Capitulo 18: ese vampiro y el instinto animal
Ambos bajaron hasta el salón con unas sonrisas que no podían disimular. Cuando llegaron, Sebastian y Grell se sorprendieron al ver Contessa completamente recuperada. Los chicos se sentaron y empezaron a contar lo que había pasado. Ante tal historia tan emotiva Grell felicitó a su amiga y al conde y Sebastian hizo lo mismo aunque no quiso arruinar su felicidad por lo que no dijo nada con respecto a Elizabeth.
Finalmente, Contessa volvió a vivir en la mansión de los Phantomhive junto a su nueva amiga Yami. Estaba muy feliz por poder recuperar su habitación así que esa noche durmió como un bebé hasta la mañana siguiente cuando Meiring la despertó anunciando el desayuno. Contessa se levantó y vio un ramo de rosas en el jarrón que había en la mesita de noche y supuso que Ciel las había recogido para ella.
Luego se puso una bata negra sobre el pijama. Bajó las escaleras y al entrar al comedor vio a Ciel de espaldas disfrutando del desayuno. Como Ciel no se había dado cuenta de que la chica había entrado, Contessa se acercó por detrás y le abrazó:
-Buenos días y gracias por las rosas
-De nada- respondió el conde sonriendo- tuve que madrugar para recogerlas.
-Que detalle más bonito, por cierto...- Contessa se detuvo al ver algo extraño en el cuello de Ciel- ¿Qué te ha pasado?- la chica vio dos marca de colmillos en el cuello de Ciel- Eso no es mío- dijo con sarcasmo
-Bueno, es que cuando fui a por las rosas me atacó una serpiente.
-Pero, ¿por qué mi tío no te ayudó?
-Porque aún estaba dormido cuando fui a buscarlas.
-¿Pero estás seguro de que no te pasará nada?
-No te preocupes, no pasará nada.
Contessa se conformó con la respuesta y empezó a desayunar. Cuando terminaron, Contessa se vistió y se fue con Ciel a dar un paseo por el jardín. Ya por la tarde, Ciel se centró en las clases que tenía mientras Contessa se dedicó a jugar con Yami.
El primer día de los chicos como pareja pasó muy rápido y a la hora de la cena Contessa se volvió a fijar en la herida de Ciel que parecía que había empeorado.
-¿Con que no te pasaría nada?- dijo Contessa algo preocupada
-Yo también le dije que debería dejar que viera lo que le pasaba- dijo Sebastian también preocupado por su amo.
Ciel siguió ignorando lo que le decían siguió comiendo y se fue a dormir. Contessa siguió su ejemplo y también se fue a dormir.
La chica se puso el pijama pero, cuando estaba a punto de acostarse, Meiring entró alarmada en la habitación.
-Señorita, ha pasado algo terrible. El amo...
Antes de que terminara de hablar, Contessa salió corriendo hacia la habitación de Ciel y lo encontró en su cama lleno de sudor, con una tolla húmeda en la frente y respirando agitadamente.
-Menos mal que estás aquí- dijo Sebastian que estaba en una silla al lado de la cama cambiando la toalla por otra.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Contessa alarmada
-La serpiente era venenosa. Así que necesito que le quites el veneno.
-Pero...
-No te quejes, eres un vampiro no tendría que causarte problemas.
Contessa iba a negarse pero vio la cara de Ciel, como sufría, en parte por su culpa. Así que accedió.
Poco a poco, se acercó al cuello del chico e incrustó sus colmillos. Al instante, un poco de sangre de color negro, a causa del veneno, empezó a salir de las heridas. Ciel miraba como Contessa le extraía la sangre, pero en un momento se dio cuenta de que sus ojos marrones habían cambiado de color hasta volverse morados oscuros, prácticamente negros. Sebastian notó que la sangre negra con veneno había dejado de salir y en cambio salía sangre completamente roja así que se cogió a su sobrina y la alejó del conde.
-¡Déjame!¡Qué crees que estás haciendo!- gritó Contessa fuera de sí
Contessa había cambiado completamente, parecía un animal que se dejaba llevar por sus instintos y solo vivía para alimentarse. Como no podía detenerla, Sebastian le pegó un puñetazo en el estómago dejándola inconsciente.
-Creo que con esto se habrá calmado- dijo el mayordomo en la puerta dispuesto a llevarla a su habitación.
-Déjala aquí, no creo que cause problemas- dijo Ciel haciendo un sitio en su cama
-De acuerdo- obedeció el mayordomo- póngale un bozal por si despierta de mal humor.
