Desastrosa convivencia
Sacó el pecho y enderezó su espalda; tensó los músculos de los brazos mientras su aniñado semblante componía una mueca que resultaba, tristemente, más graciosa que amenazante. Permaneció unos segundos con aquella posición desafiando a la imagen frente suyo, antes de que finalmente todo el aire que sus pulmones habían estado conteniendo, terminara por escaparse en una profunda exhalación. Volvió a mirarse al espejo y su reflejo le mostró una penosa realidad; seguramente sino fuese gay su suerte con las damas sería nula.
Era delgado, mucho. Pese a que su cuerpo era resistente y flexible, la mayoría de sus músculos apenas estaban desarrollados. Debió escuchar a sus padres cuando le sugirieron, hacía años, practicar algún deporte. Su estatura tampoco ayudaba; era un jodido pigmeo con un indeseable complejo físico a lo Peter Pan, como alegremente había bautizado Kiba a su condición. Su único conocido de género masculino, edad igual o mayor a la suya y que tenía una apariencia aún más deplorable que la propia, era Gaara, y al pelirrojo sociópata al parecer le terminaba importando un comino las opiniones de terceros respecto a su anatomía de nena. A diferencia de él.
— Doy pena —se atrevió a admitir en la privacidad de su alcoba. Seguramente su aspecto fue el detonante que incitó a Kimimaru a querer sobrepasarse con su persona. Porque estaba seguro que aquel albino de porquería no se iba a meter con un tío que le igualara en masa muscular. Frunció el ceño ante el penoso recuerdo.
Era por eso que aquel día se había levantado con toda la iniciativa para emprender aquel largo y tormentoso viaje rumbo a un cuerpo de infarto. Los zafiros se redirigieron a la revista sobre su cómoda, cuya portada mostraba a un tipo que ciertamente estaba como adonis y que prometía contener entre sus artículos principales, rutinas sencillas para que al finalizar el año te quisiesen contratar para algún lujurioso calendario de bomberos.
Con una sonrisa confiada bailando en sus labios empezó a ojear la publicación, intentando en el proceso no distraerse demasiado con las fotografías que ciertamente le querían levantar algo más que la moral ¡Vaya que los modelos se ganaban el pan con su trabajo!
— Kushina-san ya tiene el desayuno listo —oficialmente todos los buenos ánimos que habían arribado a su vida con la aurora, se esfumaron tan pronto como el malcriado mocoso al cuidado de su madre, entró sin ninguna clase de educación a su cuarto.
— ¿Qué no sabes tocar la puerta, estúpido? —enunció Naruto, fulminándolo con la mirada. Sasuke sólo compuso una mueca insolente al tiempo en que pasaba la vista por el delicioso torso canela del rubio.
— Tiene sus ventajas el no hacerlo —expresó con mofa. El blondo entonces cayó en cuenta de que seguía desnudo de la cintura para arriba, y digamos que el bóxer que cubría tan escuetamente sus piernas no lo hacía sentir precisamente más cómodo en presencia del niñato pervertido.
— Jodete imbécil.
— Sólo si es contigo, amor.
Al ver que el Uchiha no tenía la intención de abandonar su alcoba, no le quedó más opción que limitarse, entre una llamativa sarta de improperios, a buscar con que cubrir su expuesta humanidad. Sasuke mientras tanto transgredía el espacio del áureo con impunidad absoluta. Sabía que mientras Kushina-san tuviese una percepción tan decente de él, simplemente los comentarios de su hijo descalificándolo categóricamente, quedarían como mal infundados berrinches en lugar de como una perturbadora verdad. En realidad la intención de Sasuke no era irritar a Naruto, pero fastidiarlo resultaba tan divertidamente adictivo que difícilmente encontraba las circunstancias para no querer hacerlo.
Los ojos ónice por un segundo cambiaron su interés, de las encantadoras piernas del rubito a una revista abierta a mitad de la deshecha cama de su anfitrión.
