Drástica decisión

Había arribado a casa contenta de todos los aclames recibidos por el nuevo número de la revista. Cada vez se iba posicionando mejor en el mercado, situándose inesperadamente como pauta para toda la competencia con más experiencia que la propia, gracias a su buen gusto y fresca visión, llevando esa pequeña empresa directo al éxito.

Toda la vida supo que únicamente necesitaba el apoyo adecuado para que su talento natural aflorara cual cerezo en primavera; y aunque al final su esposo había cedido con el capital, más como quien cumple un antojo, que con la convicción de alguien que cree en las palabras de quien supuestamente ama, lo importante era que ahora le podía demostrar que estaba equivocado por infravalorarla.

En cuanto se cambió los refinados y costosos tacones por un calzado mucho más cómodo, Mikoto se dirigió, con una docena de publicaciones en mano, a su estudio particular, dispuesta a que el próximo ejemplar fuese aún más magnifico que el último. Que lograse acelerar los corazones de las jóvenes, revolucionando sus ideas sobre lo que de moda se trataba.

Pero toda la inspiración que su psiquis podía otorgarle en aquel instante, murió al ver a su pequeño niño, sentado en el borde de la escalera que conducía al segundo piso. Con la mirada baja, rogando mudamente por un ínfimo de atención.

Como de costumbre, las necesidades emocionales eran ignoradas en aquella enorme y helada residencia.

— Sasuke ¿Qué sucede? —el pequeño casi brinca ante la cuestión de su progenitora, tan envuelto en sus pensamiento que no sintió cuando ya estaba sobre él.

— Madre, no te vi, lo siento. Buenas noches —se disculpó al momento, a lo que Mikoto torció sutilmente sus facciones, gesto que inmediatamente el chico malinterpreto—. Es mejor que me retire a mi habitación —dijo levantándose con una diplomacia tan impropia, que la madre no puedo evitar una flama de culpa quemando su columna vertebral. Un niño normal de doce años no debería tener ese tipo de comportamiento tan… retraído, tan distante, tan adecuo de la maldita estirpe a la que orgulloso pertenecía.

— ¿Qué pasa? —exigió saber elevando su timbre de voz. Sasuke dio un respingo antes de que sus negros ojos enfocaran los suyos durante unos segundos. Los suficientes para ver la duda impregnada en las facciones de su nene. Hablar de lo que lo aquejaba no estaba bien visto en el clan.

— Nada —pero la mujer se aclaró la garganta, dando a entender que esa respuesta no la satisfacía; lo mejor era contarle la verdad—. Sólo quería buscar un lugar tranquilo para pensar.

— ¿En qué, cielo?

— Que puedo hacer para no ser tan mediocre —aquella palabra. Dura, cruel e inesperada. Salida hasta el cansancio dela garganta rasposa e intolerable de Fugaku, el que aparentemente tenía por pasatiempo escupirle veneno a su vástago.

Era cierto, Sasuke sólo era un plan de emergencia ante los ojos de todo aquel podrido linaje. Su retoño había carecido de atención durante casi toda su infancia, en parte por orden directa de su marido, que consideraba una imbecilidad proporcionarle algo más intransigencia a un mocoso incapaz y necio, y en parte por su propio miedo ha convertir a su segundo retoño en una copia cruel del primero.

— Tú ya eres excelente —las cuencas obscuras la miraron resentidas, indicándole que no estaba para tolerar mentiras. Quiso abrazar a su pequeño, transmitirle físicamente la seguridad con la que había dicho aquella aparentemente sencilla frase, que no necesitaba probar nada. Pero sabía que aquello únicamente sería otro error. Nada perjudicaría más la ya frágil cordura de su niño como la compasión. Aquel deshonroso acto, intolerable para los genes de su familia.

Pero aún con todo podía intentar distraer la turbia mente de su hijo, sacarle aquellas afligidas cavilaciones al menos por un rato.

— ¿Por qué no ayudas a mamá a seleccionar fotografías?

Sasuke conocía las intenciones de su madre, ya no era ningún niñato ingenuo que podía recurrir a las bondades de su progenitora, cuando cualquier insignificante problema lo azolara por culpa de su propia incompetencia. Sin embargo, Mikoto no tuvo que repetir el ofrecimiento por segunda vez.

