Nuevo capítulo!
Candy-chan: Sora, mmm, ¿será un usuario? jejejejeje ¿será o no será? ¡No será en este capítulo que lo descubras! jajajaja Respecto a lo atractivo de Satsujin, te digo que si será muy atractivo jajaja Pero ahora tiene casi cuarenta años. Cuando relate el pasado seguramente te enamorarás de él xD Y querrás matarme jajajaja Pero espero saber hacer un buen malo (suena algo contradictorio eso xD). Pronto todo se irá aclarando! Nos leemos, y gracias!
− ¡Dos días! − gritó Nami mientras golpeaba la mesa con furia. Llevaba un vestido suelto color blanco. Usopp la veía a los ojos. Estaba abatida. Su cabello estaba atado en un rodete alto y sus mejillas estaban rosadas, seguramente por el calor y el sake.
− Cálmate Nami − pidió Usopp, por enésima vez esa noche. − Pronto amanecerá − afirmó mirando el reloj de su muñeca.
− Eso no interesa − se dejó caer en la silla que tenía detrás suyo. − Ya han pasado dos días y no sabemos nada de ellos − dijo. − Un barco − soltó de repente. − Necesito un barco − la seguridad en las palabras de Nami hicieron que Usopp se irguiera y apoyara sus codos sobre la mesa. Recargó su barbilla sobre sus manos, mirando los ojos de su nakama con intensidad.
− ¿Y que harás cuando encuentres el barco en medio del mar con Kaizoku Satsujin a bordo? ¿Eh? − preguntó, irónicamente. − ¿Saltar dentro y comenzar a desparramar puñetazos y patadas? ¿Cómo antes? − no quería ser hiriente, pero las palabras salían solas de su boca. Se arrepintió y miró las botellas de sake y licor que estaban sobre la mesa, vacías.
− Sanji − susurró. − Sanji estuvo conmigo hace poco más de un mes − recargó su espalda en el respaldo de la silla y tiró su cabeza hacia atrás. − Debí pedirle que se quede conmigo − se lamentó.
− Aunque él estuviese aquí, tampoco podríamos hacer nada − Usopp estaba resignado. Ese hombre era el que les había arrebatado todo hacía diecisiete años y lo estaba volviendo a hacer sin que ellos se dieran cuenta. − ¿Y Zoro? ¿Sabes dónde está Zoro?
− No − el tono de Nami era triste. − Ryu no quiso decírmelo − explicó. − Pienso que hizo bien, después de todo nunca fui sincera con él
− Ryu sabe la verdad − Nami levantó la cabeza y miró a Usopp. − Me hizo muchas preguntas y respondí a todas ellas. No sabía con seguridad que Umi es hija de Luffy, pero el parecido es indiscutible − el rostro de Usopp era sombrío y triste. Nami suspiró.
− ¿Qué piensas que harán con ellos?
− Realmente no lo sé
Vio un ave acercándose. Traía el periódico. Tomó uno y depositó unas monedas a cambio dentro de la bolsa. El ave partió. Ojeó entre las hojas y un papel resbaló y cayó al suelo. La brisa del mar agitaba el papel y sus cabellos rubios. Se agachó y tomó el papel. Al verlo, quedó estático y boquiabierto.
− Umi − dijo, reconociéndola inmediatamente en una de las dos fotos que tenía impresas el boletín especial. − ¿Qué mierda es esto? − se preguntó a si mismo, leyendo rápidamente la información.
Arrugó el papel en su mano derecha y dejó caer el resto del periódico en la cubierta del barco en el que viajaba. Corrió hacia su camarote y trabó la puerta. Se sentó en su escritorio y estiró el papel bajo la luz de la lámpara que estaba allí. Tragó saliva.
