Nada qué decir! Mary
Candy-chan: Primero una pregunta, ¿cómo que no sabías que Ace y Luffy eran hermanos? ¡Si se dice casi desde el inicio! Al menos deberías haberte enterado en Arabasta, cuando todos conocer a Ace y Luffy se los presenta como su hermano XD Si, me gustó el detalle de que Robin caminara hasta su hijo y Zoro quería salir de ahí cuanto antes, ¿qué importa cómo? Jajaja. La idea y las técnicas fueron de los dos, realmente nos complementamos bien y siempre le pido ayuda cuando hay acción, porque lo mio ciertamente no son las peleas. ¡Qué bueno que te gustó todo lo que puse sobre Luffy! Me parecía justo y además adecuado que ustedes conocieran cosas sobre lo que sucedió con él. A mi también me cae muy bien Jimbei, por eso lo incluí (ya te caerá mejor cuando veas más de la historia original =D). Y no diré más para no darte spoiler jeje Luffy está siendo él mismo, de casualidad Umi le está viendo (jijijijiji). Nos leemos pronto, gracias por siempre estar! Mary
Robin y Zoro quedaron frente a Ryu y Mika. Madre e hijo se miraban intensamente. Eran de la misma altura. Ella parecía más joven que su padre a pesar de que sabía era unos años mayor. Su cabello era negro intenso, y le llegaba debajo de la cintura. Estaba algo descuidado, al igual que su piel, que estaba sucia y tenía algunos moretones en los brazos y el cuello. Llamaron la atención del muchacho unas gruesas marcas rojas en las muñecas y en los tobillos de la mujer, que hicieron que arrugue más el ceño.
Robin levantó sus brazos con muchísima dificultad. Sus piernas se aflojaban. Zoro la tomó con ambas manos por la cintura para evitar que se tambalee. Llevó sus manos al rostro de Ryu, tomándolo con suavidad. Él apretó con más fuerza la mano de Mika que aún sostenía con sus dedos entrelazados. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas a pesar de los esfuerzos que hacía para que no sucediera. Era ella, su madre, estaba viva y frente a él.
− Ryu − le dijo. Su voz era suave y serena. Y a pesar de que era extremadamente débil, pudo sentir la calidez que lo invadía por dentro al escucharla. Soltó a Mika y se abalanzó hacia Robin, abrazándola con fuerza. Ella correspondió el abrazo con suavidad, ya que no podía hacer otra cosa. Zoro notaba cómo a cada segundo sus fuerzas la dejaban.
− Será mejor que vayamos − sugirió Zoro después de unos segundos. Podía sentir que la lucha de Luffy estaba en su mejor momento y que no duraría mucho más. Tenía deseos de verle la cara al infeliz que los había separado por tantos años. Eso sin contar las ganas que nacían en su interior para matarlo con sus propias manos. Ryu se separó de Robin, sin romper el contacto visual.
− Allá están todos − comentó Mika, mirando a su padre. − Sanji está con Umi y el otro niño − explicó. − También irían a la plaza − Zoro tomó a Robin nuevamente entre sus brazos.
− Luego podremos hablar − dijo, mirando a Ryu, que estaba estático en su sitio, absorto en sus pensamientos. − Ryu, nos vamos − dijo, haciendo que su hijo despertara de su transe.
Nathan se había vuelto a poner de pie. Tenía un hilo de sangre saliendo por su boca y su ropa rasgada a la altura del pecho, tanto adelante como atrás. Jadeaba y arrastraba la pierna izquierda. Pero, su sonrisa sarcástica no desaparecía de su rostro. Miraba a Luffy como si él fuera el que le estaba dando una paliza.
− ¿Estuviste entrenando durante diecisiete años en esta técnica tan estúpida? − preguntó. Luffy se mantuvo en silencio. Su cuerpo se mantenía brillante y el vapor continuaba saliendo.
Chopper estaba nervioso, apretaba sus puños con fuerza. Usopp a su lado no podía evitar mirarlo de reojo cada tanto.
− ¿Qué es lo que sucede, Chopper? − preguntó susurrando.
− Luffy no sabe lo que está haciendo − dijo, estaba bastante molesto y preocupado.
− ¿Eh?
