Todos los derechos de Sailor Moon y sus otros personajes son Propiedad de Naoko Takeuchi/Kodansha, TOEI Animation

-=GANADORES=- (P R E M I O)

Primer Ganador: Malkav_iztli (Cap 23 -la línea de mercurio-)

Segundo ganador: Mizuki-chan24 (No definido aún)

Tercer ganador: Kayleigh More (No definido aún)

Sólo espero que se comuniquen rápido…

Estamos por acabar el fic de UP! Primer Stage… Este cap les sonará retorcido… pero qué ha sido recto en el Fanfic XDD.

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Si se desesperan en las actualizaciones pasen a mis otras historias, un par de ellas son de mi autoría en conjunto con unos colegas o integrantes de FF que se animaron a aliarse a mis locuras y bueno conozco sus opiniones a cerca de mis manías.

Espero sus comentarios y sugerencias.

¡Muchísimas Gracias! Un besote y un abrazo a todos.

Espero que les guste tanto como a mí.

¡Gracias por tomarse un espacio en su preciado tiempo y leer!

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-SEGUNDA TEMPORADA-

LA PRINCESA DEL UNIVERSO

*LA NYX Y EL ÉTER *

"Un grito espantoso corrió alrededor de la habitación, retumbaba en los cristales de la ventana. Un par de ojos celestes, abiertos cuales platos, expresaban el miedo y la pesadez de pesadillas.

– "¡Usagi-chan!" –meneaba con insistencia a la estudiante– "¡Usagi-chan! Te has quedado dormida…"

Pero aunque la adolecente parecía tener abiertos los ojos, en su mente se clavaban cercenarte las imágenes de sus alucinaciones– "¡Gomenasai" –pronunció crudamente al hilar su cabeza para extraviar la fantasía de la realidad.

– "Esta es la…"–el chico, de cabello mediano, azabache, con gruesos lentes de pasta pesada y pecas en sus mejillas había perdido la cuenta de las innumerables veces que a su amiga le acontecía esa situación– "Usagi-san, deberías ver a un doctor especialista"

Alterada ante el comentario, lo tomó de mala manera, levantándose al súbito, arqueó sus brazos, para dejarles caer sus manos en escuetos puños en las caderas– "¡¿Qué tratas de decirme?! ¡¿Qué estoy loca?!"–

El chico no perdía la paciencia, había intentado toda la mañana repasar algunas formulas básicas de algebra, algo de historia de Japón, los exámenes a la preparatoria estaba demasiado cerca. Inclinó su cuerpo y la miró detalladamente desde unos serenos zafiros, aunque le gritaba montonales desapegos, él muchacho parecía sonreír y divertirse– "Lo digo por tu bien… Quedarte dormida en todos lados es una enfermedad… muy curable"

– "¿Curable? ¡Oh, sí! y dices que soy yo la loca… ¿No eres tú el que sueña con ser una súper estrella de música pop?" –se carcajeó fuertemente, pormenor que molestó al púber–

– "¡Odongo…!"–perdió los estribos, cuando pasaba eso usaba aquel apodo especial– "Te juro que llegaré muy lejos…" –aquella razón latía fuertemente en su alma, deseaba demostrarle a la chica que amaba, que él era mejor que su hermano mayor, más inteligente, elegante y que podría sobresalir con su talento natural–

– "¡No me llames así! Sabes que no me gusta" –se cruzó de brazos respingando su cara al filo que su nariz se arrugaba–

Un ¡Crush! Irrespetuoso, que provenía de la puerta de madera simple, desterró aquel intenso momento de enfado.

– "¡Hermana! ¿Qué son todos esos gritos? ¿Acaso tú y tu novio ya lo hicieron?"–una chica de igual cara a la de Usagi, pero mayores atributos corporales, sin esas coletas infantiles, se asomaba–

– "¡POR LOS CIELOS SASHI!"–se atragantó luego de imaginarse en posesión del cuatro ojos que actuaba como su tutor– "Seiya y Yo… ¡No somos novios!"

– "¡Sashi-san!"–el pobre joven de espejuelos se ruborizó, suspirando hondamente– "No-no… gri-gritaba po-por un problema matemá-matemático" –el sólo hecho de mencionar cualquier similitud lo ponía apenado, inclusive su preciosa Sashi lo anteponía como un tierno tartamudo–

– "¡Emm!"–apenado tocó la espalda de la rubia que estaba en el pasillo, hurgando con sus gemas azul claro para investigar a la parejita, que según ella estudiaba entre comillas– "Sashi-chan, la puerta estaba abierta y nadie respondía… yo… entonces… ese grito"

– "¡Mamoru-san, eres tú!" –le sonrió resplandeciente al pelinegro universitario– "¿Vienes por tu hermano?"

– "¡Sí!" –respondió con calidez entre cerrando sus ojos, gesto que volvía loca a la hermana gemela de Usagi– "Seiya debe empacar…"

– "¡Quédate un momento! Mamoru-san" –Lo aló del brazo para acurrucarse a él– "Parece que no han comido… ¿Acaso quieres que Seiya se desmalle? Prepararé algo rico" –exponía su mejor arma, el chantaje–

– "De acuerdo Sashi-chan" –se rascó suavemente la cabeza, pero aquellos ojos azul Tierra dieron una última mirada a Usagi. Luego, Sashi, cerró la puerta– "Mi hermano André está esperando en el auto, le diré que nos acompañe" –aquello se perdió cómo un susurro llegando a oídos de la muchacha de coletas–

– "¡¿Dijo André?!"–su cara subió a un rubor ingenuo, detalle que no paso desapercibido por el chico de gafas–

– "¡Deberías declarártele!"–se hundió los anteojos, un ademan muy marcado en Seiya, con una molestia clara–

– "Ni lo menciones… ¿Qué no sabes que tu hermano está enamoradísimo de la señorita Tenou?" –gimió desilusionada– "Así como mi hermana…"–corrigió algo quisquillosa– "Tu amada Sashi, de tu hermano Mamoru…"

– "¡Bom-bón?!" –aquellas palabras sonaron delicadas, cayendo débiles al concluir–

– "Otra vez tus apodos" –el color del coraje se reintegró a ella–

– "Tendré que irme…"–agachó la cabeza estando a su espalda–

– "¡Ashh! ¡Ya lo sé!" –gruñó, ¿qué no era obvio?–

– "El examen será en una semana… pero yo…"–tomó aire– "Yo me iré a América, el instituto que pretendía me acepto"

un extraño escozor recorrió el cuerpo de Usagi, le tomaba de sorpresa– "¿Cómo es eso?"

El día se llegó para ambos, Usagi logró entrar al Instituto al que aspiraba con una nota promedio. Ella traía consigo un pequeño oso de felpa sentada junto a su gemela en las bancas de un aeropuerto. El equipaje del menor de los Chiba estaba ya en el avión. André, el mediano de los cuatro abrazaba con mucho cariño a Seiya, deseándole lo mejor en su nueva aventura. Mamoru le sonreía gentilmente evocándole la paciencia y la lucha por sus sueños. La rubia de odongos dorados agachaba la cabeza, no brotaban palabras de sus labios. Debía animarlo, después de todo su amigo de secundaría se armaba de valor para perseguir lo que anhelaba. Cuando los hermanos mayores de ambos sintieron sobrar en la escena exhibieron un pretexto para dejarlos solos.

–"Se-Seiya…"–carraspeó un poco, exhaló y enfrentando a su expresión, colocó la mejor sonrisa que podía, reteniendo sus llorosos ojos al darle el obsequio afelpado–

– "¡Debes esforzarte…!" –se retiró los espejuelos que cubrían sus impresionantes zafiros, aquellos ojos profundos, jamás, la núbil chica de dorado cabello, les había observado en su totalidad y con esa intensidad. Seiya la abrazó con fuerza, su corazón latía fuertemente, teniendo sus labios tan cerca al cuello de Usagi… se atrevió a besarle aquel frágil segmento que unía la cabeza a su cuerpo, agregando una fuerte succión que paralizó la entidad de la rubia, intentando obtener aire para proporcionarle oxigeno a sus pulmones. El sorbo fue intenso, dejándole una mancha roja, que luego se convertiría en una masa morada– "Es una promesa… volveré como una estrella, la más grande de todas…" …"

*CAP. 24 DEJÁ VU DE LAS DIMENSIONES.*

Noviembre 31; Cuatro meses de la muerte de Zerethé.

– "¡Hay! ¡NO!" –gritó una rubia que mordía fuertemente un lápiz azul, al arrugar una hoja de papel–

– "¿Qué pasa bombón?" –preguntó su esposo, tocando su guitarra, en aguerrida improvisación al sacar una nueva canción–

– "No puedo con tanta presión… ¡La temporada de verano! Debe estar lista a mediados de diciembre" –aventó con rabia el fragmento de papel al suelo–

– "Ya veo" –sonrío dulcemente y colocó a un lado de la silla su lira de curvas sensuales, para levantarse y calmadamente ir en dirección de Usagi. La abrazó con ternura, besando sus mejillas– "Relájate un poco… ¿por qué no tomamos una ducha juntos? Recuerda que hoy tenemos una reunión importantísima en casa de tus padres"

– "¡WAAAAAAA! Lo había olvidado por completo… ¿Oye Pocky?" –se acurrucó a su pecho, un cálido pecho que la hacía sentir tranquila–

– "¿Qué sucede?" –mantenía cerrados los ojos, acariciando con sus labios aquella cabeza dorada–

– "¿Porqué tanto misterio?, Mamá ha andado rara… desde que llegamos"–

– "¡No te preocupes tanto! De seguro es una entrevista para preguntarnos por tu salud" –al girarla hacía él guiñó su ojo–

–Pero ese malestar que atormentaba a Usagi la tendía en el recuerdo de Reimer. –"Supongo…" –bajó nuevamente la cabeza– "¡Ahh! No tenemos nuevas Seiya… ya consulté al médico y… nada"

– "Pues que te parece si hacemos la tarea…"–comentó el Príncipe del Sol, cargándola entre sus brazos–

–––*

Es una promesa… volveré como una estrella, la más grande de todas…* "Libro Cuatro" –sonrió una dama, encubierta en velos de suave seda que tejían los gusanos con esmero y premura– "Sol, Luna y Tierra; Metáfora Azul"

Havardur y Setsuna, escuchaban atentamente ese relato inconcluso, peguntándose de que hablaba esa mujer, la que sostenía aquella desviada sonrisa entre las sutiles telas tisú. Aquella serena voz, arrancó de los cojines de fino raso otro vademécum.

–"Libro uno…La princesa de la Luna"–meneó su brazo en delicadeza para hacer aún lado un hilo de seda que se escapaba a uno de los gusanos– "Capítulo ciento sesenta y ocho… 'Él secreto de Hotaru'*La pequeña Hotaru corría alegremente a recibir a sus madres, aquellas cargaban las provisiones del día, para saludar a la mujer que les ofrecía cálido recibimiento, otra de las madres de la chica, sólo una sería la verdadera. Haciendo alarde, Hotaru, de su nueva lectura les contó de un libro que había leído.

