Bien, otro capítulo más. Estoy algo preocupada porque la verdad es que no se me ocurren muchas ideas de cómo hacer una buena pelea entre Luffy y Nathan. Tal vez ustedes tengan ganas de pegarle a Nathan, y si me comentan qué le harían o qué piensan que podría hacerle Luffy, pues ¡bienvenido sea la sugerencia! Ok, los dejo con el capítulo.

Tengo varios agradecimientos especiales: uno es para leknyn que como siempre está presente y aunque odie que se disculpe por tonterías, igual sigo esperando sus comentarios desde el mismo instante en el que hago clic en "Publish". El otro es para Candy-chan que sigue con su promesa de hacer un buen comentario sobre el capítulo que en seguida me anima a continuar escribiendo (entre nos, los comentarios de Candy le suben la autoestima a cualquiera =D). Y el último agradecimiento SUPER especial es para Leo, que cuando llegue a leer este agradecimiento, llorará y gritará y habrá logrado su sueño jejeje.

Sin más, el capítulo.

Candy-chan: Exactamente, Nathan es el agua de mar, y usa esa habilidad para formar gotas y atacar a todo el mundo. Con los usuarios es más efectivo el ataque, por supuesto. Además puede usar todo el agua del mar. Lo que pretendía Satsujin con Ryu no seguirá siendo un secreto, ya verás jijiji. Me alegra que se haya solucionado el problema con tu computadora, así podrás disfrutar al máximo! Espero que estés bien! Nos leemos pronto, Mary.


Entró en la habitación rápidamente. Ryu aún dormía. Enfundó a Wado. Lo arropó con una manta blanca que estaba en su cuna y lo tomó en brazos, envolviéndolo bien. Salió de allí con prisa. No tenía idea de cómo hacer para irse del barco, pero se le ocurriría algo en el camino. El Soldier Dock Sistem estaba averiado, pero quizá aún pudiera usar el Mini Merry o alguno de los otros. Apretó los dientes, para mitigar el dolor que sentía en sus extremidades y en su espalda y corrió hacia la escotilla en la cubierta.


Luffy se mantenía en silencio, con los puños cerrados. Miraba el suelo con frustración. No comprendía quién era aquel que podía controlar el agua, si era que podía existir alguien así. No pudo continuar con sus pensamientos por mucho tiempo ya que un nuevo ruido de maderas rechinando lo puso alerta. Subió la cabeza. El agua que había echado fuera con su haki se levantó desde el mar y golpeó al Sunny desde todos lados. Las maderas crujieron y se rompieron.

Una nueva oleada de golpes hizo que el barco se tambalee. La cubierta comenzaba a inclinarse. Podía jurar que el Sunny estaba sufriendo tanto o más que ellos. Vio el cuerpo de Chopper flotando, alejarse de él. Ussop se había acercado a Sanji para tratar de salir de la cubierta, pero el dolor era tan intenso que apenas si podía arrastrarse levemente. Brook, debilitado, se había tomado de la barandilla en el primer piso intentando ponerse de pie.


Zoro, al sentir cómo se desestabilizaba el Sunny, corrió hacia la popa. Miró el agua embravecida y supo que su única salida era nadar. Miró los alrededores, había pedazos de madera por doquier. Desenfundó a Wado Ichimonji y con dolor, cortó parte de la cubierta y la barandilla del barco para usar de balsa. Dio dos cortes limpios y con el pie empujó el trozo hacia el agua. Saltó. Un estruendo lo sorprendió. Giró levemente hacia la derecha y un brazo de agua lo apuntaba. Se cubrió con la katana, pero el golpe le dio en la muñeca, haciendo que abriera la mano. Wado Ichimonji cayó al mar, sin que él pudiese hacer nada. Cerró sus ojos y cayó sobre la balsa.


Más temblores azotaron el barco. El equilibrio de Luffy ese desvaneció y cayó al suelo, rodando. Cuando retomó el control sobre si mismo, Chopper ya no estaba y Brook tampoco. Se puso de pie y allí mismo sintió como si mil agujas se clavaran en su pecho. Bajó la vista y vio mucha sangre saliendo de su vieja cicatriz. Aquella herida que había hecho Akainu y que le recordaba tanto sufrimiento. El dolor volvió a punzarlo, esta vez en su brazo derecho. Apenas si vio cuando el agua caía hacia el suelo. Volvió a levantarse y a formar una gran lanza. La golpeó imbuyendo su puño izquierdo en haki y la lanza cayó en forma de agua. Caminó hacia la escalera rápidamente, pero volvió a ser atacado, esta vez por la espalda. Cayó de rodillas.

