Hai! ¿Cómo han estado? Hoy capítulo del día. Gracias a mi marido estoy escribiendo una pelea coherente, que comienza en breve. Espero que el resultado les guste y que amerite que continúen leyendo.
Les agradezco muchísimo el apoyo y que sigan los cambios al pie de la letra. También les agradezco de antemano que si notan alguna incoherencia o que estoy dejando cabos sueltos, me lo hagan saber. ¡Cerrar una historia tan larga y con tantos personajes es muy complejo!

Candy-chan: El tema de la muerte de Robin y por qué ellos creen que está muerta no es esta desaparición en el fondo del mar, ¡aún hay más! Ya verás... La reacción de Umi y cuando se de cuenta de que Nami le mintió toda su vida vendrá en los capítulos sucesivos. Jajaja Mika tampoco entiende mucho sobre la habilidad de Sora, así que ya veremos si se explica o no jajajaja. El mérito de la habilidad de Nathan e incuso el nombre, debo confesar que es todito todo de mi marido jajaja. Yo sólo lo escribí, él lo creó. Zoro y Ryu lograron escapar, pero no estaban ilesos. Zoro estaba todo roto, sobre todo en su espalda y su pierna. Pero si, fue épico. La escena misteriosa del capítulo 19 eran Jimbei y Luffy, en la isla Gyojin. También se aclararán tus dudas a la brevedad. Gracias por la sugerencia acerca de la derrota de Nathan! Ya pronto verás los resultados de nuestras mentes jejejeje. Nos leemos! Mary PD: Sipi, recuerdo tu promesa, ¡si que la cumpliste!

El capítulo de hoy trae sorpresa. Mary.


− ¿Quién es? − susurró una voz que se oía muy débil. Era áspera, pero aún así podía saber que pertenecía a una mujer. Zoro volteó y se encaminó hacia el lugar desde donde provenía la voz, dentro de la habitación. En la penumbra pudo divisar una cama y un bulto sobre ella. Algo se movió y escuchó el sonido de cadenas. Abrió más su ojo. Y su corazón se detuvo por un instante.

Podía ver una mujer de cabello negro, muy largo, que le tapaba parte del rostro. Estaba recostada sobre su costado derecho. Tenía puesto un vestido blanco, de tiritas, que dejaba poco a la imaginación. Se acercó aún más, confundido y algo asustado. Su corazón latía muy fuerte. Podía sentir en el ambiente algo que lo reconfortaba y eso era un peso que no estaba dispuesto a soportar más. Se detuvo junto a la cama. Colocó su mano sobre el hombro de esa mujer, que era delgado y suave y la volteó hacia arriba con delicadeza. Los ojos azules de ella se clavaron en los de él.

− ¿Zo-Zoro? − la voz de la mujer retumbó en su cabeza. Quedó inmóvil frente a ella. Su mano aún permanecía sosteniendo su hombro. Se miraban intensamente en un incómodo y casi eterno silecio. Ella volvió a removerse en un intento por sentarse en el lecho, que fue en vano porque estaba realmente débil. Esa acción logró que él despertara de aquel trance y se agachara frente a la cama.

Llevó su mano al rostro de la mujer y apartó su cabello. Ya no podía tener dudas, esos ojos, esa piel, esa mirada. Ese perfil único que lo atrapó desde la primera vez que la vio a bordo de su barco. Ya no tenía más preguntas en su mente.

− Robin − soltó, como si estuviese viendo un fantasma. Es que ella realmente parecía uno. Además de que vestía de blanco estaba pálida, ojerosa y muy delgada. Notó que quiso sonreír, pero no pudo. Se desmayó cayendo desplomada sobre la cama, a pesar de estar levantada escasos centímetros. Zoro la tomó inmediatamente entre sus brazos y la atrajo hacia su pecho en un abrazo que salió desde el fondo de su alma. Las lágrimas comenzaron a caer despreocupadamente de sus ojos. No podía frenar el torrente de sentimientos que se colaban en su cuerpo, haciéndolo vibrar. Miles de preguntas se amontonaban en su cabeza. Cerró sus ojos con fuerza cuando sintió que la mano derecha de ella se aferraba a su kimono. Acarició su cabello enmarañado y la separó de él, recostándola nuevamente sobre la cama.