− El Rey Pirata, Monkey D. Luffy, fue interceptado por Kaizoku Satsujin en una isla en el East Blue, junto a Ryu Roronoa, el hijo de El cazador de Piratas, Zoro. Debido a sus múltiples crímenes, serán ejecutados en − abrió los ojos desmesuradamente, dejando de leer en voz alta. − ¿Por qué ahí? − se preguntó. Miró con atención la fotografía que decían era de Luffy. Y estaba seguro de que no era él, sino Umi. Además, Luffy tendría cuarenta y un años y por supuesto que no se vería como en su cartel de se busca, de cuando tenía diecisiete. Dejó el papel sobre el escritorio, se recargó sobre el respaldo de la silla y encendió un cigarrillo.
− Camarera, lo de siempre − la mujer lo miró a la cara y arrugó el ceño. − ¿Qué? − dijo, confundido.
− ¿Y a ti qué te sucede? − se cruzó de brazos. El aludido llevaba una capa marrón con capucha que tapaba todo su cuerpo. Era un hombre alto y corpulento. La camarera era delgada y bajita, con los ojos y el cabello celestes. Llevaba pantalones color azul y una camisola de lino rosada que dejaba muy poco a la imaginación. No era una jovencita pero tenía un muy buen cuerpo. Parecía molesta.
− Nada − el hombre suspiró y apoyó los codos sobre la barra al mismo que se sentaba en el taburete. − ¿Tienes el periódico de hoy? − la mujer, que había volteado para servirle al hombre lo que le pedía, se detuvo un momento.
− ¿Lo único que vienes a hacer aquí es a leer el periódico? − se lo arrojó a la cara y algo resbaló sobre la barra, quedando justo frente a los ojos del hombre. Era un boletín especial. Las grandes manos de él tomaron el papel y lo levantaron para que pudiera leerlo. Se mantuvo en total silencio mientras la camarera le servía un vaso lleno de un líquido marrón oscuro lleno de burbujas. − ¿Sucede algo? − se recargó en la barra mirando fijamente al cliente, que por la forma en que lo miraba parecía ser algo más que eso.
− Es imposible − dijo, sin escuchar a la mujer.
− ¿Qué tanto estás viendo? − tomó bruscamente el papel de las manos del hombre y lo leyó rápidamente, poniéndose pálida. Miró al hombre con una mezcla de sorpresa, miedo y dolor.
− ¡Sensei! − la voz chillona de una de sus alumnas lo desconcentró. Arrugó el ceño aún con los ojos cerrados. La chica dio un respingo al notar que había interferido con su meditación, pero la causa valía la pena. Llevaba un kaikegi color blanco con obi negro, que le quedaba bastante ceñido a su cuerpo de curvas pronunciadas. Andaba descalza. Tenía el cabello rosado, largo hasta la cintura, trenzado. Su piel era blanca y sus ojos color carmín. − Zoro sensei − insistió más calmada y a tres pasos de él. Zoro abrió su ojo sano para verla. Estaba muy molesto, pero esa molestia se transformó en curiosidad al ver el estado de alarma que traía su alumna. − Mire esto − ella se veía consternada y su rostro mostraba sorpresa y temor, algo muy extraño en la chica que muy por el contrario siempre se mostraba tranquila y confiada. El espadachín extendió su mano y tomó el tembloroso papel que ella le extendía. Estaba sentado en el parque de su dojo, intentando concentrarse para su meditación matutina. Llevaba el torso desnudo debido al calor que estaba haciendo en esa época y su hakama color azul intenso. Junto a él estaban recostadas sobre el césped sus dos katanas −Sandai Kitetsu y Shusui− que traía siempre con él desde que Ryu partió al mar sin decir palabra.
Tomó violentamente el papel y lo extendió frente a él. La chica pudo ver cómo abrió aún más su ojo y cómo comenzó a temblar levemente. Luego, la miró intensamente. Ella comprendió que debía dejarlo a solas.
Se escuchaba a lo lejos el repicar de las campanas de la catedral. Suspiró cansado. No sabía cuánto tiempo había pasado desde la última vez que vio la luz del sol. Últimamente no le daban ganas ni siquiera de deambular por el castillo. Permanecía horas sentado frente a la chimenea, leyendo o simplemente apreciando las llamas. Y ese día era uno de tantos otros en los que no se sentía motivado para absolutamente nada. Pero, el repicar de las campanas le pareció diferente. Sabía que era mediodía porque a esa hora comenzaba la misa, a pesar de que la luz no entraba por la ventana del cuarto ya que estaba herméticamente cerrada. No quería que nadie lo viera, ni siquiera que sospechen que él se hallaba en ese cuarto.