Su hijo era tan maravilloso; a los cinco minutos de explicarle la sencilla tarea, escoger entre montones de carpetas a las chicas que figuraran más adecuadas para desempeñar el papel de modelos en Amaterasu. Su pequeño con el punto de vista más objetivo posible, anotaba los pros y contras que encontraba en el perfil de cada candidata. Tomándose tan enserio su trabajo, que en realidad aquello le provocaba un aguijonazo de culpa en el corazón.

— ¿Exactamente qué buscas en las modelos? —preguntó prudente el chico, captando la atención de su madre, que olvidó por un santiamén la emoción que la aquejaba.

— Además de hermosas, que sean espontaneas y naturales, nada de chicas presuntuosas con poses teatrales y frívolas —aclaró la mujer—. Mira ahí hay varios números para que te des una mejor idea. En este momento nuestro mayor problema es encontrar a alguien que vaya acorde con el especial de Invierno.

Su retoño, siempre yendo al grano, fijándose en los lejanos objetivos sin permitirse disfrutar del recorrido.

Sasuke ojeó las revistas, desinteresado en las bellas jóvenes ahí mostradas; hasta que una chica, que ocupaba uno de los artículos centrales captó su atención. Una rubia no mayor de unos dieciséis que parecía demasiado cohibida como para modelar, pero que irónicamente aquella expresión nerviosa le confería cierto inocente encanto. Sin embargo lo que terminó hechizándolo por completo fueron sus ojos claros, cual cielo infinito, tan parecidos a los de él.

— ¿Por qué no la usas de nuevo a ella? —preguntó en voz alta para sorpresa de ambos. Sasuke casi al momento cayó en cuando de su fallo, pero Mikoto, curiosa, tomó con delicadeza lo que su hijo revisaba, para ver por ella misma quien era la afortunada que le había llamado la atención a su niño. No pudo evitar genuina y abrazadora sorpresa al descubrir de quien se trataba.

— ¡Oh pero si es Naru! —exclamó mientras una burbujeante risa afloraba de sus pintados labios—. No creo que él pueda volver a ser una opción.

Y sin intenciones de revelar el autentico genero de la primorosa niña, Mikoto dejó escapar una vital información, paralizando los movimientos de su hijo. Dándose sin saber, una vía de escape a la redención.

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El efervescente y helado líquido relajó su cuerpo tan pronto como penetró en la garganta ¡Que sensación más milagrosa! Cerró por un momento aquellos azulinos luceros, mientras pasaba por su brillante cabello una de sus morenas manos; aquello era justo lo que necesitaba, un nocivo placebo que borrara las dudas por aquella noche. Sintió la voz de su pelirrojo amigo llamarle, indicándole que más bebidas estaban listas para seguir con la fiesta. Naruto enfocó nuevamente el lugar; a Gaara torciéndole el brazo a Sai, toquetearlo en público estaba en contra de la política del bermejo, a Kiba riéndose ya en compañía de unas chicas bastante escotadas y con una actitud complacientemente reprobable, a Lee haciendo el ridículo en la pista de baile. Y Shikamaru, felizmente perdido con su iracunda rubia.

Todos sus amigos divirtiéndose entre la estridente música y la escasa iluminación, mientras la inhibición se iba perdiendo entre copa y copa.

Le dio otro sorbo a su whisky y al descender la mirada, notó como un atractivo moreno le dedicaba una seductora sonrisa ¿Por qué no? Había ido ahí para pasarle bien después de todo, y enredarse en los baños del antro durante cinco minutos era su visión de una mágica velada. Estaba a punto de comenzar con su rutina de flirteo cuando cayó en cuenta de la palidez del chico que no dejaba de mirarlo, asi como en el lacio y obscuro cabello que enmarcaba su rostro. La imagen de un mocoso presumido se le vino a la mente al instante, luego sintió que el romántico hechizo se había deshecho antes de siquiera poder iniciar. Estúpido Uchiha. Desvió sus gemas añiles, fingiendo apatía ante el encantador joven, para enseguida indicarle a Sai que fuese pidiendo otra tanda de shots.

Esa noche no necesitaba compañía, únicamente más alcohol.

