Ajetreadas perspectivas
Cuando lo vieron aquella tarde paseando por su facultad, ambos pensaron que aquel moreno era un verdadero sueño; uno envuelto en ropa entallada que dejaba apreciar perfectamente su atlético y fibroso cuerpo y cuya palidez únicamente acentuaba sus ojos profundos y su cabello sedoso.
Su rubio amigo manifestó de inmediato, impulsivo como ningún otro, su fascinación por Sai, y siendo por excelencia ese ser extrovertido, simpático y coquetón que era, no le costó más que unas cuantas zancadas llegar hasta el morocho para iniciar una charla amena, mientras él permanecía alejado, resguardando su blanquecina dermis de los potentes rayos de finales de verano, aguardando por su blondo compañero y suspirando de añoranza.
Naruto siempre parecía estar un paso adelante; congeniando y rodeándose de amigos leales, afectuosos y divertidos, logrando conquistar a cualquier chico con sólo una picara mirada teñida de celeste y disfrutando al máximo de todos los placeres a los que un chico de dieciocho puede aspirar.
Gaara a momentos no vislumbraba como podía ser una persona tan cercana al áureo, puesto que llegaba a parecer que el único punto que tenían en común era su preferencia sexual y su obvio gusto por los galanes de porte caballeresco, aunque esto último fuese un dato que únicamente el blondo podía presumir de conocer. Y pese a que de verdad lo estimaba con todo su corazón, había ocasiones en que una ponzoñosa envidia corrompía su psiquis, atormentándolo, deseando con todas sus fuerzas emular aquella personalidad dicharachera y cálida del de ojos añiles, o al menos que el Uzumaki no fuera tan tremendamente encantador, así quizás podría aspirar a que la gente los mirara a la par, en lugar de quedar como el aletargado amigo del adorable chico rubio.
— ¡Gaara! —escuchó el alegre llamado, percatándose de como el zorrito, quien era acompañado por el chico de cabellera ébano, se acercaba con una brillante sonrisa a su posición. Naruto lo había logrado nuevamente—. Él es Amane Sai, es unos años mayor que nosotros y está estudiando economía y administración, aunque su verdadera pasión son las artes y por eso ve la posibilidad de tomar una segunda carrera aquí —declaró, presentándolos en el proceso, mientras un tierno sonrojo cubría las mejillas marcadas del güerillo, al momento en que el más pálido hacía una elegante reverencia.
Era tan fastidioso; él se había percatado desde el alba de la presencia del Amane, pensando en que éste era lo suficientemente atractivo como para no intentar ni el mínimo acercamiento y resulta que el blondo, a menos de cinco minutos de haberse agasajado visualmente con él, ya poseía una buena cantidad de información.
— Sabaku no Gaara, un placer —dijo emulando el acto de cortesía.
Era de esperarse que luego del saludo, toda la atención volviese a recaer en el Uzumaki, mientras le daba un pequeño tour por el recinto educativo a su reciente objeto de interés, lo que no estaba en planes era que durante el paseo el áureo se encontrase con un profesor que lo solicitó por unos trascendentales segundos.
— Es una linda facultad, se ha convertido en mi opción definitiva —el bermejo se sorprendió del intento del más alto por iniciar cualquier plática, aún si ésta no contaba con la presencia de cierto rubito enérgico, logrando que la noticia disparara su presión. Que imbécil al emocionarse por algo tan absurdo.
— Los profesores son realmente buenos —dijo, pretendiendo que el mutismo no se colara he hiciera incomodo el ambiente, lastimosamente su nivel de socialización seguía equiparándose al de una roca, por lo que soltar la lengua y pensar en más ingeniosas frases parecía una tarea monumental.
Para su fortuna o desgracia, antes de tener que emitir algún otro sonido coherente, el politono de un móvil capturó por completo el cuidado del joven de mechones obscuros; sacó rápidamente el aparatejo y con una gracia magistral comenzó a escribir sobre la pantalla táctil, transmutando en el proceso aquella mueca relajada a un semblante inesperadamente serio. En realidad no es como si aquellos sutiles cambios en su tez fuesen verdaderamente marcados ¡Pero por favor! Él era el rey absoluto de la falta de versatilidad en el rostro.
— Perdón, me tengo que retirar antes de lo previsto —y con aquella corta oración sus esperanzas de siquiera estar en compañía de alguien atractivo volvían a expirar. Sí seguía así de patético segurito que moriría virgen—. Lamentó no poder esperar a Naruto-kun.