–"El sol y la Luna son viajeros muy rápidos pero los años que pasan son los mismos..." –era pequeñas pistas que iniciaban a la pesada jornada del caos temporal, dos astros que iluminaban el globo terráqueo proporcionándole vida, calor y luz. Sin embargo la niña no tenía la capacidad de lo que realmente se extendía en ese compendio y que El sol y La luna no eran astros celestes sí no personas virtuosas–

El revoloteó del sonido que producía una gentil mariposa dorada atravesó a sus ojos purpúreos, dejándose llevar ante la beldad que ofrecía el insecto volador. Dejando a las tres mujeres charlando del preocupante estado de la pequeña, su crecimiento veloz y el apetito de conocimiento que explayaba con desenvoltura. Fue tal su tenacidad del tema que el trío de féminas perdieron de vista a la chiquita de ojos mora y corto cabello oscuro. Al notar que no se veía a la proximidad, Haruka, Michiru y Setsuna fueron en búsqueda de la niña, mirando en cada cuarto, abriendo todas las puertas… al llegar a la última la encontraron... Exhalaron de alivio al localizarla segura, adempero un suave zumbido las hizo mirar a la luz, que cargaba flotante en sus pequeñas manos de la dulce y frágil chiquilla, Luz que propago un ingenuo big bang provocando el temblor entre las mujeres, apresarse del poder que provenía de Hotaru, sobre la vertiginosa simulación del sistema solar, en el que se apreciaban los planetas, entre ellos la pequeña luna, cual perla resplandeciente, mismo brillo que trasladaba sus cavilaciones en el resplandor cálido de su princesa.

–"La vida en el espacio, aún lo recuerdo..." –llameó al principiar el parlamento, declinando en las tres postreras palabras, aun sosteniendo la mirada olivo en el globo estrellado–

–"¿A qué te refieres?" –inquieta preguntó la marina de Neptuno–

–"A un libro de ciencia ficción que leí de niña... Quizá sólo seamos la creación de algo o alguien que hizo el espacio en un momento centelleante…" –contestó la mujer por hombre–

Un escalofrío cimento los adentros de la guerrera Michiru– "Eso me da miedo…"

–"Por qué?" –cuestionó en su lógica Haruka– "Sí piensas que la tristeza y el dolor sólo son ilusiones, te queda una sensación muy agradable…" –La tristeza y el dolor… precisamente no fungían en delirios, se montaban en sentimientos verídicos, tal como su contraparte; la felicidad y el placer, ¿qué tan lejanos eran el uno del otro? Probablemente dependientes a su vez, tomándose de las manos como hermanos: ¿La tristeza origina felicidad y el placer dolor? ¿viceversa? ¿compuestas posibilidades?–

Hotaru se desvaneció al piso, delirando mencionó– "La luna blanca... está rodeada por una negra maligna oscuridad, la chica del cabello dorado va ser atacada por las tinieblas..."

Y a sus palabras observaron como la luna era tragada por un velo sombrío, llevándose de ella la luz pura que resplandecía gracias al poder del sol. Aquellas grandes vistas purpúreas se llenaron de tristes lagrimas, al la niña pronunciar su temor.

Pero ninguna de las cuatro, que se encontraban en esa recamara, entendió el verdadero significado del mensaje, no fueron capases de abrir sus ojos a la verdad... ni siquiera la misma que resoplaba en el sonido pastoso la propiedad de su princesa...

Aquella noche mientras Hotaru dormía, en su ventana, las pesadillas cobraron vida, una voz espectral le provocó despertarse y ante ella la una sobra se fraguó cortando en carcajadas la dulzura infantil. A lo próximo de la penumbra, el albor de una emisaria se aprontó al filo de su cama, legada que pretendía clamar una misiva para evitar el dolor y la tristeza de la Luna. La mensajera se proclamó como Sailor Saturn, una guardiana. Con su voz y el brillo de su dedo índice, que plantó en la frente de la infante, pidió que avivase... En aquel códice le mostraba un brote de lo que vendría a ensuciar la claridad; uno que ella misma se entregó a descubrir, al postularse como la Dama 9. De la misma manera que su tutor; él cual en su futuro distante ofreció sus recuerdos y su gran poder para revelarles un fragmento de la demolición. Y aunque la Senshi de Saturno intentó decirle de su dolor, la pequeña no lo comprendió y mezcló los sucesos que se gestionaban en aquel momento a lo que a su futuro vendría a señalarle...

La madura Hotaru, en el final de los tiempos miró a su compañero… nada había cambiado, Reima hizo lo que estuvo a su alcance para llevarle, a su yo del ayer, la nota. La muchacha lloró orondamente al apoyarse en el regazo del Príncipe de la Sabiduría...

Era una oportunidad tan pequeña que se esfumó entre sus dedos...*" –afianzó las hojas del texto entre sus gruesas pastas café claro– "Es lo que dice en este libro" –sonrió la mujer–

– Havardur frunció el ceño, a misma proporción que su puño, sabía que ir al último lugar del universo podría resultar peligroso, aunque trató de interferir en la compañía de Setsuna, fue arduo contrapuntear la tenacidad de la mujer– "Solamente queremos una esperanza"–replicó el hombre de porte gallardo–

–"Lo mismo me pidieron el sol, la Tierra y las Lunas… En los finales de los tiempos… Ahora están pagando el precio" –no había maldad en los diminutos ecos– "Volver al pasado, arrancar la raíz de su dolor, a cambio pedí su placer. Despejar la tristeza, a canje demandé su felicidad" –se mostró solemne– "Salvar lo insalvable, transitar el abismo para desenterrar la luz"–entre las sabanas translucidas, los vapores del incienso, cruzó sus piernas–

– "¡Por favor!" –se arrodilló la guardiana del tiempo, empalmando sus manos en plegaría, desertando a que sus mejillas fueran acariciadas por lágrimas amargas. Los fuertes brazos del caballero la cubrieron para calmarla, pero de igual manera su vista se nubló entre los desvaríos que producía sus lagrimales–

– "Aún así ¿Están dispuestos a pagar el precio? y si llegasen a costearlo ¿Cuál dirección deberían tomar? ¿Izquierda o derecha? ¿Deberían quedarse? ¿Deberá ser los únicos?" –preguntó diplomática– "Setsuna, Senshi de la Luna Plateada, Princesa de Plutón… Havardur, Guardián de la Luna Dorada, Príncipe de Duša, ¿Le lloran al último cielo cuando están confinados aquí?, ¿Nunca se preguntaron por qué esas tristes lagrimas nunca secarán?"–los observó ingenuos, tontos y faltos de raciocinio– "Buscan la esperanza con ahincó sin saber lo que hay detrás del telón"

– "¡Habla claro!"–vociferó Setsuna al borde de la locura–

– "Me pides que hable claro… cuando no lo fuiste con tu propia ama. ¡Qué ironía!" –se mofó resoplando una sonrisa ventilada– "Las leyendas pueden distorsionarse, ser una metáfora de la verdad, un poema alusivo… El vacio, génesis, caos y ragnarok, Dioses emanados de la enajenación retorcida de escritores sabios. Te hablaré entonces de la Raíz, si es lo que deseas, pero a cambio quiero la lealtad de tú hija" –sostuvo su postura–

– "¿Mi hija?" –se estremeció Setsuna–

– "Hotaru… por eso hablé de ella"–encorvo su figura, para situarse más cómoda– "La Nyx y el Éter nunca pudieron estar juntos…"

– "Jamás dijimos que sí"–enfurecido le lanzó una cruda mirada, desde sus ojos miel a la mujer–

– "Lo mismo me expresó un pelirrojo de ojos fuego, pero ambos sabían que el venir aquí es un sí…"–

– "Lexus estuvo aquí?" –expandió su sorpresa, Havardur desencajó un poco la protección a Setsuna–

– "Me pregunto… ¿eso lo habrá convertido ya en Éter? ¿La oscuridad posee su figura? No importa…" –aventó un loto a sus pies, seco y con los pétalos desgarrados– "Ami y Taiki, Minako y Yaten, Diamando y Makoto, Rei y Bellum, Michiru y Kakyuu, Haruka y André… Mamoru y Ceres, Usagi y Seiya, otros más… ahora nuevamente ustedes… Havardur y Setsuna. Uno a uno, vinieron a mí en seis dimensiones diferentes… El pisar este espacio me da acceso al SÍ y ellos entregaron a sus hijos por la Esperanza…"

–Los términos los paralizaron, las puntas de sus pies iniciaron a acalambrarse…– "Éran tan jóvenes… tan ingenuos…" –La piedad se separaba de los latidos de su misericordia–

–––*

Un mareó la colocó hincarse en el suelo, miraba borrosamente el filo de la cama, el vestuario que colgaba de ella, un pétalo cayó del florero que reposaba en el buro de su habitación, provocando al vértigo que sumergía el efluvio del desasosiego en su estomago, fue como inició.

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– "¡Oh! ¡Rayos!" –gimió una chica de trenzado cabello rubio, inmensas gafas redondas, con fastidio levantándose ante las miradas de las demás chicas, que reían por su aspecto poco femenino, escuchaba cuchichear a cada una de sus compañeras, con risotadas y palabras hirientes "¿cómo puede ser ella una aspirante?" "¡Ya la viste… es tan fea!" Sencillamente no soportó ser la mofa de todas esas, es más, qué hacía ella ahí… ¡nada! Corriendo por los pasillos del legendario y luminoso palacio de Lexus deliberó que no se prestaría a esos juegos tan estúpidos, ¡Qué va! Ser ella la futura princesa del universo, no, ella era de esas jovencitas que gustaban de andar libre por el campo, dormir bajo los árboles… vivir en la simpleza, ¿Cómo había llegado ahí? Rugió mientras caminaba por los floridos campos del planeta de la Luz, anonadada en la belleza que supuraba el dulzor de cada flor, la claridad del cielo y el enorme Palacio de cristales dorados claros. Tropezó con algo– "¡AHRGG! Tonto árbol" –gritó, al cuerpo de madera que con anterioridad había divisado, pero para su sorpresa se encontró con un joven de cabellos fuego y ojos azul grises, que titilaban cuales joyas relucientes–

sonrió malvadamente el joven adulto– "¿Árbol? ¿Acaso tengo ramas?" –caminando hacía ella con el gesto más depravado que hubiese visto, acorraló a la poco agraciada chica de anteojos–

– "¡Oye tú! ¿Q-qué te-te cree…?" –pero el cedro que anteriormente tomaba como culpable a su tropiezo la encerró entre la espada y la pared e inició el vocablo terco de groserías–

– "Para ser una chica gritas mucho…"–acallándola tapó los labios de la mujercita con sus seductores dedos, ruborizándola totalmente– "Digo… no podrías ser muchacho con ese cuerpo tan… desmejorado"

Enfadada la chica hizo a un lado lo que le silenciaba– "¡Idiota! Venir aquí fue la peor de mis suertes" –hecha furia, con pucheros histéricos, se apartó del pelirrojo para irse–

– "¡Me resultas de lo más graciosa! ¿Cómo te llamas?"–incrédulo de la inocencia de la rubia, al no saber quién era él se mostró muy interesado–

– "¿Qué te importa?" –caminaba por los edenes claros que hacía brillar Solaris, el sol central, Lexus era la Luna de Solaris, la única luna dorada del universo–

El joven la alcanzó fácilmente, pues sus pasos se desenvolvían más largos que los de la chica– "¡Qué descortesía! Debí presentarme primero… ¡Yo soy el príncipe Aither!" –la caravana se prestaba al chasco–

los músculos de la chica rubia se atrofiaron, ¿acababa de decirle idiota a… a… al príncipe de príncipes?, sí que no era su día… Embebida de una soflama avergonzada, se inclinó múltiples ocasiones– "¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!"

