¡Konbawa! Ok, si no es de noches, buenos días o buenas tardes jajaja.
Candy-chan: ¡Amo a los gatos! Tengo 4 y medio (porque una de mis gatas, Yuki, tuvo cría). Jajajaja. El consuelo no es sólo que siga vivo, sino también los fanfics jijijiji. No decía que tuvieses idea de Coby y Smoker por lo que pasa en la serie, sino por lo que venía pasando en mi fic. Pero bueno, ya verás más adelante. ¡Lo siento! Pero así tenía que quedar el suspenso del presente para remontarse al pasado, y por favor, no rompas la computadora de tu padre, ¡que va a ser culpa mía! ¡Eh! Jajajajaja. Los chicos no lo sabían porque si apenas ellos dos lo sabían jajaja hacía dos días que Nami le había contado a Luffy nada más y bueno, como nadie sabía formalmente sobre su relación, no podían soltarles que estaba embarazada je. Así que se separaron sin que nadie lo supiera. ¡Que bueno que me hayas seguido hasta acá! Espero siga gustándote la historia y ser merecedora de tu seguimiento y comentarios. ¡Que me hacen muy feliz! Muchas gracias por todas tus palabras y "títulos-basados-en-peliculas" que me hacen reír mucho (y le muestro cada rev a mi marido jejeje). ¡Nos leemos!
La lluvia se había intensificado. Miraba a Robin con los ojos muy abiertos. Respiraba con ansiedad mientras ella intentaba calmarlo en vano, manteniendo esa expresión serena y una sonrisa tranquilizadora en el rostro. No le gustaba nada. Además, el ruido que antes sentía había cesado, y eso lo ponía más tenso.
− ¿Por qué no te recuestas? − preguntó Robin, tocando la almohada. − No creo que estando en ese estado resolvamos algo − dijo, manteniendo la misma expresión. − Iré por café − se puso de pie siendo observada por Zoro. − Y le preguntaré a Nami si debemos estar alerta − continuó. Él comenzó a recostarse mientras ella salía de la habitación usando un paraguas negro.
Caminó con paso ligero por la galería mientras sentía que las gotas de lluvia se clavaban en sus piernas, que era lo único que su bata no cubría. Sabía que Zoro sentía lo mismo que ella en ese instante, una profunda sensación de vacío que invadía su pecho. Pero no podía dejar que él supiera que ella sentía lo mismo. Simplemente porque no quería que estuviera preocupado. No tenía caso, de cualquier forma era sólo una tormenta. Y nada más.
Continuó su camino hacia la cocina y de regreso iría a la habitación de Nami para preguntarle sobre las próximas acciones a realizar para mantenerse estables mientras durara la tormenta. Sabía perfectamente que ella les había dicho que no debían preocuparse y que todo estaría bien, pero había algo que intuía no era normal y debía comunicárselo a la navegante.
En la cocina estaba Sanji, podía saberlo sin haber entrado. El olor a tabaco era perceptible aún desde atrás de la puerta. Las luces estaban apagadas, pero ella podía saber que él estaba allí. Y que sentía lo mismo. Abrió con cautela y entró, dando la espalda y cerrando el paraguas para no mojar el interior de la cocina. Dejó el paraguas junto al marco de la puerta y la cerró. Sólo después giró para ver en la penumbra los ojos del rubio clavados en los de ella.
− Vine por algo de café − se excusó Robin.
− Hay algo que no me gusta − Sanji no estaba usando su tono meloso y eso alertó a la morena, que automáticamente tomó asiento frente a él. − No sé qué es, pero no me gusta − insistió. − Hay algo en el agua, estoy seguro − afirmó con tanta seguridad que Robin no pudo decir nada. Llevó su mirada al cigarrillo que estaba encendido. Se veía rojo intenso en medio de la oscuridad del ambiente. Apenas si se podía distinguir la silueta de los dos sentados a ambos lados de la mesa.
− Zoro siente lo mismo − dijo al cabo de varios segundos.
Un crujido los alertó. Sanji apagó la colilla en el cenicero que estaba sobre la mesa y se puso de pie. Caminó hacia la puerta y quedó allí de pie, escuchando atentamente. Robin no se movió. Un nuevo ruido, que se oía como maderas rechinando, provocó que Sanji tomara el picaporte e intentara abrir la puerta. Pero se detuvo cuando escuchó un poderoso trueno. Quedó allí petrificado.
− Ve con el marimo − el tono era serio y preocupado. Robin decidió no acotar nada. Se puso de pie y salió de allí.