— No te preocupes, yo le explico — le urgía inscribirse a un cursillo, de preferencia impartido por el Uzumaki, de cómo socializar y no quedar como un retrasado en el proceso.
— Fue un gusto conocerlos, espero poder verlos seguido —el Sabaku casi podía asegurar que hasta ahí había llegado su interacción, cuando ocurrió un evento que hasta el presente se le antoja como el inicio de una verdadera serie de milagros—. Este es mi número y mi correo personal —dijo el morocho extendiéndole un papelito, con una sonrisa que si francamente se observaba falsa a leguas, al de ojos esmeralda no le pudo saber más genuina.
Recuerda que cuando su aterciopelada piel rozó la del contrario haciéndose con la información, un aguijonazo eléctrico pasó plenamente por todo su columna ¡Gracias al señor que no se le habían encendido los pómulos! Porque habría quedado como patética quinceañera prendada del galán de cuarta.
Al final logró conservar su careta indiferente mientras aquel sujeto se difuminaba dirección al pórtico.
— Uff siento la demora, pero Iruka-sensei por fin me consiguió aquel libro de fotogra… ¿Y Sai? —Naruto quien había retornado con prontitud, no pudo más que manifestar sorpresa al ver el paisaje únicamente adornado con su compañero rojillo, arqueando simpáticamente sus cejas doradas y virando la cabeza a cada ángulo, buscando cierta presencia de bruna mirada.
— Se tuvo que ir —informó parco el de cuencas verdosas, recomponiendo su tono de general desinterés —. Pero al parecer volverá.
— ¡Maldición! ¿Por qué justo cuando conozco a un tipo lindo me tienen que interrumpir?
— Ya vendrá otro. A ti te llueven.
— ¡Claro que no! —chilló con una picara mueca, retomando la cotidianidad de sus clases al lado de su mejor amigo; sin saber que en pocas semanas se reencontrarían con el Amane, quien finalmente decidió tomar su segunda licenciatura al lado de ellos, sin tener la mínima idea de que el bermejo podía contactarlo y que de hecho se atrevió a hacerlo. Porque cuando el zorrito apareció nuevamente, el Sabaku en un acto de absoluto egoísmo sólo arrugó aquel papelillo contra su suave palma, ocultándolo. Después de todo ¿Qué probabilidades tenía de que le resultara algo con el moreno y al blondo no?
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La verdad sea dicha, Gaara se sentía culpable.
Cada vez que apreciaba las copiosas lágrimas de ira y frustración empañando aquella vibrante mirada océano, cuando cierto bobalicón ingería medio bar para olvidarse de sus males de amores o simplemente cuando la tez de trigo, parecía desprovista de aquella radiante sonrisa, que debía ser una mueca perenne en sus facciones de niño cándido.
Naruto, que tenía un corazón colmado de bondad e ilusiones y quien procuraba la eterna dicha de sus allegados, poseía una fortuna colosalmente errada al momento de hacerse de una pareja. Parecía que el rubio se cargaba una manía aberrante por rodearse de pura escoria con bonita cara, y de las contadísimas personas, por no decir la única, que al blondo le había atraído y que resultó no ser un completo asno, él se lo terminó arrebatando.
Porque aquello no fue otra cosa que un robo total y atrevido ante la apreciación del taheño.
Por eso nunca se le ocurrió siquiera el reprocharle, haberlo transformado en su paño de lágrimas oficial, jamás interfirió en flirteo alguno por parte del áureo y sólo al terminar la faena emocional, le dirigía alguna sarcástica crítica para enseguida invitarte aquellos asquerosos fideos que tanto adoraba y con los que consolaría su lacerada alma.
Definitivamente el rojillo no tenía la calidad moral para juzgarle absolutamente nada respecto al plano amoroso, o la terrible manera en la que lo desarrollaba; por lo que en aquel instante se sorprendió a sí mismo al dirigirse con tanta vehemencia y apuro, con la única intención de interferir en su vida.
Mientras nuestro zorrito, ajeno a la presencia carmín que estaba a punto de interceptarlo, se limitaba a mirar con el entrecejo fruncido a cierto niñato arrabalero, a quien parecía faltarle el concepto de discreción.