Aither únicamente sonrió, con esa llama seductiva que expelía su escancia– "¿Entonces me dirás tu nombre?"

– "Se-se-sere- sere-nn…"–sin embargo no concluyó a totalidad su nombre, pues la flamante majestad cortó de tajo al escuchar a otros que le llamaba–

– "¡Seren!, ¡nunca lo olvidaré…!, Si no resultas la princesa del universo, me encantaría que fueras una de mis concubinas" –le lanzó una mirada que la tragaba–

– "¡Concubina tu abuela!" –expresó con enfado, luego automáticamente llevó la palma de su mano para taparse la boca, otro insulto más… al gran Aither–

el únicamente se mofó, mientras caminaba a sus quehaceres– "¡Lleven a esta chica con las demás!" –mientras un grupo de donceles la escoltaban, le dirigió unas palabras– "Seren, significa estrella… veamos sí eres tan resplandeciente cómo una"

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– "¡Seren!… ¡vamos, despierta!" –gritó el pelirrojo, al sostener entre sus brazos a Serena–

– "Aither…"–cobraba la conciencia, pero sus ojos desbordaban lágrimas– "¿Por qué?, ¿Por qué… yo soy Nyx?"

– "¡No… no hables de eso…!"–apretaba sus puños desviando la mirada–

– "Es una mentira… dílo… ¡es una mentira!" –vociferó bajo la gruesa lluvia que azotaba el planeta de los fulgores, pero sus desgargantes palabras se fundieron ahogados al sentir esos labios fuertes que se depositaban en los suyos… Su cuerpo hervía al fuego, al caluroso fuego del Príncipe Aither–

Pero otro de los hombres, que miraba a lo lejos, le asaltó con furia retirándole de los brazos a la chica de dorado cabello– "Es todo o nada. Te estoy pidiendo que des… Deja vivir o muere… Todo es mejor que esta vida silenciosa… Dilo Aither ¡No es mentira!" –insinuó un pelinegro de mirada nebulosa–

– "¡Orfeo!" –exclamó en el sauce del dolor. Lamento que apedreaba a su pobre ánimo–

la guerra salvaje que alguna vez se tuvieron, Serena y Aither, transmutaba en el amor puro que con el paso del acaecimiento de luchas, el encuentro de la princesa Nyx se potenciaba en la verdad y la salvación del universo– "Existen dos grandes tragedias en la vida; no conseguir lo que quieres y la otra es conseguirlo de la forma que no esperas..." –miró a Seren, como solía llamarla, a lo lejos mientras caminaba por el piso de mármol agachando su testa, intentando retomar la cordura y un poco de su orgullo–

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– "¡Bombón!, ¡Bombón!" –zarandeaba a su princesa lunar, tratando de atraerla a la sumisa realidad–

– "¡Se-Seiya…!"–recogió el pétalo azul gris, que relampagueaba de la misma manera que lo hacían los ojos del tal Aither de sus alucinaciones–

– "¿Estás bien?" –la miraba alterado, esos ojos perdidos le ponían los pelos de punta, trataba de reconfortarse, de desviar el miedo que sentía–

– "Sí, no es nada… Estoy agotada, he trabajado demasiado en el proyecto de primavera y no he dormido bien. ¡Es eso!" –le sonrió frescamente, a lo que su capacidad motora permitía–

– "Podemos cancelar la reunión… Usagi"

– "No, ya estoy bien Seiya"

–––*

El lamento de sus palabras temblaban a la par de los hilos frescos que tejían los gusanos de seda, recordar la mataba.

– "Yo se los advertí, pero no quisieron escucharme… En los finales de los tiempos, cuando el declive del universo era inevitable, un grupo de Príncipes se reunió para buscar a la esperanza… La hermosa estrella de brillo tornasol que les permitiría salvar la extinción del universo… Habían luchado hasta el cansancio… con dificultad llegaron a este templo… en los escritos les decía que la esperanza había muerto y su alma se esfumó al intentar salvar a Nyx de su destino. Todo les apuntaba a los orígenes del imperio del milenio de plata… largos siglos atrás en un palacio de cristal" –suspiro mirando a Setsuna y Havardur espantados– "Cómo Cronos cerró los viajes temporales en su dimensión… recurrieron a este plano… 'Jera'… Un mundo en el cual no recae el efecto del espacio, el tiempo y las dimensiones…"

– ¿En los finales de los tiempos? Una broma tan sutil o una verdad tan pesada que no obtenía impregnarse en la cavilación del caballero de las arenas del tiempo– "¿Finales de los tiempos?"

– "El vacio… Yo les concedí ese deseo a cambio de lo que más amaban... Eran tan ingenuos…" –los recuerdos vinieron a ella, como crudas gotas de roció en invierno, congelando sus sentidos, coagulando la sangre que se corría lentamente en su venas. Iniciando sus relatos…–

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– "No hay otra forma… Tenemos que buscar a la estrella…"

– "El universo será destruido…"

Los cuatro viajeros se internaron al palacio de Jera, un edificio redondo en un punto perdido del espacio.

En el interior se marcaba redondo, repleto de libros y miles de pequeñas puertas bajo el altero de documentos. Una voz difusa les habló con resequedad, luego de una charla y del intercambio que pedía esa longeva habló con sinceridad…

– "Buscan lo inevitable… Pero si sus ideales pretenden devolver la paz, se hará como desean…"–

Esas palabras cimentaron la transformación de la mujer en la nueva guardiana del reloj pausado en lo eterno. La mujer los envió al punto muerto donde nunca jamás podrían salir.

Cumpliendo su pago los cuatro andantes que restaban fueron trasportados a lo que a sus deseos mostraban en plegarias… ***

–––*

Exail observaba por la ventana de los cristales oscuros del palacio de Lexus, una sensación la mantenía perdida en sus errantes ideas. Sentía que un asunto inconcluso radicaba en la tierra. Una necesidad enorme por regresar…

– "¿Está preocupada su majestad?" –preguntó el Oráculo, con su tibia resonancia, sentándose a su lado–

– "No… es nada" –susurró al viento a la par que miraba en lo alto a Solaris, un sol apagado y quieto, que había dejado de iluminar Lexus miles de años atrás–

– "Majestad Exail… permítame darle lo que ha perdido" –de uno de los bolsillos, de su hermoso vestido blanco que arrastraba alegóricas flamas carmesí, sustrajo unos anteojos que se miraban viejos, con los cristales cuarteados, en alguna parte de ellos carcomidos por el fuego, bien podría decirse que los siglos que llevaba con ellos, su resplandor les había conservado– "¿Les recuerda?"

– Los miró detalladamente, desde aquellos ojos dorados salpicados ingenuamente por rubíes– "¡No!"

– "Su vida en la tierra, como la de Arian fueron protegidas por mi esposo, Bellum. Les llevó a proteger a la esperanza, colocándolos en lugares estratégicos… La familia Labeau Crimson los adoptó a ambos… Ellos nunca se imaginaron que hospiciaban a dos grandes príncipes universales. Al menos no los externos al tratado."

– "¡¿Qué dices?!" –retrajo su cuerpo al sentir una gran angustia, se atragantó con lo que le confesaba la reina de Titán–

– "Lo más triste se presentó en la división de cada partido, Labeau y Crimson riñendo por las posesiones materiales, por la herencia del enfermo abuelo de ambas partes que declinaba próximo a la muerte… Demian Crimson Astron fue movido al cariño que compartía por ambas hijas con Kakio Murasakiro, alejarlas de la tortura que podrían conllevar en las amenazas de los Labeau, en su ambición…" –colocó el artilugio de ventanas rotas a las manos de Exail con sumo cuidado– "Sin embargo, la esperanza murió mucho antes de lo que esperábamos…"

Aquella sensación comenzó a provocarle un shock, declinando sus lágrimas rodar por la comisura de sus ojos… Exail podía ver las llamas rodearla, barriéndose en medio.

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El automóvil transcurría tranquilo, eran las siete de la tarde. Algunos kilómetros de recorrido para llegar a un pueblo cercano dónde se alojarían y descansarían un poco.

– "Ruby, podrías sonreír un poco" –comentaba la madre que la miraba de reojo–

– "¿Japón? Estamos en Japón, a miles de Kilómetros de Estados Unidos, de Harvard… Donde están todos mis amigos"–recordó a Mamoru– "A punto de mi titulación"

– "Vamos Ruby, es una visita de vacaciones a la familia de tu madre, Prometo que te divertirás al conocer a los Tsukino… ¿Tu qué dices Seren?" –El padre intentó animarla–

– "Po-por… mí… yo-yo" –temía a conocer a la gente, para ella salir de sus cuatro paredes diarias era una amenaza–

– "¡Ya vez! Papá… Seren ni siquiera quiere conocerles" –Exclamó Ruby, el motivo real que se situaba para no salir de viaje–

Luego de un rato de viaje el automóvil comenzó a hacer ruidos extraños, parándose a medio camino, por fortuna lograron detenerse en un descansadero. Los padres bajaron a checar el auto, auxiliados del sol, aún podía filtrar algo de luz.

– "¿Q-qué pasa hermana?" –su voz era temblorosa, al despertarse por el zumbido–

– "¡Lo qué nos faltaba! Se descompuso la camioneta. Espera aquí Seren, iré a ver en que puedo ayudar" –el auto rezumbaba gruñón, que al abrir Ruby la puerta no le escucharon, pero los cuchicheos detuvieron los pasos de la joven pelirroja–

– "Debimos decírselo antes… ¿por qué esperar hasta ahora?" –preguntó el confundido hombre–

– "Sabes cómo es ella y lo importante que es para mí e Ikuko nuestras hijas… El momento se aproxima y ella debe proteger a Usagi" –Promulgó la mujer rabiando con una pieza mecánica–

– "Pero exponerla a eso… con ese carácter que tiene, es únicamente una niña"

– "¡Demian! Qué no has visto que ya no es más una niña, está por graduarse… Ruby sabrá protegerla. Usagi no debe convertirse en Nyx" –descendió su barbilla– "¡Fue la promesa…!"

