Disclaimer: Los personajes y el mundo de Shingeki no Kyojin son obra de Hajime Isayama.
Personajes: Historia treinta y uno. Eren y Mikasa.
SPOILER: ninguno.
Presente.
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No era un día especial, al menos no para él. Como hacía a diario, se levantó temprano, se duchó, desayunó y se unió a los demás soldados en las labores cotidianas.
Luego de una calurosa mañana, almorzó con Armin y Mikasa. Por la tarde se encargó de las caballerizas y por último cenó, de nuevo los tres juntos. Armin tenía labores ese día en la cocina, por lo que le lanzó una mirada de disculpa al alejarse. Eren se separó de los demás y salió afuera.
El cielo estaba despejado y las estrellas brillaban en lo alto. Cuando contemplaba la lejanía de las estrellas se sentía diminuto e insignificante. A pesar de no ser un día especial para él, siempre en aquella fecha un sentimiento de nostalgia y de tristeza lo invadía.
Escuchó pasos y sabía que era ella. Pensó por un momento decirle que quería estar solo, pero ella ya se sentaba a su lado antes de darse cuenta.
—Toma.
Estiró la mano y recibió el presente de Mikasa. Se sorprendió al ver que era un dulce. Hace años no obtenían ninguno.
Cuando eran niños, Mikasa le obsequiaba un dulce al final del día en su cumpleaños. Tras entrar en la academia aislados de todos esa costumbre desapareció, lo único que hacían en esa fecha era sentarse juntos, con Armin casi siempre, y ver el cielo antes del toque de queda.
— ¿Dónde lo conseguiste?
Mikasa se llevó una mano a la bufanda acomodándola. Era un hábito que llevaba observándole desde que se la entregó años atrás.
—Por ahí.
Ella estuvo desapareciendo por horas los últimos días, seguro eso era lo que buscaba.
Medio sonrió —Gracias.
Mikasa parecía sorprendida ante su agradecimiento ¿Tan mal se había estado portando con ella? Bueno, ella era demasiado sobre protectora y lo hacía perder los estribos.
—De nada— respondió la muchacha feliz.
Eren alzó la vista viendo el cielo de nuevo. En realidad le alegraba que ella estuviera ahí, habían pasado por tanto desde que se conocieron, sabía que podía contar con Mikasa sin importar la situación. Para ella no era un monstruo, ni un arma, ni una amenaza, para ella siempre sería Eren.
Se acercó a ella y dejó que sus costados se rozaran, en un mudo agradecimiento.
Eren no se dio cuenta que pequeñas lágrimas de felicidad escaparon de los ojos de su amiga aquella noche.
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Me pidieron algo de ellos y hasta que lo pensé me di cuenta que de los treinta cortos, sólo uno es de ellos. Y me di cuenta también que aunque me gustan mucho me cuesta escribir de ellos.
Ojala les guste. Gracias por sus comentarios y tendré en cuenta sus pedidos, siempre y cuando éste la inspiración con mucho gusto escribiré.
