Konbawa Minna san! Capítulo 44 golpeando a la puerta. Espero lo disfuten, nos leemos!
Candy-chan: Me encantaron las leyes Roronoa! Eres genial! Jajajajajajaja Aún lo leo y me rio jajajajaja. La palabra "huecos" puede sonarte de muchos lugares jajajajaja. A mi se me viene a la mente Bleach =P Sobre lo de Jinbei no diré nada de nada, ya lo sabrás muejejejeje. El entrenamiento está para que el lector lo imagine a su gusto jijijiji. Sip, Luffy siempre cumple lo que promete, por eso todos lo esperaron tan pacientemente durante tantos años y a la espera de la señal que les había prometido. Garp debe de estar muerto ya XD Sería bastante viejo, y si no está muerto, estará retirado. Tendría casi 90 si te lo ponés a pensar. Fijate que era amigo de Roger y Edward, y Shirohige tenía 77 años cuando lo mataron, entonces en mi fic (que pasaron 24 años desde la muerte de Barbablanca y Ace) tendría más de 90, o cerca de eso. Seria un viejito decrépito ja. Así que supongamos que está retirado y le dejó su barco a Coby. Con "nakama extraoficial de la banda", ¿a quién te referís? XD ¿Por qué presuponés que Umi irá con Luffy al mar? ¿Eh? jejejeje ¡Nos vemos! Mary
Usopp había aprovechado el bochorno de espectáculo que estaban montando Umi y Luffy para escabullirse entre los marines y acercarse al camarote de Nami. Sabía que algo estaba atormentándola desde que salieron a buscar a Umi, y si bien había querido averiguarlo en varias oportunidades, ella siempre se mostraba indiferente. En el momento en que le mostró el sombrero de paja mientras estaban en el barco viajando a Marski Cort, sintió que ella tenía algún sentimiento de culpa escondido en su corazón. Podía verlo a través de sus ojos y sentirlo en el tono de su voz. Habían pasado muchos años, pero Nami seguía siendo Nami y él seguía siendo Usopp. Los mismos que se conocieron hacía tanto y vivieron juntos desde sus inicios como novatos hasta llegar a ser los más grandes del mundo. La conocía mucho más de lo que ella creía y estaba seguro de que ocultaba algo.
Decidido subió al primer piso, donde estaban todos los camarotes que les habían asignado a ellos. Él dormiría con Franky y Chopper, mientras Sanji, Brook y Luffy tenían asignado el camarote de junto. Sabía también por boca de sus compañeros, que Zoro estaría en la habitación especial de la enfermería junto a Robin. No estaba muy seguro dónde dormirían los jóvenes, pero había visto a la chica que acompañaba a Zoro y a Ryu salir de una de las habitaciones junto a la de Nami.
Se detuvo frente a la puerta, intentando escuchar si había algún sonido proveniente desde el interior, pero no oyó nada. Golpeó suavemente, y nadie respondió. Después de unos segundos, insistió. Ya había revisado todas las áreas comunes del barco y Nami no estaba en ninguna de ellas. Estaba completamente seguro de que la pelinaranja estaba allí.
− Vete Usopp − se escuchó la voz suave y triste de la navegante, él sonrió de lado.
− No me iré hasta que salgas − dijo él, cruzándose de brazos.
− Estoy cansada − se excusó. − No tengo ganas de comer − agregó. − Y no quiero participar en la batalla por la carne − lo último le dio gracia a Usopp que rió levemente.
− Parece que conoces el paño − comentó, dándose vuelta y recargándose contra la pared. − Estuvieron toda el rato peleándose por comida − Usopp pensó que quizá Nami quería escuchar cómo se estaban llevando Luffy y Umi. − Creo que se están llevando muy bien − opinó. − Umi parece feliz mientras le arroja cosas y estira sus cachetes
− ¿De veras? − preguntó Nami, al parecer algo interesada.