Inmiscuida en los misterios de los que hablaban sus padres, se sintió amenazada… Nyx, lo había estudiado desde muy pequeña… La diosa de la noche. Proteger a Usagi le sonaba inquietante, retornó al carro y suspiró profundo para mirar a su hermana que se encontraba dormida– "¿Eres realmente mi hermana? ¿Quién soy?" –acarició el rostro de la frágil Seren, sintiendo que el mundo se le venía encima, a decir verdad, el universo mismo–

Media hora para solucionar el problema, retomando el rumbo de su travesía, travesía que perforaba en su quietud. La pelirroja estaba tan sumida en el caló de su origen, que prefirió permanecer en un apócrifo dormitar… La lluvia cayó del cielo. Era lo que admiraba en instantes.

Rugidos secos procedieron de una vehículo que les perseguía, atravesando el estrés, los gritos, la frustración se apoderó de cada uno de los que viajaban en la camioneta, las hermanas se tomaron de la mano, agachaban la cabeza según las indicaciones de su padre al escuchar disparos. Las armas erraban, sacando chispas en el techo. El velocímetro se aventuraba a tocar la raya roja del límite… Kakio se sostenía del tablero, Damián daba giros al volante… Esa persecución y los cañonazos de las pistolas no fueron causantes del accidente… La velocidad incluida a la carretera peligrosa provocó al carro perder el control, derrapándose rápidamente a un barranco. Vuelta tras vuelta, la tierra se acomodaba en el interior a la par que los cristales detonaban… por un instante la pelirroja cerró los ojos, minutos luego estaba fuera del auto ilesa.

Las llamas se apoderaron del vehículo, estallando misceláneas ocasiones, llamas que la enclavaron en un profundo shock emocional. Ruby observó a un hombre delante de ella sus ojos fríos la observaban… grises oscuros cómo el hielo terroso.

– "¡NOOO! Mi papá… mi mamá… SEREN, ¡Sálvalos!" –gritó, gritó hasta que sus pulmones se quedaron sin fuerzas, Lloró al punto de que sus lagrimales no produjeron llanto– "Seré doctora… ¡puedo atenderlos!"

– "No es el momento Exail, te regresaré a la universidad, no recordarás nada de los Astron… Lo siento por ellos Exail, es necesario que te cubramos por un tiempo…"

Ese fue el término de sus recuerdos con su familia, disponiéndola después en casos contrarios a su responsabilidad de representante de la Familia Crimson. La única sobreviviente del accidente. Bellum aprovechó el acontecimiento a su favor planeando el ingreso de una asalariada Asesina. Decían que una de las hijas de Damián Crimson había sobrevivido, esa duda la tomó entre sus manos.

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– "Se que todo suena fuera de lugar, Reina mía… Los sacrificios deben hacerse por el bienestar del Universo ¿Lo comprende?"

– "¡Déjame sola!" –gimió inconforme, apretando los anteojos a su pecho, aquellos que se deshicieron en cenizas, las favilas de sus memorias–

–––*

Los letreros luminosos parpadeaban sincronizados, haciendo promoción al nuevo filme de la semana. En el cielo se proyectaban pálidas las estrellas al ser cubierta por la masa de nubes que ennegrecían. Enfadada por la película desplazaba sus pasos en son pesado, a pesar de que sus tenis le calzaban ligeros, aunque la trama le resultaba un chasco, otro asunto le acontecía incómodo.

– "¡Va!" –resopló un fuego– "¿Quién cree en los viajes en el tiempo? Es el gobierno que maniobra a los productores para poner esa sarta de boberías y distraer a la gente"

– "Uno…"–suspiró el joven de ojos verdes, en el pensamiento 'si supieras'

– "Es que la gente siempre busca en el más allá, cuando ni siquiera comprenden nuestro planeta, quieren la grandeza iniciándolo por ellos mismos, mientras la cúspide de la pirámide económica es tan pequeña. Montonal de gente muriendo de hambre, buscando empleo, robando… mientras otros pocos viven en la cima, realizando gastos innecesarios; Carros lujosos, que realmente tienen la misma funcionalidad que uno económico, joyas para adornar sus cuerpos vacios" –se extendía en la mera reclamación social, era el mismo caos que exponía cada vez que conversaba, su boca realizaba gestos de desagrado, pues aquellos lentes negros ocultaban sus ventanales y sepa Dios, como realmente eran y qué decir de su cabello, tan calva que brillaba a la luz del sol–

– "Te quejas tanto de la falsedad… de la injusticia social, política, genero… Pero siempre ocultas tu cara con esas gafas negras" –repugnó Sigvard, él que había intentado el descubrimiento de mirar sus ventanales, que lo mantenía hermético en New York–

– la chica sonrió, que insistente se volvía con ese tema tan bofo– "Enserio te gustaría mirarme a los ojos, ¡Bonito! Un burgués de tú clase pretendiendo establecerse junto a nosotros, ¿acaso esa es tu única necedad para permanecer con los seis?"

– "¡No!" –para Sigvard le era difícil comprender que alguna dama lo tratara como un amigo… Sus trucos de enamoramiento se acababan, los obsequios, las poses sugerentes, las charlas, las caricias, las invitaciones y un montonal de su artillería pesada serbia para nada. Para el príncipe de Melodiam se convertía en un reto. Luego sus pensamientos viajaron a una de las chicas de las que se había enamorado, se ruborizó instantáneamente, sí hubiera tenido la oportunidad de demostrarle lo que sentía–

– "Te quedaste callado… ¡vaya! Aún piensas en tu novia… ¿cómo era que se llamaba?

¿Zereth?" – inició a cambiar el tema al buscar en su bolsa hecha de material reciclable–

–aspiró subterráneo, tragando los lamentos que producía su corazón– "Novia… Sabes… me hubiera gustado tener esa oportunidad" –cerró sus ojos y respingo la cara al cielo, dejando que el viento trapaceara en su cara– "Nunca sabes lo que tienes hasta que lo ves perdido… Pero esta ocasión, tomare la ventaja"

El callejón para llegar a la 'Baticueva' como llamaba cariñosamente tres al cuartel secreto dónde vivían; un departamento de tamaño mediano, de temple sereno y sin lujos, cubierto por mueblería reconsiderada o reconstruida. Tenían escasas luminarias que parpadeaban, debido a su mala condición, concentradores de basura, cajas desordenadas, una que otra alimaña; ratas, gatos, perros y cucarachas. En ese lugar vendría a destaparse el místico secreto que envolvía a la recóndita joven. Sigvard sintió un jalón fuerte, cuando los cañones de armas con silenciadores iniciaron sus disparos.

– "¡Malditos!" –murmuro Uno al castaño claro, escondida después de un contenedor–

– "¿Qué pasa?" –la miraba sacar de su pantorrilla unos revólveres viejos, estaba asombrado–

– "¡Esos hijos de perra!" –sonrió al detonar sus 'juguetitos'– "¿Sabes qué pasa cuando estás en contra del sistema? ¡Vienen a Joderte!" –los casquillos campaneaban en el suelo, el humo salía de sus pistoletes– "¡Demonios!" –miraba una y otra vez, en ráfagas a Sigvard, estaba exponiéndolo…– "Tenemos que correr. ¿De acuerdo?"

– "¿Porqué?"–pensaba en acabar con ello al ver que se distrajera Uno, esencialmente para que ella no notara su cualidad–

– "Ellos traen automáticas y a mí…"– lo aló de la camisa para ponerlo frente a ella y protegerlo de los agresores que estaban atrás, usando de distracción y esquivo el cumulo de objetos circundantes del callejón–

Parecía que el solaz de manifestaciones resultaba. Cuando alcanzaron a llegar a un edificio baldío.

– "¡Bonito! Falta mucho para amanecer… pero aquí estaremo…"–un ¡Diuf! se escuchó en la escena. Uno caía entre los escombros y vidrios de la dichosa construcción en ruinas. Un disparo escurrido en su cavidad estomacal, tendiéndola al piso–

– "¡¡UNO!!" –Gritó espantado–

– "También estás con ella… Así que morirás, nos encargaremos que esto parezca un altercado de amantes" –dijo un agente encubierto, con un gabardina de lana y guantes de cuero–

– "¡JA!" –sonrió Sigvard– "Inténtalo…"

–––*

Una guerra campal se desarrollaba en la cocina de la casa Tsukino, la madre de Usagi se había puesto a preparar la cena desde temprano, la manera perfecta para enfocar lejos de ella sus perturbadores pensamientos. Atolondrada buscó en la alacena un ingrediente de la salsa secreta, que solía preparar, tras la bolsa del condimento estaba 'eso' veinte años sin verlo… veinte enterrándolo en su memoria cómo la caja negra de su closet. Tragó saliva, al observar el objeto, enchufado en la bolsita del sazonador, se estremeció…

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Era el final de la batalla, miraba a Marama a su lado cuando ella estaba sometida al cansancio...

– "¡Serenity!"–dedicó una sonrisa a la reina de la luna, al saberla sana y salva–

– "¿He podido… derrotarlo?" –cuestionaba asustada, temblando y exprimiendo lagrimas de felicidad–

– "¡Lo has hecho hermana!" –exclamó una mujer, que trotaba al lado de un joven, en el mero procurar del estado de la reina–

– "Aún no puedo creerlo… pensé que estás cosas eran de películas" –llevándose las manos a la coronilla demostraba su escepticismo cortado con los hechos–

– "Pues estoy igual que tú, Damián. ¡Protectores de la princesa de la luna! ¡Oye Kenji! De ahora en adelante tendré más respeto por el reencarnado Marama" –le sonrió divertida–

– "¡¿Kakio?!" –se rascó la cabeza, escuchando el beneficio que le proporcionaba con Kakio ser un Rey vuelto a la vida. Algo extraño le envolvió al ver a su novia mirar al horizonte– "¿Qué ocurre Ikuko?"

– "¡Bellum, Jean, Jeon yi!…" –señaló la chica al contorno, observando a un rubio, una castaña y a un pequeñín moreno oscuro, que llevaban consigo un par de bultos pequeños– "¡Están vivos!"

El chico, de quizá tres o cuatro años, atravesó el campo y los miró a todos– "Los rescaté… ¡Rescaté a nuestros enemigos!"

