Hai minna san! Hoy comienza una nueva etapa del fic, porque al fin va a vislumbrar parte de lo que les sucedió a cada uno de los integrantes de la banda. En este capítulo, como lo dice el título, le toca a Franky.
Mi idea con esta serie de "pasados" es que conozcan la realidad de cada uno de ellos y lo que sucedió después del incidente de hace diecisiete años. De ahora hasta el capítulo veintiséis contaré esto y en ese capítulo retomaré a Umi y a Ryu, que por ahora están navegando hacia Marski Cort.
Espero que no les resulte aburrido ni tedioso, si llega a suceder eso por favor háganmelo saber así intentaré solucionarlo.
Sin más los dejo con la lectura. Muchas gracias por estar ahí, siempre. Honto arigatou.

Candy-chan: Es muy grave lo que estás diciendo, jajajaja No es tan grave enamorarse de un personaje malvado. Después de todo, a veces ser malo tiene su encanto. Sino mirá a Aizen sama jajajajaja Con el tema de las edades. Esta hisotoria no transcurre diecisiete años después del actual presente de One Piece, sino cinco años más tarde. O sea, veintidós años después de la actualidad. Para que te des una idea, por ejemplo Zoro y Sanji ahora tienen veintiún años y en este fic cuarenta y tres. En esta historia Luffy ya es el Rey Pirata y por lo tanto se supone que conquistó el Nuevo Mundo y encontró el One Piece, y cuando fue el incidente estaban ya navegando el West Blue. Espero haber aclarado tu duda. Pronto se resolverán tus dudas acerca de qué personajes son, al menos de la mayoría. Obviamente acertaste a Zoro, Sanji, Nami y Usopp. Como yapa para que te entretengas y sigas llamándome onna, puedo decirte que Chopper no aparece en esa tandas de personajes, jijijiji. Me reí mucho con tu "ley de los Roronoa", ¡es muy cierto! Y no me había dado cuenta hasta que lo mencionaste jajajajajajaja Me sigo riendo al leerlo jajajajajajaja Espero te siga gustando la historia y poder leer más de tus comentarios. Nos leemos, gracias!

Robin-chan: ¡Bienvenida! ¡Qué bueno que hayas dejado comentario! Luffy... mmmm... ¿aparecerá pronto? Jajajajajaja. El tema de alargar los capìtulos no es por rellenar, es que me encanta y me apasiona mostrar bien los personajes que creo y que los conozcan bien, se familiaricen y además me gusta que las cosas sean a su tiempo. Además creo que no es tan malo ver las relaciones entre los personajes y cómo van evolucionando. Espero que en este capìtulo no te aburras! Nos leemos! Gracias, muchas gracias!

Y un agradecimiento especial a leknyn que siempre está y presta atención a mis preguntas tontas! Muchas gracias!


Hace 16 años, en una isla de invierno del West Blue

Sentía un frío mortal. Sabía que estaba sobre una superficie cálida, pero no tenía suficiente energía para poder abrir sus ojos. Sus recuerdos sobre quién era o qué le había sucedido estaban difusos en su mente, como si algo o alguien los hubiese borrado a propósito. El pecho le dolía y el frío hacía que tiritara, sin poder controlarse.

¿Qué era lo que estaba haciendo ahí? Se esforzó por recordar algo, pero nada venía a su mente. Sólo una cosa: cola. Sabía que necesitaba beberla con urgencia. A pesar de que cualquiera pensara que estando en ese estado de congelación quisiera beber algo caliente, él necesitaba beber cola.

Volvió a enfocarse en sus sentidos, pero no pudo abrir los ojos y apenas escuchaba un rumor confuso. Estaba tranquilo, pero el dolor y el frío le recordaban que había algo que no estaba bien. De pronto, sintió que algo sobre él se movía y con un movimiento lento logró rozar con uno de los dedos de la mano derecha la calidez de lo que parecía una mano pequeña y suave que se había posado sobre su pecho. Justamente en ese lugar que tanto le dolía.

Parece que estás reaccionando − la voz era dulce y muy femenina. Creyó estar soñando. − Aún no entiendo qué eres ni cómo es que te hicieron − comentó. Al parecer esa persona que estaba a su lado en ese momento −que estaba seguro era una mujer− hacía tiempo que lo observaba o lo cuidaba. − Tampoco sé qué es lo que te da energía

La mujer retiró la mano de su pecho con suavidad, depositando su gran mano con cuidado a su lado. ¿Qué era lo que a él le daba la energía necesaria para poder moverse? ¿Qué era él? Frunció levemente el ceño y la mujer que estaba a su lado volvió a mirarlo intensamente, queriendo descubrir qué era lo que le estaba faltando.

Él era claramente un Cyborg. Podía saberlo de sólo verlo. Y como todo Cyborg debía tener un elemento, un material, un líquido o algo que lo hiciera funcionar. Tenía una grave herida en el pecho, a la altura del corazón. Estaba hundido y deformado y se podía ver perfectamente su interior metálico. El resto del cuerpo conservaba casi en su totalidad la piel exterior. Su forma era grotesca, pero podía jurar que era un arma demoledora. Y aún suponiendo eso se sentía bien estando a su lado.