— No me digas que de verdad crees en estas patrañas—el Uzumaki viró rápidamente sus gemas azules, dándose cuenta que aquel chiquillo antipático estaba ojeando sus pertenencias.
— ¡Dame eso! —exigió aun con los vaqueros a medio camino de estar correctamente colocados. Estirándose para arrancar su revista de las pálidas manos, cosa que al final no logró ¡Ese engendro era rápido!
— Sabes que esto en realidad no funciona ¿Cierto? —preguntó burlón, al tiempo en que la mueca indignada de Naruto mutaba peligrosamente debido a la cólera—. Una buena condición requiere años, mínimo meses de entrenamiento.
— Lo dices como si fueses un puto experto en el tema —como si ese mocoso escuálido le pudiese dar algún consejo de utilidad.
— Quizás lo sea, usuratonkachi —Sasuke detuvo todos sus movimientos pero antes de que el Uzumaki tomara su dichosa publicación, se encargó de arrojarla a cualquier parte, como si se tratara de mugre mancillando su pulcra piel. Naruto tensó sus puños ¡Ese hijo de puta! ¡¿Cómo se atrevía a tratar a si sus cosas?! ¡Hasta aquí llegaba la cordialidad! Justo iba a redecorar a Sasuke a base de porrazos, cuando el moreno hizo algo para lo que jamás se pudo haber preparado. Se desprendió de la negra playera que traía puesta—. ¿A poco no estoy mejor que los modelos? —al parecer Naruto no era el único con ganas de andar ligerito esa mañana.
Ok, quizás Sasuke no era un mocoso tan escuálido después de todo. A pesar de la edad el abdomen del menor estaba increíblemente trabajado ¡Que ahí se podía tallar la ropa, kami! Y aunque su condición no lo hacía ver fornido, su cuerpo era atlético hasta decir basta. Ahora entendía que si al Uchiha no se le notaban tanto esos pliegues divinos era porque dentro de su extensa gama de atributos aún se encontraba algo de discreción.
— ¿Qué… qué…? —conste que el tartamudeo estaba fundamentado.
— Distintas disciplinas físicas, especialmente kendo y atletismo, desde los 5 años —si antes pensó que su tono estaba cargado de petulancia, ahora simplemente era insufrible—. Las cosas buenas no se forman de la noche a la mañana, dobe —aquella despreciable mirada de superioridad ¡Maldito engreído!
— ¡Largo de mi cuarto! —sentía la cara arder, posiblemente de la vergüenza de quedar expuesto ante el infante más presuntuoso que jamás había conocido, como un jodido flacucho insignificante, o quizás de furia porque estaba seguro que con todo lo anterior Sasuke únicamente buscaba pisotear más su -ahora- raquítico orgullo; en realidad eso no tenía importancia. Su mente estaba demasiado ocupada en ordenarle a sus manos que tomaran cualquier cosa a su disposición, para jugar tiro al blanco con la cabeza del Uchiha hasta que el malnacido desapareciese de su campo visual.
— Vamos ¡Tú tampoco estás nada mal! —ese despertador había pasado demasiado cerca. Tenía buena condición, pero los objetos contundentes seguían disfrutando de la fascínate capacidad para dejarle coquetos chichones.
— ¡Eso que te importa! —ahora lo que menos necesita era la lástima de ese paliducho de porquería.
Pero como al parecer el cielo disfrutaba bastante con boicotear todas sus agresiones en contra de Sasuke, para dejarlo al final como un reverendo tarado. En un giro rápido que ejecutó para hallar otro proyectil, aquellos pantalones que nunca se terminó de ajustar, se enredaron cual maliciosas serpientes en sus piernas. El tiempo se detuvo por una fracción de segundo cuando cayó en cuenta de que se iba precipitando. Lo siguiente que supo es que sus costillas dolían terriblemente, casi tanto como su pisoteado honor o una patada en los bajos.