− Él − la voz de Robin era demasiado reseca. Zoro negó con la cabeza y acarició el rostro de ella. No podía parar sus lágrimas.

− No digas nada − dijo con temor en la voz. − Luffy está peleando con él − no podía pensar con claridad, tenía demasiadas preguntas atormentando su cabeza, pero sabía que no era el momento de obtener respuestas. Tenía que sacar a Robin de ahí y ponerla a salvo.

Miró a su alrededor, ya teniendo los ojos acostumbrados a la penumbra y vio que ella estaba encadenada por los pies a la cama, con unos grilletes que seguramente eran de kairouseki. Más allá había una mesa de noche que tenía una jarra con agua y un vaso, un cepillo para el cabello y una toalla. Arrugó el entrecejo.

La suavidad de la mano de Robin sobre su rostro lo sacó de sus múltiples pensamientos y lo atrajo de sopetón a la realidad. ¡Había encontrado a su mujer con vida! Sonrió levemente y cerró los ojos. Su respiración volvía de a poco a la normalidad y en su mente se dibujaban escenas de aquel pasado lejano en dónde habían sido felices.

− Zoro − lo llamó con suavidad. − ¿Ryu está contigo? − esa pregunta hizo que abriera los ojos con la misma tranquilidad extraña que se había apoderado de él en ese instante y asintió con la cabeza. Tomó la mano de ella con la suya y le besó la palma.

− Él está afuera − dijo. − Está bien − continuó. − Todo está bien


Ryu sostenía la cabeza de Umi entre sus manos. La miraba a los ojos pero sabía que ella estaba perdida en sus pensamientos. ¿Habría escuchado lo que él le dijo? No podía estar completamente seguro pero lo que sí sabía era que ella estaba completamente shockeada por lo que había sucedido en esa plataforma de ejecución. La miraba intensamente, queriendo descifrar inútilmente qué era lo que ella estaba pensando. De pronto, sintió cómo las manos de Umi se aferraron a su camiseta y cómo lo atrajo hacia ella, obligándolo a soltarla. La tomó entre sus brazos, torpemente. Umi comenzó a sollozar sobre su pecho.

− Oi − le dijo suavemente, mientras acariciaba su espalda. − Escucha − susurró. − Nami, Sanji y Usopp, y también mi padre, pertenecen a la tripulación de los Sombrero de Paja − comenzó a decir despacio, comprobando que ella escuchara cada palabra. Ya no podía guardarse nada más. − Ellos fueron atacados por Kaizoku Satsujin, el mismo hombre que nos capturó, y fue él el que destruyó su barco y los separó hace muchos años − intentaba sonar calmado pero sabía que ella estaba escuchando cómo latía su corazón. − No sé por qué se reunieron todos aquí hoy, pero si sé que nos vinieron a buscar a nosotros dos − estaba realmente seguro de aquello. − Por eso debes tranquilizarte − llevó sus manos a los hombros de Umi con la intensión de separarla de él. − Tenemos que volver a la plaza y ayudar − la movió hasta que ella lo miró a los ojos.

− ¿Ayudar? − preguntó confundida. ¿Qué podían hacer ellos?

− Si − continuó él. Estaba logrando que ella pensara en otra cosa. − Todos están allá viendo cómo Él pelea con Nathan Conar − intentaba usar un tono animado. − Debemos ir − apretaba sus hombros con firmeza.

− ¿Él? − su mirada estaba confusa. Ryu quería por todos los medios volver a encontrar los ojos de Umi en esos que tenía en frente.

− Si, Monkey D. Luffy

− Acabas de decirme que ese tal Luffy es mi padre − arrugó su entrecejo. − ¿Cómo sabes eso?