Hermana − la puerta del laboratorio se abrió lentamente. El lugar era pequeño. Había un gran camilla donde estaba Franky recostado, cubierto con una sábana blanca que tapaba todo su enorme cuerpo menos la cabeza. También había una ventana grande que dejaba que entre luz y se viera el exterior nevado. Una salamandra daba calor al lugar, que tenía el piso y el cielorraso de madera oscura y brillante. Varias herramientas de diversos tamaños y usos se abarrotaban sobre la mesa de trabajo, a la izquierda de la camilla. Y otro montón de papeles querían entrar a la fuerza en la repisa que cubría gran parte de las paredes.

La mujer que estaba sentada en su silla de trabajo, mullida y venida a menos, miró de reojo a su hermana mayor que nuevamente entraba sin ser autorizada. La científica era una mujer baja, de cabello negro y rizado que llevaba atado en una coleta. Tenía anteojos gruesos y un guardapolvo blanco que dejaba ver debajo su abrigo de lana chocolate y sus jeans azules. Tenía botas de cuero. La hermana mayor era también una mujer muy bonita, de tez blanca y ojos y cabello celestes. Era delgada y no tenía muchos atributos, al menos no tantos como su hermana pequeña. Llevaba unos pantalones gruesos color negro y un gran suéter en tonos de azul que le llegaba debajo del trasero, y a la vez dejaba uno de sus hombros al descubierto. Traía una bandeja con la mano derecha, con una taza humeante de café y una botella de cola junto a un vaso.

Te dije que no entraras sin que te autorice − la voz de la morena era dura, pero en el fondo se moría de ganas de tomar el café que le había traído su hermana.

Eso no importa − contestó la peliazul, entrando y cerrando la puerta detrás de si. Corrió unas herramientas de la mesa de trabajo, con descuido, y posó allí la bandeja. Luego tomó la taza con cuidado de no quemarse y se la entregó a su hermana pequeña sin dejar de observar al hombre robótico que yacía en la camilla.

Acaba de moverse un poco − informó la morena tras dar un primer sorbo a su bebida. La otra mujer se sirvió cola en el vaso. − Creo que ha recuperado algo de energías después de haber conectado todos esos cables − explicaba serenamente. − Pero me falta algo − tomó otro sorbo. − Y no doy con eso − apretó los dientes, muy disconforme consigo.

No te preocupes, Ayami chan − dijo la peliazul. − Seguramente él necesite algo de combustible, como dijiste

¡Es que probé con varias cosas y nada funciona! − gritó y un gran silencio se formó en el ambiente.

Cola − se escuchó como un susurro. Las dos mujeres se miraron con desconcierto. ¿Realmente había sido él el que dijo aquello? La peliazul se acercó con su vaso servido por la mitad, con cierto temblor en la mano. ¿Qué se suponía tenía que hacer con la cola?

¿Qué tengo que hacer? − preguntó a la científica, que estaba tan o más desconcertada que ella. Levantó los hombros levemente. − Muy bien − aspiró profundo y dejó caer un hilo de la bebida sobre la boca de Franky, que se estremeció con el contacto. Pocos segundos después deglutió y logró entreabrir uno de sus ojos.

¿Cutty Flam? − Ayami arqueó una ceja tras escuchar el nombre de su "paciente". Había decidido, sin consultar a nadie, que ella arreglaría al Cyborg cueste lo que cueste.

Pueden llamarme Franky − les dijo. Aún estaba aturdido, pero había logrado decirles que lo que necesitaba para poder recuperarse y moverse era −efectivamente− cola. Las dos mujeres lo observaban confusas. Él estaba sentado en la camilla y su enorme cuerpo lejos de atormentarlas o asustarlas, les daba curiosidad.

¿Qué demonios eres? − soltó de repente y sin modales la peliazul. Franky rió.

¡Un Súper Cyborg! − su voz se oía más apagada que de costumbre, debido a su débil estado. La chica sonrió, con una enorme y sincera sonrisa de satisfacción. Al parecer, ese hombre estaba mejor.

Nosotras te encontramos tirado en la playa, en la costa norte de la isla, donde estábamos investigando algunos fenómenos extraños − informó Ayami, pensando en que él tal vez no recordaba demasiado. El rostro de Franky se volvió sombrío. − Estabas hecho un completo desastre. Tu ropa − recorrió su cuerpo con la vista − o al menos lo que tenías puesto estaba hecho añicos

¡Parecía que te había pillado un tsunami! − los ojos de él tras el comentario de la hermana mayor se abrieron como platos y un intenso dolor en el pecho le recordó que algo había ocurrido. Un presentimiento le decía que eso que le había ocurrido realmente tenía que ver con el agua. Una tormenta, lluvia, rayos. Ayami miró mal a su hermana.