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Sus largos y blanquecinos dedos se dedicaban a pasar descuidados por la suave irregularidad de las sabanas, mientras sus obscuros ojos se mantenían estáticos, mirando la ventana por la que se colaba la pálida luz de luna. Luego sus irises se desviaron a la mesa de noche, donde el fluorescente reloj ya marcaba las dos de la madrugada.

Ese rubio imbécil aún no había llegado.

No habían podido terminar siquiera su pequeña charla del parque; el blondo estaba acorralado comenzando a balbucear incoherencias, y él, presionándolo por una respuesta sensata, cuando un infantil timbre absorbió por completo la atención del zorrito. Naruto lo dejó con la palabra en la boca antes de contestar animadamente su celular, como si éste fuese su absurdo salvador, y mientras respondía con monosílabos una picara sonrisa se implantó entre las doradas mejillas. Antes de que se diese cuenta, el áureo lo había tironeado para pasar por las compras de inmediato y llegar a casa lo antes posible.

Al arribar a la residencia de su niñero, Naruto había perdido por completo el interés en la cuestión del más chico; limitándose a decirle que ya luego hablarían, que tenía otros compromisos y que en ese momento lo único importante era ver si su camisa azul estaba planchada. El Uzumaki podía ser un verdadero asno desconsiderado cuando se lo proponía. Ni siquiera tuvo la decencia de aguardar hasta la cena, limitándose a alimentarse con una horrible sopa instantánea, que tan rápido terminó de engullir ya tenía un pie fuera de casa.

Cuando la puerta de la residencia Uzumaki fue cerrada justo antes de un estruendoso, "¡Luego vuelvo, mamá!" las facciones generalmente serenas del chico de hebras obscuras, se mezclaron en un rictus de rabia con incredulidad ¡Ese hijo de…!

No te preocupes Sasuke-kun, él siempre es asi, le encanta ir con sus amigos —explicó Kushina-san desde la cocina, menguando la cólera con sus divertidos modos para colocar cubiertos, para enseguida indicarle a su adorable huésped de cabello ébano que la cena estaba servida.

Sasuke soltó un bufido, cerrando los parpados e intentando conciliar por enésima vez el sueño. Por la mañana Naruto ya habría llegado, y sería un verdadero gozo joderle la siesta al áureo. Le podía gustar a niveles insanos, pero un Uchiha no podía permitirse que tal grosería quedara impune. Y el escaquearse de forma tan infantil, para no responder a su pregunta era sin lugar a dudas un descaro.

Estaba punto de finalmente ceder ante el sopor, cuando su inusualmente agudo sentido del oído lo alertó, alguien había ingresado a la casa. Se desprendió rápidamente de las sabanas, incursionando fuera de su habitación, entre la obscuridad del pasillo, mientras los sonidos de una respiración irregular, suaves risas y un desplazar lento y pesado, se dejaban escuchar desde la planta baja.

— Naruto, por un demonio. Si no te puedes sostener por ti mismo, al menos no intentes tirarme —murmuró el de la coleta, mientras se balanceaba torpemente con el blondo en brazos. Al menos ya había logrado ingresar a la residencia del más bajo, únicamente era cuestión de botarlo en el sofá del recibidor y su tarea como solidario compañero de juerga estaría completada.

— Shika… ¿Ya te dije que te quiero mucho? —masculló el Uzumaki, siguiendo con su perorara de como amaba a todos los entes de este mundo maravilloso. Era odioso que Naruto fuese el tipo de ebrio que una vez se le sube el humor, comienza a brindar por la madre de cada ser que se le pasaba enfrente.

— Sí, retrasado, se lo has dicho a todos unas treinta veces esta noche —respondió recordando como su camioneta aún tenía dentro a un quinteto de borrachos, novia incluía, aguardando para ser entregados a sus respectivos domicilios.

Shikamaru chasqueó su lengua frustrado, indignándose súbitamente del eterno que rol que desempeñaba en sus salidas a viciarse. Sujetó al de ojos azules por la cintura, dispuesto a terminar con su primera parada de una buena vez, incluso si para ello era necesario cargarlo los tres metros que faltaban como si de una alcohólica princesa se tratase.

— ¿Quién eres tú? —pero las cosas nunca podía ser tan sencillas.

