Estoy intentando que estos últimos capítulos queden tan merecedores de aplausos (ok, no tanto) como los anteriores. Hoy les traigo el capítulo 41, lleno de muchos sentimientos y así serán los capítulos que faltan. Ojalá les gusten.
Candy-chan: Ryu estaba muy confundido, pobre. Pero de verdad actuó mal con Mika y para completarla plantó semillas de dudas en la pobre mente de Robin. ¡Pobre de Zoro! ¡Todo lo que va a tener que explicar! Jajajajaja. Si, yo también creo en que Zoro es de ese tipo de hombres, que se enamoran de una sola mujer y para toda la vida. Así lo planteo en esta historia, sin contar que en algún rincón de su corazón siempre esperó que Robin estuviera viva y así fue como le creyó a Nathan en seguida y sin discusiones. Jajaja las batallas padre-hija se sucederán a lo largo de lo que queda del fic. ¿Quién ganará al final? Jejejeje Me reí mucho con lo que pusiste jajajaja. Es cierto, subí el capítulo cerca de las 2 AM de Argentina, y leí tu rev como a las 5 AM (que me despertó la notificación de la tablet jajaja). Luffy siempre pasa de decir algo genial a echar todo a perder, por eso lo hice así. Pero, en el fondo, tranquilizó a Ryu y lo hizo ver muchas cosas que antes no veía. Sobre todo cosas de si mismo (ya verás más adelante). Y las reacciones si son como dijiste, Ryu pensando "¿Este es el Rey Pirata?" y Umi riendo como loca con su padre. Y respecto a la relación de Umi y Luffy, me gusta que comiencen por el lado que más aman los dos, que es comer. Ya se irán conociendo más y más y pudiendo entablar más diálogos y aprender a quererse. ¡Que bueno que tu Umi se parezca a mi Umi! jajaja (A la Umi de Leo =P) Mi esposo es el Señor Oscuro Sauron jajajajaja Con respecto a Usopp'n y Kaya, me refería a que aún no decido si poner retoño o no jajajaja, simplemente. Muy bien! Muchas gracias por semejante hermoso superarchimegaestimulante review! Besos! Mary
Coby estaba dando las últimas órdenes para dejar establecido el curso que tomarían durante la siguiente semana. Navegarían durante el día y durante la noche quedarían anclados, para tener un viaje más seguro y menos agotador. Smoker había dejado el navío ni bien se alejaron de Marski Cort, alegando que tenía que volver a sus obligaciones al otro lado del Red Line, en el Nuevo Mundo. Coby sabía de sobra que aquella visita del Almirante no había sido casualidad, pero no lograba a comprender los motivos por los que él no había intervenido en la batalla de Luffy contra Nathan. Los marines que estaban con él en la oficina se retiraron haciendo una reverencia, dejando paso a Usopp que los saludó con la mano y una especie de sonrisa nerviosa.
− Usopp san − llamó su atención el Almirante. − Entra − lo invitó. − ¿Quieres tomar algo? − preguntó poniéndose de pie y sacando un par de vasos y una botella de sake. Usopp entró, cerró la puerta y asintió con la cabeza, para luego sentarse en el sillón del otro lado del escritorio. Coby sirvió el sake y le ofreció una de las copas a Usopp. − Kanpai − dijo y chocaron sus copas.
− Coby san − el tirador estaba incómodo con aquella situación. Los últimos años de su vida los había pasado huyendo de la marina y ahora se encontraba en un enorme barco, con más de cien marines a bordo, sentado tomando sake con uno de los tres Almirantes. Coby, casi leyéndole la mente, prosiguió a hablar sin escuchar lo que el hombre tenía para decirle.
− En una semana llegaremos a Whisky Peak − anunció. − ¿Está bien si los dejamos allí? − preguntó. − Desde ese lugar será fácil abordar cualquier barco hacia el East Blue y para los que están viviendo en el Grand Line o en alguno de los otros Blues, podrán abordar el Umi Resha hacia cualquier destino − explicó.
− Si, está bien Coby san − afirmó Usopp, mirando el contenido del vaso del que no había tomado.
− Marski Cort se hundirá en el fondo del Paraíso − dijo, logrando la atención de Usopp. − Nathan había logrado construir esa isla artificial y sólo la elevaba cuando estaba viviendo allí − explicó. − Por eso la llaman el "infierno del mar" − tomó el contenido de su vaso de un solo trago.
