Muy bien! Nuevo capítulo! Espero lo disfruten.

Nutty-chan/MonkeyDKat: Tu opinión de Kaizoku Satsujin es muy, cómo decirlo, convincente jajajaja A mi también me cae mal, pero en realidad estamos (digo estamos porque con mi marido ya tenemos una especie de sociedad para este fic) pensando mucho en él para lograr un buen personaje, si malvado, pero por el hecho de ser malo no tiene que ser un mal personaje. Ya verás más de Sora en este capítulo y podrás tener una opinión un poco más formada sobre él. Y tienes razón sobre Umi, ella es muy ingenua, pero me gusta el personaje, me encanta escribirlo. Muchas gracias por siempre estar ahí. Y espero con ansias tu siguiente capítulo de review! Jajajajaja

Candy-chan: El personaje de Kaizoku Satsujin, como le dije a Nutty, es un personaje que intentamos pensar mucho, para lograr un buen resultado. Espero que les desagrade tanto que les haga hervir la sangre, porque eso quiere decir que logramos un buen malvado. Tu comparación con el chocolate amargo y Darth Vader fue de lo más graciosa, aún me río jajajajaja Y creo que tienes razón respecto a eso, Satsujin es un personaje muy oscuro y sombrío, ya veremos más sobre él. Los celos y la desconfianza de Ryu son notables, o al menos lo que parecen ser celos, pero es lógico, ¿quién se fiaría de buenas a primeras de un tipo que recién conocés dentro del barco de los que te capturaron? ¡Solamente Umi! O Luffy, en su defecto. jajajaja Respecto a Luffy, creo que no puedo decirte nada aún, tendrás esa intriga carcomiéndote hasta algún momento en que se confirme si vive o está muerto muejejejejeje a veces creo que soy muy mala xD Muchísimas gracias por estar ahi, por confiar en que esta historia seguirá gustando y por sobre todas las cosas, por leer y cometar. Nos vemos!


Después de ver la espalda de Ryu alejándose y sentir que cerraban la trampilla, se dejó caer de rodillas sobre la madera. ¿Qué estaba sucediendo? Levantó la vista y vio a Sora. Su rostro era de dolor y terror. El cabello cubría gran parte de su cara y estaba pegado a sus mejillas y su frente debido al sudor y las lágrimas. El estado del chico hacía que se le revolvieran las tripas y se le llenara el pecho de una molestia insoportable. Se acercó a la reja, pegándose lo más que pudo. Las lágrimas salían de los ojos de su nuevo nakama copiosamente.

− Oi, Sora − lo llamó, pero él simplemente continuaba en ese shock. − ¡Sora! − el chico enfocó sus ojos en los de Umi, reaccionando levemente. − ¿Estás bien? − preguntó. Pero él no dijo nada ni se movió un milímetro. − ¿Qué te hicieron? − comenzaba a desesperarse por el estado en el que se encontraba su compañero. − ¡Sora! ¡Contesta! − gritó. El moreno pareció despertar y agitó su cabeza hacia ambos lados.

Sentía las lágrimas recorrer sus mejillas y caer al suelo. Podía ver a Umi borrosa, detrás de las rejas, aferrada a los barrotes. Parecía hablarle. El dolor en su brazo era indescriptible. ¿Cómo había dejado que sucediera todo eso? Aún podía sentir los ojos de Ryu clavándose en él. Lo había sentido, sabía que estaba rabioso y que no confiaba en él. Sin embargo, Umi lo defendió. Arriesgó todo por él, gritándole al jefe. Movió la cabeza para reaccionar y la vio nítidamente. Estaba ahí dentro, seria, mirándolo preocupada.

− Al fin reaccionas − soltó. − Acércate

− No − contestó él. − No quiero que por mi culpa vuelvan a

− ¡Cállate! − gritó, molesta. − ¡¿Eres idiota o qué?! ¡Tú eres mi nakama! Nada de esto sucedió por culpa tuya

− Pero ellos

− ¡Nada! ¿Puedes decirme qué te sucedió? Pareces dolorido

− Es mi brazo − contestó. − El codo está dislocado − sabía lo que estaba sucediendo, o al menos lo intuía.

− ¿Y ahora qué hacemos? − el rostro confuso de Umi asustó un poco a Sora. Pero tomó coraje, infló sus pulmones y se mordió el labio con todas sus fuerzas. Cerró los ojos y de un rápido y certero movimiento, puso el codo en su lugar ayudándose con el suelo. Las lágrimas caían. Umi ahogó un grito en su garganta y apretó sus dientes.

− Ya − la voz no le salía. − Ya está

− Ven, acércate − pidió ella, pero él negó.

− Si me acerco al kairuoseki, me dolerá aún más − dijo. Umi arqueó una ceja.

