¡Hoy bien temprano! Acabo de terminar el último capítulo de esta emocionante serie que jamás creí que saliera tan buena jajaja. Estoy muy agradecida con todos los que me acompañaron desde el inicio (y algunos se engancharon más adelante), pero sobre todo a leknyn, Candy y Leo. Muchas gracias!
Los dejo con el último capítulo! Mary
Candy-chan: Jaja espero que hayas comprendido lo de la separación. Franky se quedó en Grand Line, para construir el barco en Water 7. Brook se fue con los chicos al West Blue y Jinbei a la Isla Gyojin. Los demás regresaron al East Blue, cada uno a su sitio. Robin enojada cual adolescente celosa me encantó! Y todo fue idea de leknyn jajaja. Espero que quedes conforme con este capítulo final de muchas más palabras que los convencionales =P Y todos los pedidos quedarán pendientes para la siguiente temporada (por ejemplo Mika y Jimmy). Muy bien, espero tu rev que voy a responder más tarde en este mismo capítulo ^^ Porque no tengo otra forma de contactarte XD. Besos, Mary
NOTA: Leyes Roronoa por Candy-chan
1era Ley de los Roronoa:
Seccion a) El Roronoa siempre peleara con un cocinero, por una morocha.
Seccion b) En caso de una Roronoa el chico que con el que se líe, siempre le caerá mal al padre, por recordarle al cocinero de la sección a)
2da Ley de los Roronoa o Ley de los Roronoa por Yoda:
Sección a) Si al corazón de un Roronoa quieres entrar, con bebidas y alcohol tendrás que llegar.
Sección b) Si los efectos del sake, no muy profundos son, esperar no debe, poder entrar a su corazón
Sección c) Si el inciso a) funcionado aún no, insistir debe con 30 botellas mas.
=P
Cuando abrió los ojos se encontró con la enorme y agradable sonrisa de Umi. No pudo evitar sonreír él mismo al reconocerla, a pesar de su no tan convencional recibimiento. Ella se veía algo diferente. Había crecido un par de centímetros de estatura y su cuerpo parecía algo más desarrollado. Llevaba una camiseta de tirantes blanca ceñida al cuerpo, una bermuda azul que le quedaba bastante justa, sus infaltables sandalias y el broche de mariposa en el cabello sosteniéndole un mechón rebelde. No podía negar que ya no se veía como un niño, sino que a lo lejos podría saber que se trataba de una chica.
− ¡Al fin llegaste! − anunció ella, irguió su torso y quedó sentada sobre los abdominales de Ryu, con sus rodillas apoyadas en el suelo. − ¡Has crecido! − continuaba gritando mientras él la veía extrañado. Sentía como si ella ignorara por completo que hacía casi un año que no se veían. − ¡Y ya tienes tus katanas! − se inclinó para tocar las empuñaduras. Arqueó una ceja al notar que había una sola. − ¿Una sola? − preguntó.
− Son dos − dijo él. Era lo primero que le decía en meses y habían sido esas dos ridículas palabras.
− ¡Pero hay sólo una! ¿Por qué? − se cruzó de brazos.
− ¿Puedes salir de encima de mí? − preguntó él y ella se puso de pie inmediatamente, con una sonrisa. − Un par de mocosos ridículos me quitaron una sin que me diera cuenta − él también se puso de pie. Umi miró hacia la copa del árbol desde la que se había arrojado y como por arte de magia la katana de la que estaban hablando cayó. La empuñadura era negra al igual que la funda, y tenía letras pintadas en color dorado. Umi la tomó al vuelo y se la aventó a Ryu que la guardó con suavidad en su cinturón.
− Ahora bajen y preséntense − ordenó y al instante los dos bajaron de un salto y se posicionaron a los lados de Umi, que se mantuvo cruzada de brazos, con una sonrisa orgullosa en el rostro. Ryu no sabía qué pensar. Quería volver al dojo y olvidarse de que todo eso estaba sucediendo.
