Y luego de pasado un buen tiempo regreso con el tercer capítulo de este fanfic~ el cual posiblemente tardaré en actualizar, como sea, espero disfruten~


Como era obvio, los días pasaban y pasaban sin darme cuenta siquiera, un día miré mi calendario y ya estábamos a veintisiete de octubre lo que parecería para mi un día completamente normal, mas volví mi mirada a Atsushi tras la cámara y este mantenía una sonrisa amplia en su rostro y yo una expresión confundida casi del todo. A penas recién habíamos acabado de conectarnos a través de la cámara y él ya estaba con sus rarezas. Quise hacer como si no le prestara atención a aquella sonrisa y aquella mirada que hasta cierto punto me perturbaba.

—No llevamos ni cinco minutos y ya estás extraño —Le dije con completa normalidad mientras que apoyaba mis codos sobre la mesa frente a mi y dejaba descansar mi cabeza en una de las palmas de mis manos.

—Es que pronto es tu cumpleaños Muro-chin~ ne~ ¿Estás emocionado?

¡Oh joder! ¡Mi cumpleaños! ¡Por eso él estaba tan extraño! Lo había olvidado por completo, supongo que he tenido muchas cosas en mi cabeza éstos días para detenerme a pensar en que será mi cumpleaños y preguntarme a mi mismo ''qué me regalarán mis padres este año?'' o ''¿Mis amigos lo recordarán?'' Era obvio que ya había uno que si lo recordaba y que parecía recordarlo a la perfección, más que yo incluso.

—Oh, eso ... —Intenté hacerme el desinteresado en el tema, aunque en el fondo moría de ganas porque aquel día llegara, aunque era triste saber que no podría pasarlo con Atsushi

—No parece interesarte mucho ... ¡Y yo que pensaba mandarte un regalo!~ —Lo vi dejarse caer sobre la silla a brazos cruzados y yo no pude evitar el despegar mi espalda del respaldo de la silla y acercarme ligeramente más a la pantalla, mirandole de forma muy atenta.

—¿Regalo? Creo que eres posiblemente el único que lo recordará, eso ya es un regalo para mi.

—No digas eso ... Ya tengo mi regalo listo para ti~ espero que te guste, porque me ha salido bastante caro.

—Atsushi, a mi lo material no me importa, el tener tu amistad es suficiente para mi. —Pude notar que un sonrojo se apoderaba de las mejillas de Mura y mi sonrojo también quiso hacerse presente, los dos estábamos tan rojo como un par de tomates y sin decir nada.— Atsushi ...

Hace exactamente unos tres meses fue que comenzamos a comunicarnos Atsushi y yo a través de la cámara y la voz, era algo de cierta forma ... Hermoso ... Hermoso el poder estar de esa forma con alguien y siendo tan amigos juntos pero separados.

Y eso era lo triste de esta historia, el que estamos separados por varios kilómetros de distancia, y a pesar de que podíamos vernos y hablarnos no era lo mismo.

No era lo mismo utilizar una cámara que hablar cara a cara, ya que cara a cara si te enojas o si necesitas consuelo ahí lo tienes para abrazarle, colgarse de su cuello, besarle, tomarle de la mano, espera ... ¿qué?

No era lo mismo tener que usar un micrófono como método de voz que la propia voz humana estando al lado de aquel amigo que tanto quieres y aprecias como nunca has apreciado a alguien, aquella persona que quieres más que a tu propia familia misma.

—Muro-chin ... Muro-chin, Muro-chin, Muro-chin, ¡Muro-chin!

—¿Qué sucede?

—¡Me gustas!

Me quedé en silencio. El sonrojo de sus mejillas aún no desaparecía y el mío iba en crecimiento, no, no podía ser una broma, él no bromearía con algo así. Sonreí entre mi sonrojo y me acerqué a la pantalla de mi computadora, la cual abracé. Tal vez Atsushi no me vería abrazarla, eso era algo casi obvio. Pero era lo mejor que podía hacer como un abrazo hacia él, como una muestra de cariño hacia él

—¿Muro-chin ...? ¿qué haces?

—Te estoy abrazando —dije para luego volver a como estaba antes en mi asiento, ansioso y sonriente.

—No es broma ... De verdad me gustas

—Te creo, digo, ¿quién no se enamoraría de mi? —dije algo egocéntrico mientras que enarcaba una de mis cejas, riendo de forma suave, mas él se mantuvo serio e incluso frunció un poco su entrecejo.— lo siento —dije bajando un poco la cabeza.

Entonces una sonrisa tierna se dibujó en su rostro, lo vi acercarse hacia la pantalla, no a la cámara, sino a la pantalla. Mis cejas fueron alzadas ya que no entendía bien lo que él había hecho. Por lo que cuando él volvió a enderezarse en la silla lo miré de forma curiosa.

—Fue un beso.

—¿Un beso?

—Tú me diste un abrazo, yo te di un beso.

Reí un poco y le miré moviendo un poco los dedos por sobre la mesa.— ¿Y dónde ha sido el beso?

—En la mejilla.

—¿En la mejilla?

—Es muy ponto para besarte en los labios aún.

Mierda. No respondí, sólo le miré algo serio, mordiéndome el labio inferior.

—¿No te gusta?

—No es eso

—¿Qué es?

—Creo que también me gustas.

—¿De verdad?

—Si

—¿De verdad de verdad?

—¡No lo sé! ¡Es primera vez que siento algo así!