— ¡Mierda!
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Las madres tienden a no percibir tan marcadamente los defectos de sus hijos. Que si son malos en mates, nada que otros niños no tengan, que si son bocones, sólo se están expresando, que son holgazanes, es que tienen baja de azucares. Pero Kushina tenía que ser valiente y afrontar que su pequeñín, casi adulto, seguía siendo el rey absoluto de la torpeza. Únicamente rogaba al cielo que eso no lo terminase matando algún día.
— No puedo creer que te golpeases contra el escritorio, por no poderte poner bien unos pantalones —masculló la Uzumaki esparciendo un poco de analgésico en las lesionadas costillas de su nene.
— Ni lo menciones —podía echarle toda la culpa de su desgracia al bribón de cabello obscuro; pero resultaba más humillante admitir que perdió los estribos al encelarse del físico de un crío una cabeza más bajo que él, a contar una mentirilla blanca acerca de como su falta de pericia -en general- volvió a causarle un hematoma. Tampoco es como si lo anterior fuese una falsedad total.
— Al menos no te rompiste nada —gracias al cielo que había invertido sabiamente su dinero en aquel cursillo de enfermería. Sino estaba segura que Naruto al final se hubiese tenido que decidir entre pagar la matrícula universitaria o seguir frecuentando el hospital.
El blondo se limitó a enterrar la cabeza entre los almohadones del sofá, mientras sentía como su dulce mami terminaba de colocar una ajustada venda alrededor de su tórax. Al parecer su jornada veraniega había sido estropeada; no se sentía con los ánimos de ir a ningún lugar, menos de correr por la ciudad o pasear por la plaza comercial hasta encontrar algún aparatejo maravilloso, que lo ayudase en su lucha por dejar de ser un lánguido rubito. Al menos Sasuke no se había presentado ante él desde que lo ayudó a llegar a la planta baja, para ir de quejica donde su madre a que lo curara. Por lo que tenía la vaga esperanza de no observar a ese engendro del averno por el resto del día.
— Ahora no te muevas por un rato, de todas formas el golpe no fue tan fuerte, asi que no creo que se tarde en curar —dijo la bermeja levantándose, para desaparecer de la sala rumbo a su habitación. Naruto suspiró ante la expresión de su progenitora; aquella era su manera sutil para insinuarle que nunca dejaría de ser su bebé delicadito ¡Como si él armara escándalo por cualquier nimiedad!
— ¿Aún te duele? —tan pronto como aquella expresión fue procesada por su cerebro, la respuesta en automático que presentó, fue tomar el cojín sobre el que estaba postrado para lanzárselo al puberto de los mil demonios.
— ¡Lárgate! —gritó Naruto a la causa de todos los males físicos y mentales que su cuerpito había acumulado de buena mañana.
— De verdad lo siento —no era su estilo disculparse y no fue su culpa el que Naruto haya nacido con tal falta de coordinación. Bajo otras circunstancias estaba seguro que una burla sería lo único que sus cuerdas vocales producirían. Pero su relación con el blondo no era precisamente idílica, y el que Naruto siempre estuviese con el jodido entrecejo fruncido ya estaba comenzando a ser castrante.
— Lo dices como si eso fuese a ayudar —con una mueca indignada el de ojos claros viró su cuerpo, decidido a que ese niño no volvería a ocupar ni la mínima ranura de su atención. Después de todo era la responsabilidad de Kushina, no la suya. Ya tenía suficiente con sus propias desventuras sentimentales, como para que viniese un chiquillo jactancioso con toda la intención de igualmente querer usarlo como el juguetito patético, en que lastimosamente se había terminado convirtiendo.