No podía ser bueno. El ruido continuaba y él había permitido que Robin saliera de la habitación. Estaba de pie junto a la cuna de Ryu, que dormía ajeno a todo lo que sucedía. La lluvia era intensa, tan intensa que no dejaba escuchar casi nada. Pero a eso, se le sumó el intenso viento que meneaba el barco y hacía que las cosas se movieran de su sitio. Las maderas crujían, sin embargo esos crujidos parecían distintos a los que siempre sentían durante una tormenta. Zoro tenía el ceño arrugado y le sudaban las manos. No comprendía por qué se sentía así, pero había algo, estaba seguro. Se acercó a la puerta y al abrirla se encontró con la mirada intensa de Luffy.
− Hay alguien en el barco − la severidad de la voz del capitán hizo que su corazón se acelerara. Luffy permanecía estático. Estaba sin camisa y empapado. − Tenemos que encontrarlo − no fue necesario que dijera lo que sentía, porque Zoro se sentía igual. Salió de cuarto, cerrando la puerta mientras le daba una última mirada a la cuna.
Robin no había vuelto a su habitación. Se encontraba golpeando la puerta de Nami. Pero ella parecía no estar allí. Giró sobre sus talones y continuó su camino. Debía ir con Zoro y quedarse con él y su hijo. Los ruidos se hacían más intensos mientras avanzaba y el barco se meneaba con fuerza debido a la intensidad del viento y el oleaje, que era cada vez más fuerte. Pudo ver a Zoro junto a Luffy saliendo de su habitación y comprendió que nada estaba bien. Apretó el mango del paraguas y aceleró el ritmo, como podía, ya que la lluvia y las maderas mojadas no la dejaban pisar con seguridad.
Un gritó se escuchó. Sus músculos se tensaron, estaba segura que era Franky. Luego, escuchó cómo los demás corrían hacia donde estaba él. Decidió acercarse también, necesitaba saber qué era lo que estaba pasando para saber a qué atenerse. Si Zoro había dejado a Ryu, era porque de seguro estaba durmiendo. Apretó los labios y volvió sobre sus pasos, dirigiéndose a la cubierta.
− Algo está golpeando al Sunny − Franky estaba empapado como los demás. Habían hecho una especie de formación, con Brook, Usopp y Chopper, que al escuchar su grito, salieron despavoridos de la habitación que compartían. − Desde abajo − aclaró con tanta preocupación que asustó aún más a sus compañeros
− ¿Qué quieres decir, Franky? − la voz de Sanji sobresaltó a los cuatro, que voltearon a verlo. − No hay nada − aclaró el rubio con total seguridad.
− No hay monstruos marinos ni peces ni nada − esta vez fue la voz de Luffy la que aclaró que había insistido en controlar aquello desde que comenzó a sentir esa horrible sensación en su pecho.
− Es lo que temía − Franky agachó la cabeza. − Se está filtrando agua − el tono usado por el carpintero les daba la pauta de lo grave de la situación.
− ¿Por eso escuchamos tantos crujidos? − preguntó Usopp, comenzando a entender. Franky afirmó con la cabeza.
Luffy miró a Zoro de reojo. Lo mejor sería no decir nada por ahora. Tenían que encontrar a la persona que había subido a su barco. Podían sentir que no era peligroso y de cualquier forma, lo más importante era solucionar el problema del agua.
Nami, que había escuchado el grito de Franky entremezclado con el ruido de la lluvia, el viento y los crujidos, estaba muy preocupada. Sabía que nada estaba bien con el barco, aquellos sonidos estaban muy lejos de ser normales. Se levantó de la silla y se acercó a la puerta. Pero, no pudo continuar más ya que el vaivén le provocaba náuseas y sentía que vomitaría todo lo que había comido en la cena. Volvió a sentarse y a recargar su cabeza sobre sus manos apoyadas en la mesa.
Robin bajó el último escalón y sintió cómo su pie se metía dentro del agua. Y también sintió que sus fuerzas mermaban.
− ¿Agua de mar? − soltó sin querer, sosteniéndose de su paraguas como si eso fuera de ayuda. Miró al frente y vio el grupo de los muchachos que continuaban charlando. No podía oír lo que decían. Notó cuando Zoro se percató de que ella estaba allí y se acercó.
− ¿Estás bien? − la tomó por la cintura, metiéndose debajo del paraguas.
− Si − levantó su mirada hacia los ojos de él. − Es agua de mar − informó. Zoro no entendía a qué se refería. − El agua que estamos pisando, es agua de mar − amplió su explicación. Él frunció el ceño. ¿Por qué había agua de mar sobre la cubierta? Las olas no habían sido tan altas como para que llegaran a la cubierta.
