Capitulo 2: ese vampiro y una llegada a casa

Tras unos diez minutos llegaron a la gran mansión seguidos por el carruaje de las maletas. Todo el servicio salió a recibirles. Los chicos salieron del carruaje y se dirigieron a la casa mientras Sebastian daba órdenes a los criados.

-Bard, Finian. Tanaka-san llevad las maletas a la habitación de invitados.

-¿Qué?- se quejaron los dos primeros al ver la enorme cantidad de maletas.

-Jo, Jo, Jo.

-Mei-Rin- continuó- te encargarás de todo lo que necesite nuestra invitada, y cuando lleven las maletas los cuatros deben ordenar las posesiones de Contessa-sama.

Mientras los criados ordenaban y preparaban la habitación se preguntaban quién era su extraña invitada. Contessa y Ciel entraron en el estudio y se sentaron uno frente al otro, el conde estaba dispuesto a saber algo sobre su invitada.

-Contessa-san, me gustaría que me contara algo sobre usted.

-Muy bien, nací en España y conocí allí a la reina cuando fui a informar sobre algunos asuntos que preocupaban a los reyes. Nací en 15 de diciembre de 1875, estoy soltera y mis medidas son...

-¡No necesito tanta información!- grito Ciel colorado.

-Bueno si no tiene nada más que preguntarme, será mejor que empecemos con la investigación.-dijo Contessa poniendo numerosos periódicos e informes sobre los asesinatos.

Tras unas horas buscando coincidencias entre las víctimas no encontraron nada en común excepto la forma de matar.

-Mierda, estoy harto-dijo Ciel perdiendo la paciencia.- este debería ser el trabajo de Scotland Yard.

-Parece que la policía es incompetente en todos lados.- contestó Contessa, dicho esto se levantó y se dirigió a la puerta- si me disculpa me voy a dormir estoy exhausta. Buenas noches, conde.- se despidió guiñando el ojo.

A la mañana siguiente Mei-Rin llamó a la puerta de la invitada de los Phantomhive anunciando el desayuno.

-Mei-Rin -contestó la chica desde el otro lado de la puerta- dile al conde que no me encuentro bien y que prefiero no desayunar.

-De acuerdo señorita- dijo la sirvienta mientras se dirigía al salón a comunicar al conde lo dicho por su invitada.

Perezosamente, Contessa se levantó de la cama y se fue a su armario a vestirse. Finalmente se decidió por un vestido negro, liso y hasta las rodillas; unos tacones blancos y una chaqueta del mismo color para protegerse del frio de las mañanas y se dispuso a inspeccionar la mansión.

-Joven amo, la señorita Contessa dice que no se encuentra bien y que no quiere bajar a comer- anunció la doncella cuando llegó al salón.

-Qué extraño, anoche estaba muy bien.- dijo el conde -Sebastian, ve a ver qué le pasa.

–De acuerdo.

Pero antes de que el mayordomo saliera de la habitación se oyó un grito agudo que provenía del jardín que alertó a todos los que estaban en la habitación que salieron corriendo para el jardín para saber lo que pasaba.