¿Qué decirles hoy? No fue un buen día... pero bueno, aquí estoy. Acabo de terminar el capítulo 33 y darle algo de forma al 34 (donde vuelve la trama al presente) y creo que no logré nada bueno xD Ustedes me lo dirán cuando lo lean, y les pido ¡sean sinceros! Como siempre, ya que no puedo quejarme porque sus comentarios son muy críticos y constructivos. Muchas gracias por eso.
A ver, qué más. Como aclaración del capítulo, tiene una primera escena en el presente y luego comienza el pasado, que se extenderá -como acabo de comentarles- hasta el 34. Todo eso está escrito en letra cursiva, para identificarlo rápidamente como pasado (algo así como el fondo negro del manga). Muy bien, los dejo con el capi!
Candy-chan: ¡No hay cuidado! Sólo pensaba que era extraño que no hayas comentado cuando fue un capítulo tierno y revelador jaja. Pero no te preocupes tanto ¡nankurunaisa! Me alegra mucho que te haya gustado tanto el encuentro entre Umi y Luffy, realmente le puse mucho esmero :D Ya verás si sólo fue el "hijo de puta enviado por dios" o hay más implicados en el asunto. Veremos en este primer episodio y en los demás cómo sucedió todo. ¡Bien! esa es una buena versión del motivo por el cual Luffy no regresó pronto: porque prometió patearle el culo al tipo que hundió su barco y no lo había hecho. ¡Felicidades! No sé si la habilidad de Sora es similar a As Nodt, pero me inspiré con él para hacerlo (nos inspiramos, mi marido y yo). Así que algo tendrá que ver ji. Coby y Smoker, ya verás por qué están allí. Aunque te debes hacer una idea, bah, creo xD Sipi mi imagen de perfil cambió, simula ser Umi pero es un gender bender de Luffy, lo siento, no es original, es tomada prestada de algún creador talentoso que no soy yo xD De cualquier forma me encantó porque es tal cual Umi jijijijiji También tengo una de Zoro en la que se asemeja mucho a Ryu, pero aún no pude tocar el Photoshop para cambiarle el color de pelo, de ojos y sacarle los aros (soy un fraude, lo sé). Y mi marido no se decide a dibujarlos ToT ¡Muchas gracias! Nos leemos!
¿?: Si Robin está viva o no se verá más adelante jijijijijijiji Y dejar con la intriga es mi especialidad, ¡soy muy mala!
Zoro había entrado en el castillo. Había golpeado más de cincuenta marines, dejándolos inconscientes. No tenía intensiones de matar a nadie que no fuese Kaizoku Satsujin, pero no había tenido opción. Después de que él mismo afirmara aquello y de sentir la esperanza de que Robin aún estuviera viva no dudó en salir de ahí para buscarla. Pero, ciertamente, no sabía dónde podría estar. Si había logrado sobrevivir −de alguna forma− a aquel terrible ataque, podría haber permanecido oculta durante todo ese tiempo, al igual que él y que todos los demás. Y estaba seguro que había logrado comprender el mensaje que escondía el boletín especial del periódico. No había forma de que si realmente estaba con vida no hubiera asistido a ese lugar ese día. Al mismo tiempo lo atormentaba el hecho de que ese hombre fuera el que la hubiera tenido retenida de alguna forma. Quizá por eso sus pasos lo llevaron a ese castillo antes que a cualquier otro sitio en la isla.
Corría a través de los pasillos, rompiendo todas las puertas que encontró cerradas. Lo único que descubrió fueron habitaciones vacías y para su desgracia, aquel lugar era enorme. Su corazón latía con violencia y golpeaba su pecho como nunca antes. Debía mantenerse dentro de sus cabales hasta haber confirmado si lo que estaba diciendo ese tipo era la verdad o si simplemente dijo aquello para provocarlos aún más. Si había sido una mentira, se juró a si mismo no dejar rastro de aquel sujeto, ni siquiera en la historia.