Era un lugar pequeño, con una cama de hierro cubierta con mantas de distintos colores, todas tejidas. Una alfombra de oso y un sillón rojo de respaldo alto. También había una chimenea pequeña y una gran ventana con postigos de madera, cubierta por una fina cortina blanca. Todo era iluminado únicamente por las llamas. Suspiró nuevamente, pero esta vez se levantó y se acercó a la ventana, abriendo una hoja así podría apreciar mejor el sonido que producían las campanas. Habían sonado más de la cuenta, tal vez alguien se casaba.
El sonido le trajo recuerdos. Movía sus dedos sin querer, como si tocara el piano en el aire. La melodía se colaba en sus oídos y hacía que su cuerpo se mueva involuntariamente al son de una canción del pasado. Abrió el postigo y vio el cortejo que acompañaba a la novia. Realmente era un casamiento. Quiso sonreír, pero no pudo. La tristeza que lo invadía desde hacía años estaba presente y no lo dejaba hacer ni pensar en nada más que en el pasado.
Algo se escurrió por debajo de la puerta y volteó. Habían pasado un papel por esa pequeña separación entre la puerta y el piso. Se acercó y lo tomó entre sus temblorosas manos. En él había dos fotografías y un titular. "Próxima ejecución del Rey Pirata". Estaba realmente sorprendido, y no lograba entender mucho. Continuó leyendo y su mandíbula se abrió un poco.
− No puede ser − dijo. Hacía mucho que no hablaba y su voz sonó seca y retumbó en la habitación. − Este no es él − ¿por qué estaban dejando que el pasado se colara en el presente en el cual los piratas no existían? ¿Por qué rememoraban al Rey Pirata diecisiete años después de que lo derrotaran? − No entiendo − hablaba consigo mismo. Sentía una enorme necesidad de hablar. − Ryu chan y − dudó − ¿quién podrá ser este joven que se parece tanto a Luffy san? − pensó un momento. Luego se sentó nuevamente en el sillón rojo, pero esta vez viendo hacia la ventana que estaba abierta.
El ambiente era agradable. El agua del profundo mar tocaba sus pies cansados, acariciándolos suavemente. Miraba con tranquilidad cómo los niños jugaban en los arrecifes, sonriendo, riendo, gritando. Parecían realmente divertirse. Una de las madres de los niños lo miró fijamente por unos cuantos minutos. Parecía preocupada. Llevaba el periódico en las manos. Él, tomó las sandalias con la mano derecha y se puso de pie con algo de dificultad. Se acercó y ella le entregó un papel que temblaba entre sus manos.
− Jefe − dijo en un leve susurro, pensando en cómo reaccionaría aquel que tenía en frente. Miró sus ojos serenos cubiertos por cejas blancas y descubrió que ya no mostraban esa tranquilidad de siempre.
− Esto es imposible − no se dio cuenta que salieron esas palabras de su boca. Levantó la vista y la clavó en los ojos que tenía en frente. Hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza y se retiró con su paso firme y decidido.
Caminó unos cuantos metros, recorriendo calles amplias y pequeños callejones, escuchando el rumor del agua pasando a través de los conductos que recorrían toda la ciudad. Estaba enfocado en llegar a su casa y poder sentarse tranquilo, con una copa de sake, a pensar en lo que acababa de ver en el boletín. ¿Por qué justamente en ese momento estaban haciendo aquello? Estaba más que convencido que Kaizoku Satsujin era el que tramaba algo detrás de todo el asunto, aún más sabiendo que la ejecución sería en esa isla. Apretó el papel en su mano.
Al llegar, encontró todo cerrado. Exhaló el aire que había retenido por unos segundos. Cerró la puerta y se sentó más allá, en un gran sillón. Releyó toda la información, prestando atención a cada palabra y a las imágenes de los dos niños. Su expresión era de bronca y de sorpresa. Realmente habían encontrado a alguien que se parecía muchísimo a Luffy. Dejó el papel sobre la mesa pequeña que tenía frente al sillón y se recostó cómodamente. Cerró sus ojos.
