Hola a todos! Cómo fue su día? Aquí llueve... En fin, les dejo con el capítulo. Está cerquita el final! Espero les guste! Mary
Candy-chan: Muchísimas gracias por tus palabras, realmente me encantan y me elevan el espíritu. Muchas gracias. Qué curioso que la canción que elegí sea de tus favoritas. Es muy bella y reflejaba muy bien los sentimientos de los dos. Morí con tu percepción acerca de lo que Sanji insinuó y de la respuesta de Ryu. No la escribí a propósito con ese sentido, pero quedó así y me gustó jajajaja ¡Que loquillo es Ryu! Jajaja. Yo no soy buena (por ahí me dicen Lady Oscura de Sid o Miss Satsujin XD) pero tal vez sí lo seré. En este capítulo cumplí varios deseos de varios lectores, y quizá en los siguientes sean los tuyos jajaja. Tu confesión es pública ahora, los reviews los pueden ver todos XD jajajaja pero tu secreto está a salvo conmigo (?) La ley Roronoa se va perfeccionando conforme pase la historia, ¡y me encanta! Ya la pondré para que todos la puedan leer al final del fic jiji. Que bueno que le hayas cambiado le nombre =P Lamento corregirte, pero si pueden aparecer hollows en la Sociedad de Almas jeje. Suerte! Besos, Mary
Candy-chan: No, no me equivoqué. Aquí te contesto el rev de "Despedida". Qué bueno que te haya gustado. Sip, es triste, pero a veces a una se le ocurren cosas tristes y a veces alegres, qué se le va a hacer. Tengo muchos IchiRuki por ahí, si tenés ganas de leer. Nos vemos!
− ¿Puedes decirme qué es lo que sucede, Robin? − al fin preguntó él, con el tono más grave y sincero que pudo. Volvió a sentarse junto a ella.
− ¿Quién es Mika? − preguntó al fin, Zoro abrió los ojos, sorprendido.
− Mika es mi alumna, la que viste antes, de cabello rosado − explicó el espadachín con notoria sorpresa. ¿Podía ser que Robin no identificara a la chica cuando él sabía perfectamente que la había visto en varias oportunidades?
− No me refiero a eso − replicó la mujer, ya con una notoria molestia en el rostro y en el tono de voz. ¿Acaso Zoro se estaba haciendo el tonto? ¿O no quería contarle?
− Disculpa Robin, pero no te entiendo
− Ryu me dijo que ella es su hermana − soltó al fin, mirando fríamente los ojos verdes de él. Zoro sonrió. Robin hirvió en ira. − Dímelo de una vez − pidió ella, sin dejar que él hablara. − No me habías contado de ella para no lastimarme, ¿no es así?
− ¿Qué? − cada vez comprendía menos. ¿Cómo iba a contarle de ella? ¡Si apenas unas horas antes creía que estaba muerta!
− Da igual − Robin se recostó y volteó, dándole la espalda a Zoro. − Apaga la lámpara y déjame dormir − y ese fue el detonante. El espadachín tomó a su mujer por el hombro, la giró rápidamente, obligándola a volver a mirarlo.
− ¡¿Qué demonios te sucede?! − gritó, impacientándose. No podía entender qué era lo que estaba pasando por su mente.
− ¡Te dije que me da igual! − gritó igual de fuerte. − ¡Vete de aquí! ¡Déjame sola!
− ¡Robin! − llevó la mano derecha a la nuca de ella y la acercó a él con brusquedad, olvidando que estaba herida. A Robin no le importó el dolor que sintió en su costado. Se miraban intensamente, riñendo en silencio. − Adopté a Mika cuando tenía ocho años. Era huérfana. Unos piratas habían matado a toda su familia. ¿En qué estás pensando? − la explicación fue rápida y se la enrostró justo en su cara. Robin se sintió estúpida.
− ¿La adoptaste? − masculló.
− Si, ¿hay algún problema con eso? − el rostro de Zoro estaba serio.
− Soy una idiota − Robin sonrió, arrepintiéndose de lo que había pensado. Zoro la abrazó con ternura.
− No hubo un día que no pensara en ti − la voz de él era suave, apenas audible. − Lo siento, Robin − sus palabras la sorprendieron. − No pude salvarte − ella correspondió su abrazo con fuerza.
