Rick se miraba en el espejo mientras decidía que hacer aquella mañana con su pelo. Kate tenía razón lo tenía muy largo, pero no quería cortarlo aún, así que finalmente decidió hacerse una coleta.
Ya en su habitación terminaba de vestirse, aquello era fácil vaqueros, camiseta y deportivas. Se miró en el espejo y sonrió le iba a caer una buena bronca por aparecer así vestido y no con el traje que Johanna le había dejado preparado la noche anterior.
Abrió su armario y se quedó mirando la primera foto que se había hecho junto a su nueva familia, tenía que reconocer que Martha no se había equivocado con ellos. Habían pasado dos años desde que llegó a aquella casa, y habían sido los años más felices de su vida desde el fallecimiento de sus padres.
Poco a poco había aprendido a querer al matrimonio y con Kate fue todo bien desde el principio. Pese a que ambos jóvenes eran totalmente diferentes en cuanto a carácter entre ellos se había creado una química muy especial, eran los mejores amigos, los mejores compañeros, siempre estaban el uno para el otro.
Los Beckett no sólo le habían dado amor, también le habían enseñado a ser constante, educado, cariñoso, amable, y a luchar por aquello que quería lograr.
Cuando quiso tener su primer coche, le animaron a comprarlo siempre y cuando lograse reunir el dinero. Se pasó todo el verano trabajando para lograr comprase un viejo coche, cuando reunió todo el dinero para el coche y el seguro fueron al concesionario toda la familia.
El resumen perfecto es que aquella era su familia, era feliz y junto a ellos se había transformado en un hombre.
Estaba orgulloso de lo que había logrado. Aquella mañana se graduaba, y había logrado terminar en el cuadro de honor además había sido aceptado en la Universidad de Stamford. Estudiaría en una de las mejores universidades del país con una beca completa-
Kate había terminado de arreglarse y decidió acercarse a la habitación de Castle para bajar juntos al salón, donde les esperaban sus padres.
-Castle, yo ya estoy. Joder, te dijeron que hoy te pusieras el traje.
-Ya, pero con traje no soy yo. Además con la toga no se sabe que llevo debajo, podría ir desnudo y nadie lo sabría.
-Lo peor de todo es que serías capaz de ir así. Anda vamos para abajo a ver como logras que no se enfaden.
-Oye tú vas preciosa con ese vestido. Seguro que el rubiales hoy se lanza a tu boca.
-Eso espero.
-Un momento, ¿cómo que eso esperas? – la detuvo junto antes de salir de la habitación.
-Pues, que eso espero.
-No me estarás queriendo decir que esta noche tienes pensado acostarte con él – Castle uso un tono de voz un poco más alto del habitual.
-A ver, tengo 18 años, es mi graduación, no hay nada de malo en estar pensando en acostarme con mi novio por primera vez – Kate estaba un poco alucinada por la reacción de su amigo.
-De eso nada. Kate esta noche no vas a practicar sexo con ese tío y se terminó la conversación. Si es preciso no os dejaré a solas ni un segundo.
-Pero ¿tú te estás oyendo? Es mi vida, puedo hacer lo que quiera y si lo que me apetece es acostarme con mi novio lo haré. ¿Acaso tú me pediste permiso cuando lo hiciste con aquella pelirroja?
-No es lo mismo. Y en serio Beckett no me pongas a prueba.
-Castle, déjame en paz. Haré lo que me dé la gana. ¿Quién te crees que eres para decirme que puedo o no hacer?
-Soy tu hermano, leches – su voz sonó aún más elevada.
-No, no lo eres. Eres mi mejor amigo, mi confidente, mi apoyo. Creía que tú me entenderías, que me darías ánimos. Nunca pensé que te comportarías en plan moro – replicaba la joven.
-A ver, siento si he sonado así. Sólo quiero que estés segura del paso que vas a dar. La primera vez debería ser especial, con una persona que quieras no con un capricho. ¿Estás segura de que eso es lo que quieres hacer?
