Nuevo capítulo, como ya he dicho, comienza la acción. Espero sea digno de comentarios, hemos puesto mucho esfuerzo y horas de sueño en escribir la pelea de Nathan y Luffy, y creemos que mereció la pena. Así que, ¡a disfrutar!
Candy-chan: Fueron más de 12 horas, espero estés bien y no camines por las paredes. Te cuidado con el chocolate jajajaja. ¿Aún dudas de mi maldad? Jajajaja. Sip, Mika sabe todo, mucho más que Ryu, proque ella era más grande cuando escuchaba las historias y podía comprender más cosas que él. El sentimiento que nació en ella para con Zoro y Ryu, es como si fuera realmente su hija y hermana de sangre. Es conmovedor pensar en esto y me gustó hacerlo, porque siempre en One Piece se ve este tipo de relaciones de hermanos (como lo son Ace y Luffy). Umi no se entera de nada, muchas veces tampoco si lo está viendo o se lo están gritando en la cara, así que pfff jamás se daría cuenta de los celos que provoca en Ryu. Pobre de Sora que si se da cuenta de que el otro quiere verlo muerto jajaja. Van a la plaza a ver cómo va todo. Recuerda que ellos salieron de ahí dejando a Luffy pelear con Nathan, seguramente quieran ver la pelea y cómo es su descenlace. Jajajaja Zoro se perderá, mmm, romperá paredes y listo! Jajajajaja Hasta la próxima! Onna!
− ¡Sanji! − Umi llamó la atención del rubio a los gritos. − ¿Vendrás con nosotros cuando volvamos a casa? ¡Quiero que cocines algo delicioso para mí! − pidió. Sora hacía gestos con las manos, queriéndola callar.
− Si, Umi − le dijo suavemente, acercándose un poco. − Pero será mejor que no hagas tanto escándalo − sugirió. − Cuando todo termine, haré un gran banquete para todos − dijo, inclinándose para verla a los ojos. − ¿Está bien? − Umi se sonrojó un poco. ¿Qué demonios le sucedía? ¡Era sólo Sanji!
− ¿Iremos a la plaza? − la pregunta de Sora trajo a Umi a la realidad. Tenían que ir a la plaza cuanto antes para ver qué estaba sucediendo allí.
− Antes que eso quisiera contarte algo − el tono que usó Sanji era serio. Dio una última pitada a lo que quedaba de su cigarrillo y arrojó la colilla al suelo. Umi dejó de sonreír.
− Ryu me lo dijo − la chica supuso que Sanji quería contarle sobre Luffy. − Me dijo que Monkey D. Luffy es mi padre, y que tu, su padre, mi mamá y Usopp son parte de su banda
− Lo siento − las disculpas del cocinero hicieron que Umi lo mirara más intensamente, pero esta vez con sorpresa. − Yo lo supe desde el momento en que entré en tu casa en Arabasta − dijo. − No podía decirte, Nami me pidió que no lo hiciera
− Mi mamá nunca me habló de él − la voz de Umi guardaba un sentimiento que no podía identificar a ciencia cierta. No sabía si era bronca, rencor o tristeza.
− Nami tenía miedo − Sanji necesitaba imperiosamente hablar con ella, tenía que explicarle cómo eran las cosas, porque intuía que la niña no comprendía nada de lo que estaba sucediendo.
− ¿Miedo? ¿De qué?
− Si el mundo se enteraba de que el Rey de los Piratas que había sido derrotado por la Marina tenía una hija, no dudarían en ir por ella y matarla − tenía que ser lo más directo que podía. Umi miraba a Sanji con sorpresa e incredulidad. − Llegamos a ser muy grandes − continuó al ver que no había respuesta por parte de ella. − Nuestras cabezas valían tanto que ni siquiera podíamos imaginarlo − el cocinero comenzaba a dejarse llevar por la nostalgia de recordar el pasado. Umi lo observaba asombrada. Sora se mantenía al margen, pero escuchando atentamente. − Éramos libres y esa libertad era el mayor tesoro que un pirata pueda desear − encendió un nuevo cigarrillo.
− ¿Qué fue lo que sucedió entonces? − se atrevió a preguntar Umi. − Si eran libres y eran felices, ¿por qué se separaron?
− Nathan Conar − el nombre de ese sujeto hacía que la sangre de Sanji se calentara. − Él nos atacó por sorpresa durante una noche de tormenta − debía ser conciso, no tenía mucho tiempo. − Hundió nuestro barco y nos dejó a la deriva, heridos y sin nada − dio una nueva calada mirando al cielo. − Nos separamos y esperamos hasta ahora la señal para volvernos a reunir y destruir al que nos había quitado la libertad
− ¿Una señal?