− Si. Fue muy cómico ver a Luffy arrojándola por el aire. Rompieron una puerta − no podía evitar reírse. − Al final Luffy se comió el cerdo − escuchó cuando Nami también rió. Luego de unos segundos volvió a hablar. − ¿Por qué no has hablado con Luffy? − se atrevió a preguntar. Pero no recibió respuesta. La expresión en el rostro de Usopp cambió a una triste. − ¿Pasó algo que no me has contando, verdad?
− No − negó inmediatamente Nami. − No pasó nada − repitió. − Ve ya a descansar, Usopp. Hoy fue un muy largo día − dijo. − Hasta mañana − fueron sus últimas palabras. El hombre, al saber que no habría caso con preguntar, decidió también retirarse a su camarote. El silencio reinaba en el barco, misteriosamente.
La mayoría se había retirado a descansar. En el comedor quedaban Franky y Brook sentados en la barra, el cyborg con su cola y el esqueleto con un té de menta. Y unos cuantos lugares más allá, también sobre la barra, Mika bebía la décima botella de Sake mientras era observada por Jimmy con asombro. Él había tomado apenas un par de cervezas y estaba algo mareado, mientras ella parecía que hubiese estado tomando agua. En una de las mesas, bastante alejada de la barra, estaba Sanji recargado contra el respaldo de su silla fumando un cigarrillo mientras era inspeccionado por la mirada penetrante de Ryu. Y en el tercer lugar estaba Umi, profundamente dormida despatarrada sobre la mesa con la cuchara de postre en una mano y el plato vacío en la otra. Se había dado una ducha rápida y estaba vestida con un short de jean y una playera roja, ceñida al cuerpo. Ryu dudaba de dónde había sacado ese atuendo, pero decidió ignorar su duda.
− Será mejor que lleve a mi capitana a su camarote − comentó Ryu antes de ponerse de pie sin sacar sus ojos de Sanji.
− Me parece bien − el rubio sonrió. − Umi tiene el sueño pesado, no despertará hasta la mañana − Ryu no dijo nada, se limitó a tomarla en brazos delicadamente y ella se abrazó a su cuello provocando que se sonroje. Sanji cerró los ojos y expiró el humo. − Buenas noches − dijo en un tono extraño que Ryu sólo identificó como una provocación. La cual decidió ignorar.
− Buenas noches, gracias por el postre − fue lo último que dijo antes de retirarse.
Más allá de ellos, la pelirrosa empinaba la botella de sake sobre su boca ante los atónitos ojos de Jimmy. Sólo había ido con él al comedor para ahogarse en sake y olvidarse por esa noche de su hermano, su padre y todo lo que se refería a su vida. Simplemente por el hecho de que sabía que la vida que llevaba había quedado atrás en el mismo instante en el que había dejado su pueblo para ir a rescatar a Ryu.
− ¿Seguro que estarás bien? − preguntó un tímido Jimmy, que no estaba tan convencido como antes de haberse acercado tanto a Mika.
− Por supuesto, idiota − la respuesta confirmó que ella estaba de muy mal humor, pero no parecía ebria.
− No has dicho nada desde que nos sentamos − comentó él para romper el hielo. Brook reía cerca de ellos mientras Franky contaba algo muy entusiasmado.
− No tengo nada para decir y menos a ti que ni siquiera te conozco − fue dura.
− ¿El joven que se llevó a la hija del Rey Pirata es algo tuyo? − preguntó, ignorando las palabras de ella. Mika dejó la botella con violencia sobre la barra y lo miró muy mal.
− ¿Quién te crees para meterte en mis asuntos? − espetó más que molesta. − Estuviste todo el rato indagando − se acercó a él, tomándolo por la solapa del traje con la mano izquierda. − No me interesa andar hablando con extraños, así que cierra tu puta boca y déjame en paz − la mirada de Mika era muy intimidante y estaba hablando en serio. Jimmy se sintió pequeño e insignificante. Asintió levemente con la cabeza y ella lo soltó, tomó la botella de la barra y se retiró sin decir nada más.
Zoro había llevado a Robin a su habitación. Ella estaba recostada en la cama, ya sin su bata y él se había vuelto a sentar en la silla. Tenía su ojo cerrado.
− ¿Dormirás en la silla? − preguntó ella, mirándolo fijamente. La habitación sólo estaba iluminada tenuemente por la lámpara de aceite.
