¿Qué? ¿Creyeron que no habría capítulo hoy? Pues, no. ¡Aquí está! Más vale tarde que nunca jejeje.
¿Qué quiero decirles? Bueno, en realidad quiero decirles mi opinión acerca del encuentro de Luffy con su hija. En verdad pensé mucho como hacer ese encuentro, ya que ninguno de los dos es muy despierto que digamos. Pero, considerando que Luffy sabía que iba a tener un hijo/a y que es exactamente igual a él cuando tenía su edad, quise pensar que por muy idiota que sea, tenía que darse cuenta de que era sangre de su sangre. Y por otro lado, quise darle también tiempo a Umi para reaccionar, porque no es facil pensar en que tu papá va a caer desde el cielo cuando están a punto de ejecutarte, diciendo que sos un tipo super importante, que ni siquiera tenías idea de que existía. Y para completarla tu papá es ese tipo. Realmente no sólo Umi es lenta -relamente lo es- sino que es una situación de los más exótica e inesperada por cualquier ser con dos dedos de frente. En fin.
La cuestión del sombrero de paja es diferente porque me fue dificil ver la situación del lado de Luffy. Él tuvo que sobreponerse al hundimiento de su barco, a no poder hacer nada para impedirlo y a ser totalmente incapaz de enfrentarse a Nathan (ya veremos por qué), aún habiendo llegado a cumplir su sueño, o sea ya siendo el Rey Pirata. Ahora bien, ustedes podrán criticarme (seguramente lo harán) en que hayan pasado tantos años para que Luffy tomara venganza -o quisiera hacerlo-, y también hay explicación para esto (que la sabrán mucho más adelante, lo siento). Volviendo al punto, ¿por qué darle su sombrero de paja a Umi cuando recién lo recuperó después de 17 años? Muy simple, ¿qué hizo Luffy antes de sacar a Nami del barco? ¡Bien! ¿Y con que motivo? Pues, con el de que ella lleve no sólo a su hijo y a su sombrero a salvo a algún lugar, sino con el propósito de que le entregue el legado que ese sombrero conlleva -sólo que Nami nunca lo hizo-. Bien, muy filosófico y explicativo fue este prólogo al capítulo 30. ¡Lo siento!
Candy-chan: no tengo para decirte nada, pues, ¡porque no me has dejado review en el 29! (Al menos no hasta que yo escribí esto ToT)
¡Besos!
Las cadenas cayeron haciendo un ligero sonido metálico. Ryu enfundó su katana y miró hacia el suelo debajo de la tarima pensando en devolvérsela a Mika, pero ella ya no estaba allí. Gruñó. Volvió sus ojos a Umi, que parecía estar conmocionada por algo. ¿Le habrían hecho algo esos tipos? ¿Acaso Nathan la habría lastimado? Se agachó con suavidad y llevó su mano a la barbilla de ella, para hacer que levantara su rostro y lo mirara a los ojos. Umi se dejó hacer. Sus ojos estaban perdidos en sus pensamientos.
− Umi − la llamó suavemente. Ella pareció despertar. − Debemos irnos − propuso.
− ¡Ryu! − gritó, abalanzándose sobre él, dándole un fuerte abrazo. Del impulso, él cayó sentado en la madera. Correspondió su abrazo con delicadeza. Sintió unos sollozos provenientes de la siempre segura Umi y se asustó. Realmente le había sucedido algo.
− ¿Qué sucedió? ¿Te hicieron algo? − comenzaba a alterarse y se le notaba en la voz. Ella negó con la cabeza mientras se mantenía oculta en el pecho de su nakama. − ¿Qué te pasa? − su voz fue más suave y tranquila. Después de todo no le habían hecho daño.
− Él − dijo Umi − él sabe quién soy − afirmó. No estaba segura de lo que decía pero sentía en su corazón que aquel hombre al que llamaban Rey Pirata tenía algo que ver con ella. − ¿Por qué Ryu? ¿Por qué siento que él es alguien importante para mí? − Ryu apretó los dientes. Debía decirle que Luffy era su padre, necesitaba decírselo, pero ese no era el mejor momento. Miró frente a él y vio a Zoro junto a Luffy parados delicadamente sobre la barandilla. Más allá de ellos estaba Nathan con una expresión maniática que le dio escalofríos.
− Será mejor que nos larguemos de aquí − comenzó a ponerse de pie sosteniendo a Umi con su mano izquierda y la katana con la derecha. Debía bajarla y salir de la plaza para poder hablar con algo de tranquilidad. Aunque dudaba que en esa isla pudiera encontrar algo de tranquilidad. − ¿Puedes caminar? − Umi asintió y se separó de Ryu, ocultando su rostro debajo del ala de aquel sombrero de paja que olía a mar y a mandarinas.
