Después de la bomba que dejé en el capítulo anterior, continúo con este. Digamos que atrasamos un par de minutos lo que sucedió en el capi anterior y veremos cómo los mugis se encontrarán. Espero les guste!

Candy-chan: Me alegra saber que te has divertido jajajaja. Ahora cada vez que escriba Nathan Conar, mi mente dirá "El hijo de puta que ha sido enviado por Dios" jajajajaja. Y en este caso ese Dios no es Kami, sino que es otro que ya verás je. Yo creo que Ryu le da mucha bronca Sora porque es un cobarde, y porque Umi lo haya hecho su nakama aún sabiendo eso. ¿Cómo comparar al gran Ryu Roronoa con un debilucho y miedoso cualquiera? ¿Eh? ¿Como? jajajaja Y aún no has visto cómo le cae Sora a Mika jajaja Ya lo verás jajajaja. Supongo que el regaño para Ryu departe de Zoro vendrá después de resolver todo, no creo que no le diga nada je. Luffy llegó primero, si, fue sorprendente. Pero me gustan las sorpresas y no me gustan los shonen cuando el protagonista es la frutilla del postre. ¿Por qué siempre viene al final para salvarles el culo a todos? ¿Y por qué siempre tiene que ser él el héroe absoluto? En fin. Muchas preguntas hiciste, quizá alguna responda en este capítulo jijijijiji. Muy bien! Espero que te guste este capi!


− ¡Chopper! − gritó Sora con sus ojos llenos de lágrimas. No dejaba de abrazarlo con todas sus fuerzas, arrodillado sobre los adoquines de la calle. Chopper lo abrazaba con igual ahínco, sin poder creer que era él y estaba allí, aferrado a su cuerpo. Los demás, los observaban en silencio. Ryu se había acercado a su padre, pero no le había dicho nada más después del agradecimiento que le dio Zoro. Mika, que estaba de pie a la derecha de Zoro, se mantenía con la mirada fija en Ryu. Él estaba seguro de que ella tendría preparado un monólogo de tres horas diciéndole miles de cosas que había pensado, sentido y escuchado, pero sinceramente no tenía ganas de aguantarla. Lo único que pasaba por su mente era el rescate de Umi.

− Sora − soltó al fin el reno. − ¡Cómo creciste! − dijo. El niño se separó de él para verlo a los ojos. Ambos lloraban de la emoción.

− Oi, Chopper, ¿quién es él? − se atrevió a preguntar Sanji, que había encendido un nuevo cigarrillo tras haber terminado el anterior. No se atrevía a mirar hacia donde estaba Zoro con su hijo porque sabía que había metido la pata al atacarlo. ¡Es que estaban muy tensos y esos niños habían caído de la nada! Maldijo para si. Chopper levantó la vista y miró a Sanji, Sora se puso de pie.

− Él es Sora − lo presentó. El moreno hizo una exagerada reverencia.

− Chopper san me salvó la vida y se hizo cargo de mi desde que era un bebé − continuó Sora.

− ¡No me harás feliz diciendo eso, cabrón! − bailoteó el reno. Sora sonrió.

− Pero desde que lo apresaron no nos habíamos visto − aclaró.

− Muy bien − dijo Jinbei, abriéndose paso entre Mika y Zoro. Extendió su mano hacia Sora. − Soy Jinbei, mucho gusto − Sora, temblando, tomó la gran mano derecha del gyojin con la suya y las estrecharon. Jinbei sonrió. Sanji se acercó a ellos.

− Sanji, a tu servicio − el rubio hizo una pequeña reverencia, pero no le extendió la mano.

− Roronoa Zoro − se presentó el peliverde sin acercarse, mirándolo fijamente. Mika dio un paso al frente y arrugó el entrecejo. Sora se sonrojó.

− Mika Roronoa − dijo con altanería. − Por lo que veo venías con mi hermano − su tono era para nada amable. − ¿Tienes algo que ver con él? − preguntó de mala manera. Ryu se acercó y colocó su mano sobre el hombro de la chica, haciendo que ella volteara a verlo a los ojos. Se miraron intensamente por unos instantes.

− No, no, Roronoa san − negó con vehemencia Sora, agachando la cabeza. − Sólo estaba guiando a su hermano hacia la salida − Ryu sabía que eso era una gran y burda mentira. Después de todo Umi lo había llamado nakama y eso lo convertía directamente en nakama suyo también. Estaba seguro de que había dicho eso porque intuía su malestar. Y no era para menos, ese chiquillo lo sacaba de su eje. Soltó el hombro de Mika.