− Esa técnica está consumiendo el agua de su cuerpo − dijo. − Si continúa así
− Luffy siempre sabe lo que hace − escucharon la voz de Nami y voltearon a verla. Miraba con decisión a Luffy. − Sólo observen
El Rey Pirata levantó su mano izquierda, cerró su puño y usó nuevamente su haki para hacerlo negro. Lo estiró hacia atrás y le propinó un golpe en la mandíbula a Nathan. Pero no lo dejó salir despedido, otro golpe lo volvió al sitio en el que estaba. Luego lo tomó por los hombros y le dio un cabezazo haciendo que impactara contra las gradas nuevamente. Pero, esta vez no se detuvo. Continuó golpeándolo brutalmente una y otra vez sin detenerse. Al cabo de unos segundos, estiró su mano derecha y lo sacó de en medio de los escombros molidos. Había un inmenso agujero en el muro que dejaba ver hacia el otro lado.
Arrastró a Nathan por el suelo. Estaba cubierto de magulladuras y sangre. Ninguno de los presentes se atrevía a mover un solo músculo. Luffy dejó de brillar. Subió el cuerpo de Satsujin que no se movía hasta tenerlo en frente, muy cerca, rostro con rostro. Los ojos del marine estaban abiertos pero sin brillo.
− ¿Por qué? − soltó Luffy, con una voz desgarradora. − ¿Por qué te metiste con nosotros? − preguntó. Los demás apenas si podían oír un susurro. − No tenías motivos para hacernos esto − continuó. − ¿Quién de nosotros te hizo algo? − apretó más su puño. − ¡Responde! − el grito hizo eco. Nathan sonrió levemente mientras volvía el brillo a sus ojos. Enfocó su vista en la del rey.
− Diversión − dijo.
Las consecuencias de la batalla entre piratas eran visibles. Había fuego y humo por donde se mirara. La isla era pequeña y las casas pocas y modestas. No quedaba nada en pie. Los civiles habían sufrido las peores consecuencias. Se podían ver cuerpos mutilados tirados por donde se mirara y mucha sangre. Sakazuki caminaba por entre los cadáveres –de piratas y civiles− y los escombros, con sus manos entrelazadas en su espalda. Su andar era sereno y parecía estar paseando en un campo de flores. Sus subordinados, espantados, intentaban encontrar sobrevivientes, pero se frustraban cada vez más.
− ¡Señor! − un soldado raso corrió junto a Akainu trayendo un niño de cabello plateado. Miraba al frente y no mostraba atisbos de disgusto ni de temor. Tenía algunas raspaduras, pero parecía estar bastante sano. − Este niño estaba en las cercanías − informó. − ¿Qué ordena hacer, Señor?
− Llévelo a mi camarote − ordenó, sorprendiendo al soldado.
Minutos más tarde el niño, de cabello plateado, estaba sentado en una de las dos sillas que estaban junto a un escritorio pequeño en la recámara del Almirante. Miraba el suelo y jugaba con sus pies, que colgaban de la silla. Sakazuki lo miraba con detenimiento, analizándolo. Parecía tener unos diez u once años.
− ¿Cómo te llamas, niño? − le dijo, con un tono duro y seco. El chico levantó la cabeza y pudo ver que tenía los ojos de diferente color.
− Da lo mismo cómo me llame, señor − contestó fríamente. − Usted dígame cómo desee − las palabras del chico hicieron que el interés por saber de él fuera más grande.
− ¿Qué estabas haciendo en esa isla? − preguntó. El niño sonrió. Su expresión era maniática. Levantó su mano derecha y la transformó en agua.
− Yo maté a todos − afirmó, mirando a los ojos a Akainu.
Luffy soltó a Nathan que cayó desparramado en el suelo. No podía decir que estaba más cabreado, porque era casi imposible. Ese hombre lo sacaba de sus casillas de tal forma que ya no podía pensar con claridad.