− Sombrero de Paja Luffy − lo llamó Nathan con un tono amable y tranquilo sin poder dejar de sonreír de satisfacción. Todo su plan había salido a la perfección y tenía ahí frente a sus ojos a toda la banda reunida después de diecisiete años. − O debería llamarte Monkey D. Luffy o tal vez − dio un paso al frente − Rey Pirata − susurró. Luffy no podía más con la ira que le nacía del pecho. De un movimiento tomó a Nathan por la solapa de su sobretodo negro y lo arrastró hacia atrás haciendo que chocara contra el muro de piedra. Se colocó a escasos centímetros de su rostro. − ¿Qué sucede, compañero? − preguntó con ese mismo tono que estaba utilizando antes. − No me das miedo − afirmó. Luffy lo soltó, dio un salto hacia atrás y tomando velocidad con su mano derecha lo golpeó directamente en el rostro, provocando que la cabeza de Nathan hiciera una grieta en el muro.
− Cállate − masculló. Zoro, que hasta el momento se había quedado quieto en su sitio, se acercó a Luffy.
− Capitán − llamó su atención. − Lo que tengo con este hombre es una cuestión que va más allá de todo − habló con pesar. − Debo encargarme de él, tengo una deuda de sangre − Luffy volteó a verlo. Estaba furioso. Zoro contempló aquellos ojos que jamás había visto tan enfurecidos en su vida. − Luffy − soltó sin querer.
− Pelearé solo − lo dijo de verdad y Zoro lo sabía, pero no podía permitírselo. Debía hacerlo pagar, vida por vida. Su orgullo no le permitía que fuera Luffy el que lo derrote.
− Luffy, no puedo obedecerte − sus miradas se intensificaban. El Rey comprendía perfectamente los sentimientos de Zoro, pero era su deber como Capitán el cobrar venganza por todos sus nakamas y por él mismo. − Él mató a Robin − apretó los dientes.
− No sigas − volvió a ordenar Luffy. − Pelearé solo − insistió.
− Parece que están discutiendo − Nathan había vuelto a ponerse de pie, sin daño alguno. − Que tierno − sonaba por demás irónico. − Diecisiete años sin verse para reencontrarse y discutir sobre quién debe vengar a su nakama muerta − ambos voltearon para verlo a los ojos. Las ondas de haki eran incesantes y cada vez más pesadas. − ¿Acaso miento? − levantó los hombros y las manos. − Será mejor que se decidan rápido, porque quiero saber a quién mataré primero − Zoro no pudo contenerse más, y desenfundando rápidamente a Shusui lanzó varios cortes en el aire que Nathan esquivó y bloqueó con cierta facilidad.
− ¡Zoro! − gritó Luffy y él se detuvo inmediatamente.
− Esto es muy gracioso − dijo, pero borró su sonrisa del rostro. − No veo el motivo de esta pelea entre ustedes − Luffy volvió a verlo con rabia. − ¿De verdad piensan que Nico Robin está muerta? − preguntó, mirando fijamente a Zoro, que no entraba dentro de si. − ¿Acaso no es que todos ustedes también fueron asesinados por mí? − soltó una nueva pregunta que hizo que Luffy apretara sus puños con tanta fuerza que las uñas de sus dedos se clavaron en sus palmas. La sangre brotó lentamente y cayó al suelo en forma de gotas.
− ¿Qué quieres decir? − preguntó entre dientes, como pudo.
− Que según el Mundo todos ustedes murieron en mis manos, ¿o me equivoco, Roronoa? − esta vez llamó la atención de Zoro, que no sabía cómo debía interpretar las palabras de ese mal nacido. − Insisto, ¿de verdad creen que Nico Robin está muerta? − sonrió. − Porque maté a Monkey D. Luffy y a Zoro Roronoa hace mucho − los señaló con el dedo índice de la mano derecha mientras los nombraba, − sin embargo están aquí frente a mi
Luffy se lanzó contra él con un nuevo puñetazo que lo estampó contra el muro, haciendo que se desmorone. Nathan quedó entre los escombros. Pero, por el contrario de lo que se podía esperar, soltó una estruendosa carcajada.
− Quizá deberían confirmar si ella está aquí, como todos los demás − Zoro, que no sabía qué pensar ni qué hacer, volteó a ver a Luffy que tenía las manos ensangrentadas con su propia sangre. − Después de todo, yo los maté a todos − rió más fuerte.
− Ve − dijo Luffy y Zoro desapareció de allí dando un salto. Luego volvió su vista a Nathan. Pero, no estaba allí. En su lugar había un gran charco de agua, que corría a través del los surcos de piedra del suelo y se levantaba por los muros y entre los escombros.