− ¿Ya lo sabes, no es así? − pudo reconocer perfectamente la voz que le hablaba, por eso no se movió ni un milímetro de la posición en la que estaba desde hacía unos cuantos minutos. El que le hablaba estaba tranquilo y le pareció bastante extraño dada la situación. De cualquier forma, no dijo nada, se limitó a seguir escuchando. − Creo que sabes lo que vamos a hacer − continuó en el mismo tono que antes. Sabía, sin verlo, que estaba de pie, debajo del marco de la puerta, con las manos a los lados, los puños apretados y mirando un punto en el aire, con sus ojos perdidos en sus pensamientos y recuerdos. Y que su sangre hervía, y quemaba.
− Por supuesto que lo sé − contestó el hombre, escuetamente, pero con determinación.
El canto de un ave lo despertó. Abrió un ojo y pudo ver a Nami dormida frente a él sobre la mesa. Tenía su rostro marcado por lágrimas secas y ojeras bastante marcadas. Se notaba la molestia y la angustia en su cara dormida. Él se sentía fatal. Le dolía la espalda y la cabeza. Un nuevo canto del pájaro lo puso en alerta. Estaba seguro de que era aquel que traía el periódico. Salió a la puerta y lo vio. Lo llamó y tomó un periódico.
Volvió a entrar en la casa y fue a la cocina. Dejó el periódico sobre la mesa y se tomó la libertad de ponerse a preparar un café. Revisó la alacena y rápidamente encontró lo que necesitaba.
Una vez listo, el aroma inundaba la casa. Se sirvió una taza y dejó el resto en la máquina para que se mantuviese caliente para cuando Nami despertara. Se sentó a la mesa, con la taza humeante frente a él y tomó el periódico. Lo abrió y ojeó rápidamente las noticias. Al llegar a la página central, vio un boletín especial y quedó allí, con la boca abierta, los ojos desencajados y el corazón comenzó a latirle a mil por hora.
− Nami − la llamó con la voz temblorosa. − Nami, despierta − ella lo escuchó y abrió sus ojos rápidamente e incorporándose.
− ¿Qué sucede? − preguntó somnolienta.
− Tienes que ver esto − le entregó el papel. Nami miró a Usopp notando su estado de pánico y supo inmediatamente que en esa hoja que le estaba dando había noticias de Umi. Tragó saliva y la tomó rápidamente. Dio una lectura rápida.
− ¿Por qué en Marski Cort? − soltó, con los ojos clavados en ese pedazo de papel.
− No lo se − Usopp continuaba temblando. − Tal vez es una provocación de Kaizoku Satsujin
− ¿Después de tantos años aún piensa en continuar con esto? − se preguntó más para si misma que para Usopp.
− Claramente no están pensando en que la Marina intervenga − fue el comentario de Usopp, que intentaba pensar con objetividad. − El tipo del puerto no era marine − intentaba atar cabos sueltos dentro de lo poco que sabían. − Quizá trabajaba para él y si eso fuera así es claramente una provocación
− La ejecución será en un mes − continuó leyendo Nami. Luego, miró a Usopp a los ojos, con mucho temor e impotencia. ¿Qué podían hacer ellos dos solos? − Debemos ir − era una afirmación, pero sonaba como una pregunta.
− Si − se hizo un momento de silencio. − Debemos ir − apretó los puños. − Estaremos allí en un mes y traeremos a Umi y a Ryu de regreso − apretó los puños. − A como dé lugar
AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Qué emoción me da haber subido este capítulo! Opiniones, opiniones, opiniones, quiero leer todas sus opiniones ya! Suposiciones, pensamientos, teorías todo! KYAAAAAAAAAAAAAAA!
Muchas gracias por haber leído hasta acá. A partir de ahora serán revelaciones jajajajajajajaja Nos leemos! Mary
PD: Seguramente tarde un poco en subir el capítulo 20, ¡lo lamento!