− El boletín especial donde salían Umi san y Roronoa san − Sora intervino, acercándose un poco a ellos. − Chopper san me contó todo sobre ustedes cuando era pequeño. Él me dijo que lo que estaban esperando era una señal de Luffy san para reunirse
− Alto, alto − pidió Umi extendiendo sus manos delante de Sora y Sanji, que la miraron. − ¡Pasaron muchos años! − gritó, algo inquieta.
− Si, pasaron diecisiete años − aclaró Sanji sin perder su tranquilidad. − Pero Luffy debe tener algo preparado − miró a los ojos a Umi. − Debe tener un muy buen motivo para haberse tardado tanto en aparecer − realmente creía en su capitán. − No sabes qué tan fuerte puede llegar a ser tu padre
− ¿Qué era lo que estabas haciendo? ¿Querías huir? − preguntó Luffy después de unos segundos en el que continuaba ese tenso silencio que se había formado en la plaza. − Sería la primera vez en mi vida que veo que alguien huye de un cobarde, niñato
Nathan, al escuchar semejantes palabras salir de la garganta del Rey, formó una ola en un abrir y cerrar de ojos. Estaba furioso. La ola comenzó a girar a gran velocidad, mostrándose como un remolino gigante, muy semejante a una tromba marina. Satsujin perdió la poca cordura que le quedaba. No conseguía entender los motivos por los cuales no había hecho absolutamente nada de daño al cuerpo de Luffy. Además, no quería escuchar las palabras que había pronunciado ese pirata de mierda.
− ¿Huir? − la voz de Nathan retumbaba en el ambiente. − ¿Quién iba a huir, cobarde mal nacido? − bajó rápidamente la cabeza de la tromba, afinándola en la punta, haciéndola ver como una gran lanza giratoria. − Lo único que pudiste hacer entonces fue escapar como una rata, ¿por qué ahora sería diferente?
− Gia − Luffy, sin moverse, comenzó a levantar temperatura y su piel se tornó anaranjada nuevamente. − Shi − impulsó su brazo derecho hacia atrás, para hacer su jet pistol. − ¡Jet Pistol! − el ataque del Rey impactó sobre la tromba formada por Nathan. La fuerza de choque hizo que el agua se abriera formando una inmensa ola que interrumpió la visión de todos los presentes y de las cámaras.
Umi entró en la plaza corriendo, seguida de Sanji y Sora. Se detuvo apenas pasando la reja. El espectáculo era digno de ver. Una ola gigante se levantaba alrededor de la plaza y no dejaba ver nada en su interior. Parecía paralizada en el aire. Sobre las gradas, continuaban de pie todos los Sombrero de Paja, cruzados de brazos. Sanji quiso volver a su sitio, pero no pudo hacerlo. El agua comenzaba a bajar, reuniéndose en un punto cerca del centro. La figura delgada de Luffy se comenzaba a divisar de pie, con los brazos a los lados de su cuerpo, irradiando una luz anaranjada y mucho vapor. Umi abrió la boca, pero nada salió de ella. Sanji la miró de reojo y sonrió. La presencia de Luffy era intimidante.
− ¿Por qué ahora sería diferente? − soltó aire y sonrió levemente. − Porque pasaron diecisiete años − Luffy levantó la vista para mirar a los ojos de Nathan que había vuelvo a formar su cuerpo sólido a tres metros del Rey. − Diecisiete años lejos de mi familia − dio un paso acercándose al Almirante. − Diecisiete años pensando en cómo destruirte − dio otro paso y Nathan uno hacia atrás. − Diecisiete años sin poder conocer a mi hija − un nuevo paso. Levantó el puño derecho, que ya era color negro. − Diecisiete años buscando una maldita técnica que lograra detenerte
Nadie pudo lograr ver qué hizo Luffy. Una nube de vapor y polvo se levantó, tapando la vista de todos. Se oían los golpes, una y otra vez, azotando el cuerpo de Nathan que ni siquiera pudo atinar a transformarse en agua. Luffy brillaba, de color naranja intenso, envuelto en un halo de vapor mientras clavaba su mirada fría y llena de dolor en los ojos de Satsujin. Una última estocada hizo que volara y se estampara contra las gradas, justo en medio de Franky y Brook. Varios escombros hicieron estruendo al caer sobre el suelo.
− Sabía que los piratas eran malos padres − la voz de Nathan aún se mantenía firme y sobradora. − Pero esto es el colmo − se removió, incorporándose. Se sacudió el sobretodo. Dio un salto y cayó en el suelo. − Elegir entrenar en una ridícula técnica suicida en lugar de conocer un hijo, ¿me estás jodiendo, Rey Pirata? − lo siguiente que se escuchó fue el ruido de la plataforma de ejecución de metal y madera cayendo como si fuera un castillo de naipes.