− Mythia − dijo la chica.
− Rabindra − dijo el chico.
− Somos
− Mellizos − lo que más le irritaba a Ryu era justamente que uno comenzara la frase y el otro la terminara. La vena apareció nuevamente en su frente y apretó los puños.
− ¡Él es Ryu! − gritó Umi emocionada, dando un salto y colocándose junto a él. Apoyó su palma en el pecho del espadachín y dio algunas palmaditas. − Es mi primer nakama − estaba por demás feliz y se le notaba. − ¡Ya estamos todos!
− ¡Los de afuera! − la dulce voz de una mujer se oyó provenir desde la mansión. Los mellizos voltearon inmediatamente, con una sonrisa. − ¡El desayuno está servido! − al instante, Mythia, Rabindra y Umi habían desaparecido de la vista de Ryu, dejando polvo, y al espadachín sorprendido y con la boca entreabierta. ¿Acaso Umi pretendía llevar a su viaje a ese par de maniáticos? No, eso si que no lo permitiría. Enfiló decidido hacia el interior de la mansión. Iba a escucharlo. Podía jurarlo por su honor.
La mansión era muy cálida. La decoración era de un excelente gusto y muy cara, se notaba a simple vista. Las lámparas eran de cristal, las cortinas de las más finas telas y todo estaba limpio y ordenado. Se sentía mal pisando aquel espejado suelo. Los cuadros en las paredes eran de paisajes de diferentes lugares del mundo. Al entrar había un pasillo que distribuía las diferentes habitaciones. Vio que la primera a la derecha era una gran sala en la que no había nadie y la de la izquierda parecía una biblioteca, en la que tampoco había nadie. Siguió caminando, más sigilosamente, cuando a lo lejos vio cruzar a un joven que se le hizo conocido.
− ¡Roronoa san! − escuchó decir y vio cuando el chico dejó su camino para acercarse a él, que se había detenido en medio del pasillo. Al verlo más de cerca ya no tenía dudas: era Sora. Había crecido más de cinco centímetros. Su cabello, que antes llevaba suelto, lo tenía atado en una coleta alta y dejaba dos mechones finos saliendo de su fleco. Llevaba una camiseta de mangas cortas ceñida al cuerpo color azul oscuro, un chaleco de cuero negro y jeans gastados, que terminaban en zapatos negros en sus pies. Le sonreía tímidamente mientras esperaba algún tipo de saludo por su parte que tardó varios segundos en llegar. No le gustaba la pinta de todo aquello.
− Hola − soltó.
− Todos están ya en el comedor − anunció él y fue entonces cuando notó que traía un guante de cocina color rosa y una bandeja con pequeños pasteles de chocolate, y fijó sus ojos en ellos. − Estos son para Umi san − Sora se sonrojó levemente y por suerte para él, Ryu no lo vio. − Es por aquí − volteó para que el espadachín lo siguiera al comedor.
A medida que caminaba escuchaba más y más fuertes los gritos provenientes desde el comedor, que estaba seguro eran de Umi y su padre. ¿Ellos eran así siempre? Cuando estaba resignado a sufrir un ataque de histeria o cortar a alguien, llegaron y grande fue su sorpresa al ver a todos sentados alrededor de una gran mesa. El comedor era amplio. Los muebles eran de madera de roble, de una finísima calidad, torneados y brillantes. Las cortinas y el mantel eran color uva. Los ventanales, que eran cuatro, daban a un inmenso jardín que podía verse perfectamente a través de los cristales. Sin duda la mansión era hermosa. Lo que no comprendía del todo era qué demonios estaban haciendo todos los Sombrero de Paja allí, en ese lugar tan ridículamente sofisticado.