− ¿Qué mierdas es el kairouseki?


La celda en la que estaba Ryu era muy diferente a la de Umi. Era una pequeña habitación, con una cama, una mesa de noche, una silla y una ventana desde la que se podía ver el exterior. Ya estaban en altamar. Habrían pasado unas tres o cuatro horas desde que lo encerraron y ya no podía parar de pensar. Realmente estaban en serios problemas y lo peor del caso era que Nami no estaba enterada de nada. Golpeó el colchón con impotencia. Su padre estaría decepcionado de él. No había hecho nada, absolutamente nada por defenderse ni por sacar de allí a Umi.

Es que soy tu capitana y debo protegerte

Las palabras de Umi se repetían una y otra vez en su cabeza. Esa loca idea de ser piratas comenzaba a llenar su corazón y su mente con ridículos sueños imposibles. Y justamente era eso lo que había hecho que dejara que se metieran en esa situación.

− Estúpido − se dijo a si mismo, apretando sus puños. Estaba recostado en esa inmunda cama, mirando el techo desde hacía tiempo y sabía que sería contraproducente.

Primero había intentado entrenar un poco, pero sólo había logrado hacer unas cuantas flexiones. Luego, se sentó en posición de loto para lograr meditar, pero tampoco había dado resultado. Todo lo que llenaba su mente eran las malditas palabras de Umi, que se apilaban y se escurrían en su cabeza como si realmente él creyera en esos cuentos de niños.

No se podía ser pirata.

Zoro estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas y sus manos sobre sus rodillas. Respiraba profundamente. Se veía tranquilo. Su apariencia había cambiado poco en los quince años que pasaron desde el incidente. El agua del estanque era limpia y podían observarse los peces nadando. Las flores eran de varios colores y pintaban el césped perfectamente cuidado. Más lejos podía verse la entrada trasera al dojo. Era un lugar amplio y cuidado, donde el aire parecía más limpio que en el resto del mundo. El espadachín llevaba un hakama azul oscuro y su kimono abierto, dejando a la vista sus muy bien formados pectorales. El abdomen estaba cubierto por su infaltable haramaki.

Delante de él, del otro lado del estanque, se hallaba Ryu. Estaba sentado en la misma posición que su padre. Llevaba unos pantalones negros, arremangados hasta la mitad de la pierna y el torso desnudo. Pero, a diferencia de Zoro, él no estaba meditando. Simplemente no podía hacerlo porque una fuerza inexplicable lo llevaba a abrir uno de sus ojos y espiar a su padre.

Deja de hacer eso − la voz dura de Zoro se escuchó, provocando una reacción rápida en su hijo, que cerró herméticamente sus ojos. Pero, su respiración se agitó. − ¿Por qué me estás mirando tanto? − preguntó, aún con los ojos cerrados.

No es nada − contestó Ryu, mintiendo muy mal. Zoro abrió su ojo sano y arqueó la ceja de su ojo cortado. El joven abrió los ojos, con resignación. No podía mentirle a su padre.

Suéltalo − ordenó Zoro.

Muchas veces me has dicho que ser pirata es ser libre − a Zoro no le gustaba el tono ilusionado con el que Ryu había pronunciado la palabra pirata. − Me enseñaste a luchar, a perseverar, a estar siempre alerta. También a mantenerme sereno, meditar y entrenar − el joven mantenía su vista en el ojo de su padre sin titubear, a pesar de que notaba la molestia que sentía Zoro. − También me dijiste que todo lo que yo debía aprender de ti era esto − tragó saliva. − Y que siempre siga mi camino, para cumplir mis sueños − el peliverde asintió levemente. − ¿Y si mi sueño es ser libre? ¿Qué hago entonces, padre? − la pregunta era sincera y parecía pensada desde hacía bastante tiempo. Zoro no sabía qué contestarle exactamente. Para ser libre, debía ser pirata. No conocía ninguna otra forma para serlo realmente. Apretó sus rodillas.

No puedes ser pirata − las palabras dolían. Esas palabras dolían mucho más de lo que podría haber pensado, mucho más de cualquiera de las heridas que tenía en su cuerpo. − Porque los piratas ya no existen − cerró los ojos y no habló más durante muchas horas.

¿Por qué Zoro había dicho aquello? Era cierto que ser pirata en ese momento era una locura, pero si perseguir su sueño significaba romper esa regla absurda, él debía hacerlo. Después de todo, fue el mismo Zoro el que le enseñó aquello. Se sentó violentamente en la cama y miró por la ventana. Se podía ver el mar. El inmenso e interesante océano. Sonrió de lado. Umi había logrado despertar en él esos viejos sueños de niño.

