Capitulo 11: ese vampiro y el poder de los celos
A la mañana siguiente, Sebastian despertó temprano a Contessa y a Ciel porque tenía que terminar los informes que había que entregar a la reina. Contessa se levantó, aún enfadada por lo ocurrido la noche anterior, pero decidió que, si quería cumplir su misión debía actuar como si no pasara nada. Y así lo hizo, bajó a desayunar como si nada hubiera pasado. En el salón, encontró al conde, que miraba un gran número de papeles que estaba esparcidos sobre la mesa. La chica, se acercó a él y le dijo:
-¿Qué es eso?- preguntó intrigada al ver todos esos papeles que no entendía.
-Buenos días- saludó el conde- estamos barajando la posibilidad de expandir nuestros productos a Estado Unidos y poner allí algunas fábricas.
-No me parece una buena idea- dijo la chica
-¿Por qué?- preguntó el conde- Además ¿Qué sabes tú de negocios?
-Más de lo que parece. Todas las empresas de Europa están instalando sus fábricas en Estados Unidos, no creo que sea una buena idea. Le recomiendo que ponga sus fábricas en Japón. Le aseguro que allí los trabajadores son más productivos y sus productos serán bien recibidos.
-¿Y si no sale bien?
-Toda inversión conlleva un riesgo- dijo Contessa muy segura de lo que decía.
Ciel decidió hacer caso a la oferta de Contessa. Ambos terminaron de desayunar y cuando salieron del salón para ir al estudio, alguien entró en la casa y se abalanzó sobre el conde. Era Elizabeth que por lo visto, había ido a la mansión de Londres para hacerle una visita a Ciel.
-Contessa podría traer los unos papeles que hay en mi habitación, son muy importante para hacer el informe. Estaremos en mi despacho.- dijo el conde acompañando a Elizabeth.
Contessa subió rápidamente las escaleras, entró en la habitación del conde y empezó a buscar los informes.
Mientras, en el despacho, Ciel buscaba, subido en unas escaleras, unos libros en una de las estantería del despacho cuando Lizzy se acercó para ayudarle pero...
Contessa ya había encontrado los documentos y se dirigía corriendo al pequeño estudio. Abrió un poco la puerta para asegurarse de que no había equivocado de habitación ya que aún no conocía la casa. Pero lo que vio le rompió el corazón: Ciel y Elizabeth tumbados en el suelo, con sus rostros muy cerca el uno del otro.
Contessa sintió como su corazón se rompía en mil pedazos, todo el cuerpo le temblaba y sus fuerzas empezaban a flaquear. Cayó de rodillas al suelo y empezó a llorar, pero, cuando vio que el conde se levantaba para dirigirse hacia la puerta, salió corriendo hasta la salida de la casa.
Ciel se asomó al pasillo para ver si Contessa traía ya los informes. Como vio que no venía, entró de nuevo al estudio y ayudó a Elizabeth, que aún estaba sonrojada por lo ocurrido, a levantarse.
-Lo…lo siento- se disculpó Lizzy- no debí sujetar la escalera para evitar que te cayeras.
-No te preocupes- dijo Ciel.
Como se habían levantado muy temprano para preparar los informes, cuando Contessa salió a la calle apenas unas pocas personas estaban en la calle rumbo a sus trabajos.
Contessa corrió sin rumbo fijo más de una hora, hasta que perdió el aliento. No podía creer que su odiado tío tuviera razón. Puede que se hubiera encariñado del conde, pero solo un poco. Entonces, vio un pequeño parque y decido descansar allí y aprovechar para aclarar sus pensamientos. Pero, de repente, sintió un fuerte golpe en la cabeza y todo empezó a volverse oscuro.
En la casa de los Phantomhive todos buscaban a Contessa, Ciel estaba bastante preocupado porque cuando salió del despacho encontró todos los informes tirados en el suelo.
-Joven amo- dijo Sebatian después de registrar toda la casa- siento decirle que no la he encontrado por ninguna parte.
-Sal a buscar fuera- dijo el conde que acababa de llevar a Elizabeth a su casa- puede que haya salido.
En ese momento, se abrió la puerta de la mansión. Ciel y su mayordomo se giraron con la esperanza de que Contessa hubiera regresado. Pero desgraciadamente no era ella sino una figura roja que ellos conocían.
-¿Qué es todo este alboroto?- preguntó Grell ajeno a la desaparición de su amiga.
Ciel empezó a contarle al shinigami todo lo ocurrido y este decidió ayudar a Sebastian a buscarla. Aunque por mucho que buscaran les costaría mucho encontrarla.