− Coby san, Luffy piensa salir al mar ni bien lleguemos al East Blue − al fin dijo lo que iba a decir. − Creo que deberías saberlo − se miraron unos segundos a los ojos. Coby, finalmente, sonrió.
− Por supuesto que saldrá al mar − el comentario sorprendió a Usopp. − La Marina lo reconoce como el Rey Pirata − afirmó. − Serán libres de hacer lo que les de la gana, como antes − se puso de pie. − Usopp san, Luffy san es el hombre más libre del mundo − caminó rodeando el escritorio. − Si el mundo tuviera más piratas como él, nada de esto hubiera sucedido
− Me alegra saber que estás de nuestro lado
− No te confundas − los ojos de Coby mostraban determinación. − Soy un Almirante de la Marina − su expresión era seria. − Pero respeto a Luffy y su tripulación − alzó su pecho. − Porque son los piratas más grandes de la historia
Sora había quedado prendado de la enorme y magistral cocina de aquel barco monstruoso. Sus ojos estaban desencajados y su boca abierta. Parado en un rincón, junto a la puerta que ya no estaba debido a la pequeña riña entre padre e hija, había quedado estático el joven aprendiz de cocinero. El chef del barco era un hombre canoso, de baja estatura, desgarbado y de muy mal humor. Llevaba unos pantalones negros, una chaqueta abotonada blanca, un delantal que le llegaba hasta los pies y un altísimo sombrero blanco. Gritaba a los cocineros mientras ellos iban y venían, cortaban verduras, carneaban varios animales de distintas especies y algunos prendían el gran horno para alistarse a preparar el banquete que Coby prometió al Rey Pirata.
− ¿Qué tanto estás mirando? − una voz grave lo distrajo. Volteó levemente, con miedo, para ver el humo de un cigarrillo, sostenido por una mano blanca y delgada. Levantó un poco más la vista y la ceja rizada de Pierna Negra Sanji quedó estampada en sus retinas. Balbuceó algo que el hombre no entendió y bajó su vista al suelo. − ¿Te gusta la cocina? − insistió Sanji al no obtener respuesta.
− Solía ser aprendiz en el barco de los caza recompensas − contestó con voz baja. − Pero me gustaría aprender a cocinar − continuó. − Umi san quiere que sea el cocinero de su barco − acotó. − Pero realmente no sé-
No pudo continuar. Sintió la mano de Sanji tomarlo por el brazo y arrastrarlo hacia el medio de la cocina, donde estaba parado el Chef, sobre un ridículo banquito de madera. El hombre miró a Sanji de arriba abajo con desprecio y arrugó más el entrecejo mientras una pequeña vena aparecía en su frente.
− Mi cocina no es lugar para piratas − dijo amargamente. Sanji apretó más el agarre del brazo de Sora, que creyó que su húmero se quebraría en mil pedazos.
− Hoy cocinará un pirata − la voz de Sanji era fuerte y segura, cargada de rabia por el comentario del anciano. El Chef abrió los ojos, incrédulo, para luego dar paso a una estruendosa carcajada. La vena en la frente de Sanji y el miedo de Sora se acentuaron. − Viejo − el hombre dejó de reír, dándose cuenta de la seriedad en las palabras del pirata. − La cantidad de comida que está preparando no será suficiente − sonrió de lado, dando una calada a su cigarrillo, horrorizando al Chef. − Hay dos Monkey D. a bordo
− ¿Qué insinúas? ¿Qué no sé calcular la cantidad de platillos para mi barco? − enfatizó la palabra "mi". Sanji sacó el humo justo en la cara del anciano.
− No, de ninguna forma − sonrió más enfáticamente. − Usted no sabe calcular la cantidad de platillos para mi tripulación − una riña silenciosa se armó entre ambos chefs. Sora miraba alternativamente a uno y al otro mientras sentía que ya no circulaba sangre más allá del agarre del rubio.
− Está bien − soltó al fin el anciano. − Pero sólo cocinarás para los piratas − aclaró.
Robin había dormido un par de horas después de que Chopper le llevara el agua y los bocadillos. El sueño la había vencido aunque por su mente rondaban miles de preguntas acerca de lo que Zoro podía haber hecho durante esos diecisiete años. Abrió sus ojos lentamente, despertando de su letargo, somnolienta y adolorida. Miró hacia un lado y vio al espadachín de cabello verde sentado en la misma silla que antes, de brazos cruzados. Podía ver cómo respiraba lenta y acompasadamente y estaba segura de que había estado allí desde que Chopper se retiró, dejándola dormida. Sonrió levemente. Zoro abrió su ojo.
