Muchísimas gracias a todos por los reviews que me dejaron por los capítulos 37 y 38. Realmente fueron dos capítulos intesos, llenos de emoción y de sentimientos, muy difíciles de hacer. Quisiera agradecerles el apoyo incondicional, a todos los que leen y disfrutan de ello. Y también aclararles que aunque la acción esté llegando a su fin, aún habrá un poco más de esta historia, que está en sus momentos cúlmines (no me gusta alargar mucho los fics porque después se envician y quedan espantosos).

Punto 1) Tomaré en cuenta las opiniones acerca del único día de Usopp y Kaya.
Punto 2) Pondré en consideración una segunda temporada, para lo cual los invito a comentarme acerca de qué les gustaría que se tratara esa segunda entrega.
Punto 3) Por supuesto que quedarán algunas incógnitas, como por ejemplo, cómo es que Robin y Zoro formalizaron, cómo es que Luffy y Nami estuvieron juntos, etc. También los invito a tirar ideas, o simplemente, y previamente preguntándome, tomar la idea para escribir ustedes algún One Shot o algo que les guste.
Punto 4) Leknyn: quizá tu sueño se haga realidad jejejeje.
Punto 5) Leo, cuando llegues aquí, estoy segura de que habrás logrado que esto sea una relación monopólica. Jajajaja.
Punto 6) Creo que ya no hay más puntos.

Muy bien, los dejo con la lectura, con la esperanza de que me digan qué les pareció este capítulo, que será tan intenso como los anteriores. Mary.

Candy-chan: ¡Qué gran review! Jajajaja. ¡Muchas gracias! Aclarado el punto de la hermandad de Ace y Luffy, puedo continuar respondiendo jajaja. No podía ser "Sombrero de Paja Umi", como bien decís, tiene que buscar su propio distintivo, aunque creo que le va a costar... ¡es demasiado parecida a Luffy! Muchas gracias por las alabanzas, de verdad que nos esforzamos porque todo quedara perfecto (o más o menos aceptable, cabe decir XD). Jajaja Pensé que podría resultar algo confuso el nuevo ataque de Luffy, pero me alegra que lo hayas comprendido :3 ¡Ojalá Oda se siente a leer esta historia! Jajajajaja ¡Qué Kamisama te escuche (o te lea para ser más precisos)! Para la reunión de los Monkey vas a tener que esperar un par de capítulos jejejeje (si, soy mala). Aquí entre nos, odio a Akainu. Si, nos pareció interesante relacionar esa fruta tan rara con el siglo vacío, sobre todo porque no es común ver a un usuario inmune al mar XD Por eso pusimos esto de la Umi Umi no mi. Supongo que más adelante se sabrá un poco más, sólo un poco =P Ojalá que tu personaje se parezca a Umi, así te divertirás a lo grande jajajaja. Nos leemos pronto! Mary


Lo único que sintieron Luffy, Umi y Ryu fue una ráfaga de viento que obligó al Rey a sostenerse el sombrero y unos sonidos metálicos que los obligaron a bajar la vista y mirar hacia atrás. Hacia donde estaba Nathan. Una nube de polvo les ocultaba la visión. Zoro estaba de pie sobre Nathan, apuntando con la punta de Sandai Kitetsu a su garganta. El agua se detuvo en el aire. Algunas gotas caían sobre los tres que permanecían quietos mirando la figura de Zoro que se dibujaba entre el polvo. Ryu apretó los dientes.

− Roronoa Zoro − susurró Nathan, dibujando con dificultad una sonrisa irónica en su rostro magullado. Tenía sangre escurriéndole por la nariz, la boca y una herida en la frente. No podía moverse del suelo, estaba gravemente herido, con su pecho abierto y deshidratado casi completamente.

− Todos te perdonaron la vida − la voz del espadachín era seca y salía desde su pecho. El filo de la katana temblaba levemente. Odiaba a ese hombre, lo odiaba como nunca jamás había odiado a nadie en toda su vida. − Pero firmaste tu sentencia de muerte cuando volviste a levantar tu mano contra mi capitán − continuó, intentando no mostrar lo que sentía en su voz. − Yo te escuché cuando entraste al barco − confesó, rozando con la punta de la katana la piel de Nathan. − No pude hacer nada entonces − apretó más la empuñadura de Sandai. − Eres un hombre sin honor − apretó los dientes. − Un bastardo − apoyó el arma haciendo un pequeño corte. − Hiciste que viviéramos en el infierno por diecisiete años − levantó la katana y la envainó, desenfundó a Wado Ichimonji con la misma mano y se la colocó en la boca. Mientras que con la mano izquierda tomaba la empuñadura de Shusui. − Te aplastaré

Ryu tenía los ojos desencajados. ¿Qué era esa postura que había adoptado su padre? ¿Qué era ese tono en su voz? Jamás lo había visto así. Tragó saliva. Umi lo vio de reojo. Sabía que su nakama estaba por demás nervioso. Zoro tenía ambas manos sobre las katanas que permanecían enfundadas en su cintura mientras sostenía la tercera en su boca. ¡En su boca! El aura siniestra que lo rodeaba era aterradora.

