Hola a todos! Cómo están? Acá un nuevo capítulo, que espero les guste.

Candy-chan: El tema del orgullo Roronoa es cierto, veremos cómo soluciona todo esto el gran espadachín Ryu jaja. Mmm, será difícil que Zoro se de cuenta, porque para él fue muy natural que Robin sea su única amada mujer, estuviera viva o merta. Pero para ella se sintió "normal" que él hubiera hecho una nueva vida al enterarse que ella estaba muerta. Así que veo casi imposible que él note que ella está celosa, o dudosa acerca de quién es Mika. Además está el hecho de que Mika es mayor a Ryu, por lo tanto, de ser hija de él, debería ser de una pareja que Zoro haya tenido antes (¿Perona? jajajaja). Será dificil para Zoro. En realidad pasaste del llanto a la risa y viceversa en el capítulo y me alegra saberlo porque eso indica que estoy haciendo un buen trabajo =P ¡Muchas gracias por todo! Besos!

Los dejo con el capi! Mary


Mika estaba sentada sobre el mascarón de proa, en posición de loto, intentando meditar. Oía los gritos y el bullicio proveniente del comedor. Realmente no tenía apetito y no quería cruzarse con Ryu. Y quería poder pensar claramente las cosas que habían sucedido. Era sabido que la actitud de Zoro ella jamás la había visto con sus propios ojos, pero comprendía que el espadachín era un verdadero demonio a la hora de enfrentarse a sus enemigos, y sobre todo a ese enemigo en particular. Había podido sentir en carne propia todo el sufrimiento y la desesperación de su padre, y recordaba como si las estuviese escuchando en ese instante todas y cada una de las palabras que habían salido de su boca durante todos los años que fue su maestro. Palabras cargadas de dolor, de impotencia y bronca. Palabras que ella podía comprender a la perfección y que jamás osó contradecir u opinar.

Pero estaba más que claro para Mika que el comportamiento de Ryu tenía que ver justamente con todo eso que ella si comprendía de Zoro y él no. Y era simplemente porque Zoro jamás había actuado de esa forma frente a su hijo. Ella había notado desde siempre que la actitud de su padre con Ryu era abismalmente diferente a la que tenía con ella. Y comprendía que esa diferencia era porque él era su hijo de sangre y ella no. O tal vez porque le provocaba más sufrimiento recordar que ese niño era también el hijo de la mujer que amaba aunque estuviese muerta.

Abrió los ojos y se perdió en la oscuridad de la noche en el mar. Nunca en su vida había salido de la villa en donde vivían. Y a pesar de que sabía de memoria las historias que le contaba Zoro cuando era pequeña, todo lo que estaba viviendo le parecía sacado de un sueño.

Piratas. Ellos eran piratas. Por supuesto que lo sabía, desde que conoció a Zoro aquella noche en el dojo abandonado, que ahora era el más próspero del East Blue. ¡Si el mejor espadachín del mundo era su maestro! Como no iba a ser el mejor dojo. Miró de reojo sus katanas, aquellas dos katanas que consiguió gracias al apoyo incondicional de su padre. Cada una de las enseñanzas estaba grabada a fuego en su corazón y en su alma de guerrera, porque eso era lo que era, una guerrera espadachín que algún día cumpliría su sueño: ser la mujer espadachín más grande del mundo.

Era un sueño tonto, el mismo sueño que si había cumplido su padre, pero pensar en aquello la llenaba de orgullo y valentía. Sería libre, vagaría por el mundo buscando la respuesta a su pregunta: cuál era su verdadero camino en la vida. Y todo eso se lo debía a su padre, que la había salvado de aquella vieja soledad de una niña huérfana, solitaria y sin salvación. Pero, no sería pirata.

− Es una bonita noche − una voz masculina la sacó de sus pensamientos. Abrió sus ojos y viró su cabeza hacia el lado derecho. Un joven rubio, que había visto antes en la plaza y luego subir al barco junto a otro chico moreno, estaba recargado contra la baranda, junto al mascarón de proa, sobre sus codos. Tenía una jarra de cerveza con bastante espuma en la mano. − ¿Quieres? − le ofreció, levantando el gran vaso. Mika arrugó el ceño, y aceptó la bebida. Tomó el vaso con la mano izquierda y dio un gran sorbo, tomando la mitad del contenido. Unas gotas se escurrieron por la comisura de sus labios y no dudó en secárselas con la mano desnuda mientras le devolvía a aquel joven su recipiente.

