Cap 32: ese vampiro y una fiesta de fin de año

Una larga serie de desafortunados eventos les habían ocurrido en los últimos quince días a Contessa y a Ciel. Pero, por fin, todo se había calmado y justo a tiempo para la fiesta de fin de año que celebraba la reina para todos los nobles y, como era de esperar, Ciel y Contessa también fueron.

En la mansión Phantomhive el ambiente era más ajetreado de lo normal: los criados terminaban de poner los adornos que no pudieron poner el día de Navidad, les hacía mucha ilusión ver la casa adornada y el conde no pudo oponerse. Ciel estaba en su habitación preparándose y Contessa iba corriendo muy nerviosa de un lado a otro de la casa sin saber que ponerse. El conde estaba muy contento al ver a Contessa más animada en comparación con lo distante que se mostró en los últimos días.

Finalmente Sebastian le dio a su sobrina un vestido que le había hecho Nina para la ocasión a juego con el que llevaba el conde: de rojo y blanco. Un color que la chica no solía usar pero era una ocasión especial y no venía mal cambiar de vez en cuando.

Llegaron a la fiesta que se celebraba en Buckingham Palace y estuvieron allí, disfrutando de una elegante velada rodeados de los miembros más ilustres de la aristocracia inglesa. Hasta que quedaban unos quince minutos para la media noche. Contessa cogió a Ciel de la mano y lo sacó del palacio.

-¿Contessa, qué haces?

-¿No te parece aburrido celebrar así el fin de año?- le contestó la chica sonriendo- Creo que es mejor que lo celebremos los dos solos.

El conde se conformó con la respuesta y ambos empezaron a caminar abrazados por los jardines de Buckingham Palace cunado de repente comenzó a nevar: los finos copos de nieve caían tímidamente al suelo cubriéndolo todo de un blanco puro.

El blanco de la nieve resaltaba la belleza de Contessa y con su vestido blanco cualquiera decía que parecía un ángel. Ciel se quedó embelesado ante esa imagen casi divina. Pero por frío y por su débil salud, el conde comenzó a temblar. Contessa, que se había dado cuenta de eso se acercó a Ciel y le dijo dulcemente:

-Será mejor que volvamos dentro, este frío es malo para tu salud.

-No te preocupes estoy bien.

Conforme con la respuesta, Contessa le dedicó un inocente sonrisa y echó a correr y empezó a jugar con la nieve y, a los pocos minutos, Ciel se unió a ella y empezaron a jugar como si fueran niños pequeños.

Los chicos siguieron jugando hasta que una voz le arruinó la diversión:

-Vaya, vaya. Nos has ahorrado mucho trabajo al salir del palacio por tu propio pie. Y ahora, reza todo lo que sepas Contessa.