojo del jefe de la banda, era suave y amable. − De haberlo sabido antes la hubiese tratado de otra forma − no sonaba irónico, muy por el contrario, parecía estar hablando en serio. − ¿Alguna otra información? − preguntó, con el tono que utilizaría un compañero.

− El − dudó un momento. En realidad no adivinaba lo que aquel hombre estaba pensando y temía seriamente por su integridad física. − El cocinero

− Hable, por favor − el sudor cubría la frente del jefe a pesar de que la voz del hombre sonaba por demás amable.

− El cocinero vio a Roronoa en la bodega − dijo al fin. Podía adivinar estaba sonriendo.

− Vaya, qué sorpresa. Es difícil encontrar en el mismo barco a los hijos de los dos hombres con mayor recompensa de la historia. Será mejor que no lo dejen generar problemas − se notaba que era una orden. − Él también servirá a mis propósitos

− Cómo usted desee − dicha esa última frase, se limitó a retirarse del lugar en absoluto silencio, aún temblando.

Al salir de la oficina se encontró al cocinero. Era un hombre alto y musculoso, de piel oscura y cabello corto y negro. Vestía unos pantalones anchos color verde oscuro, borceguíes hasta la mitad de la pierna y un delantal blanco que tenía manchas de sangre. Su rostro era duro y sus ojos pequeños. Tenía muchas cicatrices en la cara y en el pecho, que llevaba al descubierto. Sostenía a Sora por el cuello, teniéndolo levantado del suelo unos diez centímetros. El niño forcejeaba y hacía señas para que lo suelte. Al ver al jefe, lo arrojó con bestialidad a la cubierta del barco, haciendo que el codo izquierdo de Sora sufriera las consecuencias. Un intenso dolor se apoderó de él, dejándolo por un momento sin respirar. Parecía que su codo se había dislocado, pero apretó los labios para que no se le escapara ningún quejido. Aún no comprendía qué era lo que le sucedía a su jefe. El cocinero nunca había sido amable con él y lo consideraba como basura, pero jamás lo había tratado de aquella forma.

− Esta rata está ayudando al prisionero − espetó, escupiendo a un lado. Se notaba la furia en su tono de voz. − Y también a Roronoa − miró fieramente al jefe, esperando la orden para castigarlo. Pero para el desconcierto del cocinero, el jefe sonrió.

− Excelente − dijo. Se agachó para mirar al chico a la cara. Notó que estaba adolorido y que a pesar de aquello su rostro sólo podía mostrar temor por lo que vendría a continuación. Sonrió levemente. − ¿Tú eres Sora, verdad? − preguntó, sabiendo perfectamente quién era. Sora casi no podía controlarse, pero asintió con la cabeza, mirando al suelo. − Ven − ordenó. Tomó del brazo derecho al chico y suavemente hizo que se pusiera de pie al mismo tiempo que él.


− Ryu − la voz de Umi era calmada. Estaba sentada en el suelo, con las piernas estiradas y la espalda y la cabeza recargadas en la reja. No obtuvo respuesta y desistió de llamarlo una vez más. Primero se molestó mucho con su nakama por lo que le había dicho. Ella quería salir de esa jaula y patearles el culo a todos los tipos esos. Pero luego comprendió lo que Ryu estaba haciendo al negarse. De cualquier forma se sentía mal. Le dolía el pecho y el corazón le latía con fuerza. Sintió que Ryu se movía y luego un calor en su espalda. No necesitó voltear para saber que él se había sentado al otro lado de la reja, apoyando su espalda en el mismo sitio que estaba ella.

− Eres idiota − afirmó Ryu, muy serio. Estaba cruzado de brazos. Tenía las piernas estiradas y los ojos cerrados. − ¿Por qué aceptaste? − preguntó, sabiendo que ella entendería perfectamente a lo que se refería.

− Porque eres mi nakama − estaba segura de lo que estaba diciendo. Había aprendido el verdadero significado de esa palabra gracias a Ryu y no había dudado en aceptar el trato que el jefe de la banda le propuso. Él estaba siendo perseguido por ellos para proteger a su padre y ella cuidaría sus espaldas a cualquier precio.

− ¿En qué estabas pensando? − soltó resignado. Ella no podía comprender el peligro que estaba corriendo.

− En que soy tu capitana y debo protegerte − Ryu sonrió de lado, no tenía caso seguir hablando del tema porque sabía que ella estaba diciendo eso en serio. Su único motivo para hacer esa tontería era exactamente lo que estaba afirmando. Después de unos minutos de silencio, continuó, haciendo a un lado el tema que había sacado Ryu. − Ellos me dieron esto − le entregó el cartel de se busca sin voltear, por sobre su cabeza, entre dos barrotes. Él lo tomó y lo abrió. Se sorprendió al verlo.