− Gracias − masculló y volvió su mirada al horizonte que no podía separar en la negrura de la noche.

− ¿Tu estabas con los Sombrero de Paja, no es así? − preguntó el rubio, antes de dar un pequeño sorbo a su bebida.

− Si − la respuesta de la pelirrosa fue seca.

− Soy Jimmy − se presentó él, también mirando a la nada.

− Mika − soltó ella. − Mika Roronoa − no podía dejar de presentarse nombrando su apellido. Jimmy sonrió.

− ¿Espadachín? − preguntó risueño.

− ¿Algún problema con eso? − ella comenzaba a molestarse con la actitud del chico.

− No − continuó. − Yo también lo soy − afirmó aún con una molesta sonrisa en el rostro. Mika lo miró de reojo. − Nada importante, estudios obligatorios de mi educación − acotó. − Pero me defiendo bastante bien − alardeó.

− Ya quisiera verlo − lo pinchó ella. Sonrió sarcásticamente.

− Hasta que sonreíste − Jimmy volteó para quedarse en los ojos carmín de ella, que estaba sorprendida por lo que él acababa de decir.

− ¿Disculpa? − soltó, con su expresión llena de incredulidad.

− No te había visto sonreír, eso es todo − aclaró él sin quitarle los ojos de encima.

− No tengo ganas de hablar − fue lo último que dijo antes de volver su vista a la negrura del océano y a su posición de meditación. Jimmy giró sobre sus talones y se volvió a apoyar en la baranda, pero esta vez mirando hacia la cubierta. Los ruidos provenientes del comedor eran infernales. Se escuchaban gritos, insultos y algunos golpes.

− Parece que están muy animados − comentó bien bajo. Su ego no lo dejaba irse de allí sin haber descubierto qué era lo que tenía tan desolada a aquella mujer que a primera vista llamó su atención en la plaza.

De pronto se escuchó un estruendo y algo salió volando hacia la cubierta. Luego una risotada. Lo que había salido volando se levantó y volvió a entrar al comedor. Jimmy sonreía. Aquella tripulación pirata era una banda de locos, comenzando por su capitán. Brook nunca les había contado detalles de cómo eran sus nakamas, sólo sabían que era un pirata y poco les importaba. El esqueleto había sido un gran maestro, les había enseñado música y esgrima, y esa pasión irrefrenable por coquetear con las damas, que había llevado a Jimmy junto a Mika casi sin querer.

− ¿Vas a quedarte ahí? − masculló ella después de unos cuantos minutos en los que ambos se habían quedado en silencio, escuchando el bullicio.

− Pues − ladeó para verla. Ella lo estaba viendo. − Hasta lograr que me acompañes al comedor − sentenció con una sonrisa triunfal. Quedó anonadado cuando ella se puso de pie y de un salto cayó junto a él.

− Sake − fue lo único que dijo, antes de encaminarse hacia el lugar donde salían aquellos ruidos.


El comedor era un completo caos. Brook cantaba una de sus tantas canciones que habían sido éxitos cuando él era Soul King mientras los marines lo acompañaban haciendo palmas, cantando, bailando y alguno que otro se animaba a tocar junto a él. Franky se había ido nuevamente hacia la barra para estar más tranquilo tomando su cola, ya que la mesa que compartía hasta hacía unos momentos atrás se había convertido en el campo de batalla de los Monkey D.

Umi y Luffy peleaban por todo. Cada uno de los platillos que había preparado Sanji con tanto esmero y dedicación, siendo ayudado por Sora, ahora parecían una mezcla informe de masas, trozos de carne, líquidos viscosos y picadillos de verduras –lo que quedaba de ellos−. El cocinero, ya resignado y desgañitado por tanto gritarle a ambos que se calmen y coman con modales, había encendido un cigarrillo y fumaba despreocupadamente como si nada estuviese ocurriendo a su alrededor.