− Te amo
− La dejaré en tu camarote − susurró Ryu al pasar junto a Nami. Ella asintió con la cabeza. Debía dejar a Umi en la cama y descansar. Había sido un día muy largo y agotador y al fin iba a poder dormir tranquilo.
Entró a la habitación que compartirían Nami y Umi. Había una lámpara que alumbraba todo tenuemente. Tres camas, dos mesas de noche entre medio. Un par de ojos de buey, un armario y un baño privado. Una clásica habitación de barco. Algo extraña para ser un barco de la marina, se condecía con un barco de pasajeros. Cerró la puerta con el pie y llegó a la cama que estaba contra la pared del fondo, con un ojo de buey sobre esta.
Apoyó el cuerpo de Umi en la cama, habiendo abierto las sábanas, pero ella no lo soltaba. Tomó sus brazos con suavidad y tiró de ellos para que cediera el abrazo, pero estaba agarrada muy fuerte. Se arrodilló junto a la cama y se encontró observándola. Era igual a su padre, ahora podía confirmarlo. Tenían los mismos ojos y la misma sonrisa que obligaban a que cualquiera sonriera con ella. El cabello de Umi ya se había secado y estaba alborotado. Le había crecido un poco durante el mes que estuvieron prisioneros.
− Ryu − susurró Umi, haciendo que él se sonrojara. Estaba dormida, podía jurarlo. Entonces, ¿por qué decía su nombre? Lo apretó más contra ella. − No te vayas − volvió a decir. El espadachín arqueó una ceja.
− Tenemos que descansar − volvió a querer separarla de su cuello. Umi abrió los ojos, somnolienta, y los clavó en los de él.
− Quiero que te quedes aquí − esta vez su tono era más fuerte.
− Nami no tarda en venir − estaba por demás sonrojado. Ella estaba demasiado cerca. − Deberías cambiarte y dormir − indicó, desviando su vista hacia un lado.
− No importa eso − volvió a cerrar sus ojos y se acercó más a él, apoyando su rostro en el pecho de Ryu. El cabello de Umi le hacía cosquillas en el cuello y la barbilla.
− Umi − llamó su atención a lo que ella respondió con un sonido. − ¿Por qué quieres que me quede? − su corazón estaba acelerado y sabía que ella estaba sintiéndolo.
− Porque te extrañé − la seguridad con la que ella dijo esas palabras hicieron que Ryu tragara en seco. Le transpiraban las manos. ¿Qué estaba sucediendo con él?
− Yo también − dijo. − Pero estaremos juntos, ya no volveremos a separarnos − quería convencerla. − Ahora tenemos que dormir − Umi lo tomó aún más fuerte por el cuello y lo arrastró hacia la cama, pasándolo por sobre su cuerpo y acostándolo a su lado. Él estaba sorprendido. Sabía que ella tenía fuerza, pero eso era ridículo.
− Entonces duerme aquí conmigo − dijo y se separó unos centímetros sólo para verlo a los ojos. Él había puesto sus manos en la cintura de Umi instintivamente y ella no dejaba su cuello. Podía sentir el cuerpo de la chica pegado al suyo.
− Umi, esto no es correcto
− ¡Te dije que no importa! − gritó y lo acercó más, pegando sus frentes. − Tuve mucho miedo en ese viaje − confesó, haciendo que Ryu se estremeciera. − Tenía miedo de que te hicieran algo − estaba sorprendido. ¿Ella tenía miedo por él? − Así que por favor, quédate conmigo − sus ojos no eran los de siempre. Ella estaba hablando en serio y por primera vez la vio vulnerable y asustada.
No sabía qué estaba haciendo ni por qué sentía aquello. Ella estaba tan cerca que sentía su respiración, sus latidos y sabía que su cuerpo temblaba levemente. La apretó más contra su cuerpo y separó la distancia que había entre ellos, atrapando sus labios. La besó, en un impulso la besó. No era correcto, pero la estaba besando.
Umi sintió los labios de Ryu y una descarga eléctrica atravesó su espina dorsal. Cerró sus ojos y se dejó llevar por la sensación. Apretó más su abrazo y entrelazó sus dedos en el cabello de él. Después de unos segundos se separaron y Umi bajó la cabeza, colocándose en el hueco entre la barbilla y el pecho de Ryu.
− Descansa − dijo él.