− Muy bien Capitán Luffy − la voz de Satsujin retumbaba en el palco semidestruido. − Hemos quedado solos − el aludido, muy por el contrario de sentirse provocado, giró sobre sus talones y regresó a la barandilla. Se recargó con ambas manos sobre esta y gritó con todas sus fuerzas.
− ¡Yo derrotaré al que nos hizo esto! − gritó. Todos los Sombrero de Paja sintieron un respingo en sus corazones. − ¡Y luego los volveré a ver a los ojos! ¡Esta será mi pelea! − su mirada estaba fija en los ojos de Nami, que no se movía ni un ápice de su sitio. − ¡Sólo observen!
Ryu caminaba delante. Llevaba de la mano a Umi, que continuaba con su mirada perdida debajo del sombrero de paja. Detrás de ellos caminaba Sora, mirando hacia todos lados, intentando reconocer rápidamente el mejor camino a seguir. Y varios metros más atrás, los seguía sigilosamente Mika, que tenía mucha curiosidad por saber más sobre los nuevos amigos de su hermano.
− Aquel camino − dijo suavemente Sora mientras señalaba con un tembloroso dedo. La expresión que traía Ryu le indicaba que nada estaba bien. Tenía muchas preguntas pero no haría ninguna. Lo único en lo que debía concentrarse era en sacar a Umi de allí y en esconderse hasta que todo termine.
Todos habían escuchado a Luffy pidiendo que nadie se entrometa en su batalla. Ninguno de ellos sabía realmente la fuerza que podía llegar a tener Nathan ni conocían a Luffy más que a través de historias relatadas por sus nakama, así que no podían formarse una idea de la magnitud que podría llegar a revestir ese encuentro. Mika sentía en el aire las ondas de haki que emitían ambos, y también las que había sentido de Zoro, que por alguna razón se había ido de allí rápidamente, como si fuese a buscar algo. No quería detenerse a pensar en eso y justamente decidió ir tras Ryu para no suponer cosas innecesarias. Era mejor cuidar a su tonto hermano que inmiscuirse en los asuntos de su padre. Los compañeros de Ryu no eran normales, podía saberlo de sólo verlos. La chica despedía un aura cálida y fuerte, y el niño era un cobarde. Chasqueó la lengua, el sólo verlo le disgustaba. Pero con ella era diferente. Había algo, algo profundo y enorme que estaba segura era lo mismo que sentía Ryu.
Viraron en la dirección que les dijo Sora y encontraron un recoveco en el muro del castillo, que se asemejaba a una cueva o a un búnker. El lugar era suficientemente grande como para que los cuatro entraran cómodos. Había una roca en el centro, que hacía las veces de mesa, y unas cuantas maderas rotas dispersas por el suelo. La entrada era una grieta, pero parecía haber sido hecha a propósito. Sora entró y encendió una lámpara de aceite que estaba sobre la roca central. Ryu no quería saber cómo era que él había encontrado aquel lugar, sólo necesitaba centrarse en Umi.
− Me quedaré fuera, haciendo guardia − informó Mika al ver el rostro de preocupación y turbación de Ryu. No quería meterse en su vida, pero tampoco podía permitirse alejarse de allí. De cualquier forma él tenía su amada katana y no pensaba dejarlo solo para que la rompiera o la perdiera, o quién sabe qué cosas más. Salió sin más.
− Roronoa san − lo llamó Sora con suavidad, casi en un susurro. − ¿Umi san está bien? − se atrevió a preguntar una vez que Ryu dejó a Umi sentada contra la pared. Ella miraba el suelo y no hacía ningún movimiento.
− Si − contestó Ryu, sin estar del todo seguro. − Parece que no le han hecho nada − aclaró.
− ¿Crees que hay algo que no sabemos? − la pregunta de Sora alteró a Ryu, que quitó su vista de Umi para clavarla en él. Sora, inmediatamente, agachó la cabeza. − No fue mi intensión − se disculpó. Ryu se miró la palma de la mano derecha, con la que había sostenido a Umi durante todo el camino. Ella estaba fría y sudada, y temblaba levemente. No podía comprender por qué estaba tan alterada por lo que le había dicho aquel hombre llamado Luffy. Sora se disponía a salir de la cueva cuando Ryu habló.
− Hay algo que ella no sabe − soltó con una voz grave, mirándose la mano. − Por eso está así − Sora volteó a verla. No podía verle el rostro debido al sombrero.
− ¿Ese es el sombrero de paja de Luffy san, no es cierto? − preguntó. A Ryu le llamó la atención la familiaridad con la que habló Sora de Luffy. Quizá el tanuki le habló de él. Maldijo para si mismo por no poder recordar nada de lo que Zoro le contaba cuando era pequeño.
