Hola! ¿Qué tal? Otra vez yo. Aquí el capítulo 27. Creo que no tengo nada más para agregar. ¡Disfruten!
Candy-chan: jajajajaja ¿Lady Sid de Chocolate Oscuro? Nah, no creo jajajajaja Sólo soy la asesina malvada de chocolate negro jajaja Coby, sip, aquí está asistiendo al supuesto llamado. Creo que en realidad él también tiene una pizca que ver en todo Ups! No debí haber dicho eso jeje. Zoro siempre seguírá siendo Zoro jajaja Así que incluí eso de él para darle un toque de humor ji. Y obviamente Sanji es Sanji, en este episodio es más Sanji aún. La escena de Sanji y Zoro fue muy emotiva para mi también. Hacerla me llevó a remover muchas cosas, como decís, Sanji pudo hacer que sus sentimientos broten pero no Zoro y por eso es que llegaron a esta situación. Ya verás por qué no hizo lo mismo con ella que con su hijo, ya lo verás pronto ji. (Usopp es un semental o es pariente de Maradona xD jajajaja) El tema del nombre del hijo de Ussop me está sacando la cabeza, no tengo tanta imaginación como crees -o- . Muchas gracias por siempre estar ahí! Gracias! Besos y abrazos, Mary
Zororobinfan: Welcome! Thanks for comenting! I'm so glad you like the story. And I hope to receive more comments from you. No matter your Spanish if you want you comments in English. Im not an expert, but understand something.
Yes, Sanji and Zoro were talking about Robin. See you later, Mary.
Habían navegado poco más de veinte días para llegar a Loguetown. Umi jamás había estado allí. Pero, a pesar de que gritó, lloró y pataleó, no la dejaron bajar del barco para conocer la ciudad. Ni siquiera logró que la sacaran a la cubierta. Luego de hacer una parada técnica, recargar provisiones −bastante más de lo habitual debido al gran apetito de su prisionera− y preparar el barco para la Reverse Mountain, partieron. En cinco días más estuvieron en Marski Cort.
Estaba sentada en el suelo, cruzada de brazos y de piernas. Bufaba cada veinte segundos. Estaba muy molesta, aburrida y hambrienta. La habitación era enorme. Tenía una gran cama señorial, con cobertores y sábanas rosadas, las paredes eran blancas y la decoración era muy sofisticada. Había una gran lámpara de aceite apagada y varias ventanas que daban a los jardines que rodeaban el castillo. Podía notar que estaba a mucha altura, quizá en el piso más alto. De cualquier forma, no pensaba en escapar porque las ventanas estaban selladas, y cuando quiso forzarlas sólo logró que cientos de guardias aparecieran por todos lados, como hormigas, amenazándola y gritándole cosas.
Había visto a Ryu en tres oportunidades desde que partieron. Una fue en Loguetown, donde no pudieron cruzar palabras. La siguiente fue al desembarcar en Marski Cort. Y la tercera había sido la noche anterior, cuando ese hombre que parecía amable pero a la vez terrorífico, les ordenó cenar junto a él.
La mesa era larga. En la cabecera estaba sentado aquel hombre de cabello plateado y cuerpo delgado que nunca se había presentado ante ella. Podía notar con el sólo hecho de mirarlo a los ojos que era una persona desagradable. Le había ordenado, a través de una criada, que se vistiera con un vestido que ahora llevaba puesto y que bajara de su habitación −celda− a cenar junto a él. El vestido era sencillo, de color azul marino, de mangas cortas y un gran escote en la espalda. Era muy ceñido al cuerpo y eso la incomodaba sobremanera. Era corto y dejaba ver sus largas piernas. También le había dado unos zapatos cerrados taco aguja con los que le costaba caminar.
Grande fue su sorpresa al ver sentado a la derecha de ese hombre a Ryu, que llevaba una camisa blanca de mangas largas y unos pantalones de vestir negros. Su rostro mostraba una mezcla de indignación y asco, que le dio gracia a Umi. Tuvo que reprimir su risa, pero se le escapó una sonrisa de alivio al ver a su compañero allí, sentado y entero.
− Señorita Princesa Pirata − odiaba que aquel sujeto la llamara así. Las pocas veces que lo vio fue ese apodo el que logró sacarla de sus casillas. Ryu intensificó su mirada sobre ella, intentando apaciguar lo que sabía comenzaba a hacer ebullición dentro de su capitana. − Tome asiento, por favor − la voz del hombre era amable, pero tanta amabilidad le daba muy mala espina. De cualquier forma, obedeció sin decir palabra alguna. Las criadas que estaban alrededor comenzaron a servir distintos platos exquisitos y Umi olvidó por completo su condición de prisionera, abalanzándose sobre la comida con desesperación. Ryu se mantenía inmóvil.
− ¿Ahora si nos dirá por qué nos trajo a este lugar en vez de entregarnos a la Marina? − fue Ryu el que no aguantó más. Escapó de sus labios aquella inoportuna pregunta. Umi hizo caso omiso y continuó comiendo sin modales. El hombre enfatizó su sonrisa y afinó sus ojos. Le gustaba la forma de ser de ese joven.