− Usopp − soltó, bajando la cabeza por un momento. Luego volvió a verla a los ojos. No tenía sentido continuar culpándose a si mismo. − Usopp me confirmó que Luffy es tu padre − aseveró. − Y Nami no lo negó cuando se lo pregunté

− ¿Desde cuándo lo sabes? − lo soltó bruscamente. − ¿Por qué no me lo dijiste? − subió su tono de voz.

− No tuve oportunidad − fue la sincera respuesta de Ryu. Y no mentía. − Cuando te lo iba a decir en el barco nos separaron − Umi se separó aún más de su compañero.

− ¿Por qué no me lo dijiste? − insistió, cruzándose de brazos.

− No quería decirte nada hasta que no lo hubiese confirmado

− ¡Y dejaste que entere así! − gritó. Se levantó como un rayo. Caminó tres pasos y fue detenida por Ryu, que la tomó por la muñeca.

− ¡Basta! − gritó. − ¡No podía decirte nada hasta que no estuviese seguro! − el volumen se elevaba cada vez más. − ¡¿Qué querías?! ¡¿Qué te dijera que ese hombre era tu padre para que no sucediera esto?! − continuó. − ¡Esto es tu culpa! ¡Tú te entregaste a esos tipos sin pensarlo! ¡Ellos me querían a mi! − Umi se soltó de un tirón y se acercó a Ryu, mirándolo desafiante. Estaba molesta y rabiosa.

− ¡Eres mi nakama! − se justificó. − ¡¿Piensas que puedo entregarte para salvar mi pellejo?! ¡Pues estás muy equivocado! ¡Ellos me querían a mi! − las palabras de Umi hicieron que Ryu recapacitara. En ese momento todo cobró un sentido diferente. Aflojó su expresión de molestia.

− Era eso − soltó, con suavidad. Umi arrugó más su entrecejo. − Ellos te querían a ti

− ¿Eh? − fue todo lo que pudo decir ella.

− Desde el inicio, ellos te querían a ti − insistió. Todo encajaba dentro de su mente. − Nathan te quería para poder atraer a toda la tripulación de los Sombrero de Paja. Él quería atrapar al verdadero Monkey D. Luffy − explicó con la emoción de estar descubriendo la verdad. Miró a Umi. − ¡Porque se imaginó tal como yo que tú podías ser su hija! − subió su tono.

− Dices cosas muy complicadas − fue el único comentario de ella. Se cruzó de brazos. − ¿Qué es lo que estás diciendo? ¿Qué el del cabello gris sabe que soy la hija de ese rey? − la expresión de Umi mostraba que comprendía poco y nada de lo que le acababa de explicar Ryu. Él sonrió de lado.

− Básicamente − respondió. − De cualquier forma tenemos que ir − volvió a decir. Umi tomó el sombrero de paja con ambas manos y se lo quitó de la cabeza. Ryu se alejó de ella unos pasos, recargándose contra la pared. La observaba.

− Él me dijo que cuidara de su sombrero − la expresión de duda volvió a la cara de Umi. − Estoy segura de que lo traía puesto mi mamá − continuó mientas lo inspeccionaba. − ¿Crees que él gane? − preguntó después de unos segundos, mientras se volvía a colocar el sombrero de paja sobre la cabeza y lo aseguraba con la correa.

− Lo hará


− ¿El miedo? − preguntó Mika sin comprender mucho. No tenía demasiada idea de cómo funcionaban los poderes de las frutas del diablo porque jamás tuvo que luchar con algún usuario.

− Cuando uso Fear todos los enemigos en un radio de diez metros alrededor mío sufren en carne propia el miedo − explicó Sora. − Un miedo que se refleja en las mentes de esas personas con imágenes de las cosas que los aterrorizan. Hasta la persona más fuerte le teme a algo − sonrió.

− Comprendo − miró el cielo. Había algunas pocas nubes. El silencio de apoderó del ambiente.