-Sí, creo que ha llegado el momento. Nick lleva intentándolo unos meses, pero hasta ahora yo me he negado.
-Ya, él lo quiere hacer. Pero eso a mí me da igual, la pregunta es si tú también lo quieres.
-Supongo que sí – decía encogiéndose de hombros.
-Vale, pero si en algún momento de la noche cambias de idea, prométeme que me llamarás.
Tras escuchar la promesa hecha por parte de la joven, ambos bajaron al salón.
Como bien había supuesto Kate, Rick se llevó una buena bronca por no haberse puesto el traje. Pero el joven se había mantenido en sus trece y finalmente salió de aquella casa con sus vaqueros, su camiseta y sus zapatillas.
Durante el trayecto la conversación fue acerca del gran paso que ambos iban a dar. El otoño siguiente ambos estarían en la universidad, Kate estudiaría derecho y Rick filología ambos en Stamford.
Jim y Johanna Beckett se sentían tremendamente orgullosos de ambos jóvenes.
Cuando llegaron al instituto los nervios afloraron en Kate, ella era la persona encargada del discurso de graduación y aunque ella y Castle lo habían pulido y ensayado infinidad de veces se sentía algo insegura.
-Beckett, tranquila. Eres la mejor, el discurso es alucinante, te lo sabes de memoria, sólo disfruta – decía Castle cuando la joven se ponía en pie para dirigirse al atril.
Kate comenzaba su discurso agradeciendo a profesores, padres, el apoyo prestado durante todos aquellos años.
-Querer es poder, pero poder implica sacrificio, y nosotros lo hemos hecho. Somos conscientes de que ha sido uno de los años más duros y exigentes de nuestra vida, nadie lo puede negar, demasiada presión y escaso tiempo. Pero ahora, una vez recogidos los frutos de nuestro esfuerzo, podemos asegurar orgullosamente que ha merecido la pena. Es cierto que ha habido ocasiones en la que nos hemos sentido solos e impotentes, a veces notábamos que nos flaqueaban las fuerzas y nos planteábamos la posibilidad de abandonar; pero vosotros, padres, profesores y compañeros, los que siempre estáis ahí, sois los que habéis tenido las palabras de aliento y apoyo que nos han ayudado a superar las dificultades y a seguir adelante dejando atrás nuestros errores, transformándolos en experiencia. Por ello, una vez más, gracias.
Durante estos años hemos aprendido muchas cosas pero quizás una de las cosas más importantes ha sido lograr entender que lo más importante en nuestra vida es vivirla con integridad, y no abandonar ante la presión de los demás –intentar ser algo que no somos. Vivir nuestra vida como una persona honesta y compasiva. Contribuir de alguna manera. Existe una verdad universal que todos debemos enfrentar lo queramos o no: todo termina. Aun cuando he esperado que llegue este día, nunca me han gustado los finales. El último día del verano, el último capítulo de un buen libro, despedirse de un amigo cercano. Pero los finales son inevitables. Las hojas caen, los libros se cierran y dices adiós. Hoy es uno de esos días para nosotros. Hoy decimos adiós a todo lo que nos era familiar, lo que nos era cómodo. Avanzamos. Pero aunque nos duele dejar este lugar, hay ciertas personas que ya forman parte de nosotros y seguirán ahí sin importar lo que pase. Son tierra firme, son nuestra estrella polar y esa clara voz en el corazón que estará con nosotros, siempre. Sé que parece que el mundo se está desmoronando ahí fuera, pero es realmente un gran momento en nuestra vida para volvernos un poco locos, seguir nuestra curiosidad y ser ambiciosos. No abandonemos nuestros sueños. ¡El mundo nos necesita a todos!
Tras esta última frase Rick se puso en pie rompiendo en aplausos que rápidamente fueron secundados por todos los presentes en aquel auditorio.