− Jamás en mi vida he odiado a alguien tanto como te odio a ti − dijo. − Deseaba matarte − continuó. − Quería que todo el mundo viera cómo te destruía. Pero no vale la pena
− ¿No vale la pena? − habló nuevamente Nathan, moviendo los brazos. Levantó el torso apoyándose en las manos. Luego subió las piernas y se arrodilló. Sonreía. − Quería verlos sufrir − Luffy lo observaba en silencio. − Quería que todos los piratas me temieran porque yo había derrotado al Rey − puso un pie en el suelo. − Quería mostrarle al mundo que la justicia existe − se puso de pie. − Que yo soy la justicia − sus brazos se transformaron en agua. − Rey Pirata, Monkey D. Luffy − llamó su atención. − No tengo nada en contra tuyo − afirmó sonriente. − Pero fue divertido matarlos a todos − la paciencia de Luffy llegó a su fin. Extendió su brazo derecho hacia un lado.
− Gia Shi − dijo y volvió a brillar. − Uminoshi − el aire se arremolinó alrededor del brazo derecho de Luffy. Tomó velocidad y se encendió. El brazo se estiró hacia atrás y arremetió contra Nathan, golpeándolo en el pecho. El fuego se extendió a través de él, consumiéndolo mientras la mano de Luffy lo atravesaba. La sonrisa en el rostro del marine no desaparecía.
− La muerte del mar − su voz era agonizante. − Interesante − el vapor caliente ascendía con rapidez mientras las fuerzas abandonaban el cuerpo de Nathan, que cayó desplomado al suelo con un agujero que lo atravesaba. Las llamas se apagaron.
− ¿Eres usuario? − la voz de Akainu mostraba su interés en la habilidad que mostraba el niño.
− Si, lo soy − una burbuja de agua se desprendió de los dedos de la mano derecha del niño y se aproximó al rostro Sakazuki. − Soy el mar − dijo, el Almirante se sorprendió. − Comí la Umi Umi no mi − explicó. La esfera estalló mojando la cara de Akainu.
− Es imposible − las gotitas resbalaban por el rostro del Almirante y mojaban su capa. No podía sentir energía alguna proveniente del agua que tocaba su cuerpo. − Esa fruta se perdió en el Siglo Vacío − estaba molesto. − Es una leyenda y tu − con desprecio − no puedes tenerla − el niño levantó su mano y elevó su dedo pulgar hacia arriba y su dedo índice hacia delante, apuntando a Akainu.
− Bang − dijo y un proyectil de agua, semejante a una aguja grande, salió por su dedo e impactó a gran velocidad en el hombro izquierdo del Almirante, atravesándolo. Una mancha roja apareció en el traje blanco. Sakazuki se abalanzó sobre el niño con furia. Lo tomó por el cuello con la mano izquierda y lo arrastró contra la pared. Su cabeza golpeó la madera, rebotando en ella. El niño no dejaba de sonreír mientras el hombre lo miraba desafiante y serio. Su mano irradiaba mucho calor y el vapor se hizo presente en el ambiente.
− Únete a la Marina − le ordenó con su semblante duro y serio. Una oportunidad así no se veía todos los días. Un criajo que controlaba el agua del mar podía ser muy peligroso. − A partir de ahora serás Nathan Conar, el Asesino de Piratas
Luffy quedó estático en el centro de la plaza, mirando a Nathan que yacía inconsciente en el suelo. Todos estaban paralizados. Nadie se atrevía siquiera a decir nada. Umi, que había estado viendo todo con mucha tensión, decidió que era el momento para acercarse a su padre. Ya había terminado la batalla y tenía que devolverle su sombrero de paja. Dio un paso con desconfianza, pero luego continuó al ver que nadie decía ni hacía nada.
El Rey notó la presencia de su hija inmediatamente y levantó la mirada. Ella se detuvo al llegar junto a él. Tenía puesto el sombrero. No sabía qué tenía que decirle, pero su corazón le gritaba que dijera algo, cualquier cosa.
− Creo que debo devolverte el sombrero − sus palabras salían torpemente de sus labios. Luffy la miraba serio. − Ya has terminado, ¿no es cierto? − preguntó.
− Creo que te queda bien − contestó Luffy para luego sonreír. Ella negó.
− El sombrero es de Sombrero de Paja Luffy, no mío − tomó el sombrero con la mano derecha y lo depositó con brusquedad sobre la cabeza del hombre que no dejaba de sonreír. Él era un poco más alto que Umi, así que tuvo que ponerse de puntillas para llegar a su cabeza.
− ¿Sombrero de Paja Luffy? − preguntó, llevando su dedo índice derecho a su mentón y levantando los ojos. − ¿Por qué no podría ser Sombrero de Paja Umi? ¡Queda bien! − volvió sus risueños ojos a los incrédulos de ella.
