Cap 33: ese vampiro y una despedida
Ante ellos se mostraban dos figuras: una vestida de negro y otra de rojo. Mientras se iban acercando, los chicos lograron reconocerlos: eran Grell y William.
Contessa, muy contenta al ver a su amigo, se acercó a él para saludarlo:
-Akai-kun, feliz año nuevo.- le felicitó muy efusiva- Por cierto, me has asustado con eso de "reza lo que sepas"- dijo Contessa divertida imitando al shinigami rojo.
-No es ninguna broma kuroi-chan- le contestó Grell serio y dejando sin palabras a su amiga- estás en mi lista de muertes por interferir en el trabajo de los shinigamis ayudando a un demonio.
-Pero akai-kun tú sabes que eso no es así, yo nunca he ayudado a mi tío.
-Lo siento, de verdad, pero es una orden de los de arriba.
-Déjate de cháchara Grell Sutcliff- le espetó Will molesto por perder el tiempo vigilando al shinigami rojo.
Contessa nunca había visto a su amigo tan serio y, mientras intentaba asimilar las palabras del shinigami, este la apuñaló a sangre fría.
-Lo siento mucho kuroi-chan, no es nada personal.- dijo el shinigami rojo dándole la espalda a su "amiga".
Después de estas palabras, ambos shinigamis desaparecieron entre la nieve.
Tras el brusco ataque de Grell, el cuerpo de Contessa cayó en la fría nieve que, poco a poco, se iba se iba tiñendo de rojo. Al ver lo ocurrido, Ciel corrió a reunirse con Contessa porque le era imposible atrapar a los shinigamis.
El conde abrazó fuertemente a Contessa que respiraba agitadamente a causa de la herida mortal que tenía en el pecho.
-Lo siento, Ciel- dijo Contessa muy apenada – no pude cumplir mi promesa
-¿Pero qué dices?- preguntó el conde extrañado.
-Te prometí que estaría siempre contigo pero parece que no va a ser así. Pero quiero que sepas que...
La vampiresa no pudo terminar ya que Ciel la había besado.
-No te despidas- rogó el conde- te pondrá bien, te lo prometo. Llamaré a Sebastian para que te cure y todo será como antes.
-Me temo que... no va a ser así- Contessa cada vez hablaba con más dificultad- akai-kun me ha apuñalado con un cuchillo de plata en el corazón. Me temo que ni mi sangre de demonio podrá sacarme de esta. Así que, ¿vas a dejar que me despida?- Ciel asintió ante el sarcástico comentario de la chica- Quiero que sepas que... hasta que te conocí, mi vida carecía de sentido. Me limitaba a matar siguiendo las órdenes del consejo... y soportar los abusos de Cross. Siempre pensé que mi eternidad sería así... hasta que te conocí… Cuando estoy contigo me siento segura y protegida y solo contigo me muestro tal y como soy. A veces pienso que nuestro encuentro fue cosa del destino, ¿no crees?
-Me parece un destino muy cruel que me quita aquello que más quiero- respondió el conde aguantando con todas sus fuerzas la ganas de llorar.
-Ciel, no llores- le dijo Contessa acariciándole la mejilla- no quiero verte llorar, lo único que quiero es que seas feliz.
-¿Cómo quieres que sea feliz si la mayor razón de mi felicidad se desvanece en mis manos?- dijo Ciel notando el cuerpo de Contessa cada vez más frío.
-Sé que soy egoísta... pero no quiero que te deprimas cuando ya no esté aquí- Contessa, muy débil, se quitó el colgante que siempre llevaba y se lo dio al Ciel- quiero que siempre guardes este colgante. Así, no me habré ido por completo.
Con sus últimas fuerzas, Contessa se acercó a Ciel y ambos se fundieron en un dulce beso hasta que Contessa, casi sin fuerzas, se separó de él.
-Te amo Ciel- esas fueron las últimas palabras de Contessa antes de cerrar los ojos por última vez mientras las campanas de las iglesias anunciaban el inicio de un nuevo año.
Ciel estaba atónito ante lo que acababa de pasar. Aún no creía que había vuelto a perder a Contessa y esta vez para siempre.
Maldijo al destino por aquel juego macabro y de mal gusto en el que le daba la felicidad absoluta y, al momento, se la arrebataba hundiéndolo en la más profunda desesperación.
De repente, el conde notó algo recorriendo su rostro. No podía creerlo pero eran lágrimas. Hacía años que no lloraba y se sentía extraño.
Dejando delicadamente el cuerpo de Contessa sobre la nieve, Ciel, preso de la ira, empezó a golpear violentamente a un árbol mientras gritaba con desesperación e impotencia.
Pasaron los minutos hasta que el débil cuerpo del conde no pudo con el esfuerzo. En ese momento, llamó a Sebastian que acudió velozmente a la llamada de su amo.
El mayordomo se horrorizó al ver a su amo junto al cuerpo de su sobrina. Sin decir una palabra, Sebastian se llevó Ciel de vuelta a la mansión e intentó tranquilizarlo pero fue imposible ya que el conde se pasó toda la noche en vela mientras el mayordomo contactaba con Undertaker para que preparara todo para el funeral de la vampiresa.
Bueno, bueno, bueno ya nos estamos acercando al final. Os doy las gracias a todos los que leeis el fic y que no intenteis matarme por haber matado a Contessa. Que si me matais no sabreis el final jejeje. Nos leemos la semana que viene.