— ¿Qué te dije de los besos públicos, mocoso descarriado? —recriminó con un enojo que francamente no se podía tomar a seriedad, puesto que el granate menguaba la advertencia hasta transformarla en burla. Sasuke se limitó a componer una mueca de insufrible superioridad mientras se llevaba algo de la golosina a la boca.
— Nadie se percató, dobe —dijo, y aquel crío sacó su rojiza lengua pasándola provocativamente por el dulce algodón, haciendo suaves circulo sobre la delicada superficie la cual adquiría un color más intenso al humedecerse ¡Bastardo sensual! Mira que de seguir asi, no se la pensaría dos veces antes de empotrarlo con el inocente árbol más cercano, aún si aquello corrompía la vegetación y le ameritaba un par de años en el reformatorio ¡Que el enano se hiciese responsable y pagase la fianza!—. Además es lo que los novios hacen.
— No cuando a uno de ellos lo pueden meter a una celda, por andarse poniendo cariñoso —debía imponerse cual adulto responsable y controlar su lado hormonal y necesitado.
— Vamos, no pasa nada —le convenció, tomando aquella palma de color trigo que tanta fascinación le transmitía, relajando a su expresivo angelito dorado. De verdad que ese crío era imposible.
— Creo que tienes… —y luego recordó, a la par que un golpe fortísimo e intempestivo le volteaba la cara, como cuando él creía que las cosas iban bien, éstas se desplomaban para luego quemarse.
— ¡¿Qué carajos?! —gritó el rubito, con el rostro aún ladeado y cubriéndose la dañada dermis de su mejilla con sus morenos dedos. Encaró al tremendo hijo de puta que se atrevió a propinarle tal porrazo, segurito de que ahí la bronca estaba más que armada, pero tan pronto como su enardecida mirada afrontó unos ojos jade que brillaban de ira, los ánimos de lucha se transformaron en unas ganas locas de salir corriendo.
— ¡¿Qué mierda tienes por cerebro?! —sí, estaba más que jodido. Porque si a Gaara le tintineaba la psicopatía en la tez y su reacción había sido física, en lugar de dirigirle alguna alegórica frase que pisoteara su autoestima, es que cometió una imbecilidad categórica ¿Acaso las cosas podían ponerse peor? ¡Por supuesto! Especialmente después de que otro alarido de dolor impregnase el ambiente.
Ver a su mejor amigo inmovilizado por su simpático novio, quien si mal no recordaba sabía defensa personal avanzada y estaba en pro de ocupar la violencia, era avivar la llama que amenazaba con chamuscarlo todo—. No te atrevas a tocarlo —¿Era su imaginación, o aquel metafórico fuego parecía haberse instalado en los ojitos del Uchiha?
Y para atizar aún más aquellas demenciales brazas, segurito que a Sai, a quien la incredulidad se le garabateó en sus pálidos rasgos, no le complacía observar como un niñato torcía el delgado brazo de su tierna avecilla carmín.
— ¡Sasuke! ¡Suéltalo de inmediato o el paseo termina aquí! —y no lo decía únicamente porque su intención fuese abandonar al chiquillo y meterse a un bunker antes de que el cataclismo se desatara, sino porque estaba seguro que ni ese niñato resistiría un roca impactándose en el cráneo, la cual parecía la opción más viable de un Amane sobreprotector—. ¡Ahora!
De verdad que aborrecía a aquel brabucón pelirrojo, mira que arruinarle el momento con Naruto, el chico por el que mandó su monumental orgullo al olvido… sería tan fácil causarle un poco más de dolor, tan sencillo como que su zorrito le dejase de hablar. Acató al instante la orden, no sin antes dirigirle una venenosa mirada a aquel perdedor de cabello sangre—. Agradece que el dobe prefiera evitar conflictos.
— Créeme mocoso, conozco a ese pedazo de imbécil.
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— ¡Esto es por mucho lo más idiota que has hecho! —sí, aquel punto estaba claro, porque alguien racional no aceptaría los amoríos que ofrecía un renacuajo de secundaria.
— Gaara, sé que la situación se ve mal pero… Sasuke en realidad sí me atrae y… ¡No me voy a propasar con él por si piensas eso!
— Naruto, escúchate, aceptaste salir con un mocoso sólo porque está igual de desesperado que tú.
— ¡No estamos desesperados! —la verdad ya iba dudando de aquello.