La mesa era muy larga. En la cabecera estaba sentado Luffy –llevaba una camisa roja de mangas largas arremangada y bermuda negra−, peleando con Umi que estaba sentada a su derecha mientras estiraba la mano izquierda robando comida al que pudiera. A la derecha de Umi había un lugar vacío. Luego Chopper, Mythia, Rabindra y una mujer rubia que no conocía −que tenía el cabello largo, lacio y suelto, un vestido de mangas cortas color amarillo suave y botas de montar−. A la izquierda de Luffy estaba sentada Nami −llevando una blusa sin mangas de cuadros verdes y un short negro, con sandalias de tacón− con cara de resignación mientras degustaba su tostada con mermelada haciendo de cuenta que no había tal alboroto. A su lado estaba Sanji −con su siempre impecable traje negro y una camisa celeste sin corbata−, luego Robin −con un vestido color lila de tirantes y zapatillas negras− y Zoro −con una camisa negra de mangas largas arremangadas, pantalones verdes y botas−. Un lugar vacío y en la otra cabecera estaba sentado Usopp −con un jardinero color arena, camisa blanca de manga cortas y zapatos−, que al verlo entrar después que Sora, se puso de pie y se acercó.
− ¡Ryu! − dijo, estirando su mano para saludarlo. El muchacho la estrechó aún absorto en sus pensamientos. − Bienvenido a mi casa − sonreía.
− ¿Esta es tu casa? − Ryu arqueó una ceja. Por detrás de Usopp apareció la mujer rubia que traía una gran sonrisa.
− Bienvenido, Ryu san, soy Kaya − hizo una pequeña reverencia. − Siéntate, ven a desayunar con nosotros − lo invitó, extendiendo su mano hacia la mesa, en donde Sanji había clavado un tenedor en la mano de Luffy mientras le recriminaba que soltara el trozo de pastel que había tomado de su plato.
− Gracias − soltó Ryu, encaminándose hacia la mesa.
No le quedó de otra que sentarse junto a su padre, ya que Sora había tomado el lugar en medio de Chopper y Umi. Tomó asiento e inmediatamente unas manos sirvieron su taza de té y unos pastelillos. Unas manos que no eran otras que las de su madre. Sonrió de lado y la miró de reojo, y ella le devolvió una tierna sonrisa.
− ¡Increíble! − soltó Umi, descuidando su plato por un momento. Luffy aprovechó y le sacó uno de sus pasteles de chocolate.
− ¡Mira! − la voz de Mythia le recordó que esos dos insolentes estaban sentados a la misma mesas que los Sombrero de Paja.
− ¡Sorprendente! − dijo Rabindra.
− ¿Esa habilidad
− es la Hana Hana no mi?
− Si, la misma − Robin sacó dos brazos fleur y les sirvió más té a los mellizos, que miraban esas manos con estrellitas en sus ojos, al tiempo que le indicaba a Umi con una seña que Luffy le había quitado un pastel. Ryu puso sus ojos en blanco. Una nueva riña comenzó entre padre e hija cuando Umi saltó de la silla sobre el Rey, estirando sus mejillas, mientras le decía una gran gama de improperios e insultos. − Usopp − Robin llamó la atención del tirador, ignorando completamente la pelea. − No nos has presentado a estos dos jóvenes que comparten la mesa con nosotros − dijo, haciendo que el tirador se sonrojara y que los mellizos bajaran la cabeza por la vergüenza.
− Pues, Robin, verás − dudaba el valiente hombre del mar. − Ellos son − miró a Kaya de reojo, que le sonreía calmadamente. − Mis hijos
Ya había dejado en sus pueblos a Zoro, Robin, Mika y Ryu; luego a Sanji en el Baratie y a Luffy, Nami y Umi en la isla donde él había estado viviendo. Y dejando a sus amigos, continuó su viaje para volver a Syrup. Se preguntaba cómo estaría Kaya, si habría formado una familia, si tendría hijos y cómo serían, y hasta dudaba si ella aún viviría allí. Desde que se fue aquel día hacía dieciséis años, jamás había regresado ni se había comunicado con ella de ninguna forma. No porque no quisiera, sino porque temía por la seguridad de su amiga. Apretó los puños después de pagar en el muelle por dejar el barco, estaba por demás nervioso.