– "¿Ahora son bebes?" –sonrió la hermana mayor de Ikuko, tomando el bulto de las espaldas del chico– "Volverá a ser…"

– "No, no… Si Exail tiene una buena familia Señora Crimson" –contempló a Kakio junto a su esposo que estaban fascinados haciéndole cariñitos al querubín pelirrojo, Bellum era un chico pequeñito, adempero sus palabras siempre fueron de un adulto, lo que resultaba gracioso para los cuatro– "¡Cuídenla! Como a su hija, Cuando llegue el momento podrá proteger a Serena"

Hija… esa palabra fue música para sus oídos, pues la pareja Astron estaba pasando por una mala racha de tener un hijo.

–"Nosotros cuidaremos de Arian" –Sonrió malvadamente, al abrazar a la chica coreana–

– "¡Wa! Soltarme…Baka!" –se intentó zafar de aquel abrazo, insultándolo con mal Japonés–

– "Jean, mi nombre es Jean, ¡Mon amour!" –se aproximó al rostro de la mujer, mirada de francés quisquilloso– "¿Ya olvidaste tu confesión… adentro de la cueva…?

–"Ver… ser un Baka, ¡ser Jeon Yi! –evadiendo el tema provocó las risas entre el grupo de guerreros–

– "El futuro lo dice, lo he visto en mis predicciones… La descendiente de Serenity vendrá con la marca de la Luna, será llenada en Lotos oscuros, un vientre sangrando. La purificadora del universo, con la estrella tornasol de la noche" –Bellum irrumpió las sonrisas– "Jera, en ese Santuario se localiza aquella que pedirá a ustedes sus poderes a cambio de poner a salvo a sus hijos" –mostró la pulsera que llevaba en su muñeca– "¡Es una promesa! Yo me encargare de la niña celestial y ustedes harán su parte"

Tal como lo dijo Bellum, las cosas fueron pasando. Dieron a canje sus poderes. Exail fue nombrada Ruby, Cuidada por los Crimson, Damian y Kakio. A Arian lo nombraron como André, protegido por los Labeau, Jean y Jeon Yi. Ambos huyeron de sus familias ambiciosas, en la vigilia de los guardianes del Universo; Unos que fueron crueles y despiadados sembrando el terror en el planeta Tierra, en las épocas de su juventud…

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– miró seriamente la pulsera, ¿habría terminado todo? El informe que recibió del joven Bellum habrá sido correcto– "¡Chicos!"

– "¡Mamá! Los invitados han llegado…"–Kenji encajó sus ojos al objeto que poseía Ikuko– "¿Dónde lo encontraste?"

– "En la alacena… ¿todo vuelve? Tengo… tengo miedo Kenji" –se abrazó a su esposo, temblando– "No quiero que la historia se repita"

– "¡Ikuko!, Ten fe, confía en Usagi y en Seiya"

–––*

*** Cuatro jóvenes de ropas extrañas, viajaban con la esperanza de poder cambiar el dolor de su futuro, en el dolor de la soledad eterna.

La anciana les mencionó que aquel fulgor no podía existir fuera de los límites de su duración. Al llegar a un pequeño planeta llamado Lexus fueron aclamados como los guardianes de Nyx. El mayor de cabellos rubios y ojos azules, se llamaba Bryan, el siguiente, con grandes rasgos femeninos, de pelo verde y ojos cafés claro, Antonio. El de tez canela Nazim, por último el más joven de cabellera cana, Ulises, enfrentándose a los elogios de la gente que disfrutaba de aquellos emisarios de la protección del universo.

Los cuatro hombres fueron presentados al Príncipe de esas tierras. Un joven llamado Aither, de cabellos carmín, estirpe respetable, sonrisa perfecta y profundos ojos azul gris.

–"¡Bien venidos sean al planeta de la Luz… Lexus!. He escuchado que son los guardianes de Nyx, Los de la profecía de Orfeo. Estamos pasando por una situación muy complicada en el universo. Los cristales del palacio de Lexus se marchitan, muy lentamente… ¿Qué podemos hacer para que Nyx nos complazca con su bendición?" –sostuvo el príncipe–

– "Su majestad" –Bryan, como sus compañeros se arrodillaban ante la majestad de majestades, con la mirada al piso– "La respuesta está en la esperanza, una estrella de cinco picos, que brilla tornasol"

– "¿Estrella?" –arrugó el entrecejo, acariciando su barbilla–"¡Explícate, hombre!"

Antonio tomó la palabra– "Mi señor… hablamos de una doncella que es Nyx, podríamos…"

– "¡Eso es una crueldad!…" –expresó Aither levantándose furioso de su trono–

Nazim elevó su cara y sin temor surcó los ojos de la alteza– "Calmará a Éter"

El pelirrojo se acomodo en su silla imperial, analizando cada palabra– "¿De dónde sacaremos a esa chica, en el inmenso Universo?"

– "Dice las pronósticos que esa Damisela, es princesa de una luna plateada…"–Ulises se remontó a lo que en sus investigaciones del pasado habían interpretado–

– "¿Creen que con eso será suficiente? Necesito más información, saben cuantas lunas plateadas… hay en el universo…"–sonrió divertido ante los caballeros que estaban frente a él–

– "Es de cualidades múltiples, con un resplandor maravilloso" –Nazim sacó de sus bolsillos un artefacto electrónico– "Responde a este medidor de auras, que llamamos Aurómetro"

– "Pediré al Rey de Reimer que lo analice y reproduzca… en su base de datos debe estar las posibles candidatas" –a pesar de todo lo que en los guardianes de Nyx indicaba su designio… Aither no sentía completa seguridad de ellos– "Por lo pronto deben estar casados de su viaje"

Los caballeros iniciaron su búsqueda, tras largos dos años pudieron dar con las candidatas, chicas que provenían de diversas partes del universo.

–"¡Dioses Galácticos!" –se despertó una muchachita rubia, gritando al cerrar sus ojos– "¿Dónde estoy?"

Una adolecente de cabellos platinos observó detalladamente con desprecio a la chica, sentada a su lado derecho– "¡Qué estridente eres!"

–"Debiste golpearte la cabeza…" –apunto una peli morada, con intenso labial carmesí, a la izquierda de la vocinglera– "Es una nave de Lexus… estamos por llegar" –definitivo, esa mocosa sería un estorbo menos, Así de simple no tenía competencia con ella–

–"¡Maldición! ¡Desgraciadas Melisas!" –chillaba de rabia, atrayendo la atención de la sección del navío donde se localizaba– "Lo sabía… ¡WAAAA! ¡¿Por qué me odian tanto?!"

– "Algo le debiste haber hecho a esas hadas… Debe ser por lo escandalosa y antiestética" –desvió la mirada la chica de su derecha, las palabras que mencionó atrajeron a la bulliciosa rubia para mirarla–

– "¡Oh! ¡Por Neptuno! ¡¿Serenity?!" –se levantó lo más rápido que pudo, tambaleándose para hincarse ante ella– "¡Princesa Serenity!"

–"¡Siéntate! ¡Por piedad! ¡Me avergüenzas!" –agachaba la cabeza–

– "¡Lo que ordene su majestad!" –quedándose lo más callada que podía–

– "Así que se conocen" –carcajeó con recato la de la izquierda, muy entretenida–

– "¡Yo no la conozco!" –mencionó Serenity en total calma–

– "¡Pero yo sí!, en la Tierra es muy famosa. Es la protectora del Sistema solar… Nuestra soberana" –Decía contenta, mientras Serenity sólo suspiraba–

– "Soy la Princesa Sashi, ¿y tu chica?" –preguntó la pelimorada–

– "¡Serena!" –sonrió con dulzura acomodándose los anteojos–***

–––*

– "Hiciste bien al traerla aquí" –pronunció el chico de piel oscura, Cinco, analizando la herida de Uno, la que yacía inconsciente–

– El se conservaba algo escéptico, no tanto por la chica, si no por sus poderes… estaban extraños, al principio cuando contraataco a los acosadores todo marchaba a la perfección, enseguida, al intentar curarla habían pausado su práctica– "¡No se en que estaba pensando… debí llevarla a un hospital!"

– "¡No hace falta!" –la risueña Tres se aproximo a ella, colocando sus manos por arriba del cuerpo de Uno, iniciando la curación mágica que dejo a medias, poniendo mudo a Sigvard– "Te extraña que tus poderes estén actuando raro. Príncipe Sigvard. Es normal cuando el vórtice de Nyx esta desencadenándose. ¿Me pasas las vendas, Cinco?"

– "¿Entonces ustedes seis tiene algo que ver con…?"–alterado los observaba en racimos de perplejidad–

– Carcajeó el hombretón que depositaba las gasas en manos de Tres– "¿Seis?, te equivocas… Únicamente Tres y yo… Queríamos demostrarte la forma en que viven los seres terrestres, la forma en que piensan. No todos son iguales a Usagi Tsukino, la dulce princesa que piensa en los buenos sentimientos de las personas… A veces eso no existe."

– "¿Por qué sacan a Usagi-san en esta charla? ¿Cómo la conocen?" –los enfrentó–

– "Mira…"–terminó la curación, posponiendo el encanto de sus manos, para que la herida pareciera meramente tratada en un hospital– "Eres de los que saben leer la música, el sonido de los resplandores… fuiste tú el primero en darte cuenta de que Usagi Tsukino era la princesa que buscaban."

– "Estas diciendo qué… Usagi es Nyx…"–tembló asustado, percatándose de que Tres no terminaba la curación– "Uno continua herida, también fallan tus poderes"

– "¡No! Pero si la remedio totalmente se volverá loca. Además Uno es de los mortales que no creen en las supercherías…"–Tres enredó la lesión con agilidad– "Hablábamos de Nyx, Bien Usagi fungirá como Nyx. ¿Por qué entonces crees tú… que todos los aliados del presente, fueron enemigos en el pasado?"

– "Era una prueba para ellos de la Princesa del Universo" –se atragantó el castaño claro–

– "No precisamente para ellos, las atrajo a sí misma… Serena ha estado luchando para volverse más poderosa inconscientemente… De la simple Metalia a la poderosa Sailor Galaxia" –espetó el moreno– "La simple preparación para despertar como Nyx"

– "¡Tenemos esperanzas!" –sonrió sigvard–

– "¡No! Estamos en el inicio de la destrucción" –Afirmó la chica de cabellos lilas y ojos de similar color– "Bellum y yo sabemos que Nyx es un arma de doble filo… uno muy peligroso…"

– "¿Bellum?" –sí, ese nombre, el nombre del Rey de las Bestias y los muertos, de Titán–

–Cinco masculló una risa desde sus gruesos labios– "Habla de mí… Príncipe de Melodiam"

–––*

El reloj de la pared apuntaba a las siete y media. Ikuko se despejó de sus pensamientos pasados, la verdad tenía muchas razones para celebrar ese día. Puso una agradable sonrisa en sus labios enfocándose en terminar de ponerse los aretes de su abuela.