− Deja de decir estupideces − espetó Ryu como un regaño. Sora levantó la vista, sorprendido. − Será mejor que dejemos las presentaciones para después, la ejecución está por comenzar y hay que sacar a Umi de allí − giró y comenzó a caminar. Zoro fue quién lo detuvo, tomándolo por la muñeca cuando pasó delante de él. Los demás guardaron las palabras que iban a soltar. Ryu no lo miró.

− Espera − ordenó. − ¿Qué tienes que ver con esa niña? − preguntó. El tono empleado por Zoro era duro, pero escondía un extraño sentimiento. Después de todo, Umi era la hija de su capitán. Comenzaba a sentirse responsable por ella.

− Ella es mi capitana − dijo con orgullo. Zoro lo soltó, muy sorprendido. − Padre − volteó a verlo directamente al ojo. Ryu mostraba una determinación que sólo podía compararse a la suya. − Es mi deber ir por ella − el silencio en el ambiente era sepulcral. − Lo haré aunque quieras detenerme

− Nadie te detendrá − soltó Zoro unos segundos después. − Todos iremos contigo


− Hay demasiado ruido − susurró Usopp, recargado contra el muro de piedra que rodeaba la plaza. − Estoy seguro de que está por comenzar

− Entonces debemos entrar − acotó Franky.

− Cállense y escuchen − los regañó Nami, arrancándoles una sonrisa melancólica.

Podían oír el murmullo de la gente que se reunía en la plaza. Luego alguien comenzó a hablar haciendo que el silencio reinara. Afinaron sus sentidos para escuchar lo que la persona decía.

− Estamos aquí reunidos para completar una de las más grandes hazañas que se pudiera haber propuesto la Marina − Usopp arrugó el ceño.

− Comenzó − sentenció como si los otros no se hubieran percatado.

− Este momento es fundamental en la historia, tanto como lo fue el día en que ejecutamos al anterior Rey de los Piratas, Gold D. Roger y el día en que ejecutamos a su hijo, Portgas D. Ace − Nami apretó sus puños pensando en el gran sufrimiento de Luffy.

− Debemos entrar − propuso Franky. Usopp hizo un gesto con la mano derecha, para que los tres se movieran. Caminaron rápidamente acercándose a la puerta principal.

− Es justamente este momento en el que podemos decir que la justicia existe y somos nosotros, la Marina, y el Gobierno Mundial

− Justicia, ¡ja! − protestó Nami, por lo bajo.

− Será mejor que entremos ya − ordenó Usopp en susurros y se colaron entre la gente, separándose. Nami se colocó el sombrero de paja sobre la cabeza. Pudieron ver a Umi sobre la tarima de madera y a Nathan en el palco.

− Hoy ejecutaremos a este hombre que está frente a todos nosotros, al Rey Pirata − los tres se detuvieron. Apretaron los dientes. − Monkey D. Luffy

Oi, viejo. Eres un mentiroso, porque yo soy Monkey D. Luffy

La voz que escucharon fue como música para sus oídos. Saltaron, lo más alto que pudieron y se posicionaron, como si supieran que todo iba a salir así, que todo estaba planeado desde hacía años. Se colocaron estratégicamente sobre las gradas, que estaban vacías. Kaizoku Satsujin no pudo evitar sonreír maniáticamente. Abrió desmesuradamente sus ojos, se puso de pie. Se acercó a la barandilla que delineaba su palco y repasó con la vista de izquierda a derecha, mientras los iba nombrando, casi gritando. El público estaba enmudecido. La transmisión al mundo continuaba.

− El Cazador de Piratas, Zoro. La Gata Ladrona, Nami. El Rey de los Francotiradores, Usopp. Pierna negra, Sanji. Tony Tony Chopper. Cyborg Franky. El Espadachín Tarareador, Brook. El Caballero del Mar, Jinbei − enumeró. Se relamió. Todos estaban cruzados de brazos, con su frente en alto. − Y aún hay más − se recargó más sobre la barandilla, emocionado. Observó fijamente a Ryu, Mika y Sora que se habían quedado abajo, cerca de la tarima. Sentía cómo la sangre en sus venas iba llenándose de adrenalina. − Tenemos más compañía − insistió, llevando su mirada a dos sujetos que estaban a la derecha. − El Cazador Blanco, Smoker y El discípulo del Héroe, Coby − cerró los ojos un momento y levantó los brazos. − ¡Es un honor que hayan venido! ¡Bienvenidos a Marski Cort! − bajó sus brazos y volvió a tomar la barandilla con ambas manos. Se centró en el personaje que estaba frente a sus ojos, parado a espaldas de Umi. El sujeto lo observaba con tranquilidad, con su rostro sereno y apacible. − Y la mejor parte − se relamió nuevamente. − El Rey de los Piratas, Sombrero de Paja Luffy