− Hasta mañana
La mañana llegó más rápido de lo que esperaban. Las aves revoloteaban sobre el barco, graznando. Nami no había regresado a su cuarto y Luffy tampoco. Umi aún dormía abrazada a Ryu, mientras él miraba el reflejo del agua, siendo alumbrada por el sol, en el techo. A pesar de la vergüenza y el peligro que corría si hubiera sido descubierto por Nami, había podido descansar muy bien. Umi roncaba. Y él sonreía tontamente. Si Zoro lo viera le daría una buena tunda. Sintió pasos del otro lado de la puerta y supo que era el momento de retirarse. Dejó a Umi con suavidad, depositó un fugaz beso en su frente y se puso de pie. Salió de la habitación y notó que el barco estaba poniéndose en marcha nuevamente.
Usopp y Franky ayudaban a los tripulantes con los aparejos y las velas. Se oía la voz de Sanji salir de la cocina y Brook ya estaba tocando una melodía mañanera. Sora llevaba una enorme pila de manteles blancos mientras era seguido por Jimmy y Michael que levantaban lo que se le caía. No había rastros de Luffy y Nami en la cubierta, y Zoro y Robin estarían aún en su habitación. Chopper pasó junto a Ryu y lo saludó amablemente. Bajó las escaleras mientas gritaba algo a Usopp. Y fue ahí que la vio saliendo de su habitación, que estaba junto a la de Nami. Se quedaron viéndose por unos cuantos segundos. Y una espina se clavó en el corazón de Ryu. Tenía que disculparse. Había actuado mal y su hermana no se merecía esas duras palabras. Envalentonado, caminó hacia ella, que inmediatamente viró, dándole la espalda.
− Espera − le dijo él, tomándola por la muñeca. Ella se detuvo.
− ¿Qué quieres? − preguntó de mala manera.
− Lo siento − soltó él, de golpe, sorprendiéndola. Pero no giró.
− ¿Para qué me pides disculpas? De verdad no entiendo nada − las palabras de Mika eran ácidas.
− El que no entiende nada soy yo − Mika giró para enfrentarse con los ojos de su hermano, que mostraban un arrepentimiento genuino. − No conozco a Zoro − confesó. − La única que siempre lo apoyó y estuvo con él fuiste tú
− Ryu, yo − quiso decir, pero él no la dejó.
− De verdad, lo siento − insistió, ahora viéndola a los ojos. − Eres mi hermana y yo soy un idiota − Mika sonrió.
− Ya verás que pronto todo estará bien − Ryu la soltó y ella enfatizó su sonrisa.
Un año después
Habían llegado muy temprano a la costa de la isla, y hacía poco más de quince minutos que habían desembarcado en la Villa Syrup, lugar donde se reencontrarían los Sombrero de Paja para partir a su nuevo viaje, reclamando su lugar como Reyes. Ryu caminaba por el lugar, queriendo no interferir con sus padres y lo que tenían que hacer. Habían alquilado un barco pequeño y estaban bajando las maletas. Y él sabía muy bien el motivo por el que estaba allí.
Al llegar a Whiskey Peak, cada uno había decidido tomar su camino de regreso a casa y luego de un año volverían a encontrarse en Syrup. Franky había regresado por Ren y vuelto a Water 7 para construir el nuevo barco para los Sombrero de Paja, donde esperaría por todos. Brook, junto a Jimmy y Michael, volverían al West Blue. Los demás vivían en el East Blue, y resolvieron comprar un barco en la ciudad y regresar juntos.
Zoro y Robin habían decidido vivir ese año en el dojo, reencontrándose y reconociéndose, juntos como una familia. Ryu estaba en cierta forma agradecido con aquella decisión y había logrado formar un buen vínculo con su madre. Zoro continuó entrenando a sus alumnos junto a Mika, mientras encontraba alguien que pudiera reemplazarlo para cuando tuviera que irse.
Luffy había regresado con Nami y Umi a la pequeña isla donde vivían. El jefe de Nami comprendió la situación y fue benévolo con ellos, lamentándose de tener que dejar ir a su mejor empleada. Después de unos pocos meses, fueron a vivir a Syrup.