Sus falanges fueron a la amorata zona en su rostro. El Sabaku habitualmente no eran tan impulsivo, no le iba a perdonar tan fácilmente el golpe pero justificaba su acción; analizando la situación desde un punto de vista externo, aquello resultaba simplemente reprobable en todos los sentidos posibles. Un niñato que ganaba con su inestabilidad romántica y él que se satisfacía con la ilusiones de un mocoso ¡Pero que dúo resultaron ser!
— Tus amigos son interesantes —la voz ligeramente grave lo sacó del enturbiamiento; Naruto dirigió sus confundidos pozos añiles a la bruna estampa, que iba caminando holgadamente a su lado. Sasuke no había emitido comentario desde que salieron del parque, casi una hora después de que cierto taheño lo atacara, arruinando su primer momentito azucarado.
— Y que lo digas —contestó cansino, pasando su suave palma de trigo por aquel alborotado cabello dorado; aborrecía que lo sermonearan y el bermejo, en un inusual despliegue de labia, le había recordado lo inestables, depresivas y patológicas que podían resultar sus elecciones románticas—. Creo que debí decirle a Gaara sobre nosotros antes de darte el sí… no lo malentiendas, únicamente trata de protegerme, digamos que no es la primera ocasión que acepto una relación que parece el preámbulo para la casa de la risa —aclaró al adolecente que se mantenía en un cargante silencio—. Supongo que este es el tipo de encontronazos al que nos debemos de acostumbrar —y por más que quisiera sonar irónico, la seriedad lo traicionó—. ¿Todavía quieres seguir? —porque lo único seguro era que de continuar, la piedras del camino comenzarían a transformarse en estrepitosas avalanchas.
— Llevamos menos de veinticuatro horas —y menos de una semana de convivir, pero eso no evito que se morreara con el niño. Vaya que era un asco de adulto—. Sabes… —dijo el Uchiha, alentando su marcha y encarando al blondo, oxigenándose algunos exasperantes segundos antes de proseguir—. No creo que mi familia apruebe esto.
Naruto entonces quiso estampar su cabeza contra el muro más cercano. La familia ¡¿Cómo coño se le había pasado discutir semejante punto?! Una cosa es que despertara pasiones en el azabache y otra muy diferente que a sus padres les trajera al fresco dicho comportamiento.
— Sí, seguro que tu madre jamás imaginó este tipo de cuidado —no conocía del todo a Mikoto, pero por los comentarios de su propia progenitora, aquella mujer de perpetua mueca acaramelada no se la pensaba dos veces al momento de cortar cabezas, esperaba que en sentido metafórico.
Sasuke suspiró, si el áureo supiera que su mamá era la punta del iceberg—. Naruto yo… —¿Cómo explicarle la reprobable y enfermiza que su conducta era, ante el juicio de su clan? Sí se iba a sincerar parcialmente con el Uzumaki era momento—. Mi padre… en mi familia esto es un tema tabu.
— ¿Te refieres a salir conmigo o a…?
— Exacto dobe, no tienen idea de que me gusta un chico —Sasuke apartó la mirada, avergonzado—. Siempre me han dicho que tener este tipo de gustos… —era algo tan penoso, tan prohibido—. No soy más que un asqueroso desviado —terminó de enunciar, mientras el gélido y húmedo viento, ese que anunciaba un tifón de verano, golpeaba su piel lechosa—. ¡Auch! —para en seguida sentir un coscorrón en pleno cráneo ¡Ese usurantonkachi!
— Mira enano —interrumpió Naruto antes de que el extenso vocabulario del Uchiha fluyese—. Sí te quieres arrepentir ahora, adelante, pero jamás ¡Nunca! Se te ocurra pensar que el que te guste alguien de tu mismo género es enfermizo, porque lo único erróneo es reprimirse —declaró furibundo ¡No había pasado por tantas penas emocionales y quebraderos mentales, para que ahora el niñato lo sorprendiese con tal arrebato de cobardía! ¡Claro que no! Él lo había acosado, fastidiado y seducido y se iba a hacer responsable—. ¿Por qué no lo dijiste antes?
— La verdad quería olvidarme de ello por algunos días —perderse con la enérgica personalidad de su rubio e intentar creer que el mundo no estaba tan podrido—. Tu amiguito, el psicópata de cabello rojo, me recordó la fragilidad de todo —y no estaba seguro si agradecer su intervención o acentuar sus ojeras con algunos puñetazos.