− Es mejor que dormir en otro camarote − fue la respuesta de él, que no abrió su ojo. Robin sonrió.
− ¿Eso quiere decir que no me dejarás sola? − preguntó y automáticamente volvieron a su mente todas las preguntas que habían florecido cuando habló con su hijo horas atrás.
− Por supuesto que no − Zoro abrió su ojo y se encontró con el rostro de Robin que no mostraba la misma seguridad de siempre. Veía duda y otra cosa más que no identificó bien. − ¿Estás bien? − preguntó, temiendo que algo le doliera.
− S-si − tartamudeó. El espadachín se puso de pie, a sabiendas de que ella le estaba ocultando algo. Se acercó y se quedó parado junto a la cama, mirándola intensamente. Ella lo había seguido con la vista y tenía sus ojos sobre el de él. Se quedaron así unos segundos hasta que ella desistió y bajó la cabeza. − Gracias por haberme dejado a solas con Ryu − cambió de tema. No quería mostrarse así frente a Zoro y menos después de tantos años sin verlo. Pero la duda y el temor de que él estuviera con otra mujer la invadían y no podía controlarlo.
− Ambos necesitan tiempo para conocerse − el peliverde se relajó y se sentó sobre la cama, junto a las piernas de Robin.
− No avanzamos mucho − hablando de su hijo lograba ahuyentar las preguntas y esos sentimientos extraños y enroscados. Pero no lo miraba. − Me dijo que aún no era un espadachín porque no tenía sus propias katanas − Zoro sonrió, con una pizca de orgullo. − También me dijo que usa el niitoryu − continuó. − Y me sorprendió que no le hayas enseñado tu santoryu − comentó, para que él dijera algo.
− No era necesario − fue la respuesta de Zoro. − Cada espadachín encuentra su propio camino. Yo no les enseñé el niitoryu, ellos lo eligieron − explicó, sin voltear a ver a su mujer. Había algo que lo hacía sentir un poco incómodo.
− Ya veo − como un baldazo de agua fría Robin descubrió un "ellos" en la frase. − ¿Ellos? − masculló sin querer, y al fin Zoro volteó a verla. Su cara era un poema. Estaba asombrada y se le notaba, algo por demás extraño en Robin.
− Mika y Ryu − aclaró Zoro, como si fuese obvio que hablaba de sus hijos. Se puso de pie. Robin lo siguió con la vista. ¿Estaría molesto porque ella le estaba preguntando sobre esa chica? Quizá él no se atrevía a decirle lo que había sucedido en esos años. Pero luego se contradecía a si misma pensando en que Zoro siempre fue muy directo y trasparente con ella. Jamás le había ocultado nada, por más terrible que fuera lo que tenía que decirle. − Será mejor que descanses − dijo, cortando la conversación.
− No − la respuesta de ella lo descolocó. Volteó la cabeza para verla y ella lo miraba intensamente con una expresión que no había visto en muchos, muchos años. Una mezcla de miedo, duda y amor que hizo que se le pusiera la piel de gallina. Tragó saliva. Era un hombre adulto y había vivido muchas cosas, pero esa situación lo estaba poniendo cada vez más nervioso.
− ¿Puedes decirme qué es lo que sucede, Robin? − al fin preguntó él, con el tono más grave y sincero que pudo. Volvió a sentarse junto a ella.
− ¿Quién es Mika? − preguntó al fin, Zoro abrió los ojos, sorprendido.
Nami había permanecido sentada en el suelo de madera, recargada en la puerta. Sus pensamientos giraban en torno a una sola cosa: Luffy. No podía enfrentarlo. No estaba preparada para responderle a la pregunta que más temía. "¿Por qué no le hablaste sobre mí a Umi?". La respuesta era sencilla y ella sabía perfectamente que Luffy la entendería, pero tenía miedo de que le reprochara, de que él le dijera que no la perdonaría por haberle ocultado la verdad a su hija. Apretó sus rodillas, que estaba abrazando y se hizo un poco más pequeña. Se sentía miserable e insignificante.