El pueblo había crecido bastante. Había muchas más casas, y casi todas eran alpinas con sus paredes amarillas. Algunas calles que el recordaba anchas parecían pequeñas callejuelas, repletas de personas y puestos de venta de diferentes accesorios, comestibles, verduras, carnes, traídas de los puertos de islas cercanas. Villa Syrup había crecido muchísimo, si se lo ponía a ver cuidadosamente. Pero, al levantar un poco la mirada, se aislaba la gran mansión de Kaya. Los recuerdos de su infancia lo invadieron de golpe cuando comenzó a caminar.
Trescientos metros más y estaba en medio de una multitud. Escuchó decir a unas mujeres que ese era el mejor día para salir de compras porque había llegado el barco mercante desde el Grand Line. Y se sorprendió al escuchar aquello. Cuando él vivía allí, sólo los barcos piratas llegaban desde el Grand Line, y para robar, saquear o aprovecharse de los aldeanos. Niños revoloteaban a su alrededor mientras jugaban a ser marines. Ya no había niños que jugaran a ser piratas y eso lo llenó de melancolía y algo de tristeza.
− Es nuevo − escuchó una voz entre la gente.
− No es de aquí − otra voz. Se detuvo en medio de la gente para prestar más atención.
− Tiene una nariz muy larga
− ¿Será él?
Sintió cuando una mano tomó a Kabuto, sin que pudiera hacer absolutamente nada. Corrió erráticamente entre las callejuelas, buscando al que le había robado, sin encontrar a nadie más que aldeanos y más aldeanos que charlaban y paseaban, o cargaban bolsas de compras. Estaba enojado e intranquilo. Tal vez la Villa no era tan segura ni tan tranquila como le pareció en un principio.
Cuando quiso darse cuenta, estaba en la puerta de la mansión. El portón estaba abierto, cosa que le pareció por demás extraña. Había mucho silencio comparado con el bullicio del pueblo. Los pájaros cantaban y el viento mecía suavemente las copas de los árboles del jardín, que habían crecido muchísimo y también había nuevos ejemplares.
− ¿De veras es él? − otra vez escuchó la voz. Miró hacia uno de los árboles, estaba convencido de que el ladrón se escondía allí. Tanteó su bolso por inercia y chasqueó la lengua.
− Eso parece − otra voz habló desde la copa de otro árbol.
− ¿Quiénes son? − soltó Usopp al fin, reconociendo que esas voces eran de niños.
− Eso depende
− De quién eres tú − contestaron.
− Yo soy el Valiente Guerrero de los Mares, Usopp − se presentó con el pecho inflado de orgullo. Escuchó cuando las hojas de los árboles sonaron y vio caer dos chicos desde arriba, parándose uno junto al otro. Eran una niña y un niño, de unos catorce años. Ambos tenían el cabello negro y rizado, ella largo hasta la cintura y él hasta los hombros, atado en una coleta a la altura de la nuca. Los dos llevaban jardineros color arena y camisas blancas, ella con volados y él de mangas largas arremangadas. Tenían botas de montar de cuero marrón. Estaban cruzados de brazos, con sus semblantes serios. El chico tenía a Kabuto sobresaliendo en su bolsillo derecho. − Devuélvanme a Kabuto − dijo, ordenando.
− ¿Tú eres
− Usopp? − preguntaron entre los dos.
− Acabo de decirles − comenzaba a impacientarse. ¿Quiénes eran esos niños tan impertinentes?
− Yo soy Mythia − dijo la niña.
− Yo Rabindra − se presentó el niño.
− Somos mellizos
− Y somos tus hijos − eso fue todo para Usopp, que vio todo negro por unas cuantas horas.
− ¿Tus hijos? − preguntó un sorprendido Zoro tras la confesión de Usopp.