− En realidad, primero debo presentarme − dijo, muy parsimoniosamente. − Mi nombre es Nathan Conar − los ojos de Ryu mostraron su sorpresa, jamás creyó que ese sujeto fuera Kaizoku Satsujin. Su corazón se aceleró. − Soy Almirante de la Marina − agregó. − Así que no creo que su pregunta sea correcta, joven Roronoa − hizo una breve pausa. − Ya que los he traído aquí, a Marski Cort, porque es exactamente lo mismo que si los hubiese llevado a Mariejois − aclaró en un tono que Ryu sólo pudo definir como sobrador. Umi parecía ajena a su conversación. − De cualquier forma − continuó hablando Nathan mientras volteaba a ver a la chica − aún no llego a comprender quién es ella − dejó su expresión risueña por una más seria. Ryu apretó sus rodillas por debajo de la mesa. Estaba en serios problemas. Jamás iba a decir quién era realmente Umi y menos a ese hombre que sabía que era el que había destruido a los Sombrero de Paja.
− ¡Soy Umi! − acotó deteniéndose por unos momentos y volviendo a sentarse correctamente en su silla junto a Ryu. − No entiendo por qué me confunden todo el tiempo con ese Rey Pirata o yo qué se − protestó en una clara pose infantil. − Debería dejarme libre − continuó, mientras el rostro de Ryu se transformaba. − No creo que pueda servirle de algo tenerme encerrada − aclaró. Nathan sonrió enfáticamente.
− Niña − llamó su atención. − ¿De veras que no tienes idea de por qué te tengo de invitada en mi castillo? − preguntó con ironía. Por lo que podía notar, ella no tenía ni idea de que era muy parecida a Monkey D. Luffy e intuía que podía ser muy cercana a él. Y además estaba el hecho de que Ryu Roronoa se alteraba cada vez que él quería sonsacar información acerca de aquello. Todo iba cerrando en su mente, y ya casi no le quedaban dudas. Esa niña tenía que ser hija de Sombrero de Paja Luffy.
− No respondió a mi pregunta − insistió Ryu. − ¿Por qué nos trajo a esta isla?
− Eso es muy evidente − contestó irónico. − Aquí será su ejecución
Odiaba recordar esa conversación con el tal Nathan Conar. ¿Quién se creía ese tipo para hablarles así? Él podía ser Almirante de la Marina, pero Ryu era el hijo del mejor espadachín del mundo y Umi la hija del Rey de los Piratas. Levantó su pecho con orgullo y se puso de pie dentro de su habitación. Era pequeña y oscura, había sólo una cama y una diminuta ventana por la que entraba un poco de aire y luz. Necesitaba salir de ese lugar, encontrar a Umi y largarse. No podía seguir esperando. Y menos sabiendo que pensaban ejecutarlos esa misma tarde. Apretó los puños y los dientes y buscó con la mirada algún objeto que pudiera utilizar como arma. De pronto escuchó pasos detrás de la puerta y sabía que alguien se había detenido frente a ella.
− ¡¿Quién está ahí?! − gritó. Tanto pensar lo había vuelto violento e impaciente.
− S-soy yo − balbuceó un temeroso Sora, que reconoció inmediatamente.
− ¡¿Qué mierda quieres?! − volvió a gritar, arrepintiéndose luego. La única persona con la que pudo entablar una conversación −o algo parecido− durante ese largo viaje en barco había sido ese niño, pero jamás permitió que esa conversación fuera muy profunda o tocara temas que no fuesen la comida o el estado en que se encontraba Umi.
− Es que − Sora estaba de espaldas a la puerta, apoyado sobre esta, hiperventilado y sin comprender demasiado en lo que se había metido. Sostenía con ambas manos a Wado Ichimonji y tres hombres yacían a sus pies, temblando y con los ojos en blanco. No dijo nada más, tomó la llave que había robado a un guardia y abrió la puerta sin poder dejar de temblar.
Ryu vio que la puerta se abría lentamente y se puso en guardia. No quería saber quién era el que estaba abriéndola. Pero no pudo evitar sorprenderse cuando vio a Sora, sosteniendo su katana, muerto de miedo.
− ¿Qué es lo que estás haciendo? − soltó, bajando la guardia. Miró con curiosidad los cuerpos de los hombres alrededor del chico. Arqueó una ceja. − ¿Tú los derrotaste? − preguntó incrédulo. Sora asintió con la cabeza sin poder articular palabra. Estaba aterrorizado. Luego de unos segundos, Ryu reaccionó. Se acercó a Sora y tomó la katana. − Vamos por Umi − dijo con seguridad.
− Que alguien me explique qué es lo que está sucediendo aquí − fue lo único que pudo decir Mika después de haber presenciado la pelea de Zoro con Sanji y ver cómo inmediatamente después de que ese sujeto inmenso y extraño de piel azul interviniera, ellos se calmaran y actuaran con normalidad. Además estaba el reno parlante que no paraba de hacer preguntas y recibir respuestas. Zoro la vio con esa expresión en su rostro y se acercó a ella, que se había quedado unos metros alejada, llena de incertidumbre y nerviosismo.