Sanji había regresado al Baratie, para visitar a Zeff, y luego decidió quedarse ese año allí para compartir todo lo que había aprendido con él. Por su parte Chopper fue invitado por Usopp a Syrup, ya que suponía que se entenderían muy bien con Kaya porque ambos eran médicos.
Ryu había entrado a la Villa por una callejuela. El lugar era acogedor. Podía ver en la cima de la colina una mansión que resaltaba entre las demás casas que eran pequeñas construcciones de paredes amarillas y techos alpinos. La gente estaba tranquila, algunos hacían compras y otros lavaban y tendían ropa. A medida que caminaba, notaba la amabilidad de todos, que lo saludaban con una sonrisa.
Ryu caminaba sin saber muy bien a dónde tenía que ir. Había olvidado preguntar a sus padres dónde sería el punto de reunión. De cualquier forma era muy temprano y tenía sueño y hambre. Unas cuantas monedas repiqueteaban en sus bolsillos, y decidió que compraría algo para desayunar.
− ¿Un espadachín? − un susurro lo alertó. Giró la cabeza hacia el lugar de dónde provenía pero no vio a nadie.
− Eso parece, trae dos katanas − susurró otra voz, desde el lado opuesto. Ryu frenó su caminar.
− Se detuvo, lo estás molestando − dijo la primera voz. Ryu cerró sus ojos, concentrándose.
− Tú lo estás molestando − protestó la segunda voz.
− Ambos me molestan − dijo Ryu, provocando una risita de ambos sujetos. Continuó caminando después de notar que las voces no volvieron. Pero, al haber hecho unos cuantos metros, logró ver dos personas paradas frente a él, en medio de la callejuela, interrumpiéndole el paso.
Los dos estaban cruzados de brazos y con los pies separados, mirándolo con su rostro acusador. Ryu no podía creerlo. Esa clase de cosas sólo podían pasarle a él. Suspiró cansado.
La figura de la derecha era una chica de cabello negro, largo hasta la cintura, rizado, muy, pero muy alborotado. Sus ojos eran grandes, de color café. Llevaba un jardinero color arena que cubría una camisa amarrilla con volados. En sus pies llevaba botas de montar de cuero marrón. El de la izquierda era un muchacho también de cabello negro y rizado, pero lo llevaba hasta los hombros, atado en una coleta a la altura de la nuca. Su mirada era más intensa que la de la chica. Estaba vestido con un jardinero color arena un poco más ancho que el de ella, una camisa blanca debajo y botas cortas.
− Tienes que − comenzó ella.
− Decirnos quién eres − completó la frase él. Ryu no entraba dentro de su asombro. Su expresión reflejaba sorpresa e incredulidad. ¿De dónde habían salido esos dos dementes?
− Quítense − fue lo único que dijo.
− No sabemos − dijo ella.
− Quién eres − continuó él. − No podemos dejar que pases
Ryu, ignorando sus palabras, caminó hacia ellos mirándolos fríamente, alternando ente la chica y el chico. Ellos se miraban de reojo. Cuando estuvo a un metro, los jóvenes juntaron sus hombros, impidiéndoles el paso. A esas alturas, Ryu estaba por demás molesto, y una vena se hinchó en su frente. Llevó su mano derecha al mango de una de sus katanas y ese sólo e insignificante acto fue suficiente para que los dos salieran corriendo como si los llevara el diablo. Ryu bufó cansado.
Caminó un par de pasos más y notó que estaba más liviano. Tanteó sus katanas con la mano izquierda y entró en cólera. ¡Esos mocosos le habían robado una de sus katanas! Enfurecido, corrió tras de ellos, intentando seguir un rastro que no existía.
Sus pies lo llevaron a la puerta de la mansión que había notado sobre la colina. Estaba cabreado. Y quería encontrar cuanto antes a esos mocosos. Se los haría pagar muy caro. Atravesó el portón, que estaba abierto y llegó hasta la enorme puerta doble.
− Llegó − era una de las voces de ellos.
− Está enojado − dijo la otra.
− ¡Es Ryu! − se escuchó una tercera que le erizó cada uno de los cabellos de su cuerpo. Cuando giró vio que algo caía sobre él desde un árbol, derribándolo. Su cabeza y su espalda hicieron un ruido sordo al chocar con el suelo. Se vio obligado a cerrar sus ojos por el golpe. También pudo sentir unos brazos enroscándose en su cuello y una estruendosa risa.