Al final de uno de los pasillos de la parte más alta del castillo visualizó una puerta. Era distinta. Era de un metal color gris oscuro. Dio un par de cortes, con Shusui y Sandai Kitetsu, pero nada sucedió. La puerta no cedería tan fácilmente. Se concentró un poco más y volvió a cortar pero ni siquiera marcó la puerta. Miró de reojo a Wado Ichimonji. Tantos años añorando volver a tenerla en sus manos y en ese momento dudaba tanto de volverla a usar. Cerró los ojos, aspiró con fuerza y llevó su mano derecha a la empuñadura de la katana blanca. La tomó y se la colocó en la boca, como hacía diecisiete años no hacía.
− Veremos si lo he olvidado − susurró. − Hyakuhachi Pondou Ho − dijo mientras hacía su poderoso ataque del cañón de 108 libras. La puerta tembló fuertemente y comenzó a resquebrajarse. Zoro arrugó más el entrecejo, el único material que sabía era tan resistente era el kairouseki. ¿Acaso podría ser que en ese castillo hubiera la necesidad de tener una habitación con una puerta tan gruesa hecha de kairouseki? Apretó más sus katanas. − Rengoku Oni Giri − insistió con un nuevo y poderoso golpe, que al fin hizo que la puerta cediera y cayera cortada en varios pedazos.
La habitación era pequeña y oscura. No tenía aberturas. La iluminación venía desde el exterior a través de una ventanita que tenía la puerta en la parte superior. Zoro enfundó las tres katanas y se encaminó, entrando en el lugar. Todo olía a moho y encierro. Pensó que después de todo no usaban aquella habitación. Dio un par de pasos y chocó contra algo en el suelo. Se agachó y colocó la mano derecha sobre lo que había pateado. Estaba seguro de que era un zapato. Un zapato de mujer. Se puso de pie, cada vez más agitado. Se introdujo más en la habitación. Escuchó un gemido y se puso alerta, colocando su mano derecha sobre Wado Ichimonji.
− ¿Quién es? − susurró una voz que se oía muy débil. Era áspera, pero aún así podía saber que pertenecía a una mujer. Volteó y se encaminó hacia el lugar desde donde provenía la voz, dentro de la habitación. En la penumbra pudo divisar una cama y un bulto sobre ella. Algo se movió y escuchó el sonido de cadenas. Abrió más su ojo. Y su corazón se detuvo por un instante.
− ¡Capitán! − un marine delgado y de baja estatura se acercó a Coby, muy agitado. El aludido lo miró de arriba abajo, intentando comprender qué era lo que sucedía con ese joven. − Acabamos de recibir un alerta − Coby arqueó una ceja. − Avistaron el Thousand Sunny hace media hora desde la costa de la Isla Marga, se dirigen hacia el norte − se puso firme e hizo la venia.
− Gracias, soldado − agradeció Coby y continuó con su paseo por la cubierta.
A decir verdad, no le preocupaba en lo absoluto que hubiesen avistado a Luffy en la costa de la Isla Marga, ya que ellos nunca jamás habían provocado disturbio alguno intencionalmente ni con maldad, o queriendo hacer daño a la población. Por lo tanto no tenía que preocuparse de ellos. En todo caso, eran los mejores piratas −incluso hasta mejores que muchos marines− que navegaban cualquiera de los mares. Suspiró cansado.
− Capitán Coby − la voz que escuchó llamándolo le puso los pelos de punta. Se detuvo. − ¿No hará nada? − preguntó, apareciéndose junto a Coby.
− ¿A qué te refieres, Nathan? − su pregunta era sincera, no comprendía a qué se refería su compañero. ¿Por qué debería hacer algo contra los Sombrero de Paja? Además, no entraba dentro de sus planes enfrentarse a Luffy, al menos no hasta ser Almirante.
− Acaban de avisarte que avistaron un barco pirata − explicó Nathan. − Creo que deberíamos ir por ellos, tal y como nos ordenaron hacer − Coby arrugó el entrecejo.