− ¿Cómo te sientes? − preguntó con voz grave.
− Adolorida − no era necesario que mintiera. − Las esposas de kairouseki las llevé todo el tiempo − dijo, sin dejar de mirarlo. − Él no me las quitó jamás
− ¿Por qué te tuvo encerrada tantos años? − se atrevió a preguntar Zoro. Quería entender las razones de Nathan. No podría perdonarlo jamás, y tampoco estaba satisfecho con haberlo matado, pero al menos quería saber qué había motivado a ese desquiciado a hacer lo que hizo.
− Él quería saber más sobre si mismo − Zoro arqueó una ceja. − La Umi Umi no mi es una fruta legendaria que sólo aparece en viejos documentos − explicó Robin. − Me llevó por el mundo buscando información, hizo que leyera todos y cada uno de los pergaminos antiguos, piedras, signos, libros, todo lo que encontraba en su camino − las palabras de Robin no eran procesadas por Zoro. ¿Para algo tan inútil y egoísta había atacado su barco y llevado a Robin, haciéndola pasar por muerta? − Akainu estaba con él casi todo el tiempo
− ¿Akainu? − preguntó él. Ella asintió con la cabeza.
− Fue su maestro − bajó la vista. Calló por unos minutos.
Zoro se levantó y se acercó a la cama. Se sentó sobre esta, junto a Robin. Se recostó en la almohada y pasó su brazo izquierdo debajo de los hombros de ella para atraerla hacia él. Robin se recostó en su pecho, aspirando profundamente y cerrando sus ojos.
− ¿Y tú? − preguntó al fin Robin, rompiendo el silencio. − ¿Dónde estuviste estos años? − la pregunta era urgente, pero no hizo que se notara. La dijo con un tono casual, que extrañó bastante a Zoro.
− Volví al East Blue − su tono era calmo. Cerró su ojo y descansó su espalda contra las almohadas. − Soy sensei de un dojo − Robin estuvo tentada a reír, pero se contuvo. − Tengo varios aprendices − continuó. − De no ser por Ryu y Mika mi vida sería un completo desastre − Robin se tensó. − ¿Qué sucede? − preguntó instantáneamente él.
− Nada − mintió bastante mal, pero él decidió no preguntar. Demasiadas cosas habían pasado en esos largos años como para hablarlas todas en unos minutos. Apretó suavemente a la mujer y se dejaron caer en un nuevo sueño.
La noche había caído en altamar. Habían recogido las velas y anclado cerca de un archipiélago pequeño. En el comedor, el ruido era ensordecedor. Brook había conseguido un violín y tocaba eufórico siendo seguido por algunos aficionados a la música que estaban entre los marines. Jimmy y Michael escuchaban anonadados a su amigo, ya que jamás lo habían visto tocar ni una sola nota.
Habían montado una gran mesa central, donde estaba la mayor cantidad de comida, presentada muy elegantemente. Sanji sonreía triunfal mientras veía inquisitivamente al Chef de una punta a la otra del salón. Sora temblaba de emoción, aún llevando el delantal blanco, que había conservado en perfecto estado de pulcritud gracias a los consejos de Sanji. Realmente había aprendido mucho preparando ese banquete y cada segundo admiraba más a ese pirata cocinero.
Luffy estaba en la cabecera de la mesa, manteniéndose sin tocar bocado, haciendo un esfuerzo sobrehumano. Junto a él, del lado derecho, se encontraba Usopp y del lado izquierdo Franky. En la otra punta de la mesa estaba Coby, que había decidido cenar con ellos. A la derecha del Almirante estaba Chopper y a la izquierda Jinbei. En medio de la mesa había ocho lugares vacíos, cuatro a cada lado.
− ¡Sanji! − se quejó Luffy. − ¿A qué estamos esperando? − Sanji suspiró antes de contestar.
− A los demás − dijo, acercándose al que sería su asiento. − Sora, siéntate aquí − le indicó el lugar junto a Chopper, que sonrió contento. El niño se relajó, se quitó el delantal y se sentó junto a su amigo.
− ¿Cómo está Robin chan? − preguntó Sanji a Chopper, para captar la atención de todos y así lograr mantener quieto a Luffy por un poco más de tiempo.
− Está mejor − el reno, que estaba en su Brain Point, bajó la vista a la mesa. − Me dijo que todos estos años estuvo esposada con kairouseki − contó. − No sé cómo podría llegar a afectar eso a su cuerpo − realmente se oía preocupado.