Chopper conversaba amenamente con Sora mientras disfrutaban como podían de lo que habían rescatado del banquete. Coby se había levantado para dar un rondín y revisar que todos los pasajeros estuvieran bien, al igual que su tripulación. Zoro miraba con cara de pocos amigos a Luffy mientras continuaba con aquella ridícula y asquerosa riña de comida, mientras Robin los observaba risueña. Jinbei se había limitado a beber de su sake mientras disfrutaba de poder al fin ver a toda la banda reunida de nuevo. Por su parte, Usopp se había escabullido entre la muchedumbre quizá para encontrar algún grupo de jóvenes marines y poder contarles sus maravillosas historias donde él siempre era el héroe, valiente y altanero.

Ryu estaba cabreado. Umi había sido lanzada a través de una de las puertas de acceso hacia la cubierta por su padre de una forma titánica mientras peleaban por el bocado que quedaba del cerdo, que ahora Luffy tenía íntegro en su boca. La había visto regresar hecha una furia, abalanzándose contra el Rey Pirata, estirando sus cachetes mientras él le tomaba por las muñecas, sólo logrando estirar más sus mejillas.

− ¡Umi! − gritó Luffy después de lograr tragar con muchísima dificultad el cerdo. − ¡Basta! − rogaba, pero su tono parecía decir lo contrario y sólo provocaba que ella enfureciera más.

− ¡Te comiste todo el cerdo! − retrucó ella. − ¡Era para todos! − insistió.

− ¡Lo dices porque lo querías para ti sola! − a Luffy no le ganaría una mocosa. No que no.

− ¡Al menos podrías haber compartido un trozo conmigo! − insistió.

− ¡No! ¡Era carne de cerdo!

− ¡Pues por eso mismo! − la conversación iba a niveles cada vez más altos mientras una vena en la frente de Ryu amenazaba con explotar. Se acercó por detrás de Umi y la tomó fuertemente por la cintura con ambas manos, levantándola del suelo. Ella inmediatamente soltó a su padre.

− ¡Ah! − gritó asombrada. Ryu la levantó, llevándola hacia arriba de su cabeza. Cualquiera que los estaba viendo pensaba que ella era más liviana que un almohadón, a juzgar por la facilidad con la que él la sostenía con sus brazos extendidos hacia arriba. − ¡Bájame Ryu! − continuaba con su enfado, ahora enfocado en su nakama.

Ryu no dijo nada. Sólo, con ella aún pataleando sobre su cabeza, mirando el techo, caminó en dirección a la cubierta. Tenía que sacarla de allí si no quería que todo terminara mal. Ese comportamiento salvaje y aquella ridícula pelea por comida, comenzaba a irritarlo de tal forma que no sabría qué iba a ser capaz de hacer para detenerlos. Ni quería ver a Umi inmersa en esa asquerosa situación.

Grande fue su sorpresa cuando se encontró frente a frente con Mika queriendo entrar al comedor por la misma puerta derribada por la que él salía, cargando a Umi mientras vociferaba incoherencias y maldiciones. Se miraron intensamente, quedando uno frente al otro. Sus miradas decían tantas cosas que no quisieron ponerse a pensar en ello. Fue Mika la que cedió primero, ignorando a su hermano y haciéndose a un lado, pasó junto a él sin siquiera decir palabra. Jimmy, que había entendido que algo sucedía entre ellos, se limitó a saludar levemente con la cabeza al joven y pasar detrás de ella. Umi dejó de moverse y de hablar al notar que algo raro estaba sucediendo. Ryu salió a cubierta y se detuvo junto al mascarón de proa, donde al fin bajó a Umi dejándola sentada sobre la barandilla.

− ¿Pasó algo con tu hermana? − fue lo primero que dijo Umi cuando sintió que las manos de Ryu abandonaban su cuerpo. Él se sorprendió visiblemente con la pregunta tan acertada de su capitana. Había pasado mucho tiempo desde que él y ella habían tenido la oportunidad de hablar a solas. Caminó un par de pasos para ubicarse junto a ella, sentado sobre la barandilla. El silencio reinó unos segundos, sólo interrumpido por los ruidos que aún provenían de la cocina.