De verdad que tenía una capacidad intrínseca que le instaba a meterse en tremendos líos. Naruto reanudó el paso, le urgía llegar a casa y contener sus problemas con comida—. Quizás… deberías intentar salir con alguien más cercano a tu edad —sugirió el rubio; aún no se había encariñado con Sasuke ¿Cierto? Por lo que era mejor dejarlo ir antes de que dejara algún doloroso hueco en su pecho.
— Nunca resultaría —rebatió de inmediato y el rubio no supo descifrar el sentimiento que contenía su timbre—. La verdad es que no soy gay —¡Jajaja! Hay que crío más cómico.
— ¿No, entonces sólo tienes una fijación por los rubios?
— Es verdad —entonces le dio alcance al cierto bobalicón cuyo paso comenzaba a acelerarse—. No me atraen los hombres, sólo tú.
— Sasuke, tus halagos son tiernos, pero sabes que es imposible que no te atraigan otros chicos.
— ¿Por qué?
— Porque te gusté desde que me viste —y hasta donde entendía, aún no poseía la capacidad para volver homo a terceros ¡Bueno fuera!—. Y si no te atraen los hombres ¿Cómo te pude cautivar? —vaya que era algo lento su zorrito, pero ya que se estaba sincerando.
— Eso es fácil yo…
— ¡Oh, veo que ya llegaron! —tantos los zafiros como las obsidianas se desviaron ante el llamado, descubriendo que la morada Uzumaki estaba frente a ellos y saludándolos efusivamente yacía cierta bermeja en el portón.
— ¡Mamá, hola!
— Kushina-san, buenas noches.
— Vamos entren, Mina ha preparado una cena gloriosa —incitó con su delicada mano, estaba punto de telefonear a su pequeño cuando observó las siluetas de ambos por la ventana—. Por cierto Sasuke-kun —llamó la atención del más joven una vez dentro de su cálida morada—. Sería bueno que fueras preparando tu equipaje, Mikoto ha regresado y al parecer vendrán a recogerte en un par de horas.
— Gracias por el anuncio, Kushina-san —no, aún no se sentía compenetrado con el moreno en algún nivel importante, pero interpretó de inmediato la resignación en su tono, por muy neutral que quisiera mantenerlo.
— Mamá —y ya que eran una parejita secreta—. Yo puedo llevarlo a su casa —entonces la sorpresa se cinceló en los rasgos de la Uzumaki
— ¡Oh mi dios! —exclamó ¿Qué acaso fue obvio, su madre sospechaba algo?— Que gusto que se hayan vuelto amigos, por un momento creí que se caían mal.
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Soltó un ligero bostezo, del cual sólo fue testigo aquella amplia estancia que se encontraba desolada. Finalmente se hallaba en la comodidad de su hogar, sin embargo aún no puede relajarse, hay cantidad de papeles esparcidos frentes a sus ojos de grafito. Atenderlos comienza a ser complicado, no sólo por el cansancio de su organismo, sino por la ansiedad de su mente.
Mira el suntuoso reloj de pie que se encuentra a unos metros de su persona. Es temprano, apenas las ocho de la noche y ya reclama desesperadamente una siesta. Pero no, aún no ha llegado su pequeño. Hubiese sido más fácil mandar un chofer a la casa Uzumaki.
Sasuke ya debe estar en camino en compañía de Naruto.
— Sasu, Kimi-chan en realidad… ella no es precisamente una dulce niña —de verdad que intentó desmoronar el interés que su hijo presentaba por aquella joven que no era más que una ilusión. Porque sabía que de persistir, los conflictos serían inminentes.
— Por favor mamá, que esto sea un secreto entre nosotros —pero no pudo; le cumplió su capricho consiente de los males que lo podrían envolver. Nunca supo cómo desarrollo aquella extraña obsesión, la que pareció enturbiar por completo su mente, pero querer arreglar algo de lo que no fue testigo, le pareció infinitamente más complejo que sobreponerse a la infravaloración de su esposo.
Mikoto se siente más cansada que nunca; sabe que es incorrecto, pero quiere creer con toda su alma que Sasuke únicamente está atravesando una etapa. Sólo curiosidad, que se ha despertado por la soledad que ha atravesado, por la carencia de sus padres y la abundante rivalidad de su familia. Es un chico con ganas de experimentar, de salir de los parámetros, además, conoce al Uzumaki, ha trabajado con él y sabe que es un joven responsable, sensato y comprensivo. Tampoco le son indiferentes sus gustos, pero el concebir que aceptara cualquier locura que le ofrezca su retoño simplemente es impensable.