− Rokudou No Tsuji − se escuchó retumbar. Más allá del cuerpo de Nathan estaba Zoro, con sus manos cruzadas frente a él, sosteniendo a Shusui y Sandai Kitetsu, y a Wado Ichimonji entre los dientes. Se mantuvo quieto por unos cuantos segundos. La sangre brotó explosivamente del cuerpo inerte de Nathan, manchando el suelo y la misma espalda de Zoro, mezclándose con el agua de mar. Zoro enfundó sus katanas y se irguió sin voltear. El agua que estaba sobre Luffy, Ryu y Umi cayó violentamente, mojándolos completos. Luego de unos segundos de interminable silencio en el que los presentes asimilaban lo que había hecho Zoro, destrozando casi por completo el cuerpo de Nathan, habló. − Capitán − dijo fuerte y claro. Luffy levantó el pecho y la cabeza, dejando que su rostro se ilumine debajo del sombrero. El espadachín giró y enfrentó la mirada de Luffy. − No desobedecí tus órdenes − dijo. Ryu miraba a su padre con intensidad, queriendo saber qué estaba sintiendo en ese momento. − Tú peleaste solo y recuperaste nuestro honor − continuó. − Pero mi deuda era de sangre − aclaró. − Y la sangre sólo se paga con sangre − comenzó a caminar hacia Luffy.

Quedó frente a frente con él, a un metro. El Rey Pirata levantó su mano derecha con lentitud. La estiró y la colocó sobre el hombro izquierdo de Zoro, presionándolo con fuerza. Se miraban seriamente.

− Ya había terminado con él − dijo Luffy. − Lo que hagas o no después es asunto tuyo − bajó la cabeza y el ala del sombrero tapó su rostro. − Eres mi nakama − dijo, apretando aún más fuerte el hombro de Zoro. − Pero esa debía ser mi pelea − levantó la cabeza y miró al ojo del espadachín, que se mantenía serio. Quitó la mano y sonrió. − ¡Cambia esa cara! − gritó, riendo. Zoro sonrió de lado.

− Oi, marimo − lo llamó Sanji, que ya estaba cerca de ellos con Robin en brazos, siendo seguido por Mika y Sora. − Quita esa expresión de tu cara − dijo, mirándolo. − Das vergüenza − sonrió socarronamente, arrancando un gruñido de la garganta de Zoro. Robin lo miraba con una débil sonrisa en sus labios.

− ¡Robin! − gritó Luffy, emocionado. Todos escucharon cuando los demás saltaron hacia la plaza.

− ¡Robin! − la voz de Chopper fue lo siguiente que se escuchó, pero su emoción estaba mezclada con preocupación. Sanji se acercó a Chopper, que aún continuaba en su Heavy Point, para que pudiera verla mejor. A simple vista se notaba su debilidad. − Debería revisarte cuanto antes − Robin lo miró a los ojos.

− Gracias, Chopper − susurró. Sanji caminó hacia las gradas para que Chopper pudiera atenderla, pero fue detenido por Zoro. Las palabras no se hicieron necesarias. El rubio le entregó suavemente a Robin y los dejó a solas, volviendo hacia donde estaban los demás, junto a los que habían bajado de las gradas. Todos hablaban al mismo tiempo. Nami se había quedado alejada, parada junto a una montaña de escombros. Sanji vio cuando Umi se separó del ruidoso grupo y caminó hacia su madre, no pudo evitar sonreír. Sabía que todo saldría más que bien.

− Umi yo − quiso comenzar a hablar Nami ni bien su hija se detuvo frente a ella sin dejar de verla a los ojos. No parecía molesta, pero estaba muy seria. Las gotas caían de su cabello debido al agua que cayó sobre ella y los otros momentos antes.

− Ya se todo − la cortó. − Luffy es mi padre − continuó. − Y también entiendo que no quisieras que nadie lo supiera − Nami abrió sus ojos con sorpresa. − Sanji me explicó cómo eran las cosas − aclaró.

− Lo siento − soltó Nami, aguantándose las lágrimas. − No podía decirte la verdad − se justificó, aunque sabía que quizá Umi no entendería los motivos. − Si alguien sospechaba que eras la hija de él todo estaba perdido para ti

− No digas nada más − la miró y sonrió. Nami no comprendía por qué su hija se mostraba tan confiada. − Tu me dijiste que mi padre era el hombre más sorprendente del mundo. ¡Si que lo es! − abrazó a su madre con fuerza. − ¿Lo que había en el cofre era el sombrero? − preguntó en un susurro muy cerca del oído de Nami.