Por lo que la escasa iluminación le permitía apreciar, un chico que no pasaba de los quince años, con el seño completamente fruncido y los brazos cruzados a la altura del pecho, estaba interrogándolo, y al parecer lo más sensato era contestarle; los nudillos tronando no lo amedrentaban, pero su incomoda posición cargando a Naruto, seguramente sería un obstáculo al momento de esquivar la de fotografías familiares peligrosamente situadas a un lado del joven, y enmarcadas en solido y doloroso roble.

— No te preocupes niño, soy amigo de éste inútil —aclaró al tiempo en que Naruto soltaba otra inapropiada risota ¿Por qué ese tarado Uzumaki nunca lo prevenía de lo que podía encontrar en su morada?—. Y sí, estoy absolutamente sobrio por si lo ibas a preguntar, soy el conductor designado, que fastidio.

— Eso espero —genial, un enano le reñía por ser buen samaritano.

— Ahora si me permites, tengo que dejar a este bulto de vergüenza en el sillón —claro, el mocoso podía permanecer en posición de defensa, pero no se le veía la mínima intención por ayudarlo a cargar con esa morena masa etílica, típico. Finalmente llegó hasta el sofá, donde sin ningún cuidado dejó caer al zorrito, que gracias al señor ya se había quedado dormido entre toda la faena—. Es su cartera y sus llaves —pronunció mientras le entregaba las pertenencias de Naruto al morocho que ya se había situado junto a ellos; ni idea de quien era el chico, pero si estaba en la casa Uzumaki tenía que ser alguien de mediana confianza—. No tiene caso que la saquees, él mismo se ha encargado de irse hasta números rojos esta noche. Bueno creo que es todo, conozco la salida.

Y asi como llegó, con una expresión de fastidioso aburrimiento, Shikamaru desapareció silencioso, sabiendo que su noche lamentablemente no había finalizado. La próxima vez él también terminaría perdido y que cada quien pidiese un jodido taxi.

Sasuke no dejó su mueca de desagrado en todo el rato que el de cabeza de piña irrumpió en el hogar del blondo. Ya luego le preguntaría a Naruto por él, ahora era tiempo de comenzar con la diversión.

— Hey, idiota —dijo, golpeando suavemente las marcadas mejillas de su pseudo-niñero, intentando despertarlo.

— Mamá, yo te quiero musho… —pronunció el mayor, girando levemente sobre su cuerpo, acomodándose mejor para enseguida comenzar a roncar.

Ok, había terminado el trato suave. El de ojos carbón fue a la cocina, directamente al refrigerador, donde sus irises noche se desviaron a las verduras. Cinco minutos más tarde traía un vaso cuyo contenido apenas resaltaba. Dejó el recipiente en la mesa de centro, acomodó la cabeza del áureo en sus piernas, pese a que estaba perdido de borracho Naruto seguía luciendo adorable, lástima que eso no le impidiese continuar. Luego obstruyó la nariz del zorrito, abrió ligeramente su boca y dejó que el líquido se deslizara lentamente por los sonrosados labios de éste, hasta llegar implacable a su garganta.

A los diez segundos Naruto estaba tosiendo estrepitosamente; nada como el concentrado de limón para que alguien recuperase la conciencia de manera sutil.

— ¿Qué…? —preguntó desorientado el de cabello de trigo, sin entender nada de lo que pasaba a su alrededor, con la vista acuosa, el cabello revuelto y apenas enderezado.

— Es hora de charlar, amor —vaya que Naruto era una cosita sexy aun sin proponérselo en absoluto —. ¿Contestaras a todas mis dudas? —pronunció meloso, permitiéndose acariciar suavemente la tostada mejilla, dispuesto a comprobar si aquel dicho que los borrachos siempre dicen la verdad, era cierto.

— Sasuke… —sonrió levemente el mayor, al reconocer al más pequeño—. Eres un autentico bastardo —y volvió a desplomarse sobre la mullida superficie que ya lo guarecía—. Maldito crío presumido —comentó divertido antes de cerrar los ojos.

— ¿Es por eso que no te gusto? ¿Te parezco tan desagradable? —exigió saber el Uchiha, zarandeando al de cuencas añiles.

— Eres tan guapo y perfecto—y entonces todos los movimientos de Sasuke se detuvieron. Increíble que Naruto le hiciese un cumplido; quizás no lo aceptaba únicamente por cuestión de orgullo…—. Como un ídolo… cualquiera está jodido a tu lado.