− ¡Oi! ¡Sanji! − la voz de Luffy a todo pulmón hizo que diera un respingo. Estaba en el pasillo, de eso estaba segura. − ¡Quiero más de ese postre amarillo! − gritó nuevamente al cocinero, que parecía estar aún en la cocina y apenas si podía oírlo. La respuesta del rubio no se escuchó. − ¡Yo soy el capitán! ¡Y te digo que quiero postre! − ese nuevo grito hizo sonreír a Nami. Extrañaba a Luffy, sus gritos y sus locuras. Pero lo que más extrañaba era navegar junto a sus nakamas. Se puso de pie y abrió la puerta, dispuesta a enfrentar lo que sea, pero grande fue su sorpresa cuando no vio a nadie en el pasillo.
− ¿Habrá sido mi imaginación? − se preguntó. Salió y cerró la puerta. Viró y vio venir caminando a Ryu con Umi en brazos, profundamente dormida. Sonrió levemente.
− La dejaré en tu camarote − susurró Ryu al pasar junto a Nami. Ella asintió con la cabeza. Él estaba extraño, parecía enojado. Y seguramente estaría confundido con la sorpresiva aparición de Robin. No menos de lo que estaba Umi. Ambos habían recuperado a uno de sus padres en esa isla.
Dejó los pensamientos de lado para dirigirse a la cubierta. Vio a Sanji salir de la cocina, mientras fumaba, y estaba segura de que no quería que comenzara a regañarla por no haber comido y que la obligara a acompañarlo para hacerle una fabulosa cena. Así que se escondió detrás de unas cajas hasta que el cocinero pasó hacia su camarote.
Se escabulló entre las cajas de la cubierta y salió de allí junto al mascarón de proa. Y lo vio. Sentado sobre la cabeza de perro, con las piernas cruzadas y sus brazos recargados en las rodillas, su sombrero hacia atrás sobre su espalda y su vista perdida en el horizonte indistinguible. Ahí estaba Luffy. Suspiró, apretó sus puños y se acercó con decisión.
− Hasta que apareciste − le dijo él, sin voltear y con un suave tono de voz.
− ¿Conseguiste el postre? − preguntó Nami, acercándose a la barandilla. Se asomó y pudo ver cómo las olas se chocaban con el casco del barco.
− No − se oía decepcionado. − Sanji le dio lo último que quedaba a Ryu y Umi − un incómodo silencio reinaba entre los dos. − No viniste al banquete − fueron las palabras que rompieron el hielo.
− No tenía hambre
− No mientas − la regañó Luffy. Ella exhaló con fuerza y cerró sus ojos. − Sé que lo hiciste porque tenías miedo − Nami volteó a verlo sorprendida. El mostraba nostalgia y calidez en sus ojos que miraban la negrura. − Cuando vi su foto en el periódico supe que era ella − continuó. − Es increíble que haya crecido tan rápido
− Es igual a ti − dijo al fin Nami, un poco menos nerviosa.
− Nami − se volteó a verla. − Lo siento
La suave voz de Brook entonando una bonita canción los sorprendió a ambos.
− ¿Lo sientes? − sus ojos mostraban dolor. El canto lejano del esqueleto se colaba por sus oídos, invadiendo el silencio.
− Siento mucho haber tardado tanto en regresar − completó sin dejar de verla. Los ojos de Nami se llenaron de lágrimas.
− Yo soy la que debería pedirte disculpas − dijo, sosteniendo la mirada. Las lágrimas comenzaban a caer. − No lo soportaba, no soportaba verla y verte a ti en ella − comenzó a decir y Luffy optó por escucharla. − Pensaste que estaría bien sola, pero no fue así. Cada maldito día me acordé de ti, de todo lo que vivimos juntos − se limpió las lágrimas con las manos y volvió a verlo. − Luffy yo no pude decirle a Umi la verdad, sentía que ella se arrojaría al mar para buscarte. Sentía que ella querría ser pirata, intentaría provocar a la Marina, haría todo lo que tu hubieras hecho − él sólo la miraba esperando a que termine. − Lo siento, Luffy − dijo después de unos segundos. − Yo me quedé con el pasado dentro de mi corazón y no le pasé tu legado a Umi − bajó la cabeza.