− Ya verás que todo estará bien − animó Luffy, logrando que Chopper levantara la vista para verlo a los ojos. El Rey sonreía. − ¡Franky! − gritó, sobresaltando al hombre ya que estaba a su lado. − ¡Quiero que construyas un nuevo barco para todos! − gritó eufórico.
− ¿Qué? − Franky no entraba dentro de si mismo. − No puedo hacer eso, capitán
− ¿Cómo que no? − Luffy se cruzó de brazos, con una notoria molestia en el rostro.
− En el único lugar donde tengo lo necesario es en Water 7
− ¡Pues iremos allí! − volvió a sonreír, colocando su mano en el hombro de su nakama. Franky sólo sonrió. − ¡Zoro! − gritó un asombrado Luffy al ver entrar a su nakama. Traía a Robin en brazos. Ella llevaba una bata color azul que cubría la yukata y estaba descalza. Ambos tenían una expresión de serenidad en el rostro. Ella sonreía.
− ¡Robin chwan! − Sanji se levantó como un resorte de la silla para acercarse a su dama y saludarla apropiadamente, arrancando una risotada por parte de Robin, que le extendió la mano para que el rubio se la besara mientras Zoro soltaba un gruñido.
− Pervertido − masculló, haciendo que Sanji frunciera las cejas y se pusiera de pie violentamente tras dejar con suavidad la mano de Robin.
− Repite eso − se acercó a su rostro peligrosamente. − Marimo de mierda
− Pervertido − repitió Zoro, esta vez más fuerte. Se detuvieron al escuchar las risas de Robin, que explotaron sin querer detrás de la mano que tapaba su boca. Sanji y Zoro sonrieron. Y todos los demás rieron. Por primera vez en años se sentían felices y tranquilos.
Umi entró al comedor por la puerta de la cocina, que había sido reemplazada, siendo empujada por Ryu. Todos voltearon a verlos. Zoro y Robin se habían sentado frente a Sanji y Sora, junto a Jimbei. El bullicio que hacía tanta gente junta hacía que Ryu se pusiera por demás irritable. Y para completarla, había sido arrastrado por su capitana hacia la cocina con la intensión de tomar unos bocadillos antes de la cena.
− ¡Umi! − la llamó Luffy agitando su mano derecha. − ¡Apúrense que ya quiero comer! − tras escuchar el llamado de su padre, corrió dejando a Ryu parado sin entender nada. ¿Ahora si quería sentarse a comer? Umi se había sentado junto a Sanji, que había vuelto a su sitio. Ryu bufó y se acercó a la mesa, para sentarse junto a Zoro. Robin no perdió detalle de la actitud de su hijo, notándolo mucho más calmado de lo que lo había visto antes. Suspiró aliviada.
− ¿Dónde está Mika? − preguntó Zoro en voz baja a su hijo.
− No se − fue la respuesta con un tono de culpa por parte de Ryu. Había actuado pésimo con su hermana y no había tenido la delicadeza de pedirle disculpas. − No la vi desde que salimos de la isla − aclaró. Zoro podía comprender que había sucedido algo entre ellos, seguramente alguna discusión, de las que siempre tenían.
− ¿Y Nami? − al fin preguntó Luffy, notando que ya estaban todos los nakamas presentes, menos ella.
− Después de zarpar se metió en su habitación y no la he visto desde entonces − comentó Usopp. Luffy arrugó el entrecejo.
− ¡Sanji! − llamó Umi al cocinero como si estuviese lejos, ignorando lo que conversaban sobre su madre. − ¡Quiero comer! − rogó. Sanji chistó la lengua molesto, pero no tenía caso seguir esperando a las dos mujeres que faltaban. La cena se enfriaría y de cualquier forma había guardado un par de porciones lejos de las garras de los Monkey D.
− Está bien, comencemos − dijo, entre dientes.
Espero no hayan tenido un pico de azúcar (como diría Candy) y se hayan divertido con el capítulo. A mi me gustó muchísimo hacerlo y me reí por demás. Pobre Robin, la puse en una situación un tanto incómoda y todo fue por la culpa de leknyn. ¡Pero como soy mala me encanta hacerle esto! Jajajajajaja. ¿Qué estará sucediendo con Nami? ¿Cómo se resolverá la situación tan tensa que hay entre Ryu y Mika?´En el siguiente capítulo se irá entreviendo esto y las demás cosas que quedaron en el tintero! Gracias por leer, Mary.