− No − soltó, muy serio. − Ellos no son enemigos, Nathan − el chico rió. Nathan podía ser un joven muy impertinente y necio, además de caprichoso. Coby lo detestaba en todos sus aspectos. Jamás le había tocado tener que trabajar con alguien así. Y el Almirante de Flota no había tenido mejor idea que mandarlo a ambos a esa ridícula misión de deshacerse de los barcos piratas que navegaban amenazando la paz.
− ¿No son enemigos? − preguntó entre risas. − ¡Son piratas, Capitán! − continuó riendo. − Y los piratas son enemigos de la justicia − culminó su frase con seriedad. Tenía sólo diecinueve años, pero era muy decidido y temible, a pesar de su comportamiento errático e impredecible.
− Nathan, los piratas son enemigos de la justicia, pero no los Sombrero de Paja − el tono y la expresión usados por Coby parecieron convencer a Nathan de que no debía volver a tocar el tema. Hizo un gesto afirmativo con la cabeza, saludó y se retiró. Coby pudo ver cuando subía a la torre vigía. Decidió no prestarle más atención. Continuó su paseo.
− Maldito Coby − Nathan estaba iracundo. − Los Sombrero de Paja son los que primero debemos hundir en el fondo del mar − miró su mano y comenzó a deformarse para convertirse en agua. − Yo mismo lo haré − sonrió. − Le demostraré a Akainu que soy digno para ese puesto − sus dedos se convirtieron en puntas que parecían filosas a pesar de ser de agua. Hizo un movimiento en el aire y las dos sillas que estaban frente a él se hicieron añicos.
− ¡Sanji! ¡Comida! − la voz de Luffy retumbó por todo el barco.
− ¡Pero si comiste hace media hora! − retrucó el cocinero que apenas había terminado de lavar los trastos y acomodar la cocina. Salió a la puerta, cruzado de brazos, con su delantal blanco puesto y su camisa arremangada hasta los codos. Tenía un cigarrillo apagado en la boca.
− Y ahí van otra vez − susurró Usopp, resignado. Levantó sus hombros y cerró sus ojos al tiempo que levantaba sus manos.
− No cambiará jamás − soltó Chopper para luego desaparecer dentro de la enfermería.
− Pero Sanji, ¡aún tengo hambre! − lloriqueó Luffy.
− ¡Que no! Deberás esperar hasta mañana − fue el último regaño de Sanji, que entró en la cocina dando un portazo, y cerró la puerta con llave.
Ya era de noche y la luna brillaba en lo alto. Habían anclado en altamar y recogido las velas. Todos tenían muchas ganas de dormir esa noche ya que habían estado festejando durante días su llegada al West Blue tras salir del Nuevo Mundo. Nami estaba sentada en el mástil, observando el cielo nocturno, ajena a la discusión creada por Luffy respecto a su apetito insaciable. Miraba la luna y las estrellas como si jamás las hubiese visto. Y en cierto sentido así era, porque jamás había navegado por ese mar. Su concentración era tal que no se percató de que Robin se sentó junto a ella hasta que le habló, notando que estaba absorta en sus pensamientos.
− Navegante san − la llamó suavemente, como hacía tiempo no lo hacía. Después de tantas aventuras y años, ya la llamaba por su nombre. Pero le pareció divertido quitarla de sus pensamientos, llamándola así. Nami volteó extrañada.
− ¡Robin! − dijo sobresaltada. − Me asustaste − llevó las manos a su pecho. Robin llevó sus ojos a las estrellas.
− De verdad son muy bonitas − dijo. − ¿Nunca habías navegado este mar, no es cierto? − preguntó algo que ya sabía, pero daba igual. Escuchaban a lo lejos los quejidos de Luffy siendo arrastrado a su cuarto común por Usopp y Franky. También podía escucharse cómo Brook afinaba su violín y tocaba algunas notas para probarlo.
− No, jamás había estado aquí − Nami sonrió levemente. − Es increíble − se sentía emocionada. − Hemos recorrido tanto, y al fin salimos del Grand Line − miraba a Robin, que sonreía levemente.
− Dime, Nami − la miró. − ¿Hay algo más, no es así? − preguntó dulcemente, mirándola a los ojos con intensidad. Nami se sonrojó.