− Si − el tirador estaba algo avergonzado. − Pues, verás… etto…
− Usopp no sabía de ellos − lo salvó Kaya, él se rascó la cabeza. − Estuvo sólo un día en Syrup − explicó. − Luego no supe más de él y no podía contarle
− ¡Seguro fue una sorpresota! − el comentario de Chopper hizo explotar en risas a todos.
− Me desmayé y estuve inconsciente tres horas − contó Usopp entre risas. − Fue una gran impresión − volviendo a la compostura y para cambiar de tema, Usopp preguntó a Zoro. − ¿Y Mika? ¿Se quedó en el dojo? − el semblante de Zoro se volvió serio.
− No − negó. − Ella se fue a cumplir su sueño
Zoro estaba sentado en posición de loto en medio del gran salón de entrenamiento del dojo. La madera brillaba y todo estaba alumbrado por algunas lámparas de aceite. Era muy entrada la noche y sólo se escuchaba el canto de los grillos. Se alertó cuando el shoji se corrió suavemente.
− Sensei − la voz de Mika era suave. Hizo una pausa esperando la autorización de su padre para entrar.
− Entra − la autorizó Zoro. Ella hizo lo propio, cerró el shoji y se sentó delante de él en la misma posición. Llevaba una camiseta rosada y unas calzas negras. Estaba descalza y no traía sus katanas. El hombre abrió su ojo y se sorprendió por la expresión que tenía su hija.
− He tomado una decisión − le dijo.
− Escucho − Zoro pretendía no sentirse ansioso.
− Cerraré el dojo − anunció. − Y me iré − silencio. Mika estaba sorprendida porque Zoro no había dicho absolutamente nada. − Zoro, yo
− ¿Irás a perseguir tu sueño? − preguntó mirándola fijamente.
− Si − contestó ella con seguridad en su voz y en sus ojos. − Seré la mejor espadachín del mundo − Zoro sonrió.
− Muy bien
− Padre − era la primera vez que lo llamaba así, él se sorprendió. − La próxima vez que nos veamos te retaré − la confianza de Mika llenó de orgullo el pecho de Zoro.
− Sigue tu camino, encuentra tu verdadero yo, no importa cuánto te tome. Aceptaré con gusto tu reto
− Gracias − iba a ponerse de pie, pero no pudo, se abalanzó sobre Zoro y le dio un abrazo tan fuerte que hizo tambalear al espadachín. Él colocó su mano derecha en la cabeza de su hija. − Te quiero, papá
− Oi, Ryu − Umi habló susurrando. Ryu bufó cansado, preparándose para lo que vendría a continuación. Después del agradable desayuno, habían salido al parque de la mansión a tomar aire mientras los Sombrero de Paja preparaban todo para llevar al puerto y así embarcar para partir hacia Water 7, en el Grand Line. − Vamos − lo llamó. Él, sin pensarlo mucho, se puso de pie, ya que estaba descansando recostado con la espalda recargada en un árbol y la siguió.
− ¿Qué sucede? − preguntó en el mismo tono usado por ella mientras la seguía hacia la parte de atrás de la mansión. Después del desayuno, Sora se había quedado ayudando a Sanji en la cocina, y los mellizos, para la tranquilidad de Ryu, se habían retirado a quién sabe dónde.
− Tengo una sorpresa − y esas tres palabras helaron la espalda del espadachín. No sabía bien por qué, pero estaba seguro de que no sería una sorpresa del todo agradable, o al menos no para él.
Después de unos cuantos minutos de caminatas por el bosque, llegaron a una pequeña playa escondida por una formación de la costa. Un recoveco al que sólo se podía acceder en barco o a través del bosque por el que ellos habían estado caminando. Al llegar, lo primero que notó Ryu fue un pequeño barco. Era una carabela de dos mástiles, de velas latinas. La bandera que agitaba el viento era una bandera pirata, que sólo tenía la calavera y los huesos, sobre el fondo negro. Ryu quedó estático clavado en la arena viendo semejante paisaje ante sus ojos.