− Si − contestó Ryu.
− Iré afuera un momento − fue lo último que dijo. Definitivamente él no sería de utilidad en ese momento. Si había alguien que podría calmar a Umi era Ryu, y si él permanecía allí con ellos sólo entorpecería las cosas.
Sora salió de la cueva. Afuera estaba Mika, recargada contra el muro de piedra. Miraba hacia el frente, cruzada de brazos. Se veía su molestia. El chico tragó saliva. Se colocó del otro lado de la grieta, apoyando su espalda contra la pared y colocó sus manos en los bolsillos al tiempo que levantaba su pie para apoyarlo también en el muro, doblando su rodilla. No se atrevía a mirarla.
− ¿Te llamas Sora, no? − el tono de Mika era muy agresivo. Quizá era más violenta que su hermano Ryu. Sora asintió con un sonido. − ¿Está bien esa mocosa?
− Umi san estará bien − contestó Sora, sin levantar la vista de una hormiga colorada que caminaba frente a él.
− Esto es una mierda − dijo ella, irguiéndose. Caminó hasta estar frente a Sora, que tuvo que levantar la vista. Sus ojos se cruzaron. − ¿Tu estás o no con ellos? − preguntó. La respuesta que antes había obtenido le había olido a mentira. Eso sumado a la siguiente frase que soltó Ryu, le daba todo el aspecto de una relación que estaba tirada por los pelos.
− Si − apretó sus puños dentro de los bolsillos. − Umi san me invitó a unirme a su tripulación pirata − aclaró. Mika abrió los ojos con sorpresa e incredulidad. Tomó a Sora por el chaleco con ambas manos y lo zarandeó un poco.
− ¡¿Estás diciéndome que Ryu quiere ser un pirata?! − gritó, eufórica.
− ¿Piratas? ¿Todavía hay niños que quieren ser piratas? − una nueva voz se hizo presente en el lugar. Sora fijó su vista en el sujeto que hablaba. Era el jefe de la banda de los caza recompensas. Mika lo soltó y volteó, tomando la katana con la mano derecha. No la desenfundó.
− Si, seremos piratas − la voz de Sora sonó extrañamente segura. Caminó unos cuantos pasos acercándose al jefe y fue entonces que vio que allí también estaba el cocinero del barco. Pero, lejos de sentirse atemorizado, y muy sorprendido de si mismo, levantó más la frente. El jefe soltó una risotada.
− ¿Estás seguro de eso, pendejo? − el cocinero se acercó con un machete en la mano derecha. Mika, desenvainó la katana roja y se colocó junto a Sora.
− Sal de aquí, estás desarmado − susurró Mika, ordenándole. Sora no se movió.
− Los que están desarmados son ellos − frunció el seño y cerró sus ojos. Se abrazó a si mismo y bajó la cabeza. Mika lo miraba de reojo, sin comprender qué estaba haciendo. Daba la sensación de que estaba muriendo de miedo, pero por el tono que había usado para hablar podía entender que era todo lo contrario. − Kowa Kowa no Fear
Luffy soltó la baranda y giró sobre si mismo. Llevó lentamente sus manos a los lados de su cuerpo e hizo un leve movimiento con sus hombros para quitarse la capa que traía, que cayó pesadamente sobre el suelo. El agua se había dispersado por la habitación. Cerró sus ojos.
− Te mataré − dijo con seguridad. Abrió sus ojos y éstos se habían tornado profundos. Sus pupilas estaban ligeramente dilatadas y su sangre corría más rápido por las venas, provocando un ligero aumento en su temperatura corporal. Apretó sus puños, pero no se movió.
El agua volvía a juntarse frente a Luffy, a escasos centímetros. Se amontonaba de a gotas, que se convirtieron en un pequeño chorro que crecía y se elevaba con gracia. Cada vez más y más agua se juntaba frente a él, que se mantenía estoico y a la espera del siguiente movimiento de su adversario.
− ¿Estás seguro de eso? − la voz de Nathan marcaba su confianza en si mismo. El agua tomaba forma humana. − Creo que debería ser yo el que dijera esas palabras − se formó el torso del hombre en el agua, hasta el pecho, y su cabeza, mientras mostraba una sonrisa enorme. − Te mataré, Monkey D. Luffy
Kowa Kowa no mi: Kowa viene de "kowai" que significa "da miedo" o "miedoso". Es una akuma no mi del tipo paramecia.
¿A que están sorprendidos? ¡Yo también! No puedo creer que ya haya llegado hasta este punto. Actualmente estoy escribiendo el capítulo 33 y espero terminarlo así mañana publico sin falta el siguiente, que es donde comienza el pasado. ¡Espero sus comentarios! Mary