– "Ya llegó Usagi" –decía Kenji avisándole a su esposa–

– "¡Oh! Esa niña, ¿siempre tendrá que llegar tarde a todo?" –suspiró la mujer–

–"Luces hermosa, ¡querida!" –El hombre se acerco a ella y la basó a la mejilla– "No podría dejar de ser Serena, ¿Lo recuerdas?"

– Una sonrisilla nació de la madre de Usagi– "Desde antes de ser nuestra hija… No, no podría"

Bajaron las escaleras, Shigo platicaba con Seiya de su emocionante graduación de preparatoria. Eso iluminó la cara de la madre de la casa, en definitiva, una vida normal valía diez mil veces que ser la Reina Serenity. Para Kenji ver nuevamente ese reflejo de dulzura en su esposa acaparaba el poderío que poseía al ser Marama.

– "¡Usagi!, ¡Ni a esto puedes llegar temprano!" –escuchaba las escusas de su hija, esta vez sonriendo a lo que decía–

– "¡Oh mamá!, Es qué había mucho tráfico… " –repetía en su salvación, sin embargo había más cosas de por medio… esas cosas que estaban llegando a su cabeza, alucinaciones tristes–

– "¡Buenas noches señora Tsukino!" –Saludando cortés Seiya–

– "Bueno, bueno hoy queremos que conozcas a una persona muy especial Usagi" –Apuntó Kenji, abrazando a su señora y marcándoles el paso al comedor–

Al llegar al comedor se encontraron con una sorpresa agradable. Eran Mamoru y Ceres que terminaban de poner la mesa. Ceres cargaba una linda barriga de siete meses, cuando al paso Mamoru la regañaba por hacer actividades extenuantes.

– "¡Ceres! Eso está muy caliente, deja lo cargo yo…"–Endymion cual caballero de su dama socorría cualquier acto de su… compañera–

– "Hay no seas quisquilloso Mamoru… es sólo el plato de la sopa, Estoy Embarazada no invalida" –reafirmó con un don de mando espectacular la antigua Selene–

– "¡Ceres! ¡Mamoru!" –exclamando Usagi corrió a acariciar la crecida pancita de su mejor amiga– "¿Por qué no nos dijeron que vendrían?

– "¡Es una sorpresa Usagi!" –Ceres sonreía con alegría–

– "¿Qué se van a casar?" –enfrascó el pelinegro ojos zafiro, extrañado de el hecho de que lo hicieran público en casa de los Tsukino–

– "¡Oh! Seiya, hasta después de la cena" –conteniendo la intriga informó el otro pelinegro de reflejos terráqueos en sus ventanales pacíficos–

Entre risas y charlas mantuvieron una comilona agradable, el ambiente se prestaba para todo, incluso ponían en tela de juicio el informe y estadística de el descendiente de los Kou-Tsukino objetivo que mantuvo rojos a Seiya y a Usagi, pero prefirieron dar cuentas de esperar hasta el momento apropiado para ello.

Al concluir el festín pasaron a la sala, tomaron un té y ahí surgió el verdadero tema que les llevaba a reunirse.

– "Mira Usagi, queríamos decírtelo cuando regresaran de su Luna de Miel, pero sabemos que estuviste ocupada en la temporada de Invierno, te vimos estresada. Ahora que se te ve más animada, pues… es mejor que te plantéenos la situación" –Era el jefe de la residencia quién daba pie al alboroto de la noche–

– "Bueno, primero queremos que observes estas fotografías" –Ikuko sacó una caja negra del costado del sofá, a decir verdad todo lo tenían planeado–

Tanto Seiya como Usagi miraron los retratos, fruncieron el seño al ver a Ikuko junto a Kenji cargando un par de niñas recién nacidas, ¿gemelas? o un excelente fotomontaje, a decir verdad había una donde las pequeñas de un año estaban solas, una poseía una expresión de perspicacia y la otra de ternura, ambas de inocencia. Fue cuando Mamoru sostuvo fuertemente la mano de Ceres, la que le brotaban lágrimas chorreantes.

– "Nosotros teníamos una técnica para reconocerlas, una poseía los ojos celestes y la otra agua marina…" –El agrado de lo que venían a sus palabras fue el choque de emociones que no esperaban tanto la diseñadora de modas, como el cantante. Ikuko dio vistazos a las dos–

– "Sé que te será difícil creernos Usagi, pero pensamos que al decírselos a ti y a Shigo, se sentirían mal… Ceres es tu hermana mayor… mellizas…"–obtuvo lo que deseaba por tantos años decirle a sus hijos. Kenji Tsukino y Ikuko Murasakiro también poseían secretos, de los cuales no se imaginaban–

– "Así es mi estimada hermana conejita… Mi verdadero nombre es Sashi Tsukino, pero eso de ser conejita… ¡Amm!" –sonrió ceres, al informarle–

– "¿Có-como?" –era una pregunta de alegría, todo marchaba por buen camino. Ella y Seiya juntos. Mamoru con Ceres… que diga, Sashi. El problema del hoyo negro solucionado, Kiimsah sellado y claro la oportunidad de darle vida a Zereth. La felicidad hizo presa a ella tanto como a Seiya. Los Dioses respondían a sus plegarias–

– "Pues en mi viaje a New York, Sigvard me prometió que me diría algunas verdades de mi… pero la información estaba en los archivos de una oficina del esa ciudad. Habían cerrado el caso por falta de pruebas" –mostraba los oficios que tenía en un sobre amarillo–

–Usagi se postuló preocupada– "Pe-pero… lo que te paso…"–se cuestionaba variadas veces– "¿Tú corazón…?"

– "Digamos que Sigvard y Mirai encontraron la cura a ese problema" –Mamoru, era ahora él, que asaltaba la enfermedad que alguna vez sufrió su amada ex pelinegra sensual, tendrían tiempo luego para conversar de eso–

– "¿De que cosas hablan chicos? Ustedes siempre tan misteriosos" –Ikuko los espantó con el comentario–

– "No, nada… amigos de la banda hermana de los Three Ligths, Mamá" –respondió Usagi–

– "¡Vaya! Enemigos una vez… Cuñados en esta ocasión, La vida cambia Mamo-bruto" –rió Seiya, enfrentándose a las rarezas de la supervivencia–

– "¡Muy buen apodo Seiya!, tenías toda la razón" –a la par de la risa de su nuevo cuñado–

– "Hablando de cuñados… ¿para cuándo la boda? No quiero que mi hija se encuentre en ese estado de amasiato" –los locos lentes de Kenji, titilaron a modalidad padre regañón–

– "¿Boda? ¡Papá!" –algo enfurecida y sonrojada expresó su inconformidad la sexy chica, que a pesar de su condición no perdía el estilo sensual con un escote de su blusa–

– "Pues, lo hemos planeado por meses" –sustrajo de su saco unos sobres blancos– "Será en dos semanas y media, nos encantaría que Usagi y tú fueran nuestros padrinos de anillos…" –agregó Mamoru, extendiendo su mano, para desplazar toda molestia y enfado que hubiera de ambas partes. Seiya lo entendió rápidamente, estrechando la desplayada palma de su viejo contrincante hicieron las paces–

Un día muy extraño para la rubia princesa de la luna. Cuando terminaron aquella exposición se contó la siguiente… La que involucraba el pasado de Selene y la realidad de los hechos en el imperio lunar, Ceres recordaba escasamente lo acontecido, inclusive la lucha que tuvo con Zerethé. Algo fuera de lugar, a los pronósticos de Cerberos, al que no divisaba en su memoria.

–––*

*** Los cuatro jóvenes que habían viajado del futuro, en los finales de los tiempos, se ingeniaron nombres nuevos, en propósito de prevalecer los suyos como secreto y no ser descubiertos Bryan, era conocido como Ántrax, Antonio; Talix. Nasim; Dex y Ulises; Éldex. Con el paso de los días aprendieron muchas cosas, obteniendo poderes que nunca pensaron poseer.

Las jóvenes candidatas pasaron por millares de pruebas, bajo exanimación cuidadosa de los sabios de Reimer dejando únicamente a tres. La enemistad que pasaba por Serenity, Sashi y Serena, se convirtió en tolerancia, un requisito riguroso.

Una de esas tardes una de las candidatas paseaba al borde de la locura. Odiaba por completo el encierro que presentaba para sí el resplandeciente palacio de cristales dorados. Escuchó un siseo insistente y viró con prontitud al que lo producía.

– "¡Marama! ¿Qué haces aquí?" –le intrigó que su único amigo, al que veía cual padre la persiguiera a ese lugar–

subiendo una barda, escapaba de los guardias reales– "¡Vine a rescatarte!, Serena, te conozco… y sé lo que odias eso de la realeza"

– "¡No lo puedo creer! ¡Qué maravilla! Vamos por mis cosas" –lo ayudaba a subir radiando de felicidad–

– "Estará por ahí Serenity" –deseoso preguntó el hombre al estar al filo de los barrotes de cristal–

Lo soltó, furiosa dejándolo caer fuertemente al suelo del corredor– "¡No esperaba menos de ti! ¡ARGG! Papanatas acometido" –trotó en pose indiferente, quería golpearlo y aventarlo por donde había subido–

– "Sólo es una miradita, quiero conocerla en persona… ¡Anda Serena!" –le rogaba, al perseguirla, sobándose el duro golpe–"Luego nos vamos"

– "Dioses… ¡qué hice para merecer tanto castigo!" –chillaba a la par que él otro continuaba su réplica–

Serenity y Sashi buscaban desesperadamente a Serena, a la que localizaron echando chispas en su andanza por los pasillos.

– "¡Doncella Serena!" –expresó la de cabellera purpura– "Hay un infractor peligroso en el pala…"–miró a un hombre marcando el paso junto a la que mencionaba–

– "¡El infractor!" –Serenity se tapo la boca delicadamente cual agente de la realeza, se estremeció al tenerlo cerca–

– "¡Eres… hermosa!" –exclamó desasiéndose por la princesa de la Luna, a la que más que admirar, tenía en sus sueños platónicos de amor–

– "¡Aléjate! ¡Aléjate!" –en repulsión se manifestaba Serenity–

Las tropas llegaron rápidamente custodiando al intruso, junto a su príncipe, Aither. Serena gritaba a lo lejos que lo dejaran en paz, cosa que molesto a celos mataderos al soberano de Lexus.

Luego llamaron a las tres aspirantes colocándolas en el salón real, a un lado de ellas tratado de lo peor al pobre Marama.