− Ve al cuarto − le dijo, pero Robin negó.
− No − se lo hizo saber. − Debemos solucionar esto − continuó. Zoro, entendiendo a lo que se refería su mujer, asintió y se hizo a un lado, manteniendo su agarre con la mano derecha.
Un nuevo sonido, mucho más fuerte que el anterior, alertó a todos. Se miraron sin saber qué pensar. Luego, un rayo cayó violentamente cercano al barco y pudieron ver cómo la vela mayor comenzaba a prenderse fuego. Los gritos de Usopp y Chopper no ayudaban mucho a pensar. Unos segundos después un trueno muy estruendoso hizo que todo temblara. Un par de vidrios de las ventanas de la cocina estallaron.
− Franky ve a revisar abajo − ordenó Luffy, muy seriamente. − Los demás, apaguen el fuego − continuó. Luego, sin decir nada más se encaminó hacia el lugar donde había dejado a Nami momentos antes. No podía permitir que ella se pusiera en riesgo. Y sabía, lo podía comprender desde sus entrañas, desde lo más profundo de su ser, que esa sería una larga y dura noche. Y sentía que algo terrible podría pasar. Necesitaba quedarse tranquilo. Y buscar una solución.
Entró en la biblioteca. Estaba empapadísimo. Casi tuvo arrastrar los pies para llegar, todo estaba inundado con agua de mar. No quería entender el motivo, al menos no hasta haber puesto a salvo a Nami. Lo primero que vio fue el rostro de preocupación de la navegante, que se puso de pie y quiso caminar hacia Luffy. Se acercaron y se abrazaron por unos instantes. Luego, él la separó y la tomó de la mano.
− Nami, hay alguien en el barco. No puedo permitir que te hagan daño. Todo está inundado, y la tormenta empeora. Toma el mini Merry y vete de aquí − la voz de Luffy era suave pero mostraba seguridad. El barco se tambaleaba con fuerza. Nami lo miraba firmemente mientras sostenía su mano. Los libros estaban tirados por el suelo.
− No lo haré − refutó lo que su capitán le estaba diciendo. No podía irse así sin más, además no sabían si era tan grave lo que estaba sucediendo. Era sólo una tormenta. Una feroz tormenta. Y el Mini Merry no era la mejor opción en ese momento.
− Nami, es una orden − los ojos de él se ensombrecieron debajo del ala de su sombrero.
− Pero Luffy, no quiero − las lágrimas aparecieron en sus ojos.
− Debes protegerlo − tomó el sombrero con su mano derecha y se lo quitó. Miró a Nami a los ojos y le colocó el sombrero. − Este sombrero es lo más importante que tengo − dijo con sinceridad y más serio de lo que jamás lo había visto antes. − Cuando les haya pateado el culo iré por él, por ti − llevó esa misma mano a la barriga de Nami. − Y por él
− Está bien, Capitán − dijo con resignación.
− Hay algo que está atacando al Sunny, puedo sentirlo − Luffy sintió que Nami le pedía explicaciones de su actitud. − Cuando todo termine iré por ustedes − sin decir nada más, salió de la biblioteca con su rostro ensombrecido y endurecido por la ira que sentía.
Afuera todo era un caos. Ussop y Sanji se sostenían a duras penas sobre el mástil principal, intentando en vano apagar el fuego ocasionado por el rayo. Todo estaba iluminado por la vela encendida. Las gotas de agua parecían cuchillas afiladas. Eran grandes y golpeaban fuerte. Las olas estaban más embravecidas y ahora si alcanzaban la cubierta. Luffy se quedó petrificado sin poder avanzar. No sabía qué podía hacer contra eso. Era la naturaleza contra la que debía pelear. Pensó por un momento. El agua de mar estaba sobre la cubierta y empapaba todo. Robin era sostenida por el brazo derecho de Zoro y podía saber lo débil que estaba. Sanji y Ussop bajaron desesperados. Chopper miraba desconcertado todo desde la escalera, para no tocar el agua de mar con sus pies.
− Tenemos que − Luffy no pudo continuar. Un nuevo golpe hizo estremecer el barco. Sabían que había algo que los había golpeado y era algo grande y contundente. Sanji se acercó a la barandilla y tomándola con fuerza, se asomó para ver el agua. No había nada allí, sólo unas enormes y violentas olas azotando el barco, que crujía cada vez más.