− No, no, ¿por qué lo dices? − se notaba a flor de piel su nerviosismo. Robin intensificó su sonrisa.
− Porque has estado muy pensativa desde que entramos al West Blue, has gritado menos y dejaste pasar unas cuantas tundas para Zoro y Sanji − su expresión era por demás divertida. Nami estaba cada vez más roja. Llevó su mano derecha a su cabeza y se rascó.
− ¿Eso crees? − soltó. Robin asintió. − No sucede nada Robin, quédate tranquila − tragó saliva y puso sus ojos sobre las copas de las mandarinas. Robin no dijo nada más. Se puso de pie y saludó a Nami con la misma sonrisa cómplice en el rostro. Nami correspondió su saludo con un ligero movimiento de la mano.
− Binkusu no sake wo, todoke ni yuku yo. Umikaze, kimakase, namimakaze (1) − el canto de Brook se hizo presente en el aire del Sunny, como un susurro en el viento. Nami cerró sus ojos y se recargó sobre el mástil, escuchando atentamente ese hermoso sonido, que era como una especie de canción de cuna. − Shio no mokou de, yuuhi mo sawagu. Sora nya wa wo kaku, tori no uta (2) − los recuerdos de su amada Cocoyashi la invadían, trayéndole una paz que hacía mucho tiempo no sentía. − Sayonara minato, tsugumi no sato yo. Don to icchou utao funade no uta (3) − suspiró y vino a su mente Luffy. − Kinpa-ginpa mo shibuki ni kaete (4)
− Oretachya yuku zo umi no kagiri (5) − escuchó la voz de Luffy cantado a su espalda y se espabiló. Abrió los ojos.
− ¿Luffy? − preguntó, volteando.
− Shhh − dijo él, poniendo su dedo índice sobre los labios de Nami. Sonreía. − Binkusu no sake wo todoke ni yuku yo, warera kaizoku umi watteku. Nami wo makura ni negura wa fune yo, ho ni hata ni ketateru wa dokuro (6) − quitó su dedo. − Oi, Nami − susurró mientras Brook continuaba cantando suavemente. El silencio hecho por el capitán duró unos cuantos minutos.
− Arashi ga kita zo senri no sora ni, nami ga odoru yo doramu narase. Okubyoukaze ni fukakerya saigo, asu no asahi ga nai ja nashi (7) − continuó Brook, ajeno a lo que sucedía en la cubierta.
− Si es niña quiero que se llame Umi − los ojos de Luffy brillaban con intensidad. Nami estaba en silencio, no salía nada de su boca. Todo aquello le parecía irreal. Hacía dos días que le había contado a Luffy sobre su condición, que no había sido planeado bajo ningún punto de vista. Hacía sólo unos meses que tenían una especie de relación amorosa que ninguno de los dos se había atrevido a aclarar. Sólo sucedió y ya. Y los dos lo disfrutaban a pleno, encubiertos por el silencio de las noches en altamar. − Umi, como el mar, como nuestro hogar
− ¡Luuufyyyy! − el gritó de Usopp hizo que el corazón de Nami diera un vuelco. Estuvo a punto de gritarle de todo al tirador, que había interrumpido tan único momento. Pero, Luffy no la dejó. La tomó por la muñeca y la atrajo hacia él, hasta que sus frentes se tocaron.
− ¿Te gusta? − preguntó. Nami se sonrojó. Aún después de todo lo que sucedió entre ellos y después de que tantas veces hubiesen estado así, tan juntos, sentía que la invadía una sensación tan extraña que sólo era comparable al éxtasis de aventurarse en el mar.
− Si, será Umi − sonrió, temblando levemente. Muy por el contrario de lo que ella podía esperar, Luffy la separó con suavidad y se puso de pie, dejándola sentada en el mismo sitio donde estaba antes.
− ¡Voooyyyy! − gritó y dio un gran salto hacia las habitaciones.