Unos segundos de silencio. Luego el desastre. Las olas se estrellaron contra los laterales del Sunny, hundiendo las maderas. El agua se filtraba rápidamente hacia la parte baja del barco, haciéndolo más pesado. Una gran cantidad de agua salada ascendió por el agujero que había hecho antes y se movió por la cubierta acercándose a Usopp y Sanji. Les dio un fuerte empujón, que los levantó del suelo. Salieron volando y ambos cayeron al mar. Luffy, iracundo y cegado por la impotencia, arremetió contra el agua que aún tenía forma. Pero, antes de que pudiera golpearla, lo envolvió en una burbuja, metiéndose por sus fosas nasales y su boca, llenándole los pulmones y el estómago.

Este es el Gran Rey de los Piratas − una voz retumbó en el ambiente. Luffy podía escucharla vagamente. − Y esta es la tripulación del Sombrero de Paja − parecía burlarse. − ¡Qué fuertes son! − dijo. − Duraron demasiado − el agua soltó a Luffy de golpe, que cayó al suelo, golpeándose fuertemente. Luffy tosía descomunalmente y el agua salía por su nariz y por su boca. No podía respirar y menos moverse, el agua de mar lo había debilitado tanto que ya no le quedaban fuerzas. Ese mismo líquido que había atacado al capitán, ascendió unos diez metros sobre el Sunny, formó una gran bola y cayó con una velocidad increíble. Bajó y subió varias veces, haciendo que gran parte del barco quedara destruida. − Adiós, Monkey D. Luffy, Rey de los Piratas − Luffy abrió el ojo izquierdo levemente y pudo ver la silueta de un hombre joven que llevaba un sobretodo negro. Sonreía, y su sonrisa brillaba con el fuego.


¡Nathan! − el aludido miró hacia abajo desde el puesto de vigía. Coby lo llamaba a gritos desde hacía un buen rato. Ya había amanecido y no quedaba nada de la gran tormenta, salvo algunos destrozos en la cubierta del barco y uno de los palos roto.

Ya voy, ya voy − contestó molesto. Dio unos cuantos pasos hacia atrás y giró. Se acercó a la pared y tomó una katana que estaba allí apoyada. La empuño y la agitó con firmeza. − Es una buena arma − dijo. Sonrió con malicia. Miró hacia el frente.

La torre vigía era pequeña e incómoda, pero era su lugar preferido en ese barco. Había una cama y una silla, que hacían que el vigía se sintiera un poco más acogido. − He decidido que desde hoy seré siempre el vigía − dijo, con un dejo de orgullo en la voz. − Tengo miedo de que alguien te descubra − se acercó a la cama y rozó con el dedo índice de la mano derecha el rostro de una mujer que lo miraba sin brillo en sus ojos.


− ¡Yo derrotaré al que nos hizo esto! − gritó. Todos los Sombrero de Paja sintieron un respingo en sus corazones. − ¡Y luego los volveré a ver a los ojos! ¡Esta será mi pelea! − su mirada estaba fija en los ojos de Nami, que no se movía ni un ápice de su sitio. − ¡Sólo observen!

La voz de Luffy había retumbado en la plaza. Todos los Sombrero de Paja se quedaron en la posición en la que estaban, de pie, erguidos con orgullo y cruzados de brazos. A pesar de haber visto discutir a Luffy y a Zoro y que después de aquello, el peliverde se había ido de allí, no se permitían pensar en que se hubiesen peleado. Por el contrario, en sus corazones albergaban esperanzas, unas esperanzas que hacía mucho tiempo no sentían.

Nami miró de reojo a Usopp y a Sanji junto a él. Ambos mantenían la vista fija en el palco, donde Luffy aún se mantenía en pie, mirando hacia abajo. Podían sentir en sus corazones el dolor y la impotencia que sentía su capitán. El haberlos visto derrotados y al borde de la muerte, el haber presenciado el hundimiento del Sunny y no haber podido impedir absolutamente nada de eso, hacía que su corazón se estrujara y su sangre hirviera. Y todos ellos sentían exactamente lo mismo.

− Iré tras el marimo − susurró Sanji. Usopp y Chopper, que eran los que estaban más próximos a él, lo escucharon perfectamente. Ambos giraron el rostro para verlo. Tenía una expresión por demás preocupada. Metió la mano derecha en el bolsillo y sacó un cigarrillo. Lo encendió con tranquilidad. Todos vieron cuando Luffy volteó. Inmediatamente, Sanji dio un nuevo salto y desapareció de la plaza. Usopp y Chopper se miraron y asintieron levemente.