— ¿Eso quiere decir que podrías llegar a quererme? —Un fulgor nació en las cuencas de obsidiana. De ser así entonces sólo sería cosa de cortejarlo apropiadamente, seguramente el incidente en su hogar había terminando ciscando al mayor, pero podía arreglar las cosas y…

— Eres del tipo de chicos… al que odio —tan rápido como su castillo de cartas había comenzado a tomar forma, terminó desbaratándose.

Después de todo, un borracho siempre dice la verdad.

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Sentía la boca seca y amarga, los ojos pesados y el cuerpo completamente agarrotado, casi como estar inmóvil. Aún sin despegar los parpados, comprobó con alivio que no había terminado durmiendo en el suelo, algo bueno. Lo malo del asunto es que estaba seguro que tan pronto se pusiese de pie, aquella pequeña punzada en su sien derecha, estallaría en una jaqueca monumental. La tarifa por perder de forma tan épica la realidad.

Bufó contrariado. Sólo quedaba ser hombre y afrontar las consecuencias.

Intentó enderezarse… pero nada. Mover sus brazos o estirar las piernas; estaba paralizado. Abrió rápidamente sus cuencas índigo, sin importarle que la luz de sol terminara lastimándolas, irritándole, percatándose de como su esbelta figura yacía atajada a base de sabanas. Tuvo miedo.

— ¿Sabías que tu madre duerme con tapones para los oídos? —¡Ese maldito timbre de burla!—. Eso explica como puedes irte de vago tan seguido, llegar con tu escandalo, y que aun así ella despierte descansada y dichosa.

— ¡Bastardo de porquería, suéltame! —¡¿Cómo se atrevía ese enclenque de mierda?! Ya se iba a enterar en cuanto lograse quedar libre. Naruto, ahora completamente despejado comenzó a retorcerse, cual camarón en la parrilla, luchando por salir de aquella horrenda envoltura en la que ese malcriado mocoso lo había atrapado, pero era inútil ¡Vaya que el niño era bueno haciendo nudos!

— Me temo que eso va a tardar, cariño —Sasuke, que ya llevaba más de una hora esperando a que las cuencas cielo se dignasen a abrirse, no pudo menos que sonreír de satisfacción. Estaba disfrutando ver sufrir al Uzumaki, más de lo que debería ser correcto.

Naruto escuchó la discreta carcajada del adefesio a su lado ¡Era suficiente! Estaba dispuesto a emplear el plan B.

— ¡Mamá! —sí, era vergonzoso, pero mejor opción a quedarse a merced del psicópata con peinado a la cacatúa.

— Tan predecible como de costumbre —¡Ja! Mira que gritar como nene por su madre era tan enternecedor—. ¿De verdad crees que te amordazaría si Kushina-san estuviese en casa? —en ese instante Naruto tragó saliva, seguro de que no quería escuchar lo siguiente—. Salió a coordinar de emergencia un artículo de la revista, me dijo que volvería quizás hoy por la noche. Quizás.

— Entonces… Tú y yo…

— Tendremos al menos unas diez horas ininterrumpidas de convivencia, dobe —agregar sonrisita siniestra y una macabra caricia en el cabello.

— ¡Auxilio!

Y Naruto siguió gritando y retorciéndose por al menos media hora, jurando a todos los santos y dioses habidos y por haber que no volvería a perder la conciencia de aquella manera, pero que por favor, por todo lo sagrado en este universo, que Sasuke sufriese de incineración humana espontanea antes de que quisiera joderlo en otro sentido aparte del moral.

— Sabes, tu estado etílico de ayer me brindó un panorama bastante interesante —pronunció enigmático Sasuke, logrando captar finalmente la atención del blondo. Naruto palideció.

— Oh kami… ¡Pervertido del demonio! ¡¿Me tomaste fotografías desnudo, no es así?!

— ¡Me refería a ideas, perfecto imbécil! —esa cabeza amarilla sí que lo tenía en un mal concepto, pero era tiempo de aclarar las cosas—. ¿Por qué odias a los chicos como yo?

— ¿Perdón?

— ¿Esa es la razón por la que te niegas a darme una oportunidad, no? —inquirió severo.