Ser pirata significa ser libre

Él mismo había dicho esas palabras hacía muy poco. Y se las había dicho a Umi. Pensar que tantas veces escuchó de la boca de su padre esas mismas palabras. ¿Qué había sucedido para que Zoro cambiara tanto de parecer? Apretó las sábanas entre sus manos con furia. Estaba mezclando todo en su cabeza en vez de pensar en cómo iban a salir de allí. Estaban separados y no tenían forma de comunicarse y para colmo de males nadie había ido a verlo en ese tiempo.


El jefe se encontraba nuevamente en la misma posición que antes dentro de su oficina. Se sentía incómodo, pero no le quedaba otra alternativa. Lo invadía un miedo ancestral al saberse en presencia de ese hombre.

− Estaremos en el Cuartel General pasado mañana al amanecer − informó. Miraba el respaldo de su sillón con una mezcla de rabia y temor.

− ¿Cuartel General? − preguntó la voz amable del hombre. − No, no − negó y la espalda del jefe se heló.

− ¿No? − se atrevió a preguntar.

− Iremos a Marski Cort − pronunciar el nombre de esa isla le dejaba un gusto dulce en la boca. El jefe abrió los ojos desmesuradamente.

− Pero, señor − iba a protestar.

− Dije que iremos a Marski Cort − insistió con un tono helado. − Y tráigame un Den Den Mushi, por favor − volvió a su tono amable de antes.

− Si, señor − asintió el jefe. Pero, antes de que se retire para dar la orden de cambiar el curso y hacer que alguien le lleve lo que pidió, se detuvo nuevamente.

− ¿Tienen alguna cámara fotográfica en el barco? − preguntó, poniéndose de pie junto a la ventana, sin voltear. El jefe pudo ver su cabellera plateada brillando al contra luz. Llevaba un traje blanco y una camisa celeste, de la que sólo podía verse el cuello. Llevó sus brazos a su espalda y entrelazó sus manos detrás, admirando el paisaje marino.

− Si hay una, señor. ¿Desea que se la acerque? − preguntó, extrañado. ¿Para qué querría una cámara fotográfica en ese momento?

− Quisiera que tomaran una fotografía a cada prisionero, por favor − pidió con el mismo tono amable, que helaba la sangre del jefe. − Las quiero cuanto antes sobre mi escritorio − volteó levemente la cabeza y el jefe pudo ver una perfecta sonrisa que decoraba su blanca piel.


Ryu se puso alerta al escuchar que alguien entraba a la habitación. Podía saber que había alguien incluso sin que se hubiera abierto la puerta. Afinó sus sentidos, pero no pudo deducir de quién se trataba. Apretó los dientes. Se había vuelto a acostar en la cama, boca arriba. Tenía una rodilla flexionada y los brazos detrás de la cabeza.

− Roronoa san − escuchó un susurro, pero aunque fuera apenas audible, supo a quién le pertenecía. Gruñó con bronca.

− Vete de aquí si no quieres que te mate − espetó. El sujeto dio varios pasos hacia atrás, pero no se fue.

− Umi san le manda un mensaje − dijo rápidamente en el mismo tono que usó antes. Ryu abrió los ojos que estaba manteniendo cerrados.

− ¿Qué? − no estaba seguro de si creerle o no, pero no perdía nada escuchándolo.

Ve a ver a Ryu − los ojos de Umi eran grandes y brillantes. − Dile que no le perdonaré que haya desobedecido mis órdenes − se cruzó de brazos con infantilidad. − Que espere tranquilo allí, que si alguien se atreviera a hacerle algo le patearé el culo − cerró los ojos un momento y sacó aire por la nariz, haciendo ruido. − Para cuando lleguemos a algún puerto, quiero escuchar el plan que tiene en mente

Ryu soltó una estruendosa carcajada que asustó a Sora. ¿Qué demonios le sucedía a ese espadachín? Luego de unos segundos de risa, se incorporó y miró al chico cocinero a los ojos. Pestañeó un par de veces. Sonrió.

− Dile que por supuesto − puso su puño delante de su rostro, señalando que estaba preparado para la acción. − Haré lo que diga mi capitana


*Marski Cort: Infierno marino


¿Y ahora? ¿Tienen más preguntas sobre Satsujin? ¿Ya pudieron formar una idea más clara sobre Sora? ¿Qué opinan sobre la actitud de Ryu? Sé que claramente Zoro no habría actuado cómo él lo hizo y eso es la principal diferencia entre padre e hijo, Ryu es más pensante que su padre y ese es el tinte que los diferencia. Además, al parecer el cocinero es un hombre fuerte y hasta Umi, que no es muy centrada que digamos, notó que no podían contra él.

Espero les haya gustado y espero sus jugosos comentarios! Nos leemos! Mary