— Sé que quizás no te interese, pero lo último que quiero es perjudicarte —el blondo comenzaba con su estrategia de cero interés, y a Sasuke eso lo fastidiaba, demasiado; especialmente porque sincerarse con ese rubio -o cualquiera en general- era una tarea increíblemente bochornosa, más si pasaban de ti como de las moscas en un día de campo. Pero si aquella cabecita de oro pensaba que se iba a librar tan fácilmente de él, estaba muy equivocado—. Lo que te dije hace un rato es verdad. Tú no estás nada mal, Naruto —aprovechando que el mayor seguía sin camisa o cualquier otra prenda que fungiese de barrara entre sus blancos falanges y la morena espalda, Sasuke se permitió el dibujar fríos círculos sobre la tibia dermis. Un pequeño escalofrió se produjo, pero ninguna otra respuesta—. De hecho, me gustas muchísimo asi como eres —y entonces quiso subir de nivel, lamentablemente Naruto igual. Los labios del moreno estaban dispuestos a saborear por segunda ocasión la piel de durazno, cuando el blondo decidió que era momento de callar finalmente a ese niño insolente, prospecto a galán barato.
— ¿Y eso me tiene que hacer sentir mejor? El serle atractivo a un mocoso de catorce años —la voz sonó tan grave e irónica que Sasuke no dudo en alejarse de inmediato. Naruto dejó su posición desgarbada para enderezarse a la altura del moreno—. No sé tú, Uchiha, pero que repentinamente el único chico con el que puedas ligar aún tome clases en el parvulario, le quita el factor sexy al momento —no pensó que la burla en su timbre lo haría sentir tal malestar, aquella mirada de desprecio. El rubio no era asi—. Quizás te parezca interesante el salir con alguien cinco años mayor, especialmente si dicho sujeto, es un fracasado de mierda con un historial amoroso más accidentado que las fallas geológicas de Japón —si ese crío pensaba que algunas cursilerías podían calar en alguien tan magullado como él, estaba verdaderamente perdido—. Pero para mí es patético que un niñato, con el absoluto potencial de superarme en básicamente todo, me encuentre repentinamente atractivo. Dime ¿Acaso es alguna especie de broma cruel? O te la tienes tan creída que apostaste con alguien que podías seducir a un universitario, porque déjame contarte que no es la primera vez que me pasa algo por el estilo, Sasuke —terminó de decir soltando una triste y resignada risa, tan seca que obviamente servía de sustituto para, tal vez, algún gruñido de impotencia.
Aquello le había dolido, y pese a que sus negros pozos por lo habitual se mantenían estoicos, estaba seguro que un atisbo de dolor logró salir a flote. Volteó la cabeza justo cuando la fiera mirada azulina quiso terminar de amedrentarlo. No le iba a demostrar a Naruto lo mucho que sus palabras le lograban afectar, todavía no. Lo mejor era dejar al blondo por un rato.
La silueta del muchachito comenzó a desplazarse lejos de la estancia, finalmente tanto parloteo había servido de algo. Estaba a punto de volver al sofá y dormir hasta que la semana terminase, y entonces aquel pálido mocoso de cabello obscuro quedara en el olvido.
— Eres tan imbécil —escuchó decir a Sasuke en el marco de la puerta—. Pero yo más, porque aún me gustas, dobe —Naruto abrió sus gemas al máximo, incrédulo del matiz espontáneo en la voz del menor. No era posible… antes de que el Uzumaki pudiese pronunciar cualquier otra cosa, el moreno desapareció en dirección a la habitación de huéspedes, quedándose de pie en medio de la sala.
¡¿Por qué siempre ese Uchiha tenía que tener la última palabra?!
— Asi que ya te puedes parar ¿Nee? —¡¿Qué diablos…?! El pequeño áureo estaba tan distraído que no notó a su madre, salir cual fantasma que ataca por la espalda ¡¿Por qué Kushina gustaba de asustarlo?!
— Mamá… ¿Hace cuánto que estás ahí? —¿Acaso había escuchado su "conversación" con Sasuke? Porque hablarle asi a un invitado, seguro ameritaría algún castigo.