− Oi, Ryu − oyó la voz de Umi a lo lejos. − ¡Ryu!
− ¿Eh? − espabiló.
− ¡Umi! − Mythia la llamaba agitando sus dos brazos desde la proa.
− ¡Eh, Mitty! − agitó su brazo derecho levantándolo. − ¿Te gusta? − Umi volteó y se acercó a Ryu con sus ojos brillantes de alegría.
− ¿Qué es ese barco? − preguntó, sin entender mucho.
− ¡Es nuestro! − Umi lo tomó por las manos. − Mitty lo arregló para nosotros − explicó. − Era un barco pirata que quedó anclado en el puerto porque estaba en mal estado. ¡Kaya lo compró para Mitty! Y ella lo arregló para nosotros
− ¡¿Qué?!
− ¿No es genial? ¡Podremos salir al mar! ¡Como prometimos, Ryu! − soltó sus manos para dar unas volteretas.
− ¿Estás diciendo que saldremos al mar en ese barco?
− ¡Si! Nosotros, Sora y los mellizos − contabilizó con los dedos.
− ¿Con los mellizos? − arqueó una ceja y se cruzó de brazos.
− Mitty sabe mucho sobre barcos y Rabí sabe de medicina, ¡son muy buenos!
− ¡Umi! − la voz de Rabindra se escuchó desde el barco, la llamaba desde la torre vigía ubicada en el mástil principal. − ¡Ya está todo listo!
− No me digas que… − quiso decir Ryu, que no entraba en su asombro. ¿De verdad ella quería salir al mar así sin más, y en ese mismo momento?
− ¡Nos iremos cuánto antes! − Umi despejó todas sus dudas.
− ¿Y nuestros padres? − ciertamente le preocupaba un poco lo que podría llegar a pensar Robin o Nami cuando se enteraran de lo que Umi estaba pensando hacer. No quería sentirse responsable, y menos intuyendo inconscientemente que todo recaería sobre él porque era el mayor de esa banda de desquiciados. Y además estaba el hecho de que Umi realmente consideraba sus nakamas a ese par.
− Ellos también saldrán al mar hoy, ¡y no quiero ir con ellos! Tenemos que vivir nuestras propias aventuras − se acercó más a Ryu, quedando muy cerca de él. Lo miraba hacia arriba. − Tú dijiste que querías salir al mar conmigo
− Si − apartó la vista por un momento. Luego volvió a los ojos suplicantes de ella. − Está bien
"Hay que reunir nuestros sueños
y encontrar aquello que anhelamos."
Escabullirse en las habitaciones de la mansión fue sencillo para Sora. Tenía que recuperar algo de las pertenencias de Ryu, como había quedado previamente con Umi, y todo estaría listo para zarpar. Sabía que entre las cajas que habían traído Zoro y Robin había visto una que tenía escrito el nombre de su nakama. Pero hasta ese momento no la había vuelto a ver. Escuchó un sonido y se escondió detrás de una de las cajas.
− He visto la carabela − la voz era de Sanji, y parecía hablar muy seriamente con alguien.
− Si es lo que desean hacer, no veo el motivo para detenerlos − el otro era Zoro, estaba seguro.
− Me preocupa Nami san
− ¿Qué? Debería preocuparte Ryu − dijo Zoro medio broma medio en serio. Sanji sonrió. Encendió un cigarrillo. − Así que tienen un barco… − reflexionó el espadachín en voz alta mientras se sentaba en la cama. − ¿De dónde lo sacaron?
− Mythia, la hija de Usopp − no pudieron evitar sonreír socarronamente − es una excelente carpintera − dio una calada y exhaló el humo, mientras se recargaba contra el marco de la puerta que estaba abierta. − Y Rabí está estudiando medicina, como su madre
− Ryu será mejor espadachín que yo − aseveró Zoro. − Y Umi − miró a Sanji a los ojos.
− Es la hija de Luffy y Nami − ambos rieron.
"La brújula creará el trazo.