− Ellos son mis nakamas − explicó Zoro utilizando un tono que Mika jamás escuchó. − El peludo es Chopper, el de las cejas ridículas es Sanji y el gyojin es Jinbei − enumeró rápidamente haciendo que Mika tuviera varios flashbacks de su infancia donde Zoro le contaba sobre sus extraños nakamas. Asintió con su cabeza. El espadachín sonrió levemente.
− ¿Estás seguro de que estás bien? − preguntó, preocupada e incrédula por el cambio de actitud de su maestro. Zoro no pudo evitar enfatizar su sonrisa mientras se cruzaba de brazos. Había tenido esa actitud casi bestial con el rubio hacía unos instantes y ahora había cambiado abismalmente su habitual carácter seco. Realmente no comprendía nada. Sanji se acercó a ellos.
− ¿Quién es esta preciosa señorita que te acompaña, marimo? − la pregunta fue formulada con un tono de picardía, que al espadachín no le gustó. − ¿No me digas que? − lo miró, consternado por lo que había pasado por su mente.
− ¡No! − gritó Zoro. − Ella es Mika
− Mika Roronoa − corrigió inmediatamente ella, estirando su mano para saludar al supuesto nakama de su maestro. Sanji miraba alternativamente entre la mano extendida de ella, sus ojos y el rostro de molestia de Zoro. Con infinita cantidad de preguntas y suposiciones que se alejaban cada vez más de la realidad, estrechó su mano con la de la pelirrosa. − Mucho gusto − dijo ella. Notó que algo no andaba bien en ese rubio. − ¿Qué? − quitó su mano un poco bruscamente.
− ¿Dijiste Roronoa? − preguntó, atónito.
− Es mi hija − acotó Zoro, sin miramientos, provocando una sonrisa de satisfacción y alivio en el cocinero que se había ido por las ramas. Pero, luego volvió a la cuenta de lo que había dicho el marimo, y más consternado que antes por esa afirmación, amenazó con su mirada a Zoro. − ¿Qué mierda te pasa ahora? − espetó el peliverde.
− ¿Cómo que es tu hija? − preguntó, apretando los dientes.
− Basta − dijo ella. − ¿Puedes dejar esto aquí? − preguntó mirando a Sanji. − Él me adoptó y punto − aclaró, haciendo que el alma de Sanji volviera a su cuerpo.
− Creo que deberíamos pensar en algún plan para actuar − las palabras de Jinbei cortaron la conversación tensa de los tres, que voltearon a verlo. Sanji aún miraba de reojo a Mika, que le parecía una hermosura, mientras era observado por Zoro, que iba murmurando algo ininteligible. Caminaban hacia donde estaban los otros dos.
− Lo mejor será esperar a que veamos a Ryu y al otro chico para actuar − acotó Chopper, con seriedad.
− Creo que esto es claramente una trampa de ese sujeto − dijo Jinbei − y debemos actuar con cautela − Sanji cayó en la cuenta de que seguramente los tres hombres no sabían sobre Umi. Comenzaba a ponerse nervioso y recordaba cada una de las palabras de Nami.
− Pienso ir a rebanarlos en pedazos y levar al idiota de mi hijo de regreso a casa − fue el comentario de Zoro. Mika, que estaba junto a él, asintió con la cabeza.
− No sabemos si realmente están aquí − refutó Chopper. − No podemos arriesgarnos − continuó. Todos sintieron un vacío en el pecho. Las imágenes de lo sucedido en el pasado con Kaizoku Satsujin comenzaban a aparecer a medida que pensaban la estrategia.
Sanji se había mantenido en silencio. Zoro lo observó varias veces mientras hablaban. Estaba seguro de que algo tenía atragantado. Hacía años que no lo veía y ni siquiera podía saber si estaba bien o cómo era que había logrado sobrevivir, pero lo conocía muy bien, mucho más de lo que realmente podía pensar. Y sabía que ocultaba algo.
− Sanji − extrañamente lo llamó por su nombre, cosa que hizo que el cocinero cayera en la realidad otra vez. − ¿Qué es? − preguntó sin rodeos. El cocinero se encogió de hombros. No tenía caso continuar ocultando esa información. Todo el mundo se había dado cuenta de que esa persona era idéntica a Luffy. ¿Qué más daba si sus nakama sabían la verdad?
− Es sobre la persona que fotografiaron − dijo, sin mirar a nadie.
− Es realmente parecido a Luffy − murmuró Chopper. − Cuando vi su fotografía creí que era realmente él
− Es una niña − el tono de voz que usaba Sanji era muy serio. Todos lo veían. Levantó la vista y clavó sus ojos en el de Zoro. − Es hija de Nami − confesó. − Y de Luffy
Jajajaja! ¡Era Jinbei! Sólo dos lo supieron: Laugerid y futura-graduada. Pero ahora ya lo dije jejejejeje.
¿Qué habrá hecho Sora para derrotar a los tres guardias? Jejejejejeje
Nos leemos pronto. ¡Espero sus comentarios! Mary