— Lo suficiente para ver que ya te puedes mover con normalidad.
La expresión relajada de la pelirroja le indicaba que afortunadamente no estaba inconforme con él. Pero por el pesado silencio cernido de repente, y el hecho de que las suaves manos de la mujer no encontrasen mejor uso para sus dedos que andarlos enredando entre ellos, significaba que con todo no iba a salir bien librado.
— Naru.. eh… ¿Siempre puedo contar con mi hijo, no? —esa era una señal de peligro.
— ¿Qué pasa, mamá?
— Pues… no he terminado la planeación de los artículos de la revista y tengo que mandárselos a Mikoto hoy dentro de unas horas… —darle innecesarias explicaciones sólo alimentaba la sensación de que no le esperaba nada bueno—. Pero se supone que igual tengo que llevar a Sasuke-kun a su entrenamiento de kendo, él mismo me dijo que no es necesario que le acompañe, pero me da pendiente el que vaya solito —¡No de nuevo! —. Y como ya te sientes bien… ¿Me harías el favor de acompañarlo? —preguntó la bermeja mientras una risilla de circunstancias de escapaba de sus rosados labios.
¿Sería incorrecto inventarse, que se le hacía tarde para algún ficticio evento del cual fuese indispensable su participación?
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¿Por qué no le podía negar nada a su madre? ¡Sólo era la mujer que le había dado la vida! Y el amor, protección, comida, vestido y dinero para que sobreviviese y creciese como un ser humano más o menos íntegro. Ni que fuese la gran cosa.
Al menos nadie le podría echar jamás en cara que era un desagradecido. Porque de ser uno, no estaría ahora en aquel estúpido dojo observando como el Uchiha tomaba, al parecer, lecciones privadas, ya que no veía a ningún otro chico por los alrededores. No tenía idea que todavía existiesen jóvenes que gustasen de someterse a algún riguroso y arcaico arte marcial, en lugar de salir divertirse durante el verano.
— Al parecer tu invitado se aburre, Sasuke —ese usuratonkachi. Sabía que era mejor ir solo. Las burlas de Kakashi únicamente lo estaban distrayendo, y pese a que la práctica se estaba llevando a cabo sin bogu*, hacía mucho que no se sentía tan sofocado en un entrenamiento ¡Y nada tenía que ver con intentar impresionar a ese rubio con cara de hastío!
La afilada mirada del sensei no dejaba escapar nada. Aunque pareciese que aquel adulto de porte holgazán estaba más interesado en leer -algo que seguramente sería porno- en lugar de prestar atención a si ejecutaba correctamente sus movimientos de cadera, la verdad es que desde el primer momento en que el Uchiha menor se mostró en compañía de aquel jovencito de cabello dorado, supo que aquel día se iba a divertir de lo lindo retando la concentración de su amargado pupilo.
— Y dime ¿Tu niñero es de nuestro bando, Sasuke-chan? —¡Maldito degenerado! Estaba al tanto de que no se tenía que dejar llevar por las palabras del de cabello gris, pero la forma en la que escudriñaba a ese remedo de dobe ¡¿Por qué no mejor le sacaba una foto?! Con toda la intención del mundo el Uchiha se adelantó unos pasos, esperando que un buen golpe con el sable de madera le quitase aquel despreciable tonito libidinoso al Hatake—. Más cuidado mi pequeño colibrí, sabes que un golpe con eso de verdad duele —señaló el mayor esquivando con una agilidad tan pasmosa el ataque, que hacía ver al menor como un cinco añero jugando con un trozo de cartón. Entre la insolencia de su maestro y el hecho de que aquel rubio tarado no encontrase mejor actividad para entretenerse, que teclear como maniático aquel inmundo celular, no pudo evitar dar un paso en falso cuando intentaba retroceder a la posición de inicio—. Pensé que ya habías dominado el ashisabaki*, pero me equivoqué —¿Aquel miserable lo había notado? ¡Si ni siquiera tenía sus ojos puestos en él!—. Quiero que hagas cincuenta repeticiones, sin error por favor, de tu último movimiento. Y en silencio de preferencia —declaró finalmente Kakashi con una mueca burlona que no se molestó en ocultar, mientras se encaminaba a la esquina donde el áureo permanecía sentado.