Franky se hallaba en la sala observando fijamente las puertas del Soldier Dock Sistem. Las lágrimas brotaban de sus ojos sin que lo quisiera realmente. Había algo, una fuerza descomunal e incomprensible que atacaba a su barco sin que él pudiera hacer absolutamente nada. Tampoco podían arriesgarse a usar el Coup the Burst, ya que no sabían qué extensión tenía la tormenta o si ellos estaban en la peor parte.
Nami llegó corriendo desde la cubierta. Llevaba un sobretodo impermeable color naranja, un paraguas del mismo color y botas para lluvia. Sus ojos estaban enrojecidos y podía notar cómo temblaba su barbilla.
− ¿Qué pasa, nena? − las palabras del Cyborg eran tristes y cansadas. Pero, a pesar de eso, no impidieron que Nami corriera hacia él y lo abrazara, sorprendiéndolo.
− Luffy − apretó los párpados con fuerza, intentando no llorar. − Luffy me ordenó salir del barco en el Mini Merry − al escuchar esas palabras, Franky la separó de él bruscamente con sus manos. Sin soltar sus hombros, se inclinó levemente para mirarla a los ojos.
− ¿Se volvió loco? − preguntó con tal seriedad que Nami se asustó un poco. − Si sales en el Mini Merry con esta tormenta lo más probable es que quedes deshecha en segundos − fue lo que dijo. Después de todo, era una locura salir en un barquito como ese, a pesar de haber sido construido por él. Nami negó con la cabeza.
− Haz lo que dijo − la pelinaranja bajó la vista. − Es una orden del Capitán − aclaró. Como si de una verdad absoluta e incuestionable se tratara, Franky soltó a Nami y colocó una de las puertas en el número dos. No comprendía los motivos de Luffy para sacar a Nami del barco bajo esas condiciones climáticas y fue entonces cuando reparó que ella traía el sombrero de paja recargado en su espalda, debajo del impermeable. Pero, no dijo absolutamente nada.
− Espero que Luffy sepa lo que hace − dijo, mientras Nami entraba al Mini Merry. Ella sonrió.
− Él siempre sabe lo que hace
− Zoro − Robin estaba cada vez más débil debido al agua. − El agua está subiendo − informó. Él la miró a los ojos.
− Deberías ir al cuarto − fue lo único que dijo antes de alzarla y depositarla sobre el primer escalón de la escalera. − Quédate con Ryu
Pero, Robin no pudo hacer nada. El barco dio una nueva sacudida que hizo tambalear a todos. Sanji podría jurar que el agua estaba reteniendo sus piernas en el suelo. Aún estaba tomando la barandilla. Usopp estaba recargado contra un árbol y Chopper se aferraba a su pierna. Brook permanecía en el primer piso, sosteniéndose de la barandilla. Luffy dio un salto y se colocó en medio de la cubierta.
− ¡Escuchen! − la voz de Luffy apenas se escuchaba en medio de los truenos y el ruido que hacía el agua enfurecida. − Cuando sea el momento − la voz del capitán se perdía en el ruido que hacía el intenso viento − les daré la señal para reunirnos
Nadie comprendió lo que Luffy quería decir. ¿Qué significaban esas palabras? ¿Por qué tenían que esperar una señal? Las preguntas aparecían en las mentes de todos los presentes. Estaban aturdidos. Los ruidos de las maderas se hacían cada vez más intensos.
Tembló. Todo tembló de repente. La cubierta se levantaba de a poco, como si algo quisiera abrirla desde abajo. Luffy se hizo a un lado de un salto. Sintió un estruendo e incrédulo vio cuando una manga de agua atravesó las maderas, haciéndolas añicos. Todo parecía pasar en cámara lenta. La manga avanzó hacia él, lentamente. Se detuvo caprichosamente y se desvaneció, dejando que toda el agua baje de golpe sobre la magullada cubierta. El agujero era enorme, de unos dos metros de diámetro. Atravesaba desde la quilla hasta la cubierta, rozando apenas esta primera. Y pasaba justo a través del Soldier Dock Sistem.
− ¡Franky! − gritó Luffy con desesperación, al ver a su nakama en el fondo del agujero. Estaba desparramado en el suelo, con sus ojos en blanco y un gran hueco en su pecho que dejaba a la vista su armadura metálica. El capitán apretó los puños y los dientes y buscó con desesperación al culpable de aquello. Pero no tuvo éxito. Sólo sentía la misma diminuta y débil presencia que en un principio y podía jurar que ese sujeto no era el que había hecho aquella atrocidad. Porque había sido el mar.
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