− Si, en el cofre estaba el Sombrero de Paja y su voluntad − dijo, correspondiendo al abrazo con ternura. Umi rió.

− Ya se lo devolvimos − Nami levantó la vista y vio a Luffy riendo mientras conversaba haciendo gestos y movimientos con los chicos.

Unos pasos detuvieron la alegre conversación de los nakamas del Sombrero de Paja. Luffy apartó a Brook y Franky, que le interrumpían el paso hacia el sujeto que se acercaba. Miró atentamente al Almirante, intentando adivinar sus intensiones. Sus ojos negros sostenían la mirada intimidante del Rey Pirata, mientras continuaba haciendo tintinear sus tacos en la piedra. Se detuvo a pocos centímetros de Luffy. Luego, silencio.

Se analizaron por unos momentos. Coby podía ver a todos los demás detrás de Luffy. Estaban Sanji, Brook, Franky y Jimbei. Más allá, en las gradas, podía ver cómo Chopper revisaba con un estetoscopio a Robin, mientras conversaba con Zoro. También estaban Ryu, con una chica de cabello rosado y un niño de cabello negro. Y unos metros más atrás se acercaban caminando Nami y la hija de Luffy, Umi.

− Luffy kun − soltó al fin Coby, aflojando su expresión tensa.

− Coby − el rey lo nombró como un saludo. No entendía aún cuáles eran las intensiones del hombre. Por supuesto que se había enterado de que él era Almirante, al igual que Nathan y Smoker. Lo que no podía adivinar en sus ojos era lo que intentaría hacer, ya que tenía al Rey Pirata y toda su banda frente a él, casi servidos en bandeja.

Zoro volteó al notar el silencio. Coby estaba frente a frente con Luffy. Tal vez esa era la trampa de la que ellos se habían percatado y de la que le había querido advertir Robin. Sus músculos se tensaron e instintivamente llevó su mano derecha a la empuñadura de Shusui.

− Lo siento − soltó el pelirrosa. Luffy se sorprendió tanto que dio unos cuantos pasos hacia atrás con la boca entreabierta.

− ¿Qué? − preguntó atónito.

− ¡Lo lamento mucho, Luffy kun! − gritó e hizo una reverencia. Los marines que estaban aún transmitiendo lo que sucedía no podían creer lo que estaban viendo. Le temblaban las manos y las rodillas. El discípulo del Héroe, el Almirante Coby, estaba inclinándose frente al Rey Pirata. ¡Y le pedía disculpas!

− ¿Qué es lo que lamentas? − Luffy, aún sorprendido, se acercó nuevamente a su viejo amigo.

− Yo llevé a Conar hacia su barco hace diecisiete años − confesó, aún mirando el suelo. − Pero no tenía idea de qué era lo que él planeaba hacer − continuó. Luffy arrugó el entrecejo. − Nunca en mi vida me arrepentí tanto de haber seguido una orden, Luffy − lágrimas aparecieron en los ojos del hombre. − ¡Nunca me perdonaré no haber hecho nada para detenerlo! − gritó. Las lágrimas caían al suelo.

− Oi, Coby − dijo Luffy después de unos segundos. − No te preocupes − Coby levantó la cabeza. El Almirante se irguió, se puso firme e hizo la venia frente a Luffy, levantando el pecho, aún con lágrimas saliendo de sus ojos.

− ¡Este es el Rey de los Piratas, Monkey D. Luffy, Capitán de los Sombrero de Paja! − gritó. Los demás marines que estaban presentes también saludaron al capitán pirata, que no dejaba de sonreír. − ¡A partir de hoy será libre para surcar los Cuatro Blues y el Grand Line a su antojo! − hizo tronar sus tacos. − ¡Larga vida a Mokey D. Luffy!

Luffy se abalanzó contra Coby dándole un fuerte abrazo, que el pelirrosa no dudó en responder.

− ¡Brook san! ¡Brook san! − un muchacho rubio se acercó corriendo hacia donde estaban todos llamando a los gritos al esqueleto. Detrás de él venía otro muchacho cubierto por una capucha.

− ¡Jimmy! − lo llamó Brook, acercándose. − ¿Qué sucede?

− ¡Debemos irnos de esta isla! − gritó. Parecía abatido. − Los marines, los caza recompensas, todos se están retirando como si fuera a suceder algo − ni bien acabó de pronunciar aquello un fuerte temblor hizo que todo se tambaleara.

− No puede ser − susurró Coby, que se había quedado conversando con ellos.

− ¡Amirante Coby! ¡Señor! − un Marine, que temblaba como una hoja por tener que acercarse tanto a esos piratas, reverenció a Coby. − Orden de retirada − dijo. − Fue dada por el Almirante Smoker − aclaró. Tragó saliva.