Lleno de emoción, tomo el timón.
Si llegamos a encontrar el tesoro de un viejo mapa,
¡entonces ya no será una leyenda!"
Sora logró salir sin ser visto después de haber oído aquella conversación entre los nakamas. Ellos sabían que se irían, y al parecer no tenían intensiones de interponerse. Estaba tranquilo y a la vez intranquilo. Tenía miedo de salir solos al mar. Eran un conjunto de chiquillos sin experiencia arriesgándose en un mar de locos. Pero confiaba en Umi como en nadie en el mundo. Y Ryu era realmente muy fuerte. Se irguió al encontrar la caja con el nombre del espadachín. Era el último paso a dar antes de su huída. Sonrió.
− No iré a despedirme − la voz de Luffy retumbó en la habitación vacía y en penumbras. − Confío en ustedes, son muy buenos nakamas − siguió. Sora decidió mantenerse en silencio y sin moverse. − Y no piensen que saldremos atrás de ustedes − a pesar de que no podía verlo, sabía que sonrió. − Si no son libres de hacer lo que se les dé la gana, ¿de qué les sirve ser piratas? − Sora también sonrió, bajando la vista. − Ser pirata significa ser libres, y Umi lo sabe muy bien − sintió cuando Luffy colocó la mano en su hombro derecho, haciendo la suficiente presión como para darle confianza. Sora no volteó a verlo. Levantó la vista y miró al frente. − Nos encontraremos cuando sean grandes piratas
"Hay que reunir nuestros sueños
Y encontrar aquello que anhelamos.
Una moneda en el bolsillo, y un
'¿te gustaría ser mi amigo?'
Estamos en el viaje, ¡estamos!"
− ¡Sora! − Umi corrió hacia él por la arena al verlo cargando la caja que pertenecía a Ryu. Sonreía, tal como sabía estaría sonriendo Luffy en ese momento. − ¿Estás bien? − preguntó tomándolo por el hombro y mirándolo con rareza. Tenía una expresión confiada en el rostro y le brillaban los ojos.
− Si − afirmó. − Umi san − ladeó la cabeza. − ¿Qué es ser pirata? − Umi llevó la mano que tenía sobre el hombro de Sora a su barbilla y miró al cielo.
− Ser pirata es ser libre − dijo, con una sonrisa. Sora también sonrió.
− Vamos − ambos caminaron hacia el barco, llevando la caja entre los dos. Ryu los observaba desde la playa. Podía sentir en el aire la emoción que sentía Umi y no pudo evitar sonreír.
− ¡Suelten las velas! − gritó con fuerza. − ¡Zarpamos!
"Aunque crea en lo que los otros dicen
me encojo de hombros y encabezo la marcha.
Te lo contaré todo cuando nos volvamos a encontrar:
lo que he estado haciendo y hacia dónde iré después."
− Esa fue la última caja − anunció Usopp a uno de los empleados del puerto, que los estaba ayudando a embarcar. El barco era el mismo que habían comprado en Whisky Peak hacía un año y lo usarían para llegar a Water 7 a encontrarse con Franky y Brook, y su nuevo barco. Luego navegarían hasta el Archipiélago Shaobady, y a la Isla Gyojin donde abordaría el último nakama, Jinbei. − Muchas gracias − agradeció al hombre dándole la mano.
− ¡Usopp! ¡Ya sube! − gritó Sanji desde la cubierta. El tirador giró para ver a Kaya, que lo observaba con una sonrisa.
− Es la hora − le dijo, acercándose.
− Si, pero esta vez sé que volverás sano y salvo − ella acarició su rostro. − Eres el valiente hombre del mar, Usopp − bromeó y ambos rieron un momento.
− Me tengo que ir − dijo él, abrazándola. − Cuando regrese, tendré historias incluso más alocadas de las que ya te conté − continuó, parafraseando la despedida de hacía tantos años. Ella sonrió aún más enfáticamente.
