Spatha
Clasificación: NC-17
Advertencias: Yaoi, Lemon, Universo Alterno.
Tipo: Fic multichapter en drabbles (capítulos cortos)
Pareja Principal: Aioros x Shura
Razón: Un capricho, nada más. Desahogo de lo necesario. Espero lo disfruten y conocer sus opiniones.
Campus
Es viernes por la noche y mientras todos están cenando a la luz de las linternas, nosotros estamos tirados en el pasto con su humedad nocturna, viendo cómo la luna llena se cubre y descubre por las nubes grisáceas.
Me encanta viajar, porque me da esta paz que llena todo mi ser, al estar lejos de las ciudades y admirar nuestra naturaleza en bruto.
El profesor nos recomendó descansar lo suficiente ya que al día siguiente estaremos todo el día metidos en las montañas. Pero somos jóvenes universitarios y para variar Milo se encargó de alcoholizar a los compañeros. Tomé un poco y me divertí con mis amigos, pero luego me di cuenta que Shura no estaba en ningún lado.
Lo busqué por poco tiempo recordando que a Shura no le gusta tomar, así que supuse que ya estaba durmiendo. Eché un vistazo dentro de la carpa que siempre compartíamos y efectivamente estaba ahí.
Dormimos juntos porque él no quiere dormir con mucha gente y no tiene carpa, yo sí.
El agacharme para poder entrar me causó un leve mareo, haciendo que cayera justo de cara, empujándolo sin tener la intención. Traté de incorporarme pero el mareo me domina y vuelvo a caer. Todo ese volcamiento mío despertó (aunque nunca estuve seguro si realmente dormía) a Shura, extrañado. "¿Aioros? ¿Estás bien?" La preocupación en su voz era una caricia para mis sienes, voltee mi rostro para verlo o al menos para dar esa impresión, ya que todo estaba muy oscuro, apenas se miraban sombras por la luz de la luna llena, y peor en mi estado de ebriedad.
"Si si, si, estoy bien, yo si, si, solo necesito, quitarme las botas." Intenté sentarme para poder quitarme los zapatos, esas botas altas que parece que tuvieran uno de esos nudos de marinero; me encantan, pero en ese momento las odié tanto.
"Acuéstate." Colocó mi cabeza en algún sustituto de almohada, y comencé a pensar en lo delicado de su tacto.
Sin decir nada más, desató mis botas y me las quitó. Arregló algunas sábanas y luego me colocó para que estuviera más cómodo. Esa cercanía, esa atención, a pesar de su seriedad era algo que me conmovía; sin duda alguna era el momento decisivo, el momento en que aproveché para juntar mis labios con los suyos.
Fue torpe, difícil, casi imperceptible. Se separó al poco tiempo que duró ese contacto, observándome con sus pupilas que se llenaban de preguntas, para luego volver a tomar el mando de mi cuerpo y acostarme sin decir nada.
Fue un momento tan confuso, ¿acaso significaba que no le gusto? ¿Dejará de hablarme? ¿Lo hace por compasión? Surcaba en mi cabeza tantas palabras mientras mis ojos observaban su próximo movimiento, y parecía que iba a volver a dormir, ¿sería posible? Y sin más, pude articular las palabras necesarias: "Oye, ¿qué significa eso?" Me levanto un poco, sólo sobre mis codos. "Estás ebrio." Fue su simple respuesta, y en ese momento la ira se apoderó de mí.
Me incorporé y me lancé hacia él "¡Aioros!" fue lo único que gritó antes de que lo sofocara con mis besos de alcohol, torpes besos de alcohol, pero eran choques entre mis labios y los suyos, para mí sabían a cielo y a infierno (aunque no los lograba probar del todo). De repente, la resistencia de Shura se convirtió repentinamente en aceptación, una a la cual yo me estaba rindiendo. Su hábiles manos recorrían por mi cuerpo con el mismo desespere que las mías, pero con mayor coordinación.
Pronto estaba acostado con Shura encima, y me deleité probando su sacrosanta boca, ¿o al revés? ¿Él me estaba probando a mí? No importa, en ese momento nos estábamos degustando el uno al otro, pero tal fue mi sorpresa al sentir no sólo mi erección, también la de él.
Quería romper la ropa, quitármela para poder sentir su piel, para acrecentar el calor en la fricción que provocaba el movimiento de las caderas de Shura. Miembro con miembro, rozando, empapando las estorbosas telas, lastimándonos con el zipper Aquello era un completo sueño del cual no quería despertar.
Repentinamente me tapa la boca con una mano, "Shh, no grites tanto." Dice a penas en un susurro. "¿¡Qué!?" "Shh!" se acercó a mi oreja "que no gimas tan fuerte." Y mordió el lóbulo de mi oreja. Menos mal tenía tapada la boca.
Las caricias como fuego nos desprendían la ropa. El sudor cubría su piel como preciosas perlas en el manto marino, en esa arena blanca, la más fina y hermosa de todas. O al menos así lo imaginaba, todo estaba muy oscuro, pero aunque sea podía ver su silueta, hincado frente a mí, jadeando quedo (a diferencia mía) con su pecho bajando y subiendo rápidamente.
"Cógeme." Mi petición parecía haberle helado. Supe que aguantó la respiración por un momento. "Aioros, no –" "Vamos, sólo la puntita." Rogué, lo tomé del brazo y le rogué. "Vamos…" Lo besaba, lo acariciaba y él estaba estático. Así que sólo quedaba una cosa por hacer. "Te prepararé." Inmediatamente, antes de recibir una posible negativa, me agaché para tomar su miembro entre mi boca y prepararlo como se debe.
Su agitación era mi gloria, se tapó la boca con una mano y con la otra me desordenaba (más) mi cabello. Lanzó su cabeza para atrás, y me daba gusto que lo disfrutara tanto, pero ya era suficiente.
Me acosté de espaldas y enredé mis piernas en sus caderas, atrayéndolo sin darle otra opción. Y pareció ser que no buscó otra.
Me penetró con paciencia, entre caricias y besos que ahogaban nuestros gemidos. Shura parecía transformarse, estaba entre su timidez y su deseo, ese deseo era tan palpable, yo estaba tan feliz que fuera así.
Nos consumimos en el vaivén del placer y la lujuria, en el fervor del acto sexual que culminó en la explosión de nuestros orgasmos; de dos cuerpos derritiéndose ante deseos suprimidos por saber cuánto tiempo.