− Monkey D. Luffy − leyó en voz alta. No podía creerlo. − Es − no pudo continuar. Estaba consternado. Y comprendía por qué Usopp los había confundido. Eran endemoniadamente iguales.

− Soy idéntica a él − la voz de Umi, lejos de sonar insegura o confundida, parecía pedir explicaciones. Ryu sabía que algo así iba a suceder, y pensaba en Nami en ese momento. Arrugó el papel en su mano derecha.

− Escucha − pidió. − Él es − no pudo continuar. La trampilla se abrió. De un salto se puso de pie, alejándose de la escalera pero no tanto como para dejar sola a Umi. El jefe, junto al cocinero y Sora, siendo sostenido por este último, bajaron. Los dos hombres parecían traerse algo entre manos y Sora estaba aterrado. Su vista estaba perdida en la de la joven que había sido tan amable a pesar de estar entre rejas. Ryu desenvainó la katana y Umi se puso en guardia, alzando los puños.

− Has hecho un excelente trabajo, niño − dijo el jefe cuando se posicionaron frente a ellos. Ryu no se atrevía a moverse, el cocinero parecía un hombre realmente fuerte y su mirada estaba clavada en la de él. Podía saber con sólo verlo que era de temer y que debía tener mucho cuidado.

− Suéltalo − ordenó Umi. Estaba segura de que se traían algo entre manos con el pobre de Sora y ella no lo permitiría. Él era su nakama y tenía que protegerlo.

− No le haremos daño − el jefe sonreía. − Él hizo un excelente trabajo − miró de reojo a Ryu. − Diciéndonos que Roronoa estaba aquí − terminó de explicar con una gran sonrisa en sus labios. Ryu apretó la empuñadura aún con más fuerza. Desde el inicio le había caído mal el criajo, pero lo que más le llamó la atención fue la actitud de Umi.

− ¡Eso es mentira! ¡Él es mi nakama! − gritó ella. Sora negó levemente con la cabeza, con una profunda tristeza. Ryu no se creía lo que su compañera estaba diciendo. ¿Su nakama? ¡Era evidente que los había vendido! Hizo que sus dientes rechinaran. Más tarde le diría unas cuantas cosas.

− Oh − el jefe estaba aún más emocionado. − Entonces lo hizo mejor de lo que pensé − miró a Ryu. − Tú no harás escándalo − le ordenó. − Los dos irán al Cuartel − les informó. − Y allí decidirán qué hacer con ustedes − hizo una seña y el cocinero soltó a Sora, que se dejó caer al suelo de rodillas. El cocinero se acercó a Ryu, mirándolo fieramente. El espadachín movió levemente su katana, preparado para atacar.

− ¡Ryu! − Umi llamó su atención. − No te muevas − de alguna forma sabía que no debían pelear con ese tipo. Podía sentir en su cuerpo la terrible aura que desprendía. Y además Ryu estaría solo. Miró al jefe, que aún sonreía.

− Que inteligente, Rey Pirata − se burló el jefe. El cocinero tomó la katana con la mano desnuda, sin cortarse con el filo. Ryu se sorprendió, pero no lo exteriorizó. − Me llevaré la katana de tu padre, no te ofendas − hizo una pequeña reverencia. − La cuidaré por ti − Ryu apretó los dientes. La sangre le hervía, pero sabía que Umi tenía razón. Estaba solo en eso, ella estaba encerrada y poco podría hacer al verse descubierto de aquella forma. Además estaba el cocinero, que sin dudar era un hombre muy fuerte. Y por otro lado, si no hacía lo que le pedían, pondría en serio riesgo a Umi. − Llévalo a la otra celda − pidió. Ella sólo pudo ver con rabia como se llevaban a Ryu, sin que opusiera resistencia. Sora miraba el suelo, tomándose el brazo izquierdo con la mano derecha.


¡Basura! ¡El jefe de la banda es una basura! ¡Pobre de Sora! Además, Ryu le tiene bastante recelo -algunos dirán celos- y cree lo que dice el jefe. ¡Pero qué tipo!

¿Qué opinan de Kaizoku Satsujin? Es un poco apresurado hacer esta pregunta, porque sólo tuvo un par de líneas, pero pronto lo verán más y más. Al parecer, se trae algo entre manos con el reemplazo de Luffy y el hijo de Zoro.

Espero sus comentarios! Muchas gracias!