− Yo les prometí que te patearía el culo antes de buscarlos − el tono de voz de Luffy se iba tornando cada vez más cargado de rabia. Sabía que hablar con ese tipo era inútil, pero quería decirles todo lo que sentía a sus nakamas y que el mundo supiera lo que en realidad había sucedido. Se acercó a donde yacía el cuerpo de Nathan entre los hierros y las maderas. − Tú te metiste en nuestro camino − se detuvo a un par de pasos, esperando que el sujeto vuelva a ponerse de pie. Sabía que ese ataque no le había hecho mucho daño. − Tú y el maldito de Akainu − el sólo hecho de nombrar al Almirante en Jefe de la Marina hacía que su corazón se agite. Nathan se removió y quitó lo que tenía encima.
− ¿Qué tienes para decir, Sombrero de Paja? − lo incitó Nathan mientras se ponía de pie. − ¿Qué es lo que piensas, eh?
− Akainu te envío por nosotros − explicó. − Y después de lo que sucedió nunca más te separaste de él − la tensión se sentía como un gran peso en el ambiente. Umi, escuchaba atónita las palabras que decía Luffy. − Y a pesar de que lo que más deseaba en el mundo era enfrentarme a él para vengar a mi hermano, y luego patearte el culo a ti, no podía con los dos al mismo tiempo con el nivel que tenía en ese momento − apretó sus puños y sus dientes. − Tampoco podría hacerlo ahora − el vapor se intensificaba a cada momento. − Pero estás solo en esta isla
− ¿Solo? − preguntó Nathan, levantando la vista. − ¡Conmigo es más que suficiente para derrotarlos a todos! − gritó, eufórico. Pero no pudo decir ni hacer nada más. Recibió un nuevo ataque de parte de Luffy. Un gatling gun furioso y a una velocidad que no lo dejaba reaccionar ni siquiera a cubrirse. Cada puñetazo se sentía como un puñal clavándose y podía ver claramente cómo su cuerpo de agua se evaporaba con una rapidez preocupante.
El último golpe fue más fuerte y logró traspasar el cuerpo de agua de Nathan, dejando un agujero a la altura de su corazón. Salió despedido, impactando nuevamente en las gradas. Se incrustó varios centímetros, provocando que la piedra se agriete. Sobre él estaban Smoker y Coby, que también permanecían en silencio y cruzados de brazos.
− Luffy kun − la voz de Jimbei era firme. Luffy estaba de rodillas en la habitación, bañado en su propia sangre. Tenía raspones, arañazos y un río de sangre saliendo de su cicatriz en el pecho. Su ropa era jirones. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y éstas se mezclaban con sangre al pasar por sus mejillas magulladas. Luffy no escuchaba a Jimbei, gritaba y lloraba con todas las fuerzas que le quedaban. − Escúchame, Luffy kun − insistió. El Rey Pirata, dejó de gritar, pero no podía dejar de sollozar. Bajó su vista al suelo. − Debes dejar que te cure las heridas
− Déjame solo, Jimbei − la voz de Luffy era grave y mostraba un infinito vacío, el mismo que sentía en su interior.
− No − el gyojin se acercó y se sentó frente a él. − ¿Tan fácil es derrotar al Rey de los Piratas? − preguntó, llamando la atención de Luffy, que levantó sus irritados ojos. − Estás bañado en tu sangre y en tus lágrimas − la expresión de Jimbei era de tristeza y dolor. − Debes calmarte − dijo. − Déjame curarte − insistió.
− ¿De qué sirve que me calme? ¡¿De qué sirve que me cure?! − gritó.
− ¿No les hiciste una promesa? − preguntó. No lo sabía, pero estaba seguro de que Luffy no podía rendirse tan fácilmente.
− Si − bajó la vista. − Pero no puedo cumplirla − Jimbei rió. − ¿Qué es lo gracioso?
− ¡Luffy! − gritó y lo tomó por los hombros, manchándose con su sangre. − Hace días que estás en este estado, ¿crees que a Chopper le daría gracia? − las lágrimas volvieron a surcar el rostro de Luffy. − ¿Qué diría Zoro si viera que te estás rindiendo? ¿Crees que Franky construiría otro barco para un debilucho? ¿Sanji prepararía un banquete para un idiota que se deja vencer tan fácilmente? ¿Qué haría Brook si te viera, tocar la marcha fúnebre? ¿Crees que Usopp estaría orgulloso de pertenecer a tu banda? ¡¿Qué diría Nami?!