Luffy volteó. El agua había tomado forma humana frente a él y lo único que se veía era una sonrisa sobradora. Sabía que lo que más deseaba sobre cualquier cosa era poder derrotar a aquel hombre que había destruido sus sueños. Y no sólo los de él, sino el de todos sus nakamas. Además, estaba el hecho de que habían tenido que pasar diecisiete años para que se diera la oportunidad que se estaba dando en ese instante. Lo miró desafiante, como si estuviese realmente viendo sus ojos. Su expresión era tétrica. Su mirada era fría y mostraba cuán enojado e iracundo estaba. Nathan volvió de a poco a su forma humana. Lo último que se formó fueron sus ojos, que estaban enmarcados en un rostro emocionado y eufórico.

− Qué conmovedoras palabras, Rey Pirata − soltó. Luffy se mantuvo en silencio. − Siempre quise preguntarte algo − dijo con el mismo tono de ironía. − ¿Qué se siente que destruyan tu barco y a tus nakamas frente a tus ojos? − fue suficiente para que Luffy no pudiera contenerse más. Aquella pregunta tan bien formulada como una obvia provocación había logrado su cometido, y aunque Luffy lo sabía, no pudo con él mismo y se lanzó, dando un puñetazo de lleno en el pecho de Nathan, imbuido en haki.

Nathan no se movió del lugar, a pesar de haber sentido el contundente golpe. Sonrió y miró a Luffy a los ojos, que se encontraba a pocos centímetros de él.

− ¿Será que has entrenado en estos años? ¿O sigues siendo el mismo pirata barato que hace diecisiete años atrás? − continuaba provocándolo. − Luffy quitó la mano del agua, que comenzaba a rodeársela y saltó hacia atrás separándose unos metros. No dejaba de mirarlo con odio. − ¿Qué sucede, Rey Pirata? ¿Te estás conteniendo por ese montón de mierdas que están en la plaza? − hizo una seña peculiar con su mano derecha. Inmediatamente los guardias ingresaron en la plaza y comenzaron a sacar a la gente, con poca amabilidad. − Listo, en unos momentos estaremos solos − pronunció luego de unos segundos, tras escuchar el leve rumor de las protestas de la gente que era expulsada del lugar.

Nathan se volvió a transformar en agua y se filtró por las piedras del suelo. Luffy cerró sus ojos, exhaló aire pausadamente, volvió a abrirlos, giró y caminó hacia la baranda. Se subió allí de un salto y observó la plaza. Estaba casi desierta, sólo quedaban algunos reporteros y los Den Den Mushi que estaban transmitiendo en vivo a todo el mundo. Sus nakamas estaban aún de pie sobre las gradas, sólo faltaba Sanji, lo cual lejos de preocupar a Luffy, le dio tranquilidad. Estaba seguro de que había ido tras Zoro, podía jurarlo. Justo en medio del lugar, la masa de agua se reagrupaba. Satsujin volvió a aparecer en su forma humana y se cruzó de brazos.

− Ahora si, Monkey D. Luffy. Te estoy esperando


Ryu había permanecido sentado junto a Umi en el suelo de aquella improvisada cueva por unos cuantos minutos. Estaban en silencio. Sabía que algo sucedía afuera porque se podían escuchar sonidos extraños. Pero también comprendía que Mika y Sora estaban allí y no dejarían pasar a nadie. O bien, lo buscarían para que los ayudara.

No podía dejar de pensar en que Umi estaba así por culpa suya. Se sentía culpable de saber la verdad sobre ese hombre que le había entregado el sombrero de paja hacía instantes y de no haberle dicho absolutamente nada. De cierta forma, sentía que la había traicionado. ¡Y él decía que Umi era su capitana! ¡Vaya fiasco de nakama era! Apretó sus puños y cerró sus ojos fuertemente. Pensar en eso no ayudaría en nada y además estaba el hecho de que Umi estaba ahí, junto a él, en silencio e inmóvil. Respiró profundamente y movió su cuerpo para sentarse junto a ella y tenerla de frente.

− ¿Qué es lo que está pasando, Ryu? − la voz de Umi lo sorprendió. Jamás creyó que fuera ella la que hablaría primero. El tono de voz de la chica no era muy esperanzador. Era débil y tembloroso.

− Realmente no sé lo que está sucediendo − no era mentira, él no tenía ni idea de lo que pasaba en esa isla. No sabía qué pretendía Nathan ni por qué todos los que habían sido compañeros de su padre se habían juntado después de tantos años en ese lugar. Podía intuir que habían ido a rescatarlos a él y a Umi, y que ese hombre era el que había hundido su barco, pero no podía hacer un mejor análisis de la situación en ese momento.

− En ese lugar − comenzó a decir Umi sin levantar su cabeza. Ryu no podía verle la cara porque el ala del sombrero se la tapaba. − Estaban mi mamá, Sanji y Usopp − dijo. Parecía que le estaba costando hablar. − También estaba tu papá − aseguró. Ryu supuso que se dio cuenta de que Zoro era su papá porque recordaba que el tal Nathan los había nombrado a todos, uno por uno y en orden. − ¿Qué tienen que ver todos ellos con Mokey D. Luffy?