Sasuke no pudo más que rechinar los dientes. Si aquel no fuese el mejor sensei de todo el jodido distrito, hace mucho que hubiese dejado de asistir con él y su odiosa actitud de soy-el-puto-amo-del-universo. Por el momento lo mejor era terminar rápido y bien, aquel ejercicio de porquería.
— Hola —el masculino timbre captó al momento su interés. Naruto dejó de prestarle atención a su móvil, y levantando la cabeza enfocó al hombre que intuía, debía ser el profesor del mocoso creído.
— Hola —hasta ahora caía en cuenta, que no había podido cruzar palabras con aquel sujeto. Tan pronto como arribó al dojo, Sasuke, haciendo gala de su "extensa educación", lo mandó a sentarse a algún rinconcillo mientras él iba a cambiarse. Veinte minutos más tarde el chiquillo ya había comenzado con el calentamiento y aquel tipo de cabello plateado apenas se dignaba a llegar, por lo que el interés del sensei fue atender de inmediato a su discípulo.
— Hatake Kakashi, un placer —dijo finalmente el mayor extendiéndole la mano, en parte para saludarlo y en parte para que se pudiese incorporar del tatami.
— Uzumaki Naruto, igualmente.
— Sasuke no es de los que traigan amigos con él —para empezar ¿Era de los que tenían amigos? Porque con su actitud realmente lo dudaba.
— Me imagino. En realidad no soy su amigo, soy más bien… su cuidador ¡Pero sólo por poco tiempo! —aclaró apresurado; no es como si quisiese que todos se enteraran de su nuevo pasatiempo de andar tras la sombra de un mocoso ricachón, tristemente de manera no remunerada.
— Ya veo —¡Que simpático chico! Tan expresivo; era agradable encontrarse con una mueca que expusiera más que antipática seriedad, cada vez que iba al dojo—. Dime, ya que estás aquí ¿No te gustaría entrenar un poco? Tengo equipo extra —sí, aquel ofrecimiento iba con más intenciones de las que a su pequeño colibrí le gustaría.
— Jamás lo he practicado —y estaba seguro que con el kendogi y hakama* puestos, no se iba a ver la mitad de bien que aquel sensei, el cual por cierto, cubría de manera bastante prominente los requisitos mínimos para resultarle atractivo. Ese sí era un hombre ¿Por qué mierda se había entretenido mirando su celular, cuando lo tenía enfrente?
— Nunca es tarde para comenzar —la "discreta" evaluación de la que fue presa, no pasó para nada desapercibida. Asi que el rubito era rápido ¡Genial! Le costaría aún menos hacer perder los estribos a su niño de cabello negro.
— En realidad, no está mal probar cosas nuevas —conste que gran parte de la conversación la estaba llevando el de cabello gris, no es como si él quisiese liarse con otro sujeto tan rápido. Pero si se daba la ocasión, sería descortés hacerle el feo ¿No?
— Siempre he opinado que…
— ¡Listo! —¡Vaya! El Uchiha era capaz de elevar la voz después de todo—. ¿Cuál es la siguiente prueba, Kakashi-sensei? —pronunció despectivo el moreno, para llamar la atención de aquel inmundo espantapájaros.
— Perfecto —expresó dichoso el mayor, olvidándose momentáneamente del pequeño de cabello de trigo, para ir donde su alumno estrella—. ¡Hoy sí que viniste con energía, Sasuke-chan! —siempre supo que era bueno para motivar a la juventud. Al llegar a donde se encontraba su pupilo intentó como en infinidad de ocasiones revolverle el cabello, pero al parecer el chiquillo estaba más iracundo de lo acostumbrado, porque su desplante fue pronunciadamente más agresivo.
