– ¿Qué hay para hoy? –crucé las piernas sobre mi asiento a la cabecera del comedor, y la miré mientras ella se movía de un lado a otro, procurando que nuestro desayuno fuese impecable, como siempre – ¿Más comida mexicana?
–Ja, ja, ja – lanzó una mirada amenazante en mi dirección y sirvió una taza de café que dejó frente a mí, justo antes de sentarse a mi costado izquierdo–. Mexicana o no, terminas por acabar con todo, así que lo diré de nuevo: cállate y come.
– De acuerdo, de acuerdo –hice una ligera inclinación de cabeza para agradecer por los alimentos, y tomé el tenedor para comenzar a cortar el huevo y el tocino en pequeños trozos–. Además, no deberías quejarte, pues esta semana te corresponde lidiar con nuestra alimentación.
– ¡Bah!
Sonreí de manera triunfante y continué con mi desayuno: su contestación había dejado claro que no tenía nada más que decir, y yo, que pude haber buscado la manera de molestarla de nuevo, estaba ensimismada en mis pensamientos. Ese día era 18, y sólo podía significar una cosa: había cumplido tres meses en ese departamento, y eso me parecía algo difícil de creer. ¿Cómo era posible que el tiempo se pasase tan rápido?
– ¿Ofendida, Caboosey? –interrumpió mis cavilaciones y enseguida capté ese sutil tono de preocupación debido al silencio en que nos habíamos sumido– Yo sé cuáles son mis ocupaciones en este hogar.
– No es eso. Sólo estaba pensando en que hoy cumplo exactamente tres meses en este lugar.
– ¿Acaso llevas la cuenta? –me miró con el ceño fruncido mientras se llevaba un trozo de tocino a la boca–.
– ¿Acaso te sorprende? –contraataqué y enarqué una ceja– Sabes que llevo cuentas estrictas de todo.
– Como sea, ese no es el punto. Deberíamos celebrarlo.
– ¿Celebrarlo? ¿Acaso me llevarás a un antro gay con mujeres que me desvisten con la mirada? –utilicé el mismo tono sarcástico que ella utilizaba cuando proponía una cena en un restaurant elegante, y terminé de un trago el jugo que me había servido antes. En ocasiones me preguntaba cómo era posible convivir con ella; éramos completamente diferentes y teníamos la tendencia a estar en desacuerdo la mayoría de las veces. Casi de inmediato vino la respuesta que buscaba a mi cabeza: ¡era mi amiga! – Sabes que no me gustan tus 'celebraciones'.
– Pues mi ambiente no es una biblioteca, o una reunión de nerdos que discuten quién ha sido el mejor intérprete de Superman en el cine –puso los ojos en blanco y comenzó a levantarse de su asiento–. Si lo deseas, te dejaré elegir.
– No hay nada que celebrar.
– Oh vamos, no hemos tenido una buena salida desde que encontraste a tu macho alfa tirándose a una Chang en el estacionamiento.
Mordí mi labio con fuerza, sin saber en realidad si la razón era que me lo hubiese recordado, o que algunas escenas incómodas habían llegado a mi cabeza. La imité en sus movimientos y cogí los platos sucios de la mesa para llevarlos al fregadero.
–No voy a salir a ningún lado.
– ¡Bien! Si Santana no va a la fiesta, la fiesta viene a Santana.
3…,2…,1…
– ¡De acuerdo! –me aseguré de lanzar una mirada penetrante en su dirección antes de comenzar a lavar los todo aquello que habíamos utilizado para nuestro desayuno.
– ¡Perfecto! –sonrió con un 'gané' reflejado en los ojos y comenzó a caminar hacia la puerta– Tengo que ayudar a Lady Hummel con algunas cosas del almacén, pero regresaré en un rato, y tú tienes que estar lista. Si las cosas corren bien, podré invitar a Streisand de Ohio para que nos acompañe.
–Yo…
Demasiado tarde. Ahora ella había salido, y yo no tenía nada más que apresurarme con los deberes hogareños. Si terminaba pronto, podría encontrar una perfecta excusa para librarme del asunto. Y no me molestaba la idea de salir con mis amigas, lo que me incomodaba era la idea de encontrarme en uno de esos lugares que Santana solía frecuentar. No era que tuviese una fobia a las personas gay, pero simplemente no me había visto envuelta en algo así desde aquella noche en la 'boda de Will'.
Todo había sido asunto de una noche, eso estaba claro, aunque ello no significaba que no me hubiese gustado: la suavidad de su piel, el aroma de su perfume, incluso el suave olor de lavanda de su shampoo. Acompañado de unas cuantas copas de whiskey, claro.
– ¿Qué….? – olvidé todo lo que sucedía en mi cabeza y me concentré en el dolor punzante que recorría la palma de mi mano. Gracias a la inteligente idea de perderme en la dirección que habían tomado mis pensamientos, me había pinchado con un cuchillo y ahora unas gotitas de sangre resbalaban por mis dedos. Metí la mano completa bajo el chorro de agua hasta que la hemorragia se detuvo y dejé el trabajo de los trastos sucios para después.
Detuve mi camino en el baño, sólo para ponerme un curita en la herida, y enseguida caminé hasta mi habitación, directo a mi balcón.
¿Por qué razón estaba recordando todo eso? No era como si estuviese deseando que volviera a ocurrir, o como si pensase que hubiera la posibilidad de ello, ¿verdad?
Sacudí mi cabeza ante la imagen de la ciudad irguiéndose ante mis ojos, y tomé una gran bocanada de aire mientras concluía que todo aquello había surgido del recuerdo, y del placer que había sentido en su momento.
–Sí, eso sucedió hace años –dije entre dientes mientras trataba de olvidar 'el asunto'– muchos años…
¡Hey everyone! Díganme qué les parece y sigan dejando sus reviews, que me alimentan xD