¿Exactamente que tanto había parloteado? Naruto estaba a punto de mandarlo nuevamente al carajo, pero la mirada de advertencia que le envió el más pequeño, fue suficiente para saber, que seguir con su pueril comportamiento no era precisamente lo más sensato. Inhaló hondo, reflexionando concienzudamente lo que diría a continuación.

— Bueno, no es como si nuestra relación se hubiese afianzado desde el principio en el respeto mutuo —le señaló hostil, rememorando los hechos de la mansión Uchiha, e ignorando por un momento su actual estado en obvia desventaja.

— Me declaro culpable —soltó sin mayor culpa—. Estabas durmiendo en mi casa, con tu pinta de niño inocente y no me pude resistir —¡Ese hijo de…! ¡Seguros que tenía catorce años! Porque era demasiado cínico para esa tierna edad—. Pero entonces… ¿Ya no tengo ninguna oportunidad contigo? —insistió el púber. El áureo se tomó al menos un minuto para contestar, enfrentando visualmente por algunos segundos los pozos noche. Debería ir a grano de una vez.

— Si fueras al menos un par de años mayor, y no te la pasaras intentando violar mi espacio personal —pronunció con cierta comicidad en la voz, pero con la mirada afligida—. Seguramente ya tendríamos una relación… una que no duraría —y aquello para el rubio, no tenía lugar a dudas.

— No puedes saber…

— ¡Claro que lo sé! —Sasuke se sorprendió por la interrupción, que lejos de todo contenía más triste seguridad, de la expresada hasta ahora por el blondo—. ¡Es verdad, detesto a los tipos como tú! Siempre con su pinta de entes superiores; atractivos, con más autoestima de la que debería considerarse necesaria, inteligentes, criados entre la admiración de terceros y la fortuna de papi… —dispuestos a comerse al mundo, pisotear a quien fuese preciso y utilizar o saciarse de quienes se les antojara—. Pero soy como todos los demás, y al final caigo en la misma adoración de mierda que ellos.

Lo más horrible de la situación, era la facilidad con la que en realidad resultaba hablar de ésta. Como si fuese el recitar una mala película vista en miles de ocasiones.

— Cuando un galán de cuarta te recita poesía barata y llena tus expectativas de clichés románticos, es difícil recordar como tantos antes que él han destrozado tu confianza —el como había permitido que ocurriese con una disposición grosera—. No recuerdo haber tenido una relación que no terminara en gritos, llanto, frustración, cólera y litros de helado —finalizó burlesco, restándole importancia a su penoso historial amoroso—. Siento decirte esto Sasuke, pero no le voy a dar a un púber tanto poder.

— ¡No soy como ellos! —rebatió ofendido el de hebras obscuras.

— Vamos Uchiha, ambos sabemos que yo soy únicamente tu capricho, no hay nada que demuestre lo contrario. Pero considerando tu edad, es posible que no te des cuenta de lo egoísta que eres tú mismo.

¡Capricho! ¡Por un jodido capricho un Uchiha no se desvive, no ruega y no añora! No se la pasa extrañando a un desconocido, ni cuestionando todo lo que se le ha inculcado a uno. Naruto no tenía ni idea, y era tan difícil hacer entender a esa cabeza dura y necia.

— Ahora si no te molesta ¿Me podría desatar de favor? Mira que el bondage es algo a lo que no me interesa entrarle —el blondo, que se había mantenido sereno durante toda la plática, ahora parecía contorsionarse de autentica incomodidad. Lo más probable es que necesitase usar el servicio, de otra manera no se lo hubiese pedido tan civilizadamente.

El moreno comenzó con la tarea de desamarrar a su niñero, y justo antes de terminar, decidió soltar la propuesta del todo o nada.

— Sé mi novio por unas semanas y te demostrare que te equivocas —el rubio no podía ver su mirada cargada de anhelo, únicamente sentía sus manos frías encargándose del nudo en las propias, y la respiración por momentos errática, que chocaba desesperada contra la cabellera de su nunca.

— Sasuke, sabes que…

— Te juro que soy diferente.

— ¿En que sentido?

— En que yo sí te quiero.