− No puedo esperar a oírlas − le dio un rápido beso en los labios y subió al barco, mientras ella los saludaba con ambas manos.
"¡A toda velocidad en la noche!
Ya no estoy interesado en el tesoro.
Un romance en el bolsillo, y un
'¿te gustaría ser mi amigo?'
Estamos en el viaje, ¡estamos!"
− ¿Todo está bien? − preguntó Sanji cuando el tirador terminó de recoger la escalerilla.
− Si − contestó Usopp, sonriente.
− ¡Oi, Usopp!− la voz de Nami lo alertó. − ¿Dónde están los niños? − Usopp miró a Sanji, Sanji a Zoro, y Zoro a Luffy, que rió a carcajadas.
− ¡En su propia aventura! − gritó Luffy a viva voz.
"Hay que reunir nuestros sueños
y encontrar aquello que anhelamos."
*La canción es We Are!
La segunda temporada se denomina "El Sombrero de Paja: Isla Victoria". ¡Los espero allí!
¡Muchísmas gracias! Mary
PUNTO 1: ¡Atención! Antes de comenzar a leer la segunda temporada les recomiendo leer "La Pasión de Pierna Negra Sanji" de Suave bolígrafo. ¿Por qué? Además que es un fic de un amigo (punto aparte) ese fic es precuela de este y por lo tanto de su continuación. Es fundamental que conozcan a Pólvora Rosa Syra, así que les encargo encarecidamente que lean ese fic.
PUNTO 2: Contesto reviews
Candy-chan: Jajaja las casualidades no existen =P ¡Si! Finalmente puedo decir que fue un placer hacer a Robin celosa (y todo gracias a leknyn). Por supuesto que Ryu es el triple, no el quíntuple más celoso que su madre (ya verás jeje). Si, el final de una pelicula en la que te quedás con la boca abierta y pensando "eso fue todo?" jajaja Ya pronto habrá más. Seguramente te daré más motivos para modficar y/o agregar leyes Roronoa, porque habrá mucho de Ryu y Mika en la nueva temporada. Sip, mellios y Usopp es "todo un hombre" jajajajaja Lo que ocurrió después es un misterio que le dejo al lector, para que su loca mente imagine lo que quiera (lo mismo para lo que estuvieron haciendo Luffy y Nami durante toda la noche después de su reencuentro jajaja). Obviamente la bandera aún no tiene la marca propia de los piratas de Umi, que por cierto aún no decido. Pero será una ocasión especial esa decisión en la segunda temporada. La última escena fue la más genial que escribí nunca jajaja Me dio mucha gracia pensar en cómo se veía los unos a los otros y por supuesto, el único que pudo enfrentar "la furia de Nami" fue su compañero, el Rey jajaja con unas simples palabras que lo dicen todo. Me gustó hacer una Mika que quiera cumplir el sueño que Kuina nunca pudo, y Zoro se siente muy orgulloso por la hija que la vida le dio. Por eso hice que ella no se hiciera pirata, para hacer una versión moderna de Kuina (aunque bastante diferente). Además, que ella esté "por el mundo" dará mucha letra a la segunda temporada. Si, Ryu y Mika tienen el mismo sueño y además, su padre es el espadachín más fuerte del mundo. Será difícil, incluso para Zoro, pero lo saben y tomarán la responsabilidad por ello. Respecto a Sora, no lo mencioné pero ya lo haré después en la conti (sip, te spoileo), Sora estuvo con Sanji en el Baratie, aprendiendo. No lo dije para que después sea una especie de sorpresa =P Pero a vos te la dije jajaja Ups! jajajaja. También gracias por dejar rev en "Como en el muro la hiedra". Si, me pareció que la frase que dice Zoro es muy adecuada y dice mucho más de lo que se puede apreciar en un primer momento. También creo que la diferencia de edades no es impedimento para que ellos estén juntos y se amen con la pasión que tienen en sus venas (se nota que Zoro es pasional con sólo verlo *q*). Nos leemos pronto! Besos! Mary
