Capitulo 22: ese vampiro y otro cumpleaños

Era la mañana del 15 de diciembre, Ciel se despertó más temprano de lo normal. Cuando Sebastian entró en la habitación del conde para despertarlo, este ya había hecho el intento de vestirse. Al ver así a su amo, el mayordomo sonrió ante la divertida escena y lo vistió correctamente.

-Gracias- dijo el conde sonriendo. El mayordomo se sorprendió ante la actitud de su amo- Sebastian quiero que prepares el desayuno y que después, tú y todo el servicio os toméis el día libre. Y dile a Tanaka que prepare el carruaje.

-Pero… señor….

-Es una orden- dijo el conde mientras buscaba algo en el armario.

Tras un tiempo sacó del armario una gran caja. Salió de su habitación y se dirigió, con paso acelerado a la habitación de Contessa, dejó la caja en el suelo, llamó a la puerta y se fue.

Contessa abrió la puerta, un poco adormilada, miró a ambos lados pero no vio a nadie. De repente, vio la gran caja en el suelo y, sobre ella, una pequeña nota en la que ponía:

"feliz cumpleaños Contessa

Espero que te guste mi regalo. Cuando te lo pruebes baja por favor,

quiero ver cómo te queda.

Ciel"

La chica cogió la caja y la abrió con curiosidad. Dentro de la caja había un precioso vestido, con todos sus accesorios: zapatos, collar, pendientes…Como era de esperar el vestido era negro con pequeñas flores doradas estampadas.

Contessa, muy contenta con su nuevo vestido llamó a Mey-Rin para que la ayudara a ponerse su vestido.

-Le queda perfecto señorita- dijo la criada cuando habían terminado.

Contessa bajó muy feliz las escaleras y al entrar al comedor encontró un espléndido desayuno más elaborado que los que su tío preparaba normalmente.

-Feliz cumpleaños- dijo Ciel que apareció detrás de ella. -El vestido te queda perfecto- el conde estaba muy satisfecho al ver que había acertado con el regalo.

-Muchas gracias Ciel- Contessa abrazó a Ciel y le besó dulcemente, olvidando la pelea que habían tenido hacía solo dos días.

-Hoy estaremos los dos solos, les he dicho a Sebastian y a los demás que se tomen el día libre. Y no creas que el vestido es la única sorpresa.

Contessa estaba entusiasmada ante la idea de un cumpleaños lleno de sorpresas.

Cuando terminaron de desayunar, ambos salieron de la casa. En la entrada había un carruaje conducido por Tanaka. Los chicos subieron al carruaje y este empezó a moverse.

-¿A dónde vamos?- preguntó Contessa intrigada y con tono infantil.

-Es una sorpresa- contestó el conde sonriendo.

Estuvieron unos veinte minutos en el carruaje, Contessa miraba el paisaje intentando adivinar a donde se dirigían mientras Ciel observaba a la chica, contemplaba su mirada curiosa e inocente. Pocas veces la había visto así, siempre se mostraba muy fría y distante ante todo tipo de personas y situaciones pero, esta vez era diferente. Parecía que se lo estaba pasando bien, que estaba disfrutando del día.

Ciel pensó que probablemente, al igual que pasaba con él, para Contessa su cumpleaños era un día más del año y que pocas veces lo había celebrado.

Mientras el conde estaba inmerso en sus pensamientos, el carruaje llegó a su destino. Los chicos bajaron y se encontraron en el centro de Londres.

-Vamos a dar un paseo, ¿vale?- preguntó Ciel

Contessa no estaba muy segura pero finalmente aceptó ante la insistencia del conde. Empezaron a recorrer la ciudad y, al cabo de unos minutos, las sospechas de Contessa se cumplieron.

Todo el mundo empezó a hablar sobre ellos. Contessa se sentía muy incómoda, siempre trabajaba oculta entre las sombras y no estaba acostumbrada a que todo el mundo la mirara y la juzgara. Intentó, inútilmente cubrirse con el parasol que llevaba consigo para protegerse de los rayos del sol y que ahora intentaba cubrirla para evitar las miradas de reproches que surgían a su paso.

Al ver la reacción de la chica, Ciel la abrazó y le dijo al oído:

-No te preocupes, mientras estés conmigo estarás a salvo.

Contessa se sentía segura y protegida, sonrió cálidamente y ambos siguieron caminando ignorando el sinfín de comentarios que surgía a su paso. Cuando llegó la hora del almuerzo, Ciel llevó a Contessa a un lujoso restaurante en el centro de la ciudad y allí pasaron una agradable velada.