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El suave timbre de su móvil la distrajo de inmediato, no era normal que alguien le hablase a esa hora. Alcanzó el aparato y en cuanto vio el nombre tintineando en la pantalla la sorpresa la asaltó, entonces sus rojos labios compusieron una dulce sonrisa.

— Si, mi cielo.

— Perdón por molestarte madre, pero llegué hace algunos días y no he visto a Sasuke por la casa —sus niños, siempre procurándose el uno al otro, pese a que en los últimos años, casi no habían tenido contacto entre si.

— No te preocupes, está en un buen lugar, ya volverá la próxima semana —risas y luego un suspiro de niña enamorada. Algo no pintaba para nada bien, pero de igual forma no es como si le concerniera.

— Entendido, sólo quería corroborar que estuvieses enterada. Después nos…

— ¡Itachi!

— ¿Si?

En realidad ya no tenía nada más que agregar, pero… hace tanto que igualmente no escuchaba la voz de su hijo mayor.

— ¿Cómo han estado las cosas por allá?

— Bien, todo en orden —y luego nada ¿Qué clase de madre no sabía como mantener una conversión con uno de sus retoños? —. Te cuidas madre, nos vemos luego.

— Hasta pronto Itachi.

En cuanto comenzó el pitido que indicaba el fin de la llamada, un golpe de culpabilidad cayó directamente en su estomago, reflejándose en nocivo acido. No podía permitir que su otro pequeño terminase de la misma manera.

Dejó de lado los documentos que había estado revisando, era tiempo de despejar por un segundo su mente. Pasó sus delicados dedos entre el largo y sedoso cabello ébano, para que luego sus falanges terminaran masajeando suavemente las sienes.

Y el celular comenzó a sonar otra vez. Pero ahora se traba de alguien muy distinto.

— Mikoto-san, buenas noches —saludó enérgica la mujer al otro lado de la línea.

— Kushina, querida —aquel tono alegre con el que se expresaba la bermeja, siempre le pareció tan fuera de contexto, que por lo mismo disfrutaba enormemente la relación con su socia.

— Ya tengo lista la entrevista con la encantadora Haruno Sakura ¡Es una autentica monada esa chica! —rio la Uzumaki—. En momentos asi es cuando me gustaría tener una niña. Que con tantos hombres en la casa, luego siento que pierdo mi femineidad.

— Y que lo digas amiga.

— Por cierto ¿Dónde conociste a la pequeña? Porque hasta donde sé es su debut ¿No?

— Estudia en la misma escuela que Sasuke —asi era, la había visto una de las pocas veces que se permitió asistir a una de las juntas de padres y profesores—. Por cierto ¿Qué tal se ha comportado mi pequeño?

— Jojojo, es un jovencito tan encantador. Todo un caballerito de brillante armadura —pronunció con dulzura la pelirroja—. Aunque… ¿Estabas segura de dejarlo a mi cuidado? Ya sabes que luego yo soy la que necesita supervisión de un adulto responsable, y me da vergüenza fallar ante un chico tan educado —rio nuevamente la chispeante dama, la cual había sido colmada de alegrías.

Y ante las frases, en apariencia jocosas, Mikoto no pudo más que sentirse nuevamente responsable por la personalidad adusta de su hijo. Por la falta de amor y compromiso que le había cruelmente otorgado.

¡Entonces lo conoces! —afirmó ilusionado su niño, con un fulgor que jamás había presenciado, tintineando en sus perlas color noche—. Por favor madre, me lo podrías presentar.

— No te preocupes Kushina, él no podría estar en mejor lugar.


Notas

Excusas, excusas… puedo decir que no he pasado por el mejor momento en mi vida y blablablá, pero en realidad yo sé que lo que quieren es que continúe con el resto de mis fics.

Bueno, espero que les guste el capi, aunque creo que me pase de dramática. Como de costumbre agradezco aquel invaluable apoyo que me llegan a brindar:

Ru. Q; Susana Mode; Kanachan!; Tomoe91; camiSXN; Violet Strawberry; Aoi-Hikawa; veruto kaname; Soy YO-SARIEL; saskenaru; winny-wika3; Thalismandra; hime. CHESHIREcat; Jiyu-K. U. I; Veintiocho; Veintiocho; Gabriela Ines; jennita; Luna; Oonigiri; Kokoro Yana; shameblack y Ang97.

Espero leernos lo antes posible.