Capitulo 8: ese vampiro y el baile de los pájaros

De camino a Londres, el conde empezó a explicarle a Contessa los motivos por los que se habían trasladado.

-Según la carta de la reina, ha habido un gran número de secuestros en las últimas semanas. Además, cada vez que se encuentran los cadáveres de las víctimas siempre aparecen con signos de que les ha extraído varios órganos, por lo que se deduce que es una mafia dedicada a la venta ilegal de órganos humanos.

-¿Y tiene ya algún sospechoso?- preguntó Contessa

-Sí, una persona que se dedicaba a estos negocios y por lo que parece ha vuelto a las andadas. El vizconde Druitt. ¿Lo conoce?

La chica negó con la cabeza.

-¿Y para qué me necesita a mí?- preguntó la chica- Usted mismo podría descubrir si es él, además, tiene la ayuda de mi tío.

-La debilidad del vizconde por las mujeres es conocida en toda Inglaterra- explicó- por eso necesito que se infiltre en una de sus fiestas y consiga detenerlo.

-Por eso le estoy preguntando por qué tengo que ir yo

-Pero si se lo acabo de explicar- dijo el conde empezando a perder los nervios.

-Parece que no sabe a dónde quiero llegar- dijo Contessa con una sonrisa pícara- por lo que tengo entendido, usted ya estuvo en una de las fiestas del vizconde por un caso parecido a este y que incluso llegó a detenerlo.

-No...No sé de qué me está hablando- dijo el conde temiéndose lo peor.

-Yo creo que sí sabe de qué estoy hablando- dijo sacando una foto del pequeño bolso negro que llevaba- ¿o acaso no se acuerda de esto?- le dio enseñándole la foto en la que se veía al conde con un vestido rosa en la fiesta del vizconde Druitt hace ya unos meses.

-¿¡De dónde ha sacado esto!?- gritó el conde quitándole la foto.

-Siempre investigo la vida de las personas con las que voy a trabajar. Pero tranquilo, esa foto es la única que existe por lo que esto solo lo sé yo y si no me da motivos no se lo diré a nadie. Aunque el vestido es muy bonito me gustaría ponérmelo alguna vez.- dijo Contessa disfrutando del momento.

-Esta vez no podrá ser, si el vizconde la ve con ese vestido sospechará y la misión podría irse al traste- dijo el conde un poco más tranquilo- pero que ni se le ocurra ponerse un vestido negro.

-¿Por qué?- preguntó la vampiresa un poco molesta

-Porque siempre va de negro y parece que está eternamente de luto.

-No puedo evitarlo, el negro es un color que simboliza la elegancia y, además, el gusto por ese color me viene de familia.

-Aun así, no quiero que lleve nada negro a la fiesta de esta noche.

La chica se resignó y cuando llegaron a la mansión de Londres tuvo que buscar por toda la casa en busca de un vestido porque ella solo tenía ropa de color negro. Finalmente, encontró un vestido celeste en uno de los armarios. Se lo puso a toda velocidad y bajó las escaleras como un rayo. Cuando llegó a la puerta el conde la vio y se quedó con la boca abierta al ver a Contessa con el vestido favorito de su difunta madre. Aunque parecía que ese vestido estaba hecho a medida para ella. Pero no quiso decirle nada.

Cuando llegaron al lugar del baile, Ciel describió al vizconde y dejó a la vampiresa a las puertas para que empezara con su trabajo mientras él llamaba a Scotland Yard para que asegurara el lugar.

Ya en el salón, Contessa comenzó a examinar a todas las personas que allí estaban, un gran número de personas con lujosos trajes decorados con todo tipo de adornos, bailando y hablando alegremente. Hasta que por fin encontró en la otra punta del salón a un hombre alto y rubio que coincidía exactamente con la descripción del conde.

Rápidamente se dirigió hacia él, quería terminar con esto la más rápido posible, en su agenda había cosas más importantes que hacer.

-Buenas noches vizconde- le saludó Contessa

El vizconde Druitt se giró y los ojos se le iluminaron al ver detrás de él a una bella joven de trece años dedicándole una dulce y tierna sonrisa.

-¡Oh! Buenas noches pequeño colibrí, me alegra que haya chicas tan guapas como tú en mi fiesta.

-Le agradezco el alago, pero desgraciadamente tengo que volver pronto a mi casa y me gustaría que alguien tan atractivo como usted hiciera que me llevara un grato recuerdo de la última fiesta de la temporada a la que puedo asistir.- dijo Contessa son toda naturalidad

Al oír esas palabras, el vizconde se acercó peligrosamente a Contessa hasta que sus caras quedaron separadas por escasos centímetros.

-¿Y qué sería para una señorita como usted un grato recuerdo?

-Deje volar su imaginación.

Tras un tiempo de reflexión, el vizconde decidió que sería lo más apropiado para contentar a su invitada.

-Creo que tengo algo que puede cumplir sus expectativas, pero desgraciadamente se encuentra fuera de este salón. ¿Me acompañará pequeño colibrí?

-Por supuesto, además, ya empezaba a aburrirme.

La chica siguió a Druit y recordó las advertencias de Ciel acerca de las trampas que usaba para atrapar a las chicas.

Finalmente llegaron a una pequeña habitación llena de rosas y como único mobiliario una mesa con un par de copas y dos sillas.

El vizconde invitó a Contessa para que se sentara en una de las sillas mientras él se sentaba en la otra y servía un poco de vino en las dos copas que estaban sobre la mesa. Ambos empezaron a hablar y beber animadamente. Contessa se había dejado llevar por la situación y recordó que estaba en una misión demasiado tarde: los ojos le empezaron a pesar hasta que se quedó profundamente dormida ante la malévola mirada del vizconde.