— No le hables —articuló el de las obsidianas, una vez que aquel bastardo confianzudo estuvo lo suficientemente cerca, como para que el blondo no pudiese escuchar lo mínimo.
¡Ohh los niños! ¿Acaso no eran un encanto? La miradita de absoluto rencor que le enviaba el arisco gatito negro, únicamente aderezaba su adorable carita colmada de celos.
— No tienes que preocuparte, bien sabes que a mí me atraen más bronceados y con el cabello largo —dijo para destensar un tanto a su pequeñín. Si ya estaba asi ante su primer amor ¿Cómo se pondría cuando contrállese nupcias?—. Aunque si se diese la oportunidad…
Lo mejor hubiese sido ahorrarse lo último, y de paso el dolor en su pie.
— Ups, se me resbaló el bokken.
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— Sabes, no fue tan malo el tener que acompañarte. Creo que ya sé que deporte es el que tengo que practicar —el sol comenzaba a ponerse y la cálida tarde parecía perfecta. Bajo otras circunstancias el caminar acompañado por el kitsune hubiese sido grato pero… Aquella imbecil mueca que se le formó a Naruto en su morena tez, desde que platicó con el bastardo de Kakashi, simplemente era un martirio—. Además, uno puede conocer a mucha gente interesante —comentó risueño el rubiales.
No le gustaba pasar desapercibido, el ser infravalorado ¡Estaba cansado de ello!
— Es verdad, mamá me pidió pasar por algunas verduras para la cena —no se había percatado de que estaba completamente parco y silencioso desde que salieron de dojo ¿Tan poca cosa representaba para el Uzumaki? ¿Era tan insignificante todo lo que hacía, que cualquier extraño podía ser increíblemente más llamativo que él?
Estaban atravesando una avenida tan amplia como desolada; el rubio siguiendo con su perorata sin sentido, mientras Sasuke se desplazaba lento, como si le costase ordenarle a sus pies el moverse uno tras otro. Su mente estaba atestada de tantas cosas. La música de la alarma que indicaba el alto a los automóviles no llegaba a sus oídos, tampoco la voz del blondo, no mientras siguiera diciendo idioteces sobre el Hatake y…
Un movimiento fugaz, originado en su muñeca, fue lo que sintió antes de verse abrigado entre los brazos cálidos del zorrito ¿Pero qué…?
— ¡¿Por qué no te fijas?! —le gritó el de irises celeste, con el cuerpo aún convulsionando ligeramente debido al sobresalto. Sasuke enarcó una de sus finas cejas demostrando confusión. Las morenas facciones enrojecieron de enojo—. ¡Estabas tan en la lela, que por poco te arrolla un imbécil! ¿Qué no viste el cambio en el semáforo? —volteó confundido, sólo para verificar que efectivamente el color de la maquina era otro, asi como que la horrenda musiquilla que indica el paso estaba ausente—. Y yo que te creí más espabilado —pronunció en un suspiro Naruto, soltando al Uchiha en el proceso.
Al no sentir al adolecente avanzar a su lado, el áureo instintivamente volteó para ver en que tanto se andaba distrayendo ¿Y qué fue lo que encontró? A ese idiota con complejo de dios parado a la mitad de un cruce, y un auto, que si bien venía lo suficientemente lejos y ruidoso como para que un humano sin ningún impedimento físico lo esquivara, tal parecía que no tenía intenciones de detenerse a menos que una luz roja se lo exigiera. Luego no le costó más de medio segundo de reflexión a su cerebro, el sentir pavor ante lo que pudiese ocurrir si Sasuke no se avispaba de inmediato, ya que aquel adicto al claxon no daba señales de disminuir la velocidad, por lo que su cuerpo prefirió asegurarse de conservar la integridad física del menor, halándolo a su lado, a esperar que el Uchiha decidiese su auto preservación.