Mencionar aquel nombre le daba escalofríos. Aún podía sentir la vibración que le produjo ver la sonrisa y los ojos del que llamaban el Rey Pirata. ¿Quién demonios era ese sujeto? ¿Por qué la confundían con él? ¿Por qué estaba ella en esa plaza de ejecución en lugar de ese hombre del que ni siquiera había escuchado hablar hasta hacía unos cuantos días atrás? Tenía demasiadas preguntas en su cabeza, como nunca jamás había tenido. Y no sólo no podían salir de allí a través de su boca, sino que estaba segura de que nadie podría contestarlas. Además, estaba el hecho de que Nami estaba allí parada y de que ese hombre la hubiera llamado "Gata Ladrona". ¿Acaso ella pertenecía a la tripulación de los Sombrero de Paja como Usopp o el papá de Ryu? ¿Sanji también pertenecía a esa tripulación?

− Umi, escucha − dijo Ryu, al fin, sacándola de su encrucijada de preguntas. Ella, instintivamente levantó su cabeza y por primera vez cruzaron sus miradas. Él parecía dolido y consternado. Y ella tenía los ojos irritados y llorosos. − Hay algo que debes saber − era tan sincero, que su voz se colaba por los oídos de Umi sin que ella siquiera estuviese interpretando lo que él decía. Asintió levemente con la cabeza. − Ese hombre, Monkey D. Luffy, es tu padre − concluyó la frase con temblor en la voz. Estaba nervioso y sentía que el corazón se le salía por el pecho.

Umi no reaccionó. Simplemente se mantuvo en silencio por unos segundos. Luego volvió a bajar la cabeza y a mirar el suelo. Vio cuando las manos de Ryu se levantaron. Sintió cuando tomaron su cara con suavidad y cuando levantaron su cabeza para obligarla a que lo mirara. Pero estaba vacía, su corazón era lo único que podía oír y su mente no procesaba nada de lo que Ryu estaba diciendo.


− Los que están desarmados son ellos − Sora frunció el seño y cerró sus ojos. Se abrazó a si mismo y bajó la cabeza. Mika lo miraba de reojo, sin comprender qué estaba haciendo. Daba la sensación de que estaba muriendo de miedo, pero por el tono que había usado para hablar podía entender que era todo lo contrario. − Kowa Kowa no Fear − el jefe de la banda y el cocinero parecían paralizados en su sitio. Tenían los ojos en blanco y temblaban. Mika miraba alternativamente a los hombres y a Sora, que estaba en el mismo estado que ellos. Tenía los ojos en blanco y temblaba, mientras continuaba abrazándose a si mismo. No entendía qué había hecho el chico, ni le importaba demasiado. Tomó la katana con firmeza y la enfundó.

− Ittoryu − pronunció, cerrando los ojos y aferrándose a la empuñadura de su arma. − Shi Shi Son Son − un solo corte fue suficiente para que los dos sujetos cayeran inconscientes al suelo. Luego de aquello, Sora cayó de rodillas. Apoyó sus manos en el suelo, jadeante. Mika enfundó su katana y se acercó a él, quedándose de pie con los brazos cruzados justo en frente.

− Lo siento − dijo Sora. A simple vista se notaba el cansancio que tenía y además, continuaba temblando. Mika arqueó una ceja, ¿a qué venía esa disculpa? − ¿Estás bien? − preguntó. Levantó su vista y le sonrió. Tenía una expresión terrorífica en su cara, donde no quedaba para nada esa sonrisa. Mika levantó la otra ceja.

− El que no está bien eres tu − le extendió la mano. − Vamos adentro − ordenó. Sora tomó la mano y se puso de pie con dificultad.

− No, no podemos ir adentro − dijo una vez se puso de pie. Su rostro volvía de a poco a la normalidad al igual que su respiración. La pelirrosa lo miró sin entender. − Roronoa san está hablando con Umi san ahora mismo, y no debemos interrumpirlos − explicó. − Al parecer hay algo que no está bien con Umi san

− Entonces sentémonos por ahí − el tono de voz de Mika mostraba su molestia. Lo que menos quería era estar ahí con ese montón de críos mientras Zoro estaba peleando. Quería estar con su padre. Comenzaron a caminar hacia la sombra de un árbol que estaba cerca de la entrada a través del muro. − Dime, ¿qué fue lo que les hiciste? − preguntó, para sacar algún tema de conversación.

− Es mi habilidad − contestó Sora, sentándose en el pasto. Mika hizo lo mismo, quitando primero su katana del cinturón, para depositarla con suavidad en el césped. − Cuando era pequeño, comí una fruta del diablo, la Kowa Kowa no mi, y ese es su poder − la chica no entendía mucho. − El miedo