− Me golpearía hasta morir − sonrió tristemente. Jimbei lo soltó.
− Entrenaremos duro − dijo y se puso de pie. − Vencerás al mar
− Cuando te fuiste no te llevaste tus katanas − las palabras de Mika hicieron que se detenga en medio del pasillo. Volteó a verla.
− No son mías − aseveró, mirándola a los ojos.
− ¿Eh? − Mika no entendía. − ¿Cómo que no son tuyas?
− Esas katanas son del dojo − explicó. − No son mías − repitió. − Zoro tiene a Shushui y a Sandai Kitetsu, las dos son de él, nadie se las presta y el no las presta a nadie − estaba molesto. Mika sonrió.
− Ya veo − se acercó a él, quedando a pocos centímetros. − Te convertiste en un excelente espadachín − dijo con sinceridad. − Zoro está orgulloso de ti − Mika lo sorprendió.
− No entiendo a qué viene todo esto − se dio la vuelta, comenzando a caminar de nuevo. Estaba ruborizado.
− ¡¿Eres idiota?! − Mika corrió para quedar junto a él. − Que quieras tener tus propias katanas te convierte en un espadachín de verdad − Ryu soltó un bufido.
− ¡Ya déjalo! − pidió, cabreado.
Ambos se quedaron parados en seco. A lo lejos, viniendo en dirección contraria a ellos, podían ver a Zoro cargando a una mujer de cabello negro, vestida de blanco. Mika podía sentir cómo su corazón latía con fuerza. Miró a Ryu de reojo y notó la tensión en el rostro de su hermano. Lo tomó de la mano con suavidad y él la tomó con fuerza, entrelazando sus dedos.
− ¡Papi! ¡Papi! − un pequeño Ryu de cuatro años tironeaba del hakama de su padre. Zoro hizo una seña a la niña de diez años pelirrosa, que se detuvo al instante. Ambos bajaron sus boken.
− ¿Qué sucede? ¿Por qué dejaste tu entrenamiento? − preguntó, en una especie de regaño que no era tal. Ryu lo miraba con sus ojos brillantes por la ilusión. Zoro arqueño una ceja.
− ¿Cómo era mamá? − preguntó. El rostro de Zoro se ensombreció. Mika, notando el cambio en su padre, decidió que tenía que intervenir.
− ¿Por qué no vamos por algo de comer? − dijo, tomando el boken de la mano de Zoro, para llevarlo a su sitio.
− Robin tenía el cabello negro − comenzó a decir, haciendo que ambos niños lo miraran. Se sentó en el suelo, en posición de loto. Ryu y Mika hicieron lo mismo, frente a él. − Sus ojos eran azules como el mar − continuó. − Era alta y delgada, pero su cuerpo era muy atlético y femenino − Zoro explicaba cómo era la mamá de Ryu con detalle y esmero. − Su sueño era conocer la verdadera historia investigando los Poneglyphs − levantó la mano derecha y la apoyó sobre la cabeza de Ryu. − Y su mayor tesoro eres tú
Zoro vio las figuras de los dos chicos frente a él, al final del pasillo. Ryu a la derecha y Mika a la izquierda. Estaban tomados de la mano. Detuvo su andar y Robin se separó de él para verlo a la cara y saber por qué se detenía. Se miraron por unos segundos. El rostro de Zoro mostraba una mezcla de sentimientos que afloraban sin querer.
− Ahí está − dijo suavemente, haciendo un gesto con su cabeza señalando hacia donde estaban sus hijos. Robin volteó. Ryu era diferente a como se lo había imaginado durante esos años. Era alto como Zoro, o quizá un poco más, de cabello negro y piel morena. Quiso sonreír pero el cansancio no se lo permitió. Sentía que sus párpados le pesaban y que no toleraría estar consciente por mucho tiempo más. − ¿Estás bien? − preguntó Zoro al notar que el agarre de Robin mermaba.
− Si − dijo ella, soltándose del cuello. − Bájame al suelo − pidió. El espadachín dudó por un momento, pero comprendía que ese sería uno de los momentos más importante en la vida de su hijo y también en la de Robin. La bajó con suavidad. Cuando sus pies descalzos tocaron el frío piso de piedra un escalofrío recorrió la espalda de ella. Zoro la tomó por la cintura con la mano derecha y comenzaron a caminar hacia los chicos.
*Gia Shi: Cuarta marcha. "Shi" es una forma de decir "cuatro" en japonés, pero como también significa "muerte" ellos nunca la usan por superstición. Por eso siempre dicen "yon" para decir "cuatro".