− ¡No! − soltó cruzándose de brazos. − ¡El sombrero es tuyo! − comenzaba a enojarse. Luffy rió.
Zoro entró a la plaza con desconfianza. Mientras caminaban hacia allí habían visto varias columnas de humo, polvo y vapor. También ruidos, golpes, explosiones y estruendos. Pero hacía unos cuantos segundos reinaba un silencio atormentador. Lo primero que vio su ojo cuando atravesó la reja fue la gran sonrisa de Luffy, que llevaba nuevamente su sombrero sobre su cabeza. Reía. Reía despreocupado, con esa sonrisa que recordaba tan fresca y sin problemas, tan despreocupada y sincera. Su cuerpo fue recorrido por una vibración que hacía tiempo no sentía. Robin lo abrazó con un poco más de fuerza, aferrándose a su cuello.
Sanji los vio llegar. No entraba dentro de si mismo. Se acercó rápidamente sin quitar sus ojos de la mujer que Zoro cargaba. No lo podía creer. ¿Era Robin? ¿Esa mujer realmente era Robin? Quedó estático frente a ambos. Zoro desvió su mirada de la escena risueña de su capitán para encontrarse con el ojo visible de Sanji, mirándolo como si estuviese viendo un fantasma. Y era eso realmente lo que estaba sintiendo el rubio. Cada imagen, cada sensación, cada patada dada a objetos hasta que las heridas se abrieran, todo se arremolinaba en su mente mientras veía la imagen de esa mujer vestida de blanco que estaba cargando Zoro. Ella se removió, aflojó su agarre del cuello del espadachín y volteó la cabeza. Sus ojos azules miraron directo al rostro incrédulo de Sanji, que se dejó caer de rodillas al suelo.
− Debo felicitarte, Nathan, por tu excelente trabajo en el West Blue − la voz de Sakazuki se condecía con la expresión de satisfacción que traía en su rostro. Miraba a su subordinado con orgullo mientras permanecía sentado en su sillón de terciopelo rojo dentro de su oficina en la Marina. Escritorio de por medio se encontraba Nathan, con una sonrisa siniestra en los labios, recargado contra el respaldo de uno de los dos sillones que estaban de ese lado. Tenía un vendaje en la mano izquierda y unos moretones en el cuello y el rostro.
− Muchas gracias, Almirante − contestó él. Se irguió para llevar sus codos sobre el escritorio. Entrelazó sus manos, en las que llevaba guantes blancos y apoyó su barbilla sobre estas. − Pero me temo que debo pedirle un favor − su tono cambió a uno más confidencial.
− Te escucho − Akainu le dio pie para que dijera lo que se traía entre manos. Desde que entró en la oficina supo que le pediría algo a cambio del favor que le hizo poniéndole fin a la banda de los Sombrero de Paja.
− Necesito hacer una ejecución pública − Sakazuki arqueó una ceja. − Tengo prisionera a Nico Robin − explicó. El hombre se recostó en el respaldo del sillón y sonrió levemente.
− ¿Qué quieres con eso, Nathan? − preguntó, sabiendo que el verdadero motivo de esa ejecución no era simplemente quitarle la vida a Nico Robin.
− ¿Qué quiero? − soltó el aire, mostrando una más enfática sonrisa. − Llevármela − cerró sus ojos. − Quiero que me muestre la verdad − continuó. − Que me cuente todo lo que sabe, todo lo que averiguó − abrió sus ojos. − ¿A usted no le interesa la capacidad de esa mujer? − esta vez su expresión era amenazante. Akainu lo miró intensamente por unos segundos.
− Está bien − contestó. − Prepararemos una ejecución pública − dijo. − Ejecutaremos a Nico Robin para que puedas llevártela sin problemas − continuó. − No entiendo qué te tiene tan interesado en los Sombrero de Paja − insistió. − Pero confío en ti − Nathan se levantó del sillón, dio la vuelta y se dirigió a la salida. Pero, antes de abrir, volteó levemente, para mirar a Sakazuki por el rabillo del ojo.
− A partir de ahora seré Kaizoku Satsujin − casi ordenó. Akainu sonrió.