Ren, ¿puedes guardar silencio? − pidió en un tono de enojo. La aludida se encogió de hombros. − Estabas allí y supe al instante que eras algo así como un robot. No te movías − estaba sentada en su silla de trabajo y lo miraba fijamente cuando le hablaba, intentando trasmitirle seguridad. − Te trajimos y hace tres meses que intento descubrir qué es lo que te hace mover

Muchas gracias − dijo él con sinceridad. − Ayami, Ren − las miró primero a una y después a la otra. − Debo irme de aquí − les dijo, con el mismo tono sombrío y sincero que antes.

De ninguna forma − Ren se puso de pie violentamente y se acercó hasta tenerlo frente a frente. Él ciertamente era enorme y ella era muy bajita, pero supo en ese instante que no debía dejarlo marchar. Había algo que definitivamente no estaba para nada bien.

No recuerdo mucho ahora mismo − quiso excusarse él. − Y por lo que me dices estoy seguro que algo ocurrió en el mar − dejó los ojos de Ren y miró a Ayami. − ¿Esto es el West Blue, verdad? − preguntó, a lo que la morena asintió. Estaba cruzada de brazos. − Necesito recordar lo que sucedió − dijo. − Además, ustedes están en peligro escondiéndome aquí − afirmó con tanta seguridad que provocó que Ren retrocediera un paso. − Soy un pirata

− ¿Irás allá, no es así? − la voz de Ren sonaba triste y desolada. Se notaba a kilómetros que había estado llorando, y mucho. Él estaba de espaldas, recargado sobre el marco de la gran ventana que estaba abierta y desde la que podía ver casi todo el pueblo. El edificio era el más alto del lugar y estaba sobre una colina. Le había gustado esa ubicación porque desde allí podría ver bien todo y preveer cualquier dificultad que pudiera llegar a sucederse.

− ¿Recuerdas cuando nos conocimos? − preguntó él, ignorando o queriendo ignorar lo que Ren le había preguntado.

− Jamás podría olvidarme de eso, Franky − contestó ella, sentándose en el sillón que estaba justo frente a la ventana. Era de noche y podía contar cada una de las estrellas. No hacía frío, pero ella estaba temblando.

− Después de un tiempo, recordé todo y se los expliqué − él comenzó a decir, siendo escuchado atentamente por Ren. − Luffy nos dijo algo que no entendí hasta ahora, después de leer ese boletín − hizo una breve pausa. − Es ahora cuando debo partir − apretó los puños. Ren observaba su espalda. Era ancha pero parecía un hombre normal. Ayami le había sugerido volver a modificar su cuerpo para poder ocultarse con mayor facilidad y después de varios meses de preparación y convencimiento, había accedido a volver a una forma más humana.

− Hace diez años me dijiste que viviríamos aquí el resto de nuestras vidas − ella hablaba con calma y suavidad, como si al levantar un poco el tono de su voz todo terminara. Como si su vida terminara en ese segundo. − Yo sabía que no sería así − afirmó con un dejo de amargura en la voz. − Cuando vimos cómo ese mal nacido quemaba tu bandera ante el mundo y se burlaba de tu barco, supe que jamás sería así − él simplemente miraba el horizonte, en silencio. − Sé que es esto lo que estabas esperando − Franky cerró sus ojos. − Lo sabía desde el inicio, desde ese primer momento en que nos conocimos − continuó aunque las lágrimas caían. − Incluso lo supe desde el momento en que te encontramos en la playa sin saber siquiera si eras humano o un robot

− Basta, Ren − pidió casi rogando. Ella calló.

¿Estás segura, Ren? − la voz de Ayami delataba su sorpresa. Ren reía. Realmente estaba muy sonriente.

¡Si! Acompañaré a Franky hasta su casa en el Grand Line y luego nos iremos a alguna isla tranquila donde nadie lo busque − dijo, aún manteniendo esa gran sonrisa.

Pero Ren, él es un pirata, tarde o temprano volverá al mar o querrá buscar a sus nakamas − los ojos de Ayami le imploraban que no continuara con esa loca idea. − Él mismo lo dijo, quiere encontrar a sus nakamas

¡Eso ya lo sé! − Ren abrazó a su hermana con todas sus fuerzas. − Por eso es que quiero ir con él


Franky tiene cincuenta y ocho años. Después del ataque, fue atendido y cuidado por Ayami y Ren, que le dieron casa, cola y atención cibernética. Junto a Ayami, científica amateur, logró hacer una nueva trasformación que lo dejó lo más parecido que se atrevió a un ser humano. Tiene la apariencia de un hombre grandote y viste un pantalón negro, camisa hawaiana y cuando sale lleva una capa marrón que cubre su cuerpo.

Después de estar tres años junto a las dos mujeres, viajó al Grand Line para visitar a sus familiares, pero descubre que la Marina ha conquistado ese mar, deshaciéndose de los piratas que encontraba en el camino, siendo ayudada por Kaizoku Satsujin, el mismo que los atacó. Juró vengarse cuando llegara el momento y se retiró a una isla neutral al inicio del Grand Line para vivir una vida pacífica junto a Ren −diez años menor que él−, como desmantelador.