− Nami − Luffy bajó del mascarón de proa y se puso de pie frente a Nami. La tomó por el mentón y la obligó a levantar la cabeza. Estaba segura de que había crecido unos cuantos centímetros. Su expresión era adulta y serena, pero sus ojos eran los mismos. Podía verse reflejada en ellos como la primera vez que los vio así, tan cercanos y brillantes. − No quiero que llores más − dijo suavemente. El canto de Brook parecía un encantamiento. − Mírame − ella ya lo estaba viendo. − Eres mi nakama − se acercó aún más a ella. Podía sentir su respiración y sus narices se tocaban. Sintió cuando la mano de Luffy la rodeó por la cintura. − Y eres la madre de mi hija − continuó. − Eres increíble, Nami − ella se sorprendió. − ¿Quieres ser mi navegante? − sonrió.
− Por supuesto que si, capitán − Nami también sonrió, sintiendo que todas aquellas dudas comenzaban a despejarse.
Se miraron intensamente por unos cuantos segundos más. La luna brillaba en lo alto. El mar hacía un sonido agradable, rompiendo contra el casco del barco. El violín de Brook y su voz hacían que todo fuese perfecto. No quería que aquel momento terminara nunca. El tiempo estaba detenido. Comenzaban a sentir que el tiempo no había pasado y que estaban en la cubierta del Sunny, solos, juntos y abrazados, como soñaron durante diecisiete largos años. Luffy acortó esa mínima distancia que los separaba y la besó. Un beso dulce y cargado de amor. Nami supo en ese instante que la lluvia de su corazón había cesado, que todos los temores y las dudas se desvanecían y que nunca más se alejaría de su capitán. Rodeó con sus brazos el cuello de Luffy y sonrió sobre sus labios.
− Ya era hora − la voz de Sanji asustó a Usopp que estaba agazapado detrás de la barandilla del primer piso, espiando a Luffy y Nami.
− ¡Sanji! − casi gritó. El cocinero colocó el índice izquierdo sobre sus labios indicándole al tirador que no levantara la voz. Miró al cielo y vio la luna. − Estaba preocupado por Nami − comentó Usopp en un susurro.
− Ya vez que no tenías motivos − el rubio continuó apreciando el cielo. − Estarán bien, vamos − lo invitó a retirarse.
− Si, vamos
* La canción es "Rain" de SID. Y significa algo así (si nunca la escucharon, se las recomiendo, es muy bonita ^^):
Mentiras y verdades que antes lograba distinguir
las guardé en tonos sepia.
¿Abrazos? ¿Calidez?
En ese tiempo no entendía qué era eso.
"Tu estarás bien sola", ¿no?
Dijiste, forzándonos a decir adiós.
Esa clase de frases fugaces
debes estar cansada de escucharlas.
Repitiéndose sin parar, mis lamentables recuerdos
parecen no tener intensión de perdonarme.
Si cierro mis ojos,
sólo aumentará el volumen del sonido de tu risa.
¿Será que algún día la lluvia se detendrá?
Ha hecho mucho frío por un largo tiempo.
¿Por qué la lluvia me ha escogido a mí?
No tengo lugar al cual escapar.
Por fin encontré el nuevo mañana,
los días y las noches me estorban.
En vez de ir hacia el futuro
me mantengo persiguiendo el pasado.
Reanimado por la oportunidad que me diste
Temía que aún me guardaras rencor.
Supongo que es tiempo de resolver mis conflictos internos,
que se derraman por mis cansadas mejillas.
Ojos que no quieren saber más del pasado,
fueron borrados por tus dedos.
En un amplio y amable camino en el que se curarán mis heridas,
parezco alcanzarte, pero la distancia es mucha.
¿Será que algún día la lluvia se detendrá?
Ha hecho mucho frío por un largo tiempo.
¿Estará bien si me entrego a ella?
No sé cuándo parará la lluvia.
Hoy también sigue cayendo, pero
bajo el paraguas que amablemente sujetas
siento tu calidez mientras te abrazo.