Un trueno lo despertó. Sabía que habían pasado varias horas desde que se durmió. Todo estaba oscuro. Se sentó en la cama y buscó los cerillos para encender la lámpara de aceite que estaba sobre la mesa de noche. Había algo en el olor del aire que no le gustaba. Podía escuchar el fuerte sonido que hacía el viento sobre la cubierta del barco. Estaba seguro de que Nami les había advertido sobre la venida de una fuerte tormenta y que se había asegurado de que si los pescaba durmiendo todo estuviese hecho para que no tuvieran problemas. Pero, de cualquier forma y aún sabiendo eso, estaba tenso y molesto. Chasqueó la lengua. Encendió la lámpara y volvió a recostarse, pero esta vez apoyando la espalda en la pared.
Miró a un lado y allí, plácidamente dormida, estaba Robin. No pudo evitar sonreír. Sintió un movimiento de sábanas venir desde más allá de su cama. Se puso de pie inmediatamente y se acercó a lo que parecía una cuna muy bonita, de color blanco, hecha en madera tallada. Se aseguró de que su pequeño hijo Ryu, de sólo dos años, continuara dormido. No pretendía tener que lidiar con las riñas nocturnas de su hijo. Y además, necesitaba estar alerta por cualquier cosa que sucediera durante la tormenta. Ryu dormía, pero algo lo inquietaba. Pensó que podría ser la luz que recientemente había encendido, pero no la apagaría hasta convencerse de que todo estaba bien. Volvió a la cama.
¿Cuándo había sido que comenzó a sentir eso al verla? Todo cambió después de que salieran de aquella isla invernal en el Nuevo Mundo. Ella parecía diferente y él podía notar el cambio. Desde ese momento que la vio con esos otros ojos no pudo despegarse de ella. Y en ese momento, casi tres años después del cambio, aún continuaba pudiendo sentir cómo su corazón se aceleraba al tenerla cerca y cómo su piel se erizaba al contacto. Sintió que un escalofrío recorrió su espalda cuando Robin se movió y llevó su mano hacia su abdomen, que permanecía encorvado por la posición. Zoro dejó sus pensamientos de lado y volvió a verla. Dormía, y se veía preciosa.
Nathan podía ver una gran tormenta que no estaba muy lejos de allí, apenas a unas cuantas millas. Ya había intentado hablar con Coby, y había sido rechazado. No tenía caso continuar empeñándose en que el Capitán cambiara de parecer respecto a los Sombrero de Paja. Akainu había sido preciso y directo cuando le dio esa misión. Tenía que encargarse de hundir a todas las tripulaciones piratas que navegaban descaradamente los mares. Y eso era lo que él tenía pensado hacer. Apretó sus puños y sus dientes.
No comprendía por qué Coby se empeñaba en dejar hacer a Monkey D. Luffy. Tenía entendido que su abuelo lo había entrenado, pero eso era una cosa y otra muy distinta era tener a una banda pirata, que era nada más y nada menos que la del consagrado Rey Pirata, y deliberadamente desobedecer las órdenes de su superior. No lo comprendía y le daba rabia, y asco. Odiaba a Coby desde el primer instante en que lo vio, y no podía esperar para enrostrarle que él había podido hundir el famoso Thousand Sunny en sus narices y a pesar de que no hubiese dado la orden. Sonrió maniáticamente y comenzó a convertir su cuerpo en agua.
Se quedó alerta cuando un sonido que no estaba apareció. Parecía agua. Había comenzado a llover despacio. Apenas una tenue llovizna, podía saberlo. Pero ese ruido no era el del agua caer, no, no lo era. Parecía que el agua se deslizaba. Tomó delicadamente la mano de Robin y la depositó sobre la cama, a un lado suyo. Se puso de pie, descalzo para no hacer ruido al colocarse las botas, y se acercó a la puerta, pegando su oreja a la madera.