– "Tienes idea de lo que hacías encubriendo a este joven… Serena" –reprochaba con furia Aither desprendiendo rencor–

– "¡Lo siento señor!" –cabizbaja recibía toda clase de regaño, pidiendo perdón al príncipe muchas veces. Razón que encendió a Marama, realmente su amiga, que veía como pequeña hermana, había cambiado demasiado–

Se desató con fuerza extrema llegando antes de lo que cualquiera pudiera atender en la sala, propiedad personal del castaño, tomó de las ropas al pelirrojo, sosteniendo una mirada rabiosa– "¡No me importa que seas el gran príncipe! Nadie trata a Serena así… Eres un enfermo al tenerla contra su voluntad"

– "Su trato de amantes no es permitido para las jóvenes candidatas" –jamás bajo su mirada de orgullo aunque aquella cualidad peculiar lo sacara de onda, ¿era posible que un simple mortal invistiera tales aptitudes? Frenó a sus guardias, para examinar más ese talento natural–

– "¡¿Amantes?! No digas impertinencias" –apretó mas el amarre, enfilándolo su rostro real al de él– "Serena es como mi hermana… ¿no sabes que es huérfana? ¿Qué la gente se burla de ella por su aspecto? ¿Lo mucho que ha sufrido? Primero pregunta…" –lo soltó lanzándolo a su trono– "¿No estarás celoso?"

la ronda de preguntas cerceno en su alma, en realidad la conocía muy poco, no sabía el dolor que cargaba en los adentros la rubia de gafas gruesas, pero la cuestión más fuerte se suscitó en la cargada última interpelación– "¿Celoso? ¿qué no la vez…? ¿Quién podría fijarse en ella? Tan escandalosa, infantil, bruta y que no entiende de razones"

punto exacto para cargar el odio de Serena, apretando duramente el puño. No lo entendía; Primero la acosaba, ahora extendía ese cruel designio– "Somos amigos… venía a visitarme, estará aquí unos días, permítalo señor" –se tragó su orgullo hincándose, maquilo muy rápido un plan, sabía que en dos días se sucintaría el gran baile, donde las darían a conocer a las majestades principales que darían su voto aprobatorio, a cualquiera de las tres. Ese baile estaría custodiado por la guardia real y tendría su oportunidad de escape al lado de Marama–

En sus ruegos y conmoviéndose por las declaraciones del entremetido, el príncipes de príncipes accedió a la petición de Serena dejando a Marama unos tres días en Lexus, para no volver jamás.

Un par de jornadas se pasaron. No obstante Marama descubría al paso de ellas la razón que mantenía a su amiga en el palacio, un motivo muy triste, pretender que un hombre de ese poder tuviera un racimo de cariño por ella… El masoquismo a flor de piel, era una tonta, en eso no se equivocaba el engreído príncipe.

– "Ya es tarde, debo regresar a mi alcoba y mi tutor Orfeo me levanta temprano" –sonrió dulcemente la joven de cabello dorado– "¡Hasta mañana Marama!"

– "¿Estás segura de lo que deseas hacer? Serena…" –se inclinaba en uno de los pilares del corredor–

– "¡Ya sabes que no me gusta esto! ¿Qué razón tendría para quedarme aquí?" – recorría la baranda del pasillo dando pasos pequeños a dirección de su cuarto–

– "Aither… te enamoraste de él… no me mientas, te conozco bien" –cruzó los brazos–"haces esto porque te lastimaron sus palabras"

– "¡Vez visiones!" –sacudió su cabeza en negación rotunda– "Nos vamos en la noche del baile, ya sabes el proceso…" –se despidió de él, a lo próximo miro a Aither, escuchando que preguntaba por ella, evitaba todo lo que podría el encuentro con él, Así que corrió lo mas presurosa que consiguió, dejando que las saladas y desconsuelas lágrimas le fluyeran en borbotones. Sus lentes se empañaron en el desconcierto de su sufrimiento que no miraba lo que venía de frente de ella, sintió un fuerte golpe, en un blando cuerpo que la tiró al suelo– "¡Perdone!"

– "No discúlpeme a mí…" –decía cálidamente, una voz de un muchacho– "Venía distraído"

sacándose los lentes, limpió los vidrios con las mangas de su blusa, para colocarlos en su rostro de nueva cuenta. El joven con el que topó era de cabellera castaña clara, al punto de verse rubia, blanco y de grandes ojos verdes, con un rostro varonil, un cuerpo atlético y porte galán– "¡Qué torpe soy!"

le ofreció su mano ayudándola a levantarse– "¡Para nada! Es usted una joven muy hermosa, tiene los ojos más bellos que haya visto" –con una dulce sonrisa sostuvo la mano de Serena– "Debe ser Serena, Aither me ha hablado mucho de usted"

Aither, otra vez… que odioso nombre para sus pobres oídos– "¿A sí? De seguro muy mal" –renegó–

– "Pues… qué podría venir de mi amigo cuando no le agrada algo… 'fuera de su alcance'" –sugestivo pensó la ultima frase– "Sigvard, Príncipe de Melodiam…"

– "¡Qué suerte! ¡Estoy maldita!" –se jalaba una de las trenzas, tratando de poner compostura en su cabello– "Además de fea torpe"

– "No piense eso… a mí parecer posee un resplandor maravillosos, su voz es música privilegiada por los Dioses… es lo que me cuenta Orfeo, estoy deseosa de escucharla en su numero el día del baile para comprobarlo"

– "JA, JA, JA… lo que dicen los tutores por conseguir votos. No señor, se va arrepentir, grazno como pato" –sonrió, sin darse cuenta de que sus mejillas escurrían un poco de lloros, dato que no paso desapercibido por el joven–

sacando un pañuelo de su pantalón, enjugo aquel rocío de la chica, la que se estremeció– "Las lágrimas no van con esos hermosos ojos y con esa cara tan cándida… Señorita" –comprendía entonces el motivo que había cautivado a su colega, el encanto primoroso del destello en esa dama, llamada Serena–

Así el día siguiente se preparaba la pantomima de promoción, Serena tenía un par de damiselas a su servicio que buscaban el perfecto vestido a su complexión, el maquillaje, los accesorios. Fue una batalla campal el ponerle todo aquello, las sirvientas reñían con ella, por el color, por los listones, por el peinado… un altercado continuo, pero quitarle los visores fue lo peor. Terminando por convencerla dieron por finalizada su obra maestra. Fue un milagro de Dioses hacerla lucir hermosa.

La música retumbaba por todo el palacio, piezas selectas. Charolas repletas de bocadillos deliciosos, flores que adornaban alrededor. Tarde como siempre llegó Serena, quién temblaba de sólo pensar en entrar como un mono vestido de seda. Su escasa visibilidad la formó a entrar despacio. ¡Otra vez!, topaba contra algo… sí que estaba Maldita. De vuelta al discurso de disculpas.

– "¡Lo siento!" –decía tragándose el rubor vergonzoso, a final de cuentas hoy se terminaba toda esa maroma de escusas–

– "Como lo suponía… eres hermosísima Serena" –repuso el joven al que le conocía ese gentil tono–

– "¡Príncipe Sigvard!" –refrescó su visión borrosa, encontrándose con la mejor sorpresa, al menos alguien que la trataba bien–

– "Sería un honor me permitiría la primera pieza, bella dama" –extendió su mano, en oronda cortesía de petición, el atractivo príncipe de ojos verdes. Cuando esto ocurrió otro joven entró en escena–

–"¡Sigavard! Vienes muy bien acompañado ¿Quién es la Diosa que te acompaña?" –sin dudarlo era el pelirrojo, acompañado por una pequeña niña pelirroja de unos seis años, ¡qué mala suerte! –

– "No fijas demencia Aither… Es Serena" –Sonrió Sigvard–

Sorprendido realizó ademanes con sus manos, para colocarlos en dos círculos que representaban anteojos. No lo podía creer– "¿Dónde tenías escondido todo eso?"

– "Con permiso de su majestad Aither, pero el Príncipe Sigvar pidió mi primer baile" –sostuvo tomando del brazo al rubio cenizo–

– "Eso si se lo permito" –se interpuso el Príncipe de Príncipes, ni que pensara que lo dejaría ponerle la mano en ella–

– "Tío, me lo prometiste… ¡Bailaríamos!" –incluyó la chiquilla–

otro con mala suerte, sería que todo lo que quería apuntaba al derrumbe… Serena no era la impar que sondeaba sí estaba maldecida o no, para Aither acontecía de la misma manera– "¡Está bien Exail, Está bien!"

En un apartado del salón cuatro pares de ojos observaban cuidadosamente. Los que se decían guardianes de Nyx. Buscando entre esas cuatro chicas la fuente de su esperanza en el desastroso final de los días… La belleza o el talento era un plato que no le importaba, realmente esperaban a que entre las candidatas que habían analizado con el Aurómetro dieran señal de ser la expectativa de una nueva era. Tontos, ingenuos poseídos por la purificación del Universo, por las malas interpretaciones de los escritos nunca se imaginaron que habían llegado a la época incorrecta y que esa noche tendrían más que a la estrella tornasol de cinco picos.

Sigvard danzó con la rubia cuatro vals, estaba fascinado con la plática mundana de la chica, se le antojaba sencilla, inocente, con una inteligencia malcriada e ingeniosa. Al iniciar la siguiente otro joven se les presentó. Un hombre de cabellos brunos de la misma forma que sus místicos vitrales opacos, Orfeo. Quien se llevó a la muchacha para danzar con ella y felicitarla por el buen trabajo que estaba haciendo, pero otro motivo lo movía, pues devoraba a la muchacha con un halito fuera de contexto, si bien era su protector, sobre actuaba en ello.

– "No me parece correcto que familiarice tanto con las majestades" –el regaño frío y corrector de siempre–

– "Conversábamos, era todo" –introdujo quejumbrosa Serena–

– "Aún así, se apreciaba otra cosa" –aclaró la garganta, para callar cualquier suspiro que su pupila realizara, disparando la siguiente orden– "Es hora de que inicien el acto de talentos, confió en plenitud de que no me decepcionará"

volcó su vista a otro lado, por ahí andaba Marama, en traje de fiesta se veía bien, pero otro detalle asaltó sus creencias, era Serenity la que danzaba con él agregando las sonrisas delicadas que sacaba de ella. Eso era nuevo– "Si, desahóguese… ya no tendrá que lidiar conmigo" –podría quitarle el beneplácito a su amigo o sería mejor escapar ella sola. La segunda opción le caía mejor, pues sin dudarlo concebía a Serenity como la madre regañona, pero justa que sentaba su cabeza y a Marama como el padre protector que defendía a capa y espada a su retoño. Aquellos pensamientos se postraban en ideales felices. Tener una familia, padres y hermanos. Hermana, era la manera en que comprendía a Sashi, la compañera de juegos y travesuras.–

paró al momento que la melodía concluyó, para arrastrarla tras el escenario– "Vayamos entonces Señorita Serena"

Sashi presentó un baile de su región, con el conmemorativo vestuario. Lo hacía perfectamente. Serenity demostró su talento al interpretar música con una arpa de hilos plateados, la sinfonía se presentaba hermosa, detallada y perfectamente interpretada. También era espectacular. Eso que importaba, el chiste se anteponía en perderse de vista. Rogaba que una pequeña canción la situara fuera de las expectativas de ser la nueva Princesa del Universo.