Su niño retornará con sus quimeras destruidas pero sus percepciones más claras, aquello le hará madurar, volver a lo que estirpe proclama correcto. Y nadie nunca se enterará de algo que pueda comprometer el futuro de su angelito.
— Madre, buenas noches —aquel suave llamado le hizo dar un inusual saltó; había olvidado lo silencioso que puede ser su otro amor, el que ahora la mira con un ligero destello de alegría desde el arco que delimita su sala.
— Itachi —saluda, levantándose inmediatamente yendo al lado del apuesto joven, el que recibe con un corto beso en la mejilla—. ¿Cómo has estado?
— Estoy bien, pensé que regresarías hasta mañana.
— Como te das cuenta, se encargarme de mis negocios —ríe, hace tanto que no ve al mayor de sus niños y por lo mismo se avergüenza enormemente cuando un inapropiado bostezo logra escapar de sus labios de durazno.
— Se te nota cansada —indica su muchacho, dejando apreciar una ligera preocupación en su timbre, de inmediato dirige sus profundas cuencas al lugar donde aún se encuentra un revoltijo de cargantes documentos—. Deberías dejar los detalles para después.
— No te preocupes, de todas formas también aguardo por tu hermanito —no acostumbra dar más de una opinión, pero bajo los arreglados ojos de su progenitora se comienzan a marcar unas desagradables ojeras.
— Ve a dormir mamá, yo espero a Sasuke.
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— Llegamos —anunció al rubio apagando el motor y virando ligeramente su vista a aquella mansión impresionante ¿Qué clase de familia de cuatro tenía una casona con cincuenta habitaciones? Estaba a punto de preguntarle el menor si acaso poseía piscina cuando notó cierta entristecida serenidad en sus ojos. El niño no quería regresar a casa—. Vamos, te ayudo a bajar tu equipaje —dijo pasando un suave caricia por aquellos mechoncitos obscuros.
— Seguro —se bajó del auto, el que estaba aparcado a una distancia considerable del pórtico, notando que pese a que aquel lugar se cubría de luces y matices hermosos, la atmosfera seguía tan gélida y siniestra como de costumbre.
Sasuke observó a Naruto lidiar con la puerta del maletero, haciendo muecas y maldiciéndola; era tan divertido estar con el rubio. Más allá de lo mucho que lo cautivaba su cuerpo, aquella chispa de vitalidad era lo que más le atraía, lo que le instó a realizar tantas locuras que iban completamente contra su carácter. Si el Uzumaki supiera lo frío y distante que se podía mostrar con extraños, al que en la vida se le hubiese ocurrido flirtear con un universitario, entonces lo recordó, exactamente ¿Qué seguía? ¿Cómo iba a tornarse su "relación" a partir de aquel punto?
— Sasuke… —lo atrajo la voz trémula del mayor, el que parecía haber resuelto sus diferencias con el auto—. Quizás… tú sabes, aún queda tiempo antes de retornar a clases y… podríamos, no sé, salir por ahí —generalmente no le era tan difícil planificar una cita, las palabras le brotaban con mayor fruidas y no lo dejaban como un cohibida cría, pero ya notaba que con el Uchiha todo requería un esfuerzo extra.
Una sonrisa prepotente se formó en los pálidos labios del morocho. El áureo, siempre sorprendiéndolo—. No sabes cómo me pone tu tonito de colegiala insegura —y a él como le fascinaba desquiciarlo, provocarle aquel cautivante sonrojo. Su rubito arrugó el entrecejo y aminoró la distancia entre sus caras a menos de un palmo.
— Engendro, uno que te quiere decir las cosas bonito, pero se me olvida que tú sólo entiendes con malos tratos.
— Vamos Naruto, no andes de nen… —y lo besó; impredecible y brusco, cálido y reconfortante. Casi se le había olvidado lo placentero que los labios del trigueño eran. Las gemas obscuras se limitaron a cerrarse, dejando que su cerebro procesara cada segundo de aquella húmeda unión, los delgados brazos de porcelana se colgaron del cuello moreno, buscando un soporte, que seguramente en instantes sus piernas dejarían de procesarle. Porque aquel pecaminoso angelito de oro nuevamente le demostraba lo que era paladear el placer.
