Capitulo 15: ese vampiro y una pelea
Al volver a la mansión, el mayordomo se dirigió al estudio donde antes estaba su amo, pero al no encontrarlo decidió buscarlo por toda la casa hasta que finalmente lo encontró en el baño con las manos en la bañera y los ojos cerrados. A primera vista parecía que se había suicidado cortándose la venas pero de repente el conde estornudó dando señales de que aún seguía con vida. Sebastian se acercó a la bañera y vio que dentro de esta había un pequeño gatito negro de los que él cuidaba. Enseguida Ciel se despertó y se sorprendió de ver allí a Sebastian que miraba embelesado al gatito.
-Sebastian, ¿Qué has descubierto?- dijo entre estornudos. Al no obtener respuesta, se enfadó y gritó- ¡Di me ya que has descubierto, idiota de los gatos!
-Está en el hotel Airways Hotel Victoria pero lamento decirle que por alguna razón está muy enfadada con usted.
Ciel se levantó y con una sonrisa se dispuso a salir de la habitación.
-Sebastian, prepara el carruaje para ir inmediatamente a Londres y lleva te a ese gato
-¿Por qué?- dijo el mayordomo triste por tener que despedirse de aquel gato que guardaba junto a otros en el armario.
-Es un regalo.
De vuelta al hotel, Contessa había decidido salir de su dormitorio y estaba en el salón de la habitación escribiendo una carta a sus padres mintiendo les sobre su situación en Inglaterra: que seguía intentando cumplir su misión pero que Sebastian le ponía las cosas muy difíciles. De esta manera estarían más tranquilos porque si les contaba lo que realmente ocurría, irían directos a la mansión para matar al conde para no ver a su hija en un juicio y posiblemente condenada a muerte. Ya poco le importaba su misión pero no quería que sus padres corrieran riesgos innecesarios.
Al poco de terminar la carta, llamaron a la puerta de la habitación. El shinigami abrió la puerta y dejó entrar a un botones con un carrito con la comida.
El botones empezó a poner la mesa mientras Contessa se le acercaba.
-Tu- dijo cortante- manda esta carta ahora mismo.
El botones asintió y se guardó la carta en el bolsillo. Cuando quedaba poco por poner, de debajo del carro de la comida se escuchó un fuerte estornudo y Contessa, furiosa, tiró del pequeño mantel que cubría el carro y dejando ver al conde escondido, sosteniendo al gatito.
-¿Se puede saber qué haces aquí?- le dijo Contessa
-He venido a hablar contigo- contesto Ciel saliendo del carro con el gato
-Pues pierdes el tiempo no hay nada de qué hablar- dijo dándole la espalda
-Si no quieres hablar, por lo menos acepta esto- dijo el conde entre estornudos entregándole el gato a la chica- es un regalo para pedirte perdón por lo que sea que haya pasado.
Contessa cogió el gato y contesto:
-Será mejor que no te disculpes sino sabes por qué.
Ante esa respuesta tan fría Ciel decidió volver a casa seguido por Sebastian
-Pues a mí me parece todo un detalle por parte del chico- dijo Grell acariciando al gato.
-Le llamaré Yami -dijo observando al pequeño animal que no tendría más de tres meses: un pequeño gato negro con unos enormes ojos azul oscuro. Acto seguido, Contessa se acercó al pequeño animal e incrustó sus colmillos en su cuello para concederle la vida eterna a su nueva amiga.