Luffy estaba de pie, con ambos pies sobre la tarima, afianzados con seguridad. Llevaba una camisa roja de mangas largas, sin abotonar, dejando ver su marcado abdomen y su cicatriz en forma de cruz sobre su pecho. Una bermuda azul que tenía arremangada hasta las rodillas y sujeta con un pañuelo rojo ancho que le daba varias vueltas a la cintura. Calzaba sus infaltables sandalias. Había crecido un poco más en altura y en musculatura, viéndose a simple vista más mayor. Sobre sus hombros llevaba una capa de capitán, color negro, con el kanji de libertad en la espalda, bordado con hilo de oro. Tenía hombreras rojas, también bordadas con hilo de oro, que relucían con los rayos del sol. Su cabello era algo más largo. Lo que no había cambiado era su mirada desafiante y determinada, que ahora estaba cargada de rabia y sed de venganza. Sonrió de lado cuando Nathan terminó de enumerar a todos sus nakamas. O a casi todos, porque sabía que faltaba alguien. Eso lo llenó aún más de tristeza y rencor.

Umi, que permanecía viendo la escena que tenía en frente, repasó con la vista a todos los que Nathan había nombrado. Estaba atónita. Entre esas personas estaban ¡su mamá, Sanji y Usopp! No lo podía creer. ¿Qué estaba haciendo Nami ahí? Además, la había llamado "Gata Ladrona", ¿acaso ella era famosa? ¿Pertenecía a la misma banda que Usopp y el papá de Ryu? Su cabeza estaba llena de preguntas y no podía procesarlas todas a la vez. Se dejó caer de rodillas sobre la madera. Quería gritar, quería correr y dejar esa isla. Quería que Ryu fuera por ella y se la llevara lejos, para que todas esas preguntas y ese sentimiento de inseguridad que nacía en su interior se fueran al mismísimo demonio.

Luffy no dijo nada, absolutamente nada. Con la misma expresión de satisfacción y seguridad, mezclada con rabia y tristeza, rodeó a Umi y se agachó frente a ella. La miró intensamente. La niña levantó la vista y lo vio ahí. Frente a ella estaba ese hombre del que tanto había escuchado hablar en ese último mes. Monkey D. Luffy, el Rey de los Piratas. Y se sorprendió. Porque lejos de sentirse atemorizada, incómoda o iracunda, se sentía muy bien el verlo a los ojos. Él sonreía. Colocó su mano sobre su cabeza suavemente y cerró sus ojos, agrandando su sonrisa.

− ¿Umi? ¿No es así? − preguntó. ¿Cómo demonios sabía su nombre? Asintió con la cabeza instintivamente. Luffy se puso de pie y levantó su brazo derecho. Se quedó así por unos cuantos segundos. Umi pudo notar que algo volaba hacia esa mano levantada. Un sombrero, un sombrero de paja. Llevó sus pupilas hacia el lugar de donde procedía el objeto y vio a su madre, cruzada de brazos, con lágrimas en sus ojos. Pero lejos de parecer triste o preocupada, se veía segura de lo que estaba haciendo. Sus ojos café mostraban la misma determinación y el mismo sentimiento que los ojos negros de Luffy.

Volvió a verlo y él la miraba sonriente. Quiso decir algo, pero las palabras estaban atragantadas en sus cuerdas vocales y nada salió. Abrió y cerró la boca, pero ningún sonido salió. Luffy volvió a agacharse junto a ella, con el sombrero en la mano. Notaba que estaba confundida, quizá estaba conmocionada o había algo que no entendía. No podía detenerse en esos detalles, menos en ese momento. Tampoco podía dedicarse a liberarla, simplemente debía ir a patearle el culo a Kaizoku Satsujin y luego vería qué hacer después.

