Cap 29: ese vampiro y un día de Navidad

A la mañana siguiente, Sebastian había preparado el desayuno para el conde y se disponía a subirlo cuando alguien abrió la puerta de la mansión y gritó con una voz llena de alegría:

-¡FELIZ NAVIDAD SEBASTIAN!

Elisabeth había entrado muy contenta a la mansión. La Navidad era una de sus épocas favoritas del año. Se extrañó mucho de que Ciel no celebrara ninguna fiesta el día 24 así que decidió visitarlo al día siguiente.

-Feliz Navidad señorita Elisabeth- la felicitó el mayordomo con una leve reverencia

-¿Ciel sigue dormido?

-Así es señorita

-Sebastian, ¿puedo llevarle el desayuno?- preguntó la chica al ver la bandeja que llevaba el mayordomo.

-Discúlpeme pero eso no es propio de una dama

-Por favor, Sebastian- Lizzy le puso ojitos suplicantes al mayordomo

-De acuerdo- el mayordomo, resignado, le dio la bandeja a Lizzy ajeno a lo que ocurría en la habitación del conde.

La chica subió alegremente las escaleras con la bandeja en las manos. Recorrió los largos pasillos de la mansión hasta que llegó a la puerta de la habitación del conde. Lizzy abrió la puerta sonriente, pero su inocente sonrisa desapareció al ver que el conde no estaba solo en su cama sino que dormía plácidamente abrazando a Contessa. A causa de la impresión, Elisabeth dejó caer la bandeja que, al llegar al suelo provocó un fuerte impacto que hizo que el conde se despertara. Al ver a Lizzy salir corriendo, Ciel se levantó y corrió hasta que consiguió atrapar a la chica que seguía intentando huir.

-¡Ciel, suéltame!

-No te voy a soltar hasta que me escuches

-¡No necesito que me digas nada, está claro que ya has elegido!

-Tienes razón, ya he elegido. Siento no habértelo dicho antes.

La situación estaba más calmada cuando, de repente, apareció Contessa que acababa de despertarse.

-¿Ciel, qué es todo este ruido?- preguntó Contessa adormilada

-¡Todo es culpa tuya!- Lizzy estalló al ver a Contessa - ¡Nuestras vidas eran perfecta hasta que apareciste!- la chica cogió una de las espadas que decoraban las paredes de la casa y señaló con ella a la vampiresa.

-¿Quieres pelea?- Contessa llevaba mucho tiempo sin pelear y esta era la oportunidad perfecta para comprobar si seguía en forma.

La vampiresa hizo crecer sus uñas y comenzó la batalla. Con lo enfadada que estaba, Lizzy no se dio cuenta de la extraña habilidad de la vampiresa. Las chicas seguían luchando, ambas eran realmente buenas y esquivaban ágilmente los ataques de la otra. Aunque Contessa tenía una ligera ventaja.

Ciel estaba impresionado por lo ágiles que eran las chicas y se extrañó al no ver a su mayordomo.

La pelea continuó unos minutos hasta que unas de las ventanas dela entrada se rompió a causa de del impacto de un cuerpo que cayó al suelo. En ese momento, las chicas dejaron de pelear y vieron que de la ventana rota empezaron a entrar un gran grupo de hombres. Al verlos, Contessa se dio cuenta de que eran vampiros y que, probablemente, iban a buscarla.

A continuación, Sebastian entró por la puerta mientras luchaba con otro vampiro al que posteriormente mataba.

-Señorito, siento molestarle en este momento pero son demasiados, ni el servicio ni yo podemos controlarlos.

El conde estaba incrédulo ante la situación, se sentía impotente y sabía que no podía hacer nada. Por otro lado, Contessa y Elisabeth se miraron mutuamente y decidieron que su pelea tendría que esperar ya que ahora tenían un objetivo común: proteger a Ciel.

Así, las chicas junto a Sebastian, comenzaron a luchar contra los vampiros hasta que, tras mucho esfuerzo, consiguieron acabar con todos y cada uno de ellos.

Todos estaban muy cansados pero, cuando se iban a descansar, oyeron unos aplausos y una voz gélida que ninguno quería volver a oír:

-Bravo. No pensé que seríais capaces de acabar con todos. Pero se acabaron los juegos. Contessa, es hora de que vuelvas y cumplas con tu condena.