Sanji corría por las calles casi desiertas de la isla. Supuso que se encontraría con la gente que había sido desalojada de la plaza, pero no fue así. El lugar estaba casi desierto. A lo lejos vio el muro de castillo. Zoro se había ido sin más a pesar de parecer tan decidido a intervenir el la pelea de Luffy. Podía intuir lo que estaba pasando por su cabeza, pero jamás creyó que se iría sin siquiera pelear en serio. Avistó a dos seres que conocía y detuvo su paso ligero. Se arregló el traje y encendió un nuevo cigarrillo.

Mika y Sora miraron a Sanji con intranquilidad. La primera se puso de pie, volviendo a colocar su katana en la cintura.

− ¿Qué sucedió? − preguntó la pelirrosa con intranquilidad. El rostro de Sanji reflejaba una gran preocupación. No conocía al cocinero, pero podía saber que no estaba para nada tranquilo.

− Nada, Mika chan − contestó con una sonrisa en los labios.

− ¿Dónde está Zoro? − preguntó, apretando los puños.

− No sé dónde está − Sanji podía ver que la chica estaba realmente alterada por la situación. − Estoy buscándolo − dijo.

− Iré contigo − se apuró a decir.

− Roronoa san − llamó su atención Sora. − Será mejor que su hermano también vaya con ustedes − propuso el chico. − Yo cuidaré de Umi san

− ¿Ellos también están aquí? − preguntó Sanji después de escuchar al moreno. Umi no se veía muy bien arriba de la tarima y ciertamente estaba preocupado por ella.

− Si, están ahí − contestó Mika, señalando la grieta en el muro.

− Primero veré a Umi


− Ahora si, Monkey D. Luffy. Te estoy esperando

Al escuchar sus palabras y ver que todo mundo estaba fuera de la plaza, dio un salto y bajó del palco para posicionarse frente a Nathan a unos diez metros de él. Por unos cuantos segundos lo único que se escuchaba era el silencio. Todos los presentes, los Sombrero de Paja, los Almirantes y los marines que transmitían lo que sucedía, estaban a la espera de ver quién de los dos haría el primer movimiento.

Satsujin levantó su brazo hacia delante. Apuntó con su dedo índice a Luffy y un proyectil de agua salió a toda velocidad. El capitán hizo un leve movimiento y lo esquivó con facilidad. Nathan sonrió complacido. Su cuerpo se desvaneció con increíble rapidez, una gran ola apareció detrás de Luffy, que permanecía de pie inmóvil y quiso taparlo. El moreno dio un salto y se apartó, haciendo que el agua se estrellara contra el suelo.

Inmediatamente volvió a alzarse y se elevó unos cuantos metros. Cayó en forma de gotas, que se transformaron en agujas. Luffy las esquivó a todas y cada una de ellas, con la misma expresión de seriedad y confianza que tenía. Nathan volvió a aparecer delante de él, con un gesto de molestia.

− ¿Tan solo vas a estar moviéndote de un lado al otro como un cobarde? − preguntó. Volvió a hacerse líquido y en forma de manga arremetió con más velocidad contra Luffy, que ágilmente esquivó sus ataques que eran cada vez más precisos.

− ¿Cobarde? − fue lo único que dijo Luffy, mientras se le escapaba una sonrisa irónica. De pronto, el agua se fue al suelo. Todo estaba mojado alrededor de Luffy, que se mantenía sereno. Una gota que había quedado sobre su rostro se movió haciéndole una cortada superficial y un hilo de sangre resbaló por su mejilla derecha. − Me has tocado − dijo, llevando su mano a la sangre y limpiándola. − ¿Eso fue todo? − preguntó. Instantáneamente el agua se juntó delante de él, a escasos centímetros. El cuerpo de Nathan se formó dejándolo ver una expresión de total irritación. Ya no parecía tan confiado como estaba hacía unos momentos atrás. En cambio, Luffy sonreía.

− No − dijo serio. − ¡Aún hay más! − en un instante se hizo agua, envolvió al capitán en una burbuja y lo atrapó. Se introdujo dentro de él a través de sus fosas nasales y por su boca hacia su estómago. Podía sentir que el cuerpo de goma de Luffy se ablandaba dentro del agua de mar. − ¡Este es el Gran Rey Pirata! − gritó eufórico. − Monkey D. Luffy