Una hora después los jóvenes comenzaban su fiesta particular de graduación. Kate, Rick y el resto de amigos salieron a cenar para después dirigirse a la fiesta que se había organizado en la vivienda de otro de sus compañeros.
Durante la cena ambos jóvenes reían y muchas veces dejaban un poco de lado a sus respectivas parejas para poder disfrutar un poco más de aquella amistad suya.
Tras permanecer poco más de una hora en la fiesta Rick y su novia se marchaban rumbo a la casa de la joven.
-Beckett, me voy. Si necesitas algo , llámame.
-Tranquilo, estaré bien Castle. Tú diviértete con Gina – decía mientras le guiñaba un ojo.
- Te quiero preciosa.
-Ídem – contestaba la joven como en ella era habitual, fundiéndose ambos jóvenes en un abrazo.
Castle a medida que pasaba el tiempo se fue relajando, y decidió pasar la noche de la mejor manera posible junto a su novia. Finalmente aquella llamada nunca llegó, por lo cual Rick pensó que todo había ido bien entre el rubiales y Beckett.
A medio día Rick llegó a casa, lo primero que hizo como cada mañana fue ir a ver si Kate había llegado.
La encontró hecha un ovillo sobre su cama, llorando. Se acercó y cuando la giró vio la marca de una bofetada en su mejilla así como el labio partido.
No esperó a saber qué había pasado salió enfurecido de aquella habitación. Kate le alcanzó ya en las escaleras de la entrada.
-Castle, por favor no vayas – decía entre lágrimas Kate.
-¿Que no vaya? Nick te ha pegado y ¿me pides que no le dé una paliza?
-Por favor, si lo haces te detendrán. Recuerda que tienes antecedentes. No voy a permitir que por un gilipollas arruines tu vida.
-Eso me da lo mismo, no puedo quedarme aquí sin hacer nada – decía Rick fuera de sí.
-Me defendí, él también está golpeado.
Rick se acercó hasta su amiga y la arropó con sus brazos.
-Entremos, quiero que me cuentes qué ha sucedido. Y luego decidiré que hago.
Una vez dentro de la casa, Rick preparó un té para Kate la cual le esperaba tumbada en el sofá del salón.
-Tómatelo, te sentará bien.
-Gracias.
Cuando Kate terminó su bebida comenzó su relato.
-La noche iba genial, nos estábamos divirtiendo. Nick me propuso subir a una de las habitaciones y accedí a ello. Todo iba bien, pero cuando él comenzó a desnudarme empecé a pensar que aquello no era lo que yo quería. Que él no era la persona adecuada. Así que le paré, aquello no le gustó e intentó nuevamente desnudarme, me estaba sobando. Yo no quería así que nuevamente le detuve, me levante de aquella cama y me dirigí a la puerta. Él me detuvo, comenzó a llamarme puta, calienta pollas, zorra. Yo le llame pervertido, gilipollas. Y entonces me abofeteó y me partió el labio. Me defendí, le di un derechazo justo en la mandíbula y luego una patada en sus partes y salí corriendo de allí.
-Hijo de puta. ¿Por qué no me llamaste? Habría ido a buscarte y le habría mandado al hospital.
-No lo hice justamente por eso. No voy a permitir que por un gilipollas destroces tu vida. Además tú estabas disfrutando de tu noche de graduación con Gina.
-Tú eres más importante para mí que Gina. Eres Beckett, eres más importante que cualquier mujer, por muy novia mía que sea. Por todos los Beckett haría cualquier cosa, que te quede claro.
-Soy una idiota, me lo advertiste y no te escuché.
-No, no eres idiota. Sólo creíste que él era el adecuado. Así que un derechazo y una patada, es una lástima no haberlo visto – decía con una medio sonrisa intentando animar a su amiga.
-Rick, abrázame – pocas veces Kate llamaba al joven por su nombre.
-Claro que sí preciosa. Kate, mírame, estoy aquí.
-Gracias.
-Siempre.