Estaba bien que pese a no simpatizarle totalmente aquel niño descarriado, ello no significara que le agradara la idea de verlo herido. Pero que su pulso se acelerada de tal forma y aún sintiese el cuerpo helado, era un tanto exagerado.
— Es mejor volver —y de paso olvidarse de su reacción sobresaltada de nena. Más cuando quiso avanzar un aguijonazo de dolor en su costado derecho lo obligó a llevarse una mano a la zona ¡Joder! Se había estirado tan rápido que volvió a lastimarse su maldita costilla. Otro punto negativo en la lista del Uchiha.
— ¿Estás bien? —preguntó apresurado el joven de mechas negras ¿Qué acaso aquel día estaba destinado a sólo causarle molestias al blondo, y de paso quedar como un imbécil? Porque la vergüenza que ahora sentía en presencia del áureo, era verdaderamente sofocante.
— Claro; andar medianamente lisiado no es novedad para mí —aquello no fue lo más inteligente que pudo haber dicho, y la expresión desconcertada de Sasuke se lo reafirmaba.
— Lo siento.
— No hay problema.
— Sería mejor el descansar por unos minutos.
Sasuke ayudó al chico de los zafiros al llegar a una banca, irónicamente posicionada en aquel parque que tantas veces había atravesado al volver a su propio hogar. Un lugar seguramente sin ninguna trascendencia para el rubito. Y mientras esperaban a que el dolor menguara un tanto y la paleta naranja iba pintando el cielo, aquella duda instaurada en su cabeza desde que había arribado a la casa Uzumaki, finalmente rompió la tranquilidad cernida, casi milagrosamente, entre ellos dos.
— ¿Por qué no te gusto? —soltó repentinamente el Uchiha, a un Naruto que no paraba de hacer exageradas muecas mientras se inspeccionaba su lastimado torso.
— ¿No habíamos tenido ya esta conversación? —rebatió el áureo recobrando repentinamente la seriedad. Aquel mocoso sí que era persistente.
— Dime una razón convincente, y te prometo que además de dejarte tranquilo por lo próximos días ya no volveré a molestarte jamás —pronunció Sasuke con absoluta convicción. Era momento de dejar las cosas en claro para aquel rubio atolondrado.
— Entonces…
— Pero si dices alguna estupidez, te juro que no me despegaré de ti por años, dobe.
Notas
*El bogu es la armadura tradicional utilizada en el kendo.
*Se denomina ashisabaki a las técnicas de movimiento de pies.
*El kendogi -una chaqueta de algodón gruesa- y hakama -pantalones estilo falda amplios-, son la ropa utilizada bajo el bogu. En los entrenamientos de kendo es común el no ponerse la armadura, especialmente si no se está combatiendo con alguien.
Jojojo ¿Alguien me extrañó? Sí, nadie, lo supuse…
Pues no me queda decir más que perdón -en parte- por el mayúsculo retraso de todas mis historias; pero este semestre ha sido verdaderamente difícil y decidí que la escuela merecía prioridad. Al menos salí muy bien ¡Pero ahora son vacaciones! Por lo que me comprometo -en parte XD- a escribir todo aquello que no he podido en los últimos meses.
Como siempre espero que hayan disfrutado del capítulo, ya saben que cualquier duda o reclamo por mis incoherencias siempre es bien recibido;
Hime. CHESHIREcat; camiSXN; TheRusso; Joahihita H. K; Tomoe91; Sayukira; xx-gatita; Ayame Chan; Natusky; luna; milk goku; Kana-chiiian; Armys; saskenaru xD; zarame-sama; choi mingyu; mill; SASUKI; Violet strawberry; Likeanotherone. k; Veruto kaname y Soy YO-SARIEL.
