Cap 34: ese vampiro y un funeral
La mañana del 1 de enero las campanas de las iglesias repiqueteaban llenando Londres de una alegre melodía que contagiaba a todos los habitantes de la ciudad. En Londres todo era felicidad a excepción de la mansión Phnatomhive, donde se celebraba el funeral de Contessa.
Como además de ser la amante del conde, Contessa era un vampiro decidieron celebrar el funeral en la mansión que Ciel tenía en Londres en lugar de en una iglesia.
El vestíbulo de la mansión estaba elegantemente decorado con rosas negras y, en el centro de la sala, había un precioso ataúd de ébano negro en el que descansaba Contessa con el vestido rosa de Ciel, aquel que ella siempre quiso ponerse y nunca pudo.
Al funeral fueron muy pocos invitados ya que Ciel no quiso anunciarlo para que los burgueses de la ciudad no se acercaran a cotillear. Únicamente fueron Souma, Agni, Lau, Ran-mao, Undertaker, Sebastian e incluso Elisabeth fue a despedirse de su rival.
Cuando entraban lo primeros que hacían todos era darle el pésame a Ciel que se había puesto en una zona alejada evitando ver el ataúd.
Cuando terminó el velatorio comenzó el cortejo fúnebre. Todo había sido muy tranquilo hasta ese momento: al ver salir un ataúd de la mansión Phantomhive, era inevitable que los nobles que pasaban por la zona se aglomeraran para ver qué había ocurrido. Cuando descubrieron que la difunta era la amante del conde empezaron a escucharse comentarios como:
-No me puedo creer que se haya atrevido a organizarle un funeral.
-Pero si hasta ha venido la señorita Elisabeth.
-Con una prometida tan encantadora no puedo explicarme como pudo irse con otra.
-He oído que ella lo engañó por su dinero.
-¿Pero no era de familia noble?
-Seguro que todo era una mentira.
Aquellos comentarios hirientes sumados al resfriado que cogió el día anterior provocaron que el conde tuviera un ataque de asma por lo que tuvo que retirarse unos minutos.
Cuando ya habían llegado al cementerio, el conde volvió un poco mejor aunque su cara seguía muy pálida. Poco a poco metieron el negro ataúd y posteriormente lo cubrieron con tierra. Para que Contessa descansara en paz. Ciel cogió una rosa que guardaba en su abrigo y lo puso sobre la tumba antes de darle la espalda y caminar con paso firme para salir del campo santo ocultando su afligido rostro.
Poco a poco el resto de asistentes siguieron el ejemplo del conde y se marcharon. Mientras tanto, en una zona alejada del cementerio se encontraban dos figuras vestidas con caperuzas, una negra y otra roja, que observaban toda la escena. El ser de la caperuza roja le dijo al que iba de negro:
-¿De verdad crees que esto es lo mejor?
-No puedo hacer otra cosa. Así, si me pasa algo, él estará a salvo.
-Espero que tengas razón kuroi-chan- el ser de rojo se quitó la caperuza dejando ver el rostro de Grell Sutcliff mientras que su compañero hizo lo mismo mostrando a Contessa que miraba con tristeza como Ciel se alejaba del lugar en el que creía que estaba enterrada.
-Gracias akai-kun –dijo Contessa a su amigo sin retirar la mirada de la tumba- si no hubiera sido por vosotros nunca lo hubiera conseguido.
-No hay de que, ¿pero cómo conseguiste la ayuda de los demás?
-Te lo contaré todo desde el principio: Cuando Elisabeth aceptó nuestra relación me di cuenta de que Ciel se estaba implicando demasiado en asuntos muy peligrosos por lo que decidí que, si quería que estuviera a salvo del consejo debía irme lejos para que no lo involucraran conmigo. Como aún me quedaba un deseo, le pedí a mi tío que me ayudara. Entre los dos decidimos fingir mi muerte para que Ciel no intentara buscarme. Pero necesitábamos mucha ayuda: le pedimos a Lau que hiciera una réplica de mí en cera, que es lo que han enterrado, no fue difícil convencerlo ya que, al ver el dinero aceptó el trabajo sin hacer preguntas. Undertaker accedió amablemente a organizar mi funeral, pero dejó muy claro que prefería maquillarme a mí antes que a la muñeca. Y, finalmente, Will y tú fuisteis los más importantes. Para serte sincera, aunque practicamos mucho, tenía miedo de que clavaras el cuchillo donde no debías.
-La verdad es que hasta yo estaba asustado. La distancia entre la herida y el corazón debía ser mínima para que no se notara.
-En fin- la vampiresa cambió de tema- puede que esta sea la última vez que nos veamos – Contessa abrazó fuertemente a su amigo que la correspondió.
-¿Ni siquiera vas a decirme a dónde vas?
-Lo siento. El único que lo sabe es mi tío porque tiene que enviarme mis cosas cuando todo se calme aquí.-tras estas palabras, Contessa volvió a ponerse la caperuza y se perdió entre la multitud de las calles de Londres dejando solo al shinigami rojo.
Y así, la vampiresa se fue lejos de Londres para proteger a la persona que más quería.