− Almirante Kaizoku Satsujin
Ellos habían visto con sus propios ojos cómo ejecutaban a Robin en Mariejois, un mes después de que Nathan los atacara y hundiera el Sunny. ¿Por qué estaba viva? ¿Cómo era posible que ella estuviese con ellos en ese momento? Sanji levantó la cabeza. Se encontró nuevamente con los ojos de Robin. Era ella, estaba completamente seguro.
− ¿Qué se supone que estás haciendo, cocinero de cuarta? − la voz de Zoro lo trajo a la realidad. ¿Qué era lo que estaba haciendo? Desvió su vista a su nakama y vio su expresión de molestia. − Levántate − dijo. − Das vergüenza
Detrás de Zoro y Robin, estaban Ryu y Mika. Ryu vio a Umi junto a Luffy. Ella estaba cruzada de brazos, haciendo una especie de capricho infantil mientras el hombre reía a carcajadas. Sintió alivio. Un gran peso se levantó de sus hombros y dejó que una sonrisa apareciera en su rostro. Mika lo codeó. Él la miró con molestia pero su expresión cambió al ver que su hermana también sonreía. Le hizo un gesto con la cabeza animándolo a que vaya junto a Umi. A su capitana.
Un ruido alertó a Zoro. Nadie parecía escucharlo, pero ahí estaba. Era el correr del agua. Un sentimiento extraño lo invadió y su corazón se estrujó. Sabía que ese sonido lo había escuchado antes. Y un momento de lucidez lo asombró. Era el mismo sonido que escuchaba antes de que el Sunny fuera atacado. Se puso alerta y miró a Sanji a los ojos, con pesadez y aturdimiento. El rubio, que ya se había puesto de pie y sacudido el traje, se acercó un par de pasos más.
− Cuida de Robin un momento − le dijo. Sanji no se atrevió a preguntar. No le gustaba la expresión en el rostro de Zoro. Robin, no dijo nada. Dejó que él depositara su débil cuerpo en las manos del cocinero y le dedicó una mirada preocupada, que fue correspondida por un movimiento de cabeza por parte del peliverde.
Caminó detrás de Ryu, con lentitud. Cerró su ojo, deteniéndose unos cuantos pasos delante de donde estaban Sanji y Robin. Se dedicó a sentir todo lo que sucedía a su alrededor. Podía escuchar con calidad el agua correr por entre las piedras. No podía identificar de dónde provenía el sonido, pero estaba seguro de que era agua. Abrió el ojo. Nathan aún permanecía en el suelo inmóvil y no tenía el aspecto de que fuese a despertar pronto. Luffy había callado y miraba a Ryu.
− ¡Ryu chan! − gritó Luffy, haciendo que Umi volteara emocionada. Se arrojó al cuello de Ryu dándole un fuerte abrazo que provocó que el moreno se sonrojara.
− ¡Ryu! ¡Regresaste! − gritó Umi aún abrazando a Ryu con fuerza. Él se mantenía estático. Estaba frente al pirata más grande de la historia. Se sentía nervioso y en cierta forma, avergonzado. ¡Su hija estaba colgándole del cuello! Pero, muy por el contrario de mostrarse molesto, Luffy sonreía de oreja a oreja.
− ¡Creciste mucho! − soltó una carcajada. − Oi, Umi, ¿lo conoces? − preguntó, borrando su sonrisa y arqueando una ceja, recién dándose cuenta de que ella lo estaba abrazando con tanto cariño. Su rostro mostraba confusión.
− ¡Si! − fue la respuesta de ella, que soltó a Ryu y sonrió a su padre. − ¡Saldremos al mar en cuanto regresemos a casa! − estaba sonriente y feliz. Luffy volvió a dibujar esa enorme sonrisa en su cara.
Detrás de los muros, el agua salada de los ríos que surcaban toda la isla se juntaba en varias mangas alrededor de la plaza. Se alzaban cuatro de ellas amenazantes. Subieron a velocidad y cayeron al medio del lugar. Luffy, Umi y Ryu miraron hacia arriba, viendo las cuatro mangas de agua cayendo sobre ellos.
Bien, la pelea de Luffy y Nathan llegó a su final. Espero comentarios, tomatazos, reflexiones profundas y también insultos. ¿Qué les pareció?
Aún falta más! Nos leemos la próxima, Mary