Entonces se paró ante el público, las piernas le temblaban, pensaba en cantar de la peor manera, a pesar de ello entre el tumulto distinguió Sigvard, él único que se portaba de maravilla con ella. ¿Cómo quedarle mal?, tomo un respiro grande la canción comenzó luego Serena. Animando al auditorio podían descifrar su voz flotando al aire, una preciosa voz divina que emergía de los cielos. Impresionados el acto terminó y ella aprovecho que el alboroto de las majestades que iniciarían a deliberar su voto para escabullirse y escapar. Salió del salón aceleradamente cuando la gente exenta al certamen se escurría a presentar sus felicitaciones a cada candidata.

Llegó a su habitación, cogió su valija y partió por el mismo lugar donde había salido Marama.

– "¿Han visto a Serena?" –preguntó inquieto Marama a Serenity que estaba a un lado de Aither–

– "¡No!, la verdad, ¿Porqué la pregunta?" –estaba extrañada por la expresión de la chica–

– "No puede ser, se irá sin mi" –emprendió la partida pero unas fuertes manos interfirieron sus propósitos–

– "Pensaban escapar… ¿Dónde está Serena?" –lo zarandeó fuertemente Aither– "¡No sabes que es peligroso!" –emprendió con sinceridad– "A estas horas en las afueras del palacio las bestias atacan"

– "¿Pe-peligroso? ¡Hay Serena! Dónde está mi nave" –le confesó–

– "¡Quédate aquí! ¡Voy por ella!"

El príncipe de príncipes partió colérico, cuantos regaños le daría a esa mocosa bruta ya lo tenía preparado, el discurso reprendedor.

Serena en cambio no pudo llegar muy lejos apenas a las puertas del palacio de cristal dorado, llorando tendido se arrojó al piso. Se preguntaba si todo valía la pena, si ella tendría un motivo para permanecer en ese lugar, si debía ser la única en perderse de la vista de los demás. El maquillaje no llenaba el vacio de su corazón, ni las ropas finas cubrían el frío que gobernaba en su alma. Se sintió desierta, dando pasos fuera del ambiente que protegía el reinado de Lexus… Era todo o nada y nada era preferible al castigo de permanecer fuera de sus posibilidades.

Cuando apenas se introducía en los bosques quejumbrosos del planeta de la luz, sintió miedo, cualquier ruido que provenía de los troncos la asustaba. Sin entender el cómo ya estaba rodeada por bestias abismales, que encendían sus ojos rabiosos en rojo fluorescente, gruñían sin piedad dispuestas a atacar. Una de ellas no perdió la oportunidad cerrando los ojos fuertemente de desconectó del mundo… escuchaba murmullos profundos. Algo se encendió en su interior un brillo de neón el miedo se separó de su cuerpo… Cuando abrió los ojos miraba a las bestias tendidas en el suelo, una decapitadas otras desmembradas, el cielo acumulado por nubes negras que precipitaban una gruesa lluvia y a Aither observarla temblando del miedo.***

–––*

Una semana luego de la revelación de los padres de Usagi. En New York.

Sigvard se revolvía una y otra vez en su cama, todo cuanto el par le decía tronaba como relámpagos en sus pensamientos. Entonces se paró del colchón, dispuesto a tomar aire fresco con el propósito de aclaras sus pensamientos. En el balcón del departamento estaba la chica calva, aún estaba delicada. En un sillón estaba sentada, Uno. La ingenua que no se daba cuenta de todo lo que la rodeaba

– "¿Qué haces levantada a estas horas…?" –cuestionó el príncipe, pero al llegar frente a ella entendió el por qué de no responderle, estaba dormida. La curiosidad le entró, pensaba en quitarle los anteojos negros. Lentamente y con cuidado lo realizó, sus pestañas largas y oscuras, la luna le permitía darse cuenta que junto aquella había rastros de pliegues de piel, cuales marcas de heridas con un acido. Él comprendió qué quizá su mirada escondía marcas inhumanas de alguna guerrilla o venganza. Pero esa cara le resultaba muy hermosa, había aprendido a enamorarse nuevamente. Cerro sus ojos con la idea de despertar a la bella durmiente de un beso, bajo la luz del astro lunar… luego sintió un dedo que se colocaba tiernamente en sus labios–

– "Lo siento… pero no me gustan los hombres" –esa no era precisamente la voz de ella, más bien sonaba a una muy profunda y masculina–

– Sigvard abrió sus esmeraldas encontrándose a un muchacho con una sudadera con capucha que cubría su rostro, añadiendo la luz difusa que expelía la luna– "¿Qué?" –Uno estaba a un lado, del chico– "¿Quién eres?"

– "Ten cuidado con la propiedad ajena..." –tomó cuidadosamente la mano de la muchacha, enseñándole el anillo que portaba, un aro de matrimonio– "Soy Seis… el consorte de Uno. Para la próxima piensa dos veces antes de intentar algo con mi esposa…"–se distinguió su sonrisa. Se giró y la tomó en brazos– "Los burgueses piensan que por tener poder y dinero pueden conseguir los que desean…"

El espectáculo lo sacó de orbita, una risa tonta se presentó en él, cuando las dos figuras desaparecer en la oscuridad del departamento, se reclinó en el sofá del balcón mirando a la Luna. Los chuscos que ofrecía la vida…

–––*

– "¡Orfeo!" –exclamó en el sauce del dolor. Lamento que apedreaba a su pobre ánimo–

la guerra salvaje que alguna vez se tuvieron, Serena y Aither, transmutaba en el amor puro que con el paso del acaecimiento de luchas, el encuentro de la princesa Nyx se potenciaba en la verdad y la salvación del universo– "Existen dos grandes tragedias en la vida; no conseguir lo que quieres y la otra es conseguirlo de la forma que no esperas..." –miró a Seren, como solía llamarla, a lo lejos mientras caminaba por el piso de mármol que llevaba a la entrada, agachando su testa, intentando retomar la cordura y un poco de su orgullo–

Pero algo andaba mal, en Serena, las voces la atacaban nuevamente, gimió con fuerza pidiendo que se callaran, que la dejaran en paz… Fue ahí que su cabello rubio se amorato y aquellos hermosos celestes exhibían un purpureo noche envueltos en oscuridad, se perdió por completo, pero esa reacción se ubico de similar manera en Aither descolorando su cabellera al blanco total y sus seductores ojos tornaban dóciles en hermoso blanco nievo.

Ambas miradas estrechaban un conflicto y no eran ellos…

–"Nos volvemos a ver las cara Éter… No dejaré que bebas de mi sangre y comas de mi cuerpo" –mencionó orgullosa–

– "Es lo que debo hacer para acabar contigo… Nyx" –temblaba en la sentencia–

– "Pues veremos quién es más fuerte. Tú o Yo" –Nyx se destemplaba de toda piedad–

Las energías habían llegado a las majestades del palacio. Serenity salió junto a Marama, Sigvard y Sashi del palacio, trascurriendo la senda de antes que los demás, pues Marama había analizado bien los pasadizos secretos del castillo de cristal, aquel que en los extremos poseía pilares que formaban una estrella de cinco picos, dejando encerrados a los demás. Fue en esa ocasión que el planeta se llenaba de oscuridad y los hermosos cuarzos dorados que formaban el palacio se tiñeron de negro.

Cuando Serenity y los demás habían llegado, Aither, transformado en Éter tenía en el piso a Orfeo, con la cabeza a metros de distancia de su cuerpo. A lo que Serena, Nyx, Gritaba que no permitiría que él bebiera su sangre y comiera de su cuerpo.

Lo estaban intuyendo… Sigvard y Sashi corrieron para detener a ambos, pero corrieron la peor suerte al ser asesinados en el altercado… Al desplazar esas energías voraces Marama no perdió de vista a Serenity cubriéndola con su cuerpo. Éter se mostró ofensivo la tenía en sus manos, pero no podía destruirla, cuando sus sentimientos hacia ella eran de amor… muy en cambio los de Nyx… quién tomando ventaja de eso fingió calmarse y cuando pudo establecer la confianza cogió uno de los puñales que cargaba Aither a su costado y lo apuñalo hasta el cansancio, matando su cuerpo material. Serenity contemplaba el cuadro con horror, llorando al temblar. Marama usaba su fuerza para confortarla.

– "Todos juegan con nosotros… los siguientes serán ustedes" –señaló a los guardianes de Nyx que por asares de su huida llagaban para enfrentar ese poder y habían escuchado aquella declaración de beber y comer de ella–

Pero Serenity se lanzó a ella abrazándola con fuerza, rogándole que respondiera, recibió algunas cortadas de las rocas que elevababan, ella no desistió la hacer brillar su Luna dorada que prendía en su frente. Una luz que la volvió en sí… Serena diviso todo cuanto había hecho y en sus memorias permanecían frescas las atrocidades de sus actos. Sus ojos inundaron de dolor y tristeza haciendo que de ellos brotara un cristal… un cristal plateado… que colocó en las manos de Serenity.

– "Este cristal los protegerá de la maldad… Serenity, úsalo sabiamente, en dos generaciones volveré… y puede que Éter no dé marcha atrás a sus intenciones" –camino como zombi al cuerpo de Aither, miró por última vez a Marama– "Gracias por ser mi amigo…"–sonrió y con el puñal aún en mano se lo clavó en el corazón–

Así concluyó la primera encarnación de Nyx y Éter, la lucha que se anunciaba en dos generaciones la colisión entre la luz y la oscuridad.

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– "Las personas siempre buscan afuera lo que hay adentro… ¡Pobres mortales!, perennemente indagando en el pasado... en el postremo futuro... Pero nunca en el final" –agregó la dama encubierta, la que en cada vocablo transfería el pesar, dejando en la anécdota un turbio sopor de poca esperanza entre Havardur y Setsuna– "Cada intento por salvar lo insalvable une más el circulo y lo deja continuar… ¿Aún quieren su deseo?"

Ten cuidado con lo que deseas, ten cuidado con la fragilidad, que algún día puede volverse en su contra. Fue el refrán al que se enfrentaban con el turbio efecto mariposa que desataba un Dejá Vu en las Dimensiones.

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¿Ahora qué sucederá?

Las demás preguntas se las dejó a ustedes….

No se pierdan el próximo capítulo… (Muchachas premiadas… comuníquese conmigo)

-Si no entendieron algo pregunten ^..^

Siento no dejarles contestación… pero nuevamente son las cinco de la madrugada TT,TT y mañana tengo trabajo… ..

***Prometo responder tus preguntas serenity2202 por msn. O mensaje privado por el foro de SM.***

Muchísimas gracias por sus excelentes Revs a !!

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