— Ahora… ¿Quién es la nena, mocoso? —dijo el rubio con una mordaz sonrisilla, una vez que se separó de la misma forma arrebatada en la que había iniciado el beso, dejando a cierto niñato con una adorable mueca de sorpresa, especialmente cuando sus labios buscaron involuntariamente prolongar aquel rose.
— Te encanta joder infantes ¿No?
— Sólo a los que son tan bastardos como tú —ahora fue el turno de Sasuke, a quien no se le complicó jalar la vestimenta del áureo e iniciar otro húmedo encuentro. El zorrito pasó sus inquietas palmas por el torso del menor, dejando descansar la diestra sobre su pecho mientras la surda comenzaba a perderse bajo los pliegues de su costosa vestimenta.
Ambos volvieron a olvidarse por completo, que sí antes se había expuesto con sus mimos, ahora simplemente estaban siendo imprudentes y descarados en su máxima expresión.
— ¡Sasuke! —un gritó, que sino fue exagerado bastó para congelar su corazón; giró su cuello tan veloz que sintió un doloroso crujido expandirse por su columna, y aun así, antes de poder enfocar a plenitud a quien le llamó desesperado, Naruto fue apartado violentamente de su persona.
Sintió miedo cuando el padre del rubio irrumpió en la casa, amenazándolos con ser testigo de sus indecorosas carisias; pánico al observar aquel golpe que el pelirrojo le proporcionó al áureo luego de descubrir su relación, pero ahora, simplemente estaba aterrado. Tercer strike y ambos podían contar sus horas.
Un agarre, tan preciso y letal como el corte de un cirujano, se cernió en torno a su delgado cuello moreno, no supo exactamente que estaba ocurriendo, todo pasó a una velocidad indescifrable y ahora únicamente apreciaba el dolor en su tráquea y la intempestiva falta de oxígeno.
— ¡Nii-san, no! —escuchó el ruego y aquello disipó su aletargamiento; comenzando a arañar aquellas grandes manos que lo apresaban desde la espalda, retorciéndose e intentando asestar alguna efectiva patada—. ¡No es lo que piensas! ¡Es mi novio, maldita sea! —y la tormenta se calmó. La presión menguó, se sintió ligero y sus traiciones rodillas, las que ahora parecían hechas de jalea, lo llevaron directo a la terrosa superficie.
Pareció cosa de segundos, pero por el intenso dolor que comenzaba a brotar en su cabeza y la exagerada búsqueda de oxigeno que sus pulmones clamaron, estaba claro que no le faltó mucho para terminar en sala de urgencias.
— ¿Qué acabas de decir?
— ¡Déjame explicarte! — la turbación que emitió la voz de Sasuke era algo que nunca había escuchado, un horror tan palpable que Naruto dudó en subir la mirada. Sus ojos agua lentamente fueron elevándose, hasta dar con el responsable de su maltrecho estado, entonces entró en un estado catatónico.
Aquel que no dudo en estrangularlo, era en definitiva el hombre más atractivo cuyos ojos habían tenido el placer de contemplar en vivo. Sintió un bajón en sus tripas complemente inconveniente y un incandescente fulgor que comenzaba a cubrir sus pómulos. Era obvio, la anterior falta de oxígeno le había matado algunas esenciales neuronas.
Notas
Creo que una disculpa sería lo más conveniente ¿No? ¡Lo siento tanto! Que me he tardado meses en traerles la continuación T_T, pero en mi defensa puedo decir que no me motivan lo suficiente XD jojojo ok, eso fue una excusa horrible.
Espero que al menos el capi valga la pena, que lo sentí por momentos un poco apresurado y quizás raro, únicamente sus críticas me lo aclararán. Como de costumbre un millón de gracias a quienes aún les gusta la historia :)
Kanachiiian; Soy YO-SARIEL; Susana Mode; Violet Stwy; chizuruchan1999; shameblack; 00Katari-Hikari-chan00; Celty Nekita-Akuma Uchiha; harunablakrose; Lala Do; coptesita y jennitanime.
Y haciéndome algo de publicidad, espero que puedan pasarse por el resto de mis fics, especialmente "Así nace el amor" que está a punto de terminar XD.
¡Cuídense mucho y espero poder leernos pronto!