− Estaba confundido − contestó él.

− ¿Es por lo que hablaste con Luffy esta tarde? − él asintió con la cabeza. − ¿Pero por qué estás molesto con ella? − Umi no podía conectar las situaciones. Tenía el ceño fruncido y miraba hacia arriba, mientras balanceaba sus pies de adelante hacia atrás.

− No podía entender cómo el hombre que tantas cosas buenas me había enseñado se había convertido en un asesino en un segundo − comenzó a contar. − Pero la actitud de Mika me molestó, parecía que ella no sentía la misma incertidumbre que yo. Su mirada era de compasión y tristeza − bajó su cabeza mirando el suelo. − En cambio yo temblaba de miedo

− Parece que nuestros padres dan miedo − comentó Umi después de unos incómodos minutos. Sonrió. Y Ryu también sonrió.

− Lo has llamado padre

− Es mi padre − afirmó Umi y por primera vez cruzaron sus miradas. − Al fin sé quién es mi padre − sonreía tranquilamente. Dejó de mover los pies. Ryu observó su rostro. Estaba sucio de distintas salsas. Tenía un líquido amarillento en la frente y restos de polvo y madera en su cabello.

− Eres un desastre − dijo, arrugando la nariz. − Será mejor que te vayas a arreglar un poco − lo decía porque realmente se veía mal. Su ropa no estaba en mejor estado que ella. Umi se cruzó de brazos molesta.

− Está bien − soltó sin rechistar. − Pero me esperas aquí


− Luffy − la voz de Zoro se escuchó después de mucho tiempo. El ambiente había cambiado un poco desde que Umi había sido retirada delicadamente por Ryu. El Rey, que ya estaba más que satisfecho con lo que había devorado, miró a su segundo al mando con seriedad. Sabía que el tono que estaba empleando el espadachín no traía buena cola. − Esa técnica que usaste − Chopper, que había estado absorto, volvió a la conversación que se estaba dando. − No deberías usarla más

− Lo mismo quería decirte − acotó el médico. − Desde que te vi usarla en la plaza − continuó. − Es muy peligrosa para ti

− ¡Todo está bien! − vociferó un sonriente Luffy. Pero, todos los presentes enmudecieron cuando Zoro se puso de pie y golpeó violentamente la mesa con ambos puños, haciendo que toda la vajilla repiquetee. Varios cubiertos cayeron al suelo. Su único ojo emanaba una furia que pocas veces se le había visto. Luffy también se puso de pie.

− Ya tuvimos que soportar que acortes tu vida usando el Gia Second, ¿y ahora pretendes que te veamos morir en batalla con esta nueva marcha? ¡Contesta Luffy! ¡¿Quieres seguir navegando con esta tripulación?! − las palabras eran afiladas, tanto o más que sus katanas. Luffy estaba serio y con su mirada clavada en el peliverde.

− Zoro tiene razón − intervino Chopper, tímidamente, pero muy serio. − El Gia Shi te matará − comenzó a decir a pesar de que los dos hombres no dejaban de mirarse intensamente. − El agua de tu cuerpo se evapora a tal velocidad que no podrás soportarlo una vez más − explicó. − ¿Piensas que no me he dado cuenta de lo que hiciste al subir al barco? − Luffy se sorprendió al escuchar esto. − Inyectaste agua en tus venas − miró de reojo a Jinbei.

Luffy llevó su mano derecha hacia atrás de su cabeza. Tomó el sombrero con suavidad. Lo quitó y lo llevó nuevamente delante de si, con su brazo extendido. Sin dejar de ver el ojo de Zoro, que permanecía con sus puños apretados fuertemente sobre la mesa, abrió la boca levemente.

− Tardé diecisiete años en desarrollar el Gia Shi para derrotar a Nathan Conar − la voz de Luffy era calma y suave. Zoro aflojó sus músculos y volvió a sentarse. Robin lo tomó del brazo. − Diecisiete largos años en encontrar una técnica que fuera efectiva contra el mar