—¿Qué sientes? ¿Maripositas?

—Zoológico

—Entonces no te gusto

Mi cara fue de completa confusión cuando él dijo ello, lo vi apegar su espalda al respaldo de la silla y yo me acerqué un poco más a la cámara.— ¿No?

—No —Repitió entre una suave risa que a mis oídos sonaba adorable, su risa era adorable, su sonrisa, sus ojos, su rostro, sus facetas. Todo en él era adorable y perfecto.— Estás enamorado de mi, ya no hay vuelta atrás.

—Imposible.

El rió y negó con la cabeza. No me respondió ante mi única palabra anteriormente dicha, sólo rió de forma suave en un inicio, dejando salir una carcajada después y haciendo su cabeza para atrás, riendo más. Me daba algo de desconfianza, miedo y curiosidad a la misma vez la forma en que él se encontraba, riendo a carcajadas. Estaba listo para tener que hacer un exorcismo, pronto.

Me sentí incluso algo usado, él riendo de aquella forma y yo ahí sin decir nada, encogiéndome un poco de hombros y tomando un bocado de aire desviando mi mirada del mayor. Tal vez esta amistad ya no funcionaría. Tal vez todo siempre fue una mentira. Tal vez este tiempo él ha estado sólo utilizándome como el juguete que cree que soy, pero no soy un juguete para que el creo que puede partirme el corazón de tal broma.

—En serio, me gustas.

—Deja de bromear

—¿Quién bromea?

Silencio.

—En serio, no eres gracioso. No es gracioso jugar con los sentimientos de un adolescente de hormonas dando vueltas por doquier.

—Ambos somos un par de adolescentes homosexuales con las hormonas pidiendo a gritos ''¡él, el!''

—Yo no soy homosexual.

—Estás enamorado de mi, acéptalo.

—Bien, ya deja de jugar o terminarás arruinando mi próximo cumpleaños.

Silencio de nuevo.

Tal vez el idiota esta vez había sido yo, era yo quien decía cosas a mi parecer bastante crueles. Era cruel la forma en que yo trataba a la persona que creía yo que comenzaba a gustarme, si bien no aceptaré el hecho de que soy homo como él, tal vez sea alguna clase de aquellas personas que le gustan ambos sexos de las personas, tal vez soy ... Em ... ¿Bisexual?

Aunque ésto es algo que no había sentido nunca, los dolores de estómagos provocados por enfermedades no eran nada comparados a ésto, ésto era algo mucho peor, todo el estómago se me daba vueltas.

No podía hablar, no podía decir palabra alguna, estaba tristemente callado sin saber si disculparme, sin saber si esperar alguna respuesta de su parte o sólo cortar la vídeo-llamada, tal vez ésto sería lo mejor, para ambos digo, y tal vez el no volvernos a hablar durante un tiempo sería lo mejor, hasta aclarar mi mente, hasta hablar con mis amigos sobre ésto, hasta que él también supiera qué hacer.

—Me gustaría tener a un novio como tú.

—Cállate. Intento pensar.

Mi mente no estaba para nada clara, quería saber qué era lo que él me había visto a mi y qué era lo que yo le había visto a él. Tal vez lo que le vi desde un comienzo fue su simpleza, su calidez, su carisma, su cariño, su ... Su ... Su ... ¿Todo?

Mas, ¿Qué me ha visto él a mi?

—Oi, ¿Qué tengo de especial?

—Te lo dije una vez, ¿No? Tu simpleza es lo que físicamente me atrae de ti.

Idiota. No hay otra palabra que pueda describirle. Es un simple y gran idiota. Mas es un idiota que de alguna forma igual ha terminado gustándome, no sé cómo demonios él lo ha hecho, pero me gusta, y me gusta mucho, y no lo seguiré negando porque sé que no vale la pena y sé que de todas formas él ya se ha dado cuenta de ello, se ve en su sonrisa, en su mirada. Él ya lo sabe, él lo supo desde antes de que yo mismo pudiera enterarme de lo que sentía. Idiota, no lo describiré de otra manera, es un idiota cariñoso, carismático, alegre, es un idiota de todo.

—¿Hace cuánto que lo sabes? —Pregunté mientras que pasaba mis dedos de forma algo fuerte por sobre mi frente y suspiraba con pesadez, evitando el contacto visual con la persona frente a la pantalla.

—¿Unas dos semanas tal vez? —Me respondió. En cuando yo alcé mi mirada hacia él, él estaba mirándose las uñas como si nada estuviese pasando en aquellos momento frente a él.

—Esto es serio.

—Lo siento. ¿Me das tu número de teléfono?

Algo sorprendido y lleno de duda le dicté el número de mi celular sin saber muy bien cómo reaccionar una vez finalizado ésto.

—Ta mandaré un mensaje, guarda mi número.

—¿Para qué lo necesito?

—Lo comprenderás cuando crezcas.

Reí, sabía bien que yo no era un niño pequeño, mas no iba a molestarme por algo como aquello, no lo quería comprender ahora tal vez, mas si no me decía hasta el próximo año se lo preguntaría.


Por fin he terminado este capítulo ;w; me tardé un buen par de días en escribirlo (más de una semana) Creo que no será pronto cuando lo actualice puesto que tengo muchas ideas para one-shot's y tengo otros dos que debo actualizar pronto. Como sea chicos~ espero podamos leernos pronto~ bye bye~