Esa niña era Umi, era su hija, la hija en la que pensó durante esos diecisiete años. Era como verse en un espejo, realmente era idéntica a él. La idea de hablar, de conocerse, de sentarse horas en la cubierta de un barco a charlar sobre todo lo que sucedió mientras él había estado ausente lo llenaba de emoción. Apretó un poco más su tan añorado sombrero de paja con su mano derecha, queriendo en ese acto confirmar y reconfirmar que estaba vivo y estaba allí, parado, frente a su hija y frente a sus nakamas. Pero, por el contrario de lo que todos pensaban que haría, no se colocó el sombrero. Sonriente y lleno de una dicha que jamás creyó podría nacer con tanto ímpetu y velocidad, le colocó el sombrero a Umi, que aún lo miraba anonadada e incrédula.

− Cuídalo por mi, ¿está bien? − su gesto era tan humilde y sincero que Umi sólo pudo asentir. No podía siquiera moverse o sonreír. Él se puso de pie y ella lo siguió con la vista. Notó cómo cambiaba el aire a su alrededor y se volvía denso. La expresión en el rostro de Luffy también cambió. Clavó sus ojos en alguien que estaba detrás de ella, e inmediatamente supo que se trataba de Nathan. Pero, había algo que no comprendía, había algo que no sabía. ¿Qué era aquello lo que no sabía? ¿Cuál era el secreto que explicaba todo lo que estaba sucediendo?

Luffy se agachó para tomar impulso y dio un salto. Cayó suavemente sobre la barandilla donde antes estaba recargado Nathan, que había dado unos pasos hacia atrás, sin dejar en ningún momento su sonrisa de satisfacción y entusiasmo. En cambio, el Rey Pirata, se mostraba serio y amenazante.

Ryu, aprovechando la conmoción, se coló por la pequeña escalera a un lado de la tarima de madera y la subió, siendo seguido por Sora. No comprendía mucho de la situación, pero alcanzaba a dimensionar que esa sería una gran y cruenta batalla. Después de todo, Nathan era el que había destruido toda la banda de los Sombrero de Paja en el pasado. Y suponía que todos ellos habían estado esperando ese momento. No había alcanzado a subir cuando sintió una vibración en la tarima. Miró hacia arriba y vio a su padre junto a Umi. Frunció el ceño.

Zoro clavó su ojo en los de su hijo por unos segundos. Luego retiró su mirada hacia Mika, que estaba debajo de la tarima. Hizo un gesto afirmativo con su cabeza y saltó nuevamente, hacia el lugar donde estaba Luffy. Cayó con suavidad sobre la barandilla, a la derecha de su Capitán y llevó su vista hacia Kaizoku Satsujin, que no dejaba de sentirse lleno de emoción. La expresión que traía aquel hombre hacía que la sangre de Zoro hirviera, pero su decisión y su autocontrol eran más fuertes y se mantuvo sereno y en silencio, a la espera de la reacción de Luffy.

Por su parte, Mika vio cuando Ryu llegó junto a Umi. Maldijo para si misma. ¿Cómo pensaba su hermano rescatar a la niña si ni quiera tenía un arma en sus manos? Había visto perfectamente que no traía katana alguna además de Wado Ichimonji, y podía saber que estaba totalmente desarmado. El niñato que lo seguía como perrito faldero tampoco iba armado. Apretó los dientes hasta que rechinaron. No le gustaba prestar sus katanas a nadie, pero esta era una causa que valía la pena.

− ¡Ryu! − lo llamó y él volteó apenas. − ¡Hermano idiota! − gritó enojada. Él hizo una mueca de disgusto. ¿Lo llamaba para insultarlo? − Toma − ordenó al tiempo que arrojaba la katana azul hacia su hermano que la tomó rápidamente con la mano derecha. Estaba algo desconcertado por la acción de Mika, pero no dudó un segundo. Sabía lo que tenía que hacer y lo haría sin titubear. Desenfundó la katana y dio varios cortes alrededor de Umi que ni siquiera se había percatado de que él estuviese allí. Quizá era porque el ala del sombrero de paja que ese hombre le había colocado segundos antes sobre la cabeza le entorpecía la visión. Las cadenas cayeron haciendo un ligero sonido metálico.


Jejejeje pueden matarme y tirarme tomates y todo lo que tengan a mano. ¿Les gustó? ¡A que si! Jajajajaja.

¡Quiero saber qué les pareció! Porfis! Gracias por leer! Nos vemos!