El rumor del agua chocando con el barco se confundía con otra cosa que no podía identificar con claridad. Podía jurar que sentía cómo si el agua se arrastrara sobre la madera. Tomó el pomo de la puerta y la abrió suavemente, volviendo su vista a la mujer que dormía sin percatarse de su ausencia. Salió de allí con el mismo sigilo para descubrir que el suelo de la galería a la que daba su habitación estaba totalmente empapado. Arrugó el ceño. Podía afirmar que no había llovido tanto como para que estuviese todo tan mojado. Caminó hacia la cubierta con suavidad, sus pasos eran ligeros y nadie los notó.
Llegó al césped de la cubierta y se recargó sobre uno de los árboles. Se mantuvo en silencio, intentando identificar el sonido que aún escuchaba. Cerró sus ojos por unos segundos.
− Zoro − la voz de Robin, en un susurro, logró sobresaltarlo. Pero se calmó instantáneamente cuando sintió los brazos de ella aferrarse a su cintura por la espalda. − Estás mojado − dijo en su oído.
− ¿No escuchas algo raro? − preguntó, ignorando lo que ella había dicho. Estaba preocupado y tenía un mal presentimiento.
− Realmente no − soltó su agarre y tomó su mano. − Vamos, volvamos − al girar, se encontraron con Sanji parado junto a la escalera que conducía al primer piso. Parecía serio. También estaba descalzo y extrañamente no tenía cigarrillo en la boca. Llevaba una camiseta y sus pantalones negros. Zoro arrugó el ceño.
− Tú también lo escuchas, ¿no? − preguntó sabiendo que Sanji respondería afirmativamente.
− Si, no sé qué es − respondió, intentando afinar aún más sus sentidos, ahora sabiendo que no era el único que escuchaba algo raro. Era un rumor extraño en el agua, como un susurro o el correr de una pequeña cascada.
− Será mejor que volvamos a las habitaciones − propuso Robin, aferrándose más a la mano de Zoro. Tenía bastante frío considerando que llevaba puesto sólo su camisón de seda azul. Sanji afirmó con la cabeza sin quitar sus ojos del de Zoro, que se mantenía con una expresión seria y profunda.
− Si − soltó y se retiró sin querer hacerlo realmente. Zoro y Robin subieron a su habitación.
La canción del Sake de Binks fue escrita por Oda sama, y significa algo así:
Probaremos el licor llamado Sake de Binks,
Las olas y la brisa despiertan al mar. (1)
Lejos de nuestro hogar, alegre me pone recordar,
Pintando esferas de cristal, escuchando pájaros cantar.(2)
Diciendo adiós a todos,
me despedí del puerto de mi ciudad. (3)
Vamos a cantar con este don que podemos escuchar.
Las olas son de oro y platino y todo huele a sal. (4)
¡Todos vamos a surcar el ancho mar! (5)
Probaremos el licor llamado Sake de Binks,
Surcaremos el mar como piratas hasta el final.
El barco será nuestro amado hogar,
alzándose con orgullo surcando el mar. (6)
Viene una tormenta, con su gran autoridad.
Ahora las olas bailan golpeando el mar.
Si te rindes no podrás ser un gran capitán,
pero si la enfrentas el mañana volverá a brillar. (7)
Probaremos el licor llamado Sake de Binks,
Hoy y mañana veré mis sueños al anochecer.
Recordando nuestro adiós, también pude recordar,
que la luna y las estrellas siempre nos protegerán.
Probaremos el licor llamado Sake de Binks,
Salgamos con este don para cantar esta canción.
No importa quién seas en este mundo del más allá,
nuestra divertida historia nunca terminará.
Desde la primera vez que escuché esta canción me ha gustado siempre. Deja un buen sabor de boca y realmente te hace rememorar momentos bonitos del pasado, de la infancia y de cuando todo era fácil y todos los sueños se podían cumplir, por más alocados y fantasiosos que sean (tierna e inocente infancia). Por eso quise poner una traducción aceptable. Cada número -como habrán notado- hace referencia a la estrofa que es cantada por Brook o Luffy antes, en la escena romántica con Nami jaja.
Espero que hayan disfrutado de la primera parte del fic dentro del fic jajajaja Y que hasta ahora todo vaya bien. Espero poder subir capítulo mañana.
¡This is Esparta!
xD