− ¿Smoker? − preguntó Sanji, arqueando la ceja visible.

− Cierto, él estaba junto a Coby mientras Luffy peleaba − aclaró Usopp.

− ¡Recibido! − contestó Coby y el Marine se retiró. − Esto es peligroso − les hablaba a todos. − Debemos irnos − miró a Luffy. − Los sacaré de aquí − más que una sugerencia parecía una orden. − Así pagaré mi d-

− No − se opuso Luffy. − No tienes ninguna deuda con nosotros − aclaró. − Pero aceptaré que nos lleves a alguna isla cercana, con una condición − extendió su dedo índice derecho justo frente a la cara del marine. Los nakamas sonrieron disimuladamente. Coby levantó las cejas. − ¡Que hagas un gran banquete en nuestro honor! − gritó, sonriente.


− ¡Vamos! ¡Vamos! ¡A prisa! − gritaban los últimos marines que agitaban sus manos frente a la escalerilla que unía el muelle y el enorme barco en el que viajaba el Almirante Coby. En menos de media hora y soportando fortísimos temblores, todos habían abordado la nave. Los marines, algunos civiles, la banda entera de los Sombrero de Paja, Umi, Ryu y Mika, Sora, y Michael y Jimmy.

Chopper había pedido un cuarto donde poder atender apropiadamente a Robin y varios marines médicos se ofrecieron a ayudarlo. Zoro los había seguido en silencio, sin interferir en la labor de su nakama, pero sin quitarle el ojo de encima. Luffy estaba en la cubierta, en el extremo de la proa, sobre el mascarón que tenía la forma de un perro con un hueso en la boca. El Rey estaba serio e intranquilo. Podía sentir los temblores de la isla y ver cómo los últimos marines abordaban el navío que alguna vez perteneció a su abuelo, Monkey D. Garp.

− Luffy − la voz de Usopp alertó al aludido, haciendo que girara su cabeza para verlo. Su viejo amigo había cambiado un poco. Se veía más maduro de lo que lo recordaba. Usopp subió a la baranda y se sentó junto a él, con ambos pies colgando hacia fuera. No pudo evitar sentirse nostálgico. Sonrió levemente.

− Todos están alistándose para zarpar − comentó Luffy para romper el hielo. − Deberíamos ayudar − volvió su vista a la isla, que comenzaba a hundirse en el mar.

− Me ofrecí, pero Coby dijo que éramos sus invitados y que tenía suficiente tripulación como para tres barcos − un nuevo silencio se formó entre los dos amigos.

− Usopp − llamó su atención el capitán. − ¿Qué harás ahora? − preguntó sin mirarlo. En cambio el tirador volteó su rostro algo incrédulo para toparse con el perfil serio de su capitán.

− ¿Me lo estás preguntando en serio? − no salía de su asombro. − ¡Pues salir al mar! − dijo levantando el pecho y sonriendo. − ¡Todos iremos contigo!

− ¿Qué le estás preguntando, idiota? − la voz de Sanji sonaba molesta. Apoyó los codos sobre la baranda. Tenía el cigarrillo entre los dedos índice y medio de la mano izquierda. − Es obvio que todos saldremos al mar − miró a Luffy directamente a los ojos con una determinación que vio muchas veces en su cocinero. − Esperé diecisiete años para cocinar para ti, ¿crees que seguiré esperando?


El barco comenzó a moverse. El sol estaba cayendo dándole a todo un aspecto rojizo y cálido. Ryu estaba recargado contra la baranda de babor. Sentía una ligera brisa que le revolvía el cabello. No comprendía nada de lo que había sucedido en la plaza. El hombre al que todos llamaban Rey de los Piratas era increíblemente fuerte. Podía notarlo aunque no lo hubiese visto pelear. Pero lo que más asombrado y fuera de si lo tenía era la actitud de Zoro. Jamás pensó que su padre podría llegar a ser tan despiadado. Lo desconoció completamente. Sintió una mano que se posó sobre su hombro derecho y giró levemente el rostro para encontrarse con la sonrisa leve de Mika, que lo observaba con ojos condescendientes.

− No me mires así − espetó, volviendo su vista al agua que se movía debajo.

− Robin ya está mejor − le dijo. − Creo que deberías ir a verla − sugirió, dándose vuelta, apoyando sus caderas y recargando sus codos en la baranda. − No te preocupes por lo que hizo papá − pocas veces había escuchado a Mika llamar papá a Zoro frente a él. − Tenía sus razones para comportarse así

− ¿Y tú qué mierda sabes? − después de decirlo se dio cuenta de que había sido un error hablarle así a su hermana. Bufó.

− Tienes razón, no se nada − agachó la cabeza y sonrió tristemente. − Ve − Ryu se